Disclaimer: Phineas y Ferb no me pertenecen, pero me están dando ideas para más de un solo FanFiction.

Aclaraciones sobre el capítulo:

-Este capítulo tiene su título propio debido a que los capítulos que titulan al FanFiction son los 3 primeros (que representan un día común para Phineas y Ferb).

-A los que hallaron los capítulos anteriores graciosos, les aclaro que quizás eso cambie en este capítulo.

-No habrá muchas frases cliché te Phineas y Ferb en este capítulo debido a que transcurre en la noche y nadie está 100% de cómo actúen estos chicos cuando el sol se esconde.

-A partir de los siguientes capítulos las frases cliché serán respetadas siempre y cuando queden con la historia, pues ahora lo que más importa es la historia en sí.

Este FanFiction apoya a las parejas:

Phineas/Isabella

Candace/Jeremy

Ferb/Vanessa (y Vanessa y Johnny en menor grado)

Este FanFiction considera:

Los ojos de Phineas, Ferb, Isabella, Candace y todos los demás personajes cuyos ojos sean de color "azul oscuro" como de "ojos marrones" debido a lo siguiente: no hay diferencia en el mundo cotidiano entre azul y celeste como color de ojos. Por lo tanto al único que sí voy a considerar como de ojos azules/celestes es a Jeremy Johnson, pues sus ojos son claramente claros (valga la redundancia).

Gracias por leer…

Atte: DelfBlood.

En el capítulo anterior:

-Ferb, hazme un favor, ¿quieres?-comenzó su hermanastra- Necesito que vayas abajo con la máquina y desees que mamá pueda ver mi ropa, porque ella no puede verla.

Su hermanastro obedeció y unos momentos después pidió el deseo por ella, pero una vez que estuvo frente a la máquina tuvo las ansias de pedir otro deseo. Nadie lo vería o lo oiría, eso era algo bueno pues, al igual que Isabella, su corazón albergaba un deseo quería volver realidad. La chica de oscuro cabello y encantadores ojos de la tienda de planos, esa chica que lo tenía soñando despierto en cada instante de distracción. Tenía que volver a verla. No había otra cosa que su corazón deseara más. Sin dudarlo otra vez logró articular las siguientes palabras: "deseo volver a ver a esa chica esta misma noche". Un haz de luz salió proveniente de la máquina…

Capítulo IV: El día de la gran cita.

Linda abrió la puerta de entrada mientras su hijastro peliverde subía las escaleras de regreso a la habitación de Candace.

-Pasa, Jeremy. –dijo con una sonrisa- Toma asiento. Candace bajará en un minuto.

-Cielos, gracias señora Flynn. –agradeció mientras se sentaba en el sillón.

-¿Puedo ofrecerte algo para beber?-preguntó Linda.

-No lo creo, gracias. Estoy bien así.

Se oyeron unos pasos bajando la escalera y se vislumbraron unos zapatos blancos, seguidos de Candace y su hermoso vestido. Jeremy se paró de su asiento. Él y la madre de la chica enmudecieron por unos instantes sin poder despegar sus miradas de la pelirroja.

-¿Candace?-preguntó el muchacho.

-En serio, hija. ¿De dónde sacaste ese vestido?

-Fue un regalo… de… Stacey. –mintió la chica.

-Qué… bonita…-admitió Jeremy intentando resultar natural.

Candace se sonrojó, se sentía de verdad halagada por el comentario del muchacho que mantenía sus locas fantasías despiertas todas las noches de ese inolvidable verano.

-¿En qué ocasión te compró ese regalo Stacey, hija? –seguía preguntando la madre.

-Fue un regalo de cumpleaños, mamá. ¿Ya lo olvidas? Fuimos al Monte Rushmore, pero no pude ver a Stacey. Nos vimos al día siguiente y me regaló este vestido. Te lo mostré pero salías ocupada a tu club de lectura o algo así. ¿Lo olvidaste? –siguió Candace mucho más segura. Se estaba volviendo una experta en el arte de la mentira.

Su madre no siguió cuestionando ante la aparente seguridad con la que su hija decía esas cosas.

-Oh, claro, no lo recordaba. –dijo su madre intentando recodar ese día.

-Bueno, Candace, ¿quieres ir? –interrumpió el rubio.

-Seguro, Jeremy. –dijo intentando disimular la emoción que le provocaba su cita sin lograrlo en absoluto.

-No vuelvan tan tarde.-añadió su madre antes de despedirse.

-Descuide, señora Flynn.-la tranquilizó Jeremy.

-Por su puesto, Jeremy.-contestó dulcemente a ese chico de cabello rubio y ojos celestes que verdaderamente le inspiraba confianza- Nos vemos chicos. Diviértanse.

-Lo haremos. Adiós. –respondió Candace algo acelerada y ansiosa.

Candace y Jeremy salieron rápidamente y comenzaron a caminar por la vereda juntos. Estuvieron callados unos momentos hasta que el rubio decidió que era hora de romper el hielo.

-Ese vestido te sienta muy bien. –dijo sonrojado.

-Gracias, Jeremy. Tú no te ves nada mal. –respondió viendo la camisa azul que Jeremy llevaba– ¿Y a dónde iremos? Muero de ganas por saber.

-Bueno, por la avenida principal hay varios lugares. ¿Quieres comer pizza?

-Adoro la pizza.

-Genial, hay una pizzería nueva no muy lejos. ¿Quieres ir?

-A donde quieras estará bien, Jeremy.

-Vamos, Candace.

-Creo que me dormí casi toda la tarde, ¿se divirtieron, chicos? –preguntó Lawrence todavía con voz de dormido.

-Sí, claro. Fue muy divertido. –contestó su hijastro.

-La cena ya va a estar lista. –advirtió Linda.

-Oye, ¿y Candace?-siguió argumentando Lawrence que estaba francamente perdido.

-Salió con Jeremy, amor.-contestó su mujer.

-Qué bien. Me agrada ese chico.-comentó el hombre.

-Sí, salieron a cenar.-dijo la madre de la afortunada con una sonrisa en el rostro.

-Están pasando mucho tiempo juntos últimamente, ¿no es verdad?-notó el padrastro de Phineas.

-Parece que tendremos un yerno muy pronto.-dijo graciosamente Linda Flynn

Ambos rieron. Aparentemente les agradaba la idea de que Jeremy Johnson fuese el novio de Candace. Evidentemente el muchacho les inspiraba gran confianza y les resultaba muy bueno para la chica.

-¿Alguien alimentó a Perry?-dijo Lawrence cambiando radicalmente de tema.

-Sí, yo lo hice.-contestó el pelirrojo de 10 años.

-Bien, la cena está lista. –anunció Linda finalmente- ¿Podrías llamar a Ferb, Phineas?

-Claro, mamá.

El pelirrojo subió las escaleras y abrió la puerta de su habitación.

-Oh, ahí estás Ferb. –dijo al ver a su hermano recostado en el cuarto –La cena está lista. Vamos a comer, hermano.

Ferb se levantó de la cama y acompañó a su medio hermano escaleras abajo. Los chicos se sentaron a la mesa. Los siguió Lawrence y por último Linda Flynn que traía una fuente repleta de carne con ella. La familia comenzó a cenar con total normalidad, sin embargo uno de sus integrantes parecía un poco disperso.

-¿Qué sucede, Ferb?-preguntó Phineas cuando notando que su hermano no se llevaba un bocado a la boca.

-Come, hijo. Está delicioso.-le pidió su padre, Lawrence.

El chico obedeció para evitar un interrogatorio sobre su falta de apetito. Quizás su cuerpo estaba allí sentado en la mesa comiendo esa carne, pero su mente vagaba. Sus pensamientos eran esclavos de aquella mirada encantadora. Ni siquiera el propio Ferb Fletcher lograba decidir qué era lo que la convertía en la chica de sus sueños. ¿Sería largo y lacio cabello oscuro, sus pestañas hipnotizadoras o sus labios seductores? No lo podía descifrar, pero tampoco podía dejar de pensar en el hecho de que esa misma noche ella y él se reencontrarían.

Cuando la familia terminó de cenar Phineas y Ferb se retiraron a su habitación.

-Hoy fue un día estupendo.-dijo Phineas- Me divertí con todos esos deseos. ¿Qué vamos a hacer mañana?

Ferb hizo un movimiento con los hombros mostrando que desconocía la respuesta a la pregunta que su hermano le había recién hecho.

-¿Cómo le estará yendo a Candace?-se preguntó Phineas en voz alta.

Jeremy y Candace salieron de la pizzería, ambos sonrientes. Habían recién terminado de comer. Todo había estado estupendo, no faltó tema de conversación durante la cena, no faltaron las risas y las miradas románticas.

Una leve brisa fresca azotó a los chicos. Candace tiritó e intentó ponerse su chaqueta rápidamente. El rubio se apresuró a ayudarla.

-Gracias, Jeremy.-dijo la chica cuando al fin logró ponérsela.

-¿Quieres caminar?-preguntó el chico.

-Claro.

Por primera vez en toda la noche hubo silencio un poco incómodo. Jeremy intentó salir de él haciendo comentarios sin gran contenido.

-Me gustó la pizza. ¿A ti?-preguntó el chico.

-Sí, mucho.

-Que bueno.

La conversación era algo dificultosa, ninguno sabía qué decir realmente.

-Qué hermosa noche. –dijo mirando las estrellas con la esperanza de romper el hielo que se había creado a la salida de la pizzería.

-Sí, las estrellas están tan brillantes. –añadió Candace con un tono soñador.

Jeremy quitó sus ojos de las estrellas y posó su mirada en Candace.

-En verdad me gustó salir contigo.-dijo el chico haciendo un gran esfuerzo por sonreír mientras se ruborizaba.

-A mí también, Jeremy.-lo reconfortó Candace suavemente.

Los chicos se detuvieron y se miraron. Jeremy sonrió dulcemente. Candace se sonrojó y no pudo evitar devolverle la sonrisa. Se acercaron un poco sin dejar de mirarse. El momento era extraño, Candace sentía que su corazón no podía latir más rápido al mismo tiempo sentía que iba a detenerse, se sentía incómoda pero feliz. Una seria de contradicciones la abarrotaban y las alas de las mariposas en su estómago le hacían cosquillas en el interior. Jeremy lucía tranquilo, pero ciertamente no lo estaba tanto. Claramente estaba por suceder. Los chicos se acercaron un poco más. Candace cerró los ojos y Jeremy se preparó para hacerlo, cuando se acercó un poco más algo lo detuvo. El sollozo de una chica sentada no muy lejos de donde estaban llamó su atención.

-¿Qué le sucederá?-preguntó el muchacho ciertamente preocupado.

La pelirroja abrió los ojos y de inmediato logró actuar como si nada estuviese ocurriendo.

-No lo sé. Se oye muy triste. –dijo intentando solidarizarse con el sentimiento de Jeremy.

-Lo sé. Pobrecita.

-Sí, bueno. ¿En dónde nos…? –intentó regresar a la escena anterior la joven sin demasiada suerte.

-Oye, ¿estás bien? –le preguntaba Jeremy a la chica ignorando por completo la situación con Candace.

-… quedamos. –continuó Candace resignada. –Oh bien.

Se detuvo a observar a la chica más atentamente. Algo en ella era muy familiar. Sabía que la conocía de algún sitio, pero no estaba segura de dónde.

Jeremy ya le llevaba unos pasos de ventaja, así que Candace apresuró un poco el paso y ambos se pararon frente a la chica. Cuando estuvieron allí Candace no tuvo dudas, ya sabía quién era esa joven.

-¿Te encuentras bien?-preguntó el muchacho.

La chica esperó un segundo antes de contestar para secarse las lágrimas.

-¿Te conozco de algún sitio? –preguntó Jeremy notando un cierta familiaridad en su rostro.

-Bueno, en realidad no te recuerdo a ti. Pero la pelirroja, es la hermana de los chicos que suelen dar fiestas en su patio y esas cosas. Los del "Invierano". –contestó la chica con la voz quebrada.

-Esa soy yo. –dijo Candace- Además la tintorería cambió nuestras ropas por accidente una vez…

-Cómo olvidarlo. Me sentía muy extraña usando tu ropa. –admitió Vanessa Doofenshmirtz.

-Lo mismo digo. Todos creían que me había vuelto gótica o algo así. –bromeó Candace.

Ese pequeño detalle le logró robar una sonrisa a la triste chica de cabello oscuro. Le dedicó una sonrisa a la pelirroja.

-Gracias, necesitaba reír.-concluyó Vanessa- Nunca nos presentamos. Soy Vanessa, ¿cómo están?

-Soy Candace, mucho gusto.

-Soy Jeremy, nosotros estamos bien…

-Sí, se los nota felices juntos.-dijo volviendo al tono triste con el que había comenzado perdiendo la mirada entre los surcos de la madera del banco en el que estaba sentada -Lamento si los interrumpí, de verdad no fue mi intención.

-No es problema. –contestó Jeremy con dulzura- ¿Sucede algo?

-No, sólo quise dar un paseo nocturno para despejar mi mente, pero todo me hace recordar lo que quiero olvidar.-intentó explica la chica -Venía caminando normalmente, algo triste quizá, dejando caer una que otra lágrima por el camino, pero entonces los vi y… son una hermosa pareja. Supongo que me recordaron a Johnny y eso es algo… un poco triste.

-Johnny es…-trató Jeremy de entender.

-Un chico.-contestó Vanessa.

-Bueno, eso era obvio. –dijo Candace risueña.

-¿En serio? –le preguntó el rubio.

-Sí, ¿no? –comenzó a dudar la pelirroja.

-Podría haber sido… no sé… una mascota o… un oso de peluche… -dijo el rubio.

-¿Un oso de peluche? –preguntó Vanessa extrañada.

Jeremy notó que lo que estaba diciendo no parecía tener demasiado sentido, así que optó por ignorar sus propios comentarios.

-¿Era tu novio?-preguntó.

-No, éramos amigos… -contestó la chica.

-Y él te gustaba, ¿cierto? –preguntó Candace.

-Así es.-respondió Vanessa.

-¿Qué sucedió?-continuó Jeremy intentando disimular el hecho de que no había deducido por sus propios medios que el muchacho le gustaba a diferencia de su cita.

-Comenzó a salir con una chica. –concluyó Vanessa -Lo más doloroso es que yo creí que en verdad le gustaba.

-Lo siento mucho.-dijo Jeremy intentando comprender su dolor.

-Sí. ¿No te haría bien salir con una amiga?-sugirió Candace -Olvidarse del asunto.

-No. –contestó la chica. -Bueno, podría pero…

-¿Tu amiga sale con el chico?-preguntó Jeremy probando suerte.

-No, no.-respondió Vanessa para mala suerte de Jeremy -Lo que sucede es que mi mejor amiga se fue de vacaciones mis demás amigas son tan amigas de él como mías. No quiero incomodarlas, ni quiero que piensen que deben ponerse del lado de uno de los dos, después de todo, no éramos nada. Bueno, éramos amigos.

-Oh, pobrecita. -expresó Jeremy con mucha compasión.

-¡Ya sé! –exclamó Candace -Vendrás a mi casa.

-¿Qué? –preguntó la morena desconcertada -No, es tarde y…

-¿Qué importa?-dijo Candace -Puedes quedarte a dormir, puedo invitar a mi amiga Stacey y sería como una pijamada. ¿Qué dices?

-Aprecio el gesto, pero no quiero molestarte. –siguió Vanessa.

-¿Tú una molestia? ¿Más que mis hermanos? Imposible. –insistió Vanessa.

-¿Crees que tus hermanos son malos? Trata de pasar un día con mi padre… -respondió la chica verdaderamente comprendiendo su situación.

-Creo que ya me habías dicho eso una vez.-recordó Candace.

-Bueno, suelo decirlo… -admitió la chica.

-Vamos a mi casa, Vanessa. Será muy divertido. Adelante. –siguió pidiendo la pelirroja.

-Hazlo. –la animó Jeremy -Candace no tiene problemas. Diviértanse un poco.

-Muchas gracias, son muy amables.

-¿Vendrás? –preguntó Candace.

-Claro. –contestó la chica de largo cabello marrón -Llamaré a mamá primero.

-Hazlo en el camino. –pidió la chica -Ven con nosotros.

Jeremy y Candace la tomaron una de cada mano y prácticamente la arrastraron hasta la casa de la pelirroja. Una vez en la puerta Candace sacó su juego de llaves y abrió la puerta. Los tres chicos entraron. Candace fue la primera en adentrarse a toda velocidad. Jeremy y Vanessa ingresaron tímidamente. El rubio cerró la puerta con mucho cuidado luego de haber entrado.

-Mamá, llegué y traje una amiga nueva.-comenzó a gritar la pelirroja en búsqueda de la aprobación de su madre-¿Puede quedarse a dormir?

-Claro, linda, pero creí que… -respondió entrando en la habitación.

-Sí, luego te explico.-interrumpió Candace -Ella es Vanessa.

-Mucho gusto. –dijo la chica regalándole una amistosa sonrisa a Linda -No quiero ser una molestia, en serio.

-El gusto es mío, no será molestia. –contestó la madre de la pelirroja.

-¿Lo ves? –indicó Candace.

-Sí, gracias. Es que no quiero parecer grosera quedándome a…

-Que no pareces grosera, Vanessa. –interrumpió Candace a la morena.

-Diviértanse, chicas. –dijo Jeremy en un intento de despedida

-¿Quieres que te acompañe hasta la puerta?-preguntó Candace volviendo a serenarse.

-Claro, Candace.-respondió el muchacho de ojos celestes.

La pelirroja y el rubio salieron de la casa y se quedaron parados en el pavimento.

-La pasé genial saliendo hoy contigo. Lamento lo que pasó en el parque, pero… -intentó disculparse Jeremy.

-Hiciste lo correcto.-lo reconfortó Candace.

-También tú.-dijo muy orgulloso de su cita -Te llamaré mañana. Nos vemos.

-Sí. Por su puesto. –terminó la chica.

Jeremy se despidió con un tímido beso en la mejilla. La chica se sonrojó y entró de regreso con una sonrisa grabada e imborrable que llegaba de un lado a otro de su cara. Entró a su casa justo a tiempo para evitar una conversación incómoda.

-¿Y hace cuánto que eres gótica?-estaba interrogando Linda Flynn.

-No lo sé, desde que tengo memoria. –contestó Vanessa.

-Vamos, Vanessa. –la salvó Candace -Te mostraré mi cuarto.

La morocha fue nuevamente arrastrada por Candace hasta su habitación.

-Bueno Ferb, creo que estamos demasiado agotados para pensar en buenas ideas, ¿cierto? –admitió Phineas mientras hablaba con su hermano.

Un golpe de puerta y las voces de las chicas les indicaron que Candace había regresado.

-Candace regresó. –exclamó Phineas -Y creo que regresó con Stacey, ¿qué raro no? ¿Habrá salido algo mal en su cita con Jeremy?

Los chicos hicieron silencio para poder oír.

-Descuida, no hay problema.-decía Candace.

-Es que de verdad no quiero ser una molestia, es decir, ¿es la primera vez que te veo y estoy durmiendo en tu casa?

-Oye, no es la primera vez que nos vemos.

-Sabes a lo que me refiero.

-Esa no es la voz de Stacey. –advirtió Phineas -¿Candace tiene una amiga nueva?

El corazón de Ferb dio un vuelco y comenzó a latir a toda velocidad. ¿Sería ella?

Continuará…