Disclaimer: Phineas y Ferb no me pertenecen, pero si así fuera me sentiría orgullosa de haber hecho el posible mejor capítulo de la humanidad en la historia de los dibujos animados. Sí, así es, hablo de "Vanessasary Roughness". Mi recomendación es que lo vean.

About this FanFiction:

Existe una gran controversia con respecto a las edades de Phineas y de Ferb. Según tengo entendido, en un primer momento quisieron que ellos fueran hermanastros porque querían que tuviesen la misma edad, pero no fuesen hermanos mellizos y no querían que fuesen sólo amigos. Eso al menos ocurría en lo que era la "versión original", en la cual ambos dos tenían unos 8 o 9 años. Sin embargo, según tengo entendido, no ocurre lo mismo más adelante. Según veo en muchas páginas web (que tienen datos extremadamente precisos sobre el resto de la serie) Ferb es un par de años mayor que Phineas. Incluso aparecen fechas de nacimiento de ambos chicos. Hay millones de datos y de páginas de internet, verdaderamente me marean. Yo no estoy un 100% segura de la edad que Phineas y Ferb tengan, pero sólo para aclararles en este FanFiction se considerarán las siguientes edades…

-Phineas: 10

-Ferb: 12

-Candace: 16

-Isabella: 10

-Vanessa: 16

-Jeremy: 16

Las edades exactas del resto de los personajes son completamente irrelevantes para el desarrollo del FanFiction.

Referencias a capítulos aún no estrenados para latinoamérica: "De plane! De plane!" y "Vanessasary Roughness".

En el capítulo anterior:

-Ve a dormir, Ferb. –ordenó su hermana.

-Que tengas dulces sueños, Ferb.

El chico se levantó y se entró nuevamente en su habitación. Ciertamente tendría los más dulces sueños si es que podía dormir esa noche.

Capítulo VI: "Eso es todo… ¿o no?"

Se había terminado para Ferb. Las horas corrían, la noche se agotaba y cuando el sol saliera de nuevo en la mañana se acabaría. Ella volvería a su casa, y quién sabe cuándo volvería a verla. Harto estaba de pensar y de luchar contra el feroz sueño que le agobiaba, pero no quería dejarla ir. Por primera vez en su vida se habría atrevido a sentir algo por una chica además de una simple e inocente amistad como la que tenía con Isabella. Era algo extremadamente hermoso e incómodo al mismo tiempo. Una mezcla de felicidad e inseguridad, era algo muy nuevo. El chico jamás se había sentido inseguro, ni siquiera un poco. Probablemente porque nunca se había interesado en la opinión que ninguna de las chicas que había conocido. Todo era muy raro, nuevo, diferente. Lo emocionaba, lo hacía sentirse vivo, pero también triste. Faltaban pocas horas para el amanecer, luego ella se iría. ¿Cuándo volvería? Ferb intentaba pensar en un nuevo plan, pero era imposible, su mente estaba agotada, el día había sido demasiado largo y la noche aún más. No había tiempo, su mente necesitaba reposo, era todo. Se había terminado. El peliverde cerró los ojos y se quedó profundamente dormido.

-¡Ferb! ¡Despierta! –lo llamó su hermano unas horas más tarde.

Abrió sus ojos con dificultad, el sueño lo tenía agotado. Había dormido menos de 3 horas. Su cuerpo estaba débil y cansado. Apenas lograba mantenerse despierto. Los párpados le pesaban.

-Es hora del desayuno. –continuó su hermano ignorando su cansancio.

Ferb se levantó forzosamente y se dirigió al armario para mudarse de ropa.

-Nos vemos abajo, Ferb. –dijo su hermano saliendo de la habitación.

El cansancio del peliverde apenas le permitía abrir los ojos. Con un poco de suerte logró vestirse y luego de mojarse la cara con agua helada consiguió dejar al extremo sueño a un lado. Tenía mejores cosas que ver que el interior de sus párpados esa mañana. Sin esperar un instante el muchacho bajó las escaleras y entró en la cocina. Todos estaban ya sentados: Phineas, Candace, Linda, Lawrence y su adorada Vanessa.

-Vamos, Ferb. Es un hermoso día, debemos aprovecharlo. –lo apuró Phineas para que comenzara con su cereal.

El muchacho se sentó frente al tazón y comenzó a comer.

-¿Cómo durmieron, chicas? – preguntó la madre de los chicos.

-Muy bien, señora… -respondió Vanessa que desconocía tanto el nombre como el apellido de la persona a la que se quería dirigir.

-Flynn. Linda Flynn. –respondió la mujer con una sonrisa.

-Oh, dormimos bien, señora Flynn. –repitió la chica de cabello oscuro.

-Qué bueno. –dijo Linda -¿Qué hay de ustedes, chicos? Te ves cansado, Ferb. ¿No dormiste bien?

Ferb se limitó a negar con la cabeza y continuó comiendo.

-Estuvo delicioso. –comentó Vanessa luego de comer la última cucharada del cereal que tenía en su plato.

Ferb se sintió mal un momento, sabía lo que seguiría después de esa frase.

-Gracias por recibirme aquí anoche, pero ahora debería irme. Le prometí a mi madre que llegaría a casa antes del mediodía. –dijo la morena confirmando las sospechas de Ferb.

-Oh, linda, fue un placer. –le respondió la madre de los chicos.

-Adiós, señora Flynn, Ferb, Candace, Phineas y… eh… -enmudeció la chica nuevamente desconociendo el nombre de aquel hombre.

-Lawrence. –completó el padre de Ferb.

-Muy bien. Adiós, Lawrence. Adiós a todos.

La chica se paró.

-Ven, te acompaño hasta la puerta. –dijo Candace.

-Hasta pronto. –saludó Phineas.

-Nos vemos. –lo imitó Lawrence.

-Fue un placer tenerte con nosotros, Vanessa. –concluyó Linda.

Ferb se prohibió a sí mismo saludarla. Bajo ninguna circunstancia aceptaría el hecho de que ella se estaba yendo, y saludarla implicaba aceptarlo. Candace y Vanessa desaparecieron, unos momentos después Candace regresó y se sentó de nuevo en la mesa. Linda se levantó y puso el tazón de Vanessa dentro de la pileta de la cocina para lavarlo más tarde. Hecho esto, volvió a su asiento.

-Simpática amiga, Candace. –comenzó Lawrence -¿Cómo es que no la había visto antes?

-La conocí ayer. –contestó Candace.

-¿A qué te refieres con que la conociste ayer, Candace? –preguntó el hombre asustado.

-A que ayer la conocí.-respondió la chica.

-¿O sea que era una extraña?-volvió a argumentar atónito el hombre.

-Así es, querido. –contestó la madre de los chicos.

-Oh, no, mamá. –la corrigió Phineas –No es una extraña. Ella es amiga de Ferb.

-¿Amiga de Ferb? ¿A qué te refieres con "amiga de Ferb"? –preguntó su hermana.

-A que ella y Ferb se conocían.-respondió Phineas.

-¿En serio, hijo?- inquirió Lawrence.

-Sí. ¡Él la salvó! –seguía exclamando Phineas –Y… ¿de qué la salvaste exactamente?

-Una podadora. –respondió su hermanastro.

-¿Lo ven?-concluyó Phineas.

-Oh, eso explica por qué charlabas con ella fuera de tu habitación a las 3 de la mañana. –dijo Candace.

-¿A las 3 de la mañana? –repitió Linda -¡Por eso te ves tan exhausto, Ferb! ¿Qué hacías despierto a esa hora?

-Oigan… -interrumpió Lawrence –Sigo sin entender del todo. ¿Candace salió a una cita con Jeremy y trajo a casa a una chica que conoció ayer que a su vez era amiga de Ferb?

-Precisamente. –contestó Phineas.

-Oh, ya veo.-comprendió Lawrence - La chica es agradable. Deberías invitarla más seguido, Candace… o Ferb.

-Cierto. Deberías. –dijo Ferb dirigiéndose a Candace.

Los Flynn-Fletcher terminaron su desayuno. El mediodía se acercaba. Los muchachos salieron al patio. Sacaron a Perry con ellos y se sentaron bajo el árbol como siempre lo hacían. Unos minutos más tarde su amiga Isabella Garcia-Shapiro llegó a su jardín acompañada de un hermoso caballo blanco que tenía un cuerno en la cabeza.

-Hola, Phineas. ¿Qué están haciendo? –preguntó dulce chica.

-Pensábamos en qué hacer hoy, Isabella. ¿Cómo te está yendo con tu unicornio? –preguntó Phineas con optimismo.

-Su nombre es Suami. –dijo la chica –Y a decir verdad: no muy bien.

-¿Qué sucedió? –preguntó el pelirrojo.

-Suami es un poco grande para vivir en mi habitación. Además anoche le subí algo de comida y creo que come demasiado. Si tan sólo fuese un unicornio bebé…

-¡Eso es, Ferb! –exclamó Phineas –¡Ya sé qué vamos a hacer hoy! Haremos una máquina para cambiar la edad de Suami.

-Grandioso. –dijo Isabella emocionada -¿Necesitan ayuda?

-Claro. –respondió Phineas.

-Llamaré a mi tropa, nos vemos en un rato, chicos.

-De acuerdo, Isabella. –finalizó Phineas –Vamos, Ferb.

Isabella volvió a su casa para llamar a sus amigas llevándose a su unicornio con ella. Mientras tanto los chicos caminaron hacia el garaje donde Ferb guardaba sus herramientas. En el camino Linda Flynn los interceptó.

-¿Qué harán hoy, chicos?-preguntó la mujer en tanto revolvía su bolso buscando las llaves de su auto.

-¡Una máquina para cambiar la edad!-contestó su entusiasta hijo.

-Fabuloso, chicos. –los alentó sacando las llaves de su bolso. –Que se diviertan. Su padre y yo iremos a comprar un nuevo sillón para la sala. Pórtense bien.

-Genial, mamá. Nos vemos. –se despidió el pelirrojo. –Vamos, Ferb. Hay otra máquina que construir.

Los chicos continuaron su camino hacia el garaje y tomaron las herramientas. Phineas hizo un llamado a "Ciudad Antorcha" para que le llevaran algunos materiales de construcción. Unos minutos más tarde los chicos estaban listos para comenzar con su creación. Isabella y su tropa aparecieron nuevamente acompañadas del unicornio.

-Bueno, Isabella. ¿Sabemos la edad de Suami? –preguntó Phineas

-Lo siento. No, Phineas. –contestó la morocha.

-No es problema. Ferb, debemos hacer que la máquina no sólo lo pueda volver más joven, debe poder hacerlo más viejo. En caso de que nos pasemos, podemos solucionarlo.-indicó el pelirrojo.

-Gran idea, Phineas. –lo elogió Isabella –Muy bien, tropa. Hay una máquina que construir.

Las niñas exploradoras, Phineas, Ferb e Isabella pusieron manos a la obra.

Candace hablaba por teléfono con Stacey como de costumbre. Siempre compartían sus experiencias, y considerando el interesante día que Candace había tenido ayer, era el momento perfecto para hablar con su mejor amiga.

-¿Puedes creerlo, Stacey? Estuvimos tan cerca de besarnos. –repetía Candace sin parar de suspirar.

-¿Y por qué no sucedió, Candace?

-Ya te lo expliqué, Stacey. Vanessa estaba allí y…

-Oh, cierto. Aún me resulta increíble que invitaras a una completa extraña a dormir a tu casa.

-Lo sé, Stacey, pero por alguna razón lo hice. Algo me obligaba a hacerlo.

-¿Y cuándo volverás a ver a Jeremy?

-No lo sé. Tal vez lo llame hoy, ¿o crees que sea una clara prueba de desesperación?

-Tranquila, Candace. No importa cuándo, sino cómo suenes. Debes parecer natural.

-Bien pensado, Stacey.

-Y háblame más de esta chica que no conoces pero parece que lo hiciera de toda su vida.

-Oh, Stacey. ¿Estás celosa?

-No, en absoluto. Sólo quiero saber más sobre la extraña que durmió en tu casa anoche.

-No es tan extraña. Esta mañana descubrí que… -comenzó a contar Candace.

Mientras tanto en el patio, los chicos estaban teniendo algunos problemas con el pegamento.

-Está seco, Phineas. –advirtió Isabella.

-Déjame ver eso. –dijo Phineas tomando el frasco de pegamento –Sí, está seco. ¿Tenemos más pegamento, Ferb?

El peliverde asintió.

-¿Puedes ir por él, hermano? –pidió el pelirrojo.

Ferb subió su pulgar y entró en la casa. Camino a su habitación pasó por el frente de la habitación de Candace. Por alguna razón la puerta estaba abierta, lo que le permitió al chico escuchar cada palabra que salía de los labios de su hermana, e incluso algunas palabras que Stacey decía al otro lado del teléfono.

-Sí, Stacey. Lo entiendo, pero en realidad me dio mucha pena por ella. Es decir, ese tal Johnny estaba saliendo con otra chica. Pobre Vanessa. Realmente le gustaba Johnny.

Ferb sintió cómo el puñal se abría camino a través de su piel y cuerpo hasta llegar a su pequeño corazón. Como un bisturí, las palabras cortaron los tejidos y venas como si ni siquiera estuviesen allí. Su corazón dividido en dos mitades exactas apenas podía bombear sangre a través de su cuerpo. Los sentidos le comenzaban a fallar. Comenzó por el oído, las palabras de su hermana se oían a lo lejos. Pero el muchacho no era capaz de comprenderlas. Su garganta comenzó a retorcerse hasta formar un nudo. Por alguna razón le costaba tragar saliva. Por último su vista se nubló.

-¿Quién es Johnny? –preguntó Ferb con la voz herida.

No había pensado en decirlo, sólo lo preguntó.

-Un segundo, Stacey. –le pidió Candace a su amiga.

Candace se levantó de la cama en donde estaba charlando y se dirigió hasta donde estaba Ferb.

-¿Qué estás haciendo en mi habitación, Ferb? –dijo fríamente -¿No conoces la privacidad?

La chica empujó a Ferb hasta que estuvo completamente fuera de su cuarto. No se había adentrado mucho de cualquier forma.

-No vuelvas a… -comenzó Candace.

Algo la detuvo. Quizás la triste y devastadora mirada del chico de 12 años.

-¿Ferb? ¿Te sientes bien?

El chico desde luego no respondió. Se quedó quieto con la desconsolada mirada posada en Candace.

-Johnny es un amigo de Vanessa. –contestó Candace a la pregunta que Ferb le había hecho hacía unos momentos. -¿Por qué preguntas?

El chico la ignoró y siguió a paso lento el camino a su habitación. Hasta su caminar mostraba que el chico se sentía herido. Candace lo miró caminar con la cabeza baja con mucha pena. Notaba que el muchacho se sentía de verdad afligido. Cuando Ferb entró en la habitación, Candace lo imitó y entró a la suya. Tomó el teléfono de nuevo y volvió a su charla con Stacey.

-Hola, Stacey. –dijo con un dejo de preocupación en la voz, aún pensando en el peliverde.

-¿Qué sucedió, Candace?

-No lo sé, Stacey. No lo sé.

Ferb salió al patio con un frasco de pegamento casi nuevo. Esta vez serviría para terminar de construir la máquina. Le entregó el frasco a Phineas, pero no desvió su mirada de sus zapatos. Ignorando por completo el proyecto del día, Ferb se sentó bajo el árbol solo.

-Eh, ¿sucedió algo, hermano? –preguntó el pelirrojo acercándose.

Ferb negó con la cabeza.

-¿Estás cansado? Descansa, Ferb. Las chicas y yo terminaremos la máquina.

Y así lo hicieron. Mientras Ferb quemaba sus neuronas pensando en Vanessa y en Johnny. ¿Qué podría tener ese chico que él no? Su mayor deseo era volver el tiempo atrás y evitar oír esa conversación que su hermana estaba teniendo con Stacey, pues era la razón de su malestar. Si tan sólo no las hubiese oído, se sentiría tan diferente, tanto más feliz, tanto más vivo. Pero ahora estaba allí, ahogándose en las lágrimas que nunca habría de llorar, intentando pesar sus penas por una garganta anudada, soñando con todo aquello que nunca podría lograr. Se había terminado. Era definitivo. No había forma de que Vanessa le prestara atención. Era más que obvio que él sólo significaba para ella un niño. Nada más. Eso nunca cambiaría.

-Eso es todo. –susurró Ferb sin que nadie lo oyera.

La voz de Phineas interrumpió sus tristes pensamientos.

-Oye, Ferb. Está lista.

Ferb miró la máquina mientras la frase recién susurrada daba vueltas en su cabeza una y otra vez. "Eso es todo". El peliverde intentó concentrarse en la máquina, la miró fijamente. "Eso es todo… ¿o no?".

Ferb tenía una idea.

Continuará…

¿Soy yo o esto se puso muy Ferb x Vanessa? Ojalá les haya gustado. Recuerden que este FanFic también apoya: Phinbella y Candace/Jeremy.