Disclaimer: Los derechos de Phineas y Ferb pertenecen a Disney y no a mí (por mucho que me gustaría que así fuese)
Antes de comenzar:
He tenido ciertos problemas con los últimos 3 reviews que dejaron. Por alguna razón no figuran cuando intento leerlos en la página. Afortunadamente puedo leerlos del e-mail que envía FanFiction, la Review Alert. Por eso voy a copiar y pegar esos últimos 3 reviews aquí mismo:
From: saQhra ( .net/u/676312/ )
Creo que de verás el argumento del fic debió terminar en el capítulo 3,
pero de todas formas me está gustando como queda.
Dime, ¿en qué foro te borraron el fic? La verdad, me parece que esos
administradores son unos incultos, este fic es lo mejor que he leido hasta
ahora en esta sección.
Voy a buscar en youtube esos episodios que mencionas.
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Mi respuesta: Gracias desde luego. Con respecto a la máquina de cumplir deseos; quizás no haya sido el título adecuado, pero el asunto con la condenada máquina aún no termina. Gracias otra vez.
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From: JESSWINCH ( .net/u/1753399/ )
simplificadamente, bien echo
nota: soy fans de Perry
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Mi respuesta: Gracias. Bueno, ahora con la boda de Mayor Monograma espero que Perry tome más protagonismo en la historia.
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From: saQhra ( .net/u/676312/ )
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¡Viva Ferb! Se le ocurren cada vez mejores ideas, y es ahora más
independiente de su propio hermano.
Ahora, que lo mencionas, sí donde quedó el review que puse con anterioridad
2 veces, sí lo puse dos veces, pero ni siquiera así aparece, espero que
éste sí aparezca, de lo contrario mandaré una queja a los administradores.
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Mi respuesta: Gracias por el review y gracias por darme la idea de hablar con los administradores.
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PD: Ya envié un e-mail a FanFiction, espero que arreglen el problema con los reviews lo antes posible.
En el capítulo anterior:
El peliverde sonrió y volvió a correr. Tenía una casa que encontrar y una chica que conquistar.
-Suerte, Ferb. –deseó la chica cuando Ferb ya no estuvo en el patio. –Ojalá seas más afortunado que yo. La chica volvió a escucharse triste.
A lo lejos la voz de su amado se oía cada vez más fuerte. El chico parecía contento. Isabella tenía algunos segundos para pensar en una explicación coherente de por qué Ferb había desaparecido.
Capítulo VIII: "Tres lados"
Phineas entró en el jardín muy sonriente como de costumbre. Isabella cambió la cara de inmediato y fingió una dulce sonrisa.
-¿Y Phineas? ¿Conseguiste a alguien que necesitara de la máquina? –preguntó la chica inocentemente.
-No. Aparentemente nadie más necesita cambiar la edad de nada. –contestó el chico. –Supongo que es bueno que la gente esté feliz con las cosas como están ahora. ¿Cierto?
-Genial. –contestó la chica.
-¿Sabes? –añadió Phineas pensativo. –Aún no le preguntamos a Candace.
-Sí, quizás quiera utilizar la máquina para algo. Preguntémosle. –dijo Isabella con una sonrisa que cada vez se volvía menos falsa y más real.
-Vamos, Isabella. Un segundo, ¿y Ferb? –preguntó con el mismo tono con el que solía preguntar por su mascota.
-Él… dijo que… iría a… eh… -la chica pensaba lo más rápido que podía. –Al centro comercial a… comprar… herramientas.
-¿Comprar herramientas? –repitió Phineas. Isabella contuvo la respiración. –Sí, eso suena a Ferb. –concluyó el chico creyéndole por completo a la morena. Isabella volvió a respirar. Se sintió mucho más relajada cuando Phineas le creyó. –Entremos a preguntarle a Candace.
Isabella lo siguió y ambos chicos entraron en la casa.
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-Ahora sí, Perry el ornitorrinco. –dijo Doofenshmirtz después de terminar de programar su último invento. –Libraré al área limítrofe de todo aquello que tenga 3 lados. – nuevamente soltó una carcajada siniestra. El Dr. Doofenshmirtz levantó su dedo índice y lo dejó delante del botón que lanzaría el rayo, como si fuese a presionarlo en cualquier momento. –Tres, dos, uno…
En cuanto dijo las últimas palabras Perry el ornitorrinco lanzó su sombrero a través de las barras de su jaula e hizo que el rayo "destriangulizador" apuntara a su prisión. Doofenshmirtz presionó el botón en ese mismo instante y el triángulo que Perry había formado con los barrotes de su celda desaparecieron, dejando a Perry el libertad.
-¡Oh, ese maldito sombrero! –exclamó Heinz. –Siempre arruina mis planes malvados.
Perry saltó y derribó a Doofenshmirtz.
-¡Cuidado! –gritó este limpiando el polvo que había caído sobre su traje. –Es rentado. –añadió.
Doofenshmirtz se levantó tomándose de su rayo para continuar luchando con el ornitorrinco. El aparato se movía cada vez que alguno de los dos lo tocaba y lanzaba rayos hacia donde fuese, que naturalmente quedaban sin efecto pues no había muchas cosas de forma triangular en la habitación. El invento comenzó a sobrecalentarse, tantas vueltas y tantos disparos seguidos lo estaban rompiendo. Perry acorraló a Doofenshmirtz contra el rayo "destriangulizador" haciendo que oprimiera el botón disparador. El rayo salió por la ventana en esta ocasión, directo hacia un jardín de Danville y un segundo después explotó detrás de ellos. Perry saltó por la ventana y abrió su paracaídas.
-¡Te odio, Perry el ornitorrinco! –gritó Doofenshmirtz con el traje completamente sucio.
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Mientras tanto Phineas e Isabella tomaban a Candace uno de cada brazo y la arrastraban hacia el jardín. En la puerta se oía el sonido de que la madre de los chicos estaba llegando.
-Vamos, Candace. –insistía Phineas. –Apuesto a que debes querer usarla con algo al menos una vez.
-¿Y qué sentido tiene? En cuanto mamá llegue desaparecerá. –dijo con resignación.
-¿Qué cosa desaparecerá? –preguntó su madre que acababa de entrar.
-Esa cosa que construyeron. –contestó la pelirroja. –Se los demostraré.
La chica se soltó de Phineas y de Isabella para tomar el brazo de su madre y arrastrarla hacia el jardín.
-¡Candace! –exclamó Linda adolorida por lo fuerte que su hija le tomaba el brazo.
Ambas llegaron hasta la puerta del jardín, pero Linda no miró de inmediato, se quedó mirando la marca que su hija le había dejado en el brazo.
-Ahora lo ves… -dijo Candace observando la enorme pirámide. –Y ahora no lo ves. –concluyó mientras observaba a la pirámide desmaterializarse ante sus ojos a causa del rayo "destriangulizador". Su madre levantó la vista y no vio nada, como de costumbre. –Mi vida no tiene sentido.
-Oh, no digas eso. –la consoló su madre.
-Pero era enorme, mamá. Olvídalo… -dijo al fin su hija.
-Ven, vamos a comer algo. ¿Quieren algo, chicos? –ofreció la señora Flynn.
-Claro, mamá. Vamos, Isabella. –contestó Phineas.
Linda tomó a Candace por los hombres y la llevó hasta la cocina.
-Vamos, les prepararé algo.
-Oh, ahí estás Perry. –dijo Phineas cuando pudo ver que su ornitorrinco los seguía.
-Oigan, ¿y Ferb? –preguntó la madre de Phineas y Candace.
-Fue al centro comercial. –contestó Phineas.
-Oh, espero que no llegue tarde. ¿Qué se les antoja comer? –inquirió Linda Flynn.
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-Nunca creí que iba a mirar mi reflejo y sentir deseos de vomitar. –dijo una hermosa chica de 16 años de largo cabello moreno parada frente a un espejo. Traía puesto un vestido rosa chicle que no le sentaba nada mal, pero que la chica detestaba de todos modos. Moños, volados, puntilla, bordados. Todo aquello que a la chica le parecía vomitivo estaba puesto en ese vestido. Claramente no estaba hecho para ella, sino más bien para una chica como Isabella. –Esto es horrible, mamá. –se continuó quejando.
-Te ves hermosa, cariñó. –dijo la mujer que parecía muy nerviosa. Llevaba un vestido blanco con una larga cola. –Ese vestido te sienta perfecto. Termina de arreglarte, por favor. Ya es bastante tarde.
-No te atrevas a echarme la culpa nuevamente. –se defendió la chica antes de ser atacada.
-Bueno, no fui yo la que fue a dormir a la casa de una extraña y retrasó todo debido a ello.
-Primero que nada, no eran extraños. Y segundo, no sé qué sucedió, es como si algo me obligara a hacerlo. No es que quisiera ir realmente.
-Bueno, hija. Luego hablaremos de eso.
-Volviendo con lo del vestido. ¿Por qué tenía que ser de este largo? Es decir, no es ni muy largo ni muy corto. Me veo tan estúpida. –la chica movía hacia arriba la pollera del vestido con la esperanza de que se quedara allí arriba, pero innumerables veces la fuerza de la gravedad había frustrado sus intenciones.
-Te ves adorable. –continuaba alentándola la madre.
-¿Y crees que eso quiero?
-Hija, es un día muy importante para mí. Por favor, no me pongas más nerviosa.
-Lo siento. –respondió su hija al fin.
Su madre tenía algo de razón, después de todo era el día de su boda, cualquier mujer se sentiría así el día de su boda.
-Gracias, hija.
-¿En verdad debo usar esta corona de flores? –inquirió Vanessa mirando con horror lo que su madre quería que usara para adornar su cabello.
-No, hija. No lo hagas si no quieres.
Vanessa sintió un gran alivio.
-Gracias. –contestó mientras alejaba dicha corona lo más que podía.
-Oh, hija. Estoy tan emocionada con esta boda. –dijo su madre que parecía muy ilusionada.
-Mamá… -comenzó la chica con un poco más de realismo. -¿Estás segura de esto? –inquirió con dificultad.
-¿Por qué lo preguntas, hija?
-Bueno, no funcionó con papá. ¿Por qué funcionaría con él?
-Es algo que sólo sabes, no sabes exactamente el por qué. Comprenderías cuando te enamores de alguien.
-Es que no quisiera que rompiera tu corazón, mamá… -insistió Vanessa.
-No lo hará, hija.
-¿Cómo lo sabes? –preguntó la chica.
-Sólo lo sé. –contestó su madre.
Charlene salió de la habitación dejando a Vanessa en soledad. La adolescente se sentó frente al espejo y miró su reflejo con tristeza.
-También creí que Johnny nunca iba a lastimarme. –dijo Vanessa con la mayor tristeza que pudo expresar en su voz. Suspiró y luego de unos segundos se dispuso a practicar una sonrisa frente al espejo. A penas podía hacerlo, pero lo intentó una y otra vez. Luego de una larga sesión de práctica de sonrisas lo consiguió: una falsa sonrisa completamente convincente se dibujó en su rostro. Volvió a suspirar y borró la sonrisa de su rostro. Se aseguró de que pudiese hacerlo nuevamente y cuando lo confirmó salió de la habitación para reunirse con su madre.
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Ferb recorría las calles de Danville completamente despistado. No importaba lo mucho que caminara, nunca hallaría a la chica. Eso implicaría revisar cada casa del área limítrofe y ni siquiera conocía el apellido de la chica. Ferb apenas la conocía, encontrarla era una misión imposible. Pero no se rendiría, y seguiría buscando pasase lo que pasase.
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Mientras tanto Candace, Phineas e Isabella comían unas deliciosas crepas preparadas por Linda.
-Están deliciosas, señora Flynn. –la halagó Isabella.
-Muchas gracias, linda. Es un milagro que haya aprendido la receta, el día que fui a esa clase de cocina recibí muchas interrupciones. –dijo elevando la voz con la intención de reprochar a Candace.
-Mamá, ya te dije mil veces que estaban construyendo algo que… -comenzó a explicarse Candace.
-Descuida, Candace. –la consoló Linda -No soy la única en la clase de cocina que recibe llamadas constantes de su hija obsesionada con…
-Mamá, yo no estoy obsesionada con atrapar a Phineas y a Ferb. Es sólo que…
-¡Oh, por Dios! ¡Miren la hora! –dijo la madre de los chicos en cuanto vio el reloj. –Mi reloj debió haberse parado. –advirtió mientras le daba unos golpecitos a su reloj pulsera. –Oh, llegaré tarde a la boda…
-¿Tienes una boda, mamá? –preguntó Phineas.
-Sí, hijo. Es la boda de mi compañera de cocina, Charlene. La que recibe llamadas de su hija. Nunca he visto a la chica, pero ella dijo que era muy bonita. Supongo que hoy lo descubriré. Iré a prepararme.
-Bueno, mamá. –dijo Phineas.
-Candace, estás a cargo mientras no estoy. No molesten a su padre, va a reparar la gotera del techo de nuestra habitación. –indicó su madre.
-¿A cargo? –preguntó Candace atónita.
-No hay tiempo para pasar por lo mismo cada vez que te dejo a cargo, hija. Sí, estás a cargo.
-¿Eso significa…? –preguntó Candace que parecía no escuchar a su madre.
-Sí, sí, sí. –repitió Linda Flynn que tenía mucha prisa y que conocía lo que su hija iba a preguntarle. –Phineas y Ferb están bajo tu control.
Candace sonrió y Linda salió disparada para cambiarse de ropa rápidamente.
-Ya oyeron a mamá, estoy a cargo. –dijo Candace dirigiéndose a Phineas e Isabella. -¿Dónde está Ferb? No se escabullirá a ningún lado mientras yo esté al mando.
-Fue al centro comercial a comprar nuevas herramientas. –respondió Isabella con toda seguridad ahora que su mentira había funcionado a la perfección.
-No necesitará esas herramientas nuevas. –contestó Candace.
-Tienes razón, Candace. –advirtió Phineas. –Ferb ya tenía herramientas nuevas, fueron el deseo que conservó de la máquina de pedir deseos de ayer en la tarde. Algo muy raro sucede. ¿Te dijo que iría al centro comercial por herramientas nuevas, Isabella?
-Eh… eh… -Isabella se había puesto nerviosa, había olvidado por completo las herramientas que Ferb había pedido el día anterior, su mentira se estaba desbaratando. –Él… dijo… eso…
-Yo iba a decir que no las necesitaría porque no construirían nada hoy. –dijo Candace. –Pero lo que él dijo tiene mucho sentido. ¿Dónde está Ferb?
-Eh… mm… -intentó responder Isabella.
-Oh, ese chico está en problemas. –contestó Candace. -¡Mamá!
-No tengo tiempo Candace.- objetó la mujer desde la entrada. Ya se había cambiado y se dirigía a la boda. Salió rápidamente y se llevó el auto.
-Llamaré a papá. –dijo Candace.
-¡No, Candace! –exclamó Isabella.
-¿Por qué no, Isabella? ¿Sabes dónde está?- preguntó Candace.
-No, pero estoy segura de que no quieres preocupar a Lawrence diciéndole que su hijo desapareció. Además, estoy segura de que si Ferb no dijo a donde iba, es porque no debíamos saberlo y… y… deberíamos respetar su decisión, ¿cierto?
-¿Y si algo le sucede?-la contradijo Candace.
-¿Qué les parece si vamos a buscarlo? Los tres. –dijo Phineas. –Así no preocuparemos a papá. ¿Qué dicen?
-De acuerdo. –aceptó Isabella de inmediato. Sabía que no lo hallarían, pues ahora Ferb tenía 16 años y jamás lo reconocerían.
-No lo sé. –dudó Candace unos segundos.
-Por favor, Candace. –insistió Phineas con una tierna mirada.
-Muy bien, lo haré. –aceptó Candace.
-Vamos a buscar a Ferb. –concluyó Phineas.
Los tres chicos salieron. Isabella sonreía.
-¿Por qué sonríes, Isabella? –inquirió Candace que sospechaba de ella desde que les pidió que no buscaran a su hermanastro.
-Bueno, Candace. –dijo la chica con alegría. –Es que el amor siempre gana. –concluyó con ternura.
Candace no comprendió ni media palabra de lo que la chica había dicho y mucho menos de por qué lo había dicho, así que optó por ignorar su comentario por completo. Al llegar a la puerta trasera los tres chicos se dividieron y cada uno buscó a Ferb por su lado. Tres lados.
Continuará…
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Wow, quisiera ir a la famosa "boda"…
