Antes de empezar:
Me disculpo con todos por la tardanza, fue mucha, lo sé. Además el capítulo es extremadamente corto. Lo lamento, pero el colegio me está consumiendo, además de otros problemas. Cosas de la secundaria: peleas, amigos y no tan amigos. En fin, cosas que pasan. Mil disculpas por el poco contenido de este capítulo, para compensar puse mucho sobre mi opinión sobre las parejas y les doy rienda suelta a comentar y dejar reviews todo lo que quieran. Sé que a muchos les debe a aburrir mucho leer lo que el autor escribe, pero si hay por ahí alguien a quien le guste leer sobre las opiniones de los demás, entonces se ganó la lotería. Yo en lo personal amo dar mi opinión y analizar las diferentes parejas y si a ustedes les gusta también dejen reviews y comenten. Hablen sobre lo que piensan, exprésense. ¿Qué parejas les gusta? ¿Por qué? ¿Tienen dudas sobre mi fic? Lo que sea pueden preguntarlo. Los invito a participar porque a veces escribir te hace sentir sola.
Este capítulo es mi primer intento de que Phineas e Isabella se acerquen más de lo que han estado hasta ahora, será paulatino (lean la explicación abajo).
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Algunos aspectos sobre las parejas, si son fans de Phinbella de estas parejas o alguna les parece mal por favor háganmelo saber en un review. Especialmente si son fans de Candace y Jeremy y quieren que aborde la pareja más en profundidad.
Phinbella: Yo sé que todos esperan más Phinbella, más Phinbella y más Phinbella. Para ser sincera, creo que no es una pareja fácil de manejar. Phineas es la definición de ingenuidad, lo que lo vuelve mucho más complicado de manejar que Ferb o cualquier otro personaje. Siento que está en una edad en la que no está particularmente interesado en las chicas como más que "amigas". Creo que simplemente no piensa en relaciones amorosas en este momento (y para serles sincera, hace bien, que no se complique la vida a esta altura de su vida que es muy joven). Yo prometo que haré todo lo posible para que haya mucho más Phinbella en este FanFiction, pero no les prometo noviazgos milagrosos ni nada demasiado extravagante (por lo menos no de un capítulo al otro, lo quiero hacer algo paulatino). Phinbella es una pareja que me fascina en muchos sentidos, pero particularmente complicada.
Candace/Jeremy: Una pareja que a diferencia de Phinbella no es tan complicada, porque se sabe claramente cuáles son los sentimientos que tienen el uno por el otro. El problema que tiene esta pareja es que ya no les quedan muchos pasos para avanzar, son una pareja prácticamente conformada. Yo simplemente los adoro como pareja, me encantan en muchos sentidos y debo admitir que fue la pareja que más me gustó en un principio y la razón por la que empecé a ver la serie, pero la verdad es que la relación está por demás avanzada. No quisiera aburrirlos con más Candace y Jeremy de lo que ya estamos obligados a soportar, así que les dejo a su criterio. No estoy particularmente interesada en tratar la pareja (por supuesto tendrán sus momentos), por lo que debo preguntarles si a ustedes les interesa seguir oyendo más sobre Candace y Jeremy. No me aburre la pareja pero creo que es tan obvia que apenas se puede adentrar en el tema.
Ferbnessa: Una pareja interesantísima a mi parecer. Un chico de unos 12 años enamoradísimo de la chica de 16 que jamás notaría su existencia como HOMBRE. Creo que el enamoramiento de Ferb es de lo más dulce, tierno e inocente (no en el mismo sentido en el que Phineas es inocente). Ferb puede ser joven, pero en su personalidad es todo un hombre, y no lo digo por el hecho de que sea un genio mecánico o un chico extremadamente inteligente intelectualmente para su edad. Su madurez es diferente a la de su hermano y a la de muchos otros a su edad. Ferb es un personaje fascinante, lleno de costados ocultos y de misterios, pero a la vez lleno de esa inocencia propia de su edad. Adorable en muchos sentidos y cabe aclarar que en Vanessassary Roughness (capítulo que les recomiendo que miren) se comporta como más hombre de lo que cualquiera de los demás personajes de la serie se han comportado en toda la serie. Es todo un héroe y a pesar de la famosa "diferencia de edad" que ofende a tantos fanáticos, creo que se lo merece. Se la ganó, ¿o no?
Dejando de un lado a Ferb sigo con Vanessa. También tiene más que merecido a Ferb. Su amor sería algo extremadamente tierno y dulce. Incluso sería comparable con mi película favorita de Disney: "La Bella y la Bestia" (y no porque Ferb sea feo ni nada por el estilo, sino porque el "ENVASE" es el de un chico, no el de un "hombre").
Concluyendo: APOTO ABIERTAMENTE LA PAREJA DE FERB Y VANESSA A PESAR DE LA DIFERENCIA DE EDADES, LO IMPORTANTE ES LO DE ADENTRO, LO IMPORTANTE ES QUE SE QUIERAN, QUE SE AMEN.
Para concluir con este largo y aburrido sitio de opinión personal del autor agrego:
Estaba interesada en hacer un fic que trate de manera más adulta la relación de Vanessa y Ferb, quizás esté ubicado unos 6 años en el futuro. ¿Creen que debería hacerlo? Gracias desde ya por su colaboración y por los reviews que dejaron y que quizás dejen opinando (como les pedí que hicieran arriba).
Sin más preámbulo…
En el capítulo anterior:
Candace no comprendió ni media palabra de lo que la chica había dicho y mucho menos de por qué lo había dicho, así que optó por ignorar su comentario por completo. Al llegar a la puerta trasera los tres chicos se dividieron y cada uno buscó a Ferb por su lado. Tres lados.
Capítulo XIX: ¿Enamorado?
Los minutos pasaban, los segundos corrían. Candace y Phineas continuaban buscando a Ferb, Isabella sólo fingía buscarlo. Caminaron en vano por casi cada rincón de la ciudad y finalmente los tres regresaron rendidos al jardín de los Flynn. Los esperaba el padre del pequeño desaparecido, Lawrence Fletcher. Estaba sentando bastante relajado, jamás se hubiese imaginado que su hijo no estaba en todo Danville.
-¿Dónde estaban? –preguntó el hombre mientras limpiaba sus lentes con su camisa.
-Eh… Papá… -comenzó Candace. La pelirroja tomó saliva y se dispuso a decirle toda la verdad. –Fuimos a buscar a Ferb. –contestó finalmente. –No lo encontrábamos por ningún lado.
El hombre volvió a ubicar sus lentes sobre su nariz y con toda tranquilidad continuó interrogando a su hijastra.
-¿Y bien? ¿Dónde está? –preguntó con total seguridad de que los niños le dirían cuál era el paradero de su hijo con exactitud.
-Bueno… no lo sabemos. –contestó Candace evitando mirarle a los ojos.
El hombre pareció congelado por un segundo, dudó seriamente de lo que había oído.
-¿No saben? –se aseguró de haber escuchado.
-No, no lo sabemos. –contestó finalmente Candace dejando escapar un suspiro.
-Oh, debe estar bien. –se trató de convencer a sí mismo el hombre. – ¿No dijo a donde iba?
Candace miró a Isabella y frunció el ceño. La chica se sintió mal por ello.
-No, no lo dijo. –contestó la pelirroja.
Lawrence comenzó a caminar en círculos por el jardín tratando de adivinar en dónde podría estar Ferb.
-¿En el centro comercial? –preguntaba a los niños.
-Ya busqué allí. –contestó Phineas.
-¿Qué hay del parque? –continuó Lawrence.
-Tampoco. –dijo Candace.
Lawrence siguió caminando, cada vez más cerca de los bordes y esquinas del patio. Caminaba directamente hacia la máquina de los deseos que aún permanecía allí, invisible para sus ojos. Candace se puso nerviosa, sabía que si chocaba la máquina sospecharía que algo extraño estaba sucediendo, y realmente creía que esa máquina de los deseos era indispensable para sus citas con Jeremy.
-Ferb debe estar bien. –lo intentó tranquilizar Isabella. –Es sólo que no dijo con exactitud a dónde iría. Ya saben cómo es Ferb, muy callado.
Lawrence se detuvo unos centímetros antes de la máquina. Candace se relajó. Era increíble que estuviese frente a semejante aparato y que ni siquiera notara su presencia.
-Lo sé, Isabella. –admitió Lawrence. –Estoy exagerando un poco. Es sólo que a veces deseo que Ferb hable un poco más.
Dichas esas palabras el rostro de Candace se manchó de terror. Los labios de Lawrence habían pronunciado las palabras a apenas unos centímetros del micrófono y la máquina había entendido que era un deseo real. La máquina entró en calor lentamente y lanzó un rayo que atravesó por completo la ciudad de Danville. Lawrence ni siquiera lo percibió.
-¿Sucede algo, Candace? –preguntó asombrado por el rostro que la chica había puesto.
-No, nada. –contestó la chica. –Será mejor que entremos. –añadió en un intento desesperado por alejar a Lawrence lo más posible de la máquina de los deseos.
Lawrence obedeció y Candace le siguió. Phineas e Isabella permanecieron inmóviles en sus lugares.
-Vaya. –dijo Phineas que no sonaba tan optimista como siempre lo hacía. -¿Dónde crees que esté Ferb?
Isabella miró en la dirección a donde el rayo se había disparado.
-No lo sé. –mintió la chica volviendo la mirada hacia Phineas. Sabía que donde fuere que Ferb estuviese, seguramente sería en la dirección del rayo recién disparado.
-Espero que no le haya sucedido nada malo. –continuó Phineas asustado.
Por un segundo Isabella abandonó su postura de defensora del amor de Ferb y comenzó a escuchar la preocupación de Phineas.
-No te preocupes. –lo reconfortó Isabella. –Estoy segura de que Ferb está bien.
-Es extraño. –continuó Phineas. –No sé por qué no dijo a dónde iba o… ¿por qué dijo que iría a un sitio en el que no está? Ferb no haría eso. ¿Crees que algo malo esté sucediendo?
Isabella se sintió verdaderamente mal por Phineas. No sólo era el chico del que estaba enamorada, también era el hermano de Ferb. Tal vez el pelirrojo no sabía de amor, no notaba que a su lado estaba la única chica que lo podía amar como ella, pero sabía de amistad y sabía de hermandad. Quizás sería un vano, pero debía intentar hacer entender a Phineas.
-No creo que nada malo esté sucediendo. –contestó la chica con total seguridad y con gran seriedad. –Pero no voy a negarte que creo que algo está sucediendo. –Isabella volteó su mirada al cielo nuevamente.
-¿A qué te refieres? –preguntó el pelirrojo extrañado.
-A que quizás Ferb esté haciendo algo importante, pero no por eso debe ser malo. Podría ser algo hermoso. –contestó la chica.
-¿Cómo qué?
-Bueno, podría estar alimentando una familia de indefensos perritos abandonados en secreto, o podría estar… -Isabella lo pensó varias veces antes de decirlo, pero finalmente se atrevió. -¿enamorado?
-¿Enamorado? –respondió Phineas atónito. Esa posibilidad ni siquiera había cruzado por su cabeza.
-Sí, enamorado. Quizás esté enamorado. –respondió la chica con firmeza mientras volvía a mirar a Phineas a los ojos.
El chico apenas lo podía creer. ¿Su hermano enamorado? Nunca había siquiera cruzado por su cabeza. ¿Enamorarse? Phineas apenas podría comprenderlo, aún no había sentido el amor.
-No lo entiendo. –contestó Phineas con mucho esfuerzo para lograr una oración gramaticalmente correcta.
Isabella suspiró.
-Lo sabía. –respondió en voz lo suficientemente baja como para que Phineas no la oyera.
-¿Disculpa? No entendí.
-Nada, Phineas. No es importante. Es que… -la chica se armó de valor –Phineas, tal vez no lo entiendas ahora, pero lo entenderás cuando te enamores de alguien.
-Sí, lo sé. ¿Tú… sabes? –inquirió Phineas.
-¿Sobre amar? –respondió la chica completamente roja.
-Sí, es decir, ¿alguna vez has estado enamorada de alguien? –volvió a preguntar el muchacho intrigado.
-Bueno, tal vez. –contestó Isabella.
-¿En verdad? –dijo el chico con su particular inocencia. -¿Qué se siente? ¿De quién has estado enamorada?
-Sí. Se siente raro porque es genial estar enamorada de alguien, pero a la vez es muy doloroso saber que esa persona nunca sentirá lo mismo por ti. –contestó Isabella con un aire de decepción en sus palabras.
-¿Por qué no lo haría? Es decir, eres lista, bonita y todas esas cosas. ¿Por qué no te querría ese chico? –respondió Phineas en un tono de extrema inocencia.
Isabella se sonrojó nuevamente.
-¿Crees que no debería rendirme?
-¡Nunca!
-Gracias, Phineas. No lo haré. –dijo posando sus ojos en él con una mirada tierna.
Miraba al chico como si no fuese a verlo nunca, como si se despidiera de él. Pero en su mirada había un brillo de esperanza, la esperanza de que algún día se volvieran a ver. Sabía que si no se daba por vencida se iba a encontrar con lo que ella siempre deseó: el amor de quien ama. Se sentía extraña, algo triste y muy feliz. Sólo podía pensar en qué lo haría feliz a Phineas Flynn. Desde luego que volver a ver a su hermano lo haría feliz, lo haría dejar de preocuparse. No sólo a él, sino a su hermana, a su padre. Debía encontrar a Ferb, debía hacer que regresara, debía hacer feliz a Phineas.
-Volveré en un rato, Phineas. –dijo la chica mientras comenzaba la caminata hacia su bicicleta.
-¿A dónde vas, Isabella? –preguntó el chico sin comprender.
-Oh, hay algo que fingí hacer y no hice. Es hora de que lo haga de verdad.
-¿Limpiar tu cuarto? –inquirió el muchacho denotando su particular inocencia.
-Algo así. –contestó la chica misteriosa. Se puso su casco y se echó a pedalear.
Phineas entró a la casa con Lawrence y Candace.
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Ferb caminaba con tranquilidad. Se había hartado de correr sin sentido y sin apuro. Casi atravesaba la ciudad por completo. Dejar de pensar en la chica le era más que imposible. Esperaba voltear en una esquina y cruzarse con ella, pero era bastante improbable, por no decir imposible. Pero continuaba caminando sin darse por vencido, aunque sus piernas hubiesen deseado que así fuese.
Casi en el borde de la ciudad se detuvo frente a una iglesia. Una imagen lo había alegrado. En la puerta un hombre de unos cuarenta y tantos años intentaba limpiar restos de polvo de su saco antes de entrar. Ferb lo reconoció en al instante, era el padre de Vanessa, el hombre que había visto en el centro comercial hacía un tiempo atrás. Evidentemente se dirigía a una boda.
Ferb no siguió dudando y caminó con seguridad directamente hacia las escalinatas de la iglesia.
Continuará…
