Antes de introducirles el nuevo capítulo me complace anunciarles que este FanFic ya se encuentra completo. Todos los documentos están terminados y preparados para su publicación, que será los días viernes aproximadamente a la misma hora de este capítulo.
Muchas gracias por todo el apoyo que recibí, y quisiera agradecerles especialmente a aquellos que dejaron review y preguntarles si les gustaría que hiciera un pequeño bonus track después del último capítulo. Sin más preámbulo: QUE LO DISFRUTEN.
En el capítulo anterior: Pequeñas reflexiones, grandes aliados.
Ferb besó su mejilla dulcemente. Vanessa sentía algo por el peliverde, no quería dejarlo ir, pero algo en ella no le permitió seguirlo cuando él se fue a buscar a su pequeña y dulce vecina para volver a casa. Quizás ese algo era el destino.
Capítulo XIII:
Ferb se acercó a Isabella, que estaba sentada intercambiando algunas palabras con Carl, el padrino de la boda.
-Siempre es igual. –se quejaba el pelirrojo. –Ninguna chica quiere salir conmigo.
-Lo comprendo, amigo. El chico que me gusta no tiene idea de que existo, ya no sé qué hacer al respecto. –respondía ella algo triste cuando Ferb los interrumpió.
-Isabella, ¿estás lista para irnos? –preguntó el peliverde.
-Bueno, pero Fer… Lucas, -se corrigió rápidamente. -¿Qué sucedió con Vanessa?
Ferb sonrió. Seguía feliz por el beso, jamás olvidaría haber rosado sus seductores labios rosados con los suyos en el romántico jardín. Sus ojos brillaron de alegría.
-Te lo contaré luego. –respondió él.
Dirigió su mirada hacia la puerta, Vanessa acababa de entrar en el salón. Ambos se miraron, pero ninguno se acercó al otro. Se despidieron tímidamente a modo de despedida.
Isabella se paró de su asiento.
-Gracias por la charla, Carl. –agradeció la niña.
-Hasta luego. –se despidió el pelirrojo.
Isabella y Ferb salieron por la puerta dejando al muchacho sentado sólo por unos momentos. Casi inmediatamente un extraordinariamente bajo mesero, de piel verde y pico de pato se acercó con el ceño fruncido.
-Agente P. –lo reconoció rápidamente. –¿Qué haces aquí? Charlene le pidió al Mayor que no trajera animales a la celebración. Va a enfadarse.
El ornitorrinco señaló directamente al otro lado del salón, donde Heinz Doofenshmirtz estaba regodeándose mientras frotaba sus manos maliciosamente.
-¿Doofenshmirtz? Vino como invitado, agente P.
Perry levantó una ceja como si estuviera insinuando lo evidente.
-¿Crees que planee algo malvado? ¿En la fiesta de matrimonio de su ex esposa y su mayor rival…? –se detuvo a pensar en sus propias palabras unos instantes. –Tienes un buen punto. ¿Qué es lo que crees que trame? Bien, no estoy autorizado por el Mayor para hacer esto, pero investígalo de cerca, averigua qué trama Doofenshmirtz y detenlo, agente P.
El ornitorrinco levantó su pata en señal de reconocimiento y se dirigió de incógnito nuevamente hacia donde estaba el peculiar personaje de Heinz Doofenshmirtz.
Mientras tanto, apenas unos metros afuera del sitio en donde se celebraba la gran fiesta, una conversación entre otros dos aliados de aventuras estaba teniendo lugar. Isabella y Ferb se sentaron unos minutos en un pequeño banco de la calle antes de emprender el regreso.
-Y bien, ¿cómo ha salido todo? –preguntó Isabella.
-Todo ha salido más que perfecto, Isabella. –respondió el chico aún caminando entre las nubes.
-¿Y por qué no seguiste allí con ella? Si las cosas iban bien entonces debiste…
-¿Pelear? –le adivinó el pensamiento. –Lo sé. Lo entiendo. Pero en el último momento entendí algo.
-¿Qué cosa?
-Que ella es la chica correcta para mí y que yo soy el chico correcto para ella. Es sólo que no es nuestro tiempo.
-¿A qué te refieres?
-En este momento ella está herida por Johnny y en realidad yo soy muy… joven.
-Bueno, no ahora. –acertó ella intentando darle un poco de humor.
-Llegará un momento en nuestras vidas en las que la diferencia de edad no se haga tan notoria, quizás cuando seamos algo más grandes, cuando esté por ir a la universidad quizás, y entonces ese será el momento correcto. Además, quiero gustarle como Ferb, no como Lucas.
-Estoy segura de que lo hará.
-Gracias, Isabella. Yo también.
Ambos se sonrieron con complicidad.
-Oye. –se atrevió a preguntar la morena con algo más de inseguridad. –Sé que no pudimos hablar de esto antes, pero… ya que sabes lo de… Phineas.
Ferb sonrió.
-Adelante, no tengas miedo. –la alentó el peliverde.
-Bueno, ¿crees que sea igual que con ustedes dos? Es decir, ¿crees que cuando Phineas algún día se enamore de alguien vaya a ser de mí?
-Bueno, es difícil de decir. Pero puedo darte un consejo que alguien muy sabio y muy dulce me dio una vez. –le respondió con una sonrisa. –Pelea.
Isabella se sintió reconfortada por sus propias palabras en los labios de Ferb.
En la casa de los Flynn-Fletcher Candace y Jeremy conversaban en el salón de entrada. Phineas interrumpió su conversación entrando en la habitación.
-Oigan, lo siento, pero estoy preocupado por Ferb. ¿Candace vas a ayudarme a buscarlo? –preguntó el inquietado niño de cabeza triangular.
-¿Buscar a Ferb? –inquirió Jeremy. –Candace, ¿Ferb está perdido?
-Algo así. –intentó explicar ella. –Creemos que escapó para invitar a salir a Vanessa.
-¿Vanessa? ¿La misma Vanessa que conocimos en el parque? ¿Ferb se enamoró de ella?
-Así parece. –intervino el pelirrojo.
-Oigan, genial. ¿Pero no es un poco joven para salir con ella?
-Sí, sí lo es. –respondió Candace.
-Por eso utilizó una máquina que construimos esta tarde. Se volvió unos años mayor y se fue. –continuó Phineas con la explicación.
-Isabella lo ayudó. Esa chica también estará en problemas en cuanto hallemos a Ferb. –se quejó Candace con su particular tono de hartazgo.
-Oigan, salgamos a buscar a Ferb. –intentó solucionar chico de ojos celestes.
-No, aguarden, aguarden. Podemos usar la máquina de los deseos que construyeron los chicos ayer. Sigue estando en el patio. Sólo pidámosle que traiga a Ferb de regreso, y así podré atraparlo. – se regocijó su hermana.
-Oye, Candace, no arruines al diversión de Ferb. –le pidió Jeremy. –Tal vez sería mejor que nosotros fuéramos a ver cómo está él en lugar de decirle que vuelva, así podríamos no interrumpirlo.
-Gran idea, Jeremy. –lo eligió Phineas.
-Sí, gran idea. Supongo que nuestra cita tendrá que esperar. –dijo Candace decepcionada.
-Descuida, será la mejor cita. –le prometió el muchacho rubio.
Jeremy tomó la mano de Candace y juntos siguieron al hermano menor de la pelirroja a través de la cocina para finalmente llegar al jardín.
