Disclaimer: Phineas y Ferb son propiedad intelectual de Dan Povenmire y Jeff 'Swampy' Marsh, ¡pero ellos me dan retweet! OK, no me dan RT, pero cada tanto sí le dan FAV a mis tweets.
En el capítulo anterior:
-Descuida, será la mejor cita. –le prometió el muchacho rubio.
Jeremy tomó la mano de Candace y juntos siguieron al hermano menor de la pelirroja a través de la cocina para finalmente llegar al jardín.
Capítulo XIV: Desamores, Inadores
Jeremy, Candace y Phineas salieron al jardín.
-Un minuto. ¿Y Perry? –argumentó el rubio.
Ninguno de los tres imaginaba que en realidad su mascota estaba en una misión de incógnito en una boda un tanto peculiar. Se deslizaba entre los invitados disimuladamente bamboleando de un lado a otro bandejas llenas de bebidas que los comensales en el evento se servían de vez en cuando. Su némesis Heinz Doofenshmirtz salió de la habitación con un aire un tanto malicioso. Perry lo siguió de inmediato escabulléndose entre la multitud.
-Oh, eres tú. –dijo el científico al verificar quién fue su persecutor. –Por un momento creí que podría tratarse de mi enemigo, Perry el ornitorrinco. Creo haberlo mencionado previamente en una conversación. Como sea, no creo que vaya a venir esta noche, no estaba invitado a la boda. -una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro. -Seguro fue culpa de Charlene, no le gustan los animales. Oye, ¿te importa si te relato a ti mi plan malvado? Es que suelo hacerlo con mi enemigo, pero pareces un buen sustituto. Tienes más o menos su altura y aspecto verdoso.
Perry asintió sin sorprenderse de que no le reconociera, Heinz tenía la absurda costumbre de no reconocerlo a menos que llevara su sombrero fedora puesto, y no lo hacía en ese momento. Llevaba una falsa peluca negra engominada y un peculiar bigote que dificultaría su reconocimiento aún a sus amigos, como Carl o el Mayor Monograma. Del bolsillo interno de la chaqueta de su traje el hombre encorvado extrajo un pequeño control con un botón rojo brillante. Al presionarlo la fuente del jardín que estaba justo frente a ellos dejó de verter agua en todas las direcciones y su centro se hundió en una primera instancia para unos segundos después dejar ver como ascendía lentamente una extraordinariamente complicada máquina con la forma de un rayo gigantesco.
-Admira el Desbodifinador. Es uno de mis tantos "inadores", tengo pensado registrar la marca, pero la licencia es algo cara y la verdad es que Charlene no estuvo tan generosa con la pensión que recibo de ella en los últimos meses. No tenía idea de por qué era así, pero ahora veo que invirtió el dinero de su trabajo en esta ridícula boda con el Mayor Monograma, por cierto, ¿sabías que su primer nombre es Francis? –preguntó burlándose. –Como sea, Charlene y yo teníamos nuestras diferencias, pero el hecho de que se case con mi mayor rival me resulta demasiado indigerible. Así que le hice algunas modificaciones a mi antiguo Desamorisador y será efectivo. El Desamorisador podía lograr que cualquiera dejara de sentir amor, es una larga historia. Pero ahora sólo funciona con Charlene, ya sabes, en caso de que alguna de las bellas damas de la fiesta se interesara en mí. –explicó buscando complicidad con el ornitorrinco al subir y bajar las cejas. –Bueno, en cuanto lo accione Charlene ya no va a amar más a Francis Monograma y por fin volverá a darme mi jugosa pensión completa. Pero esa no es la mejor parte, el Mayor Monograma quedará tan devastado que no podrá seguir siendo el líder de O.S.B.A. y yo seré libre de hacer maldades y así podré gobernar el Área Limítrofe. –concluyó finalmente con una risa malévola mientras se disponía a bajar una palanca junto al aparato que acababa de salir de la fuente.
En ese momento Perry se deshizo de la bandeja arrojándola a un lado al igual que su disfraz de camarero. El científico se detuvo.
-Un ornitorrinco.
Perry colocó el sombrero marrón en su cabeza echándole una amenazadora mirada a Doofenshmirtsz.
-¡Perry el ornitorrinco! –exclamó sorprendido Heinz. –Bien, no me detendrás, porque esta vez no necesito una trampa para deshacerme de ti. –dijo en un tono sereno el malvado científico regocijándose de que por la puerta que estaba por detrás de su némesis acababan de salir Charlene, el Mayor Monograma, Carl, Vanessa y algunos invitados más intrigados por el estruendoso sonido que provenía del jardín trasero.
-¡¿Pero qué es lo que está ocurriendo aquí?! –exclamó la mujer con el bello vestido de novia atónita sin quitar los ojos del ornitorrinco. –Creí haberte pedido específicamente que no trajeras animales a la fiesta, Francis.
Heinz dejó escapar una risita por lo bajo al escuchar el nombre de "Francis".
-Querida te juro que yo no… -balbuceó el Mayor dificultosamente.
-Sí, Francis. –continuó Doofenshmirtz regodeándose. –Ella específicamente te pidió que no lo hicieras, ¿pero qué hace uno de tus agentes aquí?
La atractiva mujer de cabello oscuro y corto le echó una mirada penetrante a su recién esposo, llena de enfado y enojo.
-Prometiste que tu trabajo no interferiría hoy.
-Pero, amor… -intentaba justificarse él hombre canoso sin obtener resultado alguno.
-Quiero que ese animal abandone mi fiesta de bodas ahora mismo. -ordenó ella en tono firme.
-Pero… -irrumpió un joven de pelirrojo de lentes en la conversación. –Señora, es un ornitorrinco, no hace gran cosa. –quiso persuadirla de dejarlo quedarse y de que perdonara a su jefe.
-No me interesa. Francis, te pedí específicamente que no dejaras que tu trabajo interfiriera hoy. Tu padrino fue un interno que trabaja para ti, no dije nada antes, pero ahora hay uno de tus extraños agentes animales con los que pasas todo el día en nuestro jardín. Sólo te pedí una noche para ser una pareja normal, ¿qué es lo que sucede? ¿Acaso no me amas lo suficiente? -le argumentó ella en tanto su mirada se volvía borrosa llegando al borde de las lágrimas.
-Claro que sí, pero…
-No hay excusas. ¡Pídele que se vaya ahora mismo!
-Vaya, quizás no tenga que usar el Desbodifinador después de todo. –susurró Heinz por lo bajo con la intención de que nadie lo oyera.
Sin embargo una bella joven vestida de rosa había escuchado sus palabras a la perfección, y aunque siempre parecía incapaz de alguna vez lograr acusar al científico con su madre se vio envuelta en una ira irracional. En ese momento la felicidad de su madre se volvió su única prioridad y ningún pensamiento ajeno a eso podía perturbar su mente, a pesar de la intensa noche cargada de emociones que había vivido.
-¿El qué? –preguntó su hija Vanessa. -¿Construiste un inador para desbodificar esta noche? Papá, ¿cómo pudiste?
-Hija, espera, antes de que te enfades…
-Un minuto. –lo frenó y clavó su vista en el rayo gigante que estaba en lugar de la fuente. -¡Mamá! ¿Lo ves? Papá es malvado, creó ese extraño aparato con forma de rayo gigante.
Charlene observó la máquina.
-Hija, querida, eso es una fuente. –le respondió incrédula. –Ahora no es momento de que intentes acusar a tu padre, es momento de que Francis tome una decisión.
El Mayor Monograma sudaba como si lo es tuvieran hirviendo en una olla acompañado de algunas langostas. Se sentía más presionado de lo que se había sentido nunca. El ornitorrinco era un amigo para él, y ya bastante difícil le había resultado el no poder invitarlo a su más importante celebración. ¿Pero además decirle que se fuera? Perry estaba inmóvil.
-Agente P, lo siento mucho, pero tienes que irte. -se decidió finalmente.
Si bien el invento del ex marido de su nueva esposa parecía amenazador, su reciente matrimonio peligraba de todas formas. Aunque no había oído a Doofenshmirtz decirlo pensó que tal vez no necesitara usar el Desbodifinador después de todo.
El ornitorrinco lo miró decepcionado. Sus ojos tristes atravesaron el alma al hombre de cabello blanco, pero en ese momento sintió que era su única elección. Su verde amigo lentamente regresó al salón, ahora vacío de invitados, dispuesto a irse humillado.
-No, agente P. –le susurró Carl con aflicción.
Pero no hubo caso, Perry siguió adelante. La hija del doctor Doofenshmirtz lo siguió preocupada.
Mientras tanto afuera sentados aun en el banco de la calle se encontraban Ferb e Isabella. La noche era templada, lejos de ser ventosa. Una apacible noche de verano con el cielo despejado bordado con estrellas brillantes en la lejanía. Ninguna de ellas podría saber jamás el admirable espectáculo que regalan a una humanidad a miles y miles de años luz de distancia. Con su luz, que es tan tenue y distante, regalan desde tiempo inmemoriales noches perfectas a criaturas afortunadas. Ésa era una de esas noches perfectas.
-Entonces, ¿en verdad crees que algún día a Phineas yo vaya a gustarle? –le preguntó Isabella con dulzura y una mirada esperanzada.
-Desde luego. De hecho estoy seguro de ello. –le respondió el peliverde sonriendo.
Isabella estaba sorprendida. Le alegraba el corazón que alguien que conociera tan bien a Phineas como su propio hermano le afirmara que el mayor motivo de toda alegría y congoja para la morocha la vería alguna vez como ella deseaba.
-¿Cómo es que estás tan seguro?
En ese momento junto a ellos hubo un resplandor y los cuerpos de Jeremy, Candace y Phineas se materializaron frente a ellos como por arte de magia.
