Comentario de la autora:

Muchos años pasaron desde la publicación y el último capítulo de este FanFiction. Durante mucho tiempo, algo en mi vida estuvo inconcluso. Durante largo tiempo creí que siempre era capaz de comenzar las cosas, pero jamás de terminarlas. De igual manera me ha ocurrido en mis trabajos personales (porque tengo algunos escritos de historias originales que jamás se materializaron más allá de absurdas notas e incompletos borradores). Ha habido múltiples momentos en estos años en los que la culpa me invadía, tal vez a recibir un review nuevo, una súplica de que continuara. Creí que jamás sería capaz de continuarlo o de terminarlo, pero aquí estamos, en el bonus track de la historia. Muchas gracias a todos por su enorme apoyo que significa TODO.

Como mencioné previamente, muchos años han pasado desde la publicación del primer capítulo hasta la publicación del último. Y esos años no dejaron estáticos a Phineas y a Ferb o a sus episodios. Hay un alto grado de desactualización (¿Johnny? ¿En serio? ¡Historia antigua! ¡Lo nuevo es Monty!) en el Fic.

Sé que no es el final que se hubiesen esperando (aunque es el final original del FanFiction), pero gracias a la gentileza de Dan Povenmire y Jeff "Swampy" Marsh hemos visto un fantástico vistazo al futuro en el capítulo "Act Your Age". Este bonus track titulado "Años después" narra los eventos transcurridos inmediatamente después de ese episodio.

SPOILER ALERT! FAVOR DE NO LEER ESTE BONUS TRACK A MENOS QUE YA HAYAN VISTO EL EPISODIO "ACT YOUR AGE".

Disclaimer: "Phineas y Ferb" no me pertenecen: ya saben a quién sí.

Se relata también en este bonus track una porción del capítulo "Act Your Age", de ninguna manera los hechos narrados me pertenecen. No hay ninguna intención de violar derechos de autor. Se relata el final del episodio nada más que a título de ubicación temporo-espacial.

Bonus Track: Años Después

Un alto muchacho de cabello rojo fuego observaba la casa de su vecina de enfrente con tristeza. Ese día había sido extremadamente intenso para sus emociones. Por casualidad, y no por ningún otro motivo, su fiel amigo Baljeet le había comentado algo que nadie, ninguno le había dicho antes: su hermosísima vecina de cabello negro como la noche y ojos profundos como la eternidad había estado enamorada de él durante mucho tiempo. En su inocencia, jamás había logrado ver los pequeños detalles que le insinuaba su amor profundo y sincero. Podría haber sido un caso más de tantos de aquellos en donde el amor no es correspondido, en donde el dolor es la única de las opciones, pero no era así. Phineas Flynn tenía fuertes sentimientos en reciprocidad a Isabella García-Shapiro desde hacía un tiempo, pero jamás se había atrevido a descuidar su amistad con su dulce vecina y prefirió acallar los designios de su corazón. Desafortunado es el destino de todos aquellos que por amor o por temor enmudecen sus labios y les destierran de las palabras que les sirvieran para confesarse, pues ahora Isabella había partido a la universidad y no sabía cuándo volvería a verla, a quién conocería allí o qué sería de sus vidas en el futuro.

Un camión de mensajería express, que se encontraba aparcado en la acera justo frente a su casa arrancó y liberó la acera. Al darse vuelta y dirigir la mirada hacia el pórtico de su casa la vio. Allí estaba ella, con su largo cabello negro oscuro, sus ojos grandes y sus pestañas largas. La más bella de todas las criaturas vivas, más bella incluso que Lúthien Tinúviel en la magnífica concepción de Tolkien. Fortuna sería la de Phineas si aquella bellísima criatura le permitiera cortejarla o al menos liberarlo de la pesada carga de amarla en secreto.

Ambos se miraron fijamente. La expresión de Isabella era seria, pero en sus ojos albergaba algo de tristeza y nostalgia. Tenía frente a ella al hombre que más amaba en la tierra, lo había amado durante años, años que se pierden en la eternidad del tiempo, pero que habían sido la mayor parte de sus vidas.

El pelirrojo cruzó la calle directamente hacia donde estaba ella.

-¿Qué estás haciendo? –le preguntó juguetón haciendo referencia a una frase que Isabella había utilizado con la frecuencia de un cliché durante todos esos años.

Ella le regaló una sonrisa y la expresión en su rostro se alivianó.

-¿Está ocupado? –cuestionó él haciendo referencia al espacio que había a su lado en la escalera en donde se encontraba sentada.

Isabella lo invitó a sentarse con un gesto.

-De hecho vine a decirte "Adiós". –dijo ella con algo de resignación.

-Te vas a la escuela, ¿eh?

-Sí, me voy dos semanas antes porque estoy coordinando en el fútbol y la directiva. –respondió ella.

La aflicción podía percibirse en ambos.

-Sí. No te vi en todo el verano.

-Tuve trabajo. –se justificó ella.

Ambos permanecieron silentes sin atreverse a mirarse el uno al otro. Había tensión en el ambiente, una tensión taciturna casi inadmisible entre dos seres que se tuvieran tanto amor y tanta confianza. Inaudible, intocable, invisible pero perceptible.

-Oye. –rompió el hielo el pelirrojo. –Baljeet dijo algo curioso. Dijo que te enamoraste de mí en la primaria.

-Ah. Sí. Me enamoré de ti. –confirmó la morena un poco avergonzada.

-Vaya, no tenía idea. –respondió él.

Isabella se sorprendió. No podía creerle.

-¿En serio? Creí que era muy obvia.

-Nunca me di cuenta. –le aseguró él. –Lo siento.

-Me di por vencida en la secundaria. –añadió ella con el corazón estrujado.

-Sí, creo que ahí fue cuando empezaste a gustarme. –le confesó él.

Los ojos de Isabella se abrieron como platos. Su corazón acababa de salir de su tormento, la carga que había llevado tantos años al fin se había disipado. Sus hombros se sentían livianos y la incertidumbre ya no la martirizaba. Sin embargo, una angustia aún mayor volvió a entristecer a la joven.

Las palabras muy poco significan cuando son dichas demasiado tarde, y era demasiado tarde para Phineas e Isabella. El auto de la morena estaba cargado hasta el techo de cosas, se estaba yendo. Era una pequeña parada, pero en unos minutos debía emprender el camino a la universidad. Phineas se convertiría muy pronto en una imagen distante en el retrovisor, y saber de los sentimientos del pelirrojo hacia ella sólo conseguiría que no pudiera pensar en otra cosa, que no pudiera hacer más que extrañarlo. Phinbella no pudo ser.

Ambos se miraron.

-Vaya. –dijo ella apesadumbrada. –Sincronía desafortunada. –se lamentó.

-Sí, bueno. Te vas a estudiar…

-Limítrofe Estatal. –completó ella misma el nombre de la universidad. -¿Tú ya decidiste a dónde iras?

-¿Sabes qué? Ya lo hice. –respondió él extendiéndole un sobre en tanto su expresión taciturna se convertía en una sonrisa.

-Oh… -se limitó a decir ella decepcionada habiendo leído el nombre de "Universidad de Danville"

-Oye, ¿qué pa…? –comenzó a decir en tanto se dio cuenta de que le había extendido el sobre equivocado. –Fue un error. –se corrigió entregándole el correcto que decía "Universidad Limítrofe Estatal".

La expresión de Isabella osciló entre el alivio y la alegría.

-Bueno. Te veré en dos semanas. –dijo ella con gran felicidad.

-Sí, así será. –respondió él mirándola fijamente a los ojos.

En ese instante todos los sus amigos estallaron en un aplauso. Baljeet les comentó que habían intentado reunirlos toda la tarde. Todos estaban realmente felices. Se despidieron de Isabella. El pelirrojo y la morena se dieron un tierno abrazo, ambos sonrojados. Ninguno quería soltarse. Isabella arrastró su mano por el brazo de Phineas y viceversa hasta sólo tocarse con la punta de los dedos.

-Adiós. –se despidió ella entrando en el auto rosado mirándola con sus profundos ojos oscuros.

-Dos semanas. –le recordó él.

-Bah. Ya esperé tanto.-le restó significancia la hermosa joven.

Phineas vio el auto alejarse en la distancia. Su hermanastro Ferb se acercó a él.

-Así que… La Limítrofe Estatal, ¿eh? Bien hecho. –lo felicitó el peliverde.

Un bocinazo proveniente de un brillante y llamativo auto amarillo llamó la atención de ambos. Lo conducía una joven de cabello marrón oscuro, pestañas largas y rosados labios seductores.

-Hola, bebé. ¿Estás listo? –preguntó refiriéndose al peliverde. El muchacho se subió al auto y le dio un apasionado beso. Ya hacía varios meses que salían, tal como había supuesto hacia un tiempo: un día llegaría el día en que la diferencia de edad no importara, no fuera tan notoria, en que Vanessa lo viera a él como a un hombre y no a un niño. El sentimiento indicado en un momento igual de indicado.

-Hola, Phineas. –lo saludó Vanessa alegremente.

-Hola, Nessa. ¿A dónde van a ir? –preguntó el pelirrojo.

-Oh, Ferb me llevará por comida ucraniana.

-¿Te dejamos por ahí? –le preguntó el peliverde.

Una idea cruzó por la mente de Phineas.

-Mmm… Pensándolo bien… -respondió aceptando la amable invitación.

Algunas cuadras más adelante Isabella había frenado el coche rosado en una luz de "alto". El veloz auto de Vanessa llegó rápidamente hasta aquella esquina de los suburbios. Phineas se bajó apresuradamente y tocó la ventana de muchacha de cabello negro.

-¡Phineas! –exclamó ésta. -¿Qué estás haciendo?

-Esto. –respondió él.

Tomó el rostro de Isabella entre sus manos y la acercó lo más que pudo. Ambos cerraron los ojos y se besaron por primera vez. Allí, parados frente a esa luz de alto. El atardecer abría camino al crepúsculo aquel día de verano. La paz de los suburbios los rodeaba, nada más en el mundo les parecía importante en absoluto. Al fin.

-Jamás supe que a ella le gustara. –dijo Vanessa atenta a la escena.

-¿En serio? –le preguntó su novio.

-No. Sólo estoy bromeando. Todos sabíamos. –se rio pisando el acelerador y dejando solos a la nueva pareja.

-Valió la espera. –dijo Isabella con más alegría de la que podía caberle en el cuerpo.

-Sí. Sí, así lo fue. –contestó éste en un idéntico estado de felicidad.

Se besaron nuevamente en las mismas mágicas condiciones.

-¿Ferb y Nessa te trajeron? ¿A dónde iban? –preguntó ella.

-Tenían una cita. –explicó él. –Iban a comer comida ucraniana. Hay un nuevo lugar que mi hermano mencionó un par de veces.

-Ya veo. –contestó ella.

Ambos tenían una sonrisa boba e imborrable en los labios.

-Bueno, alguien tendrá que llevarte a casa. ¿Qué dices si cenamos con ellos y luego vuelves con Ferb a tu casa? –le sugirió la morocha.

-No lo sé. ¿Crees que les importe?

-No. No lo creo. –respondió sin dudas la chica.

Recordaba la conversación que había tenido con Ferb una noche hacía unos años. Ellos habían prometido alguna vez tener una cita doble: él con Vanessa, ella con Phineas. Ferb e Isabella habían sido mucho más unidos desde aquella aventura en la que ella fue su cómplice.

La recién formada pareja se subió al auto de Isabella.

-Tú me indicas. –le pidió a Phineas que se sentó en el asiento del copiloto mientras ella conducía.

Después de avanzar varias cuadras con el auto se detuvieron en una esquina muy iluminada. El restaurant tenía ventanas y puertas altas, con grandiosas molduras. La arquitectura parecía fantástica.

Ferb y Vanessa se sentaron juntos en una mesa. El restaurant no estaba ambientado en ucrania por dentro, sino que tenía asientos modernos y cuadrados de colores verdes o violetas, sillones y blancas mesas bajas.

-Vaya. Es fantástico. –lo felicitó Vanessa agradecida.

-Bueno, el verde y el violeta combinan bien. –le respondió él un poco risueño.

De alguna manera esos eran los colores de ellos. Eran un remolino de verde y violeta profundo del que ninguno quería salir jamás. Ellos se habían amado tanto tiempo que prácticamente ninguno podía recordar no haberlo hecho nunca. Porque a pesar de Johnny, a pesar de Monty, a pesar de todo lo que pudiera interferir entre ellos Vanessa sabía que en realidad esperaba a su persona correcta. Ferb era ese hombre, ahora más alto, el cabello más arremolinado y abundante. Siempre tan formal, con su acento inglés, incluso su estilo con su corbata y su chaleco violeta. Y él siempre había esperado por ella, sin importar cuándo ni cómo, él siempre lo supo. Desde aquel primer momento en la tienda de planos, aquel día en que su hermano había decidido fabricar una máquina de helados gigante para satisfacer a la que acababa de besar unos minutos atrás.

Se sentaron en uno de los sillones bajos. Ella apoyó la cabeza sobre el hombro de su novio mientras miraban a la vez las especialidades de la casa. Estaba a punto de sugerir que pidieran "Sashlik" cuando una voz femenina los interrumpió.

-Chicos. –los sorprendió Isabella tomada de la mano con su amado Phineas. –Hemos decidido venir a comer, ¿les importa?

-En absoluto. –dijo Vanessa alegremente.

Ferb y Vanessa habían tenido cientas de citas, una mejor que la otra. Ambos tenían inventiva y gustos parecidos, siempre encontraban lugares que visitar y cosas que hacer juntos, sin lugar a dudas sumar a los nuevos enamorados sería una novedad diveritida.

-No queremos interrumpir, hermano. –se disculpaba Phineas algo culposo.

-No hay problema. –respondió Ferb con honestidad pero con su seriedad habitual.

Los cuatro se quedaron callados en un incómodo silencio por unos segundos.

-Lindo lugar, Ferb. –volvió a ser felicitado por su hermano.

-Gracias. –respondió este nada más que para volver a entrar en una copia idéntica del silencio anterior.

Vanessa tomó la mano de Ferb, ambos se miraron y sonrieron.

-Entonces. –quebró el silencio Isabella dispuesta a introducir un verdadero tema de conversación. -¿Te vas en una semana a Inglaterra, Ferb? ¿Viajarás con él, Vanessa?

-Sí. –contestó ella entusiasmada. –En realidad tengo muchas ganas de que nos mudemos al apartamento.

-Está cerca del campus universitario. –explicó el peliverde. –Además Nessa consiguió una beca para seguir trabajando en diseño de indumentaria allí.

-Exacto. Será un cambio grande, pero me emociona mucho la idea de que vivamos juntos, bebé. –le dijo ella a él con ojos soñadores.

Isabella sonrió. Se imaginó que algún día ella también viviría con Phineas, aunque por ahora sencillamente compartirían campus universitario.

-¿Qué hay de ustedes? –preguntó Vanessa.

-Limítrofe Estatal. –contestaron los enamorados al unísono. Ambos se miraron y sonrojaron.

Una mesera con un corte de cabello moderno interrumpió para tomar las órdenes de ambas parejas. Vanessa y Ferb eran una pareja más excéntrica, ya conocían de qué se trataban los platos y sugirieron a la pareja más tradicional probar los varenyky y pedir sashlik. Los cuatro compartieron una velada extraordinaria, conversaron sobre los planes de futuro, Vanessa recomendó a Isabella algunas bandas de rock que probablemente detestaría.

Una vez en la acera Isabella se despidió de Vanessa deséandole buen viaje, pues no la volvería a ver antes de que Ferb y ella partieran rumbo a Inglaterra.

-Oye, Ferb. –dijo la dulce joven de cabello negro insinúandole que quería dirigirle unas palabras a solas antes de su viaje. Este accedió mientras Vanessa y Phineas se les adelantaron un trecho. –Lamento haber interrumpido tu cita con Nessa. Es sólo que pensé que no tendríamos oportunidad de hacerlo luego ya que te vas la semana que viene.

-Está bien, disfrutamos de su compañía. Además, una promesa es una promesa. –le respondió con una sonrisa refiriéndose a aquella vez en la que ambos prometieron tener una cita doble alguna vez, ella con Phineas y él con Vanessa.

-Exacto. Siempre guardé esa promesa.

-También yo. Estoy muy feliz por ustedes.

-Lo mismo digo, Ferb. Que tengas buen viaje. –le deseó ella.

Los dos mejores amigos se dieron un fuerte y sincero abrazo. Entonces ambos caminaron para unirse a los otros dos. Phineas e Isabella se despidieron con un romántico beso y prometieron verse en dos semanas. Luego sus caminos se dividieron nuevamente y la jovencita fanática del rosa continuó su camino a la universidad.

Una semana después en el aeropuerto, la familia Flynn-Fletcher y Doofenshmirtz despedía a Ferb y Vanessa. Es necesario decir que Heinz y Charlene despidieron a su hija como una pareja, pues habían regresado hacía un par de años, aunque no volvieron a casarse. El matrimonio entre Charlene y Francis fue breve, porque a que a pesar de lo ocurrido en su casamiento, o mejor dicho, debido a lo que había ocurrido en su celebración Charlene sospechó que Heinz aún tenía sentimientos por ella. Y no se equivocaba del todo, pues destruir O.S.B.A. no era el único motivo por el cual Heinz había decidido intervenir en su matrimonio. Así fue que su hija Vanessa salió con Monty, quien hubiese sido su hermanastro de no haber sido por el inmediato divorcio de Charlene y Francis. Pero esa es otra historia.

Phineas y Ferb se despidieron muy a su pesar, jurando que se extrañarían y prometiendo escribirse y verse seguido. Se dijeron tantas palabras fraternales, que emocionaría hasta las lágrimas a cualquiera. Era el día y el lugar en donde la gran dupla, en donde Phineas y Ferb se separaban para seguir caminos distintos.

-Bueno, ha llegado el día después de todos estos años. Cómo voy a extrañarte, hermano. –le confesó Phineas.

Entonces Ferb, que aun siendo un hombre de difícil de hacer llorar, abrazó a su hermano tan fuertemente como pudo con lágrimas resbalando por sus mejillas. El pelirrojo no se quedó atrás en lágrimas, hasta que al fin el sonido de la última llamada para el abordaje del avión les interrumpió y obligó a separarse.

Así fue que Ferb y Vanessa, una vez sentados en el avión se tomaron de la mano y juntos listos para la próxima aventura que les aguardaría en el continente europeo, y así seguirían siempre, juntos hasta el día en que les tocara morir porque estaban destinados a ser y a superar todas las adversidades que en la vida les tocara.

Oh, y para quienes se lo estén preguntando. Ferb jamás le confesó a Vanessa que él era Lucas, pero aun así ella lo sabe.

Finalmente: El Fin