Hola! Bueno, subo un capitulo nuevo y de verdad espero algún comentario, para saber si les gusta, por lo visto ha tenido algunas visitas. Denle una oportunidad.

Declaro que los personajes son creación de Suzanne Collins y la historia o adaptación es de mi propiedad.

Enjoy!

La conmoción me golpea con fuerza, mi corazón vuelve a reaccionar y el golpeteo intenso contra mi pecho se reanuda, lo que provoca que mi cuerpo se desestabilice y me den ganas de vomitar. De pronto, siento como el color se aleja de mis mejillas y como sudo frío. Peeta. Peeta. Es lo único que mi mente logra reconocer. En ese instante, mi cara se humedece y como por arte de magia la persona que había bajado de la puerta del conductor entra en el cuadro en el que sólo se encontraba Peeta con sus ojos profundos mirándome, Haymitch. Sin esperármelo, mi mirada se dirige a la de él y me mira conmocionado, al parecer el sentimiento de desequilibrio no es sólo mío. Luego de mirarme con duda, una sonrisa surge de sus labios y sus ojos demuestran la contradicción de la pena por la que ha tenido que cargar y la alegría, según mi parecer, de volver a verme. ¿O eso es lo que siento yo?

Mis ojos vuelven a los de Peeta, que al parecer están tan rojos como los míos y ahora comprendo que la humedad de mi rostro se debe a las lágrimas que bajan sin permiso por ella. No sé si fue mi idea, si lo inventó la conmoción o si realmente pasó, pero noto como sus labios se curvan en una tímida sonrisa y sus hombros se encogen.

De manera inesperada, como viene siendo común en este día, mis piernas bajan por el pórtico de mi casa con rapidez, tocan la grava que conecta en un camino mi casa con las otras de la Aldea y, sin más, acortan la distancia que tiene mi cuerpo del de él hace tanto tiempo. Sin previo aviso, me tiro sobre sus brazos que ante la sorpresa se abrieron inmediatamente para recibirme. Le paso los brazos por el cuello, me pego a su cuello y aspiro su ansiado y cálido olor. Sus brazos son cálidos, fuertes y, de manera natural, me aprietan con fuerza contra su cuerpo, haciéndome sentir su calor como si fuese por primera vez. Su pecho sube y baja hiperventilado como el mío y siento un sollozo contra mi pelo, el lugar que ha elegido para esconder su cabeza y que, lejos de hacerme sentir incómoda, provoca que mis lágrimas aumenten los surcos sobre mi cara.

- Katniss, eres tú. ¿Real o no Real? – pregunta de manera traviesa alejándose de mi cuello, mirándome a los ojos y tomando entre sus manos mi rostro, como si quisiera reconocer que no soy un espejismo. Sus lágrimas bajan tan inoportunas como las mías por su rostro y aparta los mechones de pelo que rebeldemente se han soltado de la trenza y han caído sobre mi cara.

No soy capaz de responder, sólo asiento y vuelvo a abrazarlo con fuerza. Si supiera cuanto lo he extrañado. Quizás, ni siquiera yo lo he sabido hasta a hora que puedo volver a tocarlo y sentirlo cerca de mí.

- Supongo que eso responde a mi pregunta – y logro a ver como su boca se curva en una sonrisa cuando me alejo de su cuerpo, pero no lo suficiente como para que nos apartemos por completo.

- Si, eso debería responderla – sonrío como él y le acaricio el rostro como si fuere un gesto de lo más común entre nosotros dos-

- Te he extrañado – susurra mirándome a los ojos y logro ver la sinceridad de sus palabras. Luego, mira de reojo hacia su izquierda donde, había olvidado, debería estar el que alguna vez fue nuestro mentor- Parece que se ha aburrido – me vuelve a mirar.

- Disculpa por ser tan efusiva yo–

- Tranquila – me interrumpe, sonríe y veo como sus ojos se apagan suavemente. Creo que es desilusión.

- Hola, de nuevo - es lo único que logro decir y él me sonríe y asiente y vuelve ese brillo en sus ojos. Espera y yo logro articular unas pocas palabras – Yo también te he extrañado, Peeta-. Y como si eso fuese suficiente me abraza suavemente, deja un beso en mi mejilla y se termina de separar.

No sé por qué he reaccionado de esta manera, quizás es el hecho de que llevo mucho tiempo sola y el ver a gente conocida cerca me hace ilusión. Gente querida, me atrevo a pensar, ya que no soy capaz de decirlo en voz alta todavía. Peeta cierra la puerta de la camioneta que aún seguía abierta, se acerca a la parte de atrás y recién soy capaz de asimilar que está lleno de cajas y bolsos. Será que…

- Que distinto se ve todo –dice girándose para mirarme otra vez en la misma posición en donde me había dejado- ¿qué pasa, Katniss?

- ¿Qué pasa de qué? –preguntó pestañando sin comprender.

- Tienes el ceño fruncido y desde aquí siento tu mente maquinando- dijo mientras dejaba una maletas junto a sus pies. - ¿En qué estas pensando, quieres preguntar algo? – dijo y puso sus puños junto a cada lado de su cadera.

- Es que… No sé en realidad, no pienso en nada. – Suspiré, me sorprende que sea capaz de leerme la mente incluso antes de que yo descifre mis propios pensamientos- ¿Qué haces acá? Digo, tú y Haymitch, ¿qué hacen acá?

- Hemos vuelto, preciosa – sonó una voz a mi espalda y al girarme noto como Haymitch sale de la que se suponía era su casa y se acerca a nosotros - ¿Qué te pensabas, que nos quedaríamos eternamente en ese agujero en la tierra? – se mofó y movió la cabeza con desagrado – Si es que hay Dios, que me libre- dijo soltando una carcajada, pasó junto a mí y luego de pensárselo, se devolvió y me besó en una mejilla con dulzura dejando una caricia donde mismo habían tocado sus labios– Yo también te he extrañado pequeña- y siguió hacia donde se dirigía en un comienzo y tomó dos de los bolsos que Peeta seguí bajando.

Atónita, lo seguí con la mirada al pasar nuevamente junto a mí y perderse por la puerta la casa, Peeta sonrió al seguir a Haymitch y pasar junto a mí y, obviamente, los seguí a la casa. Al ingresar, los bolsos que Haymitch y Peeta habían llevado estaban en medio del salón, mientras que, Haymitch comenzaba a sacar todas las sábanas llenas de polvo que cubrían los muebles de la casa, intactos como los había dejado al partir al Capitolio por los Segundos Juegos. Ese pensamiento llegó a mí como una bofetada. Cuantas cosas han pasado tan sólo en dos años. Sacudí la cabeza y, automáticamente, me acerqué a ellos a ayudar a descubrir un sillón.

- Todo está intacto – sonrió Haymitch- Pensé que después de lo sucedido en los segundos Juegos iban a registrar todas nuestras cosas- movió la cabeza y continuó- al parecer Snow no era tan estúpido como pensaba. Debe haber sabido que no encontraría nada-.

- Supongo- digo en un susurro como si fuese a escucharlo sólo yo-.

- Tan reservada como siempre, Katniss- dice a lo lejos y me mira suspicaz- ¿No tienes nada que preguntar? – alza una ceja y suelta a bomba yo niego con la cabeza- Muy bien, te lo diré igual.

- Me han dado de alta – responde Peeta adelantándosele a Haymitch, lo mira y mi ex mentor asiente como si estuviese pidiéndole autorización para hablar, y responde las preguntas que divagan en mi mente y que no soy capaz de pronunciar- No me he curado, Katniss. Pero estoy bien y lo estoy controlando. Me iba a seguir volviendo loco allá. – yo sólo asiento, suspiro.

- ¿Te ayudo a llevar las cosas a tu casa? - pregunto cambiando el tema-

- No es necesario – niega y baja la cabeza esquivando su mirada por primera vez- Lo que pasa es que- y esa vez es Haymitch quien lo interrumpe-.

- El chico del pan se queda conmigo. Desde ahora vivirá conmigo hasta que yo o el doctor diga lo contrario- Y como una bofetada la verdad golpea mi cara. Peeta sigue sufriendo por mi culpa. Sigue teniendo secuelas del secuestro y la tortura por la que Snow lo hizo pasar para debilitarme. Si ese maldito bastardo supiera… Doy gracias de que no tuvo el placer de saber cuánto me quebró y me quiebra saber cómo son las cosas. Me sigue hiriendo aún estando muerto. Y Peeta y yo seguimos vivos. Aún.

Necesito tomar aire y me excuso con los dos, Haymitch me mira y ambos sabemos que me conoce más de lo que me gustaría y que necesito estar sola para asimilar todo nuevamente. "Son iguales", recuerdo que alguna vez me dijo Peeta. Quizás sea cierto, y por ello él sabe que debe dejarme arrancar nuevamente. Necesito aclarar la cabeza.

Salgo de la casa, cierro la puerta detrás de mí, tomo una gran bocada de aire y dejo que mis pulmones se regodeen con el oxígeno que ha ingresado. Siento como los ojos vuelven a llenárseme de lágrimas por una razón que aún no comprendo, y entre las lágrimas puedo verlo. El diente de león fuerte e imponente está aún en el césped de Haymitch y el corazón nuevamente me da un golpe en el pecho.

Bajé los escalones del pórtico y me acerqué al diente de león. Como años atrás, no pude evitar cortarlo y acercármelo a la cara, como si estuviese comprobando que era real. Esta vez no estaba Prim para verlo, tampoco Peeta me salvaba la vida con su pan. Pero, nuevamente, él estaba cerca y un diente de león aparecía en mi camino. ¿Significará algo?

Muchas gracias por leer. Espero que de a poco le vayan tomando cariño y ojalá recibir algún comentario de que les parece.

Saludos, Javiera.