Hola Gente!
Muchas gracias por la cantidad de visitas. Gracias por leer esto que está hecho con mucho cariño y Gracias a aquellas personas que me están agregando a Favoritos, me siento muy alagada, de verdad, espero que la historia les siga gustando y atrayendo.
Aquí va el Tercero. Enjoy!
Declaro que los personajes no me pertenecen, sólo a la gran Suzanne Collins y a su libro Los Juegos del Hambre. La historia posterior son de mi completa imaginación salvo aquello que se toma del libro.
Al entrar a la casa, nuevamente tengo ese sentimiento de soledad en el cuerpo, dejando atrás la soledad cómoda con la que me había despertado esta mañana. Quizás, nunca fue cómoda, sólo me había resignado a estarlo y ahora siento como si la casa fuese enorme para mi sola. El mismo sentimiento que tuve las primeras semanas en la Aldea, pero que con los días se había convertido en una soledad cómoda. Hoy vuelvo a sentirme sola y abrumada en la soledad.
Peeta parecía lúcido, parecía sano. Pero el simple hecho de haberle pedido autorización a Haymitch con la mirada para responderme, me decía que algo no estaba realmente bien. Haymitch si que parecía lúcido y sonrío al pensarlo, ese hombre ha estado sobrio por él y eso me remueve de alegría, pensar en que esto no han sido difícil sólo para mí, me hace pensar en que seguimos siendo un condenado equipo aún en la distancia. ¿Qué haré ahora con ellos cerca? Ya no me siento la misma, siento que mis sentimientos están cada vez más a flor de piel y eso me estremece, no sé cómo expresarlos, sólo se me agolpan en cada parte del cuerpo pero no salen.
Definitivamente, no es un bueno momento para pensarlo así que subo a mi habitación, saco uno de los sweater que me trajeron del Capitolio después de los Primeros Juegos, me abrigo porque sé que a pesar de que la primavera viene, el tiempo sigue siendo inestable, y sin más, bajo corriendo, necesito ir al bosque, a mi bosque.
Llegué prácticamente corriendo, pasé la cerca que alguna vez fue para alejar a las personas del límite y corrí hasta el tronco hueco en donde se esconden mis arcos y las flechas. Beete me insistió que me trajera de los que él diseñó para mí en el distrito Trece, pero yo no quería nada de ellos. Nada de la revolución. Quería volver a mi lugar en el mundo y el único en el que alguna vez me sentí cómoda y eso solamente lo descubrí cuando volví. Después de dar vueltas entre tantos lugar, la arena – dos veces- el capitolio, los distritos; creo que el lugar más sano y en el que más a gusto y a salvo estoy es aquí, en el doce.
Me introduzco en las profundidades de los árboles, altos y prominentes, sus hojas, sus colores, sus olores me hacen sentir cómoda. No tienen ninguna comparación con la que crearon en los juegos. Sigo caminando y me detengo al fin cómoda. Sólo necesitaba estar ahí, no tengo la necesidad de cazar y, por ello, dejo el carcaj sobre la raíz de un árbol y me siento junto a él un instante. Cierro los ojos, inhalo y exhalo, repetidamente y me siento mucho mejor, pero no es suficiente. Me levanto y camino unos pasos y llego hasta un lugar en donde los árboles me rodean con sus cuerpos altos y sus frondosas hojas floreciendo por la llegada de la primavera. Me siento en ese punto rodeada de ellos, si bien no están cerca de mí, forman un perfecto círculo unos y otros y pareciera que forman una fortaleza a mí alrededor. Me acuesto sobre el césped húmedo, mis manos descansan a los costados de mi cuerpo y cierro los ojos, esto sí que está mejor. Siento el sol que se abre paso entre las hojas en las copas de los árboles y que el aire helado sopla rozándome la cara y las manos que están descubiertas. Extrañamente no siento frio, el sol que descansa sobre los árboles entrega el calor suficiente como para que llegue a sentirme cómoda y, sin más me rindo a la tranquilidad.
Los pájaros que vuelven a sus nidos después del invierno cantan a mí alrededor y es inevitable pensar en Rue, los sinsajos, la revolución, yo como la figura de la revolución. Cada vez, a medida que pasa el tiempo, ya voy aprendiendo a vivir con el dolor de la pérdida de Rue, en realidad estoy intentando aprender a vivir con el dolor de la pérdida de todos e incluso me había hecho la idea de la pérdida de Peeta y Haymitch y su vuelta hace que mis sentimientos, mis pensamientos y su supuesta pérdida se remuevan en mi corazón y deban adaptarse.
De pronto, suspiro con fuerza e intento reconocer que siento con la vuelta de ellos dos y no logro clasificarlo, no logro aclararlo. Creo que tengo miedo, pero es demasiado confuso como para asumir que es eso, sé que el hecho de que estén de vuelta me hace sentir infinitamente feliz, pero a la vez un sentimiento de tristeza e incomodidad aflora y eso hace que no comprenda. Siento que, el tiempo que ha pasado ha sido eterno, que las cosas que nos han pasado han sido enormes y que no somos los mismos. Haymitch luce más sano o, por lo menos, eso aparenta, pero sé que, al igual que yo, está preocupado por Peeta y siente culpa. Peeta, Peeta, no sé como sacármelo de la cabeza, aunque en realidad nunca se ha ido de mis pensamientos. Poco a poco, siento como mis sentidos se relajan por completo y la briza se hace intensa sobre mi cuerpo y con un cansancio que no sentía en el cuerpo siento que caigo profundo.
"Kat" siento a lo lejos una voz llamándome, pero no logro distinguir de quién. Otro sueño, me dice mi mente que se encuentra en un lugar con una paz profunda, al fin descanso. "Katniss" me repite insistente la voz, que vuelve a resonar en alguna parte de mi mente. De pronto, pareciera que mi cerebro comenzara nuevamente a funcionar y siente la voz a un lado de mi y ahora no sólo eso, ahora unas manos me dan un leve golpeteo en una mejilla y luego me acarician. Son una manos fuertes y suaves, pero no logro descifrar de quienes son, no logro darles cuerpo, ni cara. "Katniss", resuena nuevamente, y por más que intento abrir los ojos no lo logro, el cuerpo me pesa y es como si estuviese presa de mi misma, pero no soy capaz de despertar, no quiero despertar y lo único que logro entender es que ahora esas manos se han transformado en unos fuertes brazos que me cargan hacia algún lugar. En un momento, se detiene, recoge algo y el movimiento vuelve. No sé cuanto será que llevo así, pero no respondo, nada de mi parte lo hace. Y no logro comprender si es sólo un sueño o no.
Abro los ojos con lentitud y la oscuridad de mi habitación hace que la habitación me de vuelta. Un momento, yo estaba en el bosque, ¿Lo he soñado?, ¿Peeta no ha vuelto? Me tomo la cabeza con una mano y siento las punzadas a través de ella y la simple idea de un sueño me golpea como una bofetada dejándome desolada. Lentamente, me muevo, pero ya no siento la cama enorme, tampoco fría y cuando me remuevo nuevamente y mi mente vuelve a conectarse con mi cuerpo. Siento una calidad particular en aquella mano que yace a un lado de mi cuerpo y es entonces cuando giro el rostro olvidando el dolor y lo veo.
Peeta tiene su mano entrelazada con la mía y está dormido a mi lado, se ve incómodo y a diferencia mía, que estaba acostada, él se encuentra sentado apoyado contra el respaldo de la cama, con una pierna colgando de la cama y la otra estirada sobre ella, y su único contacto es su mano contra la mía. Me toma por sorpresa la escena e intento comprender que ha pasado, pero me es imposible hilar los hechos. Intentando no despertarlo, giro el cuerpo hacia derecha apoyándome sobre esa parte de mi cuerpo y quedando de lado hacia él. Observo sus pestañas rubias, sus labios cerrados y suaves, y un suspiro se arranca de mi boca y me llevé el puño de la otra mano a los labios y se quedó ahí testigo de mis observaciones. Sus mejillas no están tan sonrosadas como cuando frente a mi impulso corrí a abrazarlo y su pecho sube y baja con un ritmo tranquilo, de pronto, mi mirada llega hasta nuestras manos unidas.
¿Cuántas veces este chico me tomado de la mano? Desde que salimos sobre el carro en el capitolio creo que han sido infinitas las veces que nuestras manos se rozaron, fingiendo unidad frente al resto. Sé que el error fue mío, Peeta siempre intento ser parte de nuestra "unidad" pero yo nunca quise y quizás nunca pude darle el espacio suficiente para que fuera real. Supe con el tiempo que para él siempre lo fue, siempre fue real, pero para mí no… ¿y cómo no? si estaba asustada, nunca creí que podría ganar los Juegos y mucho menos que saldría viva junto a él. Nunca quise comprender qué sentía por él. No es fácil, no estaba dentro de mis planes, no quería una historia de nada con nadie y después de estar lejos emocionalmente durante meses llegaron, de improvisto, los segundos juegos. Miedo, seguía sumando miedo. Pensar en convencer al resto de algo de algo que ni yo sabía bien que era, fue asqueroso y despiadado. Quizás sin esos juegos, sin el sufrimiento del secuestro, sin nada de ello… jamás abría mirado a Peeta como hoy sé que debo mirarlo. O como se merece que lo mire.
Sé que, tal cual me dijo Haymitch hace un tiempo, podría vivir miles de vidas y aún así seguiré sin merecerlo. Es demasiado bueno, sensato, de buen corazón y poco egoísta como para yo merecerlo. Él merece alguien que sea capaz de entregarse por completo, alguien que lo haga feliz. Y yo no soy ni la mitad de lo que él necesita, partiendo por el hecho de que no soy capaz de hacerme feliz a mí misma, o a mi madre, o incluso a Buttercup. Siento un nudo en la garganta tan grande que tengo ganas de llorar. Lo quiero, pero no sé de qué forma y no lo merezco. No sé qué tipo de amor será, nunca he sentido amor, nunca he amado a alguien, a nadie más que a Prim. Como saber diferenciar si ese amor del que disfrutaban mis padres, la mirada de ambos hacía que el mundo desapareciera a su alrededor y el simple hecho, no tan simple en realidad, de la muerte de mi padre hizo que mi mamá no pudiera de dolor y nos abandonara. Cómo alguien puede ser tan indispensable al punto de querer morir si no está en tu vida… No sé si será lo mismo, pero sentía que moría de a poco cuando Peeta estaba secuestrado en el Capitolio y Snow lo torturaba.
Sigo inserta en mis pensamientos, cuando noto que sus pestañas se batieron entre sí torpemente y mi pulgar que inconscientemente estaba acariciando el dorso de su mano, fue sorprendido por la mano de Peeta que apretaba la mía con seguridad y firmeza. Entonces, sus ojos se abrieron de par en par soñolientos y sus profundos ojos azul cielo me miraron nuevamente. Se removió incómodo en su posición, movió el cuello que al parecer estaba rígido y bostezó. Sus ojos nuevamente se encontraron con los míos y examinaron mi rostro. Su mano libre, se acercó a mi rostro y rozaron mis mejillas que sentía calientes y sonrojadas ante el descubrimiento y aquella caricia provocó que mis ojos se cerraran y disfrutaran de contacto.
HASTA ACÁ QUEDAMOS! Gracias por leer y por favor déjenme sus opiniones, comentarios positivos y negativos, TODO! De verdad que me ayuda mucho a escribir sus opiniones.
Espero que les haya gustado. Nos vemos en el próximo.
