DECLARO: que los personajes y la base de la historia son creación de Suzanne Collins y su adaptación presentada a continuación es de mi propiedad.

Capitulo 6:

Ya son cerca de las cinco de la tarde, pero Peeta no ha vuelto a mi casa. Como la fiebre no volvió, Haymitch dejó que me levantara de la cama y luego de ducharme y cambiarme de ropa ya andaba deambulando por la casa, pero él no había venido. Sae, llegó a la hora de almuerzo y luego de un largo sermón por lo que había pasado en el bosque, conversamos de cómo va todo en la reconstrucción y me comentó que esta semana que venía comenzaban a llegar algunas personas y familias incompletas a nuestro distrito. A su hogar nuevamente. Por otra parte, me contaba que hay algunas personas del Distrito Trece que han querido venir a vivir acá y que el gobierno se los ha permitido y eso me hace pensar en lo afortunados que son todos de tener a Paylor.

Otra vez sola, decidí lavar ropa, ordenar la casa, limpiar y sin saber cómo, ya tenía energía nuevamente. Ahora estoy en el portal de mi casa, sentada en las escaleras que separan mi casa del jardín trasero y simplemente me quedo ahí sintiendo el viento de invierno alejarse y el calor de la primavera en su atardecer darme en la cara. De pronto, oigo el golpeteo de unas herramientas y algo sobre la grava de la Aldea y sorprendida abro los ojos pero el sonido proviene de cerca. Me paro desde las escaleras, bajo por ellas y rodeo la casa saliendo al jardín delantero. En ese instante, aparece Peeta con la ropa llena de tierra y barro, el pelo desordenado y los brazos fuertes arrastrando la carretilla llena de herramientas y plantas en ellas.

- ¿Qué te pasó, cambiaste la harina por la tierra? – le sonrío con los brazos cruzados sobre el cuerpo cuando llega hasta mi-

- Señorita Everdeen, me alegra notar que su ánimo está mucho mejor. La fiebre, ¿Cómo ha estado? –tiene una sonrisa radiante en los labios y eso me sorprende, hasta hace un momento pensaba que no quería verme y alzo las cejas entretenida-

- Muy bien, te ha mandado saludos –sonrió cómica provocando que él explote en risa- ¿Qué haces con eso? – preguntó curiosa indicando la carretilla-

- Una sorpresa o algo así – asiente mirando las cosas y luego a mi nuevamente- ¿Haymitch? –pregunta mirando hacia la casa-

-No lo sé – respondo girándome y luego lo vuelvo a mirar- Debe estar en la casa durmiendo o algo así: lo noté cansado hoy en la mañana-.

- Me encontré con Sae en el camino – me indicó dejando la carretilla en el suelo y poniendo los puños alrededor de la cadera, hacía que se le marcan lo músculos que había olvidado que tenía- dijo que había venido a verte – me indica y yo asiento. Ver nuevamente el cuerpo de Peeta hace que la boca se me seque y me ponga incómoda- ¿Qué sucede? –me pregunta entrecerrando los ojos-

- Nada –niego al instante y frunce el ceño-

- Pareces desconcertada, como incómoda por algo –me mira intrigado-

- No, nada. No me pasa nada –intenté sonreír, pero el siguió mirándome extraño y mi pulso empezó a subir- ¿Qué? –negó con la cabeza y me exasperó- ¡Deja de mirarme de esa forma!

-¿Qué es lo que tienes ahí? – me pregunta indicando mi mejilla con sus manos sucias. Se acerca a mí alejándose de la carretilla y estirando una mano hasta mi rostro se acerca, pero logro comprender lo que quiere hacer.

- No, Peeta – dije en un tono amenazador que pareció no alarmarlo en lo más mínimo- Peeta, no se te ocurra – y cuando estaba cerca de mi no me quedó otra que salir corriendo hacia el camino fuera de la Aldea.

Por lo que mi mente captó, la idea de Peeta era mancharme la cara con tierra y al salir corriendo él salió detrás de mí persiguiéndome, por lo tanto estaba en lo correcto. Estaba gritando entre risas y amenazas de que me dejara en paz, al mismo tiempo, que corría entre la grava. Peeta me seguía desde cerca, lo que me sorprendió debido a su pierna arreglada por el capitolio, quizás ya había dominado por completo el movimiento de la prótesis, además, recuerdo que me dijo que estuvo en rehabilitación o algo así.

Luego de correr entre los arbustos del camino, me devolví esquivándolo rápidamente, pero él logró agarrarme de un brazo lo que me hizo soltar una carcajada gigante y sentí como la adrenalina me subía por el cuerpo, por lo que, lo esquivé tirando del brazo y seguí corriendo esta vez en dirección de regreso a la Aldea. Llegué hasta mi casa, pero él me pisaba los talones y en reiteradas ocasiones estiró la mano para agarrarme y yo sólo sentí el cosquilleo de su roce. Entré nuevamente por el costado de la casa rodeándola para llegar al jardín trasero y cuando estaba pisando las escalerillas del pórtico sentí dos fuertes brazos aferrándose a mi cintura y tirándome hacia atrás.

La fuerza con la que me tiró Peeta hacia él y el movimiento de mi cuerpo protestando entre carcajadas, hizo que Peeta perdiera el equilibrio y cayera de espaldas al césped con mi espalda pegada a su cuerpo.

- Mi espalda – gruño para soltar una risita ronca-

Yo seguía riendo e intenté levantarme de su cuerpo con velocidad, pero sus brazos seguían sosteniéndome pegada a él. Me moví intentando liberarme, pero era inútil, yo podía ser más rápida, pero su fuerza muchísimo superior a la mía.

- Suéltame, Peeta- gritaba y el seguía aferrado a mí. Sentí de pronto que sus brazos se soltaban levemente, pero antes de poder escapar sus dedos se enterraron en mi abdomen haciendo cosquillas- ¡No, no, no! Peeta, cosquillas no – y como reacción me retorcía encima de él-

No sé cómo, pero de un momento a otro, al abrir nuevamente los ojos, ya no estaba sobre él, sino que atrapada entre el césped y su cuerpo a horcadas sobre mí, mientras que seguía haciéndome cosquillas. Los mechones rubios le caían sobre los ojos mezclándose con las pestañas del mismo color. Su rostro estaba sonrosado por la risa y el movimiento y los músculos de los brazos se le tensaban producto del movimiento. Y de pronto, sus manos dejaron de moverse sobre mi cuerpo y sus ojos se posaron sobre los míos. Una sonrisa burlona y manipuladora apareció en su rostro y no logré descifrar que era. Miré hacia donde su mirada se dirigía, y pude ver que había una pequeña posa de agua a su lado donde metió una mano, para luego girarse hacia mí con mala intención hacia mí.

-¡Peeta, no!. – grité cuando sentí los dedos húmedos sobre la cara y me moví como loca bajo él, pero con la otra mano me tomó las manos sobre la cabeza- Te voy a matar, deja de mancharme la cara –volví a chillar-

- ¡Quédate quieta- dijo riendo a carcajadas- pero que linda te ves. Que linda se ve tu nariz – y a continuación la manchó con barro- esas mejillas rosadas – y repitió el proceso.

- Juro que me vengaré – chillé entre risa y enojo. Pero ante un descuido de él al momento de volver a meter la mano en el barro, me solté de sus manos y giré mi cuerpo sobre el suyo- Oh Peeta, ahora quién se ríe – solté vengativa. Con las piernas sostuve las suyas e intenté tomarle los brazos, pero la diferencia de estaturas y contextura me dejaban en desventaja frente a él-

- No Katniss, no seas vengativa – dijo mientras con la mano libre que tenía evitaba que mi mano no le manchara la cara- Katniss, ya no es divertido, ya no te ríes – dijo Peeta moviendo la mano sobre su cara-

- Claro que me estoy riendo – dije soltando una carcajada más que falsa que lo hizo reír- ves como me río- y ante un nuevo descuido le manché el pelo y parte de la frente con lodo- ¿Ves que divertido es?- reí al verlo con la cara así, pero esta vez en un descuido mío se soltó de mi agarre y me tomó por las muñecas- ¡Katniss! –

Gritó cuando mi cuerpo se acercó al suyo, mi pecho rozó el suyo y con mi nariz aún húmeda manché sus mejillas y parte de la boca con el lodo. Cerró los ojos, y comenzó a quejarse bajo mi cuerpo y la risa que salió de su garganta hizo vibrar mi cuerpo sobre el de él a causa de ella. Pero de un momento a otro, ante un descuido, soltó la única mano que tenía agarrada por la mía, nos giró y me dejó debajo de él nuevamente y me tomó de las muñecas para luego mirarme fijamente a los ojos con mi rostro sólo a centímetros del de él. Su pecho subía y bajaba por la actividad y la risa que ahora estaba apagada y yo no estaba en una situación muy distinta a la de él. Mis ojos inevitablemente se posaron en sus labios entre abiertos y rojos, él posó su mirada en los míos e instintivamente me mordí el labio inferior debido al nerviosismo.

- No hagas eso- soltó serio y con la voz ronca. Nunca había escuchado es tono de voz en él-

-¿Si no, qué? –pregunté desafiante clavando mi mirada en la de él e inesperadamente su rostro se acercó más al mío y luego de tomar aire pego sus labios a los míos dejándome sorprendida.

Chan chan chan!

Gracias por leer y espero que les haya gustado. Muchas gracias por los favoritos, los comentarios y todo. Ojalá siga recibiendo comentarios para saber qué cosas son las que quieren leer o cuales son sus impresiones de lo que se va mostrando.

Cariños, Javi.