DECLARO: que los personajes y la base de la historia son creación de Suzanne Collins y su adaptación presentada a continuación es de mi propiedad.
Capitulo 8:
No sé como lo hace, pero saca de mi aquellas cosas que yo no quiero que salgan. No soy como él, que puedo decir lo que siento con naturalidad o como si no tuviese la menor importancia. No soy dulce, no soy muy cariñosa y soy desconfiada, pero hay algo en él que me hace confiar, que me hace querer abrazarlo y me hace sentir cosas que no suelo sentir por muchas personas. Peeta es capaz de hacer aflorar esas cosas de mí y, la verdad, es que sigue aterrorizándome por dentro, pero no quiero perderlo de nuevo. Lamentablemente, soy de esas personas que arruina los momentos, que se siente incómoda cuando alguien la toca o cuando le dicen cosas lindas. Me cuesta demostrar el afecto, mi padre se llevó eso de mi, con él siempre fui abierta y luego Prim fue quien se llevó lo poco que quedaba de aquello.
Pero sentir ahora como Peeta respira bajo mi cabeza, ver sus ojos cerrados, ver su pelo revuelto y sus pestañas brillando al atardecer me hace sentir distinta. No sé si seré capaz de corresponderle como se merece, no tan sólo ahora sino que lo que dure esto, pero sé que quiero intentarlo. No niego que me muero de miedo y haberlo compartido – o gritado- con él ya es parte de los cambios que crea en mí. Estoy aterrada por fallar, ni siquiera por fallarme a mí, que en realidad a estas alturas no sería nuevo, sino porque no quiero fallarle a él, no se lo merece, no de nuevo por mí.
Debo admitir, que a veces siento que su "algo" – a lo que no quiero poner nombre- hacia mí es tan grande, que nunca seré lo suficientemente buena para corresponderle, pero al mismo tiempo siento que si se aleja un minuto me falta el aire. No es normar que esos días que no me vino a ver me hiciera sentir completamente sola, aún cuando Haymitch venía a verme cada hora. Es como que, no espera nada de mí, o si lo hace es muy paciente, o muy confiado o simplemente autodestructivo, porque creo que espera cosas que ni siquiera he descubierto que existen, ¿Amor? Me asalta la duda desde algún rincón de mi cabeza.
Después del altercado delante de mi casa, lloramos abrazados mucho tiempo y al separarnos no hacía falta decir nada. Pero me nació algo, no sé pero este chico provoca cosas extrañas en mí, no dejo de sorprenderme. Con sorpresa por mi actitud, le dije que fuera a casa a bañarse y cambiarse de ropa, mientras yo hacía lo mismo, y que lo esperaba en la puerta de mi casa en quince minutos. Sin saber muy bien que quería hacer, lo vi salir disparado hacia su casa, sin antes darme un beso, y perderse en la puerta, yo hice lo mismo y me reí como tonta enfrente del espejo antes de meterme a la ducha a sacarme la suciedad del cuerpo. Corrí envuelta en una toalla hasta mi cuarto. Me cambié de ropa y bajé las escaleras, justo cuando él tocaba la puerta con una gran sonrisa en el rostro.
Le dije que me siguiera al pasar junto a él, pero su mano me pilló desprevenida cuando tomó entre ella la mía. Me sonrojé al instante, y a él pareció no importarle, porque cuando alcé la vista sus mejillas tenían el mismo rojo vivo que supuse tendrían las mías. Caminamos calle abajo y no me preguntó hacia donde lo llevaba, sólo me siguió y fue cuando descubrí que no hablamos desde que le grité, pero tampoco quería ser la primera en decir algo, el silencio era cómodo y, debo admitir, que no había sabido que decir. Llegamos al bosque, mi lugar sagrado en el mundo, mi hogar, algo completamente mío y sé que quiero compartirlo con él. Nunca he estado con nadie más que con Gale, pero él está lejos y yo no quiero pensar en él, quiero que Peeta llene mis pensamientos por completo.
Al avanzar, su cuerpo sigue en silencio y su mano aferrada a la mía, pero sus pisadas fuertes no hacen silencio del todo y recuerdo de pronto los Primeros Juegos, cuando su cuerpo me perturbaba para intentar cazar y conseguir comida para ambos, cuando su pierna estaba herida y cuando decidió ir a recoger bayas para no molestarme, siempre gentil. Suspiro al pensarlo, nunca le tomé el peso del todo, o quizás sí más de lo que debía. Cuando escuché el cañonazo y Peeta estaba lejos me entró una desesperación que no conocía de mi y, ahora comprendo, que fue la misma que me asaltó en la tarde cuando sentí que lo perdía. No quiero perder al chico del pan. Recuerdo que me dijo mi mente cuando Snow lo tenía secuestrado y en otras tantas ocasiones que ya no recuerdo.
Paso junto al círculo de árboles donde me encontró Peeta y tiro de él para seguir avanzando en el bosque. Seguimos caminando en silencio unos minutos, hasta que por fin llegamos a donde quería, el lago. Sonrío ampliamente, no había venido hasta aquí desde que me fui, quizás una parte de mi sabía que la próxima vez volvería con él y quería guardar el momento, no lo sé. Sus labios sueltan un suspiro y me doy cuenta de que aprecia la belleza del lugar. Recuerdo que una vez se lo dije, le dije que no era muy buena apreciando las cosas bellas como él, que él veía belleza en todo y, claro ahora lo recuerdo, Peeta me dijo "Tener ojo para la belleza no es lo mismo que una debilidad. Excepto en lo que respecta a ti" con una facilidad y naturalidad que hasta ahora me descoloca. Debe estar observando y guardando detalles, que incluso yo en tantos años, he descubierto. Sus ojos de artista es maravilloso.
Después de un rato, le indiqué que nos sentáramos a una de las orillas, en donde podríamos ver el atardecer. Él se acomodó y posó la espalda en un tronco, yo me senté a su lado y él estiró un brazo invitándome a dejar mi cabeza descansando en su pecho. Y así hemos estado hasta ahora.
-¿Te gusta? – pregunto en un susurro y abre los ojos para mirarme- ¿Estabas durmiendo?
- No – sonríe- estaba meditando un poco. No puedo creer que después del bombardeo esto pueda ser tan precioso – me mira y su sonrisa se amplía y deja un beso en mi frente- Gracias por compartirlo conmigo.
- De nada – sonrío complacida- Igualmente el bosque sufrió daños, pero florecerá -hago una pausa- No venía desde que me fui de aquí, desde los segundos juegos – y me acomodo quedando sentada junto a él quedando casi a su misma altura- Me gusta que a ti te haya gustado – y tímidamente poso mis labios sobre los suyos dejando un suave beso sobre los de él ¡Que sensación más exquisita! Me mira sonriendo, pero su expresión cambia, se nubla-
- Katniss, ¿Puedo hacerte una pregunta? – y asiento sorprendida y extrañada- ¿Viniste con Gale aquí? – la pregunta me deja impactada y la actitud de Peeta aún más… ¿Esos son celos?
- Si, una vez –el asiente como si estuviese ausente- ¿Ves esa cabaña? – le indico con el dedo la casita que hay detrás de un árbol en la orilla y asiente- Fuimos ahí para conversar, supuse que mi casa estaría intervenida con micrófonos y en el bosque no nos podrían escuchar. Fue cuando le hablé de escapar, el mismo día que te acompañé a la plaza y pregunté si escaparías conmigo, me dijiste que sí, pero también mencionaste que no pensabas que yo lo haría ni por un solo momento. El mismo día que a Gale lo azotaron – lo miro fijamente, pero él suele mirarme y mirar otro punto lejos de mi cara- ¿Te molesta?-
- No- contesta rápido, pero pareciera que estuviera respondiéndose a sí mismo- ¡O quizás sí! ¿Lo besaste? – y esa simple pregunta hace que en mí se desplace una sustancia extraña que me sonroja las mejillas y me sienta… ¿Alegre? ¿Satisfecha? - ¿Por qué sonríes, no es gracioso?-.
- Peeta, me estas celando con Gale – afirmo y una risa sale de mis labios- ¿Es en serio?
- Puede ser... –gruñe- Con él estuviste mucho tiempo, se conocen hace muchísimo y cuando lo hirieron en la plaza… Yo vi como lo besabas… - y eso me deja sorprendida- ¿Sientes cosas por él, Katniss? – pregunta mirándome a los ojos-
- Si, siento cosas por él – le respondo mirándolo a los ojos y agrego- pero cosas que son completamente distintas a las que siento por ti ahora o incluso antes, él supo antes que yo que lo nuestro no podría ser, porque yo te tenía cerca a ti –dije acariciando su mejilla- No me hagas decir palabras que aún están listas para salir de mi. Pero, debes saber que lo siento. –le digo pegando mi frente a la de él mientras mis manos sostienen su rostro-
- Entonces, me quieres pero no te sale decirlo – hace una pausa y siento como sus palabras contienen una sonrisa- ¿Real o no Real? –lo miro y sé que está jugando conmigo, pero tiene derecho a saber que es el único en el que pienso-
- Real – respondo cerrando los ojos y me abraza con cariño y suavidad. Este hombre me va a volver loca con tanto cariño- ¡Mira! Esta atardeciendo, casi se esconde el sol – le digo separándome y acomodándome nuevamente sobre su hombro- El cielo tiene tu color favorito, Peeta. Anaranjado atardecer. – y le tomo la mano entrelazando sus dedos con los míos. Tendré que dejar fluir todo.
Muchas Gracias por los comentarios que recibí Cleoru Misumi Me emocionó tu comentario! Y Pauliii que alegría que te guste tanto!
Muchas Gracias por todos los favoritos!
Espero les haya gustado, Saludos y Cariños. Javi
