DECLARO: que los personajes y la base de la historia son creación de Suzanne Collins y su adaptación presentada a continuación es de mi propiedad.
Capitulo 9:
Últimamente, las cosas en general están muy bien. He bajado varias veces al pueblo para acompañar a Peeta, que está al parecer empeñado en reparar la panadería de sus padres. He intentado varias veces hablar con él del tema, pero me evade y creo que él también merece su tiempo para asumir que ellos no están y que sus hermanos tampoco lo están. En el pueblo las cosas van bien, la escuela está en mitad del proceso, las viviendas lucen mejor que antes y muchas tuvieron que derribar lo poco y nada que quedaba para volver a levantarlas, pero de a poco el Distrito toma forma. Haymitch me ha dicho que la semana que viene, según le han dicho algunos de los trabajadores, comienza la llegada de las personas que pertenecían al Distrito Trece en dos semanas, pero que aquellos que formaban parte de nuestro Distrito comienzan a llegar hoy. Y mamá me lo confirmó cuando esta mañana hablé con ella.
Le agradecí por el diario de Prim, que aún no me atrevo a leer y por cada unas de las cosas que me envió. Dormir con las sábanas que me envió me hace sentir un poco más cerca de ella, como si me arropara todas las noches. Le pedí expresamente que le diera a Johanna las gracias, porque llevaba dos días llamándola y no me contestaba, al parecer ha estado muy ocupada. Y que le enviara mis saludos a Annie, que según lo que me contó, su vientre está cada vez más amplio. Ya debería estar de 3 meses y me inunda la pena de saber que Finnick no está con ella. Por qué todo debe ser tan injusto, merecían estar juntos para siempre. Me gustaría poder ser parte del crecimiento de ese bebé y poder contarle sobre lo maravilloso que fue su padre lo poco que lo conocí.
Después de hablar con mamá quedé un tanto confundida y triste, por eso, volví a llamar a Johanna, pero nadie me atendió. Es lo más parecido que tengo a una amiga y quería contarle sobre Peeta y sobre Annie, pero me quedé con todas las ganas y la necesidad. Tampoco pude contárselo a Peeta, porque no lo veo desde anoche y cuando le pregunté a Haymitch, nuevamente me evadió.
Ha pasado una semana desde que fuimos al lago, y casi dos desde que volvieron con Haymitch y me siento positiva, incluso cuando sigo con esa tristeza por Annie. Lo que sí, me tiene muy extrañada y con curiosidad es Peeta, nuestra… ¿relación?, bueno, lo que sea que tenemos va de lo mejor, pero este chico lleva desapareciendo todas las tardes y algunas mañanas. No sé que se traerá entre manos pero quiero averiguarlo, no es normal que llegue muy cansado a verme o que note que está adolorido.
Llego hasta la casa de Haymitch, abro la puerta como si fuese mi casa y veo a mi ex mentor acostado en el sillón leyendo un libro. Si, por muy extraordinario que parezca, Haymitch lee un libro, pero no es él quien termina de captar mi atención, sino el chico que viene entrando desde la puerta del jardín con la ropa salpicada de pintura verde y marrón. Ambos me quedan mirando fijamente y eso hace que me ponga nerviosa.
- ¿Por qué tienes la ropa así? –le pregunto intrigada, saltándome todo tipo de etiqueta y buena costumbre-
- Hola ¿no? – dice Haymitch bajando el libro para mirarme desaprobando mi actuar-
- Hola – le digo a los dos- Peeta, ¿Qué haces con la ropa manchada? Digo llegando hasta a él en la cocina-
- Estoy pintando – dice mirándose la ropa y luego mirando a Haymitch. Me está disgustando que lo mire tanto para pedirle aprobación-
- ¿Estás pintando tus cuadros? – le digo sentándome sobre la mesada y quedando sorprendida. Después de dudarlo asiente- Me los muestras – sonrío-
- ¡No! – dice de repente- Es que todavía no están terminados- y comienza ponerse nervioso- ¿Qué?
- Que no soy la púnica mala mintiendo – alzo una ceja y lo miro- ¿Qué estás haciendo Peeta?
- Nada en particular, Katniss. Ya te dije que estoy pintando – suspira, se acerca a mi pone sus manos sobre mis rodillas e intenta besarme pero me corro al instante para mirar a Haymitch que se ha sumergido nuevamente en su libro- ¿Qué pasa? – me mira extrañado-
- Que está Haymitch ahí – le digo en un susurro y alejo sus manos de mis piernas- Nos puede ver , Peeta.
- Y a mí que me importa – dice abrazándome y robándome un beso-
- ¡Peeta! – susurro y lo alejo de mi bajándome se la mesada- No quiero que el resto esté sabiendo que hacemos y que no – le digo sonrojándome y mirando a Haymitch que parece no notar nada-
- ¿Te doy vergüenza, Katniss? – dice cruzándose de brazos y mirándome acusadoramente-
- Tu sabes que no es eso- le digo tomándole un mano y tiro de él para llevarlo al patio trasero- Tu sabes que no es eso, Peeta. Es que me da vergüenza a mi –sonrío y paso mis brazos por su cuerpo abrazándolo- Pasa que, ¿no crees que ya fue mucha la exposición de lo que teníamos o no? – el tuerce la sonrisa y asiente- ¡Ves! Ahora lo que haga o no, quiero que me pertenezca a mí y a ti nada más… Cuando las cosas estén mejor, le diremos o no al resto…
- Está bien - asiente- pero Haymitch no es tonto y por mucho que yo no le haya dicho, de seguro sabe. Se me notan las cosas Kat, y tu tampoco sabes mentir – pasa los brazos alrededor de mi cintura y me besa con suavidad- Hola –dice en un susurro mirándome a los ojos-
- Hola – digo contra su boca capturando su labio interior- ¿Me vas a decir porque no has ido a verme? – le digo jugando con el pelo de su nuca-
- No – dice pegando su boca contra la mía- No te puedo decir, pero hoy lo sabrás – dice abrazándome con fuerza- ¿Irás a la estación de tienes? Hoy llega la gente desde el Trece-
- Si sabía, me dijo mamá por teléfono, pero no sé si iré –me encojo de hombros- te mandó saludos.
- Gracias – sonríe- Yo creo que sería una buena idea que fueras, de una u otra forma es como cerrar un ciclo, ¿no? –
- Puede ser – asiento- ¿Tú, irás? –pregunto con curiosidad y asiente- Bueno… - suspiro- iremos entonces –y su sonrisa se amplía-
- Bueno Señorita, entonces vaya a cambiarse, porque llega en quince minutos – dice mirando su reloj por sobre mi cabeza.-
Dejó un beso en mis labios y me empujó hacia la casa nuevamente, entro y Haymitch está en la cocina, mira a Peeta sugerente y luego a mí con la cara encendida, pero no hace ningún comentario. Salgo rápidamente y corro a mi casa, me pongo unos pantalones anchos de color azul y una camiseta amarilla. Me acerqué al baño y, como de costumbre, mi pelo estaba trenzado, pero decidí soltarlo dejando el pelo ondulado caer por mis hombros. Bajé las escaleras y entré a la cocina, le dejé leche a Buttercup que me seguía desde el baño, le acaricié el cuerpecito y salí de la cocina hacia la puerta. Afuera Haymitch estaba parado con las manos en los bolsillos y al momento que llegaba a su lado, Peeta salía para unírsenos y salir por la carretera hacia la estación de trenes.
Caminamos conversando de cosas mundanas y sin mayor importancia, nos cruzamos con algunos de los encargados de la reconstrucción que no lucían llenos de polvo y tierra como de costumbre, al parecer todos iban hacia la estación para recibir y dar la bienvenida a el nuevo hogar. Al llegar a la estación, esta estaba repleta de la poca gente que hay en el Distrito Doce, pero se sentía la alegría, la esperanza y la melancolía en el ambiente. No debe ser fácil para muchos venir a recibir a otros, sabiendo que muchos de los suyos no volverán. Me es inevitable pensar en Madge y su familia, en Prim, en mi madre, en la familia de Peeta. Sé que Peeta debe estar afectado en este momento, por eso, cojo su mano entre las mías y le doy fuerzas.
Han pasado unos veinte minutos, y es ahí cuando comienza a aparecer un tren a lo lejos, me quedo sin aliento, ver a toda esa gente, revivir el que por mi culta tantos de ellos no vuelva. Me encoge el corazón saber que Peeta está tan solo como yo. Sé que nos tiene a Haymitch y a mí, pero nunca significaremos lo mismo para él que su familia. Nadie puede llenar ese vacío.
Cuando el tren se detiene, unas personas un tanto lejos de mí, despliegan un gran lienzo que dice "Bienvenidos". Me estremece profundamente ese gesto de parte de las personas, quizás las cosas son muy distintas a antes, ahora habrá un nuevo alcalde, las cosas serán democráticas, la mina está cerrada, por lo que hay que buscar nuevas fuentes de trabajo, la escuela se abrirá en unas semanas y vendrán algunos maestros del Capitolio para ayudarlos con la educación, ya que prácticamente ahora no hay maestros en nuestro distrito. Me he enterado, de que las relaciones entre distrito son abiertas, que ahora cualquiera puede circular y viajar de uno a otro y que los bienes y los alimentos los sigue manejando el Capitolio, pero se reparten de manera equitativa a los Distritos, todos comparten sus especialidades, esta vez no volveremos a pasar hambre.
La gente comienza a bajar de los vagones, los abrazos y las lágrimas son espontaneas, muchos están alegres de volver a su hogar. Un par de niños revolotean de un lado a otro y entre el tumulto, puedo ver una mujer de pelo oscuro, corto y con un cuerpo esbelto descender. Su mirada se desplaza entre la gente, como si buscara a alguien en particular, es entonces cuando Peeta me tira de la mano y avanzamos entre la gente que nos mira curiosas, pero no logro percibir ninguna mirada con rencor, sólo con tristeza. La mujer que recién bajó del vagón posa su mirada hacia nosotros y sonríe, no soy capaz de comprenderlo, hasta que estoy casi a un lado de ella. ¿Qué hace aquí? Y es entonces cuando, sin darme cuenta, estoy abrazando con fuerza y lágrimas en los ojos a Johanna.
Espero que les haya gustado, gracias por leer!
Espero sus reviews con sus apreciaciones!
Cariños, Javi.
