DECLARO: que los personajes y la base de la historia son creación de Suzanne Collins y su adaptación presentada a continuación es de mi propiedad.
Capitulo 11:
Árboles con cada uno de sus detalles desde las raíces hasta los frutos que simulaban crecer entres sus ramas y hojas. Pájaros volando de una rama a otra, hojas de otoño entre las raíces de los árboles y matices de verde en cada una de sus hojas. Un cielo de un azul profundo que pareciera ser real y un par de nubes cubriéndolo, pero no por completo. En las esquinas del muro podías ver como unas hojas volaban por el viento desde el suelo hacia el cielo y me pregunto cómo habrá hecho esto Peeta, esos efectos, esos colores, formar realidad. En la esquina derecha, se podía ver un columpio colgando de un árbol y la sombra de una mujer menuda a su lado estirando su cuerpo sujetada de una de las sogas de este, claramente es Johanna, pero con su pelo largo y oscuro cayéndole por la espalda.
Peeta y Johanna se soltaron, y ella volvió a girarse para mirar cada detalle de la pintura. Caminó con la vista nublada hacia el muro y se llevó las manos a la cara emocionada.
- El último día que estuvimos encerrados, el mismo en el que nos rescataron, tú comenzaste a delirar y decías que querías volver a casa y describías un columpio rodeado de árboles y hojas de otoño. Supuse que era tu estación favorita o algo así. No dejabas de nombrar que te gustaba pisar las hojas caídas y aferrarte a unas de las cuerdas del columpio para sentir el aire correr – explicó Peeta mientras se encogía de hombros y veía a Johanna pasar las manos por la pintura seca- No sé si realmente era así, pero espero que-
- Es igual – soltó Johanna con la voz completamente quebrada- No lo puedo creer es como si te hubieses metido a mi cabeza y sacaras la imagen de mis recuerdos – Johanna contenía las lágrimas y me encoge el corazón saber que quizás hoy, se siente un poco feliz- Es mi lugar… Estaba en el patio de mi casa de pequeña. Mi familia no era muy pudiente y mucho menos rica, pero mi padre me construyó ese, era una tabla y dos cuerdas colgadas a la rama de uno de los árboles – Se giró y nos miró a todos- No se acostumbren a verme en este estado –dijo irónica- Muchas gracias, Peeta.
Luego de comer algo, decidimos dejarla sola para que descansara del viaje, si bien tenía muchísimas ganas de hablar con ella, preferí esperar a que se recompusiera de la impresión. Cuando pasamos cerca de la casa de Haymitch, nos dijo que se quedaría en su casa y que vería televisión. Peeta le pidió quedarse conversando conmigo un rato y luego de sonreír de manera sugerente, le revolvió el pelo con una mano, le apretó un hombro y susurró "bien hecho chico" supongo que se refiere a Johanna y nos dejó.
Una vez que Haymitch cerró la puerta tras de él, Peeta tomó mi mano con la suya y me guió hasta la glorieta al centro de la calle, caminamos entre los arbustos que rodean al caminito hacia la glorieta y cuando llegamos ahí subió los tres peldaños, se afirmó de una de las barandas y tiró de mi para que quedara frente a él.
- ¿Por qué me miras así? – dijo frunciendo el ceño mientras jugaba con mi mano entre la suya-
- No lo sé – me encogí de hombros y miré al suelo- Quizás porque creo que lo que hiciste fue realmente hermoso. –asentí y fijé mi mirada en la suya-
- No fue tanto, sólo quería hacerla sentir en casa – se encogió de hombros- Se lo debía – continuó- Por lo general, era yo quien perdía la consciencia y deliraba, ella me hablaba cuando entraba en crisis y me intentaba mantener cuerdo- tragó con dificultad- Las veces que ella lo hizo nombraba su casa-.
- ¿No dejas de ser bueno nunca? – pregunto de pronto abstraída y las palabras salen incluso antes de que las piense y el sonríe avergonzado- No sé cómo puedes ser tan bueno todo el tiempo. Eres desinteresado, eres amable, sincero, gentil… Es como si nunca fueras a fallarle a nadie –
- Bueno, cuando tengo ataques la gente no piensa lo mismo –sonríe triste-
- No lo creo. Ese no eres tú, Peeta – mi mano impulsiva sube hasta su rostro y acaricia sus ojos que se cierran al contacto- Lo que hiciste por Johanna… No tiene nombre, ha sido el gesto más bello que he visto nunca – sonreí nerviosa al verlo mirarme- ¿Dejarás de ser perfecto en algún momento, Peeta?
- No idealices algo que no es. Tengo mal genio cuando no duermo bien, digo palabrotas cuando algo no me sale, soy perfeccionista y tengo un carácter impulsivo, que no todo el tiempo controlo. Soy confiado, un poco rencoroso y bastante orgulloso –suspira- Tengo más errores y defectos de los que crees, simplemente trabajo para que la gente no los note. Pero soy persona.
- Eres un artista también –agrego como un tono serio- No sé cómo o haces, pero tienes un don maravilloso –
- Gracias – sonríe- no sabré cazar, seré pesado sobre las hojas –ríe risueño- pero puedo cocinar y pintar –se encoge de hombros- ¿Tú, que más haces, Katniss? – lo miro extrañada y prosigue- me refiero, cazas, eres hábil, tienes pasta de curandera -y yo revoleo los ojos- eres justa, protectora. No diseñas, pero…
- Puedo escribir –alzo una ceja y el abre los ojos sorprendido- ¿Qué? –río pegándole en un hombro- Que no lo haga seguido no significa que no pueda o que no me gusta.
- Nadie ha dicho eso – sonríe y sus manos pasan por el rededor de mi cintura- Y ¿qué escribes. Everdeen?
- Como no soy buena diciendo lo que siento –suspiro, no puedo creer que esté contándole esto- lo escribo. Al principio, eran cosas sobre lo molesta que estaba con mi madre y su actitud después de la muerte de mi padre. Después, cosas contra el Capitolio y la injusticia, más tarde sobre cosas que no le he dicho a nadie más- y tuerzo una sonrisa-.
- ¿Y qué cosas no le podías decir a los demás? ¿Qué cosas no me podías decir, Katniss? – su rostro está muy cerca del mío y no puedo evitar soltar un suspiro ahogado. Mis manos pasan por su cuello y su mirada esta clavada en mis ojos esperando una respuesta-
- Muchas… muchas veces – empecé susurrando con nerviosismo- escribía sobre por qué tenía que hacerme cargo de mi familia y lo injusto que era. Escribía sobre cuando sola me sentía, incluso teniendo a Gale de amigo y al bosque de refugio. Escribí en el vagón del tren que nos llevaba a los Juegos, sobre porque me tenía que tocar matar al chico que me salvó la vida cuando más pequeña – hago una pausa y alejo mi mirada de la de él- Escribí al volver, cuando en el tren dejaste de hablarme, me sentía horrible, no había comprendido que tu de verdad estabas… no sé atraído por mí, garabatee en una hoja que extrañaba reírme contigo, que no estaba dispuesta a pensar que me pasaba, pero que quería pensar que era gratitud. Cuando pasó el tiempo, sobre alguna hoja puse que me sentía culpable por Gale y que sentía no tener los mismos sentimientos que él, que tampoco quería tener nada contigo, pero que no quería que fueras indiferente conmigo, luego lo injusto que fueron los nuevos juegos y lo asustada que estaba por ti, por mi y nuestras familias, escribí mi rabia contra Snow, mi miedo de perderte. Y otras cosas… -me encogí de hombros, solté su cuello y abracé mi propio cuerpo. Peeta no me soltó-
-Muchas de esas cosas habrían sido más fáciles de pasar si las hubieses compartido conmigo –dijo acariciándome la espalda- No hay que necesariamente decirlas para compartirlas. Quizás si me lo hubieses escrito habría comprendido –tomó mi rostro para que lo mirara- Yo también tuve miedo de perderte –y una sonrisa inoportuna se arranca de mis labios. No sé cómo puede hacerme sentir alagada e incómoda a la vez- y lo tuve después de que te sacaron de los Segundos Juegos y cuando en el Trece podía yo hacerte daño, y cuando te viniste sola. Y hoy tengo miedo de que no me quieras. – sentenció-
-Yo también tengo miedo –digo de pronto- Tengo miedo de que me olvides en tus ataques, que no me reconozcas, pero no porque me vayas a hacer daño, sino porque me olvides en esos momentos –me tapo la cara con las manos, suspiro con fuerza y vuelvo a mirarlo- Tengo miedo de no ser lo suficientemente buena para ti, –le interrumpo cuando intenta contradecirme- incluso cuando no te importa- que difícil es poder decir esas cosas, pero sé que necesito sacármelas de una vez- Tengo miedo de quererte, incluso de querer a cualquiera, pero tú no eres cualquiera y eso me aterra.
- Katniss- me dice en un susurro-
- No me interrumpas, porque probablemente no volveré a ser capaz de decirlo- le gruño frustrada- No tenía intenciones de estar contigo, aún cuando sabes que siento cosas por ti. Pero no quería hacerte daño y, joder que es difícil. Nunca he tenido una relación afectiva de ningún tipo con nadie, nunca. No sé cómo se debe reaccionar, no sé cómo se debe actuar y no sé querer. Soy fría y distante, porque estoy acostumbrada a que sean así conmigo. Pero me haces actuar de manera que no comprendo cuando estás cerca. Quizás no sea suficiente para ti, pero quiero que sepas que lo estoy intentando, aún con todo el miedo de por medio. No pretendo que lo comprendas, pero si que me ayudes a ser lo que tu esperas- respiré profundo y boté el aire con frustración y alivio- Listo, ya está.
- Katniss Everdeen, sólo quiero que sepas una cosa – dijo tomándome la cara con ambas manos- No espero que seas de ninguna forma, porque lo que quiero de ti eres tú, tal como eres-
Su cuerpo giró el mío y me apretó contra la baranda de la glorieta fundiendo su boca contra la mía y fundiendo su cuerpo con el mío.
Chanaaaaaaaa! Se empezará a poner bueno, hasta le cambié el ranking a la historia!
Espero que les haya gustado. Gracias por Leer! Lo que sí quería pedirles, a aquellos que de verdad le estan tomando gusto y cariño a esta historia comenten, porque tengo 6 reviews con 11 Capitulos! Ni siquiera uno por capitulo u.u Y eso da pena.
Nada, cariños para todos. Javiera.
