DECLARO: que los personajes y la base de la historia son creación de Suzanne Collins y su adaptación presentada a continuación es de mi propiedad.


Capitulo 23:

Desperté aturdida entre las pesadillas que me hicieron gritar hasta quedarme débil, temblorosa y sin aliento. La puerta se abrió de inmediato y el cuerpo fuerte de Peeta enfundado en un pantalón ancho y una camiseta blanca llegó hasta a mí con los brazos abiertos y dispuestos a intentar hacerme entrar en razón nuevamente. La habitación me daba vuelta y la opresión en el pecho casi no me dejaba respirar de dolor. Otra vez Prim, sus ojos penetrándome con la mirada llena de dolor, su cuerpo siendo torturado por la gente extravagante del Capitolio, su voz desesperada llamándome auxilio. Pero al girarme en un angosto pasillo y correr hacia ella, las paredes desaparecen y me encuentro en la jungla, húmeda, perdida. Y es ahí cuando en la copa de un árbol veo al charlajo gritar mi nombre con la voz de mi hermana.

Peeta me abraza contra su pecho y sin poder evitarlo las lágrimas vagan por mis mejillas llegando a humedecer en su camiseta, mis brazos están escondidos detrás de su nuca, pero sigo temblando y sollozando como si fuera a morir de pena, pero él sigue esperando, pacientemente a que reaccione, simplemente se queda ahí aferrándome a él, haciéndome sentir protegida, querida, amada, pero no soy capaz de pensar en nada más que no sea mi hermana sangrando, llorando y sufriendo. Escucho un susurro entre la neblina de emociones "Tranquila, amor" y mi corazón maltrecho da un respingo de emoción y me devuelve la cordura, como si hubiese vuelto a la vida el llanto comienza a cesar, aún cuando siento un infinito vacío y dolor.

Levanto la vista a esos ojos del color del cielo y me sonríe preocupado y con miedo, no debe ser fácil que la persona que quieres se desmaye cada tanto sin razón, aunque realmente si la haya y ambos la sepamos, pero ninguno la haya comentado, hasta ahora. Se completamente como se siente, porque yo sentía que se me iba el aire cada vez que él no era capaz de mirarme con sus ojos reales, sino que con aquellos oscuros y vacíos que me hacían temblar. Me separo un poco y lo miro, sé que tengo los ojos hinchados y bolsas oscuras bajo los ojos, pero sé que no le importa, aunque a mi sí, pero no precisamente en este momento. No sé cuanto he estado dormida, o desmayada, pero sé que deben ser por lo menos un par de horas porque ya está completamente oscura mi habitación.

- ¿Pesadillas? –me susurra y asiento, lo que provoca que me abrace nuevamente- Supongo que debe ser Prim… Johanna me contó lo que sucedió – asiento y vuelvo a sentir que las lágrimas se acumulan en el borde de mis ojos- Tranquila, cariño –vuelve a susurrar-

- Es que la extraño tanto, Peeta –vuelvo a llorar- No es justo, no es justo –digo antes de que el cuerpo me vuelva a temblar-

- Shhh –me silencia con cariño y su calor me abraza- Yo lo sé, cariño, lo sé- y me aferré a él mientras las lágrimas corrían sin presiones.

Debo haberme quedado sollozando en su pecho, porque poco a poco vuelvo a abrir los ojos y su cuerpo otra vez no está conmigo, pero la luz del sol se cuela por las cortinas. Ha pasado un día. La cabeza me duele y siento un millón de puntadas centrarse en ella cuando soy capaz de moverme intentando sentarme en la cama. Lleno los pulmones con aire e intento agudizar el oído para notar si hay ruido o movimiento en la primera planta, pero nada. Siento el cuerpo pesado, me siento cansada, pero más que físicamente lo es emocionalmente, no quiero levantarme, no quiero ver a nadie… Sólo me gustaría estar con Prim.

Hace meses que no me sentía tan abandonada, tan perdida, con tanta pena y dolor ahogándome. Peeta había hecho desaparecer cualquier indicio, pero lo que esa mujer… lo que esa mujer dijo de mi hermana me hizo recobrar el sentido de su perdida por completo. Ella me dijo que yo la había salvado, pero está equivocada. Yo conduje a mi hermana a ese asqueroso e injusto final, si hubiese sido correcta y de verdad la hubiese salvado, me habría dejado morir en la arena, sin enamorarme de ese chico del pan, sin desafiar a todo un país. Sin sentir ni luchar por nada. Si hubiese amado a mi hermana lo suficiente, no habría sido egoísta, pero ahora ella no está y yo sigo aquí sin ella. Amar a Peeta, y sentir que él también lo hace es reconfortante, es nuevo, inesperado y vicioso. Sus abrazos me consuelan profundamente cuando siento que no hay consuelo alguno que borre el dolor que me aprisiona el pecho, sus labios me quitan el aliento y su mirada me hace suspirar pensando que todo es posible, pero no hacen desaparecer el dolor de no tener a Prim, sólo lo anestesia. Sé que ella querría que fuese feliz y que no sufriera, que disfrutara de una vez lo que tengo con Peeta, esto que tanto nos ha costado, pero no puedo evitarlo. Pensar en todo lo que le faltó por vivir, por crecer, por disfrutar es aún más injusto, ella más que nadie lo merecía.

Vuelvo a recostarme en la cama, y me entierro bajo la almohada y subiendo las mantas cubriendo nuevamente mi cuerpo. Hoy es de esos días en que quiero quedarme en la cama pensando en las cosas que no fueron y que tampoco serán. Es de esos días en que quiero quedarme encerrada en mi mundo de tristeza, aún cuando sé que hay cosas bellas fuera, personas que me aman, pero que no puedo verlas en este momento. Hoy quiero pensar en mi hermana, en mi madre, en mi padre, es mi amistad fallida con Gale… Quiero pensar en que no existo y no le he arruinado la vida a nadie. Hoy quiero llorar hasta que los ojos no se me puedan abrir de la hinchazón.

- ¿Qué se supone que haces bajo las mantas? –me pregunta una voz que me llega desde el exterior de mi refugio y me hace abrir los ojos sorprendida- Katniss, ¿qué sucede? –me vuelve a preguntar la voz pero esta vez el peso de su cuerpo se apoya en mi cama-

- No quiero ver a nadie –susurro aún con la cabeza bajo la almohada- Déjame en paz por hoy Haymitch…-

- Veo que no es de los buenos días –vuelve a decir y siento como se remueve en la cama y de pronto cuando abro los ojos su mirada está frente a la mía. Se ha sacado los zapatos y ha metido el cuerpo de lado junto al mío bajo las mantas, su cabeza está frente a la mía debajo de la almohada- ¿Qué sucede, preciosa? – me dice serio. Sus ojos están tan hinchados como los míos y tiene una barba incipiente como la que mantenía cuando estaba borracho-

- No, no es un buen día –digo tragando saliva e intentando contener las lágrimas-

- Peeta me contó lo que sucedió con Johanna –me dice mirándome fijamente- Está muy preocupado y me pidió que te hiciera compañía…

- Yo creo que tu también necesitabas compañía –me encojo de hombros-

- Quizás el chico tiene razón y realmente somos parecidos –dice con voz ausente- ¿Te contó? –y yo lo miro sorprendida, y niego con la cabeza-

- No, ni siquiera ha mencionado que sucedió cuando fue a hablar contigo- le explico- igual, mucho tiempo no le he dado –digo suspirando- No sé qué me pasa Haymitch –digo a penas porque el nudo en la garganta no me deja hablar con claridad-

- Es el dolor Katniss… -me susurra- Estamos tan acostumbrados a ser fuertes, a llevar el dolor omitido en el cuerpo, solos, sobreviviendo, que ahora que hay gente real a nuestro alrededor nos volvemos frágiles –me explica, creo que ha tenido más tiempo que yo de pensar- Tú te mantenías dura porque debías ser fuerte por Prim, yo porque quería proteger a Effie –me susurra y me sorprendo ante la confesión sin comprender mucho lo que dice y al ver mi mirada sorprendida decide contarme, por lo visto, lo mismo que Peeta ya sabe-

- Haymitch lo siento tanto- le digo cuando termina su relato y tiene los ojos humedecidos- Ella no podría odiarte, Haym, no podría. –niego con la cabeza-

- No tengo como saberlo- susurra y una lágrima roda por su mejilla- pero tampoco quiero saberlo, no podría seguir viviendo Katniss, ella es lo único que me quedaba, no puedo arruinarlo también –dice controlándose-

- Haym… -intento preguntar algo que se me agolpa en la garganta, pero no sé si corresponde, igualmente sale de mi boca antes de que lo decida- ¿La amas? ¿Sientes algo más que amistad o hermandad por ella? –le insisto-.

- No lo sé- admite- ¿Qué crees tú? –me pregunta con sinceridad, pero me sorprende su pregunta y me hace abrir mucho los ojos-

- Creo que debes descubrirlo –le respondo, yo no soy la más indicada para dar consejos sobre esto, Peeta es el bueno en esas cosas, yo sólo soy buena en casi nada- Pero intenta descubrirlo antes de que sea tarde –me encojo de hombros-

- Y a ti, ¿qué es lo que te tiene luciendo como un estropajo, preciosa? –dice alzando las cejas irónico y me hace sonreír por un instante- ¿Recaída? –me pregunta y yo asiento-

- Es que la extraño demasiado –susurro y las lágrimas comienzan a asomarse al borde de mis ojos- Siento rabia, pena… no sé son tantas cosas –digo cerrando los ojos para intentar calmarme- ¡es injusto que yo siga aquí y ella no! –rompo en llanto y subo una mano hasta mi rostro para cubrirlo, pero luego de un instante, Haymitch toma mi mando la aleja de mi rostro y entrelaza sus dedos con los míos. Esta vez no soy capaz de controlarme y las lágrimas salen disparadas de mis ojos sin pedir permiso alguno- Vamos, chica, sácalo todo de adentro –me susurra acariciando mi mejilla con su mano libre-

Siento como cada fibra de mi cuerpo siente dolor, lo expresa y lo deja salir. Tengo el pecho a punto de estallarme y de colapsar, y percibo particularmente como el mareo me vuelve al cuerpo y como tiemblo tan fuerte como cuando voy a perder la conciencia, pero esta vez Haymitch aprieta con fuerza mi mano y me hace volver antes de perder la cordura. Llevo tiempo incontable así, recostada bajo las mantas, con la cabeza bajo la almohada llorando y temblando de pena, pero de a poco, siento que lo que quiere salir es mucho menos, las lágrimas se van secando solas y lo que duele dentro de mi pecho parece apaciguarse, calmarse y perder intensidad. Cuando tengo el valor suficiente para volver a abrir los ojos, me encuentro con los de Haymitch sonreírme y mirarme con comprensión. Él sí que sabe lo que se siente.

- ¿Mejor? –me pregunta con una sonrisa tímida y yo sólo logro asentir- Así parece –me dice acariciando mi mejilla nuevamente- No hay mejor manera para sanar, que desprenderse del dolor, diría mi mamá –recita tragando saliva y sus palabras me sorprenden, nunca ha mencionado a nadie de su familia. Nunca- Cuando mi padre murió, mi hermana deambulaba como si no tuviese alma, hasta que un día comenzó a romper cosas por todas partes, mi madre la tomó de un brazo, la sacó al patio y se sentó con ella en la hierba "es momento de que reacciones y saques todo, ¿me escuchaste?" Y como si le hubiesen apretado un botón, mi hermana comenzó a llorar desconsoladamente. Yo sólo las observe desde dentro de la casa –sonrió-

- ¿Las extrañas? – le pregunto con los ojos rojos y la voz quebrada aún-

- Por supuesto, Katniss. Tanto como tú extrañas a Prim y a tu padre –me responde y puedo ver sus ojos con un brillo especial- No te voy a mentir, no dejarás de sentir dolor o tristeza, incluso culpa nunca. Nunca, Katniss. Pero tú, solamente tú, serás capaz de aprender a vivir con su ausencia y sus recuerdos en todas partes- me explica con firmeza- La gente que queremos no se muere mientras uno no las olvidas, se llevan dentro.

- ¿Cómo has hecho para sobrevivir con todo, Haymitch? –le pregunto de repente- Viendo morir a esos chicos, cuando te quitaron a la gente que querías, cuando año a año dos chicos desaparecían de tu Distrito… ¿Cómo? –le digo y comprendo que para él sí que ha sido difícil-

- El alcohol almidonó el dolor mucho tiempo, Katniss. Y antes de ello, Effie me ayudó a creer en ciertas cosas. Pero, hoy cuando ya no llevo encima nada de eso, me cuesta más. –me confiesa con pesar- Con Effie, o incluso discutiendo con ella, era muchísimo más fácil sobre llevar todo, porque sabía que no podía hacerle daño mientras nuestra relación fuera distante- se encoge de hombros- Pero cuando intentamos rescatarla y ya se la habían llevado me desmoroné –su mirada se oscurece cuando lo dice- Así como Prim no debería haber muerto, Effie no debería haber sufrido nada de esto. Y eso si que es mi culpa.

- Como el que mi hermana muriera –le digo-

-No, Katniss. Simplemente, Prim estuvo en el lugar que no le correspondía, la enviaron a hacer algo que no le correspondía –niega con la cabeza- la rebelión se habría desatado con o sin ti, tú simplemente la aceleraste –dice tajante- Pero el que Prim no esté hoy, el que Prim haya muerto, no ha sido ni será tu culpa, ¿me escuchaste? – y las lágrimas que corren por mis mejillas son detenidas por las caricias de mi ex mentor-

- Yo creo que ella te quiere, Haymitch –le digo de pronto y él no comprende- Effie, quizás aún te quiere. –le repito- Yo no puedo devolverle la vida a mi hermana –niego con la cabeza y tomo las manos de Haymitch que permanecen en mis mejillas- Pero tú sí. Tú, si puedes darle un razón importante a Effie para seguir viviendo –le sonrío- Nunca sabrás si fue tu culpa el que la arrestaran, porque pudo ser culpa mía, fue mi escolta... –me encojo de hombros y el niega con la cabeza- No lo sabes –lo interrumpo antes de que sea capaz de decir nada- Date una oportunidad y dásela a ella para que te diga que piensa y qué siente y niega con la cabeza a punto de hablar- Si puedes- le repito- y te lo debes. Y también se lo debes.

Un fuerte suspiro se arranca de los labios de ambos y nos hace sentir cansados y con el cuerpo pesado, pero con una sensación distinta en el pecho. Aún sigo sin ganas de levantarme, pero debo hacerlo. No por mí, sino por mi hermana, por Prim. Ella habría querido que aprovechara cada segundo de mi vida, incluso si ella no estuviese físicamente en ella.