DECLARO: que los personajes y la base de la historia son creación de Suzanne Collins y su adaptación presentada a continuación es de mi propiedad.


Capitulo 26:

Invité a Effie a que me acompañara a visitar a Peeta en la reconstrucción de la Panadería, pero ella debía volver a la escuela, sólo había decidido salir a dar un paseo en unas horas libres que tenía, pero ya debía volver a hacer clases, igualmente me dio su número de teléfono para contactarnos y así poner fecha al día que nos juntaríamos en mi casa. Por lo tanto, luego de pasear un poco más por el Distrito y dejar a Effie en entrada de la escuela me dirigí a visitar a Sae que no va a mi casa desde que Peeta y Haymitch están en la aldea y desde que su nuevo local en el Ex Quemador comenzó a funcionar. Después de conversar y comer estofado en su nueva cocinería me fui caminando para caer de sorpresa a Peeta. Cuando llegué hasta la panadería, la puerta principal estaba abierta y los ventanales a sus costados tenían grandes cruces de cintas sobre ellos que indicaban que estaban recién puestos en su lugar. Al entrar, el piso estaba lleno de polvillo y el lugar estaba sin ningún mueble todavía, solamente caballetes, tarros de pintura, brochas, serruchos, martillos y millones de otras herramientas e implementos regados por todas partes. Había algunos hombres, jóvenes casi todos, haciendo distintas cosas que se giraron a mirarme cuando ingresé, unos sobre taburetes arreglando las conexiones eléctricas, otros colocando las bisagras de las puertas, martillando clavos sobre los muros, otro midiendo la distancia del suelo al techo, etc. Todos dejaron sus quehaceres para observar a la intrusa, o sea yo.

El espacio de la panadería era amplio, la habitación principal era espaciosa y conectaba por un pasillo a una escalera y al final de este los baños del lugar. Uno de los muros, el que está alejado pero de frente a la entrada colindaba con otra habitación, que a su vez estaba a un costado del pasillo y esta tiene un gran agujero en medio, que conecta ambas habitaciones, la principal y lo que parecía sería la cocina principal, ya que en medio había un mesón aún embalado y se veía en el fondo un gran horno cuya tubería desaparecía por el techo de la cocina. De pronto, el cuerpo de Peeta se asomó por aquel espacio y su mejilla llena de pintura se asomó y al verme sonrío y carraspeó para que todos los observadores volvieran al trabajo entre risas y comentarios bajos. Su cuerpo apareció por una puertecilla de vaivén, de esas que siempre aparecen en la televisión en películas antigua que hablan sobre "El lejano oeste" o algo así. Alza las cejas sorprendido y risueño y llega hasta a mí tragando saliva y pasándose las manos por el pelo, creo que está sorprendido y un poco avergonzado por las miradas furtivas que sus trabajadores nos lanzan.

- Hola, cariño –¡Como me encanta que me diga cariño! Se ha vuelto una costumbre en él. Me sonríe metiéndose las manos en los bolsillos del jeans gastado y manchado también de pintura que lleva- ¿Qué haces acá? –me pregunta curioso-

- Bueno, decidí dar un paseo y como estaba cerca decidí pasar a verte- me encojo de hombros- ¿Está mal? –le pregunto de pronto, porque más que alegre de verme parece nervioso y preocupado- ¿Te molesto? –digo mirando a todas partes-

- No, no. Claro que no –sonríe y se acerca a besarme pero me alejo un poco sonriendo sugerente y mirando a todas partes, él suspira, y cuando su mirada se topa con la mía muevo los ojos y la cabeza dándole a entender que no quiero dar un espectáculo frente a las miradas curiosas y una sonrisa burlona aparece en mi boca- Ven conmigo.

Me toma de la mano y me hace atravesar la habitación entre los comentarios, silbidos y burlas de los trabajadores que no se han aguantado más y no paran de hacer comentarios con respecto a nosotros en tono de broma haciéndonos reír avergonzados. Entramos en la cocina avanzamos, al final de ella hay una puerta por la cual ambos salimos al aire libre. Una vez que cierra la puerta tras de él, tira de la mano que aún tiene aferrada a la mía y mi cuerpo se pega al de él, me aferra por la cintura y sin pedir permiso su boca roza la mía. Sus besos me pillan desprevenida por un instante, pero por inercia mi boca se adecua a la suya. Los labios de Peeta buscan los míos con dulzura y sus manos me tienen tan junta a su cuerpo que siento su corazón latir tranquilo junto al mío, sus dientes juguetean con mi labio inferior luego vuelve a masajearlos con su boca.

- Que linda sorpresa –sonríe Peeta a pocos centímetros de mi boca cuando sus labios se despegan de los míos- No esperé verte y… ¡No! –suelta de pronto interrumpiéndose a sí mismo-

- ¿Qué sucede? –le pregunto preocupada-

- Te manché la cara con pintura –dice apenada y sonríe divertido después de verme sonreír- Estoy pintando la cocina principal y estoy levemente salpicado –dice Peeta soltándome para tomar el borde de su camiseta y mostrármela-

-Parece que más que salpicarte te echaste el tarro de pintura encima- le digo riendo y el alza una ceja moviendo la cabeza- Tienes pintura por todas partes Peeta –sonrío-

- Bueno, ahora tú también tienes pintura- y me mira con un deje de maldad en la mirada, cosa que enciende las alarmas de mi cabeza y doy un paso atrás.

Pero antes de poder echarme a correr sus manos me atraparon y su cara se acercó a la mía. A simple vista pareciera que quiere darme un beso de aquellos que provocan más de un suspiro, pero ese destello extraño en su mirada me hace estar segura de que no es eso. Cuando mi cara está a centímetros de la suya e intento liberarme de sus brazos mientras que la risa sale de mi boca, Peeta corta la distancia y comienza a restregar su cara con la mía, dejando pintura por todas partes en el acto.

- Suéltame –grito mientras lo escucho reír- Peeta, déjame-

- ¡Sigue burlándote! – me dice una vez que me suelta y una carcajada sale de su garganta- Eso fue divertido.

- Pero Peeta -chillo cuando me paso la mano por la cara y siento el líquido viscoso en las mejillas y el pelo- ¿Cómo me iré a casa así? –le digo indignada-

- Tú verás –dice retrocediendo para dejar su espalda descansar en el muro que da fin al terreno de la panadería-

- ¿Yo veré? – repito indignada- ¡Pero si tú me has hecho esto! Mellark, tendrás que darme alguna solución, esto no saldrá con agua –digo apenada y avergonzada- Tendrás que ir a dejarme a casa en la camioneta de reparto- le exijo-

- No puedo, cariño –dice encogiéndose de hombros al momento que niega con la cabeza-

- ¿Cómo que no puedes? –le dijo sacando chispas por los ojos-

- Es que no tengo ganas –dice mientras una sonrisa aparece en sus labios y una ceja se alza seductoramente- Pero, quizás si me das algo a cambio, tal vez me lo pienso –dice encogiéndose de hombros como quien no quiere la cosa, pero él y yo sabemos perfectamente que quiere algo de mí. Si quiere jugar, le daremos en el gusto-

- ¿A sí? –diga alzando una ceja también y bajo la mirada como si estuviese preocupada y luego de una pausa comienzo a caminar hacia él- ¿Y qué es lo que quieres Peeta?

- ¿Yo? Bueno, la verdad es que no sé. ¿Qué tienes para ofrecerme, Everdeen? –me susurra cuando mi cuerpo está cerca del mío-

- No lo sé –digo encogiéndome de hombros. Sus ojos están directamente en mi boca y eso hace que el calor me comience a subir por el cuerpo. Peeta se acerca a mi boca y se mantiene a milímetros- ¿Qué quieres Peeta? –le pregunto mirándolo a los ojos y luego mirando sus labios alternadamente-

- A ti –susurra y su aliento me golpea en la cara. El calor recorre todas mis termales nerviosas y hace que el escalofrío me haga dar un respingo, pero él sigue sin moverse- ¿Y tú, qué es lo que quieres? –me susurra y su labio roza el mío con suavidad. Su boca logra capturar a penas mi labio y me alejo de él-

-Quiero que me lleves a casa Peeta- me cruzo de brazos, alzo una ceja divertida y puedo ver lo conmocionado y descolocado que ha quedado con mi reacción- ¿Y, campeón me llevas a casa? –río sin poder evitarlo y su mirada se enciende-

- Si claro, en un instante –dice caminando hacia mí- Ven acá- dice al instante que me tira de un brazo y me encierra entre el muro contrario y su cuerpo y besa con desesperación-

Sus manos me recorren el cuerpo con velocidad y pasión acumulada, sus besos capturan los míos con firmeza y mi lengua ansiosa se acercó a su encuentro. Mis manos subieron hasta su nuca y presionaron para que el beso fuera más profundo y Peeta aferró mi cintura pegándome a su cuerpo sin permiso alguno. Unos segundos después sus manos se comenzaron a colar por debajo de mi camiseta subiendo y bajando por mi espalda y mis manos tampoco fueron capaces de aguantarse a la tentación de recorrer su espalda. El pecho de Peeta subía agitado por el esfuerzo y mi corazón golpeteaba contra su pecho y aún cuando el aire se hacía escaso no se alejó de mí. La intensidad comenzó a apaciguarse con de pronto, los besos volvieron a ser lentos y profundos hasta detenerse por completo y separar nuestros labios por completo y con brusquedad. Peeta dejó su frente apoyada a la mía mientras respiraba con dificultad y cuando alcé la vista a la suya, sus ojos estaban cerrados, como si estuviese controlándose.

- Pasa algo –le digo tomando su rostro con mis manos para que me mire- Peeta, ¿Qué sucede?

- Nada –dice en un susurro con los ojos aún cerrados-

- Peeta, vamos, mírame. ¿Qué pasa? –le insisto y sus ojos se abren llenos de vergüenza- ¿Qué? – insisto-

- Kat, yo creo que tendrás que dejar de hacer eso –dice cerrando los ojos otra vez y sube su rostro para besar mi frente- Aún cuando fui yo quien empezó.

- ¿Qué cosa? –alzo las cejas confundida y me encojo de hombros-

- Provocarme así, Katniss –y veo como traga saliva y sus mejillas se sonrojan-

- Pensé que te gustaba cuan… -me siento tonta y avergonzada. He seguido los concejos de Johanna, de que a los hombres les gusta que los provoquen y los miren seductoramente, pero de seguro parezco de todo menos seductora cuando lo intento hacer-

- Por eso, cariño –me dice Peeta suspirando- Porque me gusta que hagas eso… -abre los ojos y me mira nervioso- Katniss, no sólo a mi me gustas, sino que a mi cuerpo también y mis hormonas están poniéndose pesadas –dice rotando los ojos mientras se pasa una mano por el pelo, parece frustrado-

- A…. –dudo un instante pero capto su atención, así que debo continuar. Me humedezco los labios con la lengua porque siento seco todo y continuo- A que… ¿A qué te refieres con eso?-

- Ya lo sabes, Kat… -me dice abriendo los ojos y moviendo la cabeza y yo lo miro confundida, quiero que me lo diga- ¿Me vas a hacer decirlo, verdad? –me dice frustrado y yo asiento- Estoy jodidamente excitado con todo lo que tenga que ver contigo, ¿me entiendes? –y el aire de mis pulmones sale entrecortado por mi boca-

- Claro… claro –asiento rápido-

- Cuando haces eso, las hormonas y otras partes de mi despiertan y se descontrolan –suspira otra vez, pone las manos apoyadas en sus caderas- No sé si voy a poder parar cuando hagas ese tipo de cosas, porque al parecer tu tampoco quieres parar – y eso me sorprende, porque tiene razón. Yo no quería parar y quería que sus manos me siguieran tocando- No sé qué es lo que tú piensas sobre esto, sé por tus reacciones que tu cuerpo quiere lo mismo que el mío, pero esto debemos hablarlo como adultos –y se muerde el labio agobiado- di algo, por favor…

- Es… yo… -cierro los ojos suspiro y los abro nuevamente para mirarlo- No he pensado explícitamente, simplemente había decido dejarme llevar, pero no quiero que se nos vaya de las manos –le explico- pero tampoco sé si quiero detenerme y como te dije el otro día, me gusta que me toques y quiero que me toques Peeta –digo bajito, pero sé que me ha escuchado porque su cuerpo me abraza con ternura-

- Tendremos que hablar bien de esto Katniss, pero no aquí –dice mirando alrededor- No entre basureros y materiales –sonríe- Te lo diré claro y de una vez –me susurro cuando toma mi rostro entre sus grandes manos- Te quiero, y quiero estar contigo de esa manera, pero eres tú quien debe pensar qué es lo que quiere- la idea me deja sin aliento y un escalofrío me electrifica el cuerpo de ansiedad-

- ¿Quieres aprender conmigo? –le pregunto con la voz completamente distorsionada por el nudo que tengo en la garganta, trago saliva para aliviarlo y continuo armándome de valor- Peeta… -susurro- ¿Quieres acostarte conmigo? – le pregunto frunciendo las cejas con duda y cuando lo vuelvo a mirar su cabeza niega y me deja de una pieza- ¿Cómo? –sale como una exigencia de mi garganta con ansiedad y reproche y él sonríe-

- No quiero acostarme contigo, Katniss –afirma con serenidad y firmeza al mismo tiempo- lo que quiero es hacerte el amor –y eso me roba el aliento y me provoca un cosquilleo extraño en todas partes- y acostarse con alguien y hacer el amor, no es lo mismo –me susurra- Entonces, Katniss. Ahora la que debe pensar qué es lo que quiere hacer o sentir eres tú –se encoge de hombros- Ya sabes lo que yo quiero, ahora debes saber lo que tú quieres- y aleja su cuerpo del mío para luego señalarme la panadería nuevamente con la cabeza, pero estoy demasiado contrariada para moverme-


Espero que les haya gustado, porfa comentarios, miren que no sé ya si alguien sigue leyendo esto! Jajajaja Un beso enorme para todos los que logren leerme.

Javi.