Capitulo 29:
Me pongo el vestón finalmente y me acerco al espejo para repasar la ropa que me he puesto, o mejor dicho que me han elegido para esta noche y observo el resultado final. Jeans de azul oscuro ajustado, camisa anaranjada y el vestón marrón encima, zapatos marrón. Creo que el haberme traído la ropa del Capitolio no fue tan mala idea, desde luego. Si dijese que estoy tranquilo estaría mintiendo rotundamente, estoy ansioso y lo único que quiero es ver la sonrisa de Katniss cuando descubra lo que he preparado para ella. Debo ser honesto y reconocer que no podría haber preparado todo yo solo y que la ayuda de Johanna me ha caído como anillo al dedo, si bien tuve que aguantarme muchos comentarios molestos y vergonzosos, ha valido la pena, todo sea por Katniss. Siento que golpean la puerta de entrada con espero y pienso en que puede ser Haymitch, pero de inmediato lo descarto, si fuese él tendría llaves y no habría necesidad de golpear la puerta para que le abra, además la intensidad de los golpes no son característicos de su nueva personalidad pasiva y sobria. Bajo rápidamente las escaleras y llego hasta la puerta que no deja de sonar.
- ¡Que ya van! –grito acercándome hasta la puerta-
- Joder, Peeta – dice una Johanna entrando a la cada sin siquiera esperar a que me aparte de la puerta- Por qué tanta demora…
- ¿Por qué tanta histeria? – contraataco a su actuar-
- Te venía a avisar que está todo listo, falta sólo que vayas a buscar a Katniss – sonríe acercándose a mí y me estira la camisa que se me ha arrugado al bajar las escaleras- No he ido a su casa porque sé que debe estar histérica y no quiero ponerla más nerviosa– me sonrié nuevamente y me pone las manos a cada costado de mi rostro- Más vale que lo hagas bien, Peeta Mellark, tú y tu humanidad deben hacer todo perfecto- dice alzando las cejas sugerente, me besa una mejilla y camina hacia la cocina- ¿Y el borracho? –pregunta tomando un vaso de la alacena-
- Lo mismo me pregunto yo… ha estado desaparecido todo el día- le cuento mientras apoyo mi costado derecho en el marco de la puerta-
- Raro –dice entrecerrando los ojos, preocupada. Termina de beberse el zumo que se ha servido en el vaso y lo deja en el fregadero- Bueno, Chico del Pan, es tu momento –sonríe mientras vuelve a acercarse a mi-
- ¿Ya te vas? ¿Segura que está todo listo? – le pregunto nervioso, siento como el calor me empieza a subir a las mejillas y como las manos comienzan a sudarme- Johanna yo…
- ¡Tranquilo! – me dice al instante que me toma el rostro para que la mire- Mírame, va a salir todo bien, ella confía en ti, tú confía en ella también ¿bueno? – me dice abriendo los ojos y yo asiento botando todo el aire que tengo- Muy bien Chico.
- De verdad muchas gracias- Johanna sonríe con sinceridad y me abraza fugazmente pero con intensidad-
- No me des las gracias, saldrá todo bien- dice palmeándome el hombro y saliendo de la cocina en dirección a la puerta de entrada- Dejé todo tal cual me dijiste, así que faltan sólo ustedes- agrega finalmente antes de salir de mi casa tan rápido como entró-.
Me he puesto el vestido que Johanna dejó sobre mi cama en la tarde, es de un tono naranja intenso que parte desde el nacimiento de mis pechos dejando mis hombros y parte de mi espalda descubiertos, a la altura de la cintura tiene un cinto de tono amarillo que hace un juego y contraste perfecto con el tono de mis zapatos de taco alto en punta y el pelo recogido en una coleta alta.
Hace quince minutos que estoy sentada en frente del espejo tocador que hay en una esquina de mi habitación, pensando en qué maquillaje sería el adecuado. Me es inevitable pensar en Cinna y en las maravillas que él habría provocado con un solo pincel sobre mi rostro, descubriendo colores y mezclando texturas como lo hace Peeta sobre sus lienzos. No quiero sentir tristeza, no hoy, Cinna habría querido que fuese un día, una noche y un momento especial y por él debo estar fuerte. Abro una paleta de colores, tiene de todos aquellos que puedas imaginar, y me dedico a analizar una por una las divisiones de colores hasta que doy con los pálidos. Como no sé muy bien lo que se hace, intento imitar lo que he visto de Johanna cuando la visito por la mañana y recordar la forma en la que me aplicaban algunos productos cuando mi Equipo de Preparación se encargaba de ello. Finalmente, me he decidido por un tono semejante a mi piel un poco más oscuro y resalté mis largas y oscuras pestañas con el pequeño cepillo y pincel y para terminar coloreo mis labios con brillo y eso es todo, prefiero ir lo más natural posible. Esta noche debe ser natural.
Me levanto, estiro el vestido que cae vaporosa y ampliamente alrededor de mis piernas, pero sin dar ese efecto de niña que logró Cinna en mí en alguna de las entrevistas que dimos al ser vencedores con Peeta, hoy parezco una mujer. Me doy un último vistazo en el espejo y decido bajar las escaleras con cuidado. Cuando llego a la primera planta me siento en el sillón nerviosa, mis manos descansan sobre la falda del vestido y entre ellas se enlazan y sueltan cada tanto… Se me va a salir el corazón del pecho o me voy a desmayar si sigo aguantando la respiración, pero es que los nervios son más fuertes que yo.
Toc-Toc… Llaman y yo pego un salto y sonrío como tonta por la ansiedad. Me levanto, e intento calmar mi corazón desbocado… ¡Pero si ni siquiera me toca todavía! Dios, esto es más terrible de lo que pensé que podría ser. Me paro en frente de la puerta y siento el hormigueo de mi cuerpo por la anticipación y un nuevo Toc-Toc interrumpió mi intento de inspirar y botar para calmarme. Abro la puerta y me encuentro con una espalda ancha enfundada en una chaqueta de tela marrón y unas manos inquietas que pasan por el pelo rubio. De in mediato, se giró y me encontré con sus ojos de azul profundo y una sonrisa que al comienzo nerviosa, enfunda sus labios rojos.
- Srta. Everdeen- dice tragando saliva y asiendo un movimiento formal con la cabeza, ese que hacen los hombres cuando llevan sombrero, claro que aquí no hay sombrero, ni movimiento de mano, sólo su cabeza- Esto es para ti –dice al tiempo que del bolsillo externo del vestón saca una flor silvestre y anaranjada que hace juego con su ropa y la mía. Johanna, pienso sonriendo.
- Mellark, muchísimas gracias –sonrío siguiéndole el juego al tiempo que tomo la flor y sus dedos rozan los míos- ¿sería un desatino decirle que lo esperaba?
- Todo lo contrario, me hace sentir halagado –se acerca a mí y me roza suavemente una mejilla- Hola –me susurra y es como si pudiese sentir su corazón latir junto al mío-
- Hola… -susurro y sus labios acortan la distancia entre nosotros y toman posesión de los míos con suavidad y dulzura. Sus manos se posicionan en la base de mi cuello y luego de unos segundos se aleja de mí y me mira a los ojos- Quería ser un caballero y no tocarte hasta en mucho rato más, pero es imposible- sonríe-
- Contrólate- digo sonriendo y con el pulgar le quito parte del labial que le ha quedado sobre el labio superior- Pero tranquilo hasta ahora sigues siendo un caballero-
- Te ves realmente preciosa –dice alejándose un poco de mi para hacerme girar sobre mis pies- y combinamos –ríe con ganas dejando ver sus perfecta sonrisa- Creo que Johanna tiene mucho que ver con esto…
- Indudablemente- afirmo- y también es tu color favorito- me encojo de hombros-.
- ¿Vamos?- me pregunta ofreciéndome su brazo y yo estiro el mío para entrelazarlo con el suyo-
- ¿Dónde me llevas? –le pregunto curiosa-
- Es una sorpresa, Katniss. No te lo puedo decir, si no deja de ser sorpresa- me explica con obviedad mientras bajamos los escalones de mi pórtico. De pronto suena el móvil de Peeta, me suelta la mano y encuentra el aparato- No puede ser. –suspira molesto-
- ¿Qué sucede? –le pregunto deteniéndome a su lado-
- Que mi cómplice olvidó algo de la sorpresa en la oficina de la sorpresa- explica como si lo que dice fuese normal y comienzo a reírme con fuerza y él me mira abatido- de seguro suena más estúpido de lo que sonaba en mi cabeza- y yo asiento- Bueno, tengo que ir a mi casa –
- No hay problema- le digo encogiéndome de hombros porque la verdad es que no me importa ir a ningún sitio o demorarnos en lo que sea mientras siga cerca de él- Peeta, ¿A dónde vas?- le pregunto cuando su mano tira de la mía hacia el lado opuesto de la glorieta-
- Vamos a mi casa –afirma como si fuera obvio-
-Pero tu casa está hacia allá- digo apuntando hacia la derecha de mi casa, el camino contrario al que quiere tomar-
-No, esa es la casa de Haymitch. Mi casa está hacia allá –me explica caminando nuevamente-
- Ahhhh, claro, entiendo. –asiento-
- No quería que Haymitch saliera con ningún tipo de comentario que me hiciera sentir incómodo, así que decidí preparar algunas cosas en mi casa- y asiento mientras camino a su lado- ¿No sientes frío? –me pregunta cuando la brisa nocturna de primavera llega hasta nosotros-
- No, no tengo frío –sonrío y él pasa su brazo por mi cintura pegándome a su cuerpo- Aunque si esa era la excusa para abrazarme…- bromeo. El nerviosismo ha ido desapareciendo desde el momento en que vi a Peeta en el mismo estado y ha dado paso a una calidez y comodidad extraña entre nosotros.-
Pasan los minutos y caminamos tan lento que pareciera que la casa está más lejos de lo que realmente lo está. Y extendiendo ese silencio cómodo, pienso en las cosas que nos han traído hasta este momento, a las personas que ambos hemos perdido, a aquellas que hemos ganado y los cambios que se han provocado en nosotros calándolo profundamente. Mis dudas, sus miedos, mi inseguridad y su naturalidad, todo diseñado y encajado tan perfectamente que se ensambla de una manera maravillosa que me sorprende. El calor de su mano contra la mía y su cuerpo contra el mío que contrasta contra la suave y fresca noche de primavera. Si hace un par de meses, me hubiesen dicho que volvería a sentirme afortunada, viva, feliz o simplemente cómoda conmigo misma, habría sido una locura, me habría reído en su cara y habría vuelvo a enterrar el rostro en la almohada para intentar apartar la realidad de mí. Pero ahora, esto que parece un sueño es más real que muchas cosas que he vivido hasta ahora, sé que hablo como si fuese muy adulta o como si tuviese mucha experiencia, pero él me hace sentir así, Peeta me hace sentir viva de nuevo.
Yo que siempre he sido solitaria, que siempre he estado cómoda sola, sin nadie que estorbe, ahora lo necesito para sentirme completa y creer que yo también lo completo. Necesito a Johanna para sentir que la lealtad existe, que la amistad también y que tengo capacidades internas que me permiten vivirlo y formarla con ella. A Haymitch, también lo necesito, que me entrega su locura, su autoridad innecesaria y su protección incondicional, es lo más cercano a un adulto responsable, aunque lo único que tiene de ello es adulto, pero que ha sido capaz de elegirme en los Primeros Juegos, intentar salvarnos a ambos en las Segundos, quedarse con Peeta y elegirlo en después de la Rebelión y hoy elegir ser parte de nuestras vidas de forma permanente. Son lo más cercano que tengo a una familia, extraña, imperfecta y llena de trabas, pero perfecta a su manera y hoy todos esos cambios me llevan a tomar la decisión de amar por completo a Peeta, todas esas cosas me han transformado de tal forma que me quieren dejar vivir, pero de verdad, no como creía que se vivía.
- ¿En qué piensas? Estás muy callada- me pregunta Peeta apegándome a su cuerpo para recordarme que está a mi lado- Estás sonriendo –me dice-
- Pienso en todo y en nada a la vez- contesto apretando su mano y apoyo la cabeza en su hombro cuando empezamos a subir los escalones de su pórtico, se para de frente a mí y me mira-
- Los ojos te brillan –me dice acariciando mi mejilla y dejando un suave beso en mis labios-
- Los tuyos también –le digo jugando con el borde de su chaqueta-
- Es porque estoy feliz –sonríe mirando mi rostro con ternura-
- Bueno, yo también lo estoy, y mucho –sonrío tan ampliamente que las mejillas me duelen y lo abrazo con fuerza y él me responde con calidez. Cuando nos separamos me toma las manos -¿Te demorarás mucho? –le pregunto señalando la puerta con la cabeza-
- No, pero puedes acompañarme. Encuentro lo que busco y nos podemos ir –sonríe. Se acerca a la puerta introduce la llave y abre la puerta- Señorita Everdeen, por favor- dice estirando su mano como dando me paso- Puedes encender las luces por favor, como las casas son iguales, de seguro encuentras el lugar, puedes esperarme en el salón- dice agachándose en el umbral de la puerta de entrada al tiempo que ata los cordones de sus zapatos-
Entro y camino por el pasillo, toco el interruptor y la ampolleta genera luz, luego entro con cuidado al salón para encender la luz y siento un aroma particular, como dulzón, pareciera que es a flores naturales. Logro dar con el interruptor y al encenderse la luz mis ojos quedan perplejos. Hay una pequeña mesa con bocadillos, copas y una botella de champán en hielo. Alrededor, cojines amplios regados por el suelo, velas sin encender y pétalos de flores de colores por todas partes. Cuando estoy a punto de ir a buscar a Peeta, siento su mano tocando mi hombro y abrazándome con fuerza por la espalda.
- Creo que no será necesario ir a ningún lado, has encontrado lo que buscaba- me susurra al oído cuando apoya su mentón en mi hombro desnudo y luego deja un beso en él-.
ANTES DE TODO: ¿QUIÉN QUIEREN QUE NARRE LA PRIMERA VEZ? Porque se me complica cambiar en ese capitulo en particular, así que decidan y en los reviews den su opinión, el que gane se publica.
Ya no sé de qué manera exponer que soy la peor por subir con tanto tiempo entre medio, pero la Universidad ha sido maldita conmigo y ya me queda un solo examen, por lo que, volveré a tener vida c:
Espero de verdad que les haya gustado, agradezco infinitamente a todos aquellos que se han seguido uniendo a esta locura que tengo en la cabeza, de verdad MUCHÍSIMAS GRACIAS! Mi gente linda, no revisé el capi, así que perdones por los errores que puedan haber, si me poní a releerlo no terminaba nunca.
AH, de todos los comentarios lindos que he recibido, quiero destacar el de mariee de verdad no te imaginas lo emocionada que me hicieron sentir tus palabras sobre como escribo, esas cosas marcan C:
Besos para todos, infinitas gracias por leer.
