DECLARO: Que los personajes y la historia pertenece al mundo de The Hunger Games y son de propiedad de Suzanne Collins, su adaptación presentada a continuación es mía. todo sin fines de lucro.


Capítulo 35:

La visita a Effie ha sido de lo más agradable, nos recibió en una casa mucho más pequeña que las nuestras en la Aldea de los Vencedores, pero parece un hogar mucho más acogedor que cualquiera de las nuestras. Fue una tarde agradable conversando sobre todo y nada en particular, charlando sobre los pensamientos y sensaciones sobre el futuro etc. Ahora vamos camino a casa con Johanna y a nuestras espaldas el sol comienza a esconderse dejando en el ambiente un color anaranjado y marcando mi cuerpo en la tierra con una sombra.

He tenido una sensación extraña en la base de la nuca, es como si el pelo estuviese en punta y mis sentidos alerta más de lo que quisiera, como cuando salía a cazar.

- Estás extraña- dice Johanna sacándome de mis pensamientos- Sé que no eres muy buena conversando, sociabilizando o todo eso, pero no sé… estás rara.

- ¿Yo? –pregunto moviendo la cabeza y me giro a mirarla, el sol le marca los rasgos de la cara- No sé…

- ¿Hay alguien más aquí acaso? – dice Johanna irónica rodando los ojos- Suéltalo, ¿qué es lo que te tiene más muda de lo común?

- Tengo una sensación incómoda en el cuerpo… -le digo metiendo las manos en los bolsillos del pantalón- No sé cómo explicarlo – le digo haciendo una mueca-

- ¿Una sensación buena o una sensación mala?- me pregunta frunciendo el ceño-

- No lo sé- niego con la cabeza y ambas comenzamos a entrar hacia el conjunto de casas que conforman nuestra Aldea-¿Vienes a comer con nosotros? – le pregunto cuando llegamos hast ael pórtico de mi casa-

- No, esta vez paso. – dice sonriendo- Creo que necesito estar sola por hoy – sonríe nuevamente pero con menos fuerza-

- ¿Estás bien? – pregunto extrañada y ella asiente- Bueno, cualquier cosa, estoy aquí – me encojo de hombros-

- Lo sé –asiente y se gira para caminar- Nos vemos descerebrada –grita moviendo la mano sobre su cabeza para despedirse- dale mis saludos al panadero-

- Lo haré- le grito a su espalda que ya se aleja por el camino, mientras subo las escaleras y entro a la casa-

Simplemente abrir la puerta siento el olor de Peeta rondando por la casa, su chaqueta está tirada en el sofá y la radio está encendida llenando el espacio de una suave música, lo que deja en claro que hay alguien en casa, no alguien, él. No logro reprimir la sonrisa que se dibuja en mis labios y al suspiro que luego se arranca entre ellos, pero de inmediato intento recuperar la compostura y camino hacia la cocina con tranquilidad, pero me encuentro con que está vacío. Agudizo un poco más los sentidos y logro escuchar el repiqueo de la ducha en el segundo piso, por lo que supongo, Peeta debe estar duchándose.

Me acerco a la nevera para sacar un jarro y luego a la estantería para sacar un vaso donde servir jugo y me siento sobre uno de los bancos a beber el contenido esperando a que Peeta baje. Los segundos pasan lentamente y el agua de la ducha no se detiene, por lo que, simplemente me voy hacia el escritorio para buscar un libro o algo con lo que entretenerme. Cuando entro, un millón de recuerdos inundan mi mente de manera involuntaria dejándome sin aliento en el proceso y golpeándome el pecho con furia: Snow desafiándome, Peeta y yo decorando el libro de plantas, el té de mi madre, Prim haciendo las tareas en el escritorio, yo intentando pensar en cómo escapar, la rosa de Snow cuando volví al distrito hecho cenizas. Recuerdos y más recuerdos. Hace muchísimo tiempo que no era capaz de entrar a este lugar, pero hoy de manera inconsciente no he sido capaz de recordar la advertencia que mi propio cerebro levanta cada vez que me acerco a él. La angustia que me rodea es abismante y casi asfixiante, pero tampoco soy capaz de salir de este lugar, tengo los pies clavados al piso. Cierro los ojos con fuerza y sólo puedo mover las manos para taparme el rostro e intentar controlar mi respiración que se ha salido de control, estoy recuperando las sensaciones en el resto del cuerpo que parece anestesiado y cuando por fin puedo mover los pies y me dirijo a la puerta para salir mi cuerpo choca con el de Peeta que apareció de la nada.

- ¡Dios!- dice él sorprendido al chocar conmigo- ¿En qué momento apareciste? ¿Te he hecho daño? – pregunta tomándome por los brazos-

- Estoy bien… -suelto en un extraño soplido que ha sustituido a mi voz- Lo siento, no- yo no- yo no quise asustarte- explico pestañando con rapidez y apretando los ojos alternadamente-

- ¿Estás bien? – me pregunta tomándome el rostro entre sus manos- Estás muy pálida, ¿pasó algo donde Effie? Vamos, siéntate un momento– dice guiándome hacia dentro del escritorio nuevamente-

- ¡No! – niego y por fin sale mi voz- Por favor, salgamos de este lugar- digo sintiéndome débil, pero el brazo de Peeta me toma por la cintura con fuerza y me guía hacia el pasillo nuevamente- ¿Podemos salir al patio? – le pregunto suavemente y él no dice nada, sólo me guía hacia afuera-

Una vez que me siento en los escalones, Peeta desaparece nuevamente al interior de la casa y vuelve con otro vaso lleno de zumo y se sienta a mi lado extendiéndolo hacia mí, yo sencillamente le sonrío y recibo el vaso para beber. Han pasado unos minutos y Peeta no ha emitido sonido, sólo mira hacia el horizonte y su cuerpo está tenso, quizás algo le ha sucedido en la Panadería, porque está mucho más serio y tenso desde que lo vi allí esta mañana.

- ¿Te sientes mejor? – me pregunta de pronto saliendo de su ensimismamiento para luego mirarme preocupado, pero la sensación de tensión en el aire no desaparece y nuevamente experimento la molestia en la base del cuello-

- Sí, gracias – sonrío tímidamente- Lo siento, no quise asustarte – negué con la cabeza-

- ¿Qué sucedió? – me pregunta sin la dulzura común de su voz-

- Nada, en realidad. Entré al escritorio a buscar un libro o algo para leer mientras te esperaba y de pronto… yo sólo…-

- ¿Qué, Katniss? – me pregunta-

- Me paralicé, sólo fue eso. Hace mucho que no entraba a ese lugar y los recuerdos me golpearon de pronto, no podía moverme- le explico con dificultad. ¿Por qué tengo la sensación de que Peeta está molesto conmigo o algo? Está actuando muy extraño-

- No me di cuenta de que llegaste y como sentí ruidos en el primer piso, bajé rápido a ver que sucedía, te llamé varias veces desde el dormitorio y como no hubo respuesta me asusté y bajé- me explica pasándose las manos por el pelo que descubro está húmedo-

Un silencio extrañamente incómodo se extiende entre nosotros y nos deja a ambos mirando hacia el frente donde se ven los últimos rayos del sol descansando en la copa de los árboles. Siento a Peeta juguetear con algo entre las manos, abre la boca como si fuese a decir algo y de inmediato la cierra para después tensarse otra vez.

- ¿Qué tal estuvo tu tarde? – le pregunto de pronto. No soy una persona muy comunicativa, pero con Peeta últimamente se me da fácil comunicarme y la incomodidad entre nosotros me está volviendo loca-

- Bien –dice él asintiendo sin despegar la mirada de donde está posada- Creo que en un par de días podremos abrir, si llegan las máquinas del capitolio y los muebles que he pedido – de nuevo el silencio que se extiende entre nosotros- ¿Cómo les fue a Johanna y a ti donde Effie? – me pregunta con poco interés-

- Bien, muy bien – asiento- Conversamos mucho, nos contó sobre cómo van las cosas en la escuela, los profesores y los estudiantes, algunas cosas sobre el Capitolio y las nuevas políticas de migración entre los distritos y que según ella sabía, hoy llegaba otro tren con gente desde distintos Distritos porque la Veta ha inaugurado otra etapa de construcción lista, por lo que la gente puede llegar a vivir con seguridad de que habrán hogares- y cuando le cuento sobre lo último, el cuerpo de Peeta se hace una roca a mi lado- ¿Estás bien? – le pregunto sin poder reprimir más la curiosidad y preocupación- Estás extraño- le digo mirándolo, pero sus ojos evitan a los míos y ahora su mirada se posa en sus manos que están aferradas entre sí con fuerza- Peeta, háblame.

- Estoy bien – dice escuetamente- Sólo un poco cansado, nada más.

- No te creo- le digo entrecerrando los ojos- Ni siquiera me miras- le digo suspirando- Te conozco, y tú no eres así, mírame- le digo con firmeza y luego de dudarlo su mirada sube y enfrenta la mía, pero a diferencia de su cuerpo rígido y distante, su mirada se ve preocupada y con algo que no logro etiquetar- Tú eres el que sabe expresar lo que siente, tú eres el que tiene que sacarme las ideas a la fuerza, ¿qué sucede que no me hablas? ¿hice algo que te molestara o que?-

- No, no es eso. – suspira mirando hacia otro lado y se pasa las manos por el pelo incómodo-

- ¿Entonces? – le pregunto sin comprender-

- Nada, no sucede nada – dice extendiendo una sonrisa y simplemente estira sus brazos para abrazarme con fuerza pegándome a su cuerpo.

El abrazo de Peeta es diferente a todos los demás que me ha dado. Me aprieta contra su cuerpo con fuerza como si quisiera evitar que escapara de él, su nariz se esconde en mi cuello y sus brazos comienzan a subir dejando uno aferrado a mi espalda y el otro enredado en mi pelo. El olor de Peeta me inunda y las gotitas del pelo mojado han caído sobre sus hombros descubiertos, ya que lleva una sudadera sin mangas. Mis brazos se cuelan bajo los suyos y pareciera que me ha contagiado su necesidad porque me aferro a él con la misma fuerza posesiva que él ha marcado sobre mí. Al instante, siento que en mi cuello irradia el calor típico de cuando Peeta deja sus labios sobre él y esa sensación se desliza por el resto de mi cuerpo haciéndome querer más de él.

- Te amo…-dice levantándome y sentándome sobre su piernas para luego apretarme contra su cuerpo cálido- No olvides nunca que te amo, Katniss – susurra alejando mi rostro de él para mirarme a los ojos con una intensidad desconocida en él- ¿Me amas? –pregunta de manera posesiva, nunca antes ha presionado a que las palabras salgan de mis labios, pero algo le sucede, algo debe estarle pasando, porque por primera vez quiere escucharlo con palabras- ¿Katniss, me amas? – y esta vez las palabras salen un poco más bruscas de lo normal-

Un miedo extraño se extiende en mi cuerpo y me hace estar alerta, pero si sólo es Peeta, él nunca me hará daño, soy yo la que siempre lo daña. Veo su mirada un poco oscura y temo porque pueda darle un ataque justo en este momento.

- Te amo… -susurro rosando su mejilla con mis dedos- Te amo, Peeta, tanto que me da miedo… -le susurro mientras él no despega la vista de mí y es tan intensa que no soy capaz de sostenerla y lo abrazo-

Luego de abrazarme con fuerza, me despega de su cuerpo y busca mis labios chocando los suyos con una fuerza y desesperación impropias de él. El cuerpo de Peeta nuevamente se aferra al mío y sus labios se mueven con una velocidad e intensidad que hace que cada célula del cuerpo tiemble. Muerde, lame, besa y repite, dejándome completamente desorientada y sin recordar por qué sentía dolor hace un instante. Juega con mi labio superior y la necesidad se ha desplegado por mi cuerpo, enredo mis dedos en su cabello rubio y húmedo, mientras el cuela las manos bajo mi camiseta. Las sensaciones están por todas partes y un gemido se aparece en mi garganta cuando Peeta rosa uno de mis pechos y su lengua se introduce en mi boca. Mi lengua sale a su encuentro y ahora no soy sólo yo quien suelta gemidos o sonidos roncos. Cuando Peeta comienza a tirar de mi pelo, a pasar las manos por mi piel de una forma más ruda de lo comón e intenta sacarme la camiseta, es cuando recuerdo que este no es él y que su comportamiento es extraño, no me quejo, me gusta esta nueva faceta de él, pero eso no quita me asuste un poco su actitud.

- ¿Qué sucede Peeta? – digo jadeando cuando me despego de él con fuerza intentando que mi respiración se vuelva normal- Algo te sucede, lo sé.

- Yo… Yo… - jadea él en el mismo estado en el que estoy yo- Tú me amas…

- Sí, lo hago. Pero no me gusta tener esta sensación en el estómago de que algo está mal dime qué es lo que está pasando, Peeta- le digo más seria de lo que quería-

Peeta vuelve a mirar al frente y luego cubre su rostro con sus manos apretándose la cara con fuerza y soltando un gruido.

- ¿un ataque? – susurro con suavidad para no alterarlo y él se levanta bajando los dos escalones y parándose frente a mí- Peeta ¿dime qué es lo que?-

- Gale ha vuelto – suelta de pronto levantando la vista para mirarme con los ojos enrojecidos de algo que no sé si es furia, tristeza, miedo o todo ello junto-

- ¿Qué estás diciendo, Peeta?- digo en un hilo de voz negando incrédula y la garganta se me cierra por completo-

- ¡Qué Gale volvió! – me grita sulfurando- Ha vuelto. Vino a la panadería minutos antes de que tú salieras y…-

El calor de los besos y el tacto de Peeta desaparece por completo de mi cuerpo, dándole espacio a la locura que me persiguió todo el día, como si la angustia hubiese estado detrás de mí todo el día asechando, esperando a que la verdad se asomara sola y me envolviera en su locura.


Hola a todo el mundo! Gracias por leer, gracias por la buena onda, los comentarios, los favorites, todo!

No estoy muy inspirada hoy y estoy con un par de problemas familiares es por ello que desparecí esta semana y la anterior, pero volveré a escribir lo prometo!

Saludos para todos, Javi.