La lechuza de correo aleteó indignada cuando Ives le escupió el té, al leer la página 2 de The Daily Prophet:

Nueva Pareja en Hogwarts

De muy buenas fuentes hemos confirmado el bien recibido compromiso de noviazgo entre un feliz Sr. Ives Cavendish, de los Barones Cavendish de Little Hangleton, con la Srita. Pansy Parkinson, de una insigne familia de excelentes funcionarios del Estado Mágico.

Esta relación oficial representa un soplo de aire fresco en un panorama dominado por los continuos devaneos de Ms. Hermione Granger, a la que se relaciona con varias parejas sentimentales. En contraste, los jóvenes Parkinson y Cavendish nos traen de vuelta a los firmes valores del Colegio Hogwarts, de los que el joven Hufflepuff es ejemplo de caballerosidad y la señorita Parkinson, de nobleza.

"Me siento muy satisfecho, muy afortunado", manifestó el joven Cavendish, "y espero con verdadera ilusión que mi reverenciada Pansy y yo alcancemos la mayoría de edad, para dar dichosa culminación a nuestros sueños, yendo al Altar de los Druidas".

No podemos sino felicitar a la bonita pareja deseando que se contenga con respecto a los normales impulsos de los corazones apasionados y que consoliden su relación en el mutuo conocimiento de sus almas, como sin duda será, en la ternura, la devoción completa del joven Cavendish hacia su Amada…

Ives salió corriendo a buscar a Pansy, notando de reojo que algunas alumnas lo señalaban al reconocerlo y otras la sonreían. Él les respondió igual, sin entender el motivo, tomando las escaleras.

Un Gryffindor le gritó desde un tramo superior, tocándose una sien:

―¿Tienes nueces en la cabeza, Cavendish?

Una Ravenclaw que bajaba los peldaños, volteó y le sonrió.

―¡Llévame al Altar de los Druidas, corazón apasionado!

Susan Bones, de Hufflepuff, se detuvo un segundo al subir las escaleras:

―¡Qué valor el tuyo! ¿Cómo te hiciste novio de una Slytherin? -yéndose sin esperar respuesta.

Recibió palmadas de felicitación sin saber de quién, la mirada extrañada de Goyle y arriba, un grupo de Ravenclaw se pasaba los brazos por los hombros, balanceándose y cantando:

Afortunado como pocos,

dinos tu secreto, tigre...

Salió, deteniéndose al encontrar a Pansy con Draco y otros cinco Slytherin, entre ellos Crabbe, enfrentándose a Hermione y a Harry, acompañados de otros tantos Gryffindor, éstos, mudos como acostumbran en los grandes sucesos.

Ives, que era cuidadoso con su aspecto, no entendía por qué varios Slytherin daban impresión de ser gángsters, pues pese a su dinero nunca encontraban camisas que les cerraran del cuello, ni conocían la plancha, y llevaban la corbata como colgándose un zorrillo. Por lo menos Pansy -que hacía caras de desprecio y hablaba mal a Harry-, su camisa y corbata, aunque mayores de su talla, le daban un aire rebelde.

Ives se detuvo cerca de ella, por no animarse a distraerla.

―¡Sácale punta a tu varita con tus dientes, ardilla! -gritaba Pansy a Hermione.

La castaña dio por terminado el encuentro, llevándose a Harry, seguida por los otros. Al alejarse, hizo un gesto de desprecio a Pansy y a Ives. La Gryffindor lo tomó como simpatizante de los Slytherin al haber leído la noticia.

Ives abrió la boca para hablar con la Slytherin, pero no le salió un ruido. En cambio, la chica continuó retando a los Gryffindor que se marchaban.

―¡Así me gusta, que me tengas miedo, cabellos de resorte de la poltrona de tu abuela…!

El grupo Slytherin se disgregó, con Draco sonriendo torcidamente acompañado de su guardaespaldas. Pansy giró de inmediato hacia Ives -señal de que notó su presencia desde hacía rato- y tuvo un cambio instantáneo: le sonrió como si no hubiera sostenido una riña hacía un segundo.

―¿Viste que aparece tu título nobiliario? -preguntó, encantada.

Ives comentó, desenrollando el ejemplar del Prophet, para ponerla en situación:

―Efectivamente, soy 13º Barón Cavendish de Little Hangleton, pero pregúntame cuántas tierras y súbditos tengo.

―¿Cuántas tierras y súbditos tienes?

―Cero. De los dos. Y dos por cero es igual a cero.

Ives estaría en el Directorio de los Sagrados Veintiocho, pero de parte muggle en el siglo 17 le venía aquel título, aunque limitado al mundo mágico. Tan obsoleto que ningún habitante de Little Hangleton sabía que fueron gobernados por Barones Cavendish hasta 1805.

Pansy se colocó de costado a él, tomando la hoja, analizándola con lo que parecía admiración.

―Qué bien nos describen… -opinó ella- Hablaste tan bello de mí...

―Pansy, ¿de dónde salió eso de entusiasmado, devoción, etcétera?

Ella apoyó la punta de su nariz en la mejilla de Ives, aspirando repetidamente.

―Ives, Ives… mh, mh, qué rico… qué rico…

Viéndola de soslayo, Cavendish tuvo la misma perspectiva que la de cara de un gatito al olisquear. El rostro de Pansy, con los ojos cerrados, se alisó, dominando la punta de su nariz.

―… qué rico hueles… mh, mh…

―Es suficiente, Parkinson.

Llamarla por su apellido era lo más drástico para él.

Un "señorita Parkinson" habría sido el colmo de la rudeza, usado de haber visto a Pansy anoche, en su Sala Común, con la punta de la pluma en los labios, frente al papiro donde redactaba la nota para que la Skeeter la mejorara e insertara en The Daily Prophet.

―"Siento que muero de dicha al ser novio de Pansy…" -analizaba- "Amo tanto a Pansy que me casaría con su presentación de boggart…" Mmh… "Temo que me dé una anemia de tanto que la adoro…"

Pansy olía la mejilla de Ives, embelesada:

―¿Qué te pusiste hoy?

―Jabón Sándalo de Sarnath.

―¿Y loción?

Brisa de Baalbek.

―Ives… siempre hueles tan rico… mh… por eso eres mi novio…

―¡Cuál novio! -saltó, estupefacto, viéndola de reojo, pero sin quitarse.

―Mi novio… mh, mh… ya viste lo que dice El Profeta…

―¿De dónde salió esa noticia?

Los olisqueos de Pansy, el contacto con su nariz y su voz, tan cerca de su cara, lo intranquilizaron.

―De Rita Skeeter -informó, sin dejar de olisquearlo.

―Lo dudo.

Se apartó con suavidad; le habría sido muy poco amable quitarse bruscamente.

―Tu forma de decirlo sugiere que tienes una teoría -afirmó ella, intrigada.

―¡Teoría: tú fuiste! -rio, estupefacto.

―¡Para nada! -se le escapó una risa.

―¿Y por qué ríes?

―Me acordé de otra cosa.

―Ah. Tú no fuiste, entonces.

Con total gesto de inocencia, que para Ives fue bastante simpático y complicado de rebatir, Pansy elevó el índice y medio, formando la cornamenta que se usa para poner al Astado por testigo.

―Lo juro, mira.

Cavendish dudó. Desconocía por completo que hacía tres días Pansy había escrito a su papá una carta zalamera para convencerlo de lograr que la Skeeter insertara aquella nota en El Profeta.

Las zalameras son muy raras. Medio Hogwarts teme a las vociferadoras y por eso tienen gran fama. Las zalameras son usadas por las niñas consentidas y se despliegan -aunque sean alumnas de séptimo año-, haciendo voz melosa. El papá de Pansy tuvo que soportar la tercera que le envió su único retoño, viendo a la carta mover la boca y los ojos de enormes y escasas pestañas:

Anda, ¿sí, papi? ¿Sí, papi? ¿Me das gusto? ¿Me das gusto? Hace mucho que no te pido nada, anda, ¿sí? Qué te cuesta, ¿sí, papi? Es un Barón Cavendish, no dudes ni tantito que con el tiempo dejará sus tierras a nuestra familia. Es un chico muy serio, formal, respetuoso, ya no te vas a estar preocupando por "la víbora bañada en cloro" de Draco, como le dices. ¡Y me quiero dar ese gusto, papi! ¡Me voy a enojar mucho contigo si no me complaces! ¡Nada te cuesta hacerme caso! ¡Y prometo dejar de hacerte la vida pesada, como te quejas con a mi mamá! Anda, ¿sí? ¿Eh, eh, eh? ¿No vas a darle ese gusto a tu nena? ¿Eh, eh, eh?

Tu consentida que te quiere muucho,

:P

PD. Ese dibujo lo hizo el Barón Cavendish para mí, ¿ves cuánto me quiere?

Ives presintió que protestaba a contracorriente, pero insistió.

―¿Te das cuenta que sólo en teoría soy dueño de Little Hangleton?

―¿Crees que te hablo porque piense que eres terrateniente? -se admiró ella, al entender- ¡Eres muy gracioso! ¡Si fuera por dinero, elegiría a Draco! ¡Tú solo tienes un gran pasado!

―Gracias -dijo sinceramente, sin entender el sarcasmo-. Y por curiosidad, ¿no se enojan contigo en Slytherin?

Pansy se encogió de hombros.

―A mí puede gustarme quien yo quiera -hizo un mohín con los labios.

―Yo no te gusto. ¿Malfoy no te dice nada de esta nota?

―¿Qué me tendría qué decir?

―No entiendo… ¿tú y él, no son novios?

Ella movió la cabeza, haciendo cara de "no sé de qué me hablas". Añadió:

―Cada quien tiene los amigos o novios que quiere, sin olvidar que tú eres sangre limpia, o bueno, casi, pero más que la Sabelotodo y sus compinches. Los Weasley se han de haber colado en el Directorio gracias su hijito en el Ministerio. Qué casualidad que acepten a un Gryffindonkey entre los Sagrados Slytherin.

Aunque a Ives lo intimidaban los Slytherin, se armó de valor y le respondió:

―Me alivia saber eso, pero te aclaro que no somos novios. No sólo porque ya tengo suficiente con los tres Gryffindor que me bulearán por esta noticia, y por la posible participación de los Slytherin, poco de agradecer, sino que no podemos ser novios porque tú eres de una Casa que no entiendo para nada, y yo soy de una sin relación contigo. Más: lo de sangre limpia es un prejuicio de ustedes, contagiado a algunos de otras casas, pero a mí, no. Creo que es una tontería, una pedantería. Yo tengo un amigo squibb. Ódiame.

―No me importa, me gustas aun con tus graves defectos.

―Y… ¿defectos?

Ella le quitó el Daily alzándolo a la altura de su cara, como si estuviera dando clase a uno de primer año, asintiendo paciente:

―Eres mi novio y por eso no puedes mirar a otras, Ives. No te lo prohíbo, tengo el buen gesto de hacerte ver lo que no te conviene. Se vería muy mal que un caballero como tú jugara con mis sentimientos.

Ella apoyó el índice en la imagen, haciendo crujir la hoja de la sección Buenas Noticias:

―Yo era tu mejor opción, Ives, debes estar contento de no haber tomado una decisión sobre quién sería tu novia, porque habrías elegido mal. Un Hufflepuff como tú no necesita por compañía a otra tejona que le gusten las cartas perfumadas con orquídeas, sino a una persona de más carácter, para que lo quiera y lo cuide de los leones y los cuervos come-tejones.

La convicción de ella lo obligaba a prestarle atención. Y estar cerca no le molestaba. De antes le llamaba la atención, más allá de su circunstancia de ser el cerebro de la banda pesada de las Slytherin. Lástima que sea de ellas, se dijo, porque es un primor.

Pansy debió darse cuenta de la emoción que atravesó a Cavendish, de sentirse un poco tentado a lo que ella daba por hecho (dejarse llevar estaba un poco en su carácter), pues la chica insistió, posándose una mano en la cintura, haciéndose un poco hacia delante y señalándolo, exhortándolo, a un paso de ser reclamo:

―Yo tengo que ser lo más importante para ti, porque la persona amada está por encima de los demás. Necesitas fijarte en lo bonita que soy, decírmelo a cada rato, nunca decirme si algo no te gusta, sino al contrario, entender que soy lo mejor de tu existencia. Aprovecha, porque tú si me mereces, cuando los demás no tienen derecho ni de elogiarme ni de quererme.

Le alborotó un poco el cabello:

―Te veo pronto, lindo, cada vez estoy más segura que necesitamos vernos en mi fiesta de vacaciones del segundo trimestre.

―Yo…

Ella le sonrió y se alejó a paso rápido, satisfecha.

Ives regresó a clases, con la sensación que en vez de solucionar, terminó extrañamente peor.

De seguir así, a la siguiente que le reclame terminaré casado con ella, pensó, sin saber que casi fue vidente al creer eso.

Notó otros efectos de la noticia, ya que varias alumnas lo veían con gran curiosidad. Algunas hacían evidente su pasmo y otras le sonreían con simpatía.

La mano firme y amable de Cedric se posó en uno de sus hombros, diciéndole solemne:

―Ya leí El Profeta. No te enganches con Pansy, Ives.

―¡Yo no "me enganché"!

Diggory lo tomó por los hombros, preocupado, con tono sentencioso, pero amable y solidario:

―Los Slyhterin son malas influencias para nosotros, no seas su novio.

―Cedric, yo fui…

―Te hacen cambiar para mal, te lo digo porque somos Hermanos, tu bienestar me preocupa. Ella bulea a varios alumnos; siendo su novio darás a entender que estás de su parte.

―Fui a decirle lo contrario.

―En fin, si te vas a poner en ese plan, es tu derecho, campeón -apretó los labios, comprensivo, e introduciéndose una mano en un bolsillo, le dio suavemente con el otro puño, balancéandose-. Sé feliz con tu novia, tienes mi apoyo. Ya sabes: acude conmigo si necesitas consejo.

Cedric le tendió unas copias de libro en papiro y se alejó, eficaz y cortés.

―¡Éxito y buenas vibras...!

―Gracias -suspiró Cavendish, respondiendo por educación.

Las copias eran del capítulo 5 del libro de Amarga Beggs: Por Qué Nunca Con Alguien De Otra Casa y Aun Así Cuidado.

El Peor, Slytherin

Te gusta un Slytherin, pero tú no lo eres... ¿Estás trepanado?

¡Cuidado, caninos del Averno! Lo malo de cuando a un Slytherin le gusta alguien que no es de su Casa es el revuelo que arma. Ese portador de neurotoxinas mataperros es un obseso que puede destruir a su amor y a él mismo, si las cosas no salen como él quiere.

Mejor háganse novios de un basilisco, así por lo menos morirán rápido y serán siempre jóvenes.

La pareja de un Slytherin no sabe si es lo mejor o lo peor que le ha pasado.

Agradezcan, piojos de Thestral, que los noviazgos Slytherin inter-casas son muy poco frecuentes, ya que a estos infames les gusta seducir por el gusto de mover el cascabel, es decir, por sentir poder. Son amor eterno de una night. Agradezcan, hijos del elfo prófugo, que los Slytherin generalmente no buscan el amor en otras casas porque tienen un enorme sentido de cofradía, contando con que se sienten los Reyes de Inglaterra y lo decisivo: deben tener la aprobación de sus padres para un noviazgo fuera de Slytherin.

El amor se les acaba a estos retoños de la víbora tenebrosa cuando les cae la amenaza de ser desheredados si persisten en su amor. Eso vuelve a la cordura al 99.9% de quienes quisieron salir del criadero. Sintiendo en los colmillos el crepitar del fuego de tener que trabajar para vivir, se convierten en los mayores partidarios de la Fe en la Sangre Limpia. Terminan gritando muramos para la diversión del Señor Tenebroso, pónganme la Marca Tenebrosa en los dos brazos y todo eso.

(Ives se tranquilizó. Se dijo que Pansy se sometería al dictado paterno, con lo que la historia no llegaría a más. Su papá debía pensar que sólo era un capricho de su retoña.)

No se emocionen, hijos de la acromántula con orzuela. Ya se ganaron la lotería del Hébrido Negro si le gustan a un Slytherin, porque éste puede pasar por alto el tema de ser desheredado y entonces se incendió el Averno. Con el objeto de sus deseos puede ser muy obstinado. O muy persuasivo. O ambos. Un Slytherin interesado en alguien de otra Casa le pone la vida de cabeza.

Algunas formas que adoptan no parecen asedio amoroso, pues lo disfrazan pérfidamente. Semeja amistad, simpatía, "oh, pasaba casualmente y consideré que podía cargarte los libros las próximas tres horas", aunque los libros de ambos los acabe cargando su amor. O se presentan como la invitación a lo prohibido. Varía, pues se acomodan al carácter de quien les gusta, balanceándose de un lado a otro, acomodándose a sus movimientos, es decir, distrayéndolos para morderles la meninge.

Nietos del Puffskein: corran por sus desahuciadas vidas. Lo peor para ti y lo mejor para el Slytherin es que no te des cuenta de sus intenciones. Pueden darte un buenos días indiferente, pero ya tener la historia de qué harán contigo. Y probablemente lo lograrán como se lo imaginaron. Cuando te tengan rodeado, en un arranque de vanidad te lo dirán. Y lo peor es que no vas a reaccionar porque estarás hipnotizado.

El Slytherin puede ser lo peor para las casas distintas a la suya. Te vacía o te arma escenas de celos tormentosos o te hace sentir culpable de algo que no hiciste o de algo que él hizo o te marea en una nube de goce, pero es extremo.

Si lo abandonas, tu alivio se mezcla con la duda de haber hecho lo correcto y si te abandona, puedes quedar muy mal, y si te quedas con él, tu vida no será la misma porque un Slytherin sinceramente enamorado es adictivo.

¡Cuidado, pulgas de escreguto! Esto lo hacen si alguien les gusta de verdad. Si se enfrascan en sus emociones sube de nivel porque se vuelve un maremoto. Y si en verdad están enamorados, ya se puede ir reconstruyendo Camelot porque será quemada de nuevo.

¡Huye del Slytherin, monstruo de monstruos!

Ives ignoraba que fuera tan extremo. Más todavía, lo confirmó al día siguiente en la clase de Astrología.