Era el último viernes antes de las vacaciones. Al salir de clase, dos alumnas Ravenclaw lo saludaron al cruzarse, alegres:
―¡Hola, Ives!
―¡Hola, Ana, Altair! -les devolvió la sonrisa.
Siguió andando, encantado de la amabilidad. Lo que durara aquella suerte estaba bien. Lo creía así pese a no explicársela; era desde lo de Pansy, obvio, pero no hallaba la razón, pues la noticia era ser novios exclusivos y comprometidos. Aun así contaba con las simpatías de varias chicas Ravenclaw y Hufflepuff. Las Gryffindor ya no le ponían atención; las Slytherin excepto Pansy Parkinson no lo habían hecho, gracias.
Pansy lo alcanzó, casi juguetona.
―Ahora sí, ven.
Ives se dejó conducir hasta el Patio Medio. A la luz del día hallaron lugar entre los muchos alumnos sentados o tendidos en la hierba, alrededor de la fuente.
Colocándose bocabajo formando un vértice con sus cabezas, ella abrió un grueso libro.
De reojo, Ives vio a Pansy buscando la página. Ella también olía bien.
En cuanto al libro que abrió en la 257, era bastante popular entre las mamás en la edad de las suyas, que lo introdujeron a Hogwarts cuando fueron estudiantes:
Compatibilidad de las Casas de Hogwarts y Cómo Descompatibilizarlas
por Casandra Woodward.
―Woodward era Hufflepuff -le comentó Pansy-. Y se le nota a leguas al escribir.
Intrigado, Ives comenzó a leer, con una sonrisa que hizo a Pansy mirarle los labios.
SLYTHERIN Y HUFFLEPUFF: PAREJAS DE LUNA Y SOL
Ya sabéis, mis queridas estrellitas marineras, que las relaciones amorosas poco usuales me mueven a la ternura de quien adora las causas difíciles.
Queridos corazoncitos cometarios: quien olvide que Salazar Slytherin era amigo de Helga Hufflepuff y la llamó para unirse a los fundadores de Hogwarts (lo cual habla de su excelente confianza, prototipo de la que puede existir entre sus casas), debe tener presente que Hufflepuff, Casa de Tierra, se complementa con la Casa de Agua representada por Slytherin. ¿Cómo, mis bellas?
El Agua fertiliza la Tierra, la Tierra contiene al Agua.
Todo está dicho en esa frase, pero como sois interesados en el amor y no en la sabiduría, con gusto os explico para que vuestras almitas hallen esperanza si os habéis vistos favorecidos (sí, favorecidos y no fulminados), con ser una de las combinaciones más emocionantes de Hogwarts.
Es un error creer que Slytherin se encuentra muy lejos de las características Hufflepuff y viceversa. Vosotros Slytherin, adaptables, Vosotros Hufflepuff, sólidos, forman una de las parejas más consistentes de Hogwarts porque os complementáis en forma natural.
Hufflepuff, concreto, puede ayudar mucho a Slytherin para vencer su vicio, la indecisión. A su vez, Slytherin, flexible, proporciona instrumentos contra el vicio de Hufflepuff, la rigidez. Es una excelente mancuerna.
¡Ah, mis queridos cometitas, ya sé qué estáis pensando, pilluelos! "Estas maravillosas revelaciones estarían muy bien, pero para eso, primero se debería ser amigos, imposible, pues estas Casas se ignoran como quien vive separado por un muro." Y blablá.
Para aligerar el peso de sus espíritus, mis maripositas saturníferas, debéis recordar que en los Elementos todo es posible y para lograr las relaciones S/H basta con que uno de ellos dé el paso, para que todo caiga cual flores magonias de los árboles xmpfss.
Si Slytherin busca al amado, ¡qué os puedo decir, bombones! El Hufflepuff se sentirá en un tornado donde buscará arbustos para sujetarse, ya que la Serpiente sacudirá el mundo Tejón colocándolo en estado hipnótico.
Si Hufflepuff busca al adorado, no es menos bello de contemplar. La Serpiente, luego de sisearle amenazante, buscará todo resquicio donde huir, hasta terminar rendida por el alud de encantadoras sonrisas Hufflepuff, ante las que la víbora cruel abrirá las fauces para comer las espinacas que le tiende el Tejón, volviéndose vegetariana estricta.
Mis queridas florecitas retoñonas, Slytherin se siente atraído por la vivacidad Hufflepuff -lo solar- y éste a su vez es atraído por el elemento reflexivo Slytherin -lo lunar.
La introspección de Slytherin es un factor Lunar por tratarse de una virtud de la Noche (representada en la Plata de su Casa), complemento de la extroversión Hufflepuff, virtud Solar (representada por el Amarillo de su Casa), potenciándose uno al otro.
Es una pareja de Oro, está a la vista, los necios lo desdeñan, pero para obtenerlo hay que atreverse.
S/H es una relación que puede recibir la mayor incomprensión, porque mueve prejuicios e indignaciones barbáricas. En pocas palabras, ah, mis margaritas planetarias, nadie entiende qué milagro los une. No obstante, vosotros os comprendéis, pillines.
Será extraño de observar si no se entiende el pacto de una Serpiente que rodea con sus anillos a un Tejón, para protegerlo al tiempo que mueve el cascabel para que se entretenga con sus ruiditos, con el Tejón que la arrulla para dormir, le quita las escamas viejas, le afila los colmillos y muerde a los cazadores de sierpes.
Aunque siempre será Slytherin, como suele ser en sus relaciones ínter-casas, quien ante los opositores realice los contraataques más álgidos, Hufflepuff puede dar sorpresas asombrósidas y... ¿quién sospechará de un cuyo que mastica una fresa con carita de yo-no-fui? Las mismas Sierpes quedan confundidas ante eso, cayendo en un segundo de duda que los tejones aprovechan para huir.
Huelga decir que la ternura de uno y la intensidad del otro, así como la rapidez con que se entienden y la atracción que experimentan ante su opuesto (que en el plano de los Elementos es la búsqueda del Equilibrio), hace de estas parejas una de las que más se enganchan, quizá más que las vistosas Gryffindor-Ravenclaw o Slytherin-Gryffindor. Oídme, sed listos, estrujaos.
―¿Notas qué bien aspectados estamos? -le preguntó ella.
―Hoy te encuentro muy prudente, Pansy, ¿qué ocurre?
―Yo siempre soy muy prudente, amor mío. Este domingo es mi fiesta de final del segundo trimestre, no lo olvides.
El Hufflepuff lo había pensado mejor.
―¡No podré ir a tu fiesta! -se levantó.
Ella lo pescó por la corbata a rayas amarillas y negras, haciéndolo recostar de nuevo.
―¿Te da miedo estar entre Slytherin? -preguntó, rápida y seria.
―¿Miedo? Claro que no. ¡Pánico!
Lo jaló un poco más, haciendo su sonrisa irónica.
―¿Y quiénes son ésas que te siguen saludando en los pasillos?
―Son compañeras, tú las ves, muy amables.
―Ene-o.
Yves miró los labios de Pansy haciendo el círculo de la O.
―Que sí.
Ella se dio cuenta y lo repitió.
―… ene-O… ene-O son amables, s-e-ñ-O-r-O.
―Claro que son amables.
Pansy lo tomó más por la corbata, apoyando su frente en la de él y viéndolo a los ojos.
―No te emociones muchísimo, Ives Cavendish: ellas te saludan porque piensan que si eres novio de una Slytherin, si un Tejón logró conquistar a una, es porque eres fuerte, valiente, audaz, misterioso y tienes una virtud oculta que les gustaría sacar a la luz. Quieren que les des lo mismo que suponen me diste a mí.
―No di nada a nadie, estranguladora.
―Recuerda mi clase sobre Carta Compuesta, que si bien alejó al 60% de tus nuevas amiguitas, al restante 40% la reafirmó en sus simpatías hacia tu conejez.
―Pensar en porcentajes se me dificulta si hablas de personas, pero entiendo la idea y no lo creo…. aunque sería muy bonito, aun así.
―Muy bonito aun así... Dime, ¿no tienes ganas de verme?
Los ojos de la cobra regresaron, pero entrecerrado. Ives sintió la tentación de seguir con un dedo, la forma de diamante del rostro de la Slytherin.
―No tengo -respondió.
Pansy se alejó.
―¿No tienes? -repitió ella, sin entender muy bien.
―No.
―¿No tienes ganas de verme? -quiso confirmar, desconcertada.
―No.
Pansy le soltó la corbata amarilla-negra y estudiándola, la desarrugó con los dedos, consideradamente.
―Veamos. Repito. Oye bien la pregunta, ¿eh? -asintió-. ¿Listo?
―Dime.
Ella se colocó una palma frente a los labios y carraspeó.
―¿Tienes ganas de verme? -viéndolo a los ojos.
―No -mintió.
Indignada, no le quedó más que revelar su táctica, usando su confesión al modo de una voluntariosa.
―¿Ah, no? Pues vas a tener que ir, fíjate, porque yo no te estoy invitando, son mis papás a ti, los tuyos ya recibieron la lechuza, es una fiesta de grandes relaciones sociales.
―¡Mis papás son Hufflepuff, no les interesan las relaciones sociales en ese sentido! -rio- Yo puedo faltar disculpándome con gran pesar, no ocurre nada.
Pansy asintió rápida, alzando las cejas.
―Irás, irás, porque es una cuestión de mentalidad. Por si no lo sabes, los papás Slytherin son de: "¿Y nos conviene que nuestro hijo vaya, y qué tanto, y qué provecho vamos a obtener, son de buen apellido, cuántos pisos tiene su casa?", pero los papás Hufflepuff son del tipo -remedó moviendo de un lado a otro la cara, haciendo voz aguda- "¡Que lindo detalle, una invitación para nuestro lindo hijito, ya está creciendo, ya lo invitan a fiestas, snif, snif, abrázalos y déjalos ir!"
Ives rio, asintiendo.
―¿Conque sabemos cómo piensan los papás Hufflepuff?
Hizo una bolita con papiro y se la lanzó, con tan buen tino que le dio en la punta de la nariz. Como ella hizo bizco, Cavendish se echó a reír, rodando en la hierba.
Botón Slytherin de guerra. Pansy se puso de rodillas, cortando un trozo de papiro, mientras Ives le lanzaba bolitas hechas apresuradamente.
―¿Ah, sí, ah, sí? -lo retó ella.
En segundos armaron un intercambio de bolitas de papiro.
―¡El que gane se queda en su casa! -rio Ives, disparando.
―¡Nada de que el que gane se queda en su casa! -parpadeó ella, contraatacando- ¡Si no vas te dejo de hablar…!
Daphne y Millicent, que los estudiaban yardas más allá, se horrorizaron. Bulstrode exclamó, desolada:
―Está intoxicada con ese inferior tipo. ¡Daphne, estamos perdidas…!
Se abrazaron, llorando. Daphne se lamentaba:
―¡Tracey tiene razón, seremos la burla de los P Leones cuando sepan que Pansy Parkinson en persona está interesada en un Tejón...!
―¿Qué m carambas hemos hecho para merecer esto...?
―¡Ay, debí haber nacido dos años después!
―¡No seas desg insensible, no te habría conocido y eres mi máximo!
―¡Ay, sí, ya sólo nos tenemos la una a la otra, hermanita, solas contra el mundo de sangres cochinas, el Cuatrojos y la Dientona!
Pasándose un brazo por los hombros, se alejaron, desoladas.
Recibiendo bolitas de papel, Pansy se levantó y lo señaló, riendo:
―Será una fiesta temática. Esta vez es "Aquelarre". ¡No vayas a disfrazarte como "racimo de hierbabuena", Hufflepuff! -le advirtió, falsamente amenazante- ¡Te quiero más llamativo!
Sentado, Ives la vio alejarse.
Hojeó el libro. Seguía sin entender qué le veía Pansy. No se percataba que vistos por otros alumnos, generaban estados pensativos. Un Hufflepuff y una Slytherin juntos no se veían mal, después de todo. Woodward afirmaba que el resultado era como serenarse y activarse uno al otro, como una persona en equilibro de emociones. Para los estudiantes en el Patio Medio que los habían visto hablar y bromear, la combinación se revelaba atrayente en varios sentidos. Nadie los había visto besándose, pero no era imposible suponer que la dulzura de uno y la intensidad del otro podía ser mutuamente emocionante e ir creciendo.
Aunque muchos dudaban sobre las reales intenciones de Parkinson, la verdad es que ella se comportaba diferente al estar con Cavendish. Menos atormentada interiormente. El mismo Ives se veía más seguro de sí mismo al estar con Pansy. Por su parte Harry comentaba a Ron que aquellos dos daban señales de estar enamorándose.
Y como suele pasar, ni Pansy, ni Yves, veían lo que el resto, sí. Por ejemplo, Cavendish, revisando las otras combinaciones del libro (Gryffindor + Hufflepuff era como decir Granger más Weasley), se decía que los Slytherin, evaluados por los centrados Hufflepuff, estaban para decirlo rapidito, locos hasta sus ancestros. Preocupados por tonterías metafísicas que nunca iban a ver y aun así, creyendo en ellas. Tragados por una idea que degeneró en supremacismo, pero que en el fondo era un deseo de santidad o de perfección.
En la Sala Común, Diggory le colocó una mano en un hombro, mirándolo gravemente.
―Ives: no con Pansy Parkinson.
―¡Les dije que no es mi novia, caray, esa noticia del Daily Prophet es falsa!
―¿Crees que yo te mentiría? -le preguntó Diggory, solemne- ¿Lo crees, Hermano?
―No lo creo, pero no entiendo por qué parecen sordos, les explico y siguen, como tú, Cedric.
―Es que puedes negarlo, pero no puedes ocultar el nivel de tu relación amorosa. Ya hacen guerritas con bolitas de papiro. ¿Te parece poca esa pasión, Ives, Hermano mío? -insistió, con la mano en el corazón, asintiendo lentamente- ¿Te parece poco tanto desenfreno?
―Juraría que me descubrieron en los baños de chicas espiando a Myrtle.
―Hoy no, pero, ¿qué sigue? -asintió, grave- ¿Mariposas rosas animadas o, trastornado por tus pasiones insensatas, guiñar un ojo a Parkinson en plena disertación de Snape? ¿Hasta dónde dejarás crecer ese amor insano? ¿Hasta intercambiar tarjetas con rosas que canten Only you my love only-only?
―Pasado mañana iré a su fiesta de segundo trimestre, eso haré.
Lo decidió como rebeldía. El odio de Tracey Davis, el acoso de los Gryffindor y la preocupación de Cedric, lo acercaban a Pansy como quien es señalado. Como si únicamente coincidiera con la Slytherin y por eso fuera más semejante a ella, que a los demás.
Diggory asintió, comprensivo, y desde la puerta añadió, solidario.
―Cuentas conmigo para lo que necesites, campeón -grave, inclinó un poco la cabeza, chasqueó los dedos y lo señaló-. ¡…Tiger!
En la fiesta de ese domingo, un asombrado Ives se dio cuenta de hasta dónde Pansy podía llegar para lograr lo que deseaba, y lo que podía hacer contra quien estuviera en desacuerdo con ella.
Anotaciones de los chicos en sus Diarios, en:
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