Pansy no salía de su asombro. Aquello no estaba en sus planes.

―¿Cómo obtuviste esa receta…? -quiso saber, desconcertada.

―¡Explícame qué significa!

―¿Por qué indagas en mis pertenencias? -se encrespó.

―Sí, sí -la desestimó Ives-. Intenta voltear la situación, hacerte la ofendida, eso no convence.

Pansy, siempre tan cuidadosa, no daba crédito.

―¿O se me…?

―Me has engañado -él no determinaba si estaba enojándose o decepcionándose.

¿… cayó?

―¡Explícame, Pansy Parkinson! -le acercó la hoja de papiro, con letra de la chica.

El flamazo en la carroza de Tracey Davis pasó a segundo plano.

Poción de Amor

Absynthe et Chocolat

Ingredientes:

10 gr. de chocolate

Dos gotas de absynthe

Cuatro cucharadas de vino blanco

Dos violetas trituradas

Una pizca de verbena

Media cucharada de miel

Dos pétalos de lirio

Una gota de tu saliva

Dos gotas de láudano

Una gota de oxystókos al 25%

Las cenizas del nombre de tu ser amado y el tuyo

―Lo que sentí por ti, en tu residencia, no fue verdad -aseguró Ives-. Creí que sí, pero fue por esta poción. Su efecto se suspendió gracias a las emociones que me provoca darme cuenta de la trampa. ¿Por qué me engañaste?

Pansy había elaborado la poción en días anteriores, uno de ellos a solas en un aula y otro con gran cuidado, en casa, muy atenta a que el preparado no recibiera directamente la luz del sol.

Modo de preparación

Un cuarto día de cualquier mes a las 6:00 AM, muele el chocolate, colocándolo en un recipiente oscuro. Viértele las dos gotas de absynthe y las dos cucharadas de vino blanco. Coloca encima los pétalos de lirio. Cubre perfectamente el recipiente, dejándolo macerar en frío. La noche de ese día, a las 21:00 h, recibiendo la luz de la Luna, tritura las violetas, viérteles la pizca de verbena y mezcla con la cucharada de miel en un recipiente de metal, siguiendo el sentido de las manecillas del reloj. A la luz de la misma Luna, vierte el preparado de la mañana junto con este último, en un recipiente de vidrio oscuro. Mezcla. Escribe con tinta roja en un pedazo de papiro el nombre de tu ser amado y el tuyo. Coloca los nombres en un plato pequeño y quema pensando: "Unidos para siempre por Venus", imaginando a tu ser amado contigo como quieres tenerlo, hasta que el fuego se extinga. Vierte las cenizas en la mezcla. Deshazte de los pétalos de lirio. En una cucharita limpia, vierte una lágrima o pequeña gota de tu saliva, pensando "para que tengas mi ser y sólo pienses en mí". Revuelve y pasa todo por un colador en un vaso limpio, dejando caer las otras dos cucharadas de vino. Deshazte de los restos. Añade las gotas de láudano y la gota de oxystókos. Mezcla. Ya tienes la poción de amor. Guárdalo en un pequeño frasco oscuro con gotero. Nunca debe darle directamente la luz del sol. Vierte cinco gotas en una bebida de frutas dulce para esconder su sabor y dalo de beber a tu ser amado tan pronto como lo veas.

―¡Me diste un tramposo filtro en el zumo, la bebida que yo elegiría! -insistió Ives, sintiéndose usado- ¡Tenías claro que no tomaría una bebida fuerte, me has llegado a conocer!

Pansy no sabía qué decir. Aquella receta compartía el absynthe con Amortentia y no era de Laverne de Montmorency, sino de Amarga Beggs, con el comentario: Para quien quiera forzar su suerte, encaprichado con el de otra Casa que se resiste, utilice este poderoso filtro de amor. Olvida la tontería de que el amor no se puede copiar. Si se ve como amor y se siente como amor, es amor. Como todo filtro, es una mentira, así que de usarlo es porque no tienes remordimientos.

―No es lo que parece… -susurró Pansy, intranquila- No es lo que parece…

―¡Con razón lo que sentí por ti fue tan repentino! ¡El mareo, el cómo organicé mis pensamientos para hablarte, mi decidir que nada me importara si tu cariño por mí era verdadero! -se le formó un nudo en la garganta.

Por primera vez, Pansy Parkinson no sabía cómo reaccionar. Entre sentirse descubierta, frustrada, deseosa de dar marcha atrás, no saber si explicar o no, violentarse por quedar expuesta.

―No, Ives… Lo que me dijiste eran tus sentimientos verdaderos, hablaste de tus emociones, te sinceraste hacia mí…

Resoplando entristecido, él dio vuelta, yendo por el camino a la salida de la propiedad.

Pansy se desesperó; repentinamente furiosa pateó en el piso, casi tirándose de los cabellos. Las llamas en el carruaje de Tracey Davis dejaron de existir para ella. Ya no entendía por qué se desquitó de su ex amiga. Volvió de su acción para hallarse en un mundo tremendo. ¿Por qué no se explicaba ahora con Yves? La razón era que lo más difícil para ella consistía en aceptar una culpa. Una confesión le era humillante. Prefería que una situación se malograra o empeorara, antes que aceptar responsabilidad.

Ives se alejaba. Presionada y atravesada de emociones contradictorias (que él no se fuera, también que se marchara y no la molestara, la auto-recriminación, el pesar), se llenó de enojo con un buen grado de dolor.

Desde la luna pálida, un viento sopló entre los árboles. La música retumbaba en la residencia

―¡Cavendish! -gritó, exasperada, cercana al sollozo- ¡Mírame, Cavendish!

Ives volteó, encontrándose con el gesto en atolladero, indignado y atrayente de Pansy. Semejaba una gatita montés. Caray. ¿Por qué aun en esta situación, le costaba enojarse con Pansy Parkinson? El dolor que el Hufflepuff reuniera en los últimos minutos amenazaba con desvanecerse ante la expresión de ella, de sus ojos felinos, de su aire de furor, de sus labios de frambuesa.

Ella, odiándose por confesar, detestándose por sentirse avergonzada, sacó un frasco oscuro de su cazadora.

Era el filtro de amor.

Sin apartar la vista del Hufflepuff, abrió el frasco y derramó su contenido líquido, en el suelo.

―¡Lo hice, sí, lo hice! -tenía los ojos brillosos, enfurecida- ¡Pero no te lo di, no quise hacerlo, fui detrás de ti cuando entraste a mi casa y pensé que no podría! ¡No iba en ningún vaso, ni iba a ponerlo en ninguno!

―Sentí los efectos -afirmó él, confundido, todavía agraviado.

―¡No, sólo bebiste el zumo! ¡Eres tan Hufflepuff que te embriagas con un zumo de uva porque tiene mucha azúcar!

―De todos modos hubo mentira.

Pansy casi pega el grito en el cielo. ¿De todos modos? ¿Es decir que, según él, ella mintió aunque no mintió?

―¿De qué hablas? ¡Te digo que no lo hice! -mostró el frasco como prueba.

―La intención es lo que cuenta -afirmó él.

Ives pasaba por el trance de darle miedo creer. Un Hufflepuff es más sensible al desengaño que los de otras casas. Varios de ellos desarrollan corazas cuando llegan a niveles más profundos de relación. Esta noche, Cavendish había estado a punto de prepararse a enfrentar el buleo de los Gryffindor y los que se les sumaran, a cambio del cariño de la Slytherin. Mas esto lo reafirmaba en sus temores.

Pansy no entendía nada. ¿Qué me está diciendo? Ya le confesé que preparé el filtro pero no le di nada, me descubrió y no lo negué, ¿y aun así, estoy mal?

―¡Eres un idiota de remate! ¿En qué mundo vives? ¡No eres un santo aunque te imagines serlo… Hufflepuff!

―Pero no pongo trampas… Slytherin.

Ives se felicitó de su respuesta, que normalmente se le habría ocurrido dos horas después.

Furiosa, Pansy estrelló el oscuro frasco en el suelo, de que rebotaron fragmentos de vidrio.

―¡Está bien! ¿Sabes una cosa? Va a ser como tú quieres. Si quieres que te deje en paz, lo voy a hacer. ¡Olvídate de ser mi novio!

Ives asintió, alejándose.

―¡Todavía que quemé la carroza de una mis mejores amigas, perdida por tu culpa, así me pagas!

Cavendish sonrió, melancólico. Las rabietas de Pansy Parkinson. Sus bobos chantajes. Él se daba cuenta que ella en realidad le gritaba por estar asustada de lo que ocurría, y le daba miedo simplemente pedirle que no se fuera.

En cuanto a Ives, debía ser el filtro de amor aquello que le pedía quedarse; debía ser el engañoso filtro de amor aquella voz que le susurraba darse la oportunidad de conocer bien a la Slytherin; la mentira del filtro de amor le inyectaba la necesidad de creerle, de volver a ella y terminar de abrazarla en el diván rococó, de besar sus labios de cereza para empezar de nuevo, o por primera vez; de acompañarla en el camino de la sencillez. Aunque no había bebido el filtro de Amarga Beggs, su deseo de ir con Pansy y decirle que empezaba a quererla, debía ser falso.

Lo que sí, Ives se percataba de haber llegado a una conclusión rápida, sin tener la información completa. Por temor se sintió utilizado, quedándose en eso, acusando sin haber dado una oportunidad a Pansy de explicarse sin la confusión del momento. Quizá podría resolverse si le daba unos minutos más. ¿Y si lo hacía...?

―¡Eres un rígido, para ti es blanco o negro!

Ives volteó hacia ella, que se alejaba rápidamente, viendo al suelo, enfadada.

El Hufflepuff prefirió retomar su camino.

Yéndose enfurruñada, Pansy consideró que descubrir lo de la poción sí fue como para asustar a un Hufflepuff. ¿Y si daba vuelta para decirle que entendía eso y oír sus razones…?

Pansy volteó, pero Ives se alejaba con aire de no querer decir más. La Slytherin continuó a la mansión.

Él llevaba en mente a Pansy y su expresión al hablarle en el diván y la forma como ella se dejó abrazar.

La Slytherin pensaba en los ojos del Hufflepuff cuando la quiso besar.

Pansy se detuvo a unos metros de su residencia, conflictuada, y se pasó un dedo por la mejilla donde Ives la tocara, recordando sus palabras: Mi decidir que nada me importara, si tu cariño por mí era verdadero.

Él soltó las instrucciones de la poción Ajenjo y Chocolate, que era como decir "amargo y dulce"… Como era a veces el amor, como fue esta noche para Pansy Parkinson e Ives Cavendish, estar juntos.

La receta de la poción de amor quedó flotando en el viento, entre Ives que se alejaba y Pansy dándole la espalda, con los brazos cruzados, de pie afuera de la residencia de muebles rococó.

Al entrar a su casa, los padres de Ives se asombraron por su rápido regreso, pero respetuosos como eran, excepto preguntarle cómo estaba y escuchar su "bien, gracias", decidieron darle tiempo y esperar hasta mañana.

Triste, Cavendish abrió el libro de Woodward en la página 300, donde empezaba la segunda parte: Y Como Descompatibilizarlas.

Oh, pero cuidado, corazones apasionados, recordaba Woodward, si atienden solamente a vuestros temores en vez de volar, si atienden únicamente a los desconciertos que os provocan las diferencias con vuestro amor de otra Casa, os estrellareis contra los acantilados de vuestros temores. Cada oportunidad de entenderse se convertirá en lo contrario, siempre será estar a un paso de lograrlo, sin dar ese paso.

Ahora bien, mis repollos en el terreno del Amor de los Elementos, no quiero que se piense que soy una necia por tratar de mantener unido lo que no puede estarlo. De no poderse reducir las diferencias, lo mejor es cortar por lo sano, asegurándose de cerrar las tentaciones de volver.

Para romper definitivamente con un amor de otra Casa que no funciona, debes comportarte con ese alumno no como eres tú, sino como son los de su Casa cuando buscan herir. Con eso, lo opuesto se convierte en lo igual, los Elementos pierden sus características, el factor de atracción se rompe, colocándote en la posibilidad de ser libre de nuevo. ¡Suerte para la próxima!

Anotaciones de los chicos en sus Diarios:

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