Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes son propiedad de Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.
Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.
Muchas gracias a mi querida amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.
CAPÍTULO 2
EDWARD POV
Entré a la casa de mi padre, paseando tranquilamente por las habitaciones hasta que escuché su voz. Estaba al teléfono en su oficina.
"¿Confiarías en mí, por favor, y harías lo que te pido?" Preguntó exasperado en su teléfono móvil.
Me hizo un gesto con la mano para que me sentara en la silla frente a su escritorio, continuando con su conversación.
"Bien. Cuando cuelgues, apaga el teléfono. No envíes correos electrónicos ni mensajes de texto. Ni siquiera contestes el teléfono del hotel, o abras la puerta, de hecho. Hasta que no veas mi cara por la mirilla, no le abras a nadie, ni siquiera al servicio a la habitación. ¿Me entiendes?" Soltó, físicamente hundiéndose en su asiento con la respuesta que sea que recibiera al otro lado de la línea. "Bien. Te veo mañana."
Puso el teléfono sobre su escritorio, frotándose el puente de su nariz, un rasgo de carácter familiar, pero no dijo ni una sola palabra cuando volvió a coger el teléfono, marcándole a alguien más.
"Hey, soy yo. Por favor, envíale un mensaje a Rosalie Hale. Dile que Bella está a salvo y que va a estar en contacto," instruyó. "No, estoy seguro que esa no es la mejor forma de decirlo. Tú eres mejor que yo con esa mierda…"
Me reí entre dientes, negando con la cabeza.
"Sí, sí… tú también," dijo con una sonrisa. "Adiós."
Colgó la llamada y me miró. "Cierra la boca, hijo," bufó, poniendo los ojos en blanco.
Me eché a reír de nuevo pero levanté la vista hacia él. "Entiendo que recibiste noticias de Bella."
"Sí. De hecho, tan pronto hayamos terminado aquí, voy a irme a verla. Necesita saber a lo que se está enfrentando."
Fruncí el ceño, sacudiendo la cabeza. "¿Estás seguro que es prudente hacerlo? Me refiero a, ¿decirle todo?"
"Ella es… eh, eficiente para manejar problemas, Edward," dijo de forma críptica, levantándose cuando los dos oímos los motores en el camino de entrada. "Comencemos con esto. Quiero a todos en esto, ¿me entiendes?"
"Sí, señor," suspiré, dándole una extraña mirada antes de seguirlo a la puerta trasera.
Mi padre se dirigió al interior de la cochera independiente mientras que parte de nuestro equipo se detenía en la entrada. Sonreí cuando Jasper llegó en su camioneta, y Emmett prácticamente patinó para detenerse en su lugar, la música resonando con tanta fuerza que podía sentir cómo cambiaba el ritmo de mi corazón.
"Maldición," gruñí, estrechando la mano de Jasper al mismo tiempo que veía a Emmett bajar de un salto de su Jeep. "Sabes que eso es como una violación a la audición, ¿verdad?" Le pregunté al cabrón más enorme con el que había tenido el gusto de trabajar.
"¿De qué estás hablando?" Preguntó Emmett, viéndose como un niño confundido.
"De ti… forzando a la gente a escuchar tu música," le espeté, rodando los ojos ante la risa de Jasper. "Nos quitas la libertad de elección. Música indeseada violando mis oídos."
"Él tiene razón, hermano." Jasper se rio, esquivando un golpe de Emmett. "No todo el mundo quiere escuchar cada canción que Jay-Z ha grabado, hombre."
"No se trata de elección," Emmett discutió encogiendo sus enormes hombros. "Se trata del jodidamente asombroso sistema de sonido que tengo en ese Jeep."
"Seguro que estás tratando de compensar un paquete pequeño," escuchamos detrás de nosotros.
Me eché a reír, dándome la vuelta para ver a Mickey de pie allí. Tenía una sonrisa irónica en su cara y los brazos cruzados sobre su pecho. Ella era una cosita pequeña, con cabello oscuro rizado y un cuerpo para morirse, pero no tocaría a ninguno de los tres aún si fuéramos los últimos hombres sobre la tierra. Demonios, en especial si fuéramos los últimos tres hombres sobre la tierra. Aun así, no había una cerradura, puerta o caja fuerte que Mickey no pudiera abrir.
"Eso no podría estar más lejos de la verdad, Michelle," Emmett la provocó, usando su nombre real, lo que equivalía a encender un cartucho de dinamita. "¿Quieres ver?" Preguntó, llevando la mano a su cremallera.
"¡Bastardo, no me llames así! Y no, no quiero verlo, porque olvidé mi lupa," gruñó, golpeándolo en el estómago al pasar junto a él. "Ahora, ¿qué, en este planeta abandonado de la mano de Dios, era tan jodidamente importante para sacarme de la playa? ¿Eh?"
"Cuenta, cuenta, Mickey," Jasper alentó a Mickey, empujándola con el codo.
"¿Y darte más material para que te hagas la paja?" Le dio una mirada mordaz antes de volverse para fulminar a Emmett con la mirada. "De ninguna jodida manera," resopló, rodando los ojos.
Me eché a reír, chocando puños con ella por su naturaleza vulgar. Era dura, inteligente y sarcástica. También nos amaba a todos como sus hermanos mayores desde que nos habíamos conocido en Afganistán. Ella había perdido todo su mundo el 11 de septiembre de 2011 y se había unido al ejército por venganza y un lugar para vivir. Era una perra exigente, solo salía con hombres que no eran militares, con algunas mujeres incluidas solo para volver locos a Emmett y Jasper.
Nada de eso hacía una diferencia para mí. En mi mente, cualquiera con quién hubiese trabajado era zona prohibida para actividades amorosas. Tenía la tendencia de mantener mis conquistas discretas y muy cortas. Mi trabajo y mi pasado eran demasiado equipaje para una relación a largo plazo.
"Sí, hombre… ¿por qué nos trajiste tan pronto? Creí que íbamos a tomarnos unos meses libres," Emmett se quejó, mirándome, pero antes de que pudiera contestar, un portazo se escuchó a través del patio trasero.
"¡Yo se los diré si todos ustedes traen sus traseros aquí!" Mi padre espetó desde la entrada de la cochera. "¡Ahora!"
"Oh, maldición," Jasper dijo en voz baja, mirándome cuando todos entramos en la cochera y bajamos las escaleras hacia nuestro cuarto de planes.
La habitación estaba extrañamente silenciosa mientras todos tomábamos asiento en frente de mi padre. Expedientes se estrellaron en la mesa frente a nosotros, pero no abrí el mío. Había memorizado todo lo que estaba en el expediente que me había traído el día anterior.
"¿Hay una amenaza de muerte para Charlie Swan? ¿No es tu viejo amigo?" Jasper preguntó, a sabiendas de que conseguíamos la mayor parte de nuestras armas, equipo de cómputo y tecnología de vigilancia de Twilight Tech, cortesía de mi padre al estar en la mesa directiva.
"Sí, desde que nos conocimos en el instituto. Y nos mantuvimos en contacto a través de los años. Él fue la fuente a la que acudí cuando trajimos esas nuevas bombas justo antes de que me retirara. También es el medio por el que conseguimos todo nuestro equipo. Charlie es un hombre de negocios muy inteligente y aún más inteligente inversionista, y pensó que estaba haciendo lo correcto al no acceder a trabajar con King en un contrato de armas."
"Tenía razón," argumenté. "King está metido en todo tipo de mierda. Es el tipo de hombre que te da la espalda y revende esas mismas armas a una amenaza extranjera por un precio más alto, al diablo con las consecuencias."
"Eso es verdad, Edward," Cheney dijo por el teléfono. "Y creemos que eso es lo que planea hacer."
Ben Cheney era nuestro gurú de computadoras y también nuestros ojos y oídos dentro del FBI. Si nos involucrábamos en algo, él lo sabía y podía ocultarlo rápidamente. Si necesitábamos información, él la tenía al alcance de sus manos.
"Se ha rumoreado que King se ha reunido con Alistair Corbin… ya sabes, el que no pudimos vincular con ese coche bomba hace unos años. Corbin fue acusado de volar la guardería donde un enemigo llevaba a sus hijos. Lo dejaron libre por algunos tecnicismos sin sentido. Afortunadamente, los niños no fueron ese día. Ese enemigo… fue el Senador Álvarez de California, el tipo que está tratando de detener la importación de drogas a los Estados Unidos solo. Ya que la importación de drogas ilegales es su principal fuente de ingresos, eso hace de Álvarez su enemigo público número uno.
"Aunque, en este momento, Álvarez no puede ser tocado," Cheney continuó. "Está a mitad de un muy desagradable divorcio. Está en los medios de comunicación casi todos los días. De hecho eso es algo bueno porque nadie puede hacerle nada en realidad. Tienen que esperar hasta que el divorcio haya terminado."
"Armas, drogas, divorcio… un día regular en la oficina," Mickey murmuró, sacudiendo la cabeza. "¿Quién es la chica?" Preguntó, sosteniendo la foto de Bella.
"La única hija de Charlie Swan, Isabella," Cheney respondió antes de que Carlisle pudiera hacerlo. "Se puede decir que está perdida en acción… y eso es un problema, porque si no podemos localizarla, entonces ella podría estar en serios problemas. King no dudaría en usar a un miembro de la familia como herramienta de negociación."
"Gracias, Ben," Carlisle dijo con frialdad. Su rostro tan oscuro como nunca antes lo había visto, y por un momento, me pregunté si había algo más detrás de su motivación. "Ya me he contactado con ella. Te mantendré informado."
"Será mejor que te des prisa," dijo Cheney, y oí el repiqueteo del teclado en el fondo. "Riley Miller llamó a la oficina de Investigaciones Gravity apenas esta mañana."
Mi padre miró a la foto de Bella y luego a mí. "Les pido… no, les ruego chicos que consideren tomar este trabajo. No será uno pago, aunque yo mismo los compensaré… de mi propio bolsillo. Charlie Swan fue como un hermano para mí en la escuela y aún más después. Su hija…" Hizo una pausa, simplemente moviendo la cabeza. "Ella es inteligente, averiguará algo de esto ciegamente. Tenemos dos objetivos: Charlie e Isabella. No deben tocar a ninguno de los dos. Debemos ocultar a los dos y mantenerlos a salvo."
"¿Por qué?" Emmett preguntó. "¿Por qué no pueden simplemente contratar guardaespaldas? No que no lo vaya a hacer, pero me gustaría saber en qué me estoy metiendo."
"Me parece justo," Cheney suspiró. "Charlie Swan grabó esa reunión… para el FBI."
"¡Oh, mierda!" Gruñí, pasando una mano por mi cabello. "¡Él es un maldito hombre muerto! ¡Y con la chica prácticamente es lo mismo, papá!"
Mi padre hizo una mueca pero no dijo nada.
"Y que lo digas," Jasper murmuró, sacudiendo la cabeza mientras seguía hojeando el expediente.
"Em y Mick… me gustaría que se encargaran de Charlie. Ese hombre no respira sin mi consentimiento," dijo mi padre, dándome una mirada de advertencia. "Y Edward, si no estás dentro, dímelo ahora."
"Estoy dentro," dije con brusquedad. "No vas a llevarte a mi equipo para esto sin mí. Será de alto riesgo y… personal," le dije, fulminándolo con la mirada.
No era que no quisiera ayudar, no era que quisiera estar fuera. Era saber que si las emociones tomaban parte de las decisiones que mi padre hiciera en lugar de pensar con la cabeza despejada, alguien podría salir herido o muerto. Ya había estado con mi equipo por casi cuatro años, eran parte de mi familia. No podía permitir que eso sucediera.
"¡No olvides quién está a cargo aquí, Edward! Sí, tú llevas la batuta en el campo, pero sigo siendo yo quién toma las decisiones," gruñó, señalándome con el dedo. "Todavía respondes ante mí. Pero te daré a elegir. Esta vez realmente podría necesitarte. ¿Estás dentro?"
"Sí," dije entre dientes, furioso. "Al menos para asegurarme que ni una mierda salga mal…"
"Bien," dijo con una firme inclinación de cabeza, volviéndose de nuevo hacia un equipo que estaba acostumbrado a esta batalla de voluntades. "Jasper, me gustaría que hicieras un reconocimiento a Investigaciones Gravity. Esa es la oficina de Bella. Quiero asegurarme de que nadie llegue a ellos. En especial Riley Miller. ¿Me entiendes?"
"Sí, señor," gruñó, metiendo la carpeta del expediente en el bolsillo interior de su chaqueta. "Benny, háblame de Miller."
"Riley Miller es la rata de King, y es mortífero," Cheney respondió sin detenerse. "Diría que es su fuerza, pero él no usa la fuerza. Él usa el ambiente alrededor de sus víctimas para deshacerse de ellas. Si el objetivo es un drogadicto, de pronto tendrá una sobredosis. Si el objetivo tiene varias mujeres, lo hará parecer como si una mujer despreciada, lo envenenó, lo asfixió con una almohada o le pasó un cuchillo por la garganta. Es inteligente, es letal, y nunca ha sido vinculado a un solo asesinato, pero hay muchos que gritan su nombre. A King le gusta usarlo específicamente cuando hay mujeres involucradas, porque eso es parte de su… pago."
"Aw, estás bromeando, ¿cierto? ¿Disfruta de lastimar a las chicas?" Mickey gruñó, tronándose los nudillos. "¡Oh, déjenme con él! Que intente esa mierda conmigo."
Solté un bufido, pero ella tenía razón. Miller era repugnante. Cuando mi mirada se posó en la fotografía de Bella Swan, mi estado de ánimo se ensombreció aún más.
"Tenemos un problema más," Cheney añadió, sus dedos de nuevo tecleando en el fondo. "Isabella Swan puede tener más de un enemigo. Actualmente está investigando al mismísimo senador Álvarez. Al parecer, es un bastardo infiel que le gusta hacerlo… rudo."
"Fan-putá-stico. Esta mierda va a golpearnos por todos lados," mi padre se quejó. "Bien," gruñó, mirando alrededor de la habitación. "¿Alguna pregunta?"
Todos negamos.
"Bien. Tengo que ponerme en marcha."
"No sin mí," le dije, levantándome de mi asiento. "No es un trabajo para una sola persona. Hay mucho apuntando hacia ella."
Estudió mi cara y asintió rápidamente. "Entonces, vamos."
~oOo~
BELLA POV
Me encantan las duchas de los hoteles. El agua caliente nunca se acaba. Cuando vivía con Jake, teníamos, estaba segura, el calentador de agua más pequeño del mundo. Apenas si tenías tiempo para terminar tu ducha antes de que el agua caliente se hiciera fría. Sin embargo, las duchas de los hoteles te daban suficiente tiempo. Prácticamente me ahogué en la ducha, lavándome, afeitándome, parándome bajo la ducha. Entré de nuevo a mi habitación usando pantalones de chándal y una camiseta sin mangas, sintiéndome más relajada de lo que había estado en mucho tiempo.
Sin embargo, había mucho silencio, lo noté cuando me paré en seco justo afuera del baño. Eché un vistazo rápido a la habitación, sin ver nada, pero eso sin contar con la esquina a la izquierda, la pared que estaba junto a la cama. No podía ver a nadie, pero podía sentir que los vellos de mis brazos y los pelitos de la nuca se paraban.
Miré hacia el escritorio junto a las puertas corredizas de cristal, sabiendo que mi arma estaba allí en mi bolso y que estaba demasiado lejos. Busqué mi teléfono, recordando que lo había dejado en una de las mesitas de noche, la mesita de noche que estaba rodeando justo esa esquina donde no podía ver nada, no podía encontrar el valor de darme la vuelta.
Miré a mi derecha, viendo la puerta. Estaba cerrada, pero la cadena que había puesto estaba cortada, como si alguien la hubiera cortado con un cortapernos. Las dos piezas de la cadena seguían balanceándose, un poco.
Joder, pensé dentro de mí, sin saber si tenía que luchar por mi pistola, mi cámara y mi teléfono, porque las tres cosas son de vital importancia para mí, o tomar la puerta al pasillo del hotel y tratar de llegar al vestíbulo. Era rápida, pero no sabía qué me esperaba a la vuelta de la maldita esquina de la pared.
Tomé la decisión en ese instante de caminar casualmente hacia el escritorio en la habitación. Sabía exactamente dónde estaba mi arma, y esperaba llegar a ella antes de que quién sea que estuviera en mi habitación hiciera su movimiento.
Frotando una toalla sobre mi cabello mojado, caminé decidida hacia el escritorio, sintiendo movimiento detrás de mí más que escucharlo. Me giré, arrojando mi toalla a la cara del tipo, y agarré mi arma del bolsillo lateral de mi mochila para la laptop.
"¡Perra!" El hombre gruñó, tirando la toalla y lanzándose hacia mí. Golpeó mi mano con la silla, provocando que el arma cayera al suelo.
En ese momento, se desató el infierno. Con mis rodillas golpeando su estómago y sus cachetadas en mi cara, no estábamos llegando a ningún lado, pero él levantó su codo en el momento justo, golpeándome en la sien con fuerza.
Mi visión se borró y el hombre tenía la ventaja, levantándome de golpe por la garganta. "Si no te quisieran de una sola pieza, perra, terminaría contigo ahora," me gruñó en la cara.
"Inténtalo," le dije con repulsión, cerrando los ojos con fuerza cuando su mano apretó un poco más mi cuello.
"¿Valiente? ¿O malditamente estúpida?" Rio sombríamente.
Fue su risa lo que me encabronó. Me hice la débil por unos cuantos segundos más, solo para levantar mi mano y ensartar mis dedos primero en su ojo y luego en su garganta. Él me soltó, y yo dejé que todo mi entrenamiento, desperdicio de entrenamiento de acuerdo a mi padre, se hiciera notar. Le di una patada lateral a la cabeza, pecho y bolas, sonriendo cuando refunfuñó con cada impacto.
Una vez más intenté agarrar mi arma, pero él fue más rápido y escuché el clic del percutor hacer un fuerte eco en mi oído. Me quedé inmóvil, respirando con dificultad cuando sentí el frío metal contra mi sien, mis dedos a solo unos centímetros de mi propia arma.
"Mierda," dije en voz baja, dejándome caer sobre mis talones. "¿Quién eres?"
"Alguien con quién no quieres joder," dijo, su propia respiración dificultosa. "Eres una perra entrometida. Alguien quiere detenerte, y tengo un trabajo que hacer. No tengo nada contra ti, cariño."
"Bien," dije con los dientes apretados. "No es nada personal, ¿no?"
"Exactamente," dijo, sonriendo un poco. "Levántate, vámonos. Tenemos lugares a los que ir y gente que ver."
Se puso de pie, escupiendo algo de sangre en la alfombra, y me agarró por el cabello, tirando para ponerme de pie.
"¡Maldición, cálmate de una puta vez!" Dije con brusquedad, casi tropezando con él. "¿Al menos me dejarías ponerme unos calcetines y zapatos?"
"Sí, claro, pero no intentes ninguna jodida gracia," me dijo, apuntando su arma en mi dirección mientras recogía la mía. Con solo unos simples movimientos, la tenía desarmada sobre el escritorio. "Calcetines, zapatos. ¡Antes de que cambie de opinión, perra!"
Asentí agarrando mi bolso y sentándome en la cama, mis ojos posándose en mi celular que estaba justo allí. Saqué un par de calcetines deportivos de mi bolso, poniéndomelos. Miré alrededor buscando mis tenis, pero estaban en el baño.
Iba por ellos pero él me detuvo. "Mis zapatos están en el baño," le dije con sequedad, rodando los ojos. "Tú ve por ellos, entonces."
Resopló y se alejó solo lo suficiente para que sacara un regalo de Alice de mi teléfono. Lo metí en mi calcetín, agarré la pluma y papel del hotel, y escribí. "Llama a Alice." Fue el único mensaje que pude dejarle a Carlisle porque no iba a poder llegar conmigo a tiempo. Y no tenía ni idea de a dónde me llevaban.
Los tenis cayeron al suelo frente a mí, y me los puse, tratando de apretar las cintas con fuerza de manera que lo que estaba oculto en mi calcetín no se saliera. Levanté la vista hacia el hombre que estaba a punto de llevarme y al arma que todavía apuntaba en mi dirección.
"¿Al menos me puedes decir quién te contrató?"
"No. Vamos."
Asentí mirando alrededor de la habitación una vez más.
El hombre me empujó con fuerza hacia la puerta, maldiciendo en voz baja.
"Vamos. No quiero tener que conducir toda la noche," gruñó, sujetándome por la nuca y llevándome por el pasillo.
Di un profundo respiro, pero cuando las puertas del ascensor nos dejaron entrar al garaje, un dolor agudo en mi cabeza hizo que todo se volviera negro.
~oOo~
EDWARD POV
"Yo conduciré," murmuré, sacando una bolsa de mi casillero y arrojándola al maletero de mi Challenger. Esperé a que mi padre arrojara su bolsa en la parte de atrás y que cerrara el maletero. "¿Hacia dónde me dirijo?" Pregunté, tomando el arma de debajo de mi asiento y asegurándola en la cintura de mis pantalones.
"Hacia el sur… y rápido," dijo entre su aliento, dejándose caer en el asiento del pasajero al mismo tiempo que arranqué el motor.
Maldita sea, amaba este coche. Era negro, elegante y rápido, con un motor que retumbaba en lo más profundo de tu pecho. Me eché de reversa, saliendo del camino de entrada de mi padre.
"Entonces, hacia el sur. ¿Hasta dónde?" Pregunté, tratando de no pisar a fondo el acelerador por las calles de Forks.
"California, justo al norte de San Francisco."
Presioné el botón de mi móvil, conectándome con Cheney de inmediato.
"Sí, Ed…."
"Necesito caminos libres hasta llegar a San Francisco, Benny. Por favor," dije con una sonrisa, sabiendo que él amaba joder con la policía local.
Se rio entre dientes, tecleando en su computadora. "Tengo tu GPS bloqueado, todo listo. Solo… ten cuidado alrededor de la zona de Portland. No siempre escuchan las advertencias del FBI. ¿Me escuchas?"
"Fuerte y claro," me reí, finalmente entrando a la interestatal y acelerando.
Salimos de Washington y cruzamos gran parte de Oregón antes de que sonara el teléfono de mi padre.
"Sí," dijo, pero una sonrisa se dibujó en sus labios mientras escuchaba. "No, ella es un hueso duro de roer. Estará bien. Tengo a dos que van de camino hacia Charlie y uno hacia Gravity, así que todos están cubiertos," le dijo a la persona al otro lado de la línea, haciendo una pausa para escuchar. "Ya estoy de camino… lo sé. Lo estamos haciendo lo mejor que podemos, lo juro. Ella es una buena chica, lo sé. Y también es fuerte. Dame unas horas más, y me reportaré de nuevo. ¿De acuerdo?" Comprobó, suspirando y cerrando los ojos. "Sí… yo también."
Nunca pregunté sobre esas llamadas, pero viendo que estábamos atrapados en un coche, no pude contenerme.
"¿Quién es? ¿A quién te reportas?"
"Paciencia, hijo," suspiró con cansancio.
Hice una mueca, consciente que no tenía que cuestionarlo porque confiaba completamente en él, pero quería saber quién más estaba involucrado en la situación. ¿Quién más estaba preocupado por los Swan?
"Bien," gruñí. "Pero al menos dime lo que quisiste decir allá en tu oficina sobre Bella. Sobre como es eficiente para manejar esta mierda. Es una civil, toma malditas fotos de pendejos infieles. ¿Cómo puede manejar una amenaza de muerte sobre ella?"
Sonrió suavemente, y me di cuenta que un poco triste. Respiró profundamente y se volvió hacia mí. "Bella no quería ser una investigadora privada, Edward, pero tenía talento para eso. Estuvo en Quantico hace unos cuantos años pero dejó el programa. Ella está… entrenada."
Mis cejas se alzaron, pero recordé una conversación de cuando nos habíamos conocido de que ella siempre había querido ser una agente del FBI. Me molestó un poco que no haya conseguido su sueño. Se supone que los niños debían ver sus sueños hechos realidad, en especial alguien tan genial como Bella había sido. Yo había conseguido los míos, pero mi sueño de crecer para ser igual que mi papá no resultó ser lo que yo creía. Desafortunadamente, ya era demasiado tarde, mi alma ya estaba vendida.
"¿Por qué lo dejó?"
"No es mi historia para contar, hijo. Honestamente, ni siquiera estoy seguro de saber la verdadera respuesta. En un minuto, solo le faltan unos meses para graduarse y al siguiente, está de vuelta en Seattle. Charlie no habla de ello, y nunca le he preguntado, aunque tengo mis sospechas."
"¿Por qué no le habla a Charlie?" Pregunté, ahora muriendo por obtener información de la chica.
"¿Por qué quieres saberlo?"
"Vamos a ir por ella, ¿no?" Pregunté, sin yo mismo saber por qué carajos tenía tanta curiosidad por esta chica que había conocido solo una vez, increíble. "Así que quiero saber qué esperar de esta perra…."
"¡Llámala así de nuevo y te romperé la nariz en esa bonita cara tuya! Muestra algo de respeto, Edward. Lo digo en serio. Ella no es una de tus conquistas, y no es Mickey que le importa una mierda como la tratas. Es la hija de un hombre a quién conozco de toda mi vida," gruñó, sus manos hechas puños en su regazo. "Ella es prácticamente parte de la familia, y es una buena chica."
"Mierda, lo siento." Suspiré, pasando una mano por mi cabello a medida que bajaba la velocidad del coche. "No quise decirlo de esa forma. Es una mala costumbre," murmuré mientras mantenía los ojos en la camino.
Asintió con la cabeza en mi visión periférica y miró por la ventana. "Charlie es un tonto. Fue un tonto cuando estaba casado con la madre de Bella, y es un tonto por como trata a su hija. Pasa demasiado tiempo en reunir su fortuna y no el suficiente en aprender a vivir."
Fruncí el ceño, mirando a mi padre. "Suenas como que sabes lo que es eso."
"Lo sé," me dijo, todavía mirando por la ventana. "Siento que hayas perdido a tu madre, Edward. Siento haberte introducido en esta vida—".
"No lo hagas," dije en voz baja, interrumpiéndolo. "Soy un chico grande, papá. He tomado mis propias decisiones."
"Ser un mercenario no es por elección, es esclavitud," dijo con un tono bajo en su voz. "Eres esclavo del dinero, de la adrenalina, de la gente que te contrata, y puede parecer que no hay salida."
Resoplé riendo sin humor. Tenía razón, pero era lo que éramos. Me había tomado años darme cuenta que la razón por la que nos habíamos mudado de California a Forks cuando tenía trece años, no era porque mi madre acababa de morir a causa del cáncer sino porque mi padre necesitaba estar cerca de su equipo.
Él inició un pequeño equipo de mercenarios justo después de retirarse de la Fuerza Aérea. Contrató a alguien para que se hiciera cargo de mí y eventualmente me enroló en la academia militar. Había viajado demasiado como para estar conmigo, pero siempre había estado en constante contacto.
Una vez que me gradué, me habían enviado de inmediato al extranjero, y ahí fue donde había conocido a Emmett, Jasper, y finalmente a Mickey. Habíamos hecho un equipo increíble, una fuerza mortífera de operaciones encubiertas, y una vez que mi lesión se curó y que la Fuerza Aérea me liberó, me siguieron tan pronto les fue posible. Habíamos estado juntos por casi cuatro años.
Ellos eran mis hermanos y mi hermana. Tomaban golpes, puñetazos y balazos por mí, y yo había hecho lo mismo por ellos. Habíamos derribado pequeños ejércitos, dictadores, y hasta gobiernos completos, todo por un sueldo increíble. Vivíamos para la emoción, la adrenalina y el dinero.
"Con el tiempo cansa," suspiré, mi línea de pensamientos saliendo de mi boca sin filtro.
"Quería algo más para ti—toma está salida," dijo, justo cuando cruzamos la línea del estado de California. "Quiero nietos," continuó, volviendo su cabeza hacia mí y sonriendo.
Me eché a reír, empujando su brazo. "Eso puede que nunca suceda. No puedo trabajar en esto y dejar mi esposa e hijos en casa. Me asesinarían. Ellos serían todo en lo que podría pensar. Y eso no es justo," le admití.
"Tienes veintisiete, Edward. Todavía estás joven. Y no es como si te detendría si quisieras irte…"
Asentí, a sabiendas de que tenía razón.
"Solo necesitas encontrar a la chica correcta," se rio entre dientes.
"¿Hubieras hecho esto si mamá viviera?" Le pregunté de pronto, deseando realmente saber la verdad por él.
"No, para nada." Suspiró, una tristeza antigua oscureciendo sus rasgos. "Habría embolsado comestibles por el resto de mi jubilación. Algo seguro, algo aburrido. Porque tu madre… ella no era aburrida." Me sonrió, apretando mi hombro. "Luces exactamente igual a ella."
Me reí entre dientes, sabiendo eso. Tomé una respiración profunda, pero aparentemente él tenía más que decir.
"El sexo ocasional es vacío, hijo. Es el sentimiento profundo y constante el que quieres. Piénsalo."
"Las cosas que he hecho… que he visto…." Hice una mueca, sacudiendo la cabeza. "Nadie entiende esa mierda. Joder, ni siquiera yo lo entiendo."
"La mujer correcta… ella te hará olvidar todo eso," dijo sabiamente.
"¿Ella lo fue para ti?"
"Tu madre lo hizo, sí. Después de la Guerra del Golfo. Y sí, he encontrado consuelo…" Él me dio su sonrisa secreta de nuevo, "Pero eso es para otra ocasión. Estaciónate allí."
"Es muy temprano. Deberíamos…" Comencé a decir pero él levantó su mano.
"No, vamos."
Estacioné el coche en el lugar en donde él me dijo, abriendo el maletero. Abriendo mi bolsa agarré unos cargadores con municiones para mi arma y luego cerré el maletero.
Entramos por el vestíbulo, tomando los ascensores. Música estúpida se escuchaba en mis oídos cuando llegamos al tercer piso. Bajé la vista a mis pies, frunciendo el ceño a cierto punto.
Me puse de cuclillas, tocando lo que parecía ser….
"Sangre," susurré, levantando la vista para ver a mi padre y mostrándole las manchas de color rojo brillante en mis dedos.
"Mierda," maldijo, levantando la vista cuando las puertas del ascensor se abrieron.
"¿En qué habitación?"
"Trescientos treinta y dos," susurró, su mano ya iba a en dirección a su arma.
Corrimos por el pasillo sin hacer ruido, y nos paramos a un lado mientras él tocaba, pero no se escuchó ningún sonido, ninguna respuesta desde el otro lado.
Miré al pomo de la puerta, pasando un dedo por la ranura por donde se insertaba la tarjeta. Saqué mi Bluetooth, colocándomelo en el oído, y le marqué a Cheney.
"Benny, necesito que me abras una habitación de hotel," le dije tan silencioso como me fue posible.
"Háblame," dijo, tecleando rápidamente mientras le decía que hotel y en qué número de habitación.
Carlisle resopló con diversión cuando la puerta hizo clic, la luz verde brillando con fuerza. "Increíble," murmuró. "¿Qué pasó con las llaves que se usaban antes?"
"La frase 'que se usaban antes' es la clave en esa pregunta," le dije en broma, abriendo la puerta sin hacer ruido. "Benny, mantente preparado, hermano…"
"Diez-cuatro," dijo en mi oído.
Lo primero que noté fue la cadena cortada, lo segundo… que toda la habitación estaba destruida. La silla del escritorio estaba volcada, la ropa regada por todas partes, y había una nueve milímetros desarmada sobre el escritorio. Pero había más sangre… por todo el lugar.
"¡Maldita sea!" Gruñó mi padre, merodeando por la habitación.
"Háblame, Ed," Ben me rogó al oído. "Dime lo que está pasando."
"Ella no está aquí… y ha habido una… ¿lucha?" Le dije, pero sonó más como una pregunta mientras miraba a mi padre.
"Joder," Cheney dijo en voz baja, sus dedos volando sobre el teclado. "Nada ha sido reportado. Ningún disturbio en el hotel."
Vi lo que parecían ser las cosas de Bella, recogiendo una bolsa y hurgando en ella. Encontré una cámara, una laptop y unas cuantas prendas de ropa.
"Ella hizo lo que le dijiste, papá," le dije en voz baja porque podía ver que estaba a punto de perder el control. "Apagó su laptop, cerró la puerta con llave, y… ¿dónde está su teléfono?" Pregunté, girando en mi lugar.
"Aquí." Dijo entre su aliento, sentándose sobre la cama. Le dio la vuelta al smartphone en sus manos, pero la cubierta de la batería había sido removida. "Mira esto," dijo, señalando el blog de notas en la mesita de noche del hotel.
"¿Quién es Alice?" Le pregunté, pero fue Ben quién me respondió.
"Alice Brandon," declaró, como si lo estuviera leyendo de la pantalla. "Arrestada a los doce años por hackear en la Bolsa de Nueva York y plantar un virus que traspasó dos punto cinco millones de dólares a una cuenta de banco en el extranjero, por cierto, dinero que nunca ha sido recuperado. Ella es un miembro de MENSA (1), rechazada del programa de la NASA y actual empleada de Investigaciones Gravity como su especialista en computadoras. Mmm, me gustaría hablar con ella…." Esa última parte la dijo en un murmullo.
"Ella trabaja con Bella," mi padre añadió, pero no me miraba porque en ese momento estaba encendiendo el teléfono de Bella.
Con unos toques a la pantalla hizo una llamada que sonó fuerte y claro por el altavoz. Sonó un par de veces antes de que respondiera una chica balbuceando pero hablando rápidamente.
"¡Bells, no te atrevas a faltar a tu palabra de empezar antes el fin de semana, tú zorra! Mack dijo que hoy nos lo diste libre," dijo rápidamente, moviéndose al otro lado de la línea.
"Alice, lo siento, pero no soy Isabella. Soy Carlisle Cullen," dijo él.
Hubo un chillido y un golpe fuerte al otro lado. "Mierda, señor Cullen, lo siento… hey, este es el teléfono de Bella," ella gruñó. "¿Qué demonios?"
"Necesito tu ayuda, Alice," dijo mi padre, tratando de mantener la voz calmada. "Se suponía que me iba a encontrar con Bella, pero todo lo que encontré fue una nota diciendo que te llamara…."
"Oh-mierda, oh-mierda, oh-mierda," repitió una y otra vez, y se escuchaba como si estuviera corriendo. "Deme un segundo. Dígame, señor Cullen… ¿estaba su teléfono desarmado cuando usted llegó allí?"
"Sí, y su arma," él le dijo, mirando alrededor de la habitación. "Y llámame Carlisle. Tengo el presentimiento de que vamos a estar hablando mucho."
"Joder, joder, joder," repitió. "Si ella desarmó el teléfono, entonces está usando el chip GPS que le di…"
"Joder, gracias," gruñí, pensando que podríamos encontrar a Bella más pronto de lo que había pensado después de ver la habitación.
"No tan rápido," ella dijo en voz baja, tecleando furiosamente al otro extremo. Tengo que desencriptarlo y luego sacar las contraseñas. Tendrán que darme tiempo. No estoy en la oficina."
"No tenemos tiempo," Carlisle gruñó. "La han capturado, Alice."
"¡Oh maldición! Las primeras veinticuatro a veintiocho horas son críticas. Lo sé, lo sé, lo sé…. el noventa y cinco por ciento de los secuestradores matan a sus objetivos en ese lapso de tiempo," murmuró, pero no era como si estuviera hablando con nosotros, era como si solo estuviera citando los hechos para mantener su mente centrada. "Necesito… unas cuantas horas. Por favor."
"Yo hablaré con ella," Cheney dijo en mi oído, "pero déjame ordenar un equipo de limpieza para esa habitación de hotel. Llévate las cosas de la chica contigo."
"Benney, hay sangre por todos lados. Tal vez puedas—". Empecé a decir, pero aparentemente, él estaba pensando lo mismo que yo.
"Tengo la esperanza de que podamos conseguir algo de ADN. Con suerte, la señorita Swan consiguió dar un golpe… o dos," murmuró. "Pero los necesito fuera… y pronto. Y no se olviden de la maldita cámara."
"Tenemos que irnos," le dije a mi papá, arrojando las cosas de Bella dentro de cualquier bolsa que pudiera encontrar y diciéndole cual era el plan de Cheney.
"¿Alice?" Mi padre dijo en el teléfono.
"¿C-Carlisle?" Dijo ella, y fue en ese momento que pude escuchar las emociones en su voz. "Yo… necesito unas horas… por favor. Estoy… Estoy asustada por ella…"
"Yo también," la tranquilizó. "Escucha, vas a recibir una llamada de un miembro de mi equipo, Ben Cheney. Va a tratar de ayudarte a rastrearla. Así es que escucha a lo que él te diga. Mantente calmada, ¿de acuerdo?"
"Que va… quiero decir…" Se detuvo, sorbiendo su nariz solo una vez. "¿Qué demonios está pasando?"
"A su tiempo, Alice. Puede que quieras llegar a tu oficina," le dijo. "Mandé a otro de mis hombres a verte. No hables con nadie que no sean mis hombres. ¿Me escuchas, Alice? Jasper Whitlock llegará a Gravity, y Ben Cheney te llamará. Si alguien se identifica así mismo como alguien más que no sean estos dos hombres, llámame. No confíes en nadie más."
"Sí, señor," dijo ella, pero pude darme cuenta que ya estaba distraída. Estaba esforzándose mucho por encontrar a Bella.
Carlisle terminó la llamada y se volvió hacia mí. "Salgamos de aquí antes de que el equipo de limpieza Cheney se presente."
~oOo~
BELLA POV
Escuché sonidos en cuanto empecé a volver en mí, rasguños a mi izquierda, voces apagadas encima de mí, y el sonido de mi propia respiración entrecortada a través de una nariz obstruida por la sangre. Traté de tragar pero había algo en mi boca, algo seco, como un trapo. Cerré los ojos con fuerza antes de abrirlos a un cuarto oscuro, la única luz que entraba provenía de una débil fuente sobre mí.
Traté de sentarme pero mis manos estaban atadas a mi espalda, y mis tobillos estaban atados juntos. Con unos cuantos intentos, finalmente pude sentarme, apoyándome contra una pared áspera. Cerrando mis ojos de nuevo y abriéndolos, esperando que mi visión se aclarara un poco.
Estaba en algún tipo de sótano, un cuarto bajo tierra. Las paredes eran de roca, sin ventanas, y el suelo estaba duro como el concreto. Todavía traía puesta mi camiseta sin mangas y mi pantalón de chándal, me habían quitado los tenis, pero afortunadamente, me habían dejado con mis calcetines porque la pared estaba malditamente fría.
Pensar en mis calcetines me hizo recordar el chip GPS que había guardado en mi tobillo, pero no podía saber si estaba todavía allí o no. No podía frotar mis piernas una contra la otra para asegurarme, y era malditamente obvio que no podía estirar las manos para sentirlo.
Miré de nuevo alrededor del cuarto, todavía escuchando voces apagadas encima de mí, pero me quedé sin aliento cuando vi lo que estaba al otro lado de la habitación. Lucía como una cama de hospital sin colchón. Tal vez una mejor descripción sería una mesa de morgue, porque había desagües por debajo.
Había una mesa junto a ella, pero no podía ver lo que había en ella. Estaba muy abajo, y el cuarto estaba demasiado oscuro.
Justo en ese momento, las voces de arriba dejaron de escucharse apagadas y se convirtieron en un ruidoso argumento.
"¡No es mi puto problema, Randy!"
"Necesito esas jodidas fotos, Miller," Randy argumentó.
"Bueno, tal vez debiste haber pensado en eso antes de dejar la puñetera cámara. Ahora… ella me pertenece," dijo Miller, abriendo la puerta en la cima de las escaleras.
"No puedes… no hasta que no consiga esas fotos," Randy se quejó, y vi como agarró el brazo de Miller.
Fue lo último que él hizo.
Con un movimiento rápido, Miller agarró a Randy por la camiseta y lo arrojó por las escaleras.
"¡Joder, no me toques!" Rugió, bajando lentamente las escaleras mientras que Randy trataba de alejarse de él. "No me importan tus putas fotos. No me interesa Álvarez. Tengo mi propia agenda, y planeo—". Hizo una pausa, mirando en mi dirección y lamiéndose los labios, "—cobrarme."
Un escalofrío subió por mi espalda cuando vi a Miller a los ojos. Eran fríos y de un azul acerado. Tenía cabello rubio y una figura musculosa, pero se veía como una víbora lista para atacar. Tenía una cicatriz en su barbilla, y cuando frotó su mandíbula vi que le faltaba su dedo índice.
Apartó su mirada de mí, volviéndose de nuevo hacia un encogido Randy en la esquina. Se agachó, sacándole la mierda a golpes, él lo golpeó una y otra vez. Un aullido salió de hombre en el suelo mientras Miller continuaba golpeándolo, pero eso no lo detuvo. La sangre salpicó sobre Randy, Miller, y las paredes y el piso en torno a ellos.
Miller se puso de pie, hecho su pierna hacia atrás, y dio una brutal patada en la sección media de Randy. El hombre en el suelo finalmente cayó inerte sobre su costado.
Me preparé para lo que venía cuando Miller finalmente volvió su atención a mí. "Isabella Swan," canturreó, tomándose su tiempo caminando por la habitación. "He estado esperando hablar contigo. Y tengo… muchas cosas de las que hablar," dijo él, estirando su mano para agarrar la cinta a un lado de mi cara.
Con un rápido tirón, arrancó la cinta de mi boca, haciéndome gritar.
"Joder," gruñí, escupiendo un pedazo de tela. "¿Qué demonios quieres, hijo de puta?" Le dije con brusquedad, mi voz rasposa por no haberla podido usar por un tiempo.
"Todo a su tiempo señorita Swan," dijo él, recogiéndome del suelo con brusquedad. "Aunque, primero… vamos a llevarte a la mesa."
Él se inclinó, echándome sobre su hombro solo para estrellarme repentinamente sobre la superficie de metal. Gruñí, mi labio encrespándose cuando lo miré.
"¿Tiene algo que decir, señorita Swan?" Miller preguntó al mismo tiempo que aseguraba los cinturones de cuero a través de mis piernas y estómago.
"Te arrepentirás de esto, lo prometo," le dije apretando mis dientes.
Él se echó a reír, sacudiendo la cabeza. "Oh, estoy seguro que lo haré, pero en este momento, estoy muy ansioso por toda la diversión que estamos a punto de tener." Se rio sombríamente, quitando las sogas de mis pies y de las manos. "Ahora…" Empezó a decir, volviéndose hacia la mesa a su lado. "Empecemos con la primera pregunta, señorita Swan."
Cuando se dio la vuelta para mirarme, estaba sosteniendo un pequeño flagelador de cuero. Tan rápido que apenas si pude verlo moverse, lo azotó sobre mi brazo desnudo. Grité de nuevo, maldiciendo a las lágrimas que se escaparon de mis ojos por el dolor agudo y punzante.
"¿Dónde está tu padre, Isabella? ¿Dónde está Charlie Swan?" Preguntó él, levantando su mano de nuevo.
"No tengo idea," le dije, mis ojos cerrándose cuando azotó de nuevo el flagelador sobre mi pierna. A pesar de la protección de mis pantalones de chándal, dolía como el infierno. "Joder, te juro que no lo sé. ¡No nos hemos hablado!" Le grité.
"No, eso no es de lo que hablo, perra," me dijo, levantando la parte inferior de mi camiseta. "Hablo de, ¿a dónde va cuando se oculta?"
"No tengo idea. Nunca ha pasado. Si no está en su oficina, ni en la casa, entonces, demonios, no lo sé," gruñí.
Miller hizo una pausa, agarrándome por la barbilla con rudeza. "No me digas una puta mentira," canturreó. Su voz estaba extrañamente tranquila, pero su agarre era feroz.
"No lo hago, lo juro," jadeé, más lágrimas escapándose de mis ojos cuando los cerré. "No nos hemos hablado en un mes."
"Él es el dueño de ese negocio tuyo…."
Levanté la vista hacia él y pude ver que no me creía que estaba diciendo la verdad, pero su agarre seguía firme. "¡No lo sé!"
"Bien," dijo en voz baja, sonriendo maliciosamente. "Tal vez con el tiempo se te afloje la lengua. Tal vez, la falta de comida, de agua, y la capacidad de moverte de este lugar te refresque la memoria…"
Estrelló el flagelador sobre la mesa y se alejó de mí. Se detuvo frente a un todavía inconsciente Randy, mirándome de nuevo.
"Sin embargo, voy a dejarte un amigo." Se rio entre dientes, sacudiendo su cabeza ante su broma, porque incluso yo podía escuchar los jadeos húmedos e irregulares que Randy estaba dando. El joven no duraría mucho en este mundo, y pronto, estaría sola con un cadáver.
Se rio de nuevo, subiendo rápidamente las escaleras y apagando las luces.
Sumida en la oscuridad, me dejé llevar por las lágrimas y ahora, por la desesperación, porque con toda honestidad, si mi padre no estaba en el trabajo o en casa, no tenía idea de dónde estaba, y esa falta de información bien pudiera causarme la muerte.
(1) Asociación internacional de superdotados fundada en Inglaterra en 1946 por Roland Berrill y Lancelot Ware
Hola me da gusto que estén recibiendo bien esta historia, ha habido varias que la siguen y la han marcado como favorita, ahora, si pudieran dejar un pequeño review. Me encantaría saber que les ha parecido y cuales son sus teorías sobre la historia. Gracias a quienes comentaron el capi anterior :) y espero que me sigan diciendo que les pareció. Nos leemos el próximo viernes para ver que pasa con Bella y si llegan a tiempo con ella. Besos.
