Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes son propiedad de Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.
Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer y the author is Drotuno, I just translate.
Gracias a mi querida amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.
CAPÍTULO 4
BELLA POV
"¿Bella?" Escuché en las profundas, oscuras y confusas partes de mi mente. "Bella, ¿puedes despertar para mí?"
Carlisle.
Respiré profundamente, percibiendo olor a océano y cuero, y abrí mis ojos lentamente, entornando los ojos por la brillante habitación.
"Sí, Carlisle," dije con voz rasposa, tratando de pasar saliva.
Él sonrió, sosteniendo una botella de agua. "Ten, toma esto, pero hazlo despacio."
Me atraganté con los primeros tragos, pero disfruté de la sensación del fuego en mi garganta siendo extinguido, aunque solo fuera por un momento.
Miré alrededor y me di cuenta que estaba en una recámara, que estaba escasamente decorada pero de forma confortable.
"¿Dónde estoy?" Dije con la voz rasposa, cubriéndome aún más con una chaqueta de cuero que no era mía.
"Estás a salvo, Bella. Estamos en una casa de seguridad," explicó, pero yo no entendía.
"¿Qué pasó?" Susurré, lágrimas llenando mis ojos.
Hizo una mueca, sacudiendo su cabeza y poniéndose de cuclillas junto a la cama. "Prometo decirte todo, pero hay alguien que quiere verte."
Se puso de pie y caminó hacia la puerta, asomándose hacia el pasillo. "Está despierta," dijo, abriendo la puerta.
"Esme," dije, bajándome de la cama y cayendo en sus brazos.
"Oh, Isabella, ¿qué te hizo ese hombre?" Sollozó, echándome un vistazo antes de atraerme de nuevo en un abrazo.
Apenas escuchamos a Carlisle murmurar, "Las dejaré solas," cuando cerró la puerta tras él.
Empecé a balbucear, pero apenas si tenía sentido para mí lo que decía así que sabía que ella no estaba entiendo ni una sola palabra. Le dije sobre mi último trabajo y cómo tomé las fotos. Le dije que me registré en el hotel después de hablar con ella por teléfono, solo para llegar a mi habitación y llamar a Carlisle. Le dije todas las cosas que él me dijo que hiciera y que las había hecho, pero de alguna forma, alguien había irrumpido en la habitación de hotel.
Me senté de golpe sobre el borde de la cama, y Esme envolvió un cariñoso brazo en torno a mí, dejándome respirar por solo un momento.
Traté de hablar sobre el tiempo que pasé en el sótano, pero las palabras no salían, solo lágrimas y sollozos con hipidos.
"Yo… yo no puedo," admití sorbiendo mi nariz y sacudiendo la cabeza.
"Shh, cariño. No tienes que hacerlo," canturreó, meciéndome hacia delante y hacia atrás.
"¿Qué estás haciendo aquí?" Susurré. "Me refiero a que… ¿cómo… cómo conoces a Carlisle?"
Me dio una brillante y hermosa sonrisa, sacudiendo mi hombro. "Vamos a lavarte, y te prometo que voy a responder todas las preguntas que todo el mundo tiene."
Cuando me ayudaba a ponerme de pie, mi cansada mente finalmente comprendió lo que había dicho. "¿Todo el mundo?"
Se rio entre dientes. "Oh, señorita Bella. Usted no es la única que quiere saber por qué estoy aquí."
"Bien," suspiré, permitiéndole sentarme en la taza cerrada para que ella pudiera abrir la llave de la ducha.
"Entra," ordenó, señalando la humeante agua. "Todo lo que necesitas va a estar ahí. Voy a ver si puedo encontrar algo para que uses. Pero cuando salgas voy a revisar tus heridas, Bella. ¿Está bien?"
Asentí estúpidamente, confiando en la mujer con cada fibra de mi ser. Podía escucharla moverse en el baño, y estaba tan cansada, sentí que la única forma de mantenerme despierta era conversar.
"¿Mi papá?" Pregunté tentativamente.
"Él está a salvo, querida."
"¿Qué hay de mis chicas y Rose?"
"También a salvo," dijo ella, pero escuché una risita en su voz.
Di un suspiro de alivio. Si algo le pasaba a Rose, a Mack o a Alice por algo que hice o algún maldito trabajo que haya tomado, nunca me lo perdonaría.
Siseé cuando el agua tocó mis heridas abiertas, en especial la herida en mi muslo y el corte sobre mi ojo, parecían ser los peores, y la suciedad y la sangre se fueron por el desagüe. Sin embargo, lavarme el cabello nunca se había sentido tan bien y un gemido de éxtasis se me escapó.
Finalmente cerré la llave del agua, y Esme me llamó desde la recámara. "Hay una toalla allí, Bella. Solo póntela encima y ven aquí."
Me envolví con la esponjosa toalla de color azul y entré a la recamara, recuerdos del momento en que salí del baño de mi cuarto de hotel me hicieron temblar.
"Hey, hey, solo soy yo," susurró, tomando mi rostro entre sus manos. "Nadie te tocará de nuevo contra tu voluntad, cariño. Te lo prometo. Carlisle lo promete. Incluso Edward lo jura."
"¿Edward?" Pregunté, mirándola mientras me sentaba al borde de la cama.
"¿No recuerdas?" Preguntó, una sonrisa irónica curveándose en su rostro.
Negué.
"Fue Edward quién te sacó de ese…. cuarto… de esa casa," me dijo, guiándome para que me recostara de espaldas y levantando la toalla.
Le fruncí el ceño, todavía sacudiendo mi cabeza porque no recordaba nada de eso, hasta que…
"Unos ojos… unos ojos verdes," jadeé.
"Es él," se rio entre dientes. "Pensé que estaba bromeando cuando dijo que eso fue todo lo que le dijiste."
"¿Ese era Edward? ¿Quieres decir, Edward, el hijo de Carlisle?"
"Sí," se rio de nuevo. "Se sintió muy mal cuando vio cómo te habían… mantenido," explicó.
"Debería agradecerle," murmuré, pero ella no dijo nada.
Se agachó y cogió una bolsa negra de cuero, finalmente se encontró con mi confundida mirada. "Isabella, no he sido totalmente honesta contigo, pero tienes que saber que soy médico, psiquiatra, pero puedo hacerme cargo de estos cortes." Hizo una pausa, mirándome aún a los ojos. "Necesito tu permiso, cariño."
"Sí, claro," murmuré.
"Bien," dijo en voz baja y empezó a preparar una aguja. "La de tu pierna y la que tienes en tu ojo necesitan puntadas," me dijo mirándome, y asentí.
Después de adormecer la piel en mi ojo y pierna, trabajó con eficiencia, todo el tiempo tarareando una suave melodía. Fue tan delicada que cabeceé un par de veces.
"Ahora, necesito…" Se detuvo, sus ojos se humedecieron por las lágrimas y sacudió su cabeza. "Necesito saber si… quiero decir… el tipo…"
Negué, soltando un sollozo. "No."
Todo su cuerpo se relajó por el alivio. "Gracias a Dios," dijo bajo su aliento, limpiando una lágrima que se había deslizado por su mejilla.
Hizo que me sentara, dándole a los demás cortes y moretones algo de atención, pero no dijo nada hasta que mi estómago dio un fiero gruñido.
"Toma." Se rio, poniendo una pila de ropa sobre la cama. "Ponte esto hasta que podamos conseguir algunas de tus cosas."
Asentí, preguntando. "¿Cuánto tiempo voy a estar aquí?"
Haciendo una mueca sacudiendo la cabeza. "Esa es una pregunta para Carlisle, cariño. Estoy segura de que tiene un plan."
Metió la mano en una bolsa de plástico que había en el suelo y caminó de nuevo hacia mí.
"Sé que no es la elegante ropa interior que te gusta," bromeó, entregándome un paquete de unas simples bragas en color blanco y un sujetador a juego, "pero no había mucho de donde escoger cuando me detuve por suministros médicos."
"Están bien, Esme. Gracias."
"Mmm," suspiró. "Sé que estás cansada, pero me gustaría que comieras algo. Y estoy segura que Carlisle está ansioso por hablar contigo. Así que, cuando te vistas, baja a la cocina."
"Sí, señora."
Me puse una camiseta blanca que tenía un aroma familiar y unos pantalones cortos de baloncesto color negro, enrollándolos un poco. Obviamente, la ropa era de hombre y me pregunté si era de Carlisle.
Fue una tortura tratar de deshacer todos los nudos que se habían enredado en mi pelo los días en que había estado acostada en esa mesa de metal, pero después de unos minutos, mis dedos pasaban entre mi cabello con suavidad.
De camino hacia la puerta, agarré la chaqueta de cuero que no pertenecía, esperando regresársela a su verdadero dueño. Tuve que bajar las escaleras con cuidado de manera que no me abriera los puntos en mi muslo, pero al fin llegué al descanso.
El aroma a tocino, huevos y algo dulce llegó a mi nariz, provocando que se me hiciera agua la boca. Estaba hambrienta… literalmente, considerando que mi última verdadera comida había sido una para llevar hace unos días. Seguí a mi nariz, encontrando la cocina justo a la derecha de las escaleras y al otro lado de la sala.
La cocina estaba vacía con la excepción de una persona que estaba frente a la estufa. Pareciera que estaba preparándose para alimentar un ejército de hombres porque había una pila de platos junto a él. Platones de huevos revueltos, tostadas francesas, y un plato lleno de tocino y salchichas cubrían la encimera.
Pero fue al hombre donde mis ojos se sintieron atraídos. Llevaba los mismos pantalones cortos que yo, una gorra negra de béisbol hacia atrás, zapatillas deportivas, y no traía camisa. Era musculoso, pero no enorme, con músculos flexibles que partían de sus amplios hombros, estrechándose en sus caderas. Noté que tenía un fantástico trasero.
Cuando me aclaré la garganta, él se dio la vuelta, y supe exactamente quién era. No lo había visto como en unos catorce años, pero cuando me encontré con una sonrisa nerviosa y torcida y esos muy hermosos ojos verdes, no pude evitar devolverle la sonrisa. Su rostro había perdido su redondez infantil, dejando una devastadoramente hermosa línea de mandíbula y pómulos que decían hermoso pero muy masculino. Edward Cullen había pasado de muy lindo, a súper caliente.
"Bella," dijo él con una sonrisa. "¿Cómo te sientes? Ven… siéntate," me dijo, sacando una silla frente a la mesa.
"Hey, Edward." Dije en voz baja, haciendo una mueca cuando me senté. "Me siento como animal atropellado." Resoplé, sosteniendo la chaqueta en mis manos. "¿Es tuya?" Le pregunté, encontrando su oscura mirada.
"Uh, sí," admitió, tomándola de mis manos.
"Está eh… algo sucia. No estaba… quiero decir… déjame mandarla a que la limpien…"
"De ninguna manera," dijo riéndose, rodando los ojos y arrojando la chaqueta a una silla. "Es solo una chaqueta."
Se volvió de nuevo hacia la estufa, dando la vuelta a algunas rebanadas de tocino y tomando un plato vacío de la pila. Me preparó un plato enorme, poniéndolo frente a mí.
"No te lo tienes que comer todo, pero tienes que comer algo," me dijo, su voz tomando un tono diferente, casi como una orden, y me hizo recordar mis últimos momentos en el sótano.
"Te debo las gracias," susurré, cogiendo un tenedor. "Por… ir por mí…"
"No, no es así," respondió él, pero su espalda estaba hacia mí. "En realidad, llegamos demasiado tarde… mi papá y yo…" Se detuvo, sacudió su cabeza y me cambió de tema. "Seguro que él te contará todo pronto."
Asentí con la cabeza, aun cuando no podía verme, y tomé un bocado de huevos. Eran lo mejor que había probado en lo que parecía una eternidad.
"Muy buenos," gemí con una risita. "¿O me sabe así porque lo último que engullí fue comida rápida?"
Él se echó a reír, apagando la estufa, y luego se sentó en la silla frente a mí. "Tal vez."
"¿Estás esperando alimentar a un ejército a estas horas de la mañana?" Pregunté, señalando con mi tenedor a la gran cantidad de comida en la encimera.
"Algo así. Mi equipo come muy bien, y son inútiles en la cocina." Se rio entre dientes. "Es como tener hijos."
"¿Tu equipo?"
"Sí…" dijo, mirando a su taza de café y no a mis ojos.
Lo miré, notando su pecho esta vez. Tenía muy buen cuerpo, con abdominales y pectorales perfectos, pero atrajo mi atención el tatuaje en su pectoral izquierdo, era una condecoración de la fuerza aérea, con una estrella en el centro, algo que había visto antes porque Carlisle tenía una igual en el interior de su antebrazo. Pero el de Edward era diferente. Estaba rodeado por tres estrellas rojas y las letras: USAF(1). Estaba bellamente hecho.
Estaba a punto de preguntarle si había alcanzado su sueño de volar helicópteros, pero Carlisle y Esme entraron juntos a la cocina. Y me refiero a… juntos, tomados de la mano.
Mis cejas se alzaron, y Edward vio mi expresión, volviéndose hacia la entrada.
"¿Vas a decirnos ahora qué demonios está pasando?" Le ladró a su papá.
"Ponte una camiseta. Aquí no estamos en las barracas. Y sí," dijo Carlisle, dándole a su hijo una mirada impaciente. "Estoy seguro que Bella también tiene algunas preguntas."
Edward se levantó de la mesa y corrió a una habitación al lado de la sala mientras Carlisle se sentaba junto a mí. Esme tomó dos platos de la pila y procedió a llenarlos.
"¿Cómo te sientes, Bells?" Él preguntó, echándole un vistazo a mi cara.
Sabía cómo se veía, un ojo morado, una ceja abierta con puntadas, y un labio partido. Estaba segura que me veía terrible.
"Lo sé. Por favor, no," susurré, bajando la vista a mi plato. "Me duele todo el cuerpo… tengo moretones por todos lados, pero Esme se hizo cargo de lo peor."
Lo vi asentir por el rabillo de mi ojo, y Edward se reunió de nuevo con nosotros, esta vez usando una camiseta negra.
"Quería hablar solo con ustedes dos antes de que los otros se nos unan," Carlisle empezó a decir, agradeciéndole a Esme por el plato de comida. "Creo que debería empezar con Charlie…."
Mientras estábamos sentados en la mesa, Carlisle explicó lo que había pasado, llenado algunas de las lagunas en mi memoria. Me dijo que Royce King, de quién sabía era parte del crimen organizado, se había acercado a mi padre años atrás, y él había sido interrogado por ello. Explicó que King era ahora aún más poderoso y que se había acercado de nuevo a mi padre. La primera vez había sido por equipos de cómputo, esta vez, fue por armas.
Mi padre no quería tener tratos con criminales, así que había llamado a Carlisle, que lo había puesto en contacto con el FBI. Mi padre usó un micrófono para la reunión con Royce King, y de alguna forma, King lo había averiguado.
"Pero espera," interrumpí, revolviendo una taza de café, tratando de mantenerme despierta para que pudiera recibir algunas respuestas. "Si Miller trabajaba para King, entonces, ¿quién era el otro tipo que me llevó con él? Me refiero al hombre que estaba en mi habitación."
"Un hombre de Álvarez," Edward murmuró. "Los dos estaban tratando de llegar a ti."
"Oh, mierda. ¡Mis chicas!" Jadeé. "Tengo que contactarme con ellas—"
"Cariño, Rose, Mack y Alice están a salvo," me dijo Esme para tranquilizarme.
"En este momento, tengo a un hombre con ellas," dijo Carlisle, y me di cuenta que se veía tan incómodo como cuando Edward dijo la palabra "equipo".
Le estreché mis ojos a ambos, mi mirada posándose en Carlisle. "¿Qué eres tú? No eres solo el socio de negocios de mi padre… o el dueño de Gravity…"
"Tú eres la dueña de Gravity," respondió algo molesto. "No permitas que nadie te diga lo contrario. Yo solo… te ayudé a empezar. Y sí… hay más que tienes que saber porque me temo que tenemos un gran camino que recorrer."
"Papá… ¿estás seguro?" Dijo Edward, echándome un vistazo.
"Confía en mí, hijo," dijo en voz baja, poniendo los codos sobre la mesa. "Bella, cuando me retiré de la fuerza área, en realidad… no me retiré. Cuando fui a ver a tu padre hace tantos años de camino a Forks, cuando tú y Edward se conocieron, hice un trato con él. Le ofrecí ayudarle con su situación financiera, y él me ofreció todos sus… servicios a mí… y a mi equipo."
Ahí estaba de nuevo esa palabra y miré a Edward, que estaba nuevamente mirando sombríamente hacia su taza de café. Sus labios apretados en una línea mientras que sacudía despacio su cabeza.
"Bella, ¿conoces la definición de mercenario?" Carlisle preguntó, tomando una respiración profunda, como si estuviera esperando por mi reacción.
Resoplé, asintiendo con la cabeza. "Sí… un soldado de alquiler. Los estudié en Virginia…"
Las cabezas de ambos se levantaron de golpe para mirarme, pero Esme estaba tratando de contener una sonrisa.
"Sé que el Ejército de Estados Unidos no pudo hacerse cargo de ciertas operaciones, así que, algunos grupos fueron enviados a Iraq y otros lugares. Sé que se les paga para encargarse… de situaciones poco ortodoxas…" Hice una pausa, dándole un trago a mi café. "Bueno, ahora sé a dónde fueron todas esas armas en los libros de mi padre, porque tú no eres la única 'empresa de seguridad' con la que tiene tratos," suspiré, mirando a Carlisle. "¿Cuántos son en tu equipo?"
"Seis," Edward respondió y me volví hacia él.
Asentí, tomando un profundo suspiro. "Bien," dije asintiendo. "Si esperan que esté asustada, no se preocupen. Sabía que había algo extraño. Solo me alegra que no sean asesinos seriales. También los estudié."
Edward soltó un resoplido pero mantuvo la mirada en sus manos.
Esme se rio entre dientes, guiñándome un ojo. "Buena chica," articuló al otro lado de la mesa.
"Lo que quiero saber es… ¿qué tiene que ver en todo esto la que antes fue mi vecina?" Pregunté, mirando a Carlisle pero señalando a Esme. "No es que no esté inmensamente feliz de verla, pero no sabía que era una médico…"
La boca de Edward se abrió y dirigió su atención a Esme. "¿Qué demonios?" Gruñó, volviéndose hacia Carlisle.
Su padre se rio. "Esme y yo nos conocimos después de que me mudé a Forks," empezó a decir. "Y fue poco después de la muerte de mi esposa, la madre de Edward. Acababa de empezar a tomar trabajos de paga con unos cuantos hombres que se habían retirado conmigo, pero necesitaba alguien con quien hablar. Tenía un hijo adolescente," dijo, haciendo un ademán hacia Edward, "y de pronto era un padre soltero y viudo. También estaba muy involucrado en algunas operaciones peligrosas. Necesitaba alguien en quien confiar. También necesitaba a alguien con experiencia militar. En Esme tenía ambas cosas. Es una psiquiatra, pero también está familiarizada con operaciones encubiertas. Todavía está muy bien… conectada."
Edward y yo deberíamos haber tenido la misma expresión de sorpresa porque los dos, Esme y Carlisle, se rieron.
"¿En serio?" Edward resopló, mirándola a ella. "O sea, sabía que estaban saliendo, pero… no qué eras."
"Bueno, está bien," me reí, sacudiendo la cabeza. "El mundo es pequeño… pero no tan pequeño. ¿Cómo terminaste siendo mi vecina?"
"Eh, esa es mi culpa," Carlisle murmuró, haciendo una mueca. "Sabía que estabas viendo a Jacob Black, y sabía que estaban buscando una casa juntos. Pero no confío en su padre, Billy. En lo absoluto. Y no estaba seguro si Billy estaba usando a su hijo para llegar a ti… y así llegar a Charlie. Soy tu padrino, Isabella, un papel que me tomo muy seriamente. Así que, podría decirse que te dejé sin muchas opciones en cuanto a la casa."
"Maldición," dije en voz baja, poniendo mi café sobre la mesa con un poco de fuerza. "Fue por eso que esas dos casas que estábamos considerando de pronto salieron del mercado. Y Jacob no es… así. Billy, sí… creo que no estás errado, pero Jake era solo…" Hizo un gesto con la mano sin darle importancia a terminar ese comentario. "Así que, ¿hiciste que me mudara ahí para que tu novia pudiera cuidar de mí?" Pregunté, sonriendo por las risas de Esme y Edward.
"Sí… algo así," Carlisle respondió con un infantil encogimiento de hombros.
"¿Eso es todo?" Edward preguntó.
"Tranquilo, Edward," Esme intervino con delicadeza, colocando una mano sobre su hombro. "Era conmigo con quién tu padre se estaba reportando porque llegué a sentir cariño por Bella. Ofrecí mi ayuda después de que se la llevaron, de manera que supongo que ahora son siete en tu equipo."
"Qué bien," gruñó. "Un cuello más que cuidar… Entonces, ¿cuál es el plan con Charlie y Bella? Miller sigue suelto, los federales quieren a Charlie protegido bajo custodia, y Bella sigue siendo una amenaza para Álvarez y un arma para negociar para King. Así que, ¿ahora qué?"
Me estremecí ante el cambio de actitud de Edward. Pasó de pasivo y tener una conversación tranquila a brusco y malhumorado. Pero tenía una pregunta válida así que volví mi atención hacia Carlisle.
"Vamos a tener que mantenerlos ocultos a todos. Y vamos a hacerlo, Edward," le ladró a su hijo. "Cheney quiere que les entreguemos a Charlie pronto. Jasper ya está en camino hacia acá. Vamos a quedarnos aquí por un tiempo. Al menos hasta que Bella sane un poco."
Froté mi cabeza, sintiéndome agotada y destrozada. Cerré mis ojos con fuerza y respiré profundamente. "¿Entonces qué? ¿Ahora están guerreando contra la mafia y un senador infiel? Quiero decir… ¿de eso se trata esto? ¿Solo van a matarlos a todos, y dejar que Dios disponga?" Pregunté con sarcasmo, frotando mis ojos lo mejor que podía con las puntos allí.
"Le prometí a Charlie que te sacaría a salvo de esto… y casi fallé…" Carlisle resopló, cerrando los ojos. "Mira, tengo contactos en el FBI de manera que estoy ofreciendo mis servicios para proteger a tu padre. Pero tu captor se me escapó, Bells. Y el otro fue encontrado—"
"Muerto, lo sé," dije sin cambio en mi tono de voz. "Lo vi morir," susurré, cerrando los ojos ante el jadeo de Esme y el gruñido de Edward.
"Riley Miller no va a dejar de cazarte," dijo Carlisle, tratando de usar un tono más suave. "Tú lo has visto, lo viste matar a un hombre a sangre fría, él te hizo daño—"
"¡Sé lo que hizo!" Dije con brusquedad, todo mi cuerpo temblando. Esme se puso de pie y rodeó la mesa para poner su brazo a mi alrededor. "¿De verdad crees que lo intentará de nuevo?"
"Puede intentarlo," dijeron Edward y Carlisle al mismo tiempo.
"Preferiría no correr el riesgo, Bella," Carlisle añadió, tomando mi mano. "Como dije, tengo gente en el FBI, y vamos a intentar acabar con esto tan pronto como sea posible. Ellos pidieron la ayuda de Charlie para poder arrestar a King. Mi contacto ya me advirtió que puede que quieran hablar contigo con respecto a Miller."
Empecé a sacudir mi cabeza, pero Esme apretó su brazo a mi alrededor. "Shh, Bella. Todo va estar bien," susurró en mi oído.
Si Miller seguía allí afuera buscándome y Álvarez todavía quería esas fotos, entonces, sería solo cuestión de tiempo antes de que los dos encontraran a la gente que era importante para mí.
"Pero, ¿qué hay de mis chicas… y Rose?" Pregunté, entrando en pánico. "Rose es la asistente personal de mi padre… ella también está en gran peligro… Alice y Makenna trabajan para mí… pueden ser usadas contra mí… Tienes que—". Estaba balbuceando, perdiendo el control de mis pensamientos y de mi boca.
"Lo tengo bajo control, Bella," Carlisle recalcó, tomando mi mano. "Sé tras quién irían." Calló mirando hacia la puerta cuando una conmoción se escuchó por toda la casa.
Carlisle se paró tan rápidamente que su silla se balanceó cayendo de nuevo al suelo. "¡Maldito sea el puto infierno, Jasper! ¿Qué diablos está haciendo él aquí?" Le gruñó a un joven rubio que se veía bastante molesto.
"Porque no quise meterle una bala en el cerebro," Jasper respondió con sarcasmo.
"Hubiera valido la pena," oí a dos voces familiares decir al mismo tiempo.
Me levanté de un salto de la silla para poder ver si lo que estaba escuchando era verdad, y, efectivamente, allí paradas en medio de la sala estaban Alice, Rose y Makenna.
"¡Bella!" Todas gritaron, apresurándose hacia mí.
Hice una mueca por sus abrazos, todo mi cuerpo dolía por el movimiento, pero fue su parloteo a toda prisa lo que era divertido. Las tres me estaban contando todo al mismo tiempo.
"Creímos que nunca lograríamos que ese GPS funcionara," Alice gruñó.
"Entonces este tipo se presentó… todo GI Joe y esa mierda…" Mack dijo efusivamente, señalando con su pulgar en dirección a Jasper.
"Y Jasper solo debería haberle disparado," Rose dijo con voz amenazante.
Me di la vuelta para verla, pero su mirada pero su mirada estaba en alguien que no tenía humor para ver.
"Jake," dije con desdeño. "¿Qué demonios estás haciendo aquí?"
"Si no lo quieres aquí, todavía puedo dispararle. Se presentó a Gravity… sin anunciarse," Jasper murmuró, empujando a Jake antes de venir a pararse frente a mí. "Jasper Whitlock, señorita," me dijo, presentándose con un dulce acento sureño y sonrisa irónica. Hizo una profunda reverencia delante de mí, y al instante me agradó. "Me alegra ver que Eddie y Carlisle te encontraron…."
"Bella Swan… y no tengo que decir en si le disparas o no," suspiré, ignorando las risas en la habitación.
"Bells…" Jake comenzó a avanzar hacia mí, viéndose cauteloso y arrepentido.
Pero fue Carlisle quién lo detuvo, sujetándolo por la camiseta y estrellándolo en la pared más cercana. "No sobrevivirás en esta casa si la acosas de alguna manera. ¿Me entendiste?" Le gruñó a Jake en la cara. "Si hubiera sido por mí, te hubiera dejado en Seattle, para que te las arreglaras tú solo."
Aun cuando Jake era más alto que Carlisle con su metro noventa y ocho, se sentía completamente intimidado por el hombre. Jake asintió titubeante pero no dijo nada.
"Izzy, ¿qué te pasó?" Rose preguntó en voz baja a mi lado mientras me veía el rostro, brazos y piernas.
"Yo…. yo no quiero…" Suspiré, mirándola y negando con la cabeza.
Esme sintió pena por mí, rodeándome por los hombros con su brazo de forma protectora. "Creo que deberías descansar un poco. Solo habías dormido unas cuantas horas cuando Carlisle te despertó." Se volvió hacia el resto de la habitación. "El desayuno está en la cocina, y luego les mostraré sus habitaciones."
"Sí, claro," Rose susurró, viéndose herida, pero simplemente todavía no tenía el coraje de hablar del sótano.
Le permití a Esme encaminarme desde la habitación y por las escaleras, llevándome de vuelta a mi habitación. Revisó mis puntos y mis ojos, antes de dejarme en mi cama.
"Duerme tanto como lo necesites. Puse una botella de agua en la mesita de noche. Si necesitas algo, estoy en la última puerta a la izquierda al final del pasillo," me dijo, besando mi frente. Estudió mi rostro por un momento. "Sé que es difícil pensar en lo que pasó en la cabaña, cariño, pero con el tiempo vas a necesitar hablar con alguien. No es saludable guardártelo."
Asentí, soltando unas lágrimas, y ella las limpió a medida que caían de mis ojos. "Lo sé… es solo que… las cosas que él hizo…"
Ella asintió, tomando con delicadeza mi rostro entre sus manos. "Lo sé…. y cuando estés lista, ven a verme."
Se puso de pie, cerró las cortinas, y apagó la lámpara antes de girarse hacia la puerta.
Me quedé dormida casi al instante, cayendo en las peores pesadillas que jamás había tenido.
~oOo~
EDWARD POV
Bella durmió por casi veinticuatro horas ininterrumpidas esa primera noche, y casi nadie la vio después de eso. Bueno, durmió más o menos. Nadie quería comentar nada sobre los gritos que provenían de su habitación. Sus amigas, aunque estoy seguro se preocupan mucho por ella, tomando en cuenta como corrieron hacia ella, querían ayudar, pero Esme las detuvo.
Jacob Black, por el contrario, estaba demostrando ser un gran dolor en el culo.
En más de una ocasión, ya sea Esme, mi padre, o yo le habíamos impedido entrar a la habitación de Bella, la última amenaza salió de mí.
"Acerca tu maldita mano a esa puerta una vez más, y personalmente me encargaré de que las partes de tu cuerpo sean entregadas en la puerta de tu padre. ¿Queda claro?" Gruñí, agarrándolo por la garganta.
"Sí," dijo con voz rasposa.
"Joder, si ella quiere hablar contigo, mandará a buscarte," dije con desdén, empujándolo por el pasillo.
Él no aprendió.
Yo sabía que ella se levantaba a mitad de la noche porque mi habitación estaba a justo a un lado del porche trasero. Ella se sentaba en silencio en la barandilla del porche, su dulce, floral y frutal aroma entraba flotando por mi ventana abierta. La primera noche la escuché llorando en voz baja, de hecho yo me levanté para ir con ella pero me detuve en las puertas francesas.
No quería molestarla, y sabía que las cosas por las que había pasado eran más de lo que la mayoría de la gente podía soportar. Sentía el impulso de proteger a Bella, haciendo lo mejor que podía para mantener a la gente fuera de su camino, pero había sido el único que en realidad había visto por lo que tuvo que soportar.
Esme había dicho que Bella todavía no hablaba del tiempo que había pasado en esa jodida mazmorra, pero yo tampoco estaba seguro de si hablaría de ello.
Había olvidado que guardé las cosas de Bella de la habitación del hotel, por lo que una mañana, a sabiendas de que se levantaría temprano, me escabullí a mi coche para sacarlas, deteniéndome en la lavandería de camino allá. No necesitaba ver la sangre en su ropa, ya había sufrido lo suficiente.
Estaba arrastrando su mochila a través de la silenciosa casa cuando me detuve en la entrada de la cocina hacia el porche trasero. Vi como Bella se sobrecogió por el contacto de Jacob, y no estaba seguro si tenía que ver con su historia o por lo que había pasado. De cualquier manera, era obvio que ella no quería lidiar con él en lo absoluto.
"Jake, no sé por qué estás aquí, pero… yo…" Ella empezó a decir, de nuevo dando un respingo cuando él trato de coger su mano.
No sé movió de su lugar favorito en la barandilla, pero parecía que estaba a punto de caerse con tal de alejarse de él.
"Jacob Black," dije con brusquedad, haciendo que él saltara y se girara hacia mí. "No soy un experto en lenguaje corporal, pero eso no parece ser una bienvenida con los brazos abiertos."
"¿Por qué?" Él preguntó, volviéndose de nuevo hacia Bella.
"Eso solo ella te lo puede responder, Jacob… y al parecer no quiere hacerlo en este momento," le dije con desdén, acercándome a él.
"Bells, por favor, permíteme disculparme, no fue mi intención…"
Miré a Bella, que resopló sin humor y negó. "Jake, sé que estás aquí por protección porque podrías ser usado contra mí y Charlie, pero eso no significa que quiera hablar contigo," ella gruñó, bajándose con gracia de la barandilla y caminando hacia la playa.
"Tampoco tiene que hacerlo," añadí, dándole a Jacob una ceja levantada en advertencia.
"¿Qué le pasó?" Preguntó, al parecer herido, y por primera vez lo vi como un hombre que había arruinado la relación con su chica. Ella ya no le pertenecía, y la culpa solo era de él.
"Es su historia," le dije de nuevo, "pero te puedo decir que esos moretones no le aparecieron por haberse tropezado, de manera que puedes comprender por qué carajos no desea ser tocada." Apenas podía contener mi indignación por cómo la había encontrado.
Él se puso pálido, asintió y volvió a entrar en la casa.
Una vez que vi que estaba dentro de la casa, seguí los pasos de Bella hacia la playa. La encontré sentada en la arena, enterrando sus dedos en ella. Puse su bolsa junto a ella, sonriendo cuando me dio una amplia sonrisa.
"¡Oh, mierda! Creí que lo había perdido todo," dijo con entusiasmo, poniendo la bolsa en su regazo.
"No, la agarramos antes de que los federales limpiaran la habitación," le dije. "¿Puedo?" Pregunté, señalando el lugar junto a ella.
"Sí, claro." Sonrió y volvió su atención de nuevo a la bolsa, sacando su nueve milímetros.
Sonriendo, revisó la cámara, sacando el cargador antes de armarlo todo de nuevo con manos competentes.
"¿Eres buena con esa cosa?" Pregunté, haciendo un gesto hacia su arma.
"Quedé entre el dos por ciento más sobresaliente de mi clase en Quántico," dijo, encogiéndose de hombros. "Ahora solo la conservo porque de vez en cuando, tengo que seguir a blancos en áreas inseguras."
Asentí, pero no pude contenerme de preguntar. "¿Por qué no terminaste?"
Sonrió con tristeza, sacando su cámara, solo para dejarla en su regazo. Dio un profundo suspiro y me miró.
"Charlie no quería que fuera. Él quería que fuera a la escuela a estudiar negocios, que me hiciera cargo de su empresa algún día… Esa no soy yo," dijo, metiendo su cabello detrás de su oreja, y por primera vez me di cuenta de que sus moretones estaban desapareciendo, dejando su piel suave y cremosa.
Sus ojos eran de un profundo marrón chocolate, rebosando con todo lo que ella estaba sintiendo a cada segundo. Su sonrisa era genuina cuando era merecida, pero nunca llegaba a esos expresivos ojos cuando no lo era.
Sus labios eran rojos y llenos, el inferior solo un poco más grande que el superior, donde la parte abierta ya estaba sanando. Todavía podía ver la pequeña niña que conocí hace tanto tiempo, pero se había convertido en una mujer asombrosa, que sabía de jodidas armas.
Bella Swan se había vuelto sexy como el infierno, y no sabía qué hacer con ese pensamiento, porque ella se merecía algo mejor que yo… algo mejor que Jacob. Demonios, probablemente nadie era lo suficientemente bueno después de lo que había pasado. Necesitaba a alguien que cuidara de ella, no que la jodiera o la dejara sola durante meses.
"En fin, me aceptaron en Quántico, me rompí el trasero para graduarme." Se rio, sacudiendo la cabeza. "Pero unos meses antes de la graduación, mi padre me llamó. Dijo que mi tía Jane estaba enferma y que la iba a poner en un asilo."
"¿Esa señora que nos hizo pie de manzana?" Jadeé.
"Sí," dijo con una floja y triste sonrisa. "Es ella. Y ella había sido como una madre para mí, Edward. ¡No podía simplemente dejar que se consumiera en un asilo, por amor de Dios! Así que, volví a casa y cuidé de ella… dejé el programa para hacerlo. Mi puesto fue ocupado así que no había forma de regresar."
Esa no era la razón que había estado esperando. Pensé que tal vez la presión había sido demasiada, o que sus notas no fueron suficientes, pero ella había renunciado a la única cosa que siempre había deseado a fin de cuidar de alguien que en algún momento había cuidado de ella.
"Ese era un buen pie," reí entre dientes, sacudiendo la cabeza.
La risita de Bella fue como música para mis oídos, algo que todavía no había escuchado, y al instante me encantó su sonido.
"Lo era," se rio. "Ella me enseñó cómo hacerlo."
"¡No jodas! ¡Te pagaré para que hagas uno!" Gruñí.
Se rio de nuevo y asintió. "Seguro… no hay problema. No tienes que pagarme."
Nos quedamos en silencio por un momento pero continuó con su historia.
"Después de que murió, empecé a pensar en todas las cosas que había aprendido en Virginia, de manera que armé un plan de negocios para una firma de investigación privada. Ha sido divertido."
Le sonreí. "¿Y Jacob?"
Gimió poniendo el rostro entre sus manos. "Me engañó."
"Espera, ¿es por eso que se ve tan malditamente culpable?"
Se rio entre dientes. "Lo hubieras visto cuando lo atrapé. Mira," dijo con una risita, cogiendo su cámara y jugando con unos cuantos botones. "Lo atrapé… in fraganti…"
"¡Joder, no te creo!" Me eché a reír, mirando la foto. Jacob se estaba cogiendo a una rubia sobre lo que parecía ser un escritorio en una oficina. "No puedo creer que haya engañado a alguien que atrapa a infieles para vivir." Me reí con un resoplido, entregándole la cámara de vuelta.
"Lo sé, ¿verdad?" Ella se rio, mirando hacia el agua. "¿Qué hay de ti?" Preguntó, volviéndose para mirarme.
"¿Qué hay conmigo?" Pregunté en voz baja, sin saber cómo sentirme al hablar de mí.
"¿Aprendiste a volar helicópteros?"
"Sí," dije asintiendo y con una sonrisa. "Por unos cinco años," le dije.
"¿Qué pasó?"
"Me estrellé en un pueblo de Iraq, mi equipo fue emboscado, y me lastimé lo suficiente como para que me dieran de baja," le expliqué, frotando la vieja cicatriz en mi rodilla.
"Entonces, ¿volviste a casa a trabajar con Carlisle? ¿Tanto te gusta guerrear?" Me preguntó.
Sabía que era una pregunta inocente, pero no sabía cómo explicarle cuando ni yo mismo sabía la respuesta.
"No," le dije, poniéndome de pie. "Creo que será mejor que regresemos," dije con brusquedad, sintiéndome como un cretino que no había respondido su pregunta.
"Bien," dijo, asintiendo y poniéndose de pie junto a mí. "Por si sirve de algo, Edward… lo que sea que te haya llevado a ese sótano… no importa lo que hayas hecho antes, bueno, todavía estoy muy agradecida." Se encogió de hombros y cogió su bolsa, dejándome en la playa.
~oOo~
BELLA POV
Mi patrón de sueño se había convertido en una mierda. Sabía que estaba evitando a todos. Demonios, apenas si había visto a mis chicas desde que habían llegado. Sabía que estaba evitando que me tocaran. Y lo odiaba. Yo no era una persona débil, no era el tipo de chica que permitía que las cosas la obligaran a cerrarse en sí misma, pero a la mierda con todo si no estaba sucediendo contra mi voluntad.
Cada maldita noche mis sueños me atacaban. Empezaban de forma normal, bueno, tan normales como los sueños pueden ser, caminando por pasillos, teniendo conversaciones extrañas, y entonces cambiaban. Comenzaban de forma reconfortante, con toques tranquilos y suaves por manos que eran fuertes y callosas, pero en alguna parte entre ser reconfortantes y algo excitantes, esas manos cambiaban. Se convertían en algo siniestro, horrible. No acariciaban, sino que golpeaban. No masajeaban, sino que sujetaban con fuerza.
Y los ojos. Sentía ojos sobre mí todo el tiempo, pero solo cuando estaba sola en la recámara. Todo emergió a la superficie unas noches después de que Edward me devolvió las cosas que había dejado en la habitación de hotel.
Mi error número uno había sido dormir con el arma debajo de mi almohada. El error número dos, del cual Edward más tarde se atribuyó la responsabilidad, fue devolverme dicha arma para empezar. Era demasiado pronto, y yo estaba demasiado… joder, si no era verdad… dañada.
Desperté jadeando, un sudor frío corría por mi cara mientras me sentaba en mi cama. Todo mi cuerpo temblaba por el miedo y el asco, mi mano deslizándose bajo mi almohada para agarrar mi arma. Los cabellos de mi nunca y brazos se erizaron justo como lo había hecho la noche cuando salí de la ducha en mi habitación de hotel. Joder, alguien me estaba observando.
A pesar de que la luna brillaba a través de mi ventana y podía ver todo con bastante claridad, estaba malditamente convencida de que alguien me estaba mirando. No sabía cómo, pero estaba absolutamente segura de ello.
Corrí hacia la puerta, titubeando en agarrar el pomo de la puerta con mi mano temblorosa, encontrando finalmente las bolas para hacerlo, darle vuelta, y jalarlo para abrir. Caminé en silencio por el pasillo hacia las escaleras, mi arma frente a mí. Justo antes del último escalón, topé con un pecho amplio.
"¡Jesús, Bells!" Jake jadeó, quedándose inmóvil cuando vio mi arma apuntada justo a su corazón.
"Joder, alguien me está observando," espeté, sin siquiera tener consideración de la gente que trataba de dormir y que eran casi las dos de la mañana. "¿Eres tú? ¿Te estás metiendo a mi puta habitación, imbécil?"
"¡No, nena, lo juro!" Se defendió, sus manos extendidas hacia adelante en señal de rendición, pero me importaba una mierda.
"¡No me llames así! No soy tu nena. ¡Tú te negaste ese derecho tan pronto te follaste a Lauren, tú, estúpido de mierda! Así que, ¿por qué?" Grité. "¿Por qué me estás observando?"
"No lo estoy… Bells… por favor," Jake susurró, sudor saliendo de su frente.
"Él no te está observando," oí detrás de mí, la misma voz aterciopelada que me había sacado del sótano.
"Alguien lo está haciendo," dije en voz baja, sintiendo el calor detrás de mí, además del aroma del limpio aire del océano, cuero, y simplemente…. confort. "Alguien lo está haciendo," dije de nuevo.
"No, Bella… te juro que no," Edward aseguró de nuevo, y lo podía sentir cerca detrás de mí.
Me estremecí, esperando que me tocara, pero no lo hizo.
"Estoy pendiente de ti durante toda la noche. Nadie está observándote. Nadie puede llegar hasta ti," dijo de nuevo, su voz manteniendo una cadencia suave.
"Bells, ellos toman turnos, nen—caminan por el perímetro de este lugar. Nadie va a llegar hasta ti," Jake recalcó, sus ojos mirando brevemente detrás de mí. "No hay un idiota vivo que los haga enojar en este momento."
"De hecho, Jasper está afuera ahora, Bella. ¿Te gustaría verlo por ti misma?" Edward preguntó, su brazo señalando hacia la ventana del porche delantero detrás de mí.
Seguí su mano, viendo a Jasper caminando de un lado al otro del porche delantero, de forma casual.
"¿Ves?" Jake dijo en voz baja, cerrando sus ojos con fuerza al mismo tiempo que el sudor escurría por su rostro. "Ella va a matarme… después de todo lo que he hecho… sin siquiera pensarlo."
"No, no lo hará. ¿Lo harás, Bella?" Preguntó Edward en mi oído.
"Haz que se detenga," gruñí, quitándole el seguro a mi arma y jalando el percutor.
"Oh, mierda," Jake jadeó. "Bells, por favor…"
"¡Bella!" Edward habló con fuerza detrás de mí, esta vez con su pecho pegado a mi espalda. "Baja tu arma. ¡Ahora!" Ordenó, casi sin dejarme otra opción.
"Haz que se detenga," susurré de nuevo, apenas escuchando mi propia voz temblorosa mientras mi brazo bajaba a mi costado, el arma apuntando hacia el suelo.
"Mierda… gracias a Dios," Jake suspiró, relajándose solo un poco.
"Bella," Edward dijo con suavidad, su voz de nuevo tranquila. "Sé que no quieres que te toquen, pero voy a quitarte esa arma. ¿Me comprendes?"
Asentí, mis lágrimas derramándose y cayendo por mi rostro.
"Buena chica," susurró, y sentí el rastro de sus dedos bajar por mi brazo hacia mi mano, tomando mi arma con suavidad de mi agarre.
Con rápidos movimientos la desarmó, atrapándome cuando mis rodillas se doblaron. "Tranquila, Bella," dijo con voz baja, volviéndome hacia él. "Ven conmigo."
Justo cuando tomamos el pasillo de la planta baja, escuché a Carlisle confrontar a Jake. "Creo que lo mejor será que te entreguemos a los federales para protección, Jacob. Cuando les entreguemos a Charlie, tú también irás. ¿Me entiendes?"
"Sí, señor," mi ex dijo en voz baja.
Me encaminaron hacia una habitación y guiaron hacia una enorme cama sin hacer. Edward se arrodilló frente a mí, sin camisa, con mi arma asegurada en la cintura de sus pantalones cortos color caqui.
"Bella, tú tienes TEPT. ¿Sabes qué es?" Preguntó en voz baja, pero de nuevo, su voz no me permitió dejarlo sin respuesta.
"Sí," sollocé. "Trastorno de Estrés Post-Traumático."
"Soy consciente de que por lo que Miller te hizo pasar es difícil de recordar, pero te está consumiendo," me dijo, sus ojos suavizándose un poco. "Te está envenenado, Bella. No puedes permitirle ganar."
Asentí en silencio, moviendo nerviosamente las manos en mi regazo.
"Esme quiere hablar contigo—"
"¡No!" Gemí, sacudiendo mi cabeza. "Ella es… ella no puede escuchar esa mierda."
Edward me dio una sonrisa triste y asintió. "Es lo que ella hace."
"Lo sé," dije bajo mi aliento, mi mirada posándose en el tatuaje sobre su pectoral izquierdo.
Él siguió mi mirada y me sonrió con tristeza. "¿Sabes lo que significa?"
"La distinción es como la de Carlisle… algo que ver con la Fuerza Aérea…"
"Sí, pero él no tiene estas," dijo, apuntando a las estrellas rojas, una en la parte superior y una a cada lado.
"No, no las tiene."
Miré las estrellas y de vuelta a su rostro.
"Representan la gente que he perdido bajo mi mando," susurró, sus ojos poniéndose vidriosos por los recuerdos. "Mike Newton… Iraq. José Márquez… también Iraq. Y Paul Winthrop… Abu Ghraib.
Se detuvo, mirando más allá de mí por un momento. "Mike murió salvando nuestras vidas, la mía, la de Jasper y la de Emmett," explicó con suavidad. "José estuvo en el helicóptero cuando me estrellé. Y Paul murió cuando un prisionero se puso como loco durante su traslado." Siguió sin mirarme a los ojos por un momento, pero cuando lo hizo, su rostro mostraba una vieja tristeza. "También he visto mierda que quiero olvidar. No permitas que la oscuridad se adueñe de ti. Terminarás siendo un monstruo como yo."
Negué, pensando que nadie que me sacara con tanto cuidado de un sótano como Edward lo había hecho podría ser un monstruo. Alguien que podía cocinar como él lo hizo, que le había impedido a mi ex molestarme más veces de las que podía contar en el poco tiempo que habíamos estado todos juntos bajo el mismo techo, y el mismo hombre que había evitado que hiciera un agujero a través de un ser humano no podía ser lo que decía que era.
"Lo soy, Bella. Puedo matar al enemigo sin pestañear y recibir un gran cheque como pago por ello. Puedo hacerlo sin sentir y sin conciencia. Puedo hacerlo sabiendo que lo haré de nuevo la próxima vez." Gruñó, sacudiendo la cabeza. "He destruido pueblos enteros, lanzando bombas en escondites, y tomado la vida de mucha, mucha gente. Y cuanto más he visto, más fácil se vuelve."
"¿Cuántas vidas has rescatado?" Pregunté, levantándole una ceja porque una noche había escuchado a Carlisle charlando con Rose. No pensaron que había estado escuchando justo afuera en el porche, pero lo había hecho.
"Algunas," dijo evasivo.
"Tonterías," dije en voz baja, poniéndolo en evidencia. "Me enteré de esa tropa mantenida prisionera en Corea. Escuché sobre Iraq, Edward. ¿Esperas que hable si tú no puedes ser honesto?"
"Tú no sabes nada," gruñó, poniéndose de pie y caminando de un lado a otro.
"Sé que Carlisle solo toma trabajos que el Ejército de los Estados Unidos no puede hacer… o si es en algún lugar donde es ilegal para ellos entrar. Estoy enterada que solo ayuda en situaciones que lo justifican… que salva gente que no puede salvarse por sí misma. Estabas matando a los tipos malos, Edward."
Su rostro se oscureció y pasó la mano por su cabello. Dejó de pasearse para quedar frente a mí. "A mi padre le gusta racionalizar las cosas…"
"Vete a la mierda," espeté, levantándome de un salto de la cama, pero él se paró frente a mí para bloquear la puerta. "¿Qué sabes tú de lo que pasé… si no puedes decir la verdad…?"
"Vi esa puta mazmorra, Bella," gruñó, su rostro en un gesto de disgusto al mismo tiempo que cruzaba los brazos sobre su pecho. "Vi las… armas que usó en ti. Vi la sangre, olí el vómito y la orina. Vi la maldita mesa a la que estabas atada. Si te lo guardas, entonces, siempre vas a estar en esa mazmorra. Tómalo de alguien que sabe."
"Vete al infierno," dije con brusquedad, pasando junto a él y saliendo por la puerta. "Cretino hipócrita," murmuré, subiendo las escaleras corriendo y entrando en mi habitación, cerrando con un portazo. Lo que vi en mi cama me paró en seco por la vergüenza y la culpa.
Mis tres chicas estaban sentadas sobre mi cama en pijamas, con sus brazos cruzados y rostros serios.
Rose fue la primera en hablar, y sabía que estaba en problemas, que iba a ser una larga noche de mierda. "Siéntate de una puta vez. Necesitamos hablar".
(1) Siglas en inglés de la Fuerza Área de los Estados Unidos
Hola :) Buen fin de semana a todos, espero que hayan disfrutado del capi de hoy. ¿Qué tal les pareció que se apareciera Jacob? Yo también hubiera deseado que Edward no hubiera detenido a Bella, pero en fin. Y ahora las chicas van a enfrentarla, ¿creen que Bella pueda contarles lo que le pasó? Al menos con Edward puede hablar un poco, lo malo es que él da el consejo y se queda sin él... Muchas gracias a quienes han leído y comentado, es lindo saber lo que les parece la historia y si la están disfrutando, gracias también por las alertas y favoritos, pero sería bueno también que me hicieran saber sus teorías sobre la historia. Saludos y nos leemos en el próximo viernes.
