Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.
Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.
Muchas gracias a mi querida amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.
P.D. Te quiero amiga y espero que pronto estés de nuevo en acción ;)
CAPÍTULO 9
BELLA
Conocía a mis chicas lo suficiente para saber que tan pronto como Carlisle y Edward dejaran la sala, iban a volverse en contra de Mickey. Agarré la mano de Makenna con fuerza, pero no había jodida fuerza que pudiera detener la boca de Rose. Lo he intentado. Fue como tratar de detener un tsunami.
"¿Cuál es tu maldito problema?" Preguntó con frialdad, pareciendo indiferente desde el sofá de dos plazas al otro lado de la habitación, pero yo sabía que era cualquier cosa menos indiferencia. Estaba muy cabreada.
La sala quedó en un silencio absoluto mientras Makenna se acercaba a mí, y Emmett y Jasper miraban con ojos como platos de una chica a la otra. Mickey trató de fingir que no la oyó, pero Rose era como un bulldog encabronado, no lo dejaría pasar.
"Es obvio que no es el trabajo lo que te molesta ya que fue la forma en que convivimos lo que atacaste," Rose continuó, sentándose hacia adelante.
Había estado sentada con Emmett, pero él se removió incómodo cuando muy probablemente sintió su cambio de humor.
"Este no es un trabajo, es una puñetera sentencia de muerte," Mickey gruñó finalmente levantando la mirada con fuego en sus ojos. "Tendremos suerte si vemos a Carlisle cruzar por esas puertas de nuevo."
Esme inhaló bruscamente desde su asiento frente a la encimera de la cocina y se deslizó con delicadeza hacia el suelo. "Carlisle es bastante capaz de cuidar de sí mismo en esta situación, Michelle."
Sus ojos se dispararon hacia Esme ante el sonido de su verdadero nombre. "No me llames así, y solo estaba ofreciendo ayudar a Carlisle. Es su propia culpa si los hombres de King llegan a él."
De pronto, la terapista que era Esme entró en acción porque cambió tan rápidamente, que todos giramos nuestras cabezas para mirarla.
"¿Quién te dio ese apodo, Mickey?" Esme preguntó con voz suave, una expresión cómplice en su rostro, como si estuviera a punto de probar una teoría.
Mickey se mofó, rodando los ojos e ignorando la pregunta, pero fue Jasper el que respondió.
"Eddie lo hizo," dijo con calma. "Fue después de que trabajamos juntos en nuestra primera misión. Dijo que una mujer que pudiera pelear como un hombre necesitaba un nombre más fuerte. ¿Recuerdas, Mick? ¿Que dijo que no parecías una Michelle, y que necesitabas algo más genial?
Vi como su rostro se enrojeció, ya sea por vergüenza o por enojo. No estaba segura de cuál.
Alice y Rose me miraron, pero negué para que se mantuvieran calladas. Lo había visto venir porque podía reconocer los celos a un kilómetro de distancia. Lo veía en mi trabajo casi todos los días. No me preocupaban sus sentimientos por Edward porque vi la forma en que la trataba. Era un miembro de su equipo, su empleada, y había gritado que era como una hermana para él cuando tuvimos nuestra discusión en las escaleras de la oficina legal. Había entendido la personalidad de Edward en lo que tenía que ver con ciertas cosas, y podía darme cuenta de que la forma en que me hablaba había cambiado, era un tono completamente diferente a la forma en que le hablaba a todos los demás.
"Cierra la boca, Jazz," dijo con brusquedad, sacudiendo su cabeza, pero volvió su mirada de odio hacia mí. "Esto es por culpa de tu maldito padre."
"No me digas," bufé molesta, "pero pareces culparme a mí. Yo no empecé esta mierda." Sujeté la mano de Makenna cuando de nuevo se acercó a mí lado porque mis chicas no eran nada si no protectoras, entre ellas y de mí.
"Mira, lo entiendo," empezó a decir, rodando los ojos de nuevo. "Tu padre y Carlisle son amigos, simplemente no sé por qué no pueden los federales cuidarte… por qué lo estamos haciendo nosotros. Tenemos mejores cosas que hacer que cuidar a un montón de ani—"
"Si la puñetera palabra animadora sale de tu boca una vez más," Rose espetó, poniéndose de pie, "vas a necesitar un respirador cuando acabe contigo."
Después de que Rose se paró, Mickey también lo hizo, y yo me puse entre las dos.
"Rose, no lo hagas," le dije.
"Sí, Barbie, no lo hagas," Mickey me arremedó. "Puedes romperte una uña…."
Rose dio un paso hacia ella y la detuve. "No lo hagas," le dije a mi mejor amiga. "Te lo digo, Rose…"
"Bells…" Gruñó, sus ojos fijos en Mickey detrás de mí.
"Mickey, ¿exactamente qué acerca de estas chicas te está molestando tanto?" Preguntó Esme, y ahora todos estaban de pie porque la tensión iba en aumento en la habitación.
"Mira, entiendo que este es un trabajo," dijo, cambiando de pie, "pero están usando esta mierda a su favor. Andan tonteando por allí, causando distracciones, ¡y alguien va a terminar muerto!"
"Nadie es una distracción, Mickey," dijo Esme con calma, acercándose solo un poco a ella. "Todos aquí tienen un trabajo que hacer. Sí, Bella es el objetivo principal, pero sus chicas también están en problemas. Sé que es frustrante para ti, pero estoy más que segura que todos en esta habitación están conscientes del peligro."
"¿Cómo sabes que es lo que me frustra?" Respondió con brusquedad.
"Mick, necesitas calmarte antes de que Edward entre de nuevo," le advirtió Jasper, levantándole una ceja.
"¿Por qué, tiene miedo que lastime los sentimientos de su pequeña puta?" Se burló.
Sonreí y tomé una respiración profunda, escuchando a mis chicas gemir cuando volví mi atención hacia Mickey. "Deberías preguntarle," le dije, dando un paso hacia ella. "Cuando entre, pregúntale."
"Crees que lo conoces," ella respondió. "Cuando esto termine, va a dejarte como a un mal hábito."
"Está bien." Me encogí de hombros, sin estar segura de en qué posición me encontraba concerniente a mi futuro con Edward. Ya era bastante difícil vivir el día a día por el momento. "¿Pero qué tiene eso que ver contigo? ¿Qué te importa lo que él haga? Por lo que he escuchado, él no les cuenta nada de todos modos."
Escuché a Emmett y Jasper resoplar bajito, y Mickey los fulminó con la mirada. "Ustedes dos, cierren la puta boca. No están mejor tratando de ligar con la hada y la Barbie," les dijo, haciendo un gesto hacia Alice y Rose.
"Duendecillo," Alice resopló. "Dilo bien…"
Mickey resopló una carcajada sin humor, rodando los ojos de nuevo. "Lo-que-carajos-sea," bufó. "Solo deseo que esto termine para que ustedes, perras, puedan volver a la Máquina del Misterio(1) a resolver sus estúpidos casos, y las cosas vuelvan a ser como eran para nosotros."
Y ahí estaba. En ese momento vi su miedo porque miré alrededor de la habitación y podía verlo. Alice se había movido para quedarse a lado de Jasper, y ahora Emmett había tomado una posición protectora ligeramente frente a Rose. Estaba perdiendo a todo su equipo, al menos, así era como lo veía.
"Por favor, no las llames así," dijo Emmett con firmeza. "Mick, hemos estado juntos por mucho tiempo, pero te agradecería que no hablaras por mí…."
Su boca se abrió cuando él terminó de hablar. No había hablado con Emmett tanto como con Jasper, pero por lo que podía notar, era un tipo malditamente relajado. En realidad, nada lo molestaba, y no había nada que no pudiera encontrar gracioso, pero podría decir que lo que ella acababa de decir de verdad lo había emputado.
Echo un vistazo nervioso en dirección a Rose pero volvió su atención a Mickey. "Estamos haciendo lo mejor posible de la situación, pero estás chicas son geniales, Mick. Tú pareces ser la única que no puede verlo."
Volví de nuevo mi atención a ella, preguntando, "¿Dónde está tu familia, Mickey?"
Esme sonrió pero lo ocultó rápidamente, sin decir nada.
"Cállate de una puta vez," susurró, fulminándome con la mirada de odio puro. "No tengo ninguna. Esos chicos son mi única familia."
"Tienes miedo de perderlos, ¿cierto?" Pregunté, tratando de mantener mi voz calmada porque me puse en sus zapatos y entendía por completo. Ellos eran su familia. Cuidaban de ella, se preocupaban por ella, y bromeaban con ella. La hacían sentir como si fuera parte de algo.
Mickey no dijo nada pero echaba humo frente a mí.
"Hey, Mick," dijo Emmett, frotando su cara. "No vamos a ir a ningún lado, cariño. En serio. Seguimos siendo un equipo. Qué te hace pensar—"
Movió la cabeza de un lado al otro lentamente. "Porque desde que Edward sacó a esta estúpida perra de ese cuarto… las cosas son diferentes. Este equipo no es el mismo…"
"Tienes razón," Esme le susurró. "Es mejor. Ustedes trabajaron muy bien juntos en Seattle. ¿Qué ha cambiado?"
"Ella," dijo Mickey con desdén, señalándome.
"¿Qué con ella?" Todos escuchamos desde la puerta corrediza. Fue una mezcla entre un gruñido y un rugido, pero di un respingo cuando lo escuché.
Edward estaba de pie en la entrada, su mal genio hirviendo. Lo había visto cabreado con ella antes por ser impertinente con Carlisle, pero esto no se le acercaba ni un poco. Este era por completo un nuevo nivel de ira.
"Nada," murmuró encogiéndose de hombros y estaba por irse de la habitación.
"Detente, Mickey. No hemos terminado," gruñó. "Te hice una pregunta. ¡Respóndela!"
Todos nos sobresaltamos por la orden, y Jasper y Emmett se veían nerviosos. Estaba segura que todos ellos habían tenido que lidiar con el mal genio de Edward en algún momento de sus carreras.
"¡Responde la maldita pregunta, Mickey!" Gritó, sus manos cerradas en puños a sus costados.
"¡Ella está arruinando todo!" Gritó ella, girándose para quedar frente a él. "La salvaste, bien. ¿No puedes simplemente follarla y dejarla ir como a las demás?"
Jadeé, mirando hacia él. Si antes no había entendido que estaba celosa, lo entendió justo en ese momento porque su rostro pasó de la ira, al shock y luego al disgusto— y fue la última emoción la que la destrozó.
"Edward, detente," le rogué, negando. "Solo déjalo."
Su cabeza se levantó de golpe para encontrar mi mirada, e hice una mueca, sacudiendo mi cabeza. Su mirada se enterneció, pero eso no detuvo su ira. También le hizo darse cuenta que su vida privada ya no era privada.
"Lo que hago…. no es tu maldito problema," dijo Edward, su voz ya no tan fuerte pero todavía mezclada con un tono serio y amenazador. "Mickey, tu falta de respeto termina ahora. Harás lo que se te diga. Tratarás a este como cualquier otro trabajo y actuarás de acuerdo a ello. Si me entero de lo contrario, este será el último trabajo que hagas en mi equipo. ¿Ha quedado claro?"
"Señor," le respondió con desdén. "Cuando tú actúes de forma profesional, entonces lo haré yo también."
"No respondo ante ti, Michelle. Tú trabajas para mí. Respondes ante mí. Si ya no eres un miembro productivo de este equipo, necesito saberlo en este maldito momento." Él se acercó a mí y ella lo vio totalmente.
"Creo que tu sexo por compasión funcionó, Edward. Ella ya se ve bien," Mickey murmuró, rodándome los ojos por última vez porque en lugar de que Edward perdiera el control, lo hice yo.
Iba a darse la vuelta, pero antes de que Edward pudiera alcanzarla, la agarré por el brazo. Era el momento de que sacara esta mierda de mi pecho de todos modos, sin embargo, estaba temblando cuando empecé a hablar.
"¿Bien, dices?" Pregunté, sin gritar, sin gruñir, pero haciendo hasta lo imposible por mantenerme calmada.
Mis chicas se pusieron detrás de mí, pero oí a Jasper susurrar, "No, no, no."
"Me encerraron en un sótano por casi tres días enteros sin comida o agua. Vi como un hombre mataba a otro a golpes solo porque se atravesó en su puto camino. Y Miller me usó como un puñetero alfiletero, carcajeándose todo el maldito tiempo." Estaba jadeando frente a ella porque solo Esme había visto lo que estaba a punto de mostrar a la habitación llena de gente.
Levanté mi camiseta lo suficiente para mostrar mi estómago. "¿Esto luce bien para ti?" Pregunté, viendo su rostro retorcerse por la vergüenza y el disgusto. "Miller amaba los moretones, pero le gustaba más el olor a carne quemada. Usó un encendedor justo como el que está por allá sobre el mantel, ni siquiera puedo obligarme a tocarlo. Usó un cuchillo para quitarme la ropa, sin importarle dos mierdas si me cortaba o no. Y todo el tiempo que pasó haciendo esas cosas, me dijo—con detalles explícitos—cómo iba a follarme por cada orificio que tenía. Me hizo preguntas de las que no tenía respuesta, y no le importó. Me mantuvo amarrada a una mesa de metal en un congelador de mierda, y de vez en cuando me ponía una rata en los pies. Me ponía agua en la cara y se reía cuando vomitaba a un costado de la mesa cuando me ahogaba—lo que finalmente se convirtió en arcadas secas. Me dijo que nadie me encontraría, que luego encontraría a mi padre y haría pantallas de lámparas con su piel, pero solo después de mostrarle fotos de cómo me veía después de que terminara conmigo. Mi padre, Mickey. Tú lo conociste, y a pesar de todos sus errores, ¿crees que hubiera soportado eso?"
Negó, pero sus ojos nunca dejaron mi piel llena de cicatrices.
Aunque los moretones finalmente habían desaparecido, me quedé con una buena cantidad de pequeños cortes. Todavía tenía una pequeña cicatriz—muy pequeña, gracias al hermoso trabajo de sutura de Esme—en mi ceja y una larga bajando por mi muslo. Eran las quemaduras las que estaba viendo. Eran dos. Tenían la forma de dos grandes sanguijuelas a cada lado de mis abdominales, junto con algunas otras pequeñas aquí y allá, pero eran solo una parte de ellas.
"Lo que no puedes ver son los golpes Mickey. No tienes idea lo que es ser inmovilizada mientras un pendejo te toca en los putos lugares que solían ser privados. Y vuelvo a revivirlo cada vez que cierro los malditos ojos. "¿Te sigue sonando bien?" Pregunté, dejando caer finalmente mi camiseta.
Negó con la cabeza, su rostro palideciendo cuando me acerqué a ella.
"No te los estamos quitando. Ni soñando me interpondría entre tú y tu equipo, Mickey, pero no puedo decir que me arrepienta que Edward bajara a ese sótano. El momento fue… el perfecto. Sé que estás circunstancias no son las ideales, pero mis chicas están acostumbradas a hacer lo mejor que puedan. Discúlpalas por tratar de llevarse bien con los demás, por tratar de ayudar y tal vez hacer unos cuantos amigos. Sí, mi padre inició esto, pero yo no pedí que me secuestraran. Y lo que sea que pase entre yo y Edward no es de tu maldita incumbencia. Pero te diré esto: tu opinión con relación a si estoy bien o no me importa una mierda," le dije, pero el expulsar todo ese veneno interno hizo que mi estómago se revolviera.
Dejé la habitación, muy apenas llegando al baño al final del pasillo, perdiendo todo lo que había comido ese día—y algo más, al parecer. Todo mi cuerpo se sacudió cuando caí de rodillas junto a la taza. Devolví de nuevo y sentí cálidas y suaves manos que echaron mi cabello hacia atrás mientras sollozaba.
Sentí un paño frío en la parte de atrás de mi cuello, y levanté la vista para ver a Esme entregarle otro a Edward antes de dejar el baño.
"Lo siento," le dije.
"No tienes nada de que disculparte, Bella," dijo con voz suave en mi oído detrás de mí, sosteniéndome cerca cuando empecé a temblar de nuevo. "Debería ser yo quien se disculpara."
Sujetó mi cabello mientras devolvía de nuevo, y mis sollozos no podían detenerse, pero por alguna razón, no podía dejar de disculparme.
"Shh," canturreó, poniéndome en su regazo, pero podía darme cuenta que estaba preocupado. Limpió mi rostro de nuevo pero levantó la vista cuando Esme regresó. "¿Estás segura?" Preguntó, y yo levanté la vista para ver que tenía una jeringa en sus manos.
"Sí," dijo con voz baja, arrodillándose junto a nosotros. "Bella, te voy a dar algo para que te calmes, ¿está bien, cariño?"
Asentí con los ojos amplios, incapaz de articular nada más. Me volví para mirar a Edward, agarrando su camiseta.
"No voy a ir a ningún lado, pero vamos a llevarte a otro lado, ¿de acuerdo?" Verificó antes de cargarme.
Me llevó a su habitación con Esme siguiéndolo. Me puso en su cama, metiendo mi cabello detrás de mis orejas.
"Bella, eso fue…. un gran avance," dijo Esme en voz baja, con aspecto cansado pero esperanzado. "Pero me gustaría que tuvieras un buen descanso. Esto te ayudará, ¿está bien?" Preguntó, sosteniendo la jeringa.
Asentí estúpidamente, tomando la bebida que me dio primero y luego haciendo una mueca por el pinchazo de la aguja. Mi visión se borró, mis párpados se sintieron pesados, y me hundí en el mundo de la inconsciencia.
~oOo~
EDWARD
Esme y yo no habíamos dejado la habitación cuando los ojos de Bella finalmente se cerraron. La miré, prácticamente temblando con emociones que no entendía en lo absoluto.
"¿De verdad le llamaste a eso un puto avance?" Gruñí por lo bajo, a pesar de que nada podía perturbar a la destrozada chica en mi cama.
"Sí," dijo con calma, sentándose al borde de la cama. Quitó el cabello de Bella de su rostro y luego se volvió hacia mí. "Fue un avance. Dejó salir todo, Edward. Eso probablemente fue más de lo que incluso tú has escuchado, ¿no es cierto?"
"Sí," gruñí, arrodillándome junto a la cama tan solo para mirarla porque el ver sus cicatrices me había destrozado. Oír—con absoluto detalle de mierda de propia boca de la hermosa chica—exactamente lo que había pasado me hizo sentir deseos de asesinar a alguien. Y si no hubiera dejado la habitación para seguirla, hubiera sido Mickey en quién hubiera descargado esa emoción.
"Quiero… ayudarla," susurré, finalmente apartando la mirada de Bella.
"¿Por qué?" Ella respondió, levantándome una ceja. Cuando no respondí, continuó, "No soy estúpida, Edward. Escucho todo a mi alrededor. Sé qué tipo de vida llevan ustedes, chicos, pero no voy a permitir que lastimes a Bella. Acabaría con ella, sobre todo después de su ataque."
"Nunca la lastimaría," le dije furioso, poniéndome de pie y empezando a dar vueltas en la habitación. "Haría cualquier cosa por ella."
Sus ojos me vigilaban a cada paso antes de que respirara profundamente. "Ella es muy fuerte, pero está asustada, hijo," comenzó a decir, pero entonces se detuvo y negó con la cabeza. "Tengo absoluta confianza en que ella puede superar esto. Teniendo en cuenta que en realidad no fue violada por ese monstruo, tiene muy buena oportunidad. Pero si estás en esto solo por el momento, entonces tu tiempo con ella se acabó. La llevaré a algún lugar donde pueda mantenerla a salvo, Edward, y ayudarla a sanar. Ella no es un juguete."
Jadeé, deteniéndome frente a ella. Todo mi cuerpo, mente y alma gritó ante la idea de nunca volver a ver a Bella de nuevo.
"No me pongas a prueba," dijo, señalándome con su dedo mientras yo sacudía la cabeza de un lado a otro. "Si crees que ya no tengo conexiones, entonces, claramente me has subestimado."
"Por favor," supliqué. "Tú… ella… ¡Ella vino a mí!" Espeté al fin, mi voz apenas se oía. "Quiere mi ayuda…"
"Sé que sí, y estoy consciente de que no la he visto sonreírle a nadie en el año y medio que la conozco de la forma en que lo hizo contigo hoy en la tienda. Ni siquiera a Jake—en sus mejores momentos—le sonrió así alguna vez. Así que te pregunto, Edward. ¿Cuáles son tus intenciones con ella?"
Al parecer mi padre y su novia habían tenido una charla sobre Bella y sobre mí porque no solo él estalló conmigo, sino que ahora ella me estaba amenazando con llevarse a Bella. Ni en sus jodidos sueños.
"Y tú claramente me estás subestimando si crees que puedes quitármela," le dije, haciendo hasta lo malditamente imposible por no gritar y no coger lo que encontrara más cerca y lanzarlo al otro lado de la habitación. "No es tuya para que la tomes. Es una mujer adulta. Déjala tomar sus propias decisiones."
"Sé que lo es, pero puedo afirmar que no está en su sano juicio. ¿Cuáles son tus intenciones?" Preguntó de nuevo con sus dientes apretados.
"Yo… tú… ¡por favor, no te la lleves!" Le supliqué de nuevo. "Moriré tratando de encontrarla. Moriría antes de que algo le pase. Nunca antes sentí esto… ella es… ella es…. ¡joder, todo!"
Una lenta y cálida sonrisa se deslizó hasta el rostro de Esme, y asintió una vez. "Bien," suspiró. "Entonces, tienes trabajo que hacer."
"Bien," le dije asintiendo, poniendo una silla frente a ella. "Dime…"
"Tienes que buscar en lo más profundo y encontrar toda la paciencia que puedas reunir, Edward," comenzó a decir, inclinando su cabeza hacia mí. "Tienes que ser comprensivo y gentil en todas esas cosas en las que nunca habías tenido que serlo." Pausó por un momento pero se puso de pie y tomó mi lugar dando vueltas por la habitación. "¿Te permite tocarla?"
Hice una mueca, pero había tenido toda la intención de acercarme a Esme con esto de todos modos, así que decidí que la honestidad era la mejor política. "Ella está bien con algunas cosas, pero con otras no."
Se detuvo frente a mí, su mirada amable y comprensiva. "Sé que eres una persona discreta, Edward, pero cualquier cosa que digas, queda entre nosotros."
Asentí, tomando una respiración profunda. "Nos besamos, pero se quedó inmóvil cuando toqué su estómago. Hay algunos lugares que están bien…"
"¿En serio?" Sonrió un poco cuando asentí. "Eso es bueno. La mayor parte de las víctimas de asalto no permiten ni siquiera ese contacto. ¿Han hablado ustedes dos sobre…. esto?" Preguntó, haciendo un gesto entre Bella y yo.
"Queremos intentarlo," le dije, haciendo un pequeño gesto con la cabeza. "Nos sentimos… atraídos el uno por el otro, y… le prometí que nunca le arrebataría su libertad de elección de nuevo. Este es su show," bufé, sintiéndome expuesto y vulnerable, pero Esme solo asintió.
"Bien," dijo de nuevo, colocando su mano en mi hombro. "Quiero hablar con ella cuando se levante, pero lo estás haciendo muy bien, hijo."
Una extraña sensación flotó sobre mí cuando me llamó hijo. Me hizo echar de menos a mi madre, mi verdadera mamá, pero también, me hizo sentir querido.
Asentí, volviéndome para mirar nuevamente a Bella.
"Va a dormir por algunas horas, cariño," me dijo, apretando mi hombro. "Y estoy segura que la conversación con tu equipo todavía no ha terminado," murmuró, su voz un poco más dura. "Creo que Carlisle quería hacer guardias dobles…"
"Sí, por la noche," suspiré, poniéndome de pie una vez más para arrodillarme junto a la cama. Sin quitar los ojos del rostro dulce, relajado y durmiente de Bella, le dije, "Es la primera mujer que no odia lo que hago para ganarme la vida. La primera que me hace desear saber más, aprender más, ser más." Hice una pausa, acariciando ligeramente con mi dedo el pómulo de Bella. "Ella está consciente de sus límites, Esme. Yo soy el que no conozco los míos…"
Soltó una risita, sacudiendo su cabeza. "Si tú… te preocupas lo suficiente por ella, no habrá límites," me dijo riéndose entre dientes. "Harás lo que sea por ella. Todavía quiero hablar con ella, pero tengo el presentimiento de que ustedes dos lo resolverán por su cuenta. Como dije, es una mujer fuerte."
Me puse de pie, agachándome para colocar un largo y lento beso en la mejilla de Bella, a pesar de la presencia de Esme. "Duerme, bebé. Ten solo dulces sueños. Él no te tocará de nuevo, lo juro," susurré contra su piel.
Se removió un poco, su mano rozando la mía, pero estaba de verdad inconsciente. Me erguí derecho, enfrentando a una mujer que se acababa de ganar un nuevo nivel de respeto de mi parte.
"Gracias," murmuré, frunciendo un poco el ceño. "Dormirá aquí de ahora en adelante. Si tengo que dormir en el piso o en el sofá, lo haré, pero tiene miedo de despertar a Rose y Alice. No puede dormir cuando cree que van a tocarla."
"Estoy de acuerdo," dijo en voz baja, dándole a Bella un beso en la frente. Se irguió a su altura, mirándome a los ojos. "Estuve embarazada una vez," susurró, una lágrima en su ojo. "El padre fue asesinado en el extranjero, pero tenía el pelo y ojos oscuros. Cuando conocí a Bella, vi lo que pudo haber sido mi bebé. La quiero como si fuera mía, Edward. Es brillante, valiente, y tan dulce. Es de carácter fuerte y ama abiertamente. Perdió a su madre, y yo perdí a mi bebé… llenamos el papel la una por la otra. ¿Puedes entender por qué quiero protegerla?"
Asentí, entendiéndolo totalmente. "Sí, señora," suspiré. "Pero tienes que entender que no confío en nadie para su seguridad más que en mí. Miller, King… quien sea… no le pondrán una mano encima de nuevo, y si lo hacen, tendrán que matarme para hacerlo. No sé qué nos depara el futuro a ambos—eso depende de ella—pero te prometo que Miller estará muerto al final de todo."
"Tu padre dijo lo mismo," reflexionó.
"Apuesto a que lo hizo," me reí entre dientes, calmándome rápidamente. "Si no te importa, voy a llevar a mi equipo afuera para decirles unas cuantas cosas."
Sonrió, asintiendo, y luego se sentó junto a Bella. "No los mates todavía."
Me eché a reír, sacudiendo la cabeza al mismo tiempo que abría la puerta de mi habitación. "No prometo nada."
Caminé por el pasillo y tan pronto entré en la sala, fui atacado por las amigas de Bella.
"¿Está bien?" Alice susurró, agarrando el frente de mi camiseta y con lágrimas cayendo por su rostro.
"Está dormida," les dije cuando todas me rodearon. "Esme le dio algo para calmarla. Discúlpame solo un momento, Alice," dije, mirando por encima de las chicas hacia mi equipo que estaban reunidos en la cocina. "¡Ustedes tres… afuera! ¡Ahora!" Dije con brusquedad, señalando hacia la terraza de atrás.
Todos dieron un respingo que no dijeron una palabra mientras salían. Mickey se veía tan pálida como un fantasma, pero no me importó.
Me volví de nuevo hacia Alice, Rose y Makenna. "Se va a quedar en mi habitación, ¿está bien?" Pregunté, y cuando asintieron, continué. "Necesita espacio."
"Tiene miedo de que la toquemos," Rose concluyó en voz alta.
"Sí," dije en voz baja, haciendo una pequeña mueca. "¿Pueden mover sus cosas, chicas?"
"Sí, claro, Edward," Makenna respondió de inmediato. "Eh… me gustaría quedarme con Rose y Alice en su cuarto."
Le sonreí con tristeza, sabiendo que ahora Mickey la hacía sentir incómoda, y por eso, lo sentía. "Eso es entre ustedes, damas."
Sonrieron, pero Alice habló antes de que las dejara.
"Eh, Edward…" Dijo, sus ojos moviéndose rápidamente hacia el porche y luego de nuevo hacia mí. "Ella está… quiero decir, no que sea de nuestra incumbencia, pero ella está…. bueno, ustedes son la única familia que tiene. Y sé que eso no es excusa," agregó rápidamente cuando abrí la boca, "pero ve como todos nos estamos acercando… y eso la está asustando…"
Sonreí con suficiencia, acercándome a su oído. "¿Qué tan cerca, Alice?"
Chilló, sobresaltándose un poco, pero me golpeó el brazo. "¡Cierra lo boca! Solo estoy diciendo que siente que la están dejando fuera."
"Y no es de ayuda el que probablemente ha sentido algo por ti desde que la conoces," Makenna dijo con un bufido.
Me eché reír, pensando en que eso era como si el comal se lo dijera a la olla, pero me quedé callado porque Rose lo dijo por mí.
"Eh, sí, señorita mirona," se burló, empujando a Mack hacia el pasillo. "Perdónala, es joven…"
"¿Qué?" Makenna jadeó, su boca abierta. "Puedo ver. ¡Simplemente no me pongo toda psicótica por ello!" Argumentó.
"Eso es cierto…" Murmuré. "Al menos no hace eso."
Las chicas se rieron, encaminándose por el pasillo, pero Alice se detuvo con una sonrisa irónica en su rostro, diciendo, "Por cierto… yo tampoco cuento…."
Sonreí y le di un guiño, y solté una carcajada. Esa enana de verdad me había caído bien desde que habíamos hablado por teléfono durante nuestra búsqueda de Bella. "Touché, Alice. Touché."
Podía oír su risa mientras me dirigía hacia las puertas corredizas de cristal. Las abrí de golpe, mis ojos posándose en Mickey, y de inmediato dos fuertes manos sujetaron mis brazos.
"No lo hagas, hombre," Emmett gruñó. "Sé que estás cabreado. Sé que tu chica la está pasando mal por ello, pero no empeores las cosas."
"Quítame las putas manos de encima," dije con brusquedad, volviendo mi mirada de vuelta a Mickey. "¿Te sientes mejor ahora?" Pregunté, mi voz baja y apenas bajo control.
"Edward, lo siento," Mickey susurró, alejándose unos pasos de mí. "No lo sabía—"
"¡Por supuesto que no sabías esa mierda! ¡Había razones por las que no sabías esa mierda!" Rugí, luchando contra los fuertes brazos de Emmett, pero me estaba conteniendo con todo lo que tenía, y no podía moverme. "Para variar, ¿no podían confiar en mí sobre esto? Hay una razón por la que no les cuento todo… ¡Joder!"
"Confiamos en ti, hombre," dijo Jasper con calma a un lado de mí. "Em, suéltalo."
El agarre de Emmett se aflojó, y me erguí. "¿Perdiste la maldita cabeza, Mick?" Dije furioso, mirándola.
"No," se quejó, sacudiendo la cabeza.
Pude ver que tenía miedo de mí, pero tenía su rostro enrojecido, como si estuviera avergonzada.
"Es claro que sí. Tendrías que estar jodidamente loca para hablarme así delante de todo el mundo. ¿De verdad me dijiste que 'la follara y la dejara ir como a las demás?'" Pregunté, acercándome a ella.
Mickey hizo una mueca, negando con la cabeza.
"¿No?" Gruñí, pasando una mano por mi cabello. "Qué raro, porque podría jurar que te escuché decir esa mierda."
"Edward, lo siento," me suplicó, todavía alejándose de mí.
"Ahora lo sientes, pero…" Lancé mis manos al aire. "No quiero tus disculpas, Mick. Te las vas a guardar para Bella porque ninguno de nosotros tiene que explicarte nada." Miré a Emmett y Jasper, que estaban tensos, por si acaso perdía nuevamente el control con ella. "¿Me vas a decir a qué viene ese espectáculo infantil de inmadurez?" Pregunté, volviéndome de nuevo hacia ella.
Negó, bajando la vista a sus botas.
"No fue una pregunta retórica, Mick," dije, cruzando los brazos sobre mi pecho.
"Ella te gusta," susurró, finalmente encontrando mi mirada. "Esto no es alguna… cosa… con ella, ¿cierto?"
Apreté los dientes y asentí. "¿Tienes algún problema con eso?"
Vi como la tristeza se apoderaba de los rasgos de Mickey, una expresión que nunca antes había visto. Estaba llena de desesperación y soledad, y lo que dijo a continuación me dejó sin habla.
"Cuando todo esto termine, todos ustedes me dejarán," susurró, mirándome. "Todos ustedes."
"No, no lo haremos, Mick," se quejó Emmett, caminando hacia ella.
"Ustedes son toda la familia que tengo," dijo, dándole la espalda.
De pronto, su comportamiento tenía perfecto sentido. No estaba celosa porque sintiera algo por mí, estaba celosa porque pensaba que la estábamos dejando atrás.
"Mick," suspiré, y se volvió para mirarme. "Yo… no puedo hacer este trabajo para siempre. Ni siquiera sé por qué lo he hecho todo este tiempo. Pero no hay nada que pueda cambiar mis sentimientos por esa chica allá adentro," le dije, señalando hacia la casa. "Sé que somos todo lo que tienes, pero incluso si termináramos hoy con esta mierda, no hay nada que diga que no podamos seguir siendo amigos."
Era más de lo que había dicho en frente de Emmett y Mickey con relación a mis sentimientos, y me hacía sentir incómodo, pero había estado levantando muros de defensa desde que se unió a nosotros con Charlie Swan, así que al parecer, necesitaba escucharlo.
"Voy a decirlo solo esta vez," bufé, mirándolos a todos molesto y levantando un dedo. "Necesito que ese grupo de chicas esté a salvo. Los necesito muy despiertos, necesito que estén concentrados. No puedo permitir errores, o arrebatos emocionales, o incluso peleas. Necesito que trabajemos con ellas a fin de afrontar esto. Sé que todos nos estamos… acercando," dije, levantando una ceja hacia Emmett y Jasper, quienes sonrieron descaradamente, "pero necesito su ayuda. No puedo hacer esto sin ustedes. Mi papá no está, y tenemos que prestar atención de verdad. No puedo permitir que encuentren a Bella. Mataré al siguiente hijo de puta que le ponga una mano encima. ¿Está claro?"
"Señor," Emmett y Jasper gruñeron, sonrisas tontas en sus rostros.
"Sí, Ed," dijo Mickey, sus rasgos un poco más relajados.
"Así que, ¿cuál es el plan, amigo?" Preguntó Jasper, poniéndose a mi lado.
"Mi padre dijo que dobláramos las guardias alrededor de la casa por las noches," les dije, y todos se sentaron a mi alrededor para escuchar.
Por la siguiente hora, hablamos de cosas que podíamos cambiar para mantener a las chicas a salvo. Incluso se habló de una sola persona designada como comprador para mantenernos abastecidos. Bella no podía dejar la casa porque ahora era una "persona desaparecida", por lo que su imagen estaba en todas las noticias de Seattle. De hecho, la información de última hora fue que en la oficina legal con la que ella trabajaba se había presentado ante la policía, declarando que la habían visto con un hombre de acuerdo a mi descripción, de manera que ahora yo también tenía que mantener un perfil bajo.
Hablamos de un horario, con Mickey y Jasper ofreciéndose para el turno de noche, y Emmett tomado el de día. Mickey se sentía horrible porque Makenna se había cambiado de habitación, pero le dije que tal vez era lo mejor, considerando que ella iba a estar despierta por las noches. Quería a Emmett de día conmigo porque era un cabrón de apariencia escalofriante para alguien que no lo conocía, así que si alguien sentía curiosidad por la cabaña, él será el tipo que abrirá la puerta principal.
Cuando tuvimos algún tipo de plan a seguir mientras mi padre estaba ausente, Emmett y Jasper entraron en la casa. Jasper quería dormir un poco antes de que llegara la noche, y Emmett quería comer algo antes de caminar conmigo por el perímetro de la propiedad.
"Deberías dormir un poco antes de esta noche, Mickey," suspiré, recostándome en la tumbona.
"Solía tener el más grande enamoramiento por ti, niño bonito," se rio, y mi cabeza se giró de golpe para mirarla. Su rostro estaba enrojecido, pero seguía sonriendo. "Pero eres algo pendejo, Edward. O al menos… lo eras. Ya no lo eres. Te vi con Bella en el baño. He estado cayéndome así por estar borracha, y no fuiste así de dulce conmigo. Fue algo impactante de ver, en realidad."
Hice una mueca pero no dije nada.
"Si ella es a quién quieres, la protegeré. Lo siento, Edward. En realidad lo siento. Ustedes, chicos, se están enamorando de estas chicas, y en todo lo que podía pensar era que estaba perdiendo a mis hermanos de nuevo," susurró, bajando la vista a sus manos.
Sabía que Mickey era de Nueva York. Sus tres hermanos habían sido bomberos, todos en la misma base. Ella los perdió a todos cuando colapsó el primer edificio el 11 de Septiembre del 2011.
"Nadie va a dejarte, Mick," dije en voz baja, frotando mi cara. Aparte de los besos fenomenales con Bella en la mañana, había sido un día de mierda, y estaba exhausto. "Incluso si papá desmantela el equipo, no quiere decir que tengas que volver a Brooklyn. Puedes quedarte aquí y lo sabes…" Me reí entre dientes, golpeando ligeramente su pierna.
Sonrió y asintió. "Lo sé. Solo… sentí miedo."
"Descansa un poco," le dije, gimiendo cuando me puse de pie. "Todavía tengo que hacer una revisión de perímetro con Em, y tengo que preparar la cena. ¿Alguna petición?" Le pregunté con una sonrisa.
"Demonios, sí," se echó a reír. "¡Esas costillas a la barbecue tuyas, niño bonito!"
Me reí entre dientes. "Las prepararé, niña salvaje. Estarán listas cuando te levantes, ¿de acuerdo?"
Asintió, abriendo la puerta de cristal corrediza, y los dos entramos.
~oOo~
BELLA
Me estiré lánguidamente, inhalando el aroma de las sábanas de Edward antes de decidirme a abrir los ojos. Parpadeé un par de veces, oliendo comida y escuchando risa llegar desde lo que sonaba como la terraza trasera.
Me senté en la cama, frotando mi rostro y mirando alrededor. Fruncí el ceño cuando me di cuenta que habían traído mis maletas. Levantando la vista cuando la puerta se abrió un poco, vi a Esme asomando la cabeza.
"¡Ah, estás viva!" Se rio entre dientes, guiñándome un ojo y cerrando la puerta detrás de ella. Llevaba un refresco en su mano, ofreciéndomelo cuando se sentó al borde de la cama.
"Sí, supongo," resoplé, encogiendo un hombro.
"¿Cómo te sientes?" Preguntó, tomando mi rostro entre sus manos y mirándome a los ojos.
"Descansada," murmuré. "Y un poco…. adormecida."
Asintió como si se lo hubiera esperado. "Me gustaría hablar contigo un momento, si no te importa."
"Claro, ¿sobre qué?"
"Edward," dijo ella, viendo mi reacción. "Lo que vi hoy en la tienda… ¿es algo que quieres?"
Fruncí el ceño, un poco molesta de que me hiciera esa pregunta tan personal, pero sabía que lo hacía con buena intención. Solo estaba tratando de ayudarme.
"Sí," susurré, jugando con el edredón de Edward. "Él no me ha forzado a hacer nada, si eso es lo que estás preguntando, Esme."
"No, pero es bueno saberlo." Sonrió, inclinando su cabeza hacia mí. "Insiste en que te quedes aquí. Que te quedes con él. ¿Está bien?"
Asentí, mordiendo mi labio inferior.
"Se ofreció a dormir en el sofá que está por allá o en el suelo, pero está determinado a mantenerte cerca."
"Está preocupado."
"Lo está, pero tengo que hacerte una pregunta, Bells, y no será fácil escucharla," me dijo, tomando mis manos. "¿Quieres estar con él porque te salvó? ¿O porque sientes algo por él?"
Jadeé ante la pregunta, casi ofendida, pero podía ver por mi reacción de hoy cómo podría verlo todo el mundo. Edward sabía un poco de lo que había pasado, pero era la primera vez que todos los demás lo escuchaban, y joder, si no había entrado en mórbidos detalles. Mis chicas debían estar volviéndose locas.
Sopesé su pregunta, preguntándome si sería capaz de seguir adelante si Edward se alejara. Me pregunté si lo estaba viendo como un héroe y no como el hombre que me volvía loca, que tartamudeaba solo conmigo cuando estaba nervioso. El hombre que me detuvo de ir demasiado lejos en el sofá porque sabía que estaba entrando en pánico.
Pensé en cómo me había sentido cuando Jake y yo empezamos a salir formalmente, y mis sentimientos no eran ni de cerca tan intensos con él.
"Por él," susurré en voz alta. "Porque siento algo por él, Esme, y es intenso. No es porque me haya salvado," le dije. "Es porque ha estado allí desde entonces."
Sonrió, asintiendo, y frotó suavemente mi mano. "Él parece serio, Bells."
"Queremos intentarlo. Esto es nuevo para él," le expliqué, sin saber de qué otra forma explicarlo. "Pero…"
"¿Pero qué, cariño?"
"Me pongo nerviosa cuando me toca," le dije, sintiéndome completamente mortificada por esa admisión.
"¿Tocarte, cómo?"
"Mi piel… en mi parte frontal…"
"Pero puede… sostener tu mano, besarte, tocar tu espalda y otros lugares. ¿Puede tocarte por encima de tu ropa?"
"Sí," dije bajo mi aliento, sintiendo mi rostro sonrojarse. "Esme…. ¿qué pasa si él no puede esperar?"
"Oh, cielo, no creo que eso sea un problema," se rio entre dientes. "Todo en lo que puede pensar es en cómo ayudarte."
"¿En serio?" Dije en un jadeo, mi boca abierta mientras miraba con ojos como platos.
Se echó a reír, negando. "Solo digamos que Edward y yo llegamos a un acuerdo relacionado contigo," explicó, palmeando suavemente mi mano.
"E-Está bien," alargando la palabra y con miedo de preguntar.
Se rio entre dientes de nuevo pero tomó un profundo respiro. "Mira, Bella. Eres una mujer fuerte, que conoce su propia mente y corazón. Los sigues. Nunca antes te han decepcionado, ¿verdad?"
Negué.
"Y en lo que se refiere a tocar," suspiró, viéndose un poco incómoda, "tómate tu tiempo, has solo las cosas con las que te sientes cómoda, y síguelo intentando, cariño. Nunca te des por vencida. No te des por vencida porque ese joven allá afuera está en esto para quedarse, ¿de acuerdo?" Cuando asentí otra vez, continuó. "Todos los hombres—Edward no es la excepción—necesitan que se les muestre el camino, Bella. Son tercos, simples criaturas."
Me eché a reír, cayendo sobre la cama en un ataque de risa porque ese era Edward en resumidas cuentas. Tal vez no simple, en sí, pero definitivamente fácil de leer.
Se rio conmigo, palmeando mi hombro. "Ahora, me han dicho que viniera por ti, así que porque no te aseas, porque hay un cocinero allá afuera que está haciendo una muesca en la terraza de madera de tanto dar vueltas."
Asentí y me bajé de la cama para entrar al baño de Edward.
"Oh, y Bella," me llamó Esme. "Tuviste un avance increíble hoy, y solo continúas mejorando, pero estoy muy orgullosa de ti por cómo has manejado una… horrible situación."
"Gracias, Esme," murmuré, entrando al baño.
Para cuando me había duchado, afeitada y vestido de nuevo, me sentía como una mujer nueva—una hambrienta mujer nueva. Mi estómago gruñó cuando caminaba por el pasillo, inhalando cualquier cosa deliciosa que Edward estuviera cocinando.
Me dirigí a la puerta corrediza de cristal, sonriendo ante la bulla que emanaba de la mesa.
"Se los digo," gruñó Makenna, azotando dinero sobre la mesa, "¡cinco dólares a que tengo razón!"
"No, no, no," Alice intervino, azotando más dinero sobre la mesa. "Fue el primer tipo. Yo debería saberlo. ¡Fue a mí a quién llamó cuando sucedió!"
Rose se echó reír, su cabeza cayendo hacia atrás. "¡Las dos están equivocadas! Fue el payaso, estoy segura," se rio entre dientes, añadiendo su propio dinero al montón.
Toda la mesa se echó a reír, y no puede evitar sonreírles porque incluso Mickey parecía más relajada.
"¡Bells!" Alice canturreó, levantándose de un salto de la mesa tan rápido que Jasper tuvo que atrapar su bebida antes de se volcara.
Sonreí cuando todos ellos dijeron mi nombre, pero el cocinero que se paseaba frente a la parrilla de carbón, se paró en seco. A pesar de lo increíble que se veía en pantalones cortos color caqui y una camiseta blanca, se veía cansado, preocupado y como si el peso del mundo descansara sobre sus hombros.
Nuestros ojos se encontraron por un momento antes de que mi duendecillo revoloteara en mi visión.
"¡Bells, diles!" Alice instó, sacándome de la casa y hacia la terraza.
"¿Decirles qué?"
"Diles el trabajo más gracioso que hemos hecho," dijo, empujándome para que me sentara en una silla.
"¡Oh! ¿De eso se trata todo esto?" Pregunté, señalando el dinero en la mesa.
"¡Joder, sí!" Gruñó Emmett en broma. "¡Termina con la tortura, Bellsy!"
Le sonreí porque había robado el apodo que Makenna tenía para mí. Un plato lleno de costillas a la barbecue. Elote asado y algo de ensalada aterrizó frente a mí, y levanté la vista para ver a Edward preocupado pero con ojos cálidos, inclinado hacia mí.
"Diles, pero también come," susurró en mi oído, dejando el más suave de los besos a un lado de mi oreja. Usó esa voz imponente, sexy y en control, y por lo general, me volvería loca, pero estaba empezando a ver que era solo… Edward.
"Gracias," susurré en respuesta.
"Nos han estado volviendo locos con este debate," se rio entre dientes, levantando las manos cuando todas las chicas discutieron con él al mismo tiempo.
"¡Está bien, está bien!" Me reí entre dientes, sacudiendo mi cabeza y cogiendo un tenedor. "¿Entonces qué? ¿Se supone que solo tengo que adivinar los que están en discusión, o me van a dar alguna pista?"
"Aun cuando amplía mis oportunidades como de a chorrocientos a una, solo tienes que decir tu favorita porque esa es la apuesta," dijo Alice con entusiasmo, rodando los ojos. "Todas creemos que lo sabemos, pero cada una dijo algo diferente."
"No hemos tenido chorrocientos casos, Duendecillo," solté un bufido, al fin tomando un bocado. Mastiqué pensativa, mirando a Rose. "Y estás equivocada con el payaso. ¡Eso no fue gracioso, eso fue escalofriante tipo John Wayne Gacy!"
Rose se rio, su cabeza cayendo hacia atrás. "¡Bueno, mierda!"
"Espera, espera, espera," Jasper se rio. "¿Cómo el asesino serial…Gacy?"
Me eché a reír. "Sí, una mujer quería que siguiéramos a su esposo porque pensó que la estaba engañando. No lo estaba…" Me reí entre dientes, tragando y sacudiendo mi cabeza. "Se vestía como payaso y trataba de levantar a madres solteras en el mercado de pulgas."
"Creí que habías dicho que no la estaba engañando," resopló Emmett.
"No puedo imaginar a una chica en este maldito planeta que encontraría eso sexy," dijo Mickey, simulando arcadas, y la mesa explotó. "¡No la estaba engañando, porque no podría conseguir que jugaran con él con ese atuendo!".
"¡Exactamente!" Rose, Alice y Makenna dijeron al mismo tiempo.
Seguí comiendo, sorprendida por lo buena que estaba, escuchándolos burlarse del "Caso Gacy", como lo habíamos llamado hace años. Estaba tratando de pensar en el caso más divertido cuando de pronto me llegó.
"¡Lo tengo!" Dije en voz alta y mis chicas sonrieron. "El primer caso… el 'Caso del chico con la paleta'."
"¡Sí, sí, sí!" Chilló Alice, lanzándose por el dinero sobre la mesa. "¡Lo dije bien!"
Me reí entre dientes, negando y tomando un largo trago de refresco.
"No me digas…" Dijo Edward, riéndose. "Enanos… gente pequeña… lo que sea. ¿De verdad quiero escuchar esto?"
Me eché a reír, encogiéndome de hombros. "Es hilarante. Fue nuestro primer caso. ¿Recuerdan a ese predicador de televisión que hace unos años se metió en problemas con las drogas? ¿Qué era totalmente… antigay, antidrogas, antitodo?"
"Mmm," reflexionó Jasper, rascándose la barbilla por un momento, "ese fue… Taylor…Tyler… ¡Tyson!"
Sonreí, asintiendo cuando Alice seguía rebotando en su asiento. "Sip. Bueno, lo atrapamos, pero mantuvimos la verdadera mierda en secreto."
Alice ya no podía aguantarse así que soltó el resto. "Su esposa nos contrató porque pensó que estaba perdiendo los fondos de la iglesia apostando en las carreras de caballos. De manera que Bells lo siguió por algunos días. Mierda bastante normal al principio. Había almuerzos con sus amigos, visitó gente en el hospital, firmó sus libros en la librería. Pero los lunes eran sus días buenos. Salía a escondidas, él solo y se iba a las carreras de caballos… Solo que no estaba apostando."
Toda la mesa gimió, expresiones de puro asco escritas en sus rostros.
"Seguí la señal GPS en su móvil, y Bells lo siguió entre las gradas, por la pista y de vuelta a las caballerizas," continuó, la más cursi de las sonrisas en su rostro. "Encontró un establo que había sido ocupado por todos los jinetes. ¡Era la versión de Munckilandia de Sodoma y Gomorra allí dentro! Había drogas y pequeñas, chiquititas, cosas sexys desnudas en acción, y el predicador estaba en medio de como tres pequeños hombrecitos mientras ellos… con líneas de coca… y…"
"¡Qué asco! ¡Basta!" Edward gruñó, poniendo las manos sobre sus oídos al mismo tiempo que toda la mesa estalló en carcajadas.
"Tenemos fotos. ¿Quieren ver?" Dijo ella.
"¡No!" Los tres chicos gruñeron.
"En fin, lo atrapamos por las drogas," terminé de contar riendo, soltando mi tenedor y volviéndome hacia Edward. "Eso estuvo bueno, Edward."
Sonrió, asintiendo, pero no dijo nada sobre la comida, acercándose para tomar mi mano. "¿Cómo estás?" Preguntó en voz baja mientras todos los demás empezaron a conversar en voz alta.
Esme se nos había unido y tenían que contarle de la apuesta, las historias y por supuesto, del predicador.
Me encogí de hombros, jugando con sus dedos. "En realidad, mejor. Supongo que de verdad necesitaba sacarlo. ¿Cómo está Mickey?"
Hizo una mueca pero dijo, "Mickey tenía tres hermanos en Nueva York. Todos bomberos trabajando en la misma estación. Los perdió a todos en un solo día—el 9 de Septiembre. Somos… su remplazo."
"Oh," gemí pero asentí en comprensión. "¿Pensó que te estaba alejando de ella?"
Sonrió, haciendo un gesto con su barbilla hacia el resto de la mesa. Cuando levanté la vista, pude ver el problema. Alice estaba alimentando a Jasper dulcemente con algún tipo de postre, y Emmett le estaba contando a Rose un chiste que la estaba haciendo reír tan fuerte que se estaba agarrando el estómago. Solté un bufido, conteniendo mi sonrisa y volviéndome hacia él.
"Siente que los está perdiendo a todos," dije con un suspiro.
"Algo así," murmuró, pasando una mano por su cabello.
"Nunca se me ocurriría interponerme entre tú y ellos," susurré, frunciendo el ceño mirando nuestras manos. "No con tus amigos, o con tu papá, o con tu trabajo… porque sé lo que se siente cuando alguien no te deja ser… bueno, tú mismo."
Sentí sus dedos bajo mi barbilla, levantando mi mirada para encontrar con esas sinceras orbes de color verde. "Lo saben," recalcó, una expresión indescifrable en su rostro. "Sin embargo, ella te debe una disculpa, Bella," dijo con firmeza, sus ojos oscureciéndose solo un poco.
"No, no es así," suspiré, mirando hacia ella y luego de vuelta a él. "No puede evitar lo que siente, Edward. Y estos no han sido exactamente unos días libres de estrés y lo sabes. Estoy segura que con tanta gente junta, siempre habrá alguien que pierda los estribos."
Asintió, suspirando, pero inclinó su cabeza hacia mí como si tuviera algo que decir.
"Te ves tan cansado," murmuré suavemente.
Se encogió de hombros pero levantó la vista cuando mis chicas y Mickey se pusieron de pie.
"Vamos, Bells. A lavar los platos," Rose se rio entre dientes, empezando a recoger los platos de sobre la mesa. "Los chicos cocinaron, así que nosotras vamos a limpiar."
"Seguro," le dije, poniéndome de pie y ayudando.
Para cuando todo estaba en el lavavajillas, la comida guardada, y estaba limpiando las encimeras, me di cuenta que me habían dejado sola con Mickey, que estaba apoyada en la encimera, observándome.
Emmett, Rose, Makenna y Alice estaban en la sala, viendo una película. Edward se había ido a tomar una ducha, diciendo que iba a arreglar el sofá de su habitación porque alguien había tomado su cama. Me eché a reír y lo empujé para que se fuera.
"Lo siento… por lo que pasó en la mañana," dijo en voz baja, mirando hacia la sala y luego de vuelta hacia mí. "No sabía…"
"Está bien," le dije, sin levantar la vista de la encimera mientras limpiaba el microondas. Cómo, cuando Edward era el que cocinaba, se ensuciaba tanto. Nunca lo sabré.
"En algún momento estuve enamorada de él," murmuró, y la miré. Estaba mirando a sus manos. "Demonios, probablemente estaba enamorada de todos porque juntos, son el chico perfecto."
Me reí entre dientes, imitando su postura en la encimera. "El humor de Emmett, el espíritu dulce de Jasper… y de Edward…"
"Su físico, chica." Se echó a reír. "¡Es hermoso, lo sé!"
Sonreí, asintiendo. "Niño bonito," concluí, dándome cuenta finalmente de dónde provino, aunque ahora lo usaban para burlarse de él por su vida privada.
"Exactamente," se rio, rodando los ojos. "Pero ahora son mis hermanos. Hoy por la mañana lo vi besándote en la tienda…" Su voz se fue apagando, pero pude escuchar un poco de diversión en ella.
Hice una mueca, pero le indique que siguiera adelante.
"Siempre ha sido… muy intenso, siempre en control, distante y enfocado. Pero verlo sonriendo y riendo contigo… yo… bueno, los cambios eran desconcertantes. Como, ¿por qué? ¿Dónde estaba ese tipo cuando lo conocí, sabes?"
Asentí, sabiendo a qué se refería, porque seguía siendo intenso, en control y enfocado. Simplemente no era así conmigo.
"Sea lo que sea… no te detengas, porque ha salvado mi vida más veces de las que puedo contar, y merece sentirse—"
"No como un monstruo."
Su cabeza se levantó de golpe, y se me quedó viendo con los ojos amplios, asintiendo despacio. "Sí, porque no lo es. En lo absoluto."
"Lo sé." Sonreí con tristeza, arrojando el trapo dentro del fregadero cuando salíamos de la cocina.
"¿Oh, y Bella?" Susurró justo antes de que nos uniéramos a todos en la sala. "Ninguna mujer debería pasar por lo que tú pasaste. Vamos a patear el culo de Miller por ello."
Me reí entre dientes, y sentí un hormigueo en mi piel ante la mención del nombre de ese hombre, pero podía ver que era sincera. Podía ver esa chispa de picardía en sus ojos y una sonrisa triste. Sin importar lo que deparara el futuro, podía ver que hablaba en serio y que había desechado sus miedos. Su lealtad estaba con Edward y su equipo, pero ahora también me incluía a mí y a mis chicas porque al mirar alrededor de la sala, podía ver las mismas miradas de atracción y sonrisas dulces de flirteo entre Rose y Emmett, y los tontos susurros al oído y mejillas sonrojadas entre Jasper y Alice.
Las cosas estaban cambiando, se estaban mezclando entre mis chicas y su equipo, y no estaba segura si eso hacía las cosas mejor o más peligrosas, porque cuando añades el elemento de apego emocional, ¿tomas mejores decisiones o peores? ¿Miras por el bienestar de todos o solo el de la persona que significa tanto para ti que no podrías soportar la idea de que saliera lastimada—o peor, que muriera?
Respiré profundamente y lo dejé salir porque no tenía la respuesta, pero tampoco quería pensar en ello. Todo lo que quería en ese momento era buscar a Edward. Necesitaba esa sensación de seguridad y consuelo que venía con solo estar en la misma habitación con él. Así que, despidiéndome de todos con la mano, me dirigí por el pasillo a su habitación.
Tuve que contener mi fascinación, mi risita tonta y mi sonrisa cuando en el momento en que entré en la habitación, fui recibida con la más linda y sexy escena que había visto en mi vida.
Un Edward recién duchado estaba dormido en el sofá de su habitación. Pareciera como si solo se hubiera sentado y no pudo evitarlo. Se veía glorioso sin camisa, aunque había una camiseta blanca en sus manos. Estaba usando lo que parecían unos pantalones de chándal azul marino de la fuerza aérea. En su rostro, nada de la preocupación, o estrés, o ira que había tenido más temprano en el día, sino que se veía relajado y dulce, su mandíbula cubierta con solamente un poco de barba.
Dios, era hermoso, como una obra de arte o un cartel. Y no podría—no lo haría—perturbar eso. Agarrando la manta a sus pies, lo cubrí.
Le di un tierno beso en su frente, deseando en silencio que tuviera dulces sueños porque, después de todo, ¿no nos lo merecíamos todos?
(1)La Máquina del misterio es la camioneta en donde viajan Scooby-Doo y sus amigos resolviendo los diferentes misterios relacionados con fantasmas y otras fuerzas sobrenaturales.
Un capítulo algo intenso el de hoy. Ya sabemos el por qué de los celos de Mickey, después de haber perdido a sus hermanos en un solo día era obvio que reaccionara con tanta intensidad cuando veía que sucedía lo mismo por segunda vez, aunque no es excusa la forma en que trato a Bella, al menos lo sucedido permitió que Bella sacara todo lo que se había guardado con relación a lo que pasó en ese sótano. ¿Y qué les pareció la reacción de Edward cuando Esme amenazó con llevarse a Bella? Awww se me hizo tan tierno, ese GI Joe está loco por Bella, es dulce nuestro Mercward. Muchas gracias a todas ustedes que leen y dejan su comentario, no saben como me alegra el saber que les gusta la historia y tengan por seguro que la autora original también lo sabe, Drotuno está muy atenta a la respuesta que ustedes están dando a su historia. Está es la primera de una serie de cuatro y no sé si se me permita traducir las demás, supongo que todo depende de la respuesta de ustedes. Así que, usen el cuadrito de abajo y háganle saber a la autora su opinión de la historia. Por último, está no es la única historia que estoy traduciendo, si les interesa saber más pueden comunicarse conmigo ;) Saludos y nos leemos con el próximo capítulo.
