Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.

Disclaimer: This is story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.

Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con está historia.


CAPÍTULO 10

EDWARD

Me desperté sobresaltado con el sonido de la puerta del baño abriéndose. Me senté rápidamente, tratando de recordar la realidad y no el oscuro sueño del cual estaba luchando por salir. Traté de recordar haberme ido a la cama—o el sofá, en realidad—y no pude. El día anterior había sido tan jodidamente agotador que debí haberme quedado dormido.

Levanté la vista para ver a Bella entrar en la habitación, y parecía un fantasma o la más perfecta visión, o tal vez solo era una alegría para la vista porque mis sueños no eran tan hermosos como lo era ella.

Sonrió con dulzura cuando me vio sentado. "Hey, no quería despertarte," susurró, caminando hacia mí.

Solo negué, tragando grueso porque traía puesta una camiseta sin mangas y unos pantalones de pijama a cuadros, todo en un color azul cielo que hacía que su piel se viera tan bonita. Extendí mi mano hacia ella, sin pensarlo, y la puse entre mis piernas, pero al parecer estaba bien porque no entró en pánico.

"Prometo no ser tan ruidosa de ahora en adelante," soltó una suave risita. "Lo juro, soy muy buena compañera de cuarto. Soy bastante organizada, limpia y puedo hacer una cama en la que puedes rebotar una moneda, señor."

Sonreí, riéndome bajito. "No me despertaste, Bella," le dije, sintiéndome aliviado al ver su sonrisa. Su estallido de la noche anterior con Mickey, me había preocupado muchísimo, pero se había unido a la mesa para la cena viéndose fresca, como si se sintiera más ligera. "Dime que estás bien…" Le dije, poniendo mis manos en su cintura, un lugar que sabía era seguro para ella.

"Lo estoy. Me siento mejor después de sacar eso de mi sistema," dijo en voz baja, acercándose y tomando mi rostro entre sus manos. "Me alegra que hayas dormido un poco. Puedo dejarte…." Señaló con su pulgar detrás de ella, hacia la cama, diciendo que se iba de vuelta a dormir.

"No," dije rápidamente, acercándola a mí. "Todavía no. Solo… quiero…"Comencé a decir pero no pude articular qué era lo que en realidad quería.

Ahora todo mi mundo giraba en torno a ella, y realmente no había tenido una oportunidad de hablar con ella desde que se había despertado cuando se acabó el efecto del sedativo de Esme. Solo tenía que asegurarme que estaba bien.

Empezando por sus hombros, deslicé mis manos por la piel que era segura, la que estaba bien que yo tocara. Necesitaba sentirla, pero nunca querría hacerla sentir incómoda. Toqué sus costados, la parte exterior de sus muslos, y recorrí con mis dedos su columna antes de descansarlos finalmente en su trasero. Levanté la vista hacia su algo divertida pero oscurecida mirada.

"Joder, eres tan hermosa," le dije, esperando que lo supiera.

Bella sonrió, mordiendo ese labio inferior suyo. Sus mejillas rosadas por un ligero rubor, pero dijo en voz baja, "Gracias. Dime lo que quieres, Edward."

"Esto," dije bajo mi aliento, deslizando mi mano por su cuello y pasando mi pulgar por su labio inferior. Nos miramos fijamente, sorprendido de ver el mismo calor que estaba sintiendo cuando me devolvía la mirada.

"Bien," susurró asintiendo y luego se inclinó hacia mí.

Necesitaba tanto sus caricias, besarla. Tenía que asegurarme que el adelanto que había tenido hace poco no nos había regresado al principio, que todavía seguía en esto conmigo, porque en algún momento llegué a necesitar que me quisiera. Necesitaba que ahuyentara los sentimientos de desesperación que tenía cuando despertaba de malos sueños. Mis muros se estaban derrumbando, y la única a la que quería para que quitara los ladrillos estaba parada entre mis piernas, oliendo como a jabón, fruta y una chica cálida.

Con sus dos pequeñas y cálidas manos a ambos lados de mi rostro, acercó su boca a la mía. De inmediato, esas dos manos se deslizaron dentro de mi cabello, y gemí ante la sensación de ella tirando de mí para acercarme. Rodeé su cintura con mi brazo, sentándome de nuevo en el sofá y trayéndola conmigo, sus piernas a horcajadas sobre mi regazo. Las sensaciones que vienen con eso fueron instantáneas. La sensación de su peso sobre mi ingle mientras nos alineábamos, era perfecta, sus pesadas respiraciones contra mi mejilla cuando volvió su cabeza para profundizar el beso, y su corazón golpeando contra mi pecho se sentía tan bien, tan perfecto que me hizo apartarme de su boca y besar desde su mejilla hasta su cuello.

Cuando arremoliné mi lengua en la piel justo debajo de su oído, sus caderas giraron sobre mi erección ahora endureciéndose.

"Oh mierda," gruñí, mi cabeza cayendo en su hombro, pero mis manos detuvieron sus caderas.

Las manos de Bella no se detuvieron. Pasaron por mi cabello varias veces mientras recuperaba el aliento contra mi frente antes de que bajaran de mis hombros y a mis costados. Me eché para atrás para verla tocarme. Pequeños dedos acariciaron mis pectorales, mis abdominales, y luego finalmente trazaron alrededor del tatuaje en mi pecho antes de que levantara la vista para mirarla.

"Tócame, Edward," susurró, su ceño frunciéndose.

"Muéstrame cómo, bebé," jadeé, dejándola agarrar mis manos de su cintura.

Era tan temprano que ni siquiera el sol había salido todavía, pero lo que estábamos haciendo se sentía tan íntimo, como si fuéramos solo dos personas en el planeta, porque la casa estaba en completo silencio, con la excepción de nuestros susurros, nuestra pesada respiración y el ocasional gemido.

"Sobre la ropa," dijo ella, colocando una de mis manos sobre sus costillas, pero la otra la llevó a su pecho.

Jadeó, y mis ojos se dispararon de inmediato a su rostro, pero cuando sentí su pezón endurecerse bajo mi palma, supe que acabamos de cruzar a la siguiente fase con ella. Y Dios, si no se veía como que eso la había hecho feliz.

"¿Sí?" Le pregunté, incapaz de evitar que mi boca se curveara hacia arriba al verla mientras disfrutaba de su peso en mi mano.

"Sí," respondió, sus caderas girando contra mi polla de nuevo.

Encajaba perfectamente en la palma de mi mano, caliente y pesado pero aun así firme. Era como si estuviera hecha solo para mí. No había bromeado cuando le dije que era un hombre que me gustaba todo. Me gustan todas las cosas que hacen de las chicas… femeninas. Pero entre más aprendía de Bella, entre más la tocaba, me di cuenta que nadie antes que ella se había acercado tanto a la perfección para mí, lo que me faltaba—mi otra mitad.

Rocé ligeramente mi pulgar sobre su pico endurecido, disfrutando de los sonidos que provocó en ella, pero aún más, de esa orgullosa sonrisa que se apoderó de su rostro antes de lanzarse hacia mi boca.

"Más, Edward," gimió contra mis labios.

El sonido de mi nombre lleno de tanto deseo, de tanta necesidad, me hizo gemir y que mis propias caderas encontraran el ritmo que ella estaba llevando. Observando su rostro con atención, tomé sus dos senos en mis manos al mismo tiempo. Rocé sus dos pezones, inclinándome para besar lasciva y lentamente su cuello, susurrándole palabras de aliento.

"Así bebé, solo siénteme," susurré contra su piel, sintiéndola asentir, sentí su aliento en mi mejilla. "Lo estás haciendo muy bien… Cuando estés lista, Bella, son tantas las malditas formas en que voy a hacerte sentir bien."

Lloriqueó, arqueándose hacia mí, sus caderas haciendo que me endureciera aún más en mis pantalones. Estaba tan cerca, no por lo que ella estaba haciendo, sino por cuan hermoso se veía su rostro cuando la siguiente frase tocó suavemente mi mejilla.

"Edward, te sientes tan bien, y estoy tan cerca," jadeó, sus dedos enterrándose en mi hombro y mi bíceps.

Se arqueó de nuevo y dudoso llevé mi boca a su pezón, sin apartar los ojos de ella, en especial cuando asintió con la cabeza frenéticamente. La abracé de nuevo mientras sus caderas continuaban girando sobre mí, mi lengua arremolinándose lentamente alrededor de su pezón sobre la tela de su camiseta. Cuando lo metí por completo en mi boca, todo su cuerpo se derrumbó en mis brazos.

"¡Oh, mierda!" Jadeó, su cabeza cayendo hacia atrás mientras empujaba su cúspide hacia mí,

Podía sentir el calor, la humedad viniendo de ella, incluso a través de nuestras pijamas. Podía sentir sus músculos retorcerse contra mi polla, y estaba a punto de morir por la necesidad de seguir frotándome, seguir con la fricción.

Cuando se calmó, se acercó de nuevo a mí, envolviendo sus brazos alrededor de mis hombros. Parpadeó despacio, sus párpados pesados, y no pude evitar sentirme pagado de mí mismo por haber sido yo quién puso esa expresión de saciedad en su rostro.

Presionó su frente en la mía, sus dedos jugando con mi cabello, y una lenta sonrisa empezó a invadir su hermoso rostro.

"Hey, bebé," me reí al verla porque se veía tan relajada.

"Hey." Suspiró contenta. "Me tocaste," soltó unas risitas, frotando su nariz con la mía.

"Lo hice, y pareció resultar bastante bien para ti," le dije, besando sus labios con suavidad mientras sonreía.

Se apartó solo lo suficiente para estrellar sus labios contra los míos en un beso abrazador. No pude evitar aferrarme a su trasero perfecto mientras ella atacaba mi boca. Cuando nos separamos finalmente, me le quedé mirando, mi boca abierta, jadeando como si hubiera corrido un maratón y todavía saboreándola en mi lengua.

Su mano se deslizó despacio entre nuestros estómagos, con cuidado. Mirándome a los ojos me dijo, "Tu turno, Edward…"

~oOo~

BELLA

"Tu turno, Edward."

"B-Bella, bebé, no t-tienes q-que hacerlo," tartamudeó Edward, y solo eso me hizo besarlo como distracción.

Lo sentí moverse un poco debajo de mí, pero sus manos se lanzaron a mi cabello, girando mi cabeza para profundizar el beso.

"¿No quieres que lo haga?" Pregunté, sabiendo la respuesta porque tan pronto mi mano cubrió su erección, mi vientre se apretó ante el sonido de su hermoso gemido.

"Dios, sí," jadeó, su cabeza cayendo hacía atrás al sofá. "P-Pero s-solo si tú q-quieres hacerlo…"

Sonreí pero rápidamente lo oculté al mismo tiempo que me inclinaba para besar su cuello. Recorrí con mis dedos su estómago firme y la pequeña línea de pelo justo debajo de su ombligo, hasta el borde de su cintura. Mi mano lo envolvió por fuera de sus pantalones de chándal y seguí el ritmo de sus caderas. Se levantaban debajo de mí, empujando aún más su polla hacia la palma de mi mano. Edward estaba rígido bajo mi toque, era grande y se sacudía, y Dios, yo quería más, pero no estaba segura de estar preparada.

Debe haber sentido mi vacilación porque su cabeza se levantó de golpe para mirarme. "¿Bella?"

"Quiero… hacer más por ti, pero…" Mi voz se fue apagando y tragué con fuerza.

Al parecer Edward sabía que era lo mejor para decir porque sus labios rozaron mi mejilla mientras su mano cubría la mía para guiarme sobre él. "Sigue haciendo exactamente lo que estás haciendo, bebé," dijo entre su aliento, besando mi cuello. "Así es perfecto… tú eres perfecta."

Uno de sus manos agarró la parte trasera de mi camiseta, mientras la otra seguía moviendo mi mano al ritmo que quería. Los sonidos que emitía en mi oído me decían que se estaba acercando.

"¿Sientes eso, Bella?" Preguntó, su rostro enterrado en mi cuello, pero apretó mi mano sobre su polla al mismo tiempo que yo asentía contra su mandíbula. "Es todo por ti, bebé. Eso es lo que me haces. Y joder, estoy a punto de correrme con todas mis fuerzas…"

Los dos aceleramos el ritmo, y escuché su respiración atorarse en su garganta, pero fue el sonido de mi nombre saliendo de sus labios lo que provocó mi siguiente reacción.

"Quiero mejorar, Edward," susurré en su cuello cuando me envolvió en sus brazos.

Hizo su cabeza hacia atrás y sus ojos estaban más claros, más satisfechos mientras estudiaba mi rostro. "Lo harás, bebé," dijo, poniéndose de pie conmigo en sus brazos.

Nos llevó a la cama, poniéndome en ella con delicadeza. "No te muevas," ordenó juguetón, su dulce y torcida sonrisa en su rostro mientras me señalaba con un dedo. "Esta conversación no ha terminado, solo la interrumpiremos por un momento."

Asentí, viéndolo agarrar otros pantalones de chándal de su cajón y entrar en el baño. Para cuando regresó, estaba mordiendo mi labio inferior hasta casi hacerlo sangrar.

Edward subió a la cama conmigo, poniéndome entre sus brazos, acunándome contra su pecho. "Estás mejorando, Bella. Mira lo lejos que has llegado."

"Lo sé." Asentí contra su pecho desnudo. "Es solo que… quiero ser normal."

Podía sentir su sonrisa en el tope de mi cabeza, pero se quedó callado por un momento. De pronto, nos puso de costado de manera que pudiera mirarme a los ojos.

"Dime qué es normal, Bella," dijo con firmeza, ese tenor de mando en su voz que en ocasiones nunca desaparecía.

"No lo sé…"

"Pareces tener este ideal en tu mente de dónde quieres estar," susurró, pasando suavemente sus dedos por mi pelo, "y quiero saber dónde es porque quiero llevarte allí. Llevarnos allí."

Mordí mi labio inferior mientras estudiaba su rostro serio. Solía ser el tipo de chica que sabía lo que quería, tanto dentro como fuera de la recámara. Me encantaba tocar y ser tocada. Me gustaba besar y acariciar. Me gustaba hacer el amor lentamente, con largos y profundos besos, y a veces con rudeza, con la piel sudorosa y sonrisas torcidas. Alguna vez el sexo había sido divertido y lo quería así de nuevo. Y lo deseaba tanto con Edward que apenas si podía pensar con claridad.

"Siento que ya no tengo control sobre mi cuerpo," susurré, avergonzada con mi admisión. "Solía estar en control total…"

Sonrió, una sonrisa pícara y carnal al mismo tiempo que su ceño se frunció de forma espectacular. "Mmm… Bueno, hay una meta que deseo alcanzar…."

Solté unas risitas, golpeándolo en el brazo, pero él solo se rio y me abrazó con más fuerza. "¿Qué hay de ti? Esto no puede ser nada divertido para ti… teniendo que cuidar constantemente donde pones las manos o asegurarte de no asustarme…"

"¿Estuvimos en la misma habitación hace un momento?" Bromeó, besando mi frente mientras trataba de no reírme. "Nunca fui así…" Hizo un gesto con su mano entre nosotros. "No era el tipo de hombre de 'abrazar a una chica después de', Bella. Se escucha terrible, pero es la verdad. Era demandante y tomaba… y tomaba con rudeza. No que no diera, porque eso era… mmm, igual de gratificante, pero…." Se encogió de hombros, respirando profundamente y pasando la mano por su cabello mientras miraba fijamente a un punto justo detrás de mí. "No había estado con nadie en meses."

"Yo tampoco," dije, encogiendo solo un hombro.

Los dos nos quedamos callados por un momento, y me di cuenta de que probablemente éramos muy similares sexualmente, antes de mi secuestro. Aunque yo estaba comprometida a una relación—bueno, yo estaba comprometida, Jake era un idiota—Edward no lo estaba, pero con gusto apostaría que ninguno de los dos éramos tímidos en la cama. Las manos de Edward subían y bajaban por mi espalda mientras simplemente me dejaba ser, pero lo que le dije después hizo que su mano se detuviera.

"Quiero eso… esa cosa demandante," susurré, a sabiendas que estaba viendo mi rostro, pero en lugar de eso yo miraba fijamente a su cuello. "Simplemente quiero que puedas… joder, tocarme cuando quieras. Tomar cuando quieras. Si estoy usando pantaloncillos cortos o una falda, quiero que seas capaz de tocarme, Edward. Lo necesito, pero estoy…" Me detuve por un momento para recuperar el aliento porque esta era una mierda que me daba miedo admitir. "Hay algo totalmente atractivo en que alguien no tenga control sobre sí mismo, que te necesite, te desee tanto que simplemente… lo tome sin sentir el maldito temor de estar violando a la otra persona."

Asintió, plantando un beso en la punta de mi nariz.

"Nos conocemos hace tres semanas, Bella. ¿Es esto normal?" Se rio entre dientes, pero sus ojos estaban oscuros.

"Todo esto no es normal. No es como si pudiéramos salir a alguna cita…." Sonreí.

"Como si supiera lo que estoy haciendo aquí," murmuró, rodando los ojos.

"¿Qué tan difícil es salir a cenar y ver una película?" Respondí, tomando su rostro entre mis manos hasta que asintió. "Pero no podemos. No estoy segura de que esto existiría si solo nos hubiéramos encontrado en la calle… o en la casa de tu padre…"

Sonrió. "Puedo ser…complicado, Bella. Lo sé. Pero algo en mí cambió cuando te conocí."

Edward siempre ha tenido problemas a la hora de expresar sus sentimientos, pero me di cuenta que solo era cuando se trataba de mostrarse a sí mismo.

"Voy a preguntar esto de nuevo," susurré, otra vez sin ser capaz de mirarlo a los ojos. "¿Quieres esto?"

"Más de lo que he deseado algo en la vida," susurró en respuesta contra mi mejilla. "Es solo que no sé lo que estoy haciendo… lo que necesitas. Demonios, ni siquiera sé… que es normal."

Sonreí, inclinándome para besarlo de su mandíbula a sus labios. "Si no sabemos lo que es normal… entonces, supongo que no importa."

Sonrió contra mis labios y respondió mi beso con intensidad.

"Dime," comencé a decir, acercándome. "Si fuéramos eso que llaman normal, ¿qué me harías, Edward?"

Gruñó, pero sentí sus manos moverse en mi espalda y los indicios de algo entre nosotros otra vez. "¿En serio? ¿Quieres oír eso?"

"Oh sí," le dije, entrelazando mis piernas con las suyas.

Su mano subió por mi brazo y entró en mi cabello, y él se inclinó para besar mi frente, mejilla y luego mis labios. "Te besaría por todas partes, bebé. Y me refiero a… por todas partes," gruñó por lo bajo en la voz más sexy que le había escuchado usar. Era baja y llena de tal promesa sexual que gemí en respuesta. "Quiero probarte. Quiero sentir cada centímetro de ti derrumbarse cuando te haga correrte con solo mi boca, Bella. Quiero dejar mi marca en ti—en lugares que solo tú sabes que existen."

"Jesús," dije en voz baja, cerrando mis ojos con fuerza, incapaz de evitar acercarme más a él. Me atraía su voz, su cuerpo, su muslo que ahora estaba deslizándose entre mis piernas.

"Entonces, te rodaría sobre tu estómago y comenzaría todo de nuevo, bebé," susurró, besando mi cuello. "No sería yo si no fuera minucioso". Succionó mi lóbulo por solo un momento antes de continuar. "Quiero ver cada centímetro de ti desnuda y debajo de mí. Quiero ver tu rostro cuando me deslice dentro de ti, me mueva dentro de ti por primera vez. Envolvería tus piernas en torno a mí de manera que pudiera tomarte despacio y profundo. Y vaya que me aseguraría que quedaras completamente satisfecha antes de correrme, Bella…"

Su voz—demonios, solo sus palabras—estaban haciendo que me presionara contra su muslo.

Una de sus manos tomó mi trasero, ayudándome a encontrar la presión correcta, la velocidad correcta mientras usaba descaradamente su muslo tan duro como una roca para correrme de nuevo.

"Pero no me detendría allí," canturreó en mi oído. "No, de ninguna manera. Eres demasiado hermosa para no seguir… toda… la… noche," gruñó por lo bajo contra mi mandíbula. "Me encantaría verte moverte encima de mí, bebé—tus músculos tensándose a mi alrededor. Me encantaría poder besar tu espalda mientras me muevo dentro de ti por detrás. Sé cosas que te dejarían sin sentido, Bella. Quiero hacer que te corras con solo mis manos. Te tomaría contra la pared de manera que pudiera controlar cada segundo de tu orgasmo."

"Joder," gemí, mis ojos rodándose hasta la parte de atrás de mi cabeza y mi estómago apretándose con el inminente clímax.

Su mano en mi trasero apretó más fuerte a medida que me guiaba sobre su muslo, y mi respiración se detuvo.

"Córrete de nuevo para mí, Bella," ordenó en un susurro contra mis labios. "Puedo ver que estás cerca. Demuéstrame que esto es lo que quieres…"

Mis manos se aferraron a sus fuertes hombros al mismo tiempo que ponía mis ojos en blanco. Y por una fracción de segundo, pensé, si Edward puede hacerme esto completamente vestida, no sobreviviría completamente desnuda. El solo sentirlo de verdad dentro de mí me arrojaría al precipicio, para nunca volver.

"Mierda, Edward," di un grito ahogado y su boca capturó la mía en un ardiente beso que consumía todo.

Todo mi cuerpo se sacudió con la fuerza de ese orgasmo, y Edward me abrazó, pasando los dedos por mi cabello y mi espalda.

"Mmm, al parecer tenemos nuestra lista de objetivos, bebé," dijo él, sonriéndome. "Y Bella… no me voy a ir a ningún lado. Nunca me he…. sentido así…"

Asentí, todavía jadeando, mi sudorosa frente pegada a la suya. "Yo, tampoco," dije sin aliento, sintiendo su bastante dura excitación entre nosotros.

"Ni siquiera lo pienses," se rio entre dientes. "Esto fue solo para ti, dulzura."

Solté unas risitas al escuchar la expresión que había usado en la oficina legal, burlándose de los cursis flirteos de Liam. Edward me atrajo de nuevo hacia su pecho, y me acurruqué a su alrededor. Mientras mis ojos se cerraban lentamente, me di cuenta que no me había sentido tan segura desde mi secuestro, y nunca me había sentido tan conectada a una persona como lo hacía con Edward en ese momento. Porque a medida que el sueño cerraba mis pesados párpados, a pesar de nuestro carácter fuerte y su actitud demandante, a pesar de mi aversión al tacto y su deseo de ayudar, me estaba enamorando del hombre entre mis brazos.

~oOo~

La mañana siguiente desperté sola en la cama, y cuando me estiré, mi mano rozó contra algo en la almohada de Edward. Levanté la vista para ver una sola flor—una margarita. Una sola margarita blanca, tan prefecta que ni siquiera parecía real. El centro era tan amarillo como el sol, los pétalos blancos y parecían haberse abierto recientemente.

Sonreí, cogiendo la flor y acercándola a mi nariz. Era un gesto tan sencillo y dulce, que no pude evitar suspirar contenta. Sabía que despertaría antes que yo, pero esta mañana tenía que ser diferente. Dejar la flor fue un gran paso para Edward. No había una nota, pero entendía el mensaje.

"Y dice que no sabe lo que está haciendo…" Me mofé rodando los ojos. Me reí, poniendo la flor sobre la mesita de noche, y me levanté para prepararme para el día.

Viendo el radiante sol por la ventana, pareciera que va a ser un raro día soleado, por lo que me puse unos pantaloncillos cortos de mezclilla y una pequeña camiseta blanca, poniéndome mis tenis y finalmente, metí la flor en mi pelo.

El interior de la casa estaba en silencio, pero podía oír voces afuera en la terraza. Todas las chicas estaban sentadas alrededor de la mesa, sonriendo y carcajeándose, y parecieran apenas haber terminado su desayuno.

"¡Bells!" Todas canturrearon, incluyendo a Mickey, que soltó su tenedor para pasarme los waffles.

"Gracias," le dije, tomando el plato.

"Te ves mejor," Rose empezó a decir, echándome un vistazo con una pequeña sonrisa. "Estás durmiendo."

Asentí, tragué lo que estaba masticando y dije, "Sí. Creo que dormí de más, ¿verdad?"

"No pasa nada, Bella," me dijo Esme, haciendo un gesto con la mano no dándole importancia. "Necesitas recuperarte de todos modos. Y las chicas no han sido exactamente productivas, con la excepción de tomar la decisión de ir a nadar…"

Me reí entre dientes, mirando alrededor a todos ellas.

"Deberías venir con nosotras," dijo Alice sonriendo, prácticamente rebotando en su silla. "Se supone que todo el día estará soleado."

Bajé la vista a mi regazo, viendo la larga cicatriz en mi muslo, y negué. "No, pero gracias," susurré, frunciendo el ceño e ignorando su silencio, pero Rose no se dio por vencida.

"Te conseguí uno de una sola pieza, Bella," me dijo para tranquilizarme, tocando mi mano. "Nadie verá nada…"

Esme me vio observar la cicatriz en mi pierna y decidió entrar en modo terapeuta. "¿Qué te pasó allí?"

Mordí mi labio, la miré y luego a mis amigas. Me preguntaba por qué abordaba el tema enfrente de las chicas, pero en realidad, les había soltado todo dos días atrás así que no había nada malo en continuar. Si iba a hacer un esfuerzo con Edward, entonces, que me jodan si no podía hacerlo con mis chicas—demonios, con Mickey también, si vamos al caso.

"Eh…" Empecé a decir, pasando mi dedo a lo largo, era como de unos diez centímetros de largo y no muy oscura, considerando que Esme había hecho muy bien las puntadas. "Creo que cuando Carlisle y Edward llegaron, activaron algún tipo de alarma," susurré, cerrando los ojos y tratando de recordar. "Él había cogido un cuchillo y lo estaba pasando por mi rostro y estómago. Cortó mi ropa interior. Dijo que estaba listo para mí… que era… el momento."

"¿El momento para qué?" Makenna susurró, su rostro pálido cuando levanté la vista hacia ella.

"¡Mack!" Alice y Rose le sisearon.

"Me decía que una vez que hubiera terminado conmigo, iba a… abusar de mí…" Le dije, mi garganta de pronto estaba seca. "Pero la alarma… le causó un sobresalto, y cuando se dio la vuelta la punta del cuchillo alcanzó mi pierna."

Miré a Esme, que me dio una sonrisa triste pero orgullosa. "Buena chica," susurró.

"¿Y cuándo llegó Edward?" Preguntó Mickey, su rostro sombrío y serio.

"Justo después de eso," le dije con un gesto de mi cabeza. "Miller culpó a un venado por la alarma encendida, dijo que cruzó un sensor o algo así, pero una vez que se dio cuenta que no era un animal, se puso como un maldito loco. Bajó las escaleras una vez más para preguntarme quién me había encontrado." Suspiré, mirando otra vez mi cicatriz. "Solo podía pensar que Alice debía haber conseguido hacer funcionar el GPS… Pero mentí, dije que no sabía y él volvió a subir corriendo las escaleras. Hubo unas cuantas explosiones… no sé lo que fueron."

"Eh, una fue el granero," dijo Alice encogiéndose de hombros. "Carlisle voló el suministro de energía y todo ese equipo satelital del tipo."

"La otra fue la puerta principal," escuché detrás de mí, la misma voz suave que recuerdo sacándome de la oscuridad.

Me giré para mirar a Edward, que llevaba una expresión indescifrable. Llevaba pantalones cargo cortos en color negro y una camiseta blanca ceñida, cargando lo que menos me imaginaba, un hacha.

"La puerta era de alta tecnología. Los explosivos plásticos siempre son efectivos," dijo, encogiéndose de hombros. "Una vez que mi papá voló el granero, teníamos que movernos porque no sabíamos dónde estaba Miller."

"Oh, está bien." Asentí, volviéndome de nuevo hacia Mickey. "Él entró después de eso. No recuerdo mucho después de que me llevó al piso de arriba…."

"Eso fue porque te quedaste dormida," se rio entre dientes, arrodillándose junto a mí.

"¿Debería estar preocupada de que sea Viernes Trece o algo así?" Solté una risita, señalando el hacha en su mano. "¿Ya sabes, Jason… tipo grande… con una máscara de hockey… que le gusta picar a los campistas en los bosques?" Bromeé, señalando alrededor al hecho de que estábamos en medio de la maldita nada.

Sonrió, sacudiendo su cabeza. "No, una gran tormenta se acercará mañana desde el oeste, así que vamos a necesitar leña, tontita," respondió riéndose. "Emmett va conmigo a ayudarme. Linda flor, por cierto," dijo con una sonrisa de satisfacción señalando mi pelo antes de ponerse de pie.

"También me pareció linda," suspiré dramáticamente, sin revelar nada a nuestro público. "Es por eso que la estoy usando," le tomé el pelo.

"¡Vámonos, Eddie!" Dijo la estruendosa voz de Emmett, saliendo por las puertas de cristal corredizas. "¡Vamos a jugar a los leñadores!" Llevaba cortos pantalones caqui y no traía camisa, y pensé que Rose se caería de la silla.

Edward resopló rodando los ojos, y me dio una última mirada seria antes de alejarse con Emmett.

"Vamos," Rose ordenó, tirando de mi brazo. "No tienes qué nadar, pero al menos puedes pasar un rato con nosotras, Bells."

Asentí, empujando mi plato, y seguí a Rose, Alice y Mack a su habitación.

"Voy a darte a elegir, Bella," dijo Rose, caminando hacia la pila de bolsas en la esquina de la habitación. "Pensé que esto sería un problema, así que te compré dos trajes. Uno de una sola pieza…. o un tankini…"

Levantó los dos, y fruncí el ceño al verlos. Ninguno iba a cubrir nada, pero al menos el tankini no se veía tan mal y tenía boy shorts. Eran de color azul marino, mientras que la parte superior tenía rayas multicolores. El de una sola pieza era de un simple color rojo.

"Ese es un poco Baywatch, ¿no crees?" Pregunté, señalando el de color rojo.

Alice estalló en risitas. "Vamos Bells… puedes correr en cámara lenta a lo largo de la playa…" Mi duendecillo comenzó a correr en exagerada cámara lenta alrededor de la habitación, pretendiendo que sus tetas inexistentes rebotaban con cada paso, que solo llevó a que Makenna se uniera a ella mientras cantaban el tema de ese odioso programa de televisión.

Me eché a reír, sacudiendo la cabeza. "No lo creo," me reí con un resoplido, arrebatando el tankini de la mano de una Rose muerta de risa. "Pero me reservo el derecho de cubrirme como yo prefiera."

Una vez que estábamos vestidas, tuve que admitir que el traje de baño cubría más de lo que había esperado. La mayor parte de mis cicatrices estaban en mi torso. Junto con las quemaduras en mi estómago, había dos en la parte inferior de cada uno de mis senos. Había varios rasguños y pequeños cortes que ya se estaban desvaneciendo, pero esos estaban por todas partes. Si contara mis bendiciones—el que Edward entrara a ese sótano cuando lo había hecho era la bendición número uno—luego debería estar agradecida que no estaba marcada peor de lo que lo estaba. Y no eran ni siquiera las cicatrices lo que más me molestaba, eran las acciones con las que habían venido acompañadas cuando las recibí. Eran los golpes y la risa de Miller y todas las cosas que había dicho mientras las hacía.

Para cuando todas estábamos vestidas, habíamos agarrado un montón de toallas y llenado una hielera con cervezas y refrescos, en realidad estaba deseosa de pasar el rato solo con mis chicas mientras los chicos hacían lo que sea que estuvieran haciendo.

Mickey pasó a un lado de nosotras por el pasillo, diciendo que había estado despierta toda la noche y que se iba a la cama. "No dejen que los Paul Bunyans arruinen su diversión, chicas…." Se rio entre dientes, cerrando la puerta de su habitación.

"¿Jasper también está dormido?" Makenna le preguntó a Alice mientras pasábamos por las puertas de cristal corredizas de la parte trasera.

"No, él puede pasar días sin dormir," Alice dijo encogiéndose de hombros. "Algo sobre ser un francotirador. Puede estar sentado o acostarse por días sin moverse. No puede cambiarlo…" De nuevo se encogió de hombros pero todas nos estrellamos con la espalda de Makenna cuando se paró en seco.

"¿Qué dem….?" Empecé a decir, agarrándola para evitar que cayera en la parte de afuera de la casa.

La boca de Makenna estaba abierta, su rostro ruborizado de un color rojo intenso. "Santa mierda," dijo entre su aliento, sus ojos fijos en algo hacia la orilla del lago.

Seguí su mirada, escuchando un gemido de Rose junto a mí.

"Oh, maldita sea," Alice y Rose murmuraron al mismo tiempo.

Al parecer todos los chicos estaban en la faena de la leña porque los tres estaban junto al lago. Los tres sudorosos, desnudos hasta la cintura, usando su fuerza para hacer el trabajo. Emmett estaba levantando los troncos completos, colocándolos de pie de manera que Edward pudiera golpearlos con el hacha, cortándolos a la mitad, solo para hacerlo de nuevo y sacar cuatro leños. Jasper estaba llevando las porciones finales a una pila a un costado de la cabina.

"Eso debería de ser un maldito protector de pantallas," murmuró Makenna, levantando su teléfono para tomar el vídeo.

"Eh… mándame eso en un mensaje…" Rose susurró.

"¡Ningún mensaje!" Siseó Alice. "Solo… dame el jodido teléfono más tarde. Voy a quemar un DVD."

Solté una carcajada, pero murió en mi garganta cuando vi a Edward pasar una mano por su sudoroso cabello. Era tan malditamente caliente, era casi doloroso el verlo. Sus pantalones cortos habían caído a la parte baja de sus caderas, sus músculos eran claros y definidos por el ejercicio que estaba haciendo, y cada centímetro de su cuerpo brillaba por el sudor. Añadan el ligero toque de barba en su rostro, la sonrisa que le daba a Emmett por lo que sea que le estuviera diciendo, y su pelo apuntando para todas partes, y no pude evitar gemir por lo que veía. Porque a pesar de lo limitados que estábamos en lo que Edward y yo podíamos hacer, todavía lo deseaba. Demasiado. Era como estar hambrienta pero el pedazo de pastel de chocolate estaba bajo llave en una caja de cristal. Y Edward era pastel y sexo y todas las cosas deliciosas en una sola que no podía tocar de la forma en que lo quería.

"Jesucristo, él va a ser mi muerte," murmuré, empujando a Makenna para atraer su atención.

"¿Por qué, Bellsy?" Mack canturreó con la más tonta de las sonrisas.

"Cierra la boca. Solo… camina," resoplé, empujándola de nuevo.

Salimos a la terraza, tendiendo nuestras toallas, pero Rose deliberadamente se tomó su tiempo agachada para acomodar la suya.

"Eres tan descarada," me reí entre dientes, rodando los ojos.

"No todas tienen su héroe para que las salve, Bells," resopló indignada, poniendo las manos en sus caderas.

Fruncí el ceño, negando con la cabeza. "No se trata de eso," suspiré, sentándome en la orilla del muelle y metiendo mis pies en el agua fría. Me recargué en unos de los postes del muelle, volviendo a mirar hacia donde los chicos seguían trabajando, solo que ahora un poquitín distraídos por nuestra presencia. "No sé lo que es, pero no es… todo eso de… adorar a tu héroe…" Murmuré, viendo como las chicas se sentaban junto a mí, todas ellas metiendo sus pies en el agua.

"¿Lo has besado de nuevo?" Preguntó Alice con una sonrisa de suficiencia.

"Espera, ¿qué? ¿A qué te refieres con… de nuevo?" Dijo Makenna en un jadeo, la boca abierta mientras me miraba, luego a Edward, y luego a mí otra vez. "Oh, chica, ¡si no lo sueltas, de seguro que te aviento al lago!"

Me reí entre dientes, sacudiendo la cabeza, pero levanté la vista para ver a Edward por un momento antes de contarles un poco de las cosas que habíamos intentado, dejando fuera las cosas que no necesitaban saber—como los detalles. Sin embargo, fue información suficiente para que Makenna sintiera desmayarse.

"Todo esto con lo que estoy lidiando… ya no puedo ser yo misma," les dije, salpicando agua con mis pies.

Rose se recostó sobre su espalda, sus pies todavía en el agua, pero nunca apartó sus ojos de mí. "Sigues siendo… . Solo te sacaron la mierda a golpes."

"Supongo," dije encogiéndome de hombros. "Me siento tan extraña, como si tuviera una lucha dentro de mí con el miedo que me paraliza y la persona que solía ser."

"Pero tú no le temes a nada con la excepción de ser tocada… y solo en ciertos lugares," indicó Alice, y no era una acusación, solo su forma de pensar en voz alta. "¿Qué dice Edward?" Preguntó, su rostro serio.

"Él es sorprendentemente… alentador," les dije con una sonrisa que no pude contener. Me volví para mirarla y estaba radiante. "Siempre es tan… así…" Señalé al otro extremo del lago hacia Edward, ordenando a Jasper y Emmett "que dejaran de joder para que pudieran terminar la mierda que estaban haciendo".

Todas estallamos en carcajadas, cayendo a la terraza en un ataque de risa porque así era como veíamos a Edward casi a diario.

"Pero no es así conmigo," finalmente terminé de decir, limpiándome las lágrimas.

"Sabes," dijo Rose, riéndose todavía por el momento perfecto de mi declaración anterior, "la Bella que conocía… ya le hubiera llevado una cerveza, solo para verlo bebérsela."

"Diez dólares si lo haces." Sonrió Makenna, metiendo la mano en su bolsa y sacando un billete de diez dólares.

"Ese es mi cambio de Walmart, Mack," me eché a reír y Alice y Rose me siguieron.

"Bueno, puedo devolvértelo… si le llevas esta cerveza a Edward," dijo entusiasmada, sacando una botella de la hielera y tendiéndomela.

"Mmm," reflexionaba Alice, dando golpecitos el dedo en su barbilla, y mirando con anhelo del otro lado del agua, hacia Jasper. "La Bella que conocía lo haría venir hacia ella."

"Entonces, voy a hacernos a todas un favor," le dije riéndome, poniéndome de pie y quitándole la botella a Makenna. "¡Hey, chicos!" Grité hacia el otro lado del lago.

Tres sudorosas cabezas se giraron al instante, la discusión que estaban teniendo solo para encabronar a Edward, terminando de inmediato. De hecho, estaba muy segura que él estaba a punto de agarrar al pobre sonriente Emmett por la garganta.

"¿Cerveza?" Pregunté, cogiendo la botella y tomando un largo trago de ella.

"Esa es mi chica," se rio Rose alegremente, sentándose solo para ver a los tres pavonearse hacia nosotros. "Mm-mm-mm," gimió, sacudiendo su cabeza. "Oh, Bellsy, te debo una."

"Recordaré eso," solté unas suaves risitas, volviéndome a sentar en mi lugar.

Pesados pasos golpearon el muelle de madera, retumbando todo el camino hacia dónde estábamos sentadas en el otro extremo. Si pensé que ver a Edward trabajar al otro lado del patio trasero era caliente, entonces, nada podría haberme preparado para como lucía de cerca todo sudoroso, sonrojado y con cabello desordenado. Parecía estar encabronado con sus chicos, pero eso solo le añadía algo más a esa sensualidad que exudaba en ese justo momento.

"Aquí tienes," le dije sonriendo con suficiencia, sacando otra cerveza de la hielera y pasando tres.

"¡Hey, eso es todo lo que queda de la puta cerveza!" Emmett gruñó.

"¿Y?" Preguntó Rose, levantándole una ceja. "Esme se fue a la tienda, y estoy segura que traerá más cerveza."

La boca de Emmett se cerró de golpe para la diversión de Jasper, pero mi atención se dirigió hacia Edward, que estaba tomando largos tragos de su botella, su garganta trabajando con cada trago, y de pronto sentí el impulso de lamerla. Lamer su cuello, su mandíbula, su pecho sudoroso, sus tatuajes, sus abdominales…

Sacudí mi cabeza, tomando mi propia bebida antes de que al fin encontrara mi voz. "Parecías necesitarla," le dije, conteniendo mi sonrisa.

"Gracias." Dijo en voz baja, arrodillándose junto a mí. "Esos por allá, Tararí y Tarará," resopló, señalando con su pulgar detrás de él hacia Jasper y Emmett, "pensaron que sería divertido tomarse todo el puñetero tiempo del mundo…" Se les quedó mirando pero ninguno de los chicos parecía reprendido.

Me reí al ver las sonrisas tontas de Jasper y Emmett, mirando de nuevo al rostro malhumorado de Edward. "¿Terminaron?" Pregunté inocentemente, tratando de no ver a los chicos asintiendo y centrando mi atención en la expresión tan seria de Edward.

"Sí," dijo con un suspiro.

"Bien," dije contenta, palmeando su sudoroso hombro y luchando contra el impulso de lamer mis labios. "Entonces, pueden pasar el rato aquí."

Observé que su expresión cambió de malhumorada, a sorprendida, a divertida. "Todavía tengo que hacer otra revisión de perímetro."

"Más tarde," Emmett gruñó detrás de él.

"Más tarde," repetí, "y lo haré contigo. Emmett puede tener la noche libre."

Se rio con un resoplido, miró de nuevo a Jasper y Emmett, quienes miraban a todos lados menos a su jefe, y luego volvió a mirarme.

Alcancé a ver los ojos de mis chicas, y todas estaban esperando con ansiedad a que dijera que sí. Deseaban tanto el simplemente pasar el rato con todos. Habían sido unas semanas difíciles, y sabía que mis chicas solo querían divertirse un poco, o no se hubieran tomado la molestia de comprarme un traje de baño, tender las toallas, y traer cerveza para atraer a los chicos.

"Es un perímetro de más de ocho kilómetros, Bella," dijo con una sonrisa, pero pude ver un ligero brillo en sus ojos. Seguro que cedía.

"Está bien," me reí. "Pero es domingo, Edward. Un fin de semana. Para tratar de encontrar algo de tiempo para relajarse…"

Sonrió y asintió, sentándose finalmente a mi lado. Se desató los zapatos, se quitó sus calcetines y sus chicos tomaron la oportunidad para seguir su ejemplo. En poco tiempo, la radio estaba encendida, se pasaron las cervezas y refrescos, y todos comenzamos a intercambiar historias. Después de unas dos horas, incluso Mickey se nos unió, diciendo que estábamos haciendo mucho ruido, divirtiéndose demasiado como para que se resistiera y se quedara dormida.

Rose y yo compartimos historias de la secundaria. Makenna y Alice contaron historias sobre salidas—de todas nosotras—citas fallidas, piropos horribles, y horribles bailarines con los que nos habíamos encontrado en los últimos años. Emmett y Jasper contaron historias hilarantes de los campos de entrenamientos y las bromas pesadas que se hacían entre ellos y Edward, pero lo mejor fueron las historias de las habilidades para pilotear de Edward.

"Así que, sí," Emmett se rio. "Se supone que teníamos que volar a México, agarrar a la hija secuestrada de un tipo, y traerla de vuelta a los Estados Unidos. La madre era de San Juan y decidió llevarla allí sin decirle nada a él. Ella estaba metida hasta el fondo en el tráfico de drogas, así que pueden entender porque no quería a su hija allí… ¿cierto?"

Todas asentimos, emocionadas por escuchar la historia, pero Edward solo suspiró.

"En fin, teníamos todo planeado," Jasper continuó la historia. "Carlisle iba a entrar con Emmett, quién se veía como un maldito guardaespaldas. Mick estaba vestida como su asistente o alguna mierda de esas, pero en realidad, estaba allí para encontrar a la niña, picar cualquier cerradura que encontrara."

"No estaba en la casa," Edward murmuró. "La niña… estaba afuera."

"¿Cuántos años tenía?" Preguntó Alice, sus pequeñas cejas fruncidas.

"Doce," Edward se rio. "Lista como la mierda… quería irse a casa, así que tan pronto escuchó que la mierda salió mal dentro de la casa, salió corriendo. Se dirigió directamente hacia mí y Jasper."

"Oh, maldición, ¿qué pasó?" Dijo Makenna en un jadeo, volviéndose hacia Mickey.

"Uno de los pistoleros del cártel de drogas se puso… fresco," gruñó ella, rodando los ojos por la risa de los chicos.

"Dios, pensé que ella le dispararía ahí mismo al hijo de puta," Emmett se rio a carcajadas. "Le agarró el trasero descaradamente. Pero en el segundo que Eddie y Jazz dijeron que tenían a la niña, la dejamos que golpeara al tipo una vez antes de salir corriendo por la puerta trasera. Se supone que teníamos que irnos después del falso intercambio de drogas porque solo estábamos allí para ver si veíamos a la niña y hacer un plan para seguir más tarde, pero eso no sucedió…"

"Ed voló sobre la valla del fondo, prácticamente aterrizando el helicóptero justo en el patio trasero." Mickey resopló. "Hizo que la mamá se cagara del miedo porque Jazz empezó a derribar a los guardias a diestra y siniestra. Tenían que cubrirnos hasta que pudiéramos llegar desde la casa hasta el helicóptero."

Edward soltó una suave risita, pero su mirada estaba en sus pies dentro del agua, en ninguna otra cosa en realidad.

"Los cabrones que se suponen estaban vigilando a la niña venían desde el otro lado del patio, y pronto… nos rodearon y nos separaron." Mickey resopló. "Tomaste un gran riesgo, niño bonito…"

Edward sonrió en dirección al agua y se encogió de hombros. "Estás viva, ¿no es así?" Respondió, todavía sin levantar la vista, y ahora podía ver que su actitud era porque se sentía avergonzado. No le gustaban los elogios.

"Apenas," Jasper resopló, rodando los ojos. Se volvió hacia Alice para terminar la historia. "Ed me dijo que empezara a disparar con la AK-47 y que no me detuviera hasta que me lo dijera. El cabrón tomó ese helicóptero y lo giró en un círculo para que yo liquidara a los tipos detrás de nosotros. Entonces, se quedó suspendido en el aire lo suficientemente cerca para agarrar a Emmett, que estaba en la parte más lejana de la casa porque tuvo que esconderse detrás de un coche. Edward puso el helicóptero encima del puto coche, ¡asegurándose de aplastar el techo de manera que no pudieran conducir esa perra!"

Me eché a reír, mirando a Edward, pero él seguí sin levantar la vista. Solo tomó otro largo trago de su cerveza.

"Pero llegaron más cabrones, así que Edward nos dijo a Carlisle y a mí que subiéramos las escaleras hacia la ventana superior. Y que me jodan si no puso esa cosa justo allí de manera que pudiéramos dar un paso de la casa al helicóptero sin siquiera tener que saltar," Mickey se rio. "Estuvo así de cerca," dijo ella, manteniendo separados su dedo índice y por apenas un poco más de un centímetro, "de enganchar los cables de electricidad con las aspas."

"Entonces, ¿lograron llevar a la niña a casa con su padre?" Preguntó Rose, mirando a Emmett con la boca abierta.

"Sí, pero el líder del Cártel le disparó a su madre en la cabeza cuando nos marchábamos," Edward murmuró, su ceño fruncido y su boca en una fina línea, antes de que se bebiera el resto de su cerveza. "La niña vio todo."

"Aw maldita sea," dije en voz baja, sacudiendo la cabeza.

Y ahí estaba el verdadero Edward… justo allí. Esa era la razón por la que pensaba que era un monstruo—por qué no creía que lo que hacían fuera bueno o heroico o incluso beneficioso. A pesar de lo bueno que salió de toda esa situación—el salvar a una niña de una vida terrible—él vio a una niña perder a su madre justo frente a sus ojos. Vio las repercusiones que malas decisiones tuvieron en una niñita. No solo fue la decisión de la madre de hundir a su niña en el oscuro mundo de las drogas, o el hecho de que el plan pudo haber salido mejor, o incluso el que él había ordenado matar a alguien. Fue todo completo. Cada decisión que Edward tomaba se quedaba con él, incluyendo las repercusiones de ellas.

Y de pronto quería besarlo, decirle que había salvado a todo su equipo—y a una niñita que era inocente en todo ello. La salvó para permitirle crecer para convertirse en algo, para tener una vida, no para ser parte del jodido mundo de su madre.

Pero en lugar de eso, pregunté, "¿Tienes tu propio helicóptero?"

Su cabeza se levantó de golpe y la giró hacia mí. "¿Mmm? Sí, sí… está en mi casa…"

¿Tenía una casa? ¿Y su propio helicóptero de mierda? Mis cejas se alzaron porque esa era la cosa más sexy que jamás había escuchado. Tenía que verlo volarlo. Absoluta-jodida-mente tenía que llevarme a algún lado. Y en ese momento, no me importaba si me llevaba al infierno o a Disneylandia.

"Quiero un paseo," solté unas risitas, inclinando mi cabeza hacia él cuando todas las chicas se me unieron.

"¡Joder sí!" Rose me apoyó. "Eso sería genial."

"Sí, podríamos algo así como darle una sacudida a la torre de Twilight Tech, mostrarle el dedo a Billy," Makenna se echó a reír, su cabeza cayendo hacia atrás.

Edward sonrió, sacudiendo su cabeza y rodando los ojos. "Bien, chicas. Cuando esta mierda se calme, las llevaré a pasear…"

"¡Estupendo!" Gruñó Alice, chocando puños con Rose y Mack.

Me reí de ellas.

"Hablando de Billy," dijo Alice, levantándose de su posición junto a Jasper. "Tengo que revisar y ver si Carlisle ha enviado algún correo con algunas noticias. Y estoy hambrienta…"

El resto de ellos se levantaron, diciendo que harían un montón de sándwiches, pero yo me quedé donde estaba, mirando hacia el lago.

"¿Puedes nadar?" Preguntó Edward de pronto, siguiendo mi mirada.

"Eh, sí," le dije asintiendo. "¿Por qué?"

"¿Ves ese muelle flotando en medio?" Preguntó, señalando al centro del lago.

"¿Es eso lo que es?"

"Uh huh," dijo, poniéndose de pie y ofreciéndome su mano. "Te juego unas carreras hasta allá." Se rio entre dientes y sus ojos estaban de un brillante color verde—si era por el desafío adolescente o por la historia que acababa de escuchar, no estaba segura.

Tiró de mí para ponerme de pie, dejando caer su teléfono, llaves y cartera en la terraza junto a mi toalla. Se paró junto a mí en la orilla del muelle.

"Mi papá y yo jugábamos carreras todo el tiempo cuando nos quedábamos aquí," me dijo, volviéndose hacia mí con una sonrisa. "¿Lista?"

"Sí," me reí entre dientes. "A la cuenta de tres, ¿está bien?"

"Una…" Dijo riéndose e inclinándose hacia el frente.

"Dos…"

"¡Tres!" Los dos gritamos, sumergiéndonos.

A pesar de que estaba en muy buena forma, Edward me ganó por su fuerza y altura. Mi mano golpeó sobre el muelle apenas un segundo después que la suya.

"¡Todavía el campeón!" Se echó a reír, pero puse mis manos encima de su cabeza, empujándolo bajo el agua.

Fuertes y firmes brazos me rodearon debajo del agua mientras salía frente a mí. Un Edward mojado era un Edward jodidamente hermoso, cuando se inclinó hacia adelante, su cabello se apartó de su rostro.

No pude dejar de envolver mis piernas a su alrededor cuando me acercó a él. Era una nueva pero asombrosa sensación. No me causaba incomodidad o miedo, ni siquiera me daba una sensación de pánico. De hecho, se sentía bien estar tan cerca de él.

"¿Está bien así?" Preguntó, su voz un susurro ronco y todavía un poco sin aliento por nuestra carrera.

"Sí," le dije, mi propia voz sonando sorprendida.

Sonrió, una amplia y dulce sonrisa. "Quería quedarme esta mañana…"

"Pero gracias por la flor," repliqué, acercándome cuando sus manos se extendieron en la piel desnuda de mi espalda.

"Mmmm," murmuró, pegando su frente con la mía.

Algo en mi despertó. Tal vez fue observar sus actividades de antes, o tal vez fue escuchar sobre su helicóptero o de sus excelentes habilidades para pilotear, o tal vez solo eran los remanentes de estar entre sus brazos la noche anterior. Pero el beso que le di hizo que ambos gimiéramos, que giráramos nuestras cabezas, que arrastráramos los dientes en nuestros labios inferiores. Me hizo acercarlo más a mí, enterrando mis dedos en su espalda.

Edward me envolvió con sus brazos, sus manos acariciando mi cuello, mis hombros, mi trasero.

"¡Edward! ¡Bella!" Ambos escuchamos desde la orilla.

Nos separamos con jadeos, mirándonos el uno al otro mientras Jasper nos llamaba de nuevo desde la orilla.

"¡Entren, porque Carlisle envió un mensaje, chicos!"

"¿No puede esperar?" Edward gruñó en respuesta, rompiendo finalmente nuestras miradas para mirarlo a él.

"No, tiene información. Chicos… no es buena…" Se detuvo, como si estuviera debatiéndose en si decir algo más o no. "Eh… puede que sepan dónde estamos…"

"Oh, mierda," Edward gruñó, volviéndose de nuevo hacia mí.

"Vamos, Edward," dije con un suspiro, limpiando el agua de su rostro. "Vamos a ver lo que va a decir."

Asintió y respiró profundamente, pero me detuvo antes de que pudiera alejarme nadando. "No importa lo que pase, Bella. Voy a protegerte… Te mantendré conmigo…"

Sonreí, pero era una sonrisa nerviosa, porque no estaba segura de nada con respecto a nuestras vidas. "Lo sé. Vamos…"

Buen fin de semana, espero que la estén pasando bien y también que hayan disfrutado del capi. Como verán no duró mucho la tranquilidad y su escondite al parecer ya fue descubierto. Recuerden que ahora todos los hombres de King y la policía buscan a Bella, ya veremos que tiene que decir Carlisle en ese mensaje. ¿Qué les pareció ese momento entre nuestro Mercward y Bella? Él es tan tierna, me encanta como tartamudea solo con Bella cuando está nervioso. Y es claro ahora que nuestro chico está enamorado de su chica. Y vimos un poco el por qué se considera Edward un monstruo, porque cree que lo que hace no es algo para ayudar a los demás, ahora es tarea de Bella demostrarle lo contrario ;) Muchas gracias por sus alertas y favoritos y sobretodo, muchas gracias por sus comentarios. Espero que sigan expresando su opinión de los capis y la historia. Saludos y nos leemos la próxima semana.