Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.
Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.
Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.
CAPÍTULO 12
BELLA
"No, Alice," Jasper la reprendió en voz baja. "Todavía no le quites el seguro." Se rio al mismo tiempo que extendió su mano y detuvo la de ella.
"Mierda, si me disparas, de verdad que me voy a encabronar," gruñó Rose, mirándolos a ambos y no pude evitar reírme.
Rose y yo nos habíamos apoderado de la encimera de la cocina, papeles esparcidos de un extremo al otro. Alice había investigado a cada cabrón en la lista de empleados de Twilight Tech que Carlisle le había enviado, y estábamos revisando cada uno de ellos, buscando mierdas que activaran cualquier tipo de alarma.
El correo de Carlisle había llegado hacía una semana, lo que daba un total de dos meses de mi tiempo oculta. Hace una semana había sido también la última vez que había tenido una verdadera conversación con Edward. Se había cambiado al turno de noche, enviando a Mickey de día para que él y Jasper pudieran trabajar juntos.
La primera mañana después de nuestra gran pelea, había despertado para ver una flor más en su almohada, colocada junto a la crema para cicatrices, y esa había sido la última interacción que habíamos tenido. No que no estuviéramos ocupados, porque todos lo estábamos, pero era obvio que nos estábamos evitando el uno al otro.
Cuando no estaba lloviendo, Jasper trabajaba con Alice y Makenna, enseñándoles cómo manejar un arma de fuego, Emmett y Rose empezaron a hacer un plano sobre cómo cablear la casa con algún tipo de sistema de alarma, y la mayoría de los días les ayudaba. Mickey y yo tomamos el reconocimiento de perímetro matutino, Rose y Emmett el del mediodía, y Esme y yo tomamos el último de la tarde juntas, con la excepción de esta noche, que Emmett lo estaba haciendo solo y Esme había hecho un viaje por suministros.
En ocasiones había visto a Edward de pasada. Hacía el desayuno antes de irse a la cama, o ayudaba a Esme con la cena antes de desaparecer afuera. Conseguía un informe detallado de Emmett sobre cómo iba lo del sistema de alarma, o de Alice sobre la investigación pero se iba de inmediato, por lo general salía hacia el cobertizo hasta que Jasper estuviera listo para recorrer el terreno con él.
"¿De verdad Carlisle necesita saber qué hijo de puta fue Boy Scout o no?" Rose se burló, poniendo la siguiente página a un lado.
"Tal vez," me reí entre dientes, dando un respingo cuando un trueno hizo temblar toda la casa.
Me volví hacia las puertas de cristal corredizas para ver la lluvia cayendo tan fuerte que el lago apenas podía verse, casi estaba oscuro y Edward debía levantarse en cualquier momento.
Miré alrededor de la casa, sacudiendo la cabeza ante los cambios que habían ocurrido. La pared del fondo del comedor se había convertido en una exhibición de todos los dibujos de Makenna. Algunas de las caras allí eran escalofriantes, otra benévolas, pero la primera siempre me hacía dejar de respirar. Miller era el primero. Al mirar su imagen, no creerías que era tal malvado como lo es. Estaba delgado, con ojos claros que sabía a ciencia cierta que eran azules, cabello castaño claro y una cicatriz en su barbilla, pero la simple imagen no retrataba la forma en que hablaba o su sonrisa perversa o la forma en que olía—a sudor y líquido para encendedores.
La mesa del comedor lucía como algo salido de una película de gánsteres. Había armas, granadas, cables y herramientas todo encima de ella. Al parecer, Emmett era un especialista en armas, había traído "algunas" cosas con él en el doble fondo de su Jeep Cherokee y las había metido a la casa tan pronto como habíamos decidido quedarnos.
Suspiré, mirando a Rose. "Extraño Roy's"
Soltó una risita, asintiendo y dijo, "La mejor cerveza de barril, ¡lo juro por Dios!"
"Maldita sea, me vendría bien una cerveza," Mickey refunfuñó, levantándose de su tarea de limpiar un arma.
"Yo también," Rose y yo dijimos al mismo tiempo, y me bajé de un salto para agarrar unas botellas del refrigerador y pasárselas.
"¿Por qué estamos brindando, damas?" La voz de Emmett retumbó, entrando y sacudiendo la lluvia de su pelo. Se había ofrecido para hacer solo la última revisión de perímetro de la noche.
"Um," Rose pensaba mientras le sonreía. "La instalación del sistema de alarma. Deberíamos ponerlo en marcha, ¿no crees?"
"¡Demonios, sí!" Soltó una carcajada, agarrando su cerveza, abriéndola y chocándola con la nuestra.
"Vamos a ver," se rio Jasper, corriendo a la puerta principal y abriéndola.
Un chillido estridente resonó en toda la casa, haciendo que todos gimiéramos pero dijéramos ¡salud! al mismo tiempo. Estaba orgullosa de nuestro trabajo porque todos habían cooperado, pero estaba cansada de las historias sobre chicas, en especial sobre Edward. Estaba cansada de sentirme sola cuando me iba a la cama. Y estaba cansada de pensar en qué significaba su silencio. También estaba furiosa con él por ignorarme.
"¡Jesucristo!" Escuchamos desde el pasillo, y Jasper cerró la puerta de golpe cuando todos nos volvimos hacia Edward, que se veía realmente malhumorado y como si acabara de levantarse y duchado.
"¡Oh, mierda! Lo siento, hermano," dijo Jasper, haciendo una mueca.
"Supongo que la alarma está funcionando," refunfuñó Edward, rodando los ojos mientras entraba a la cocina.
"Sip, la conectamos hoy," dijo Emmett orgulloso. "Bellsy y Rosie conectaron los cables a la caja de interruptores. Mickey y Alice instalaron los sensores en el camino de entrada. Hay dos: uno en la entrada para salir al camino principal y uno justo antes de la última curva, el que supongo vamos a escuchar cuando Esme regrese del viaje por suministros."
Edward asintió, sirviéndose una taza de café, y luego recargándose contra la encimera. "¿Algunas otras noticias?" Preguntó, mirando a Alice.
"Eh, nada de tu padre," dijo ella, sentándose frente a la encimera junto a mí y sacando algunas páginas. "Hemos estado trabajando en esa lista que me envió de los nuevos empleados de TT, y creé un programa para revisar los movimientos de Billy Black, no solo en la oficina, sino también en la computadora de su casa."
"Tú… creaste un programa…" verificó, sus cejas levantadas casi hasta la línea de su cabello.
Solté un bufido. "Es pequeña, pero carga un gran cerebro," me reí entre dientes, besando la cabeza puntiaguda de Alice. "Nunca cambies, duende. Eres hermosa."
Soltó unas risitas, rodando los ojos.
"De acuerdo a Alice, su calificación no fue muy alta en el… ¿Cómo llamaste eso?" Dijo Edward riéndose.
"La cuadrícula facial, Edward," se burló, rodándole los ojos.
"¿Cómo sabes de esa ridícula cuadrícula en la que cree?" Le pregunté, sorprendida de que siquiera estuviera hablando tanto, considerando que probablemente habíamos intercambiado diez palabras en la última semana, las cuales la mayoría fueron, "Buenos días" o "Buenas noches."
"Me enseñó todo al respecto cuando te estábamos buscando," dijo con un resoplido, encogiéndose de hombros y volviéndose hacia el refrigerador.
Alice se mofó. "Podría realmente enseñarte. Probé ese programa en todas nosotras. ¿Quieres saber las calificaciones?"
"No, Alice," suspiró, escuchándose aburrido y sacando los ingredientes para lo que sea que había decidido preparar para la cena. "No necesito saber las calificaciones."
"Bien, porque son una pérdida de tiempo," me burlé, deteniendo a Alice cuando iba a empezar a discutir. "No, duende. Sé que te gusta esa pieza de tecnología, pero yo la odio. La belleza no se mide por un código binario."
Edward resopló para reírse. "Exactamente."
"Bueno, yo quiero saber," Emmett replicó. "¿Cuáles fueron las calificaciones?"
"El de Rose fue un ocho punto nueve," Alice le dijo, girándose en su asiento. "Mack y Bella fueron ocho punto dos y ocho punto tres… en ese orden."
"Y el de Alice fue un siente o alguna mierda así," gruñó Makenna. "¡Es una cagada de prueba, Alice!"
"¿Siete?" Dijo Jasper en un jadeo. "¡Esas son pendejadas!"
Su arrebato hizo que Alice se riera pero se sonrojara profusamente.
"Y que lo digas," Edward murmuró. "Ocho punto tres ni siquiera se acerca." Sus palabras fueron un murmullo dándome la espalda.
Era la única cerca de él así que lo escuché fuerte y claro, y solo amplificó mis sentimientos confusos sobre Edward.
"Sí, bueno, no lo tomaré de nuevo," resoplé indignada, señalando mi cicatriz junto a mi ceja. "La maldita calificación probablemente sea más baja."
El rostro de Edward se ensombreció cuando se giró para mirarme, claramente ignorando que nadie lo había escuchado. "Jazz tiene razón. Son pendejadas," gruñó.
"También funciona con hombres." Dijo Alice sonriente, y ese fue el fin de la conversación porque todos los chicos se alejaron lentamente de ella.
Me reí entre dientes. "¿Ven?" Sonreí, volviéndome hacia Emmett. "¡Es una cagada!"
La alarma sonó con un tono diferente y todos nos sobresaltamos.
"Probablemente es Esme," dijo Emmett, cogiendo su arma.
"Sí, pero vamos a usarlo como un simulacro de lo que planeamos," le dije, volviéndome hacia Edward. "Tú vas conmigo."
Edward asintió, apagó la estufa y tomó el arma de su cintura.
Jasper llevó a Alice y Makenna al ático porque allí había tres lugares para vigilar, y él podía guiarlas bien. Emmett y Rose se fueron por la parte de atrás dando vuelta a la derecha para rodear un costado de la casa. Yo iba a sacar a Edward—que no tenía idea de esta mierda porque en realidad no había hablado con nadie durante toda la semana, y acabábamos de planear el simulacro ese día mientras dormía—por la puerta de la cocina a un grupo de árboles. Mickey tomó una posición baja justo en la ventana del frente, apagando las luces de la sala.
"Probablemente solo sea Esme, pero habíamos estado esperando probar este simulacro que planearon Emmett y Mickey," le dije, llevándolo a la salida por la puerta lateral, que conducía al lado izquierdo de la casa.
"Bien," me dijo, corriendo conmigo agachado por el patio lateral, deteniéndonos detrás de un árbol muy grande que se separaba perfectamente y que quedaba frente a la última curva del camino de entrada.
La lluvia caía a nuestro alrededor, gruesas gotas cayendo sobre nuestras cabezas, rostros y hombros desde el árbol, mientras vigilábamos el camino de entrada. Brillantes faros barrieron el campo frente a nosotros, y reconocí el BMW de Carlisle al instante.
Edward se relajó, pero agarré su brazo. "Espera," susurré. "Emmett da el anuncio de que no hay peligro."
Soltó un bufido en frustración, y por un momento me pregunté si era porque él no estaba a cargo.
"¿Por qué no me dijeron—". Empezó a decir pero se calló cuando me giré frente a él.
"Porque has estado evitando a toda la casa por una semana," dije inexpresiva, cruzando los brazos sobre mi pecho. "Elegiste cambiarte a las noches, así que ahora te aguantas. Teníamos que tomar precauciones hoy cuando las alarmas fueron instaladas, Edward."
"No lo elegí," replicó, sacudiendo la cabeza. "Mickey vino a buscarme y me pidió cambiar por unos días. Ella no podía dormir de día. Solo la estaba ayudando, Bella."
"Y de casualidad lo hiciste después de que casi nos matamos entre nosotros después del correo de Carlisle," dije con desdén, sintiéndome herida de que no hubiera podido simplemente decirme esa mierda. "Así que en realidad solo estabas evitándome… a mí."
"No," dijo con un jadeo, negando otra vez. "Te he e-echado de menos e-esta semana," balbuceó.
"¡Todo despejado!" La estruendosa voz de Emmett se escuchó desde el garaje.
"¡Emmett, casi haces que me cague del jodido susto!" Esme gruñó, y juro que pude escuchar el tortazo resonar por el camino de entrada.
"¡Despejado!" Grité, sin apartar mi mirada de Edward. "También te he echado de menos," le dije en voz baja. "Pero no voy a suplicar por tu atención. No voy a forzar mi compañía a alguien que no puede lidiar con mi mierda. Muy apenas yo puedo lidiar con ella, así que lo entiendo, Edward. Solo puedes decirme que no puedes con esa mierda, ¿de acuerdo?"
Limpié la lluvia de mi rostro e empecé a encaminarme de vuelta a la casa, pero fuertes manos me alcanzaron y sujetaron mis antebrazos, forzándome a regresar al árbol.
"¡Detente!" Gruñó, cerniéndose sobre mí, la lluvia goteando de su rostro al mío. "Deja de actuar como si supieras lo que estoy pensando, Bella. ¡Joder, me vuelve loco!"
"Bueno, ¿qué se supone que piense, Edward?" Gruñí en respuesta, fulminándolo con la mirada. "En un momento, estamos tocándonos en tu habitación, o comiéndonos a besos en el lago, y al siguiente estamos peleando como perros y gatos. Y luego… ya no estás. ¡Puf! Sé que no te gusta hablar delante de tu equipo, pero un simple 'esto no está funcionando,' o 'no es lo que quiero, Bella,' hubiera sido suficiente. ¡Joder, solo no me ignores!"
"¡Te juro, no lo estoy haciendo!" Gruñó en respuesta, pero no se movió de su posición justo frente a mí. "Pareces tener clavado en tu mente que eres solo esta… obligación para mí. No es verdad, Bella. Es más… ¡y es tanto que ni siquiera puedo pensar claramente!" Jadeó pesadamente, soltado mis brazos y colocando sus manos en el tronco del árbol a cada lado de mi cabeza. Nos estábamos empapando lentamente bajo la lluvia. "No te estoy ignorando. Solo necesitaba aclarar mis pensamientos. Tú haces que tome decisiones irracionales porque no puede pasarte ni una mierda…"
Se detuvo y pasó la mano por su cabello, haciendo que se echara para atrás.
"¿Creíste que quería estar lejos de ti está semana?" Preguntó, soltando un bufido en frustración cuando todo lo que hice fue encogerme de hombros. "Me vuelvo loco cuando no puedo verte cada puto minuto."
Resoplé, rodando los ojos y negué con la cabeza. "Siempre tienes que tener el control."
"¡Joder, es lo que sé!" Gruñó en respuesta, perdiendo finalmente lo último que le quedaba de control sobre su temperamento. "¡No se trata de controlarte, Bella! Se trata de asegurarme en cada momento, que estás bien. De asegurarme de que no salgas lastimada, o que tengas otro ataque de pánico y que no pueda estar allí para ayudarte. ¡Y que me jodan… echo de menos besarte!"
"¿Por qué no solo dijiste algo?" Hice un puchero, sintiéndome ahora como una mocosa malcriada.
"No hubo tiempo, bebé," susurró, al fin tocando mi rostro. Limpió la lluvia de mi mejilla, inclinándose para pegar su frente a la mía. "Ustedes estaban trabajando tan duro que cuando me puse al día con todo lo que tenía que hacer primero, tú ya estabas profundamente dormida en mi cama." Tomó una respiración profunda, sacudiendo su cabeza. "Créeme, me costó mucho no meterme a la cama junto a ti."
"¿Una nota?" Bromeé, picando su pecho con mi dedo. "Solo saber que querías estar allí pero no podías… hubiera hecho la diferencia. No me sentí a salvo sola…"
"No estabas sola," respondió en voz baja, ahora apoyando cada pizca de su peso sobre mí. "Estaba allí. Te visitaba todas las noches cuando no estábamos haciendo las revisiones de perímetro. Es un costumbre que inicié cuando Jacob estaba en la casa, solo que esta vez… puedo entrar en la habitación…"
Vi como su media sonrisa curveó su rostro, y rodé los ojos de nuevo.
"Espiándome, ¿eh?" Pregunté, cediendo finalmente a mi necesidad de tocarlo. Mis manos se deslizaron por su pecho hacia cada lado de su cuello.
"Es mi habitación," rio entre dientes, limpiando más agua de mi rostro. "Y esas otras cosas que mencionaste, Bella… mi habitación, el lago. De verdad he echado de menos esas cosas. Espero que no creas que he terminado contigo, porque apenas estoy empezando…"
"De verdad te extrañé," admití en voz baja con un surco en mi frente. "No me siento a salvo si no estás allí."
"Extraño verte mejorar," respondió, rozando sus labios en los míos y dejando un cosquilleo en todo mi cuerpo con ese simple gesto. "No quería cambiar, pero cuando alguien de mi equipo me necesita, tengo que ayudarlo. Solo lo hice sin pensarlo."
"Solamente dime la próxima vez," dije con un suspiro. "Pasé toda la semana escuchando de bares y clubes y apuestas para ver 'quién se queda con la chica'. Escuché sobre chicas, callejones y baños públicos… y si crees que no saben de tus asuntos…"
"Bella," gimió, apartándose un poco. "Esto no es así. Te deseo a ti. Quiero estar contigo… lo que sea que eso signifique…"
Lo miré a los ojos, y nada más que una verde honestidad pura me devolvían la mirada.
"Siento que hayas escuchado esa mierda, cariño… No saben cómo mantener la puta boca cerrada, y esa es la razón por la que no les cuento nada," gruñó. "Lo que han visto y lo que saben son dos cosas completamente diferentes. Es la parte de la vida militar de la que no estoy orgulloso, pero esto no es así. Tú tienes el control de esto," dijo, haciendo un gesto con su mano entre nosotros.
"¿Por qué yo?"
"Porque soy un estúpido cuando se trata de relaciones, Bella. Si quieres que haga algo, tienes que decírmelo." Hizo una pausa por un momento cuando asentí pero luego continuó. "Tienes que decirme cuando te toque de la forma equivocada, o si algo que haga te hace sentir incómoda, o si te sientes—"
"Abandonada," resoplé, viéndolo hacer una pequeña mueca. "Quiero esto… demasiado, Edward. Y no es fácil porque simplemente no sé qué está bien para mí. Pero si vas solo a dejarme como la rubia en el callejón… no puedo…"
"Tú eres mi vida ahora," gruñó con voz ronca. "No hay más rubias… o pelirrojas. ¡Solo existe esta morena que sabe exactamente cómo volverme loco! Ella es lo único en lo que puedo pensar. Es hermosa, lista y tan malditamente sexy. ¡La deseo hasta el punto de la locura! Y la querré aun cuando toda esta mierda esté dicha y hecha, y King esté tres metros bajo tierra. La querré aun si todo lo que puede hacer es besarme por el resto de mi vida, ¡pero que me jodan si no hago hasta lo imposible por borrar todos los malos recuerdos que tiene!"
"Edward," dije en voz baja, mirándolo.
"¿Qué, amor? Dime."
"¿Qué pasa si los recuerdos nunca se van?"
"Entonces, haremos mejores para que estén tan amontonados que los saquen," respondió.
"¿Qué pasa si… nunca puedo… Qué pasa si no puedes realmente tocarme?" Pregunté, pensando en que ninguna relación normal sobreviviría a algo así.
Soltó un resoplido, rodando los ojos, pero sus manos empezaron a moverse. Bajaron por mis costados hacia mi trasero, una agarró mi nalga mientras la otra continuó bajando por mi muslo. Con un tirón rápido, mi pierna estaba alrededor de su cadera.
"Te estoy tocando… ahora," ronroneó, sus ojos oscureciéndose y podía sentir todo alineado correctamente.
Estábamos empapados, de pie bajo ese árbol en la lluvia. La camiseta blanca de Edward se pegaba a él como una segunda piel, y podía incluso distinguir su tatuaje a través de la delgada tela. Cada músculo que flexionaba y movía con el autocontrol que estaba usando.
Di un grito ahogado cuando levanté la vista para mirarlo porque no se había dado cuenta que su pulgar estaba acariciando la larga cicatriz en mi muslo. Bajé la vista a su mano sobre mi piel y luego de nuevo a él.
Pude sentirlo tensarse, pero lo dije, "No te detengas. Tócala de nuevo."
Su pulgar se arrastró sobre ella de nuevo, de forma lenta y sensual, y gemí ante la sensación y la oscura intensidad de su mirada que estaba fija en su propia mano sobre mi pierna.
"Te estoy tocando ahora, Bella," dijo de nuevo en un susurro, apoyando sus caderas en las mías, y cerré mis ojos cuando sus labios y lengua rozaron desde mi mejilla a mi oído. "Vas a mejorar, y no me importa cuánto tiempo se lleve, amor. Te lo dije, puedo ser muy paciente cuando se trata de algo que quiero. Solo… n-necesito…"
No pude soportarlo. No pude soportar ese dulce tartamudeo o el caliente, húmedo y casi tembloroso Edward frente a mí. No pude soportarlo cuando había pasado la última semana pensando que se había cansado de mí o se había frustrado. No pude soportar el sentirlo entre mis piernas sin besarlo porque Dios, lo amaba, y la razón por la que había estado tan molesta con él fue porque pensé que me estaba alejando de él.
No sabía si estábamos en la misma página, pero sabía que estábamos malditamente cerca, así que lo atraje a mí besándolo con todo lo que tenía porque había echado de menos su toque. Los dos gemimos, mi respiración se detuvo cuando sus caderas presionaron en mí con la perfecta fuerza.
Usando la ventaja del árbol, subí mi otra pierna envolviendo su cintura de manera que él me sostenía por completo contra el tronco. Edward se separó de mi boca y vio cómo estábamos entrelazados en uno con el otro. Esbozó una sonrisa traviesa y carnal, agarrando mi trasero cuando empezó el lento ritmo de restregar su erección en mí. Una y otra vez, presionó, su boca dejando besos abiertos y succionando junto a mi oído. Mis ojos rodaron hacia la parte de atrás de mi cabeza con cada gemido que él deja salir en mi oído.
"Dios, esa mierda se siente tan bien," gruñí, agarrando cada lado de su rostro para atraer su boca de nuevo a la mía y giré mis caderas sobre él. "Eché de menos tus caricias esta semana. Pensé… lo siento yo…"
"Shh," susurró contra mi boca. "No voy a ninguna parte, Bella. Lo siento si no te dije que estaba cambiando turnos…" Su boca capturó la mía, su lengua penetrando para deslizarse junto a la mía hasta que era un jadeante desastre retorciéndose, pero él levantó su mano y tomó mi rostro. "No p-puedo dejarte i-ir, bebé," dijo, su voz una mezcla entre un gimoteo y una enronquecida sensualidad que nunca antes había oído. "No p-puedo dejarte ir, porque… t-te a-amo…"
Inhalé con brusquedad, mis dedos agarrando su cabello húmedo mientras forzaba a su frente a unirse con la mía. Su dulce tartamudeo solo se sumó a la honestidad que escuché en su voz, pero aun así me le quedé mirando con ojos amplios… y muy cerca a correrme.
"Lo hago, Bella. Maldición, te amo mucho"
Mis piernas lo apretaron para que se acercara, sintiéndome perder ese último control, y me corrí. Con fuerza. Rodeé su cabeza con mis brazos, enterrando mi rostro en su cuello y parpadeé conteniendo las lágrimas y alejando la lluvia de mis ojos mientras él se desmoronaba apoyado en mí. Y supe que las cosas nunca volverían a ser lo mismo entre nosotros.
~oOo~
EDWARD
Era un maldito idiota. No solo había cambiado a las noches sin siquiera decirle a Bella, sino que también le acababa de decir que la amaba mientras la follaba con la ropa puesta llevándola hasta el orgasmo—el suyo y el mío—contra un puñetero árbol.
Se estremeció al mismo tiempo que su teléfono sonó.
"Deberíamos de ir adentro, bebé," le dije, viéndola como sacaba su teléfono, apagado el sonido. "Vas a coger un resfriado."
"Sí," suspiró. "Tengo que ponerme esa medicina."
Fruncí el ceño, inclinando mi cabeza hacia ella en completa confusión. "¿Qué medicina?"
"La crema para las cicatrices," dijo, sus piernas deslizándose por mi cuerpo hasta que los dedos de sus pies tocaron el suelo. "Solo funciona si te la sigues poniendo cada tantas horas."
"Mierda," dije en voz baja, acuclillándome frente a sus hermosas piernas. "Una cosa más que jodí. Se supone que iba a ayudarte, ¿no es así?" Pregunté, mirándola.
Mis ojos se centraron de nuevo en la larga cicatriz en su muslo que había tocado solo unos momentos antes. Inclinándome hacia adelante, fijé mis ojos en los de ella a medida que presionaba mis labios en ella.
"Está bien, Edward," murmuró, tirando de mis hombros.
"No, no lo es. Siento no haberte dicho lo que estaba haciendo, Bella," le dije, presionando mis labios en la cicatriz una vez más con reverencia porque esa era la primera vez que me había permitido tocar uno de los resultados de la tortura de Miller, y no iba a dar por sentado esa mierda de nuevo. "Es solo que estoy tan acostumbrado a… hacer la mierda. No pensé. ¿Todavía quieres que te ayude?"
Asintió en silencio, tirando otra vez de mis hombros al mismo tiempo que vi un escalofrío atravesar todo su cuerpo.
Me puse de pie delante de ella, tomando su rostro entre mis manos. "Tienes frío. Ven, vamos a llevarte dentro."
Entramos de nuevo por la puerta de la cocina, empapados por la lluvia. Quería a Bella seca lo antes posible. Cuando entramos, todos levantaron la vista.
"Para su información, está lloviendo," dijo Jasper con ironía, cruzando los brazos sobre su pecho.
"¡No jodas!" Bella y yo gruñimos y me sacudí el agua del pelo.
"¿Qué demonios les tomó tanto tiempo?" Preguntó Emmett, su frente fruncida, pero podía verlo tratando de contener su sonrisa. "Me refiero a que, nosotros entramos de nuevo como en cinco minutos…"
"Yo…" Abrí la boca, sin saber qué decir porque acababa de arrancarme el corazón y entregárselo a la chica a mi lado, pero no me pasó desapercibido que ella no lo había dicho de vuelta.
Con la forma en la que se lo había dicho—con toda una sesión de besos y manoseo, restregándome como un adolescente contra un maldito árbol, por amor de Dios—no creo culparla. Sin embargo, no tenía necesidad de decirle a toda esta pandilla sobre esa mierda. Si ni siquiera yo sabía en qué puta posición nos encontrábamos Bella y yo, entonces esos pendejos no iban a sacarme una mierda.
"Eh, creí haber visto a alguien en la zona," Bella mintió fácilmente. "Así que esperamos afuera."
"Joder, ¿qué era?" Mickey gruñó, levantándose de su sitio en el sofá.
"Un venado," dije con un suspiro, encogiéndome de hombros, "pero no nos arriesgamos ante la posibilidad de que alguien hubiera seguido a Esme desde la tienda."
"Cierto," dijo Bella con un gesto de su cabeza y un escalofrío que sacudió sus huesos.
"Ducha," ordené, señalando hacia el pasillo. "Antes de que cojas una neumonía."
"Bien," concedió con un bufido, rodando los ojos y limpiándose el agua de su cara.
Miré alrededor de la habitación, escuchando la lluvia torrencial golpetear las ventanas y el techo, cuando Bella se encaminaba por el pasillo. Mickey se veía cansada mientras ella, Rose y Emmett veían una película en la sala. Alice estaba sentada delante de la laptop, estudiando con atención lo que sea que estuviera en la pantalla. Makenna estaba sentada con Jasper, y estaban repasando paso a paso cómo cargar una escopeta, accionar el percutor y soltarlo. Sin embargo, era la mujer en la cocina con quién necesitaba hablar.
"¿Puedo hablar contigo un momento?" Le pregunté a Esme, que apartó la vista de sus bolsas de comestibles.
"Sí, Edward," dijo con un gesto de su cabeza, caminando por el pasillo hacia la habitación que compartía con mi padre mientras yo la seguía.
Cuando la puerta estaba cerrada, se volvió hacia mí, la preocupación en todo su rostro. "¿Qué pasó? ¿Bella está bien?"
"Sí, está bien," le dije, pasando la mano por mi cabello húmedo. "Lo siento por estar chorreando…"
"Eso no importa, hijo. Habla conmigo."
"Quiero ayudar a Bella con esa cosa para las cicatrices que le diste. Es solo que no sé…."
"¿Qué esperar?" Terminó por mí, y asentí. "Con Bells, no hay forma de saberlo." Se rio entre dientes. "Por lo que sé, cerró los ojos cuando Miller empezó a… bueno, ya sabes…"
"Sí," gruñí, odiando escuchar el nombre de ese hijo de puta.
"La ha estado usando regularmente está última semana," continuó, empezando a caminar de un lado a otro de la habitación. "Pero su propio toque es diferente del de alguien más. Solo… ve despacio. Examina cada una de sus reacciones. Si es demasiado, haz que ella termine. Y no la forzaría a que mostrara…."
"No iba a hacer que se desvistiera para mí, Esme," refunfuñé, rodando los ojos cuando soltó una risita mientras me dirigía hacia la puerta.
"Ha estado molesta esta semana," dijo en voz baja, levantándome una ceja.
"Soy… un idiota," dije con un suspiro, dejándome caer en una silla. "Soy un idiota ocupado que simplemente no le dije…"
Esme se rio, y me di cuenta que era un sonido reconfortante porque no se estaba riendo de mí. Solo se estaba riendo de la situación.
"Oh, Edward. ¡Realmente tienes que trabajar en comunicarte con ella!" Dijo con un resoplido, sentándose al borde de la cama. "No que ella sea inocente, porque no lo es, pero vi su confusión, cariño. Toda la semana pensó que la estabas ignorando, pero podía verla pasarlo por alto porque está dañada."
"Joder, ella no está dañada," gruñí, inclinándome hacia adelante y agarrando mi cabello.
"Sí, lo está, Edward. No es la Bella que conozco. La chica que conocí podía encender una habitación con solo entrar por la puerta. Podía llamar la atención de todo un bar lleno de hombres, sin siquiera mirarlos. Podía romper corazones sin decir una palabra."
Solté un resoplido pero asentí, porque podía imaginármelo muy bien. "Esa Bella todavía está allí," murmuré, y me sentí desnudo porque deseaba desesperadamente escuchar de ella las dos palabras que le había dicho afuera.
"Cierto, y la veo emerger cuando está contigo. Con cada intensa discusión. Con cada ofrecimiento de una cerveza en el muelle." Se rio con ganas cuando mi cabeza se levantó de golpe para mirarla. "Oh sí, lo vi todo… y cada vez que te provoca. La veo. Lo que sea que estés haciendo, Edward, no te detengas."
Sonreí, asintiendo, y me puse de pie. "Gracias, Esme."
"Cuando quieras, querido," suspiró, abriendo su puerta.
Caminó de nuevo por el pasillo hacia la cocina, y me encaminé a la recámara que compartía con Bella. Entré, cerrando la puerta detrás de mí y encontré una limpia y cálida Bella sentada en medio de la cama, usando una bata. Su cabello estaba cepillado y todavía mojado, pero en sus manos, estaba estudiando el tubo de medicina.
"Hey," dijo, sonriendo con dulzura cuando levantó la vista para mirarme.
"Hey. No ibas a comenzar sin mí, ¿verdad?" Le dije en broma, riendo cuando sonrió y se encogió de hombros. "Dame unos minutos, ¿está bien?" Pregunté y ella asintió.
Agarré una toalla y algo de ropa seca, tomando una ducha rápida. Cuando terminé, froté una toalla en mi cabeza mojada, poniéndome ropa interior y unos pantalones cortos limpios. Entré nuevamente a la recámara para encontrar a Bella mordisqueando con nerviosismo su labio inferior. Suspiré, frunciendo el ceño ante lo que veía porque deseaba que nunca tuviera miedo cuando estuviera cerca de mí.
"Si no estás lista para esto, bebé," susurré, sentándome en la cama junto a ella, "solo dímelo. Este es tu show…"
Sus pequeñas manos se apretaron en puños, y vi cómo se armó de valor para hacer esto. Sus ojos se cerraron con fuerza, dio una respiración profunda y entonces, finalmente fijó su vista en la mía, tendiéndome el tubo de la crema.
"¿Cómo quieres que haga esto, Bella?" Pregunté, notando que no estaba hablando mucho.
"Normalmente lo hago en el baño… al espejo," me dijo en voz baja, "pero preferiría…" Hizo un gesto hacia la cama.
Asentí, tragando grueso, porque en realidad no sabía lo que estaba haciendo y no quería verla molesta, pero tenía la sensación de que estaba a punto de empujar de verdad sus límites.
"Recuéstate," susurré, poniendo el tubo en la cama y subiendo junto a ella. Jugué con el cinto de su bata, pero mis ojos nunca dejaron los suyos. "¿Estás vestida?"
"Un sujetador deportivo y ropa interior," soltó unas risitas, apartando la mirada de mí con mejillas sonrojadas y brillantes.
Me reí una vez. "Bella, mírame," le ordené y su cabeza se giró de nuevo. "Voy a desatar esto ahora, pero tus ojos abiertos y fijos en mí, ¿me entiendes?"
"Sí," dijo, su voz un poco temblorosa.
"En el instante que creas que es demasiado, tienes que decírmelo."
Asintió de nuevo, pero sus ojos se cerraron cuando mis dedos abrieron la bata. No debería haber estado comiéndomela con los ojos descaradamente, pero no pude evitarlo. Sí, tenía cicatrices en su vientre plano. Sí, sus manos fueron inmediatamente a cubrirlas, pero joder, era hermosa. Estaba tonificada, con músculos fuertes y suaves curvas. Sus pechos estaban llenos y tuve que contener el gemido ante el simple indicio de pezones asomándose debido a la fría habitación.
Los dulces boy short de algodón solo completaba su perfección porque era de rayas multicolores y simplemente adorables.
"Bella, los ojos abiertos," le dije, tomando su rostro entre mis manos y pasando mi pulgar por su pómulo. "No quiero que lo veas. Quiero que me veas a mí."
"Bien," gimió, mirándome con puro terror.
Bajé mi mano, arrastrando mis dedos sobre la cicatriz en su muslo. "Hemos llegado hasta aquí, amor. Podemos llegar un poco más lejos."
Asintió, dando un suspiro tembloroso mientras me agachaba y besaba de nuevo esa cicatriz antes de coger el tubo en mis manos. Quería empezar donde se sentía cómoda, o al menos tan cómoda como podía estar, y luego continuar con la mierda más difícil.
"Dime cómo, bebé," le dije, asegurándome que sus ojos estaban abiertos y en mí.
"Ponlo encima como si estuvieras cubriendo un grano," dijo, sonriéndome cuando me reí entre dientes.
"Está bien," resoplé, sacudiendo una vez la cabeza porque a veces, aun en sus momentos más temibles esa hermosa chispa emerge.
Apliqué la crema sobre su muslo, asegurándome de cubrirla toda, revisando de vez en cuando para asegurarme de que me seguía mirando. Puse un poco más de esa cosa en mis dedos, fijando mi mirada en la de ella.
"¿Tú estómago?"
Hizo una mueca y asintió, pero sujetó mi mano cuando la movía hacia adelante. "Edward, estoy…"
"Asustada," terminé por ella, acercándome para presionar mis labios en los suyos. "Estoy aquí. Y tú eres hermosa y fuerte, y yo solo estoy poniéndote medicina en un grano," le dije, sonriendo cuando se rio con un resoplido.
Mantuve mi rostro cerca del de ella, susurrándole al oído todo el tiempo que mi mano se acercaba a su piel. "Soy yo, Bella. Solo soy yo."
Tenía dos largas cicatrices de quemaduras en su estómago, y mi objetivo era llegar a ambas. En el momento que mis dedos tocaron su piel, soltó un sollozo.
"No puedo, Edward…"
"Tú puedes, amor," le dije. "Él no es tu dueño, Bella. Es solo piel. Nunca te tocará así de nuevo. Nadie te tocará así. Solo caricias buenas de ahora en adelante, te lo prometo."
"¿Solo tú?"
Sonreí, besando su frente y moviendo lentamente mis dedos hacia la otra cicatriz. "Si es lo que quieres, Bella. Fue en serio lo que dije afuera, bebé. No voy a ninguna parte. Te amo y estoy aquí… si es solamente para ponerte crema…"
Gimió, rodándome los ojos, pero Dios, estaba tensa. "Quiero más que crema, Edward. ¿Qué pasa cuando todo esto haya terminado? Y no te veas obligado a vivir conmigo…"
"Puede que no te deje ir," susurré, aplicando más crema a la segunda quemadura solo para continuar con dos largas, que parecían cortes, en sus costillas. Cerró los ojos nuevamente por el cambio de posición en mi mano. "Uh uh," canturreé, empujando su frente con mi nariz. "Los ojos en mí, Bella."
Faltaba una cicatriz más y Bella parecía estar a punto de desmoronarse.
"Una más, dulzura," le dije, dándole una media sonrisa por la forma estúpida en que Liam la había llamado en la oficina legal.
"Edward," se quejó, pero una lágrima se deslizó por su rostro, y la borré con un beso.
Puse la crema en mi dedo, deslizándola a lo largo de sus costillas, pero en lugar de quitar mi mano la coloqué extendida en su estómago.
"Ya no más," jadeó, levantando la vista hacia mí y mi corazón se rompió.
"Dame tu mano," le dije con voz baja, besando su frente. "Ponla encima de la mía, bebé," le ordené, y cuando lo hizo me incliné hacia su oído. "Solo soy yo. Solo yo. ¿Te duele?"
"No…."
"¿Crees que alguna vez te lastimaría?"
"No, Edward…."
"Entonces memoriza esa sensación. Mírame. Siénteme. Y recuerda que esta sensación es buena, ¿de acuerdo?"
"Bien," gimoteó, mirándome, y entonces tomó mi rostro con su otra mano. Entrelazó sus dedos con los míos encima de su vientre.
Me estiré junto a ella, pensando "a la mierda" el trabajar esta noche porque Bella me necesitaba. Planté suaves besos en su mejilla, mandíbula y finalmente, en su oído. Nuestras manos seguían entrelazadas, todavía en su estómago, y Bella bajó la vista para verlas.
"¿Así está bien?" Pregunté contra su frente.
"Sí," dijo bajo su aliento, aunque todavía se escuchó temblorosa, pero cuando me miró de nuevo, vi lo que había estado esperando ver—esa increíble sonrisa orgullosa subiendo lentamente a su rostro.
Me reí entre dientes. "Buena chica," coloqué un sonoro beso en su oreja, disfrutando de la corta pero oh-tan-agradable sonrisa que le provocó. No que no quisiera escucharla de nuevo, pero tampoco quería que descuidara sus otras cicatrices, así que pregunté, "¿Tienes más?"
Su sonrisa decayó y asintió con firmeza. "Sí."
"¿Quieres encargarte tú de esas?" Le pregunté, entregándole el tubo de crema.
"¿Me estás preguntando si puedes meterte en mi ropa interior, Edward?" Preguntó, tomando el tubo de mis manos.
"Mm, aunque tú y yo disfrutaríamos mucho de ello… no." Le sonreí inocentemente. "Solo me estoy asegurando que no te forcemos demasiado esta noche."
Sonrió, negando con su cabeza y se levantó de la cama. "¿Quieres meterte en mi ropa interior, Edward?"
"Dios, sí… miles de veces… sí. Pero no hasta que podamos… um, disfrutar plenamente de la experiencia, bebé," me reí entre dientes, cayendo de espaldas sobre la cama porque ella me estaba matando mientras estaba allí parada con solo su ropa interior y esa bata abierta.
Escuché la puerta del baño cerrarse, interrumpiendo sus risas, pero no estuvo allí adentro mucho tiempo, pronto, la cama se hundió junto a mí. La miré y su rostro estaba serio de nuevo al cernirse sobre mí. Su cabello creó la más asombrosa cortina aromática alrededor de nuestros rostros mientras besaba suavemente mis labios, solo para apartarse demasiado pronto.
No puede evitar quedarme mirándola porque estaba sin bata, dejando solo su sujetador deportivo color negro y su ropa interior a rayas tan linda que hacía que mis dedos se movieran ansiosos por tocarlas.
"Tengo que decirte algo, y necesito que me escuches, ¿de acuerdo?" Preguntó, sentándose sobre sus talones.
Asentí, mi alma cayendo a mis pies porque podía ver que estaba demasiado seria en ese momento. Me iba a echar a la cara mi "te amo" porque lo había dicho demasiado pronto o porque lo dije mientras me restregaba contra ella, afuera bajo la puta lluvia, pero no estaba esperando las siguientes palabras que salieron de su boca.
"Conozco a Jake de toda la vida," comenzó a decir, mirando a sus manos y no a mi rostro. "Como sabes, nuestros padres son amigos. Billy es… un dolor en el trasero, pero Jake siempre ha estado allí, ¿sabes?"
Asentí, pero no lo sabía. Solo quería que continuara de manera que pudiera averiguar porque estábamos hablando de ese cerdo traicionero en mi maldita cama, mientras ella estaba sentada allí en ropa interior.
"Salí con chicos en la secundaria, salí con chicos en la universidad… y estuvo bien. Nunca hubo algo a largo plazo. Probablemente Jack fue con el que duré más tiempo—seis meses, tal vez. Pero eso fue mientras estuve en Virginia," suspiró, mirándome. "Era un barman en ese bar al que todos íbamos, y era divertido… nada serio."
"Bella, me estás matando," gemí… o gruñí, no estaba seguro cual.
"Solo… déjame terminar," me rogó, sus ojos de un marrón suave y profundo, pero llenos de algo que no podía identificar. "En fin… cuando Jane se enfermó y mi papá me llamó para decirme, le dije a Jack que me iba a casa. Fue algo como, 'Bien, te veo luego'. Y entonces volví a casa, y Jake estaba allí. Estaba terminando la universidad, y solicitando un período de práctica con mi padre, y empezamos a pasar el rato.
"Al principio, me hacía compañía cuando Jane estaba en cama o entraba y salía de los hospitales. Era cómodo… y reconfortante. Era fácil. Él fue el primero en decir 'te amo'."
Inhalé con brusquedad, mi estómago ahora revuelto por los nervios, así que me senté para quedar frente a ella. Empecé a decirle que solo porque yo había dicho esas palabras, ella no tenía que hacerlo, pero hubiera sido una mentira, y ella me detuvo de todos modos.
"Lo quería," suspiró, haciendo una pequeña mueca, "pero no estoy segura de haber estado enamorada de él, así que me tomó una eternidad el decirlo. Y cuando lo dije, lo dije en serio. Me preocupaba por él, y nos cuidábamos el uno al otro. Estuvo allí durante toda la enfermedad de Jane e incluso me ayudó con su funeral… yo solo… es solo que no creo que realmente supiera lo que significaban esas palabras…"
Pasé una mano por mi cabello, sin importarme dos mierdas que apuntara para todos lados porque estaba todavía húmedo. Bella me estaba matando con esta maldita historia.
"Hasta… ahora," dijo entre su aliento, mirándome finalmente.
Me quedé inmóvil, con miedo de haberla escuchado mal.
"Estuve tan molesta contigo esta semana," dijo con los dientes apretados, "y eso fue solo porque no podía verte... hablar contigo. No sabía si me estabas alejando o qué, ¡pero no estuve así de molesta ni siquiera cuando el cabrón de Jacob me engañó!"
Sonreí, sacudiendo la cabeza lentamente. "Lo siento, bebé."
Soltó un resoplido, rodando los ojos, y continuó, su voz suavizándose solo un poco. "Recuerdo cada golpe, bofetada y quemadura que Miller me dio. Pero también recuerdo cuando escuché el sonido de tu voz por primera vez. Recuerdo que tus ojos fue la primera cosa que me hizo sentir a salvo en tres putos días," me dijo, un pequeño sollozo escapando de ella, pero cuando quise alcanzarla, solo sacudió su cabeza. "Recuerdo esta cicatriz…" Su dedo trazando la larga marca en su muslo. "Esa cicatriz fue la última que me dio porque tú estabas allí. Recuerdo que lo primero que comí fue algo que tú cocinaste. Recuerdo casi haber matado a Jake, y la única voz que importaba era la tuya…"
Sollozó de nuevo, solo que está vez, me permitió atraerla hacia mí.
"Joder, tengo tanto miedo, Edward," dijo, aferrándose a ambos lados de mi cuello y pegando su frente a la mía. "Todo el tiempo. Tengo miedo de que Miller llegue hasta mí… que algo te pase a ti, o a mis amigos, o a mi papá. Tengo miedo de nunca poder tocarte de la forma que realmente quiero. Tengo miedo de que mis pesadillas nunca se detengan. Tengo miedo de que huyamos para siempre de esta mierda."
Colocó un húmedo y descuidado beso en mis labios y continuó, así que solo me quedé callado porque estaba bastante seguro que esto se había estado acumulando por un tiempo.
"Tengo miedo que cuando todo esto termine. Voy a estar perdida si no te tengo. Tengo miedo de necesitarte demasiado porque el único momento en que no tengo miedo… es justo aquí."
Hice una mueca, besándola con fuerza porque no sabía que más hacer por ella.
"Tengo miedo de que vayas a encontrar a alguien… que no esté jodida. Tengo miedo de que peleemos tanto y un día te canses de ello."
Me eché a reír porque no pude evitarlo, y ahogué la risa en su hombro, girando la cabeza para colocar un largo y lento beso en su dulce y aromática piel.
"Te ves hermosa cuando estás enojada conmigo," susurré en su oído. "Eso nunca pasará."
Se rio sorbiendo por la nariz al mismo tiempo pero se apartó para mirarme. "Incluso tengo miedo de que si mejoro, vas a necesitar a alguien más para ayudar. Estoy aterrada, Edward. Mi oficina está convertida en cenizas, mis amigos y familia han sido arrancados de sus hogares, he pasado por un infierno y regresado, pero lo único que quiero es… esto aquí. Cuando estoy aquí nada parece lastimarme." Sollozó entre hipidos, sus ojos cerrándose, haciendo que más lágrimas cayeran en cascada por su rostro.
Levanté la mano para limpiarlas, metiendo su cabello detrás de su oreja. "Bella, por favor deja de llorar," le rogué en voz baja.
"Siempre recordaré nuestro primer beso," admitió, sorbiendo por la nariz y sonriendo un poco al escuchar mi gemido. "Fue con ira y celos y con simple frustración," soltó una suave risita, rodando los ojos. "Me enamoré de tu tostada francesa…"
"Me enamoré de tu pie de manzana," me reí entre dientes, limpiando más lágrimas con mis besos.
"El pie de manzana de Jane," me corrigió, continuando, "recuerdo conocerte cuando éramos niños, con tu tartamudeo y los más hermosos ojos verdes que había visto jamás. Recuerdo cuando me cargaste por esas escaleras y me sacaste del sótano de Miller… y la primera vez que me hiciste reír… la primera vez que me dejaste llorar… y la primera vez que le disparaste a alguien a fin de salvarme."
Inclinó su cabeza hacia mí, mordisqueando ese perfecto labio inferior suyo. "Pero no recuerdo cuando quedé completamente enamorada de ti. No puedo. He tratado de hacerlo, pero me pregunto si siempre ha estado allí…"
Mi boca se abrió mientras la miraba. Todavía estaba en mi regazo, sus manos seguían en mi cuello, pero se movieron, pasando suavemente por mi cabello.
"No sé si lograremos pasar por esto," suspiró, sus dedos haciendo que quisiera ronronear, se sentían tan bien en mi cuero cabelludo, "pero sé que conocí al más asombroso grupo de personas."
"Te amo… muchísimo," susurré, tomando su rostro entre mis manos y mirándola directamente a los ojos. "Y te juro, que pasaremos por esto, o moriré en el intento."
Respiró profundamente, presionando sus labios en los míos, y entonces una increíble sonrisa invadió sus rasgos. "También te amo, Edward."
Awww estos dos me matan de ternura, al fin ya quedó todo aclarado, ya se dijeron su 'te amo' y ambos saben que están allí para el otro más allá de lo que están pasando ahora. Pero el que ya hayan pasado por esto significa que viene la prueba de fuego, están preparados para recibir a los visitantes si dan con ellos, ¿tendrán éxito? Ya lo veremos. Siguen llegando alertas y favoritos y les agradezco que lean, ahora, si pueden dejar su review se los agradecería más. Dejen saber a la autora que tal les parece la historia y como la ha llevado hasta ahorita. Saludos a todos y nos leemos la próxima semana ;)
