Disclaimer: Esta historia no es mía, los personaje pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.

Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.

Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.


CAPÍTULO 13

BELLA

"Yo también te amo, Edward."

Había tenido que decir esas palabras, pero necesitaba que Edward supiera cuán importantes eran. Me preocupaba por Jake, lo amaba, aunque nunca tan profundo o tan fuerte como el amor que sentía por el hombre que ahora me miraba como si me hubiera crecido una segunda cabeza.

"Te amo," susurré de nuevo, tomando su rostro entre mis manos.

"¿Sí?" Dijo entre su aliento, su boca levantándose en esa sonrisa torcida que tanto amaba.

"Sí."

Y de pronto, la realidad de lo cerca que estábamos, de lo desvestidos que estábamos, se hizo claramente evidente. Edward estaba solo con unos cortos pantalones cargo color gris, y yo estaba en sujetador deportivo y boy shorts. Me incliné hacia adelante, permitiendo que la piel de mi estómago rozara la suya, y todo mi cuerpo se encendió en llamas—no por el miedo, sino por puro y crudo deseo.

"¿No tienes que trabajar?" Susurré, tratando de distraerme de todo lo que el cuerpo de Edward pudiera ofrecerme, en especial porque no podía tomarlo todo.

"Que se jodan," gruñó, y fue la simple oración de tres palabras más sexy que había oído. En mi vida.

La lluvia salpicó contra la ventana de la habitación, cuando me dejaron los últimos vestigios de control que me quedaba. No sabía qué tanto podía tomar, pero iba a tomar tanto como pudiera porque estaba sentada en el regazo del hombre más caliente que había visto en mi vida, y me había dicho que me amaba, me había dicho que moriría protegiéndome, y me lo quería comer vivo.

Fuertes vientos sacudían el cristal de la ventana cuando finalmente… lo tomé. Girando mi cabeza al mismo tiempo que Edward lo hizo, nuestras bocas se conectaron con gemidos y jadeos, lenguas y labios, y mientras nuestras bocas se movían salvajes y húmedas, sus manos estaban quietas, sus brazos envueltos a mi alrededor y sus manos extendidas en mi espalda.

"Que se joda esa mierda," gruñí, echándome hacia atrás y fulminándolo con la mirada. "Tócame…"

"¿Dónde, amor?" Jadeó, sus ojos de un verde profundo e intenso. Se veían como el fuego y el pecado, como si albergaran secretos sexuales que harían que mi mente explotara una vez que él finalmente los revelara.

"P-por encima de la tela, ¡pero por amor de Dios, tócame!"

Cada terminación nerviosa de mi cuerpo quería piel con piel, pero sabía que después de los límites que habíamos empujado antes, no iba a suceder; sería demasiado—pero todo lo que estaba descubierto era suyo para explorar. Y quería que lo explorara como solo Lewis and Clark lo hubieran soñado.(1)

Se le escapó una risa profunda y jodidamente sexy al mismo tiempo que colocaba su mano extendida entre mis omóplatos y me echaba hacia atrás. Jadeé a medida que su mano bajaba, sus ojos entornados se fijaron en los míos cuando me miró a través de sus hermosas y largas pestañas. Abrió su boca, su lengua salió para dejar un beso justo encima de mi seno. Girando su lengua sobre mi piel, se abrió paso hasta mi clavícula, a lo largo de mi garganta y subió hasta mi oreja.

"¿Entra en el juego toda la piel libre, Bella?"

Sonreí ante la diversión, aunque también lo ronco en su voz. Había también una felicidad subyacente en su voz, y me encantaba. Asentí contra la parte superior de su cabeza a medida que mis dedos se iban entrelazando en sus cabellos todavía húmedos.

"Mmm, entonces, voy a tener que darte la vuelta, amor, porque tengo… mucho que hacer…"

Solté un resoplido pero me encontré de espaldas, mirando a su hermoso rostro. Su cabello estaba para todos lados, por su culpa y la mía. Su rostro tenía un toque de barba, solo sumándole a su oscura apariencia mientras me miraba.

"¿Cómo qué?" Pregunté inocentemente, solo para ver la traviesa media sonrisa que atravesó su rostro.

"Hay partes de ti que he descuidado totalmente, bebé," dijo, fingiendo sinceridad. "Toma tu brazo, por ejemplo," susurró, levantando mi brazo derecho mientras alineaba su cuerpo junto al mío, inclinándose parcialmente sobre mí.

Levantó mi mano y la llevó a su rostro, su boca se abrió en el interior de mi muñeca. En el segundo que su lengua saboreó mi piel, gimió, y yo jadeé. Con besos con la boca abierta y chupando se abrió su camino hacia el interior de mi codo—está vez, arrastrando muy ligeramente sus dientes por mi piel.

Mi vientre se apretó ante el golpe intenso de deseo que un simple beso me provocó. No pude evitar presionar mis piernas juntas para aliviar algo de la necesidad que ahora fluía a través de mí. Me sentía húmeda y caliente, derretida junto a él.

Alejé mi brazo de él para alcanzar su rostro. Lo llevé a mi boca, lo que hizo que apoyara más de su peso sobre mí—y demonios, se sentía bien. Si pensaba que el estar en la misma habitación con él me hacía sentir protegida, nada podría haberme preparado para la sensación de su cuerpo cubriendo el mío, porque los dos nos movimos al mismo tiempo. Edward apoyó sus brazos a cada lado de mi cabeza, sin que su boca dejara la mía, pero su cuerpo se levantó y luego bajó entre mis piernas. Sosteniéndose al mantenerse apoyado en un codo, me miró, su otra mano en el aire.

"¿Todavía está bien?"

"Dios, sí," gemí, mi cuerpo prácticamente se retorcía debajo de él.

Con su mano libre, bajó rozando ligeramente por mi brazo, costado, y por mi pierna, enganchándola un poco más arriba a su alrededor. Su pulgar encontró mi cicatriz, frotando una vez antes de volverse a inclinar sobre mí. Su boca capturó la mía en un beso abrasador, dejándome sin aliento al mismo tiempo que pegaba su frente con la mía.

"Dios, Bella, las cosas que quiero hacerte…" Gimió, sus ojos cerrados con fuerza cuando mis manos comenzaron sus propias aventuras de exploración.

Con mis dedos prácticamente como garras debido a las ansias de tocarlo, acaricié cada músculo de su pecho, sobre sus hombros, y bajé por esos fantásticos fuertes brazos, solo para deslizarlas de nuevo hacia arriba y bajarlas por su poderosa espalda, llegando finalmente a mi objetivo, la cintura de sus pantalones cortos. Mis dedos se metieron solo un poco, sintiendo sus caderas presionar hacia adelante y los músculos de trasero flexionarse con fuerza, y yo gemí al sentirlo todo.

Hasta que se apartó.

"Edward," gruñí, queriéndolo alcanzar, pero solo sonrió con malicia, arrastrando esa lengua suya por su labio inferior.

"Paciencia, bebé," canturreó, deslizándose por mi cuerpo hasta que estuvo al nivel de mis rodillas dobladas. "Quiero intentar algo…" Dijo contra la piel del interior de mi rodilla. "Pero quiero que me digas si es demasiado, Bella. Prométemelo…"

Asentí frenéticamente, esperando por Dios y todo lo sagrado que lo que sea que quisiera intentar trajera ese glorioso cuerpo suyo de vuelta a mis manos.

"Dilo, amor," ordenó, su voz adquiriendo ese tono que hacía que todo mi cuerpo se retorciera. Un Edward que tomaba las riendas era un Edward jodidamente caliente.

"Lo prometo," chillé, asentí de nuevo y traté de alcanzarlo, pero solo sacudió su cabeza.

"Quiero hacerte sentir tan bien, Bella," susurró, sus labios arrastrándose por la cara interna de mi muslo.

Mi respiración se detuvo, y pude sentir en mi frente el sudor frío cuando el pánico comenzó a aparecer.

"Tranquila, amor," me calmó, levantando sus manos para tomar las mías y entrelazar nuestros dedos. "Te quedas vestida…"

"Bien," dije entre mi aliento, mis ojos sosteniendo los suyos a medida que bajaba su boca a mi cima, y con solo la nariz, trazó el borde de mi ropa interior, plantando besos aquí y allá.

"Joder, hueles tan bien," gruñó contra la tela de mi ropa interior. "¿Estás mojada para mí, Bella?"

Solté un gemido y reí al mismo tiempo, y se escuchó casi sin humor porque me estaba muriendo por él—no se diga húmeda. Podía sentir que la humedad se había escurrido a mis muslos. Podía sentir los latidos cuando mi centro se apretaba con la simple idea de cuán cerca estaba su boca a dónde más lo necesitaba. Pero cuando su lengua se arrastró sobre el algodón de mi ropa interior, mis caderas se levantaron de la cama.

"¡Santo Cielo!" Dije jadeando con los dientes apretados.

"Mm, y sabes aún mejor," ronroneó, agachándose y repitiendo sus acciones.

Apreté sus manos, tratando de acercarlo, o que se moviera más, o algo… lo que sea. Mis piernas se abrieron más para él, y gimió apreciativamente, lo que solo me hizo retorcer por la vibración de su voz.

"Edward," gimoteé. Mis ojos rodaron a la parte de atrás de mi cabeza cuando su boca aplicó la presión perfecta, su lengua empujando con firmeza contra mi clítoris, y no pude detener a mis caderas de restregarse en su cara.

Soltando una de sus manos de la mía, levantó la vista de entre mis piernas mientras su pulgar acariciaba la entrepierna de mi ropa interior, y mis caderas seguían cada movimiento.

"Tan mojada, amor," susurró, su pulgar presionaba con más fuerza en cada pasada. "Te amo… y quiero ver que te corras para mí. De ahora en adelante… cada orgasmo tuyo… es mío…"

"Oh, maldita sea," susurré, mis ojos no podía apartarse de la más asombrosa vista, el rostro, la boca y la lengua de Edward entre mis piernas.

Ni siquiera importaba que todavía traía puesta mi ropa interior. No importaba que estuviera tan mojada para él, podía sentir cuando su lengua se arrastraba por el algodón una y otra vez.

Lo que importaba era la presión que ejercía su pulgar, el calor y la humedad de su lengua girando sobre mi clítoris y finalmente succionando con fuerza a través de la tela. Y no por primera vez me pregunté qué tan destruida estaría cuando—o si—realmente fuera capaz de sentir a este hombre piel con puta piel.

Fue ese pensamiento, junto con las cosas que estaba haciendo con su mano y lengua, que me hizo explotar. Mi mano libre agarró el cobertor en un puño junto a mí, mientras que la otra agarraba su mano con fuerza, su pulgar haciendo círculos sobre mis nudillos en un gesto tranquilizador, pero mi cabeza cayó hacia atrás en la almohada y perdí el control. Por completo. Todo mi cuerpo pareció romperse en millones de pedazos en la habitación y luego se unió de golpe de nuevo. Me estremecí cuando los temblores sacudieron mi cuerpo.

Jadeé, mis piernas cayeron de vuelta a la cama sin fuerzas al mismo tiempo que un muy engreído y sexy Edward subía de nuevo por mi cuerpo. Si alguna vez tenía una razón para mejorar, para poder ser libre del miedo al toque de Miller, la tuve en ese breve momento viendo a Edward subiendo de nuevo sobre mí, porque mierda, no podía esperar a jugar con ese hombre.

"Mmm," suspiró, conteniendo esa sexy sonrisa mientras quitaba el pelo de mi rostro. "Tal parece que estamos cruzando todo tipo de límites contigo esta noche."

El hombre era mortífero. Pensé que lo conocía—cada expresión gruñona, cada dulce gesto de su cabeza, incluso el hecho de que su tartamudeo significaba que estaba nervioso. Pero no conocía a este tipo. Sabía que besaba mejor que cualquiera con el que alguna vez haya presionado mis labios. Sabía que podía fanfarronear, pero no conocía al hombre profundamente cargado de sensualidad que en ese momento estaba acariciando mi estómago para ayudar a calmarme—el mismo estómago que hace veinticuatro horas, apenas podía lavar en la ducha con mis propias manos. No sabía si era el sexo encarnado o el diablo en persona. Pero Dios, lo deseaba, y el hecho de que él me deseaba también, solo lo hizo mucho más letal.

"Te amo," susurré, mi frente arrugándose por lo cierto de esa declaración.

Sonrió con dulzura como un tonto. "Solo lo dices porque acabo de hacer que te corrieras hasta quedarte sin sentido."

Me eché a reír, atrayéndolo para besarlo plenamente. Quería tratar de tocarlo más, pero de pronto, estaba demasiado exhausta—un grande y maravilloso orgasmo le haría eso a una chica—y después de los lugares donde Miller puso mis manos, estaba nerviosa. De todos modos, podía darme cuenta, por la forma en que Edward se estaba alejando de mí, que no lo iba a permitir.

"No esta noche, Bella. Esto fue todo para ti, para hacerte sentir bien, dulzura." Dio una sonrisa torcida al escucharme reír. "Estoy tan orgulloso de ti," susurró contra mi frente. "Haz superado otro miedo, bebé. Y estoy encantado de que haya sido yo el que disfrutó del esplendor de esa experiencia."

Mis lágrimas brotaron por sus dulces palabras, pero le impedí que se levantara. "Quiero que te quedes…"

"Créeme, amor, quiero quedarme, pero tengo que hacer un recorrido de perímetro con Jasper."

"Bueno, entonces, voy a cambiarme a las noches," le dije, haciendo un puchero, y luego di un gran bostezo.

Sonrió, inclinándose para besar mi frente. "Hablaremos de ello. Nunca estoy lejos, bebé. Solo llámame si me necesitas, ¿está bien?"

Asentí, agarrando las presillas de su cinturón para mantenerlo cerca de mí cuando escuchamos la fuerte risa de Emmett hacer eco por el pasillo mientras él se encaminaba a su habitación.

"¿Qué vamos a decirles?" Pregunté, mirando a sus muy suaves ojos verdes.

"Lo saben," soltó un resoplido. "Han hecho suposiciones y teorías. Estoy casi seguro que entre Esme y Jasper, ya todos lo saben. Y no me importa… porque me amas, y en este punto, todo el mundo puede saberlo."

Suspiré contenta. No era la vergüenza lo que lo hacía contenerse frente a todo el mundo. Era solo… lo incierto de nuestra relación.

"Yo te amo," le dije, bostezando de nuevo.

"¡Excelente!" Se rio entre dientes, cubriendo bien con las sábanas. "Duerme, Bella. Vendré a verte durante toda la noche, ¿está bien?"

"Mmm," suspiré, cerrando los ojos ante sus besos en cada uno de mis párpados, nariz, y finalmente, labios.

Escuché la puerta del baño cerrarse y la ducha abrirse, pero no podía recordar si se acababa de duchar. Me quedé dormida antes de que la puerta se abriera de nuevo.

~oOo~

EDWARD

Gruñí en frustración cuando la almohada que había estado abrazando trató de alejarse. "No," me quejé, abrazándola con más fuerza. "Quédate."

Sonreí contra su cuello y pecho cuando la más dulce risita sacudió la cama.

"Tu horario, Edward. Solo lo estoy siguiendo," se rio con un resoplido, tratando de zafarse de mis brazos.

"A la mierda con el horario. Te sientes muy confortable," me quejé, subiendo mis piernas sobre las suyas, lo que solo hizo que se riera más fuerte.

Había revisado todo el horario hacía dos semanas—un día después que Bella me había dicho que me amaba, el que tenía que ser el día más feliz de mi vida. Me senté con cada una de las personas en la casa y escribí el mejor horario que pude para mantener a todos felices, pero bastante parejo en experiencia y cobertura en turnos de doce horas.

Emmett, Rose, Makenna y Mickey, todos ellos preferían las horas del día, aunque a estas alturas, estaba casi seguro que Rose podría decirle a Emmett que saltara de un acantilado, y él lo haría ciegamente, con una sonrisa de estúpido en su rostro. No que Alice fuera mucho mejor cuando se trataba de Jasper, porque ella y Bella habían decidido trabajar en algo entre turnos. A Alice y Bella les gustaba trabajar juntas en la computadora, siguiendo el progreso en lo relacionado con Billy Black, monitoreando el reporte de la "desaparición" de Bella, y la investigación masiva de todos los empleados de TT y los hombres de King. Pero querían estar con Jasper y conmigo, así que hicimos un compromiso.

El turno de día funcionaba desde las cinco de la mañana hasta las cinco de la tarde, y Jasper y yo trabajamos el contrario, con Bella y Alice trabajando de las tres de la tarde a las tres de la mañana.

Pasar todo el tiempo con Bella era genial, pero era cuando me metía en la cama en la mañana temprano y Bella se alejaba antes de que yo estuviera listo para levantarme que tendía a quejarme un poco, lo que no me estaba llevándome muy lejos en ese momento.

"Te voy a hacer el desayuno," cantó con voz suave.

"No. Quédate." Hice un fabuloso puchero, acariciado su cuello con mi nariz y abrazándola más cerca, a pesar de que Bella podía cocinar un buen desayuno. Hacía los mejores muffins de arándanos en el puñetero planeta.

"Voy a dejarte dormir un poco más, y te despertaré con una sorpresa," murmuró, pasando sus dedos por mi cabello.

Eso atrajo mi atención, así que abrí un ojo fulminándola con él. "¿De qué tanto estamos hablando, Bella? ¿Y cuál es la sorpresa?"

Soltó un bufido, rodando sus hermosos ojos marrones. "Te daré una hora extra, y la sorpresa permanece en secreto."

"¿Y puedo quedarme con el sexy oso de peluche que estoy abrazando?"

"No, Edward," suspiró dramáticamente.

Maldije por eso, pero una hora extra de sueño sonaba terriblemente tentadora. "¿Una hora?" Pregunté, sonriéndole.

"Y el desayuno… y una sorpresa," respondió.

"Trato hecho," le dije soltando un bufido de indignación, y liberándola finalmente.

Se echó a reír, empujándome juguetonamente. "Maldición, usted sí que regatea, señor Cullen. Y eso que es… su maldito horario," gruñó, pero pude ver su sonrisa cuando se alejaba de mí.

Me senté apoyándome sobre un codo para verla entrar en el baño. Su ropa de dormir de preferencia no había cambiado desde que había podido tocar su estómago por primera vez. Sujetadores deportivos y boy shorts. Estaba tan orgulloso de su progreso—aunque no había avanzado más de lo que lo hizo esa noche—que apenas podía contenerme. La piel que cubría era la piel que estaba prohibida y probablemente la piel que más deseaba tocar; no que me estuviera quejando ni un poco, porque ella estaba haciendo hasta la imposible por conquistar cada miedo que tenía, y eso incluía el tocarme también. Más tarde me enteré que Miller había hecho que lo tocara cuando la lastimaba, y el miedo provenía de ahí. No dio muchos detalles y yo no pedí ninguno.

Algunos días, me quedaba con un agudo caso de bolas azules, pero no me importaba cuantas duchas frías necesitara, porque Bella valía la espera. Algunos días, me encontraba incapaz de no tocarla, jugar con ella, pero era tan receptiva a mis manos, mis palabras y mi boca. No podía evitarlo, me sentía consumido por ella la mayor parte del tiempo.

Cuando se abrió la llave de la ducha, me di la vuelta para volver a dormir, cayendo casi al instante.

Mis sueños me golpearon en seguida, pero habían cambiado. Ya no eran sobre la niñita en Iraq; eran sobre Bella, sobre perseguirla y perseguirla pero nunca alcanzarla, o si la alcanzaba, eran tan calientes, que despertaba tan duro como el acero. No le conté a Bella, pero había hablado de ello con Jasper. Al parecer él creía—en su infinita sabiduría sureña—que estaba completamente aterrorizado de que algo le pasara. Joder, no me digas. Todo mi ser estaba en alerta con cada correo que enviaba mi padre, cada vez que la alarma que habían instalado se accionaba, y en cada ataque de pánico que tenía esa chica. Sí, y me juré a mí mismo, a Dios y a Jasper, que cuando esta mierda terminara, iba a llevarme a Bella a mi casa y encerrarnos allí un puto año.

Jasper se había reído de mí.

Desperté un poco más tarde con la sensación de cálidos y fuertes dedos deslizándose por mi espalda desnuda. Comenzaron en mis hombros y se abrieron camino hacia mi trasero, amasando y acariciando, y Dios se sentía asombroso pero no estaba seguro si era un sueño o una realidad.

"Edward," susurró Bella en mi oído, y podía sentir su cuerpo inclinándose sobre mí. "Cariño, date la vuelta," me instó, tirando de mi hombro.

"Qué—" Murmuré, pero haría cualquier cosa que esa voz me pidiera.

Esos mismos dedos en mi espalda hicieron su magia en mi pecho, brazos y estómago—solo que esta vez, podía jurar que sentía unos labios, una lengua y respiraciones pesadas contra mi piel. Sentí los labios en mi pecho y cuello, sobre mi estómago y ombligo.

Adormilado, abrí mis ojos cuando sentí que jalaron mis pantalones de chándal, que ya de por sí formaban una gran tienda de campaña al frente, pero cuando alcancé a ver lo que estaba arrodillado sobre mí, estuve a punto de correrme en ese justo momento.

"Bebé, ¿qué estás ha—Oh joder," gemí, mi ceño se frunció cuando bajó mis pantalones.

"Realmente necesito hacer esto," susurró, lamiendo sus labios, como si fuera su siguiente comida. "Dios, por tanto tiempo… he deseado…"

"No es que te esté diciendo que no o algo así, pero mierda, amor… no t-tienes que hacerlo." Mi tartamudeó emergió en el mismo nanosegundo que su cálida mano rodeó mi polla.

Nunca quise que se sintiera obligada a corresponder cualquier cosa que hubiera hecho por ella, pero sería un puto mentiroso si dijera que no lo deseaba, que no había fantaseado sobre ello, o no me había hecho una paja en la ducha con la simple idea de ello. Sin embargo, esto no se trataba de mí, era sobre lo que Bella podía hacer, y por la expresión en su rostro—esa misma expresión determinada y al mismo tiempo jodidamente sexy—estaba en una misión.

"Te dije que tenía una sorpresa para ti, Edward," susurró, y mi boca se abrió cuando vi que su rostro se acercaba cada vez más a mi polla.

De pronto, era el hijo de puta más agradecido que alguna vez haya vivido sobre la tierra, porque odiaba las sorpresas, pero esta, definitivamente podía acostumbrarme a ella. Esta era una muy buena manera de ser despertado.

"Oh, bebé," me reí misteriosamente. "No tienes idea de lo malditamente caliente que se va a ver eso desde aquí."

Sonrió y luego arrastró su lengua por su labio inferior, al fin apartó su mirada de la mía para ver lo que estaba en sus manos. Vi como una traviesa expresión cruzaba su rostro antes de que levantara la vista de nuevo hacia mí.

"¿Siempre despiertas así de duro?" Ronroneó a medida que se inclinaba lentamente para deslizar su lengua por un lado de mi polla.

Siseé como un chico de diecisiete años al que le daban su primera mamada. "Solo últimamente," dije con los dientes apretados, levantándome sobre mis codos para una mejor vista. No iba a perderme un segundo de esto.

Se rio, asintió una vez, y finalmente lamió justo la punta, donde estaba goteando como una tubería rota. "Entonces, ¿tuviste dulces sueños?"

"La realidad es mucho mejor," susurré, queriendo estirar mi mano y tocarla, pero podía ver como la forma en que se había posicionado era para su beneficio, no el mío, así que opté por recostarme sobre las almohadas, agarrando las sábanas a fin de no solo atraerla hacia mí y sumergirme dentro de ella tan profundamente como pudiera, porque amaba tanto a esa chica, y en ocasiones era muy difícil el no simplemente mostrárselo en cada forma posible.

"¿Cómo lo sabes?" Bromeó, su mano moviéndose lentamente hacia arriba y hacia abajo sobre mi eje mientras me miraba a través de sus pestañas.

"Educación fundamentada, bebé," dije en un jadeo.

"Te mostraré lo que es educación," murmuró, y su boca se hundió sobre mí.

"¡Santo Cielo!" Gruñí, tratando de mantener la voz baja en una casa llena de gente. Mi cabeza cayó hacia atrás por solo un momento mientras disfrutaba la sensación de su boca caliente envolviéndome.

Mi boca se abrió cuando tomó cada centímetro de mí, lo que no solía ser la norma. Respiré de forma entrecortada cuando su lengua hizo cosas que no podía ver, porque las sentía desde la cabeza hasta los pies. Y quería llorar o reír o algo cuando empezó un ritmo que me tenía luchando mantener mis manos lejos de su cabello y evitar que mis caderas se levantaran para follar su boca. Eso habría sido un comportamiento estúpido de mi parte.

Era perfecto como lo estaba haciendo porque era ella la que lo estaba haciendo. Y por un momento me pregunté, cuánto tiempo le había tomado reunir el coraje para intentarlo. Habían pasado semanas desde nuestro primer beso, semanas desde que habíamos descubierto su miedo al tacto, y semanas en las que me tocara solo por encima de la ropa. Pero esto era lo más atrevida que la había visto, y le prometí a Dios o quién sea que estuviera arriba que si esta era la verdadera Bella Swan saliendo a jugar, salvaría a cachorros desamparados, o gatos de los árboles, o quitaría espinas de las patas de los leones de ahora en adelante porque si esta era ella… la real… yo era el hijo de puta más suertudo con vida. Si así es como era en la cama—sexy y atrevida y un poco traviesa—nunca jamás necesitaría a otra mujer de nuevo. No que alguna vez hubiera pensado en ello, porque Bella era para mí. Estaba acabado. Y mis puñeteros sesos estaban siendo revueltos.

"Oh, se siente muy bien, bebé… muy bien," gemí, mis ojos rodaron a la parte posterior de mi cabeza mientras una de sus manos encontró el mismo ritmo que su boca y la otra cogió mis bolas.

Murmuró a mi alrededor, su boca subiendo y soltándome con un suave pop, pero su mano nunca se detuvo. "Todos tus orgasmos de ahora en adelante… son míos."

Me reí soltando un bufido al escuchar mis palabras siendo lanzadas de vuelta hacia mí. Me reí porque no tenía idea que de todos modos eran suyos. Lo habían sido desde antes que supiera que la amaba. Fueron suyos la primera vez que volvió contra mí ese temperamento fiero o me dio esa dulce risita que amaba escuchar. Siempre han sido suyos, y siempre serán suyos.

"Oh joder," dije bajo mi aliento cuando volvió a hundirse en mí, su pequeña mano trabajando a lo largo de mi eje, pero fue cuando la vi apretar sus muslos juntos que al fin cedí. No quería porque ella se sentía jodidamente asombrosa, pero era inevitable, en especial cuando lo que me estaba haciendo la excitaba.

"Bebé, bebé… voy a correrme…" Le dije, sintiéndome consumir en lo más profundo de mi vientre, y me puse aún más duro en su boca cuando murmuró en torno a mí de nuevo.

Cuando me tomó todo otra vez, tragando a mi alrededor, me corrí. Mi cabeza cayó hacia atrás, mis puños retorcieron las sábanas, y maldiciones volaron de mi boca entre jadeos porque ella no se detenía. Tomó todo lo que le di, y fue más de lo que me gustaría admitir. Me limpió, soltándome por fin con otro sonido increíble.

"Oh demonios," jadeé, todo—y me refiero a, todo—en mí se quedó sin fuerzas.

Oí una dulce risita, y levanté la cabeza para ver esa sonrisa llena de orgullo en su rostro. Otro miedo acababa de ser eliminado de su lista.

"Ven aquí, porque no me puedo mover," le dije, abriendo mis brazos.

Soltó unas risitas, subiendo por mi cuerpo y deteniéndose para colocar un beso en mi tatuaje antes de apoyar sus brazos a cada lado de mi cabeza. Su cabello cayó alrededor de mi rostro, atrapándome con su belleza y dulce aroma.

"Tienes que moverte, cariño. Te dejé dormir demasiado," me dijo, acariciando mi nariz con la suya.

"Bien," dije con suspiro, pero no hice ningún movimiento, excepto envolverla con mis brazos. "Estás demasiado vestida."

Se echó a reír, rodando los ojos. "Hay una razón para eso, tontito. Tenemos trabajo que hacer," instó, acentuando cada palabra con un beso en mis labios.

"De ninguna manera. Te debo… y de qué manera," le gruñí en juego, rodándonos de manera que me cernía sobre ella ahora riéndose de forma histérica. "Y de verdad tienes demasiada ropa puesta."

"No, eso fue… una prueba, Edward." Su rostro mostró diversión, pero su voz era seria.

"Y joder si pasaste," gruñí, besándola con total abandono.

Cuando me aparté, ambos estábamos sin aliento, pero Bella solo me miró tomando mi rostro entre sus manos.

"Te preparé el desayuno," dijo en voz baja, sus ojos de un chocolate dulce.

"¿Muffins de arándanos?" Verifiqué, sonriendo radiante cuando asintió. "Te amo. ¿Te lo he dicho últimamente?"

"No desde tu mamada," respondió con una carcajada, chillando cuando mordí con rudeza su cuello.

"Mm, mm, mm, y que trabajo tan bien hecho, bebé," ronroneé en su oído, chupando el lóbulo de su oreja.

"Fue un… trabajo duro… pero alguien tiene que hacerlo," bromeó, sus ojos brillando traviesos. "También es un gran trabajo… pero soy lo suficientemente mujer… para hacerme cargo de él."

Me eché a reír, enterrando mi rostro en su cuello, encantado de que fuera tan pervertida como yo. "Está bien, suficiente…"

Se rio cuando finalmente me aparté de sus brazos. Se bajó de la cama, dirigiéndose hacia la puerta, pero se detuvo antes de abrirla. "Oh, sí… yo también te amo, Edward."

Sonreí, le di un guiño, y me dirigí hacia el baño. El jabón extra no fue necesario esta mañana.

~oOo~

BELLA

"¡Apártate del maldito muffin de arándano!"

Solté un resoplido, levantando la vista de la computadora, observándolo apenas contener la violencia que cierta comida sacaba de él. Demonios, ¿a quién engañaba? El hombre podía ser violento por cualquier cosa.

"Joder, no estoy bromeando, Emmett," gruñó. "¡Coge el de plátano, pero suelta de el de arándanos antes de que te rompa la puta mano!"

Me eché a reír, me levanté de la tumbona que estaba afuera, y entré en la cocina. Abriendo el microondas, saqué una reserva de tres muffins de arándanos en un plato y lo puse en las manos de Edward antes de volver a salir.

"No mates a nadie por los muffins, Edward," grité, sentándome de nuevo con la computadora.

Alice se rio, mirándome. "¿Quién iba a decir que podías domar a la bestia salvaje con arándanos?" Preguntó, sacudiendo la cabeza.

"¡No jodas!" Me reí entre dientes, revisando la última lista de empleados que Carlisle nos había enviado.

La primera lista de nuevos empleados no hizo sonar ninguna alarma así que Alice le había dicho que enviara la lista completa, incluso con las compañías externas. En realidad no podíamos dejar la casa, y las alarmas estaban conectadas y funcionando correctamente, por lo que teníamos tiempo para buscar entre todos ellos.

"Oh, este pobre tipo," suspiré, subiendo mis piernas en la silla mientras leía el siguiente archivo. "Verdaderamente espero que Filbert sea un nombre familiar…"

Alice soltó una risita, mirando por encima de mi hombro. "Oh demonios, nunca tuvo la más mínima posibilidad, ¿cierto?"

Sonreí, apartándola de un empujón. "Al parecer Filbert tiene la más grande colección de recuerdos de Star Wars porque gasta demasiado dinero en eBay. Y se siente lo suficientemente orgulloso como para mostrarlo todo en Facebook."

"Wow, es… atractivo," se rio con un resoplido cuando vio al pobre chico con gafas gruesas, un pico por nariz y frenos a los treinta y algo.

"Ya estás buscando a otros hombres," Edward bufó, sentándose a horcajadas en la tumbona detrás de mí. "¡Oh maldición!" Se echó a reír cuando alcanzó a ver a Filbert. "Ve por él, bebé…" Bromeó, refunfuñando cuando le di un codazo en el estómago.

"Les garantizo… que Filbert, ese de allí," rio Alice, rodándole los ojos a Edward, "todavía es virgen, y Bella le daría un ataque al corazón."

Él se echó a reír, tomando su siguiente muffin de arándanos y dándole un buen mordisco. "Sí, eso es seguro… pero, ¿qué hace Filbert?"

"Mastica, traga y luego habla, Edward," lo reprendí, pero sonreí cuando todo lo que hizo fue tomar otro descomunal bocado con una gran sonrisa. Volví mi atención a la computadora, revisando el archivo. "Filbert—ese tipo apuesto—se encarga del sitio web de Twilight Tech. Gana malditamente bien por hacerlo. Tiene múltiples cuentas de juegos en línea y por lo general pone un stand de cómics en las convenciones en el área de Washington y Oregón…

"Está tan limpio que rechina," solté un bufido, viéndolos a los dos. "Si ustedes dos ya terminaron de comerse con los ojos a Filbert, ¿ya puedo seguir adelante?"

Los dos se rieron y Edward cogió su último muffin, recostándose en la tumbona. Dejo sus piernas a cada lado de las mías mientras me ocupé con los siguiente archivos a medida que el sol se iba poniendo poco a poco hasta que me topé con un nombre y un rostro que me parecieron familiares.

Me vuelví hacia Alice. "¿Mack sigue despierta?"

"Sí, eso creo," respondió, levantó la vista de los asuntos financieros de Billy Black para estudiar mi pantalla. "¿Por qué?"

"¡Makenna!" La llamé, y apareció en cuestión de segundos en la puerta.

"¿No tienes un dibujo de un tipo llamado Savage?"

"Sí, Bells," dijo con un gesto de su cabeza, y entró corriendo por solo un segundo, solamente para aparecer de nuevo con el dibujo en la mano. "Paul Savage. Se rumorea que saca armas ilegales por la parte trasera de su casa de empeño, y que responde a King."

Edward se enderezó detrás de mí, donde ya había estado callado por algún tiempo, para mirar por encima de mi hombro.

"Tengo a un Peter Savage trabajando para TT," murmuré revisando su archivo. "Fue contratado hace un año para encargarse de la división de celulares de la empresa de mi padre."

"Savage, Savage, Savage," repitió Alice, cerrando con lo que estaba trabajando y abriendo otra pantalla. "Peter, Paul… ¿qué demonios leí acerca de ellos? Vamos, vamos, vamos," susurró, su frente arrugándose mientras revisaba pantalla tras pantalla de texto. "¡Lo tengo!" Dijo de pronto emocionada.

Edward y yo nos sobresaltamos pero nos inclinamos para leer sobre su hombro al mismo tiempo que Makenna se sentaba a la mesa. Jasper se nos unió, luciendo como si apenas se hubiera acabado de levantar y como si tuviera curiosidad por lo que estábamos haciendo.

"Paul y Peter Savage—gemelos, los dos han pasado tiempo en prisión por hacer circular instrumentos falsificados, lo que es dinero falso, cheques sin fondos. Fueron arrestados en el tiempo en que Charlie tuvo que testificar frente al gran jurado—ya saben, cuando King fue investigado por falsificación.

"Entonces, ¿cómo demonios está Peter trabajando para TT?" Gruñí. "Joder, debieron haber averiguado esa mierda cuando fue contratado."

"Mmm," musitó Edward, leyendo de mi pantalla y luego cambiando a la de Alice. "Puede que simplemente se haya perdido en la confusión, amor. Mira," dijo, señalando a cada computadora. "Aquí, se puede ver que la compañía de teléfonos fue comprada por Twilight, pero todos los empleados se quedaron por sus derechos adquiridos."

"Mierda," dije en voz baja, volviéndome hacia Alice. "Manda un correo a Carlisle. Solo dile que investigue a Peter Savage."

"Bien," dijo con un gesto de su cabeza, abriendo el correo electrónico. "Y él también nos envió un mensaje."

"¿Qué dice?" Edward instó, enderezándose en su asiento.

"Nada, solo envió un enlace." En seguida le dio clic, haciendo que apareciera un artículo de un periódico. "Oh demonios," dijo bajo su aliento, sacudiendo su cabeza. "Escuchen esto…"

La búsqueda de Isabella Swan sigue a toda marcha. La hija del millonario, Charlie Swan, que se rumora está bajo custodia de protección del FBI, ha estado desaparecida por varias semanas. Se ha dispuesto una línea telefónica con el Departamento de Policía de Seattle si alguien tiene alguna información con relación al paradero de Isabella.

Isabella fue vista por última vez en las oficinas legales de Spencer, Wyatt, y Townsend, donde los servicios de investigación de la señorita Swan habían sido utilizados previamente. Fue vista en compañía de un hombre identificado como Edward Masen. Tenía una altura de más de 1,80, vestía jeans de color azul, una camiseta blanca, y una chaqueta de cuero color marrón. Tiene el pelo de color castaño rojizo y ojos verdes.

Spencer, Wyatt y Townsend fue también la misma oficina legal donde ocurrió el tiroteo en el estacionamiento, poco después que la señorita Swan y el señor Masen fueron vistos por última vez. Una supuesta redada de drogas que salió mal, resultando en la muerte de cinco hombres, pero el FBI sigue reteniendo información. Declaran que la investigación se encuentra todavía en sus primeras fases.

La Policía de Seattle ha recibido numerosas pistas sobre el paradero de Isabella Swan. Ha sido vista en California—más específicamente, Disneylandia—Portland, Oregón, y más recientemente en el WalMart de un pequeño pueblo justo a las afueras de Glacier Peak Park. El portavoz oficial del Departamento de Policía de Seattle declara que están investigando cada pista porque Isabella es una persona de interés en otra investigación, en relación con la muerte de un Randall Chapel.

Quién sea que tenga alguna información sobre Isabella Swan o Edward Masen se le insta encarecidamente a ponerse en contacto con el Departamento de Policía de Seattle.

Me puse de pie, empezando a caminar de un lado a otro. "Mierda," dije bajo mi aliento, mirando a Edward. "Nos vieron en WalMart, Edward…"

Hizo una mueca pero asintió, se puso de pie lentamente y se volvió hacia Jasper. "Reúne a todos aquí."

Jasper asintió y corrió dentro de la casa, llamando por su nombre a todos a su paso.

"Alguna… ama de casa aburrida con nada mejor que hacer que ver CNN todo el maldito día nos vio," gruñí, negando.

"Bella, eso fue hace semanas," declaró Edward, haciendo que me detuviera al poner sus manos en mis dos brazos. "Podrían creer lo de WalMart tan rápido como podrían creer lo de Disneylandia."

"Me gustaría que estuviéramos en Disney," murmuró Alice, golpeando las teclas en su laptop. "Pero ahora, tenemos que preocuparnos de que den con este lugar en los registros de la familia, Edward. Tus registros familiares, he de admitir."

"Edward, ¿qué pasa?" Preguntó Esme, saliendo de la casa con todos los demás pisando sus talones.

Todos se dejaron caer en las sillas y tumbonas, mirando al rostro cada vez más oscuro de Edward, pero fue Alice quién explicó, les leyó el artículo que Carlisle nos había enviado. Podía ver las reacciones de mis chicas y leerlas perfectamente. Rose estaba enojada porque ella no había querido quedarse en primer lugar pero siempre sería parte del equipo. Makenna se veía preocupada, mientras que Alice permaneció en calma, buscando registros de viviendas del área local.

El equipo de Edward reaccionó de forma diferente. Estaban concentrados, inclinados hacia adelante, esperando con gran expectación su siguiente orden, pero él estaba observando el trabajo de Alice.

"¿Puedes ver solicitudes de información relacionadas con esta casa, Alice?" Preguntó.

"Tendría que irrumpir en el sistema estatal, pero podría conseguirlo con la ayuda de Ben y ver si él ha oído algo," le dijo.

"Bien. Hazlo. Ve que otra información nos tiene Benny, y házmelo saber."

"Claro, claro, claro, Edward." Asintió, todavía golpeando las teclas. "¿Todavía quieres que Carlisle investigue a Savage?"

"Sí," le dije. "Por favor, dile. No lo quiero ahí sin esa pieza de información."

Alice asintió y se puso a trabajar en silencio, pero yo miré a Edward, cuyo rostro había pasado de su alegría anterior, a serio, sombrío e intenso. Caminó de un lado a otro, pasando la mano por su cabello mientras todos hablaban en voz baja.

"Eh, ¿Ed?" Emmett empezó a hablar. "Yo digo que instalemos unos cuantos sensores más…"

Todos nos giramos de golpe para mirarlo, incluyendo a Edward, que preguntó, "¿Dónde?"

"En esa valla trasera… el lado que está por la carretera principal… y la línea de árboles que está por allá a lo lejos," explicó, señalando. "Tengo las líneas para eso, y los sensores adicionales. Podría… o podríamos… tenerlos instalados para el amanecer si empezamos ahora."

"Eso sería…" Edward suspiró, mirándome. "Eso sería todo el perímetro. Lo malo es que no tenemos luces."

"Las tenemos," Rose elevó la voz. "Vi algunas en el garaje cuando instalamos la alarma. Hay una caja completa de ellas. Tu padre debió haber considerado ponerlas porque al parecer está todo allí. Con la ayuda de todos, podríamos tener conectadas alarmas, luces y sensores para el amanecer."

"Bueno, si vamos a trabajar toda la noche," Mickey suspiró, levantándose de su silla, "entonces, vamos a empezar de una vez." Miró a Emmett porque él había sido una gran ayuda la última vez que habíamos hecho esto.

"Está bien, como la última vez… Rosie, Bellsy, ustedes dos chicas van a conectar los cables a la caja de interruptores. Alice, tú, Esme y Mack pueden instalar todos los sensores. Ed, Jazz, vamos a encontrar lugares para esas luces," dijo, mirando a Edward, que estaba asintiendo. "Para cuando terminemos, este lugar será más seguro que Jonestown."(2)

Me eché a reír porque no pude evitarlo, lo que provocó que todos se volvieran en mi dirección—en especial Emmett, que estaba bastante orgulloso de su juego de palabras.

"De acuerdo, nota personal: no bebas nada que Emmett prepare," me reí entre dientes, el grupo entero se me unió.

"¡Tengo el Kool-aid,(3) Bellsy! No me tientes. Estarás rogando por un vaso cuando Eddie empiece a encabronarte," Emmett se rio a carcajadas, alejándose hacia al garaje con todos los demás siguiéndolo.

Sonreí, sacudiendo la cabeza, y levanté la vista para ver a un Edward divertido. Pero mientras lo miraba, recordé su sabor, cómo se sintió, y el peso de su cuerpo de esta mañana. Dios, se había visto tan perfecto mientras dormía esa mañana, no había podido contenerme de al menos tratar de tocarlo, se había visto tan hermoso mientras yacía ahí en mis brazos y obstinado cuando traté de levantarme para prepararme. Mi atracción por él era tan fuerte que apenas podía pensar racionalmente. Quería tocarlo, quería probarlo, y no iba a permitir que mis miedos me quitaran eso—o a él.

Y que me jodan, si no era un buen espécimen de hombre; en todos los sentidos, era perfecto. Su cuerpo era una cosa—músculos tonificados, hombros anchos, un impecable trasero, y piel suave y tibia. Su rosto era otra—con una mandíbula que podría cortar vidrio, ojos que podrían romperte el corazón o hacerlo latir con fuerza, y una sonrisa que podía derretir las bragas de una mujer en un instante sin que ella lo supiera. Pero cuando descubrí lo que había dentro de esos pantalones de chándal color azul de la Fuerza Aérea esta mañana… bueno, era por mucho la parte más perfecta de él. La había sentido entre la ropa, me había restregado contra ella en su regazo, pero ver en realidad cada hermoso centímetro de ella hizo que cada polla antes de ella palideciera en comparación.

"¿Qué estás pensando?" Preguntó riéndose, probablemente viendo que mis dientes arrancaban mi labio inferior.

"Que va a ser una larga noche," dije con un suspiro, mintiendo entre dientes, a pesar de que había estado comiéndomelo con los ojos descaradamente, completamente incapaz de evitar el doble sentido que se me escapó de la boca.

"Mmm," musitó, mirándome. "Mentirosa." Se rio de nuevo. "Pero tienes razón. Vamos a estar trabajando para cuando salga el sol."

"Entonces, vamos a hacerlo, Edward," gemí, levantándome para darle un suave beso en los labios, algo a lo que ahora el resto de nuestros amigos se estaba acostumbrando—no por mi parte, pero les sorprendía ver a Edward tan cariñoso. "Y compórtate… no me hagas ir por el Kool-Aid de Emmett," le ordené, levantándole una ceja.

Sonrió, asintiendo, y tomó la pila de cajas de reflectores de las manos de Jasper. Todos nos pusimos a trabajar de inmediato.

Era asombroso lo que la gente entrenada por los militares podía hacer. Mis chicas y yo éramos listas, educadas y trabajadoras. Alice había intentado por años enseñarnos varias cosas tecnológicas—desde usarlas hasta arreglarlas. No había mucho que Alice no supiera, y lo que no sabía, encontraría rápidamente la respuesta en línea.

El equipo de Edward era una máquina diferente. No sabía si era como resultado de vivir en medio del desierto por años, teniendo que construir todo lo que necesitaban, o por recoger y trasladarse todo el tiempo cuando todavía estaban en servicio, pero eran fascinantes de ver. Todo el tiempo que mis chicas, Esme y yo colocamos los cables en diferentes partes de la propiedad y los conectamos a la fuente de energía, Edward y su equipo resolvieron donde era mejor poner las luces. No teníamos tiempo para poner postes, así que estaban instaladas en el suelo o en los troncos de los árboles.

Justo antes de la salida del sol, estaban instaladas y funcionando. Si alguien se acercaba a cualquier lado de la parte de atrás, lateral y delantera de la propiedad, las luces se encenderían y sonaría una alarma. Alice incluso implantó una alerta en su laptop, mostrando una cuadrícula de todo el terreno, incluyendo la casa—algo en lo que había estado trabajando desde que habíamos instalado el primer grupo de alarmas.

Al amanecer, todos tomamos diferentes turnos de manera que los otros pudieran recuperar el sueño perdido—los principales siendo Emmett, Rose, Mickey y Esme, que habían estado despiertos por casi veinticuatro horas.

Alice y yo estábamos tan agotadas, que ni siquiera pudimos ver alguna otra mierda en la computadora, así que las dos nos quedamos sentadas como estúpidas mirando la televisión, donde pasaban una película que estaba segura que ya habíamos visto. Había jarras de café preparadas y calientes, y era lo único por el momento que me mantenía despierta.

Edward y Jasper habían salido a hacer la revisión de perímetro, un hábito que no iban a romper porque los sensores todavía podían ser activados por la vida salvaje alrededor de la casa, por lo que nos dijeron que los ojos humanos eran mejor. Para ser sincera, creo que estaban tratando de encontrar formas para permanecer despiertos.

Cuando las puertas de cristal corredizas se abrieron, pude escuchar los dos suspiros de alivio, el de Alice y el mío, haciendo eco. Los dos hombres altos entraron a la casa por la cocina, sirviéndose más café, solamente para reunirse con nosotras en la sala.

"¿Qué están viendo?" Jasper preguntó, su sonrisa torcida, dulce y tranquila en su lugar. Parecía que era el único que no sufría de agotamiento.

"Ni idea," Alice y yo murmuramos, las dos soltando enormes bostezos.

Edward se rio, sentándose junto a mí, y atrayéndome a él. "Cierra tus ojos, bebé. Está bien."

No iba a discutir esa orden porque él estaba caliente y olía como a sol, café y simplemente Edward. Mi cabeza cayó en su pecho y mi cuerpo se acurrucó en su costado, y ni siquiera estoy segura si respiré profundamente dos veces antes de quedarme dormida.

No estaba segura de cuánto había dormido, toda calientita y cómoda y presionada al costado de Edward, pero desperté abruptamente cuando la alarma de entrada sonó estridente por toda la casa. Di un grito ahogado, sentándome y sujetando la camiseta de Edward mientras todos los demás salían de sus habitaciones, incluyendo a Esme.

Jasper salió disparado de su silla, corrió por el pasillo y pude escuchar el sonido de la escalera del ático bajando rápidamente. El estruendo de sus pies corriendo resonó encima de nosotros.

"¡Ed!" Gritó, y Edward salió disparado del sofá. "Es un policía local, hombre. Viene por el camino de entrada en una SUV."

"Joder," dijo Edward en voz baja, pasando la mano por su cabello. "Chicas… todas ustedes métanse de nuevo en unas de las recámaras en la parte de atrás. No hagan ruido. Si este cabrón ve a Bella, todo habrá terminado. ¡Vayan!" Ordenó, señalando el pasillo.

"Tú también," lo insté, tirando de su manga. "¡También están buscándote a ti, Edward!"

Solo negó, sacando el arma de su cintura, y presionando sus labios a los míos. "Voy a estar bien. Te amo. ¡Ve, bebé, y mantente callada!" Siseó contra mis labios.

Antes de dar vuelta en la esquina del pasillo, donde Makenna estaba tirando de mi brazo para que me moviera, vi como Edward se escondió detrás de la puerta principal, viéndose letal al levantar su arma. Emmett se colocó en la cocina—también con un arma en la mano y fuera de vista, incluso si alguien veía directamente al interior. Esme estaba en la puerta, lista para abrirla, con Jasper visible detrás de ella. Mickey había subido corriendo al ático para observar todo desde arriba, dejando que Rose la encerrara allí.

Le di una última mirada a Edward, rígido detrás de la puerta, y nuestros ojos se encontraron. Un miedo debilitante y desgarrador sacudió todo mi cuerpo, y de pronto, estaba aterrorizada. Él lo era todo, fuerte y bueno, y nada podía pasarle, pero el miedo que estaba sintiendo me hizo empezar a caminar hacia él.

"Edward," dije bajo mi aliento, mi frente arrugándose.

"No, Bella," susurró, sacudiendo su cabeza, su rostro fiero como la orden. "Vete, bebé." Señaló hacia el pasillo detrás de mí. Mi boca se abrió para discutir, pero sacudió su cabeza de nuevo, su mirada se suavizó un poco cuando articuló, "Te amo. Voy a estar bien. Lo prometo."

Necesité de todas mis fuerzas para alejarme de él, pero lo hice, siguiendo a las chicas. Rose y Alice eligieron la recámara más cercana a la puerta principal de manera que pudieran abrir un poco la ventana para escuchar lo que estaba pasando. Todas nos deslizamos al suelo para sentarnos debajo de las ventanas, y Rose y yo sacamos nuestras armas. A pesar de que estábamos preparadas para ello, todas dimos un respingo cuando tocaron con fuerza a la puerta.

Oí cuando la puerta principal se abrió, y todo en lo que podía pensar era, Por favor, no veas a Edward… por favor, no veas a Edward. Repetí una y otra vez en mi cabeza, como un tipo de plegaria, porque no podían encontrarme. La policía me llevaría con ellos, entregándome al FBI, e incluso Ben había dicho que ellos no podían protegerme como Edward y su equipo podían hacerlo, y no había una jodida forma en que me separaran de mis chicas—o Edward, de hecho. Mi padre podía testificar todo lo que quisiera, pero no había maldita manera en que yo pudiera enfrentar a Miller o a King.

"Buenas tardes, señora," escuchamos desde la entrada. "Mi nombre es Seth Clearwater. Estoy con el Departamento del Sheriff de Trinity. Estoy yendo de puerta en puerta, haciéndoles algunas preguntas a locales y vacacionistas. No sé si han visto las noticias, pero se rumora que una chica desaparecida ha sido vista aquí, y el FBI nos ha pedido investigar."

"¿En serio?" Esme jadeó. "No he escuchado nada al respecto, pero por otra parte, no veo mucho la televisión."

"Entiendo, señora," el sheriff se rio, "pero, ¿le importaría darle un vistazo algunas fotos al menos?"

"No, claro que no."

Escuché movimiento y Esme suspiró, sonando triste, pero sabía que todo era actuación. "No, Sheriff, no puedo decir que los haya visto."

Los.

Mis ojos se abrieron y miré a Rose. "¿Tienen una foto de Edward?" Dije entre mi aliento, apenas haciendo ruido.

Se encogió de hombros mientras se ponía un dedo en los labios para que pudiéramos escuchar, al mismo tiempo que la laptop de Alice sonó suavemente desde el suelo. Se arrastró hacia ella, pero yo oí al sheriff de nuevo.

"¿Qué hay de usted señor? ¿Los ha visto?"

"Nop," dijo Jasper, arrastrando las palabras. "Para nada. Pero a lo mejor es porque en realidad no he dejado la cabaña desde que llegamos."

El sheriff se rio de nuevo. "Siento tener que molestarlos, pero si los ven, ¿podrían llamarme por favor?"

Rose, Mack y yo, todas nos movimos rápidamente para asomarnos por encima de la repisa de la ventana.

El sheriff era joven, alto, y parecía ser un decente indio americano. Tenía una dulce sonrisa mientras estrechaba la mano de Esme, inclinando su sombrero antes de caminar de vuelta a su camioneta. Su teléfono sonó y se detuvo para hablar, apoyándose en su camioneta.

"Carlisle mandó un correo," Alice susurró, sus ojos amplios.

"¿Qué dijo?" Le pregunté, inclinándose sobre su hombro para leerlo, y mi boca se abrió.

¡Voy de camino hacia ustedes! No se vayan hasta que yo llegue.

C.

Mi corazón se desplomó porque me di cuenta de la urgencia detrás del correo de Carlisle, la alarma de entrada sonó de nuevo. Mirando con cuidado por la ventana, Rose y yo jadeamos porque el sheriff no se había ido todavía, lo que significaba que estábamos por recibir más compañía.

La puerta de la recámara se abrió de golpe, y Edward y Emmett nos hicieron señas con las manos para que nos acercáramos a ellos, presionando dedos en sus labios para que permaneciéramos calladas. Jasper pasó corriendo frente a nosotros, abriendo la puerta del ático de manera que pudiéramos ver a Mickey.

Sus ojos estaban abiertos como platos mientras susurraba, "Cuatro SUV… todas negras, están dando vuelta en la entrada. Deberían estar aquí a—"

Antes de que la palabra "ahora" pudiera salir de su boca, sonaron disparos en el patio delantero. Emmett entró corriendo de nuevo a la habitación en la que mis chicas y yo nos habíamos estado ocultando, asomándose por la cortina.

"No me jodas, ese sheriff está muerto," susurró. "Una docena o así de matones en el patio delantero… diez o algo así se dirigen a la parte de atrás…"

"Es hora de irnos," gruñó Edward.

"No podemos," siseó Alice, agarrando su brazo. "Tu padre acaba de enviar un correo. Dijo que nos quedáramos aquí hasta que él llegara."

"¡Mierda!" Edward siseó, mirando el pasillo, donde todos estábamos esperando sus instrucciones. Con las aletas de la nariz ensanchadas y los dientes apretados, señaló a Jasper. "¡Sube; pon armas en las manos de esas chicas ahora! Mickey, trae tu trasero aquí. Estamos por ver si ese simulacro tuyo y de Emmett vale una mierda. ¡Vamos!"

Alice y Makenna subieron al ático para reunirse con Jasper. Mickey salió volando por el pasillo hacía la ventana principal, donde montó un rifle.

Emmett se fue corriendo por el pasillo y entró en la habitación en la que se había estado quedando y salió con un puñado de auriculares, pasándoselos a todos. Nos los pusimos de inmediato. Entonces agarró la mano de Rose y los dos sacaron sus armas.

Edward tiró de mi mano y nos metió de prisa a su habitación. Se metió en su armario, sacando una bolsa de lona y arrojándola sobre la cama. Sacó dos armas más, entregándome una.

"Tú…" Gruñó, sin darme oportunidad de discutir. "No vas a moverte de mi lado. ¿Me oyes?" Preguntó, y yo asentí con fervor.

Ya revisada la Glock que me entregó y habiéndome asegurado que estaba cargada y metida en mi espalda, lo miré. "¿Vamos a salir?" Pregunté.

"Sí," respondió asintiendo, guardándose varios cargadores, poniéndose una gorra de béisbol hacia atrás y arrojando la bolsa sobre su hombro. Se volvió hacia mí, metiendo las manos en mi cabello y pegando su frente a la mía. "Sin discutir, Bella. Solo sígueme, y haz lo que te digo, ¿de acuerdo?" Preguntó, pero antes de que pudiera responderle, su boca estaba en la mía, besándome con tanta fuerza, tanta desesperación.

Los dos nos giramos cuando una de las alarmas de perímetro sonó. Dejamos la habitación dirigiéndonos hacia la puerta de la cocina, y Edward tocó su auricular. "Radio abierta. ¡Quiero oír cada maldita cosa! ¿Entendido?"

"¡Señor!" Todos respondieron.

Edward tomó su arma con una mano y mi mano con la otra, y nos preparamos para escabullirnos con cuidado por la puerta trasera—a qué… no tenía idea.


(1) Meriwether Lewis y William Clark, exploradores que comandaron la primera expedición terrestre que partió desde el este de Estados Unidos, alcanzó la costa del Pacífico y regresó.

(2) Jonestown fue el nombre informal del Proyecto agrícola del Templo del Pueblo, una comunidad intencional al noroeste de Guyana, conformada por el Templo del Pueblo, una secta estadounidense liderada por Jim Jones (1931-1978). Jones, con sus facultades mentales deterioradas y al borde de la paranoia, una o dos veces por mes impulsaba a sus adeptos a realizar, como "pruebas de lealtad", simulacros de suicidios masivos, que incluían la ingesta de falsas pociones de veneno. Jones llamaba "noches blancas" a esos ensayos.

(3) Kool-aid una marca de bebida con sabor a fruta en polvo para preparar en agua. Es lo que Jones usaba para que sus adeptos se suicidaran, Kool-aid de uva mezclado con cianuro de potasio, y después de ello se ha usado como referencia a no creer por completo en un sistema o idea, ya sea en política o religión. "Don't drink the Kool-Aid" "No bebas el Kool-Aid")


Hola :) Por favor, no maten a la traductora, la autora dejó ese horrible cliffie :P Pero, ¿qué les pareció el capi? Me encanta ver que Bella sigue conquistando miedos, pronto podrán estar juntos como tanto lo desean. Y a llegado la hora de poner a prueba su plan para deshacerse de los hombres de King. ¿Tendrán éxito? Sé que no estarán muy contentas como quedó, pero no sé, ¿tal vez podría publicarse un capi más pronto? Todo depende... Muchas gracias por leer y por seguir poniendo la historia en alertas y favoritos. Me encantaría también recibir sus reviews. Les pido disculpas por el retraso pero ayer fue un día horrible y no pude publicarlo, pero ya está aquí y espero que lo hayan disfrutado. Saludos y nos leemos en el próximo capi.