Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.

Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.

Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.


CAPÍTULO 14

~oOo~

"Sin discutir, Bella. Solo sígueme, y haz lo que te digo, ¿de acuerdo?" Preguntó, pero antes de que pudiera responderle, su boca estaba en la mía, besándome con tanta fuerza, tanta desesperación.

Los dos nos giramos cuando una de las alarmas de perímetro sonó. Dejamos la habitación dirigiéndonos hacia la puerta de la cocina, y Edward tocó su auricular. "Radio abierta. ¡Quiero oír cada maldita cosa! ¿Entendido?"

"¡Señor!" Todos respondieron.

Edward tomó su arma con una mano y mi mano con la otra, y nos preparamos para escabullirnos con cuidado por la puerta trasera—a qué… no tenía idea.

~oOo~

EDWARD

"Bueno, Ed," Jasper dijo en voz baja por mi auricular. "Tenemos pendejos a nuestra izquierda y pendejos a la derecha. Dime cuándo puedo empezar mi práctica de tiro…"

"Joder, solo dime lo que hay afuera de esta puerta lateral al oeste, J," solté un bufido, abriendo un poco la puerta de la cocina y metiéndonos a ambos de nuevo. "Tenemos que evitar que se vayan. Están aquí… van a morir aquí," gruñí. "Tengo que llegar al cobertizo."

Miré hacia afuera, sin ver movimiento en la tarde deprimente.

"Edward… Bells," Mack empezó a decir. "Hay dos al lado izquierdo de la puerta y dos a la derecha. No pueden salir por allí…"

"Pueden salir por la puerta de la terraza," agregó Alice.

"Entendido," dijo Bella, llevándome con ella.

"En los primeros disparos contra mí, J… puedes abrir el infierno, ¿entendido?" Gruñí, deslizando lentamente las puertas de la terraza para abrirlas.

"Señor." Contestó, y pude escucharlo preparar su arma, ordenando a Alice y Makenna a hacer lo mismo.

"Eddie," Emmett habló, "tenemos compañía en el lado este. Dos. Tenemos a dos dirigiéndose a la puerta principal, Mick... con latas de humo. Tú y Esme, tengan cuidado."

"Joder," dije en voz baja. "Estamos rodeados. Es salir con las armas listas o nada."

"Bien," dijo con desprecio, quitando el seguro de su nueve milímetros. "¿Para dónde?"

"Si podemos llegar al cobertizo, al menos podemos cubrirnos lo suficiente para derribar los de los laterales y la parte trasera de la casa."

"Bien. ¡Vamos!" Dijo asintiendo, y los dos salimos corriendo por las puertas traseras.

"¡Cuidado con la esquina de la casa, chicos!" Nos advirtió Alice.

En el momento en que Bella y yo pusimos un pie fuera de la casa, todo el infierno se desató. Escuché vidrios rompiéndose, lo que pude asumir eran solo las latas de humo que estaban lanzando a la ventana delantera. Oí la orden de Jasper a las chicas para disparar a voluntad—y lo hicieron; el cabrón que estaba escondido en la esquina de la casa cayó al suelo mientras pasábamos.

Se oyeron gritos y alaridos. Algunos por la radio, con mi equipo trabajando juntos sin problemas, algunos eran de afuera, pero todo solo eran un caos en mi cabeza. Mi objetivo era el cobertizo porque no solo podíamos cubrirnos allí, sino también porque mi padre tenía armas almacenadas en ese lugar.

Bella y yo pasamos corriendo por un grupo de árboles, pegándonos detrás de ellos cuando disparos rebotaron en los troncos.

"Mierda," dijo entre su aliento, apuntando de prisa y disparando dos veces por entre las ramas. "Ese es uno," murmuró con ironía. "Podemos quitarlo de la pared. O'Quinn o O'Hara o alguna mierda…"

Sonreí, besé su cabeza y susurré, "¡Bien hecho! Unos metros más, Alice. ¡Cúbrenos!"

"En ello, en ello, en ello," gruñó, y cuatro disparos atravesaron el matorral a nuestra izquierda. "Listo. ¡Ve ahora!"

"Emmett," gruñó Mickey mientras esquivábamos más balas perdidas. "¿Dónde estás?"

"Debajo de la casa, Mick… ¡dame cinco segundos!" Respondió, gruñendo mientras se escuchaba cómo había llegado a la terraza. "Cabrones," murmuró bajo su aliento.

"¡Edward!" Alice y Bella gritaron cuando un tipo salió de la nada justo cuando llegué a las puertas del cobertizo.

Alice, Bella y yo disparamos al mismo tiempo, el tipo se sacudía mientras caía sobre la hierba, y entonces Bella y yo nos metimos en el cobertizo, cerrando las puertas detrás de nosotros.

"Que me jodan," jadeó, apoyándose en la esquina.

"Estoy un poco ocupado, amor," bromeé, guiñándole un ojo cuando soltó un resoplido.

"Solo…" Agitó su mano y rodó los ojos, todavía respirando con dificultad, pero podía verla conteniendo la sonrisa que estaba curveando el borde de sus labios. "Solo… armas, Edward."

Sonreí, moviendo la mesa de trabajo al otro extremo del cobertizo. Había un escotillón debajo de ella. Mi padre lo había construido como una bodega cuando la cabaña fue erigida, pero cuando su carrera cambió también lo hizo el propósito del pequeño almacén.

Levanté la puerta, encendí el interruptor de la luz, y luego le ofrecí a Bella mi mano. La quería a mi lado todo el tiempo.

"De ninguna jodida manera, Edward," jadeó, sus ojos amplios al mismo tiempo que fulminaba con la mirada el sótano. "Yo… no puedo ir allá abajo. Me importa una mierda lo que está allí…"

Hice una mueca y asentí, comprendiendo que debe haberle recordado el sótano de Miller. "Está bien, pero cuidarás de mis espaldas aquí, ¿verdad?"

"Sí. Pero no voy bajar."

"Entonces, dispárale a lo que sea que se acerque al cobertizo, bebé. No me importa la mierda que sea. Si se mueve, está muerto. ¿Entendido?"

"Bien," dijo ella, volviéndose hacia la pequeña ventana. La levantó un poco, apuntando su arma por la abertura.

Bajé corriendo las escaleras, sin querer dejarla mucho tiempo. A lo largo del muro posterior estaban las armas automáticas. En los mostradores, granadas. Era el lanzador de granadas el que buscaba porque esos cabrones habían llegado en varios SUV, pero no se iban a ir en ellas.

Me colgué el arma al hombro, agarrando una bolsa de granadas, unos cargadores más y tres cajas de balas. Las puse dentro de la bolsa que había cogido de mi armario. También abrí uno de los gabinetes, revelando la caja fuerte de mi padre. Teníamos una en cada casa, incluyendo la mía, y cada maldita combinación era la misma—el cumpleaños de mi madre. Dentro había montones de dinero en efectivo, pasaportes falsos para mi padre y para mí, y tarjetas de crédito que coincidían con las identidades falsas. Si estábamos huyendo, tendríamos que ser alguien diferente, así que no estaba tomando riesgos. Vacíe a la hija de puta.

Oí que el arma de Bella disparó tres tiros rápidos, y me asomé para asegurarme de que estaba bien. Lo estaba—solo se veía encabronada.

"¿Cuántos llevamos, bebé?" Le pregunté, subiendo los escalones.

"Hay tres muertos a un lado, dos en la puerta trasera. Alice, ¿cómo se ve el frente?" Preguntó, pero fue Makenna la que respondió.

"Quedan dos, tres, cuatro… seis… ocho, todos escondidos detrás de esas malditas SUVs," gruñó. "¡Y joder, Bellsy… creo que ese tipo James está dirigiendo esta mierda!"

"¿Y Miller?" Bella y yo dijimos con desdén al mismo tiempo, preguntándonos si ese pendejo había sido visto.

"No lo veo, pero hay dinero en juego para quién consiga dispararle…" Emmett se rio de forma amenazante.

Solté un bufido y rodé los ojos, creyendo cada palabra. "¿De cuánto estamos hablando?" Pregunté, sonriendo por el gruñido de Bella porque no estaba acostumbrada a las mierdas de las que Emmett y Jasper hablaban.

"Cincuenta mil, hermano," Jasper se rio entre dientes. "Un precio alto para la escoria más baja, amigo."

Bella sonrió pero no dijo nada mientras nos preparábamos para dejar el cobertizo.

"Ese es el dinero para mis vacaciones, chicos," gruñí. "Ese hijo de puta me pertenece. Ahora… vamos a salir de este cobertizo. ¿Cómo luce el camino de aquí al lugar designado para Bella y para mí?"

"Tienes a un pendejo…" Jasper empezó a decir, pero se escuchó un disparo. "Olvídalo. Buen tiro, Alice. ¡Vamos, vamos, vamos!"

No esperé por más instrucciones; simplemente agarré la puerta, me aseguré que Bella estaba a mi lado y salí disparado hacia el árbol que habíamos designado el día que se habían instalado las alarmas. También era el mismísimo árbol en el que le había entregado a la hermosa morena mi corazón.

Caímos contra el tronco, asomándonos hacia el jardín del frente desde nuestra posición en el patio lateral. Makenna tenía razón, todos los pequeños cobardes mafiosos estaban ocultos detrás de sus SUV. Dejé la bolsa en el suelo, mirando alrededor del tronco para inspeccionar el camino de entrada.

"En posición, Jasper… Emmett," gruñí, colocando el lanzador de granadas entre una uve en el tronco. "Estoy a punto de encender la luz en la cocina. Es hora de aplastar a las cucarachas desperdigadas."

Bella preparó su nueve milímetros, apuntando en la misma dirección que yo, pero yo tenía la explosión más potente.

"A mí señal," dije, alineando la primera SUV en la mira. "¡Ahora!"

Jalé del gatillo y la granada salió disparada, dándole a la ventanilla del lado del conductor perfectamente. Toda la camioneta se dobló por en medio cuando explotó, levantándose unos cuantos metros del suelo. Una bola de fuego enorme apareció en el aire, pero yo ya estaba alineando el siguiente tiro porque no quería que esos cabrones ganaran terreno en lo absoluto.

"¡Buen tiro, Ed!" Emmett exclamó.

Mi equipo disparó a los hombres que huían—Bella incluida. Derribó a un tipo que se dirigía a un lado de la casa; estaba corriendo sin ver porque su trasero estaba en llamas.

Disparé de nuevo, derribando la segunda SUV, y esta vez, se esparcieron por todas partes.

"Bella, una y dos en punto," le dije, y los hombres cayeron antes de que dieran dos pasos. Maldición, esa chica era una tiradora increíble.

"¡Mierda, tengo un corredor, Ed!" Gruñó Jasper. "Se dirige al último coche… el último, hermano…"

Alineé rápidamente, pero no tenía un tiro claro y limpio. "Joder," dije con brusquedad, volviéndome para mirar alrededor. "Bella, cúbreme. Tengo que salir a donde está despejado para este…"

Asintió, avanzando conmigo y apuntando su arma mientras alineaba mi tiro rápidamente. Podía ver a cinco o seis hombres empezar a correr hacia camioneta que quedaba, pero disparé antes tiempo porque tenía miedo de tener a Bella a la vista, así que en lugar de atrapar todos sus traseros dentro del vehículo, pudieron lanzarse para cubrirse.

"¡Vuelve detrás del árbol!" Le dije al mismo tiempo que disparos se dirigían en nuestra dirección, pero en lugar de correr, se cayó.

"¡Mierda!" Gritó, cayendo al suelo y agarrándose la pierna.

La puse detrás del tronco y me arrodillé frente a ella. "¿Dónde?" Pregunté, tirando de sus manos que estaban agarrando alguna parte cerca de su tobillo.

"Es solo un corte, Edward," me dijo, apartando sus manos. "Es por la corteza del árbol. Estoy bien." Suspiró, mirándome.

No se veía bien. Pareciera que dolía como el infierno a medida que la sangre se filtraba a través de la pierna de sus jeans hasta su calcetín.

"¡Cúbranos!" Ordené por la radio, alcanzando mi bolsa en busca de algo para atar alrededor de su pantorrilla.

Saqué una vieja camiseta, arrancando una tira de tela. "Más vale prevenir que lamentar, Bella," le dije en voz baja, y por única vez no discutió; simplemente se recostó contra el árbol y me miró con cansancio.

Los disparos alrededor de nosotros comenzaron a ser menos mientras atendía la pierna de Bella. También podía escuchar cambios por la radio. Estaban limpiando, y Emmett ladró que iba a salir de su escondite para echar un vistazo a los daños. Jasper le ordenó a Mack y Alice que se quedaran en el ático, solo por si acaso, pero él iba a salir también.

Mickey y Esme dijeron que el frente estaba despejado, pero parecía demasiado tranquilo, demasiado fácil.

"Joder," murmuró Mack, ya sea para sí misma o para Alice. "Perdí de vista a James…"

Los ojos de Bella se fijaron en los míos, su rostro lleno de preocupación.

"¿Crees que puedes caminar, amor?" Le pregunté, y ella asintió.

"Sí," dijo con un suspiro, empezando a empujarse para levantarse hasta que los dos escuchamos el clic de un percutor siendo accionado.

"Bien, es bueno que pueda caminar. Eso hace mi trabajo más fácil," escuché detrás de mí, pero fue el frío metal en la parte posterior de mi cabeza lo que hizo que me congelara. "No te muevas, héroe. Un centímetro y tu chica va a estar vistiendo tus sesos… y todavía vendrá conmigo. Mm, mm, mm… y lo que nos vamos a divertir, Isabella…"

Bella se veía asqueada por el tono nauseabundo de la voz de ese pendejo.

"Joder, no lo creo…" Dije con desdén, mis ojos nunca dejaron los de Bella mientras empezaba a mover su mano muy, pero muy lentamente hacia su espalda. "Te amo," articulé con mis labios, esperando como el infierno que no fuera la última vez que se lo decía.

Sonrió dulcemente y asintió, mirando el árbol y de nuevo hacia mí, su mano todavía moviéndose hacia la parte baja de su espalda.

Sentí un apretón en mi hombro. "Suelta el arma, Edward," ordenó, picando con el arma la parte de atrás de mi cabeza para énfasis.

"Oh, mira, cariño," Bella dijo con un suspiro, escuchándose aburrida. "James ha hecho su tarea. Sabe nuestros nombres y todo. Y yo aquí pensando que era un estúpido, con todo ese tiempo que pasó en el reformatorio…"

Le sonreí pero solté mi arma de todos modos porque quería distraer cualquier atención que él tuviera en ella y ponerla en mí. Arrojé lejos mi Glock, y James pateó el lanzador de granadas por la hierba.

"No puedo alinear el disparo, Edward," gritó Alice frenética en mi oído.

"¡Mierda!" Oí que Emmett gruñó al mismo tiempo que empezaba a correr. "Voy para allá, hermano, pero voy a tomar el camino largo. Me vería a un kilómetro de distancia, hombre."

"Quiero que te pongas de pie. Despacio," dijo el pendejo, golpeando la parte de atrás de mi cabeza de nuevo. "Luego, vas a darte la vuelta."

Apreté los dientes, mis ojos todavía fijos en los de Bella. En la forma en que estaba de rodillas frente a ella, James no podía ver sus movimientos. Si me ponía de pie, iba a ver dónde estaba su mano. Mis puños se apretaron en mi regazo.

"Nunca escaparás de estas tierras, James," gruñí, mirando por encima de mi hombro, pero golpeó mi cabeza con la culata de su arma. "¡Mierda!" Escupí, cerrando mis ojos con fuerza.

"¡Dije que te pongas de pie de una puta vez!" Dijo con un gruñido, agarrando la parte de atrás de mi camiseta.

Bella se movió con tanta rapidez, que apenas pude ver el movimiento. Ya había sacado su arma de su espalda y estaba a su lado, debajo del resto de la camiseta rasgada que había usado en su herida.

Sonreí y sacudí mi cabeza. Estaba completa e irrevocablemente enamorado de esa mujer. Jasper la había llamado en algún momento "una luchadora". Tenía la puta razón.

Me puse de pie lentamente, estaba poniendo cada vestigio de confianza que tenía en la chica a mis pies. Si hacía un mal movimiento… si alcanzaba a ver su mano o se movía un poco, era un hombre muerto. Sin embargo, justo antes de que le diera la espalda a ella, vi como sus ojos se apartaban de mí. Su ceño se frunció y luego se relajó casi por completo. Luchó por no sonreír—de todas las cosas—mientras se volvía para mirarme.

"Haz lo que te dice, Edward," me instó, escuchándose frenética pero sin verse así. En lo absoluto.

Hice un último movimiento para girarme, pero ella articuló, "¡Agáchate!"

Me tiré al suelo al mismo tiempo que se escucharon dos disparos rápidos, uno después del otro. James gritó y cayó junto a mí, todavía sosteniendo su arma pero obviamente herido. Echando mi puño hacia atrás, lo dejé ir con todo lo que tenía, dándole al hijo de puta en la boca y dejándolo sin sentido, su mano y arma cayendo inútiles al suelo. La patearon antes de que pudiera alcanzarla.

Levantando la vista, no pude evitar sonreír. "Ya era hora de que pusieras a trabajar tu trasero…"

"Cierra la boca, hijo," mi padre se río, mirando más allá de mí. "Bells, ¿estás bien?"

Estaba sudando, como si hubiera corrido todo el camino hasta aquí desde Seattle, todavía usando un traje de negocios. Parecía cabreado y preocupado, como si estuviera cargando con una pesada pieza de información.

Soltó un profundo suspiro, luchando por ponerse de pie, y los dos tomamos sus manos para ayudarla a levantarse. "Sí, solo… encabronada. ¡Esa mierda duele!" Gruñó, mirando su pierna.

Los dos nos reímos con un resoplido, pero no había nada que me detuviera de ponerla en mis brazos. "Jesucristo," dije entre su aliento en su cuello. "¡Joder, no te atrevas a asustarme así de nuevo!" Susurré con fiereza en su oído. "¿Me entiendes?"

"Señor," dijo con voz baja, y cuando me aparté para mirarla, me estaba sonriendo con suficiencia, pero también se veía agotada.

"Vamos a entrar," mi padre murmuró, mirando los daños a nuestro alrededor. "Yo me encargaré de este idiota. Tengo algunas preguntas para él."

Asentí, cogiendo a Bella en mis brazos, a pesar de sus protestas.

~oOo~

BELLA

"¡Maldita sea!" Mickey gruñó, retorciéndose en el piso de la sala.

"Tranquila, Mick," Jasper la tranquilizaba, sosteniendo su mano mientras Esme sacaba vidrio, fragmentos de bala y trozos de madera de su hombro.

Al parecer, una bala perdida le había dado al marco de la ventana justo a un lado de su rostro. Era jodidamente afortunada que no hubiera sido a unos cuatro centímetros a su izquierda, porque le hubiera dado en la cabeza. También tuvo suerte de que no estuvieran muy profundos, y Esme pudiera sacar todas los pedazos—o al menos, estaba tratando de sacar todos los pedazos.

"¡Alice, Rose!" Edward ladró, entrando por la puerta trasera.

"¿Sí?" Las dos respondieron.

"Empaquen tanta mierda como puedan cargar en un par de maletas. Hemos terminado con este lugar, ¿está bien?"

"Está bien," Alice dijo con un suspiro, cerrando su laptop y la mía, guardando las dos en sus maletas.

Se levantó de un salto de la mesa, siguiendo a Rose por el pasillo.

"Ni siquiera lo pienses, Bellsy," Emmett se rio de mí, levantando la vista de mi pierna. "Déjame al menos limpiarla, y entonces puedes pelear con Eddie sobre que equipaje se van a llevar."

La cabeza de Edward se giró de pronto, y sus ojos se fijaron a los míos cuando me reí. "Em, si se mueve, tacléala de vuelta al sofá. Yo voy por tu mierda, Bella."

"Maldición," me reí, mi cabeza cayendo hacia atrás al descansa brazos del sofá. "¡Es solo un corte!"

Emmett se carcajeó, empezando a decir, "Ni—" Pero Carlisle entró por la puerta principal al teléfono.

"Maldita sea, Benny, ¿vas a enviar una equipo de limpieza o no?" Gritó al teléfono. "Bueno, joder, tengo dos heridos en mi equipo, y tengo que sacarlos de una puta vez de aquí. ¡Y hay veinticinco hombres de King muertos en mi jardín!" Escuchó por solo un momento pero bufó en frustración. "¡Ellos mataron a un sheriff local en el mismo segundo en que llegaron, Cheney!" Bramó, caminando por el pasillo.

Por lo que pude decifrar, Carlisle había estacionado en la carretera principal una vez que vio el fuego de las SUV que Edward había destruido. Corrió por los bosques el resto del camino, por si acaso, y había sido brillante al hacerlo, porque si no lo hubiera visto moverse sigilosamente detrás de James, no estoy segura si Edward estaría vivo en este momento.

"¿Dónde está James?" Le susurré a Emmett, que estaba poniendo peróxido en mi pierna y limpiando el polvo y suciedad de ella.

"No preguntes… creo que Carlisle y Eddie lo tienen atado en el cobertizo."

Sabía que el bastardo seguía vivo porque mi tiro le había dado en el muslo y el de Carlisle le había dado en el pecho, pero Edward lo había noqueado con un puñetazo. Cuando Edward me cargó para llevarme adentro, Carlisle y Jasper habían sujetado a James y se lo habían llevado arrastrando.

"Creo que le estaban preguntando educadamente el paradero de un tal Riley Miller," Emmett murmuró sarcásticamente.

"James está muerto," dijo Edward sin rodeos, y no había emoción, nada en su voz que dijera que podía importarle dos mierdas.

"El único sobrino de King está muerto…" Verifiqué, mirándolo cuando se puso de cuclillas junto a mi cabeza.

"Al parecer su arteria femoral fue cortada," dijo Edward con una sonrisa de suficiencia y un encogimiento de hombros.

"Ups," murmuré, inclinándome hacia el beso risueño de Edward en mi cabeza. "Entonces, ¿no averiguaste dónde estaba Miller?" Pregunté, e incluso la cabeza de Emmett se levantó de golpe de dónde la tenía envolviendo mi pierna.

"Lo único que dijo fue, en todas partes," dijo Edward con un suspiro, rodando los ojos. "Un poco dramático, pero no pudimos sacar nada más de él. Sin importar lo mucho que… lo intentáramos."

Me estremecí ante la amenaza que envolvían sus palabras. Fue sin remordimientos y llena de malicia y odio. Amaba al hombre arrodillado junto a mí, pero había una parte de mí que no quería saber qué métodos había usado exactamente a fin de conseguir la información, porque Edward estaba determinado a librar a la tierra de Riley Miller.

"Probablemente fue mejor así, Bellsy," dijo Emmett con un bufido. "Si James en realidad te hubiera puesto las manos encima, Edward no hubiera sido tan… amable."

Hice una mueca, pero una mirada al rostro de Edward me dijo que Emmett no solo tenía razón, por decir lo menos; eso no me detuvo de extender mi mano hacia el pequeño corte en su cabeza donde James lo había golpeado con su pistola.

"Eso es muy cierto," dijo Edward bajo su aliento, levantando su mano para meter mi cabello detrás de mi oreja. "Y estoy bien, bebé," susurró, alejando mi mano de su frente y besando mis dedos.

Los dos nos volvimos cuando Mickey gritó de nuevo, y Edward se levantó para ir a revisarla.

"¿Cómo estás, niña salvaje?" Preguntó, arrodillándose junto a ella.

Esme estaba cosiendo su herida lo mejor que podía bajo las circunstancias y permaneciendo más calmada que el resto de la casa mientras maldición tras maldición salían volando de la boca de Mickey.

Edward se rio entre dientes y sacudió la cabeza cuando Mickey habló con los dientes apretados. "Ríete, niño bonito. Esto duele una putada. ¡Esme no tenía la mierda para anestesiarme, pendejo!"

Los chicos solo se rieron de ella, muy probablemente acostumbrados a su temperamento cuando estaba herida. Ella de verdad era como su hermanita, casi hasta el punto que se metían con ella.

Me incorporé en el sofá, echando mis piernas suavemente hacia el suelo. Con cuidado puse mi peso sobre ella, probando qué tanto me iba a dar problemas, pero no era tan malo. Definitivamente había tenido peores. Con cautela me dirigí a la sala, solo para toparme con un furioso Carlisle.

"¡Maldita sea!" Gruñó, viéndose como si quisiera arrojar el teléfono en su mano en lugar de guardarlo. "¡Edward!" Gritó, haciéndome saltar y casi caerme de espaldas, pero sus manos me atraparon. "Lo siento, Bella," dijo en voz baja, apoyándome en el muro y luciendo avergonzado por hacerme cagar del susto.

"Está bien," murmuré, mirándolo. "¿Estás bien?"

"Tenemos que salir de esta casa," dijo, mirando más allá de mí, hacia Edward que corrió cuando su padre lo llamó. "Tenemos que limpiarlo nosotros mismos. Benny está… ocupado." Dijo con desdén la última palabra, y me pregunté qué carajos más podría estar pasando.

"Está bien," refunfuñó Edward, rodando sus ojos, pero me atrajo hacia él. "¿A dónde ibas?" Me preguntó, dándome un ligero apretón.

"Por mis cosas, Edward," le dije, encogiéndome de hombros. "Estoy bien para caminar."

Asintió, pero volvió su atención de nuevo a Carlisle. "¿A Alaska?"

"Kate te está esperando."

"¿Qué quieres decir con, te está esperando? ¿Tú no vienes?" Edward gruñó, pasando la mano por su cabello.

"No puedo," respondió su padre, negando con la cabeza. "Twilight es un puñetero desastre…" Se volvió hacia mí. "Tenías razón, Bells. Savage pasó de milagro el proceso de selección de Charlie. Ha estado monitoreando cada llamada que ustedes hacen. Y Billy… bueno, quiero hablar con Alice antes de que hablemos sobre él."

"Entonces, es bueno que no hemos estado usando nuestros teléfonos," añadí, mirándolo. "¿Cómo… ¿Por qué viniste? Y no es que me queje…" Mi voz se apagó, tratando de no pensar la vista del arma presionando en la parte de atrás de la cabeza de Edward.

Carlisle gimió, metiendo las manos en sus bolsillos delanteros. "Cuando me enviaste el mensaje sobre Savage, también le enviaste una solicitud a Benny."

"Sí, yo lo hice," dijo Alice, sacando su cabeza de la última habitación. "Le pedí que vigilara el sitio web de propiedades de todo el estado. Podría haberla hackeado, pero pensé que la estaría vigilando de todos modos en busca de accesos deletreando cualquiera de los apellidos de tu familia."

"Bueno, lo estaba," declaró Carlisle, pero pausó por un momento para mirar a Edward. Dio un profundo suspiro antes de continuar. "Tuvieron que mover a Charlie otra vez…"

"No," dije entre mi aliento, apoyándome en la pared al mismo tiempo que el pulgar de Edward hacía reconfortantes círculos sobre mi cuello, tratando de mantenerme calmada. "Dime que está bien…. ¡Dímelo!"

"Lo maltrataron un poco, pero está bien." Carlisle hizo una mueca, sacudiendo la cabeza con tristeza. "Benny dice que casi no llegan a tiempo porque fue un coche bomba. Cómo lo encontraron, no lo entiendo. El Fiscal de Distrito está acelerando la fecha para ir a la corte, pero por supuesto, los abogados de King están en contra. Creo que esperan que si se toman el tiempo necesario, finalmente llegarán a tu padre... o a ti," dijo de forma funesta.

"Eso no sucederá," dijo Edward con desdén, mirando a su padre.

"Hoy estuviste malditamente cerca de perderla," Carlisle replicó, señalándolo con un dedo. "¿Qué demonios salió mal?"

"Nada salió mal," respondió Edward gritando. "Un puto policía local estaba haciendo preguntas de puerta en puerta. Los pendejos entraron siguiéndolo…"

Carlisle hizo una mueca pero asintió aceptando la explicación de Edward. "Sí, eso es lo que más o menos esperaba Benny. Cuando a ustedes dos los vieron en la tienda, Benny fue notificado de inmediato. El hombre que tienen infiltrado envió un mensaje diciendo que Miller quiere que te encuentren, y nos hizo saber en el momento que se dirigían hacia acá. Una vez que llegaron al área, probablemente escucharon la radio de la policía. Demonios, incluso mandaron un grupo a Disney…"

Sonreí pero miré a Edward. "Espero que no hayamos matado a un fed…"

"No lo hicieron," dijo Carlisle con un resoplido, colocando una mano en mi hombro. "Pero tenemos que sacarte de aquí antes de que Miller se dé cuenta que ha perdido todo un chingo de hombres." Se volvió hacia Edward. "Quémala."

Vi como un toque de tristeza infantil cruzó rápidamente por el rostro de Edward ante esa palabra, e hizo una mueca, tragando grueso, pero asintió titubeante en obediencia. Mi corazón se rompió por él porque esta era una casa en la que tenía recuerdos de su madre. Fue un niño aquí una vez, y al mirar alrededor, casi podía ver al niño que había conocido hacía tanto tiempo, corriendo por todos lados con una sonrisa radiante en su rostro, vestido con solo su traje de baño. Prácticamente podía verlo corriendo hacia una hermosa mujer con el mismo color de pelo y ojos que él, haciéndola reír porque era imposible el no amarlo.

"¿No hay otra forma?" Pregunté, mirando a Carlisle. "¿No hay algo más que pudiera hacerse? ¿Tiene que quemarse?"

Mis rápidas preguntas parecieron sorprender a Carlisle por un momento, pero negó. "No, Bells. Si hago que los federales vengan a limpiar, entonces, podría ser posible salvar la casa, pero como estás aquí, tus huellas están por todas partes. Hay veinticinco hombres allá afuera, todos conectados con King. Sin mencionar las armas ilegales guardadas en esta propiedad, una de las cuales fue usada para destruir tres de las cuatro SUV," terminó de decir, dándole a Edward una ceja arqueada.

"Bueno, simplemente me parece un… desperdicio. ¿Por qué solo quemarla? Todo lo que está aquí arderá. No lo entiendo," suspiré, frunciéndole el ceño. Le di a Edward una mirada de soslayo. "Voy por mis cosas. Necesito cambiarme de ropa de todos modos," murmuré, alejándome de ambos.

No le presté atención a ninguno de ellos hasta que Alice soltó, "¿Sabes qué, Carlisle? Hay un acantilado a unos seis punto dos kilómetros al oeste. Podríamos remolcar todos sus traseros hasta allí y dejarlos caer. Y nosotros ya antes hemos limpiado una casa. Podemos deshacernos de todas las huellas en este lugar." Hizo un gesto con la mano señalándonos a nosotras dos, asintiendo frenéticamente.

"¿Y el sheriff?" Carlisle respondió.

"Estaba en persecución," dijo ella. "Estoy casi segura que alguien podría llamar por su radio, actuar como él reportándose. Un movimiento por aquí, otro por allá… y una gran explosión…"

Me reí de ella, porque a pesar de que la conocía desde siempre, todavía me sorprendía—y me asustaba, para ser honestos. Me volví hacia el final del pasillo, donde Carlisle lo estaba considerando seriamente, pero fue el rostro esperanzado de Edward—un rostro esperanzado como el de un niño—mirando a su padre, el que hizo tambalear mi corazón.

"Rose," la llamé, confiando en Dios que pudiéramos sacar adelante esto porque, por alguna razón, simplemente no podía permitir que un pedazo de la historia de Edward se consumiera. Me dolía pensar en la pérdida de mi propia madre, así que entendía su dolor.

"¿Sí, Bells?" Mi mejor amiga preguntó, saliendo de la recámara más cercana.

"Tenemos que limpiar toda la casa. Ninguna superficie que probablemente alguien haya tocado se puede pasar por alto…"

"Claro. ¡Mack! Tenemos trabajo que hacer. Termina tú de empacar," gritó Rose por el pasillo.

"¡Bien!" Oímos desde la habitación trasera.

Las tres no quedamos mirándolo, esperando su decisión, porque a pesar de la expresión inocente de Rose, la conozco demasiado bien para saber que había estado escuchando.

Carlisle encontró mi mirada y luego se volvió hacia su hijo. Justo entonces, vi que lo entendió. Vio la expresión de Edward, y supo que lo superábamos en número.

"Hazlo," le dijo. "Pon a todos en sus respectivos coches. Usa el Jeep de Emmett, la camioneta del sheriff, y esa SUV que queda, y remolca los vehículos arruinados a este… este puto acantilando del que hablan," dijo haciendo un gesto con su mano. Dándose la vuelta hacia nosotros, señaló con su dedo. "Será mejor que limpies todas las superficies, y lo digo en serio. Bella, tu vida depende de ello porque si alguien revisa esta casa y encuentra algo, hará sonar todo tipo de alarmas."

"Sí, señor," le dije con un gesto de mi cabeza, volviéndome hacia mis chicas. "Necesito cambiarme de ropa," les dije, haciendo un ademán hacia mis arruinados jeans. "Las alcanzaré en un rato, ¿está bien?"

"Claro, claro, claro," Alice coreó, con una sonrisa y un guiño oculto. "¡Necesitamos que todos salgan de la maldita casa!" Grito con una risita. "¡Así que, empaquen su mierda y salgan a los coches!"

Solté un resoplido, cerrando la puerta de la habitación que había estado compartiendo con Edward por casi un mes. En realidad, estaba triste por dejarla, pero al menos no íbamos a quemar la maldita cosa. Tiré de mis maletas para sacarlas de debajo de la cama, arrojándolas sobre el colchón, y luego saqué unos jeans limpios. Después de entrar al baño para recoger mi cepillo de dientes y champú, entré otra vez a la habitación para ver a Edward apoyado en la puerta.

"¿Necesitas que empaque por ti ya que vas a—" Empecé a decir, pero solo sacudió su cabeza, apartándose de la puerta.

Su rostro era ilegible, casi sombrío mientras caminaba hacia mí. Sus puños apretados, al igual que su mandíbula. Su pequeño corte en la frente solo lo hacía aún más intimidante en el momento, así que empecé a echarme hacia atrás hasta que mi espalda topó con la puerta del armario.

"Edward, detente," dije en voz baja, mirándolo.

"¿Por qué hiciste eso?" Preguntó, su voz apenas audible mientras se acercaba hasta que prácticamente me presionó contra la puerta.

"¿Hacer qué?"

"La casa, Bella. ¿Por qué?"

Le fruncí el ceño, sin entender su estado de ánimo, en lo absoluto. "Sé lo que es perder algo que le perteneció a tu madre, Edward. Y lo dije en serio. Es un desperdicio quemarla," le dije, tratando de esquivarlo, pero uno de sus fuertes brazos salió disparado hacia la puerta del armario con un fuerte ruido, bloqueando mi camino. "Edward, me estás asustando," susurré, apartando la mirada de él.

Levantó su otra mano para acariciar mi mejilla. "No es mi intención, bebé. Yo s-solo…" Suspiró pesadamente, pegando su frente a la mía. "¿Q-Qué p-perdiste tú?"

"La recámara de mi madre," le dije, relajándome con su caricia, porque a pesar de su actitud actual, su toque era dulce, suave y necesario. "Ella… ella murió en casa," murmuré, cerrando los ojos ante el recuerdo. "Fue como si al segundo que ella murió, Charlie convirtiera la habitación en su cuarto de trabajo porque estaba conectado con su oficina. Empezó a guardar nuevos inventos y otra mierda allí," gruñí con los dientes apretados, mis manos en puños. "¡Yo… yo acostumbraba ver películas con mi mamá allí!" Siseé, mirándolo furiosa. "Así que… sí, mantén este lugar por tanto tiempo como puedas, Edward."

De pronto, sus manos estaban en mi cabello, y su cuerpo me presionó de lleno contra la puerta. Inclinó su cabeza, rozando su boca en la mía una, dos, tres veces antes de deslizar su lengua por mi labio inferior, finalmente metiéndola en mi boca. Gemí en respuesta porque no pude evitarlo. Él podía ser tan intenso, pero joder, si no era sexy como el infierno.

Entre cada pasada caliente y húmeda de su lengua y de sus labios, un sonido que nunca había escuchado de él, retumbó en su pecho, vibrando contra el mío. Se escuchó casi como un sollozo o un gruñido—tal vez una mezcla de los dos—pero lo atraje hacia mí para que me diera más porque había sido un día verdaderamente aterrador.

"Edward," lloriqueé cuando al fin se apartó de mi boca para dejar un camino de intensos besos con la boca abierta por mi cuello mientras mis manos sujetaban sus bíceps.

"Siento haberte asustado," susurró contra mi piel. "Yo… yo s-solo q-quería agradecerte…"

Sonreí contra su mandíbula porque ese dulce tartamudeo me hacía sentir cosas extrañas y él podía ser tan jodidamente complicado a veces. "Puedes agradecerme así cuando quieras—solo no tan…. al estilo predador…"

Se rio entre dientes, enterrando finalmente su rostro en mi cuello y rodeando por completo con sus brazos. "Joder, te amo tanto," murmuró contra mi cuello.

"También te amo," le dije, tomando ambos lados de su rostro en mis manos y atrayéndolo de vuelta a mí. "Tenemos que empezar a movernos, Edward."

Respiró hondo y asintió, su rostro casi avergonzado. Su nariz arrugándose de forma adorable mientras decía, "De verdad siento haberte asustado, pero cuando él dijo que la quemara…"

Asentí, interrumpiéndolo. "Lo sé. Ve… vamos a terminar con esta mierda."

Colocó un último beso en mis labios y se echó hacia atrás para mirarme. "¿Está bien tu pierna, bebé?" Preguntó en voz baja.

"Sí, estoy bien," le dije, y los dos dimos un respingo cuando el vozarrón de Carlisle hizo eco en el pasillo.

"Edward, al frente. ¡Ahora, hijo! ¡Tenemos que empezar a movernos!"

Le sonreí a un hijo sonriendo y con los ojos en blanco, pero lo giré hacia la puerta. "Apúrate, Edward. Tenemos que terminar antes de que la gente empiece a llegar buscando a estos pendejos."

"Tienes razón," dijo con un suspiro, asintiendo, pero luego deteniéndose en la puerta. "Gracias de nuevo, Bella."

Antes de que pudiera decir algo más, se había ido.

~oOo~

Una vez más, la eficiencia en la que trabajaban juntos nuestros dos equipos, era asombrosa. Rose, Alice, Mack y yo cerramos la casa en el momento en que todos tuvieron sus cosas empacadas y echadas afuera. Con guantes de goma que Esme nos proporcionó, cada una de nosotras tomó una esquina de la casa, abriéndonos paso hacia la sala, y finalmente, la puerta principal. Limpiamos, cada superficie, cada manija—incluso las paredes.

En un barril grande, comenzamos una fogata para quemar ropa que no servía y basura porque podíamos dejar ninguna pizca de ADN o huella. Mientras se quemaba, limpiamos los muebles de jardín y barandillas en la terraza. Sacamos la ropa de las lavadoras y secadoras. Incluso sacamos cada plato, cada vaso, y cada olla y sartén para limpiar cualquier huella. Fue un trabajo tedioso y agotador, pero con las cuatro fue rápido.

Esme limpió el cobertizo, tomando cada arma que los hombres de King traían con ellos y cerrando el almacén que estaba debajo. Mickey le ayudó porque no podía cargar los cuerpos y ponerlos de nuevo en las camionetas para ayudar a los chicos.

Los cuatro hombres se rompieron el trasero trabajando, arrastrando los cuerpos a los coches y poniéndolos, sujetos con cinturón de seguridad, dentro de los coches en los que habían llegado. Emmett enganchó cables y cuerdas de remolque del Jeep a la camioneta del sheriff, y de la SUV que quedaba de la mafia los tres vehículos quemados a fin de remolcarlos por el camino hacia la sinuosa curva y el acantilado del que Alice les había hablado.

Los hombres de la mafia fueron tratados sin ningún arrepentimiento porque vinieron aquí con malas intenciones; nos hubieran matado sin pensárselo dos veces.

El sheriff, sin embargo, fue tratado con un poco más de cuidado, con un poco más de gentileza, porque todo lo que había estado haciendo era su trabajo. Y mientras me encaminaba hacia la sala, vi a cuatro militares cambiar de solo "limpiar", a usar expresiones solemnes y reverentes mientras colocaban al hombre joven que solo había estado buscándome, solo queriendo hacer lo correcto, en el asiento del pasajero de su camioneta. Casi esperaba que le hicieran un saludo; en lugar de eso, todos pusieron su mano extendida en la parte superior de la cabina de la camioneta antes de meterse a sus coches y salir a toda prisa por el camino de entrada.

Emmett conducía su Jeep con Carlisle en el lado del pasajero, Jasper conducía la SUV y Edward se puso al volante de la camioneta del sheriff. El sol se estaba poniendo cuando salían del camino de entrada.

Mis chicas y yo estábamos tan cansadas para entonces que nos sentamos en los escalones del frente a esperar. Casi estoy segura que me quede dormida con mi cabeza recostada en el hombro de Rose en algún momento, pero me desperté de golpe cuando Mack dio un grito ahogado.

"Bueno, parece que lo hicieron," soltó un resoplido, mirando al oeste, donde una enorme bola de fuego color naranja creció en el aire.

"Espero que hayan llamado por la radio del sheriff," murmuró Alice, luchando contra un bostezo y perdiendo.

"Edward iba a llamar," dijo Esme con un profundo suspiro.

Cerré mis ojos otra vez con un bostezo propio y esperé que los chicos regresaran. No pasó mucho tiempo hasta que la alarma de la entrada pitó desde dentro de la casa, indicando que alguien se acercaba. No sentí deseos de mirar hasta que el familiar rugido de un motor llegó a mis oídos.

Mis ojos se abrieron de golpe cuando Rose soltó un bufido, "¡Vaya! ¿Cómo demonios crees que consiguió eso?"

Poniéndome de pie con rapidez, mi boca se abrió al ver algo más que el Jeep de Emmett subiendo rápidamente por el camino de entrada; le seguía una visión en la que pensé que nunca volvería a poner mis ojos.

Mi Mustang.

Pasé volando junto a Emmett, Jasper y Edward, todos sonriendo cuando Carlisle salió elegantemente de mi coche.

"¿Cómo carajos lo conseguiste?" Dije entusiasmada, agarrando las llaves de su mano.

Carlisle sonrió, quitándose de mi camino mientras me metía a mi coche. Todo seguía allí.

"Supongo que debería alegrarme que pusieras el título de propiedad a nombre de Gravity, y no al tuyo," se río entre dientes. "Benny pudo hacer que me lo entregaran porque, bueno… técnicamente soy el dueño de Gravity…"

"¡Oh mi Dios! Podría darte un maldito beso," gruñí, abriendo el maletero simplemente para asegurarme que todas mis pertenencias seguían allí, feliz de ver que así era.

"Bueno, se conduce como un sueño," se echó a reír. "Me trajo aquí una hora antes de lo que esperaba."

"¡Eso es porque ella es lo máximo!" Me reí, corriendo hacia él y plantándole un beso en la mejilla.

Mi coche era mi posesión más preciada. Era un Mustang Shelby nuevecito, color plata, con dos brillantes rayas de carreras en color azul que iban de parachoques a parachoques. Tenía unas llantas de aleación impresionantes y un fuerte motor de mierda, y la amaba con locura. Carlisle había estado en lo cierto—lo había puesto a nombre de la compañía, no al mío, porque cuando Jake y yo nos habíamos separado, no quería que me la quitara, y me había amenazado con hacerlo después de que había colgado la foto de él y Lauren en el vestíbulo de Twilight Tech. Así que, cuando cambié mi número de teléfono, me cambié de casa, y dejé de hablar con él y mi padre, había cambiado el título del coche al mismo tiempo.

Carlisle se rio, apretando mi hombro. "Y pensé que mi hijo tenía una adicción a los coches potentes," susurró, señalando con su barbilla hacia un Edward que prácticamente babeaba, y le daba un juego de llaves a su padre.

"Joder, yo me voy con ella," gruñó, mirando de arriba abajo mi coche como un león que acecha a una gacela.

"Ah, y la pobre, pobre Dogde la abandonan en el camino…" Carlisle se ríe pero asiente, volviéndose hacia todos los demás. "Vamos a cargar y a ponernos en camino."

Íbamos a viajar en pares, y los pares eran justo lo que esperaba. Emmett y Rose llevaban el Jeep, Jasper y Alice iban en su camioneta, Mickey y Makenna iban a viajar en el BMW de Carlisle—el que Esme había estado conduciendo desde la primera vez que se había ocultado con nosotros—y conduciéndonos a la salida estaban Carlisle y Esme en la Dogde Challenger de Edward.

Edward y yo nos quedamos esperando pacientemente a que todos cargaran sus cosas, pero podía verlo mirando la palanca de cambios, el volante, y el salpicadero mientras arrancaba mi coche.

"Sí, estoy segura que la conducirás antes de que acabe este viaje," bromeé con él.

Se echó a reír, acercándose para besarme suavemente. "Bien, porque ella es hermosa… y el coche tampoco está tan mal," ronroneó en mi oído, chupando suavemente el lóbulo de mi oreja y mordiéndolo cuando estallé en carcajadas.

Coches arrancaron y motores aceleraron, y los dos miramos la casa una vez más.

"¿Cuándo estuviste aquí con ella la última vez?" Pregunté en voz baja, viendo sus ojos admirar la casa como si nunca la vería de nuevo.

"La última vez que terminó con la quimioterapia," dijo, pero su voz era suave, reflexiva. "Tenía… doce años. Fue la primavera antes de conocerte… justo antes de que muriera," susurró, su ceño frunciéndose. "Vendimos la casa de California, pero él se quedó con esta…"

Finalmente se volvió de nuevo hacia mí, sus ojos muy verdes y con un toque de tristeza cuando levanté mi mano para tomar su rostro.

"¿Me contarás de ella?" Pregunté, acariciando su pómulo con mi pulgar.

"Es un largo viaje hacia Alaska, Bella." Sonaba casi incómodo. "Seguro que hablaremos de muchas cosas," dijo evasivo, levantando la vista cuando la camioneta de Jasper se alejó.

"Lo sé, pero ella parece importante…"

"Lo era."

"Lo sigue siendo. Nunca olvides eso," repliqué, asegurándome de que me miraba. "Nuestras madres nos hacen quienes somos, Edward—sea que ya no estén o no."

Dio un profundo respiro. "Intercambiaremos historias…"

Sonreí. "Está bien."

"Bien," se rio, besando mis labios una vez más. "Conduce, amor. Quiero ver que puedes hacer con esta cosa…"

Solté unas risitas, metiendo primera y patinando al salir por el camino de entrada para alcanzar al resto de nuestra caravana. "Tú lo pediste, cariño… tú lo pediste. Siguiente parada… Alaska."


Pues nos vamos a Alaska! Misión cumplida, al menos esta parte, un buen grupo de los hombres de King ha sido eliminado, incluyendo a su sobrino y heredero James, mmmm. ¿Cómo creen que reciba King esa noticia? Y Miller, una vez más Isabella se le escapa de las manos, tal vez piense que será mejor que el mismo se encargue, ¿qué creen ustedes? El peligro sigue y Charlie todavía no ha testificado, además de que ya lo han tenido que mover dos veces de casa de seguridad, que más habrá planeado para ellos. Espero que hayan disfrutado del capi y como siempre, gracias por sus alertas y favoritos, y recuerden también dejar su review para dejar sus comentarios y teorías de la historia. Saludos y nos leemos la próxima semana ;)