Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes son propiedad de Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.
Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.
Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.
CAPÍTULO 15
EDWARD
"Despierta, dormilona," le susurré a Bella en el oído, colocando un largo beso justo debajo.
"No," refunfuñó pero levantó la mano para entrelazar sus dedos en mi pelo. "No quiero."
Sonreí, enterrando mi cara en su cuello dulce aroma porque no habían pasado dos horas después de que dejamos la cabaña antes de que admitiera que estaba demasiado cansada para conducir. No es que pudiera culparla ya que las últimas cuarenta y ocho horas habían sido realmente duras, con muy pocas horas de sueño para todos.
Tampoco me estaba quejando, porque su coche era una máquina excelente y un chingo de diversión el conducirlo. Casi era tan malditamente sexy como lo era ella, y eso era mucho que decir.
"¿Dónde estamos?" Preguntó, sin levantar la vista o abrir los ojos, pero acariciándome con su nariz al acercarse a mi rostro.
"En el ferri, amor," susurré. "Y odio admitirlo, pero vas a tener que tomar el volante por un rato. ¿Puedes despertar lo suficiente para eso?"
Gimió, moviéndose en su asiento, abriendo finalmente esos hermosos ojos marrones para mirarme. "Cómpreme una taza de café, señor Cullen, y entonces hablaremos."
Me reí entre dientes y asentí. "Sí, señora. Aunque debes saber que una vez que lleguemos a la frontera canadiense, Carlisle quiere detenerse para cenar y una reunión. No va a recorrer todo el camino con nosotros pero primero quiere asegurarse de que pasemos el punto de control."
"Bien," dijo con un bostezo, estirándose de forma adorable y abriendo su puerta.
Se reunió con todos los demás, el viento hacía volar su cabello hacia atrás, y tuve que luchar contra el impulso de volver a meterla al coche y hacerle lo que sea que ella me permitiera hacer. Había requerido toda la fuerza que poseo el no hacerle el amor apasionadamente cuando le hizo frente a mi padre por la cabaña de mi madre. Todo en mí. Sabía que la había asustado con mis acciones, pero si la hubiera besado, tocado de la forma en que quería hacerlo, de verdad la hubiera asustado y muy probablemente arruinado los límites en los que habíamos trabajado tanto por cruzar.
Sin embargo, Bella lo comprendió. Lo entendió cuando éramos solo unos niños, y todavía lo entendía. Simplemente lidió con ello de una forma diferente a como yo lo hice. Ella disfrutaba de los recuerdos divertidos con su madre, pero para mí, los recuerdos divertidos eran difíciles porque mi padre había estado en el servicio, éramos solo mi madre y yo. Mayormente había sido todo lo que tenía al crecer, y perderla me había destrozado.
Respiré profundamente el aire fresco del mar para aclarar mi mente. Bella había dicho que quería escuchar sobre mi madre, pero hasta ahora no habíamos dicho mucho en el viaje. No me negaba a contarle algo porque Bella nunca me había hecho sentir incómodo, pero estaba nervioso por las emociones que el hablar de mi madre provocarían en mí.
Vi como todas las mujeres se fueron juntas hacia los baños, y yo me dirigí al interior para conseguir el café que quería.
"Hey, cariño," una voz rasposa se rio entre dientes, haciendo girar mi cabeza de donde Bella había desaparecido al dar la vuelta a la esquina para mirar a una mujer que tenía que estar en sus cincuenta y tantos. "¿En qué puedo ayudarte?" Preguntó, dándome una enorme sonrisa con un brillo en sus ojos.
"Dos cafés, por favor… con crema y azúcar," pedí, arrojando un billete sobre el mostrador y reanudando mi vigilancia constante mirando por la ventana.
Bella y Rose regresaron, todas risas y carcajadas, y no pude evitar sonreírme con ellas porque eran un grupo de chicas muy unido—las cuatro, de verdad unidas. Era como si supieran lo que la otra estaba pensando, por lo que la otra estaba pasando. De nuevo, mis pensamientos regresaron a esas mismas chicas enfrentando a mi padre, para detenerlo de quemar la cabaña de mi madre.
"Está listo tu pedido, cariño," la mujer dijo detrás de mí, deslizando dos vasos de papel hacia mí. "Linda chica," comentó en voz baja.
Sonreí, miré en dirección a Bella charlando con "sus chicas" y luego de vuelta a la mujer detrás del mostrador. "Sí," dije, probablemente con la sonrisa más ridícula que jamás había usado.
Se rio. "Que tengas un buen día, chico enamorado."
"Gracias," me reí con un resoplido, rodando los ojos por mi comportamiento, pero no podía evitarlo.
Salí por la puerta del mostrador de la concesión del ferri y miré alrededor por un largo rato. Algo me estaba haciendo sentir nervioso, y no podía identificar qué era. Directamente enfrente de mí, las chicas—las que ahora incluían a Mickey—todas estaban riendo alrededor del coche de Bella mientras ella sacaba una sudadera del maletero. A mi derecha, mi padre y Esme estaban hablando en voz baja mientras se apoyaban en el barandal del ferri. Emmett y Jasper se dirigían hacia mí, pero obviamente habían percibido la misma sensación que yo.
"Algo no está bien, Ed," susurró Jasper, con el ceño fruncido mientras inspeccionaba el ferri como yo. "Siento como si estuviéramos siendo vigilados o alguna mierda…"
"No me digas," gruñí.
"Mierda, mierda, mierda," Emmett dijo entre su aliento, pero no estaba mirando hacia nosotros.
"Suenas como Alice," me reí, volviéndome para mirarlo, pero lo que estaba fulminando con la mirada hizo que mi corazón se detuviera.
"Joder," espeté, mirando fijamente a un dibujo que representaba mi puta cara.
Había un anuncio de personas desaparecidas a un costado del puesto de comida—uno de Bella, y uno de mí. Declaraban que nos querían para ser interrogados. Y si la mujer que había preparado mis cafés podía notar a Bella, alguien más podía hacerlo también.
"Maldita sea," gruñí, alejándome de Emmett y Jasper y dirigiéndome hacia Bella, cuya conversación terminó de forma abrupta cuando vio mi rostro.
"¿Edward, qué pasa?" Preguntó, tirando de mi sudadera.
"Tenemos que ocultar nuestros rostros, Bella," le dije, llevando mi mano a la parte de atrás de su sudadera y tirando de la capucha para subirla sobre su cabeza. "Hay un anuncio con nuestros rostros en la pared que está por allá."
"Mierda," dijo en voz baja, metiendo la mano de nuevo en el maletero del coche y sacando un gorra de béisbol. "Toma," dijo, entregándomela y me la puse hacía atrás.
"Ven," dijo Rose, tomando la mano de Bella. "Te ocultaremos entre todos, aunque podrías simplemente sentarte en el coche."
"Necesito despertar de una puta vez," espetó Bella malhumorada, lo que solo nos hizo reír a todos.
Le entregué rápidamente el vaso de café que le había conseguido.
"Gracias," refunfuñó.
"Entonces, por aquí, encanto…" Se rio Rose, rodándole los ojos.
En la parte trasera del barco, había unas cuantas bancas frente al barandal y una en la esquina. Estaban en un lugar apartado, y al parecer allí es dónde nos dirigíamos. Colocándonos a Bella y a mí en la esquina, todos los demás se sentaron alrededor de nosotros, solo para bloquear la vista de alguien más.
"Siempre es algo," dijo Bella con un suspiro, conteniendo su sonrisa pero mirando hacia el agua.
"No jodas," murmuré, tomando un sorbo de mi café.
Me senté a horcajadas en la banca, y Bella se sentó frente a mí, con su rostro hacia el agua, dando la espalda a todos los demás. Estuvimos en un confortable silencio por unos minutos, mientras nuestros amigos charlaban amigablemente a nuestro alrededor. Vi que Bella cerró sus ojos y respiró profundamente el aire del mar, recordándome los muchos viajes con mi madre porque a dónde íbamos era un lugar al que había estado yendo desde que era un bebé.
"Mi madre amaba este ferri," dije en voz baja, bajando la vista hacia la ola que dejaba el bote en el agua. "Le gustaba el aire del mar."
Sentí los ojos de Bella en mí. "A mi mamá también. Una vez juró que iba a hacer que Charlie se mudara a Florida," soltó una risita, sacudiendo su cabeza.
Sonreí y asentí. "Sí, la mía no tenía quejas de vivir en California."
Bella se estremeció, y abrí mis brazos. Se acurrucó en mi pecho, permitiéndome envolverla con mi chaqueta y mis brazos.
"Bebe el café, bebé," susurré, dejando un beso en su frente mientras hacía un ligero gesto con su cabeza.
"No estoy seguro de que me hubiera gustado Florida," reflexionó en voz alta, "pero iría… solo para tenerla de vuelta solo un día…"
Fruncí el ceño, apretándola más cerca, porque conocía esa sensación íntimamente. "Sí… solo una conversación más."
"Exactamente," dijo con un suspiro, pegando su frente en mi cuello.
Nos quedamos de nuevo en silencio por un minuto antes de que soltara una pregunta de la que me arrepentiría casi al instante. "¿Qué le preguntarías?"
Soltó un bufido, y se escuchó amargo y cruel. "Cómo pudo ser tan cruel y dejarme. Cómo fue que lo que mi padre le hizo fue más importante que el futuro de su hija. ¡Tenía ocho malditos años! ¿No pensó en que la necesitaría?"
Hice una mueca, girando su rostro para que me mirara. "No lo sé… Siento haber hecho esa pregunta."
"No te disculpes. Me enteré después—recientemente, de hecho—que Charlie la engañó. Debió haberla destrozado. Él lo era… todo para ella."
"No todo, Bella," repliqué, negando con la cabeza, pensando que no sabía que era lo peor—que me quitarán a mi madre demasiado pronto porque estaba enferma y estaba fuera de su control, o la madre de Bella quitándose la vida porque estaba demasiado triste para enfrentar la realidad.
Las dos cosas eran una mierda, si me preguntan.
"Tu padre es un jodido idiota, Bella," gruñí, rodando los ojos por su risita. "Lo es. Es un tonto por muchas, muchas razones."
"Era un hombre privilegiado, Edward. Era un hombre con mucho dinero, mucho poder, y todo eso se le subió a la cabeza. No estoy segura si Carlisle hizo que mantuviera los pies en la tierra, para ser honestos. No me quiero imaginar cómo hubiera sido si ustedes no se hubieran mudado más cerca." Se encoge de hombros. "Tenía doce años y vi el cambio. Escuché llamadas por teléfono, conforme crecía, en raras ocasiones me topé con tu padre en la oficina. Siempre estaba reprendiendo a Charlie por una cosa u otra," se rio entre dientes.
Sonreí, deseando ahora no haber ido a la escuela militar, que hubiéramos podido crecer juntos. "Mi madre solía decir que ella era la brújula moral de mi padre. ¡Tal vez finalmente asimiló todo ello!"
Bella se echó a reír y asintió. "Tal vez, siempre podía decir cuando Carlisle había estado de visita porque Charlie llegaba a casa y trataba de pasar tiempo conmigo. Pero Jane y yo teníamos una rutina, ¿sabes? Aun así, ella hacía todo lo que podía para incorporarlo en nuestras noches de películas o nuestros proyectos de tareas."
"¿Siempre supiste que mi padre era tu padrino?"
"Mmmm," dijo asintiendo con su cabeza y una sonrisa. "Sí, definitivamente. ¿Sabías que Charlie era el tuyo?"
"¡No!" Me eché a reír. "Hubiera sido bueno tener esa información."
"Bueno, Charlie lo mencionó una vez," me dijo. "Supongo que la última vez que Carlisle se fue al extranjero o algo así. Tal vez sabía que tu mamá estaba enferma. Fue antes de que te conociera, obviamente, pero estaba preocupado."
"Ed," siseó Jasper, y cuando me di la vuelta para mirarlo, sus ojos se movieron rápidamente hacia un tipo de seguridad haciendo su ronda. "Sería mejor si ocultaran sus rostros."
Sentí dedos en mi mandíbula volviendo mi cabeza de nuevo hacia el rostro divertido de Bella. "Dame un beso," dijo con una sonrisa tonta y una risita.
"¿Ahora?" Me eché a reír, pero maldita sea si no lo deseaba, gracias a esa pequeña sonrisa que estaba usando. Aunque, no me gustaban mucho las demostraciones públicas de afecto.
"Mi capucha nos ocultará, tontito…"
Iba a hacerlo porque vi esa lengua suya deslizarse por su labio inferior lentamente, y de pronto, nuestra audiencia no importaba. En las últimas semanas, todos se habían acostumbrado a ello de todos modos. Había un tipo de regla tácita que si ellos no decían nada de mí y Bella, no diríamos nada sobre Jasper y Alice o Emmett y Rose. Y había mucho qué podríamos decir.
El problema no era besarla o escondernos del guardia—era controlarnos, lo que se estaba convirtiendo en algo cada vez más difícil para mí. Una probadita de ella, un dulce lloriqueo empujando mi mejilla, y joder, la quería. Solo me bastaba con una caricia de su mano en mi rostro— o en este caso, un tirón a mi camiseta, acercándome a ella—una caricia de su lengua contra la mía, y estaba luchando contra cada deseo que tenía. Nunca he amado a alguien de la forma en que amaba a esta mujer, y luchaba contra el impulso de demostrárselo de todas las formas. Es todo lo que podía hacer para respetar sus límites, pero joder, nunca la lastimaría, y eso era siempre lo que me detenía.
Casi no escuché los silbidos detrás de nosotros, apenas registré cuando dijeron que todo estaba despejado, porque mi mano había encontrado el borde de la piel de su estómago. La oí dar un gemido profundo, pero no me aparté. Ya habíamos estado ahí antes y conquistado ese puñetero miedo, así que la tocaba allí tan seguido como ella me lo permitía. Ahora mi toque era lo único que quería que sintiera, aunque todavía teníamos algunos miedos que encarar.
Nuestros amigos se estaban partiendo de la puta risa cuando mi padre se acercó a nosotros.
"Es hora de cargar, chicos. Ya estamos atracando." Se rio entre dientes, y yo me aparté de Bella, lamiendo mis labios.
"Te amo," susurró, mordiendo su labio inferior.
"Mmmm, me atrapaste," dije con una risita, besando su nariz antes de ayudarla a levantarse de la banca. "Solía ser el tipo rudo. Solía tener una reputación que mantener."
"Los tipos rudos también pueden besar bien, Edward," bromeó, mirándome por la esquina de su ojo. "Y ser un cretino no es una reputación, es un defecto de pers…"
Me eché a reír, empujándola para que siguiera a mi padre. Ignorando la última parte de su mofa verbal, decidí centrarme en la primera parte. "¿Crees que beso bien?"
"¿En serio, Edward?" Se echó a reír, mirándome y deteniéndose junto a su coche. "Alguna vez había sido eso una preocupación antes de este momento… ¿justo aquí?" Preguntó, golpeando con su dedo el techo del coche.
"No." Y me reí descaradamente porque ella podía provocarme tanto como yo a ella.
"¡Entonces, cállate!" Se burló, rodando los ojos por mi sonrisa descarada.
Justo antes de que entráramos a los coches, mi padre nos detuvo a todos. "Hay un restaurante justo a un lado de la carretera principal. Pasando la frontera. Nos detendremos allí. Y Alice, tienen wifi," añadió, levantándole una ceja.
Ella sonrió, asintiendo y subió a la camioneta de Jasper. Era tan bajita, que fue cómico de ver. Cuando me vio carcajeándome, me enseñó el dedo medio y me sacó la lengua.
"Vamos, labios calientes. Deja de burlarte de la chiquita de allá," se rio Bella, encendiendo su coche una vez que el ferri se detuvo por completo.
"Puedo mostrarte lo que son labios calientes, amor," ronroneé, inclinándome sobre la consola central del Mustang. "A cualquier hora… mmm-mmm… en cualquier lugar," canturreé, mirándola de arriba abajo y lamiendo mi labio inferior, solo para verla contener una sonrisa.
"Sé que puedes… pero va a ser un largo viaje a Alaska, cariño," canturreó, arrancando después de Emmett. "Un largo, largo viaje…"
~oOo~
BELLA
Me daba cuenta que el cruzar la frontera ponía a todos nerviosos, pero no tan nerviosos como Carlisle. Nos había asegurado un específico punto de entrada utilizando a Benny, pero eso no significa que alguien más no nos reconocería a Edward o a mí por los anuncios que parecían estar publicados por todas partes.
El hecho de que Carlisle también se hubiera asegurado de que fuera al amanecer cuando cruzáramos, era brillante de su parte porque el usar gafas de sol ayudaba a ocultar nuestros rostros. Pero como siempre, Ben no fallaba… Mientras se detenía a algunos coches o les hacían preguntas más profundas, a nosotros prácticamente nos hacían pasar con un gesto de su mano.
Finalmente mi respiración se estaba calmando para cuando todos nos detuvimos en el estacionamiento del restaurante alrededor de una hora después.
"Hey, Edward," susurré, apartando el cabello de su frente. "Llegamos."
Se había quedado dormido justo en el momento que habíamos pasado la frontera de Canadá y había dormido profundamente hasta que apagué el motor. Odiaba despertarlo porque se veía tan dulce, tan pacífico.
"¿Dónde?" Murmuró, su ceño frunciéndose y sus ojos entrecerrándose mientras miraba alrededor.
"Tu papá quería que nos detuviéramos, ¿recuerdas?"
"Sí," dijo con un gran bostezo, que a su vez hizo que sus ojos se aguaran y se pusieran muy, muy verdes.
"Vamos, dormilón," me reí entre dientes porque estaba empujando sus adorables límites por mí. "Te invito el postre."
"Mm," murmuró en descontento, frotando su rostro con fuerza solo para meter la mano en su cabello. "¿Ese postre puedes ser tú?" Su sexy y torcida sonrisa solo me hizo soltar unas risitas y rodar los ojos.
"Oh, Edward… las cosas que podría hacerte con solo jarabe," le insinué, guiñándole un ojo y saliendo del coche.
Me quería reír cuando casi se cae del asiento del pasajero, azotando la puerta detrás de él a fin de alcanzarme. "Bebé, espera," dijo efusivamente, pegándose a mí por detrás cuando llegué a la entrada. "¿Cómo qué?"
"Ni lo sueñes… no puedo revelar mis secretos," canturreé, abriendo la puerta del restaurante.
"T-Tú…" Balbuceó, levantándome una ceja y señalándome con su dedo. "T-Tú eres el diablo."
Sonreí por ese delicioso tartamudeo suyo, me encogí de hombros, y lo dejé con sus pensamientos mientras me reunía con todos los demás. Nos adueñamos de un salón en la parte de atrás, aislándonos del resto de los comensales. Justo antes de que me sentara, sentí unos labios calientes en mi oreja.
"Un día, Bella," advirtió, su voz ronca y sexy, pero llena de ese algo demandante que siempre llevaba en la superficie. "¿Un día? No habrá nada que nos detenga, bebé. Ningún miedo, ninguna cicatriz, nada de ropa…. nada, porque estás mejorando, ya sea que lo admitas o no. Y voy a demostrarte… secretos. Secretos que te mantendrán… mmm… mojada por días. Te tendrán rogándome que te permita correrte. Entonces… tú traerás tu jarabe… podremos trabajar con eso también."
"Dulce Jesús," dije entre mi aliento, cerrando mis ojos mientras su lengua recorría el borde de mi oreja.
Mi espalda de pronto se sintió fría porque se había ido, sacando sillas para los dos con la más asquerosa, dulce e inocente expresión en su rostro. Y enseguida sentí el impulso de golpearlo—o tomarlo encima de la mesa; no estaba segura cuál de los dos.
"Bells, ¿estás bien?" Preguntó Carlisle, su ceño fruncido mientras examinaba mi rostro—sin prestarle atención a su hijo que se estaba partiendo el trasero de la risa. "Te ves pálida."
"Estoy cansada," murmuré, cayendo en mi silla. "Necesito café… y panqueques." Gruñí la última palabra, entrecerrando mis ojos a Edward, que seguía riéndose. "Tonto," murmuré pero sonreí cuando puso su mano en mi muslo.
"¿La ha cabreado Eddie de alguna forma, señorita Bella?" Dijo Jasper arrastrando las palabras y sonriéndonos a los dos.
"¿Qué? ¿Ed? ¡No!" Emmett se rio a carcajadas, prácticamente cayéndose de la silla por la risa.
"Nada que no pueda… manejar," dije, dándole una enorme sonrisa a Edward, que abrió la boca para decir algo, pero lo detuve negando con la cabeza. "Simplemente… no lo hagas. Detente mientras todavía tengas la ventaja, Edward."
Sonriendo, asintió y cogió el menú. Su tortura hacia mí había terminado—o al menos, detenido por un momento.
Nuestro camarero nos interrumpió para ordenar, y Carlisle esperó hasta que la comida estuvo realmente frente a nosotros antes de decir por qué estábamos todos allí. "Quiero que todos estemos en la misma sintonía antes de que los deje aquí," dijo, levantando la vista y mirando a los que estábamos en la mesa. "Así que, díganme lo que saben." Suspiró, volviéndose a Makenna. "¿Cuántos rostros se han eliminado, Mack?"
Ella sonrió y dijo. "Teníamos nueve en el muro… bueno, diez con Miller, pero removimos a cinco de los grandes rostros del ejercito de King—o mejor dicho, tuvieron un desafortunado accidente en una carretera sinuosa en Trinity." Su inocente aclaración fue hilarante, pero ella continuó. "Miller sigue siendo el enemigo público número uno, junto con los Savage—los dos, Paul y Peter—Dale Young y Wes Michaels."
"Bien. Eso es de ayuda porque aparte de Miller, el resto no están tan alto en los rangos de King," dijo Carlisle con un suspiro. "La muerte de James Hamilton va a sacudir a Royce King hasta sus cimientos. Él era el único heredero que tenía ya que la esposa de King, Mary, no puede tener hijos."
"Entonces, ¿por qué Miller está dirigiendo esta mierda?" Gruñí, fulminando a Carlisle con la mirada. "¿No debería estarlo haciendo su sobrino?"
"La madre de James," dijo con un gesto de su cabeza. "Sasha Hamilton sabía lo que era su hijo de modo que lo apartó de ese estilo de vida por años. Su salud no es la única razón por la que había vuelto a trabajar."
Bufé pero lo acepté. "Bueno, esto de seguro la matará…"
Edward resopló asintiendo con la cabeza pero se volvió hacia su padre. "¿Qué pasa con Billy? ¿Te está delatando?"
"Bueno, para eso está Alice aquí," dijo, señalando hacia el final de la mesa, donde mi duendecillo estaba comiendo con una mano y tecleando con la otra, en realidad, era algo digno de verse. "¿Qué has averiguado?"
"He averiguado que, a pesar de que TT es dueña de Global Celular, Billy Black usa otra compañía para hacer todas sus llamadas," dijo con ese tono deliberado en su voz. "Y si lo hizo a propósito, entonces, sabía que sus llamadas estaban siendo monitoreadas por King—o al menos, por uno de los hombres de King." Dijo con un suspiro, girando su computadora de manera que todos pudiéramos verlo. "Ahora, inicié este programa unos días después de tu mensaje para que revisara sus hábitos de consumo," le dijo a Carlisle, que asintió despacio. "No estoy completamente segura de a qué conclusión llegar porque no solo está tomando el dinero, sino que lo está pagando de inmediato. Y no me refiero a su sueldo y sus facturas."
La nariz de Carlisle se arrugó mientras estudiaba la pantalla. "¿Todas son cuentas extranjeras?"
"Sip, sip, sip," repitió, señalando la pantalla. "A excepción de esta…"
"Solo retiros en efectivo," Carlisle musitó, frotando su labio inferior. "Y siempre el mismo día de cada mes."
"Le está pagando a alguien, ¿verdad?" Pregunté, mirando de Alice a Carlisle, los dos asintiendo solemnemente.
"Sí, ¿pero por protección o para mantenerlos callados?" Edward añadió, recostándose en su silla.
"Una vez al mes me hace pensar en protección," reflexionó Jasper encogiéndose de hombros. "Me refiero a que… si alguien quiere chantajearte, te pedirían mucho dinero… todo a la vez."
"Por lo general," Carlisle dijo con un suspiro. "¿Qué más, Alice?"
"Bueno, investigué un poco a esa pelirroja de la oficina legal," afirmó, y la cabeza de Makenna se giró.
"¿Victoria?" Gruñó, y la conocía lo suficientemente bien para saber que porque ella había sido la que me advirtió y a Edward el día que estuvimos en la oficina legal, estaba interesada en esta mujer.
Alice giró la computadora de nuevo de manera que ella pudiera leerla. "Victoria Hunter. Empleada actual de Spencer, Wyatt y Townsend como asistente legal. La llamada que hizo fue de un celular desechable, así que no tengo idea de a quién avisó que Bella y Edward estaban allí. Pero después que se retractó de su historia sobre James acechándola hace algunos años, se encontró en un lindo departamento, conduciendo un muy bonito Mercedes…" Le dio un tic en la ceja. "¿Es ella nuestro infiltrado?"
"No tengo idea," dijo Carlisle con firmeza en su voz. "Pregunté porque preferiría no tener que asesinar a un federal, pero Benny no soltó ni una simple pista del agente encubierto—ni siquiera si era un hombre o una mujer. Al parecer, la posición de la persona es incierta, y no pueden arriesgarse a que alguien lo averigüe."
"Ugh," di una arcada. "Qué caso para resolver. No solo tu vida está literalmente en las manos del más notorio jefe de la mafia desde Gotti, ¡sino que también tiene que pretender ser la otra mujer!"
Edward se rio. "Esa podrías haber sido tú si te hubieras graduado de Quántico, Bella."
"¡Ni muerta y en el infierno!" Bufé, empujándolo. "Yo no finjo."
Rose soltó una carcajada, prácticamente ahogándose con su soda. "Entonces, ¿cómo te quedaste con Jake por tanto tiempo?"
"No estaba en casa," canturreé, rodando los ojos.
La mesa entera estalló en carcajadas.
"Bien," Carlisle dijo con un resoplido, dándome a mí y a Rose una última mirada divertida antes de volverse de nuevo hacia Alice. "¿Eso es todo?"
"Hasta ahora," dijo, encogiéndose de hombros, "pero seguiré en ello."
"Buen trabajo," la elogió, enderezándose un poco en su silla. "Ahora, hasta aquí llego con ustedes chicos, pero quiero que sepan algunas cosas del lugar a dónde van."
"¿Sabe tía Kate el nivel de… importancia de lo que está a punto de dejar entrar en su casa?" Preguntó Edward, su voz tomando un tono tan serio, que toda la mesa lo miró.
"Está muy consciente, hijo," Carlisle dijo con una sonrisa de suficiencia. "Además, saqué algunos hombres del… retiro," dijo riéndose.
"¿A quién?" Gruñó Edward, fulminando con la mirada a su padre.
"Alec y Sam," murmuró.
"Oh," Edward dijo en voz baja, sus cejas altas, pero se estremeció visiblemente. "Sam es un cabrón que da miedo…"
"Es rudo, sí," se rio Carlisle. "Pero los dos se reunirán con ustedes en Alaska. Ahora… Kate."
"Si ella es parte de la familia, ¿no nos encontrarán allá?" Preguntó Alice, mirando por encima de la computadora.
"Técnicamente no es parte de la familia," Edward explicó con una risita. "Era la mejor amiga de mi madre desde que estaban en la escuela. Las dos se casaron con militares, así que se hicieron más íntimas. De manera que, cualquier conexión entre su apellido y el nuestro no existe en realidad."
"Bueno, Garrett y yo lo dispusimos así," Carlisle dijo en voz baja, tomando un sorbo de su café. "Queríamos asegurarnos de que cada familia tuviera un lugar a donde ir… tener algún lugar que fuera seguro. Y fue la razón principal por la que él los mudó a Denali para empezar."
Mientras que el equipo de Edward estaba escuchando todo esto como si supieran todo al respecto, mis chicas y yo estábamos confundidas.
"¿Y qué le pasó a Garrett?" Pregunté, sin querer realmente saberlo.
"Estaba en mi primer equipo después de que nos retiramos de la Fuerza Aérea. Era un francotirador, como Jasper," dijo Carlisle, sonriendo un poco al mismo tiempo que hacía un gesto hacia el rubio al final de la mesa. "En su última misión para mí, tuvo un ataque al corazón. Kate ni siquiera sabía que estaba enfermo. Se lo ocultó a todo el mundo, pero lo había planeado bien. Ella no necesita nada."
"En fin, ¡Kate es la mujer más genial!" Dijo Emmett entusiasmado con su sonrisa de niño grande. "¡Ella es como Katherine Hepburn, la tía Bea, y Albert Einstein en uno!"
Edward y Carlisle se rieron, sacudiendo sus cabezas.
"El inconveniente…" Jasper continuó con un resoplido, dándole a Emmett una segunda mirada, "es que vive, literalmente, en medio de la jodida nada. Así que ella cultiva todo lo que necesita y cría cualquier carne que come. Es una maldita granja, pero hace un frío del demonio allí."
"No crean que está en la edad media," interrumpió Edward, riéndose por los ojos amplios de Alice y su jadeo de terror. "Está totalmente conectada ahí—satélite, wifi, porque no puede perderse sus programas de cocina—así que también es moderna.
"Y es una tremenda tiradora." Se rio Jasper, su cabeza cayendo hacia atrás. "Juro que Garrett debió haberla entrenado."
"Lo hizo," Carlisle dijo riéndose con un resoplido, rodando los ojos, pero su rostro se puso serio de nuevo cuando se volvió a Esme. "Quiero que te quedes con Edward, él te protegerá… y si necesitas enviarme un mensaje, entonces dile a Alice. ¿Está bien?"
"¿Estás seguro que deberías regresar, Carlisle?" Le respondió, viéndose fiera mientras se mantenía firme.
Todos captamos la indirecta y dejamos la mesa, todos dejando dinero y dándoles su privacidad. Una vez que todos estábamos afuera, Edward tendió su mano pidiendo las llaves de mi coche y luego se volvió hacia todos los demás.
"Mi equipo," se dirigió a ellos. "Ustedes conocen el camino, ¿cierto?"
"Señor," respondieron, probablemente por la costumbre, pero incluso Mickey estaba asintiendo.
"Si nos separamos, solo diríjanse directamente allí… sin llamadas telefónicas, sin detenerse. ¿Entendido?" Preguntó, su voz tomando esa cosa demandante de nuevo porque podía ver que cuando se separaba de su padre, toda la responsabilidad—nuestra seguridad, nuestro anonimato, nuestro destino—todo recaía sobre sus fuertes hombros, y él no lo tomó a la ligera. Y Dios, era caliente y sexy y todas las cosas obscenas pasando por mi mente en el momento, pero también me hacía sentir lástima por él porque era un gran peso el que debía llevar.
"Señor," gruñeron de nuevo de acuerdo.
Pareció satisfecho con su sinceridad, y se volvió hacia mí. "Las llaves, amor," dijo con firmeza.
Solté un resoplido, sacudiendo mi cabeza y sacando las llaves de mi bolsillo mientras estaba recostada en la puerta del lado del pasajero. Colgándolas en las puntas de mis dedos, ronroneé, "Señor."
Bufó, rodando los ojos, y alcanzando mis llaves. "Mala costumbre, bebé," susurró. "Lo siento."
"Un día," canturreé, imitando su más que sexy diatriba en mi oído de antes de nuestro desayuno. "Un día, te darás cuenta de que no eres mi jefe."
Dio un paso más cerca, sus pies a cada lado de mí, su peso empezando a apoyarse en mí al mismo tiempo que apoyó sus brazos a cada lado de mi cabeza. Su sonrisa era torcida y sexy, pero también nerviosa y casi tímida… mientras que sus ojos estaban oscuros y con los párpados pesados.
"No, Bella. Estoy muy consciente de quién está a cargo aquí," dijo, su voz profunda y carnal, todas esas cosas que hacen que mis partes femeninas se contraigan.
"Si es así," me reí entre dientes, mirando alrededor cuando todos subían a sus respectivos vehículos, "pruébalo."
"¿Cómo lo pruebo, bebé?" Preguntó, levantando una mano para acariciar mi mejilla con su pulgar.
"Bésame."
Sonríe con malicia, deslizando su lengua por su labio inferior con tal lentitud, que pensé que gritaría por el simple deseo de él.
"Señora," gruñó en un susurro antes de que su boca capturara la mía.
Y justo como en el ferri, nos perdimos por un momento, mis dedos se engancharon en las presillas de sus jeans, acercándolo tanto como podía. La mano de Edward se introdujo en mi cabello agarrándolo casi con rudeza cuando giró mi cabeza, su lengua no solo entró en mi boca sino que la reclamó.
Los dos gemimos, nuestras caderas presionándose la una a la otra mientras nos besábamos contra mi coche. Cuando al fin nos separamos, estábamos sin aliento, jadeando, con las mejillas sonrojadas. Edward pegó su frente a la mía, cerrando los ojos al mismo tiempo que trataba de respirar con normalidad.
Mis ojos se llenaron de lágrimas porque por más provocaciones, flirteos y juegos que hiciéramos, todavía no podíamos hacer todo eso que deseaba con él—y de verdad que lo deseaba. Quería mostrarle que lo amaba, mostrarle que lo deseaba. Estaba cansada de dejar que mis miedos ganaran.
"Te amo," susurré, pero me encontré con unos preocupados, pero muy vibrantes ojos verdes.
"También te amo. ¿Qué es esto?" Preguntó en voz baja, pasando su pulgar bajo mi ojo.
"Estoy cansada de tener miedo," suspiré, mirándolo a los ojos, que se enternecieron de inmediato.
"Voy a esperar, Bella. Por favor, comprende eso. Cuando estés lista… estoy aquí," rogó contra mi mejilla. "Créeme, te deseo—tanto, que a veces es en todo lo que pienso—pero puedo esperar. Quiero esperar…. por ti. Te dije que estás mejorando todo el tiempo, a pesar de lo que crees."
Asentí, sin poder decir nada más porque desde que nos habíamos conocido, el hombre frente a mí—que no tenía paciencia con nadie a su alrededor, al parecer—tenía infinita paciencia, interminables palabras amables, y me hacía sentir que aunque estábamos lejos de ser normales, estamos perfectamente, seguros, y justo dónde teníamos que estar.
"Tenemos que ponernos en camino, amor," susurró, rozando sus labios suavemente sobre los míos.
Los dos nos dimos la vuelta cuando escuchamos a Carlisle y Esme, que al parecer seguían molestos, saliendo del restaurante. De hecho, ella estaba varios pasos delante de él mientras caminaba en nuestra dirección.
"Él se va a llevar el BMW, así que, ¿puedo viajar con ustedes dos?" Soltó un bufido, sus ojos centellearon por la ira.
"Sí, claro," los dos murmuramos, mirando por encima de su cabeza cuando Carlisle sacaba sus cosas de la Challenger de Edward, a la que se estaban cambiando Mickey y Makenna.
"Es tan terco," murmuró, rodando los ojos al mismo tiempo que él se acercó a ella y besó su mejilla.
Reprimí una sonrisa porque de todas las parejas que se estaban uniendo poco a poco a nuestro alrededor, eran los dos que nunca pensé que pelearían, ya que han estado juntos más tiempo, al parecer, estaba equivocada.
"Es, ya te dije que puedo cuidarme solo," argumentó, viéndose incómodo por tener esta conversación frente nosotros.
"Sí, estoy consciente," resopló indignada, las aletas de su nariz ensanchándose, pero todos dimos un respingo cuando se giró para encararlo. "Carlisle Cullen, será mejor que lo hagas, porque llamaré a Eleazar si no lo haces."
Él hizo una mueca, sacudiendo su cabeza. "No tienes que llamar a tu hermano. Solo estoy tratando de impedir que Billy Black maneje TT, y quiero estar allí cuando Charlie finalmente testifique. No puedo hacer eso si estoy oculto, Esme, y lo sabes. No puedo vigilar los nuevos avances en esta situación… mientras estoy en un jodido escondite."
Para romper la tensión, le pregunté, "¿Vas a ir a la corte cuando Charlie vaya?"
"Quiero acompañarlo como su guardia," dijo con brusquedad, apartando su mirada de Esme. "Ben está tratando de conseguir que lo aprueben. Solo porque llegue al estrado no quiere decir que podrá salir. No puedo permitir que eso pase."
Miré a Edward y luego a Esme, porque si había otra persona en este planeta a quien le confiaría la vida de mi padre, era a Carlisle. El primero era Edward.
"Esta vez, Carlisle," dijo Esme con un suspiro, obviamente dándose por vencida, "enviarás un tipo de mensaje todos los días. ¿De acuerdo?"
"Sí, señora," suspiró, y no pude evitar sonreír porque sonaba como su hijo.
"Te amo," ella le dijo, dándole un suave beso antes de subir en el asiento trasero de mi coche.
"Sí… yo, también," le dijo, mirando fijamente a Edward. "Estaré en contacto."
"Por supuesto," Edward se rio entre dientes, apretando su hombro. "Cuidaré de ella, papá."
Abracé a Carlisle, besando su mejilla. "Ten cuidado. Si ves a Charlie… solo… quiero decir… podrías decirle…"
Carlisle se inclinó hacia adelante y besó mi frente. "Lo haré, lo prometo."
Con un profundo suspiro, vimos cómo se alejaba, y eso me hizo sentir muy inquieta. ¿Podría cuidarse solo? Y si algo le pasaba, ¿podrían soportarlo las dos personas que más significan para mí? Sabía que era un hombre competente, inteligente, con un asombroso sentido del honor, pero solo esperaba que una vez que todo esto terminara, él todavía estuviera allí para nosotros… para su hijo y Esme. Eso fue lo último que pensé antes de que él diera vuelta hacia el sur y nosotros hacia el norte, dirigiéndonos a Alaska.
~oOo~
Podría haber sido un viaje realmente largo. Podría haber sido realmente incómodo el estar en el mismo coche con una Esme enojada y un Edward que no se sentía cómodo hablando sobre su madre, cuya mejor amiga estábamos por visitar. Podría haber estado lleno de tensión sexual porque Edward y yo no podíamos dejar de tocarnos—ya sea solo tomarnos de la mano o los dedos de Edward en mi rodilla, mi muslo, mi cabello. Pero no lo fue.
Esme se calmó como a unos treinta minutos después de que nos alejamos del restaurante. Al principio, la dejé tranquila, pero luego, simplemente ya no podía hacerlo. Ella nunca me había permitido permanecer mucho tiempo molesta, incluso cuando éramos vecinas y yo estaba molesta con Jake, así que empecé a hacer preguntas estúpidas pero por curiosidad.
"¿Es de verdad una granja a dónde vamos?"
Edward sonrió, apartando su mirada del camino para mirarme. "Sí," se rio entre dientes. "Es un lugar genial. Tía Kate ha estado cultivando sus propias verduras por años. Y tiene algunos borregos, vacas y gallinas, pero de lo que más está orgullosa es de sus caballos…"
"¿Sí?"
"Mmmm," se rio asintiendo. "Y sus perros… Huskies."
Sonreí porque se veía casi feliz cuando hablaba de ese lugar. Cuando miré a Esme en el asiento trasero, también estaba sonriendo. Me hizo un gesto con la cabeza para que lo mantuviera hablando, pero no tuve que hacerlo.
"No es lo que estás pensando. Me refiero a que, hay un granero," dice, hablando más hacia el camino frente a él que hacia nosotros. "Pero la casa es malditamente grande. Mi madre ayudó a diseñarla. Tiene un montón de diferentes alas, así que cuando veníamos de visita, teníamos nuestro propio espacio. Cuando mi padre cambió de carrera y Garrett se le unió, a través de los años ella le fue añadiendo más a la casa de manera que hubiese suficiente espacio para su equipo. Era como un complejo," se rio entre dientes, mirándome. "Puede que ustedes chicas lo odien porque no podemos ir a ningún lado—no es que haya algún lugar al que ir. La ciudad más cercana está a kilómetros de distancia."
"Estoy segura que viviremos," me reí.
"¿Cuándo fue la última vez que viniste de visita, Edward?" Preguntó Esme, inclinándose hacia adelante.
"Día de Gracias," dijo en voz baja, pero su ceño se frunció. "Joder, ni siquiera la he llamado…"
"Estoy segura de que entiende que estás ocupado," ella lo tranquilizó.
"Sí, pero… m-mamá me pidió que c-cuidara de ella…"
Dios, creo que me enamoré de él un poco más con esa declaración porque, ¡santo cielo! ¿Todo tiene que recaer sobre sus hombros? Y podía ver la culpa de haberse perdido Navidad, el Año Nuevo, y algún otro día de fiesta en el que probablemente debía haberla llamado, y no podía permitirle que se abrumara por ello.
"¿Cómo eran juntas?" Pregunté, pensando en que él era un niño la última vez que estuvieron juntas, por lo que su respuesta sería interesante.
"Como tú y las chicas," soltó un suave resoplido, sus labios curveándose hacia arriba en las esquinas. "Se quedaban despiertas hasta tarde y cotilleaban de la gente que conocían. Escuchaban música vieja. Reían y cocinaban y se burlaban de los malos cortes de cabello."
Sonreí, mordiendo mi labio inferior, porque sonaban como dos mejores amigas que eran muy cercanas. Sonaban como dos chicas que les gustaba rememorar y deleitarse en su amistad. Tenía razón. Sonaban como mis chicas y yo.
"Desearía que mi madre hubiera tenido eso," suspiré, mirando por la ventana al paisaje borroso que pasaba rápidamente. "En realidad, nunca se permitió tener amigas… cercanas, de todos modos."
"¿Cómo era tu mamá?" Edward preguntó de pronto, mirando rápidamente en mi dirección y de vuelta a la carretera cuando cambiaba de carril.
"¿Me estás preguntando a mí o a la niña de ocho años?" Me reí entre dientes, y Esme soltó una risita junto a mí entre los dos asientos delanteros.
"A cualquiera de las dos," se rio.
"La niña de ocho años te diría que era hermosa, como una princesa," le dije, sonriendo a pesar del tema. "La adulta te diría que lucía como yo, solo que yo tengo los ojos como Charlie. ¿Qué hay de ti?"
"¡Oh Dios mío! Vaya si Edward se parece a su madre. He visto fotos," soltó Esme entre risas, palmeando su hombro.
"Es cierto," estuvo de acuerdo, pasando una mano por su cabello. "El cabello, ojos, todo. Es como si mi papá no hubiera estado involucrado."
La conversación sobre nuestras mamás y sus momentos más divertidos continuó por kilómetros, hasta que mis ojos empezaron a cerrarse y mis bostezos se hicieron más grandes.
La mano de Edward acarició mi rostro, pasando sus dedos por mi cabello, y dijo, "Duerme un poco, amor. Nos faltan algunas horas antes de que lleguemos."
Asentí, acurrucándome en mi asiento con un profundo suspiro. Escuché conversación en voz baja, pero además de eso, se quedaron en silencio hasta donde puedo recordar. Fue como si justo cuando cerré los ojos, gentiles y suaves manos estaban tocando mi rostro y una brisa fría me sacó de golpe de mi pequeña burbuja.
"Bella, ya llegamos," susurró Edward.
Me estiré lo mejor que pude en el coche, abriendo mis ojos para verlo de cuclillas en mi puerta. Sus ojos, aunque cansados, estaban tan verdes y enmarcados con largas y oscuras pestañas mientras me miraba con una dulzura que era casi arrebatadora.
Era todavía de día, aunque era un poco difícil de saberlo, por las nubes que cubrían el cielo. Miré alrededor, y pude ver a través de mis ojos nublados por el sueño que definitivamente estábamos en una granja. El aire olía dulce, como el heno. Había sonidos de animales y las risas de mis amigos. Y entonces hubo un chillido de felicidad.
"¡Edward Anthony!" Oí detrás de nosotros, nunca había visto que la cabeza de Edward se girara tan rápido. "¡Trae ese hermoso rostro aquí y dame un abrazo!"
Sonrió con dulzura, un tinte de color en sus mejillas. "Tía Kate," se rio, poniéndose de pie pero ofreciéndome su mano. "Te agradará, lo prometo," murmuró.
Ni siquiera tuve que decir algo para saber que era cierto. No era una mujer alta, pero era muy bonita, con cabello castaño claro que estaba recogido en un moño suelto. Llevaba una chaqueta marrón con capucha sobre una blusa blanca y unos jeans color azul que tenía algunas manchas de suciedad en ellos. Su rostro era dulce, delgado, pero fueron sus ojos azul claro los que brillaron con amor por el chico cuyo rostro quería alcanzar.
"¡Mírate! ¡Cada vez que te veo te pareces más a Elizabeth!" Dijo entusiasmada, con una sonrisa amplia mientras tomaba ambos lados de su rostro sonriente. "¿Y tengo que recibir una llamada de emergencia de Carlisle para verte?"
Besó su mejilla al mismo tiempo que él la abrazaba con fuerza, prácticamente levantándola del suelo.
"Lo siento, tía Kate," murmuró, luciendo regañado.
"No pida disculpas, señor. Una llamada hubiera estado bien," bufó indignada, rodando los ojos. "Ahora… ¿dónde están mis otros chicos?" Preguntó lo suficientemente alto para que Emmett y Jasper pudieran escucharla.
"¡Justo aquí, Kate!" La voz de Emmett retumbó, apresurándose hacia ella y levantándola. "¿Cómo estás, preciosa?"
"¡Emmett McCarty, bájame… tú bruto!" Se rio. "¡Si eres tan fuerte, tengo trabajo para ti!"
"Tú dime, Kate," se rio, poniéndola otra vez de pie con cuidado.
"Jasper," se rio, dándole a Emmett una última sonrisa irónica. "¿Cómo estás, cariño?"
"Muy bien, señora," dijo, arrastrando las palabras, sonriéndole torcidamente antes de besar su mejilla.
"¿Y Michelle?" Preguntó Kate, girando sobre sus talones.
Y por primera vez, Mickey no corrigió a alguien sobre su nombre. Abrazó a Kate con casi una reverencia que no había estado esperando.
"¿Estos chicos siguen molestándote? ¿Y qué demonios le pasó a tu hombro?" Preguntó, inspeccionado a la pobre chica.
"Por supuesto que me molestan tía Kate," se rio, empujando a Emmett cuando le metió un dedo con saliva en su oreja. "Y es solo el trabajo," añadió, encogiéndose de hombros de forma rígida.
"Ah, sí, el trabajo," Kate soltó una risita mirando alrededor. "Entonces, permíteme conocer a la ahijada de Carlisle Cullen…"
"Tía Kate… Bella Swan," Edward nos presentó, guiándome hacia adelante con su mano en mi espalda baja. "Y sus amigas… Rosalie Hale, Alice Brandon, y Makenna Coleman." Se detuvo por un momento, llevando a Esme hacia el frente. "Ella es Esme Platt."
Por una fracción de segundo, sus cejas se levantaron rápidamente y me preguntaba si podría tener un problema con que alguien se viera con el viudo de su mejor amiga. Sin embargo, estrechó la mano de Esme con gracia, con lo que parecía una sonrisa genuina.
"Es un gusto conocerlos a todos ustedes," dijo con una sonrisa brillante y una palmada de sus manos. "Considérense a salvo aquí. Toda la propiedad está rodeada de una cerca eléctrica. Hay cuatro perros de buen tamaño que deambulan por toda el área. Tengo mucha protección— ¡Dos de los míos y dos vejestorios retirados de Carlisle!"
Edward soltó un resoplido, sacudiendo su cabeza, y le levantó una ceja. "Será mejor que Alec no te atrape diciendo eso."
"¡Oh, mierda!" Dijo con un bufido, haciéndole un gesto con la mano. "Mi casa… mis reglas… mis insultos. Ahora, vamos a meter sus cosas y acomodémoslos. Cada uno de ustedes parece estar a punto de desplomarse. Una vez que descansen un poco, voy a dejar que Edward me compensé por todos esos días de fiesta perdidos y me ayude con la cena. Ha pasado mucho tiempo desde que tuve un hombre guapo cocinando para mí…"
Él se rio pero empezó a sacar nuestras cosas del maletero. Todos los demás siguieron su ejemplo. Con un montón de maletas y bromas, nuestro gran grupo se dirigió a la puerta principal.
Los planos de la casa eran casi como una araña, con un ambiente central y varios pasillos trazados hacia las diferentes habitaciones. Kate señaló cada pasillo, dándonos instrucciones.
"Edward, tu habitación es la misma. El resto de ustedes puede elegir cualquier habitación con una puerta abierta. Y créanme, hay muchas, así que por favor, siéntanse en casa," dijo alegremente.
Todos se separaron, dirigiéndose por un pasillo u otro. Miré a Edward, sin querer vocalizar que quería quedarme con él, pero no conocía las reglas de Kate o si él me querría con él o no, así que tomé mi maleta y la puse sobre mi hombro. Antes de que pudiera dar dos pasos, había una mano en mi cintura.
"Cerca eléctrica o no, tu seguridad recae en mí," rugió profundamente en mi oído. "Además, me acostumbré a mi compañera de cuarto."
Contuve mi sonrisa porque en realidad solo me sentí segura para dormir de verdad, cuando Edward estaba en la habitación, pero cuando lo miré, noté que estaba receloso.
"Quiero que e-estés c-conmigo," balbuceó, encogiéndose de hombros.
"Está bien," me reí entre dientes, incapaz de no enternecerme cuando balbuceaba.
"Está bien," soltó un bufido pero esbozó una amplia sonrisa. "Entonces, da vuelta a la derecha. La última puerta al final del pasillo."
Era como caminar dentro de un apartamento, menos la cocina. Había una pequeña sala de estar con un escritorio, televisión, un par de sillas, y un sofá. Había una puerta a cada lado de la habitación, y Edward se dirigió directamente a la que estaba en la izquierda.
"Mi habitación," murmuró, abriendo la puerta.
Sonreí, mirando alrededor de la habitación que era muy similar a su habitación en la cabaña de la montaña. Muebles oscuros, detalles en azul, y unas cuantas fotografías enmarcadas en la pared, de escenarios en su mayor parte y helicópteros Apache—de cuando era más joven, supuse. Pero fue la foto en la cómoda la que llamó mi atención.
Puse mis maletas sobre la cama y me acerqué para cogerla. Era del Edward que había conocido cuando éramos niños, todo brazos y piernas, con cabello por todas partes. Todavía tenía las mejillas de bebé, penetrantes ojos verdes, y su inconfundible sonrisa torcida. De pie junto a él estaba una mujer que no requería introducción.
Elizabeth Cullen.
Era nada menos que impresionante, dando cada pedacito de eso a su hijo. Lo miraba como si fuera todo lo que importaba mientras cariñosamente envolvía un brazo a su alrededor. Estaban de pie frente a un potrero de caballos en lo que parecía ser esta misma granja. Elizabeth llevaba un enorme sombrero de ala ancha, su cabello oscuro con ricos toques luminosos de bronce brillando bajo el sol mientras caía en cascada por sus hombros.
"Eso fue justo después que nos enteramos que estaba enferma," murmuró Edward detrás de mí.
"Es hermosa," dije, poniendo la foto de vuelta en su lugar.
"Estaba tratando de convencerme de ir a montar," se rio entre dientes. "Seguía diciéndole que no. Los caballos me ponían nervioso porque era tan malditamente grandes. Podían matarme. Solo pesaba como treinta y nueve kilos entonces."
Solté unas risitas, mordiendo mi labio inferior mientras examinaba otra vez la foto. "¿Alguna vez fuiste con ella?"
"Oh sí," se echó a reír asintiendo, sus cejas se levantaron. "Me hizo luchar contra el miedo. Tengo que preguntarle a mi tía Kate si Goliath todavía está por aquí."
"¿Goliath?" Me reí con lo que estaba segura eran unos ojos amplios.
"No dejes que el nombre te engañe," me dijo. "Es un bebé grande. De hecho, lo monté la última vez que estuve aquí. Hay senderos por todo el bosque allá afuera… y es todavía dentro de su cerca eléctrica."
Empecé a desempacar unas cuantas cosas que necesitaba para dormir más tarde, pero unas manos cálidas me detuvieron.
"Quiero mostrarte el lugar, bebé," dijo, pasando una mano por su cabello. "Solo déjame tomar una ducha para despertar, ¿está bien?"
Vi como Edward tomó un conjunto de ropa limpia, una toalla y su champú antes de entrar al baño. La ducha se abrió y de pronto, mis pensamientos fueron asaltados con visiones de un húmedo y caliente Edward de pie bajo la ducha.
"Maldición," suspiré, levantándome de un salto de la silla y caminando hacia la puerta que conducía al pasillo principal.
Tiré de la puerta para abrirla, dando un grito ahogado cuando casi choco directamente con la tía Kate.
"Oh, lo siento," grité, cerrando la puerta detrás de mí.
"Swan," dijo, mirándome a través de sus ojos entrecerrados. "Como la hija de Charlie Swan… la hija de Renee Swan."
"Sí, señora. ¿Cómo es que conoce a mis padres?"
"Oh, los conocí hace años. Carlisle los invitó aquí en vacaciones antes de que nacieras. Bueno, los dos, tú y Edward, estaban en camino. ¡Por Dios, niña! ¡Te pareces a tu madre!" Dijo alegremente, tomando mi rostro entre sus manos. "Pero tienes los ojos de tu padre." Hizo una pausa, inclinando su cabeza hacia mí. "Siento lo de tu madre. No me enteré hasta años más tarde… y ahora tu padre está en problemas."
Sonreí, encogiéndome de hombros, pero ella besó mi mejilla con suavidad.
"Estás en buena compañía, niña."
"Gracias," le dije, pero vi como sus ojos vieron más allá de mí hacia la puerta y su ceño se frunció.
"Ahora, Bella," soltó un bufido, sus brazos cruzándose sobre su pecho, y frunciendo y curveando hacia abajo la comisura de sus labios. "¿Por qué no me dices lo que estás haciendo en la habitación de Edward?"
La miré con la boca abierta, mirando de ella hacia la puerta y deseando que Edward se apurara porque, maldita sea, no quería ofender a una mujer que parecía que lo amaba como a su propio hijo. Tampoco quería dormir sin él.
"Yo… o sea… nosotros," balbuceé, mirándola a los ojos. "Lo amo."
Sus cejas se elevaron, pero podía ver que estaba conteniendo una sonrisa. "Lo sé," se rio, envolviendo un brazo a mi alrededor. "Se puede decir que Carlisle me puso sobre aviso…"
Me relajé con alivio, casi apoyándome en ella. "Lo siento, nosotros… me refiero a que… después de que Edward me encontró, duermo mejor con él cerca…"
"También lo sé," dijo con una sonrisa, conduciéndome por el pasillo hacia la casa principal. "Ahora… déjame contarte todo tipo de historias del joven Edward…"
Y ya estamos en Alaska :) ¿Qué les pareció la tía Kate? A mí me encantó, y vienen nuevos personajes por conocer. Carlisle regresó para seguir en TT y acompañar a Charlie a testificar. ¿Cómo creen que salga eso? Sin duda todos están preocupados ahora que el momento se está acercando. Muchas gracias por leer y poner la historia en favoritos. Gracias a quienes dejan su review y quienes no, $%&$%, jajajaja no es cierto. Pero nada les cuesta dejar uno solo para decir que les pareció el capi. Saludos y nos leemos la próxima semana
