—Y así sucedió -concluyó Dumbledore, en su despacho.
McGonagall y un invitado asintieron desde sus sillas.
—Asunto peculiar -opinó Minerva-. Iniciaron persiguiéndose, pasaron a escapar, terminaron encontrando una razón para ayudar y me atrevo a afirmar, razones profundas para quererse.
Dumbledore suponía que las primeras veces que Cavendish usó el hechizo de Aparición lo logró por haber aplicado, aunque raramente sí con justicia, las tres D: Desaparecer Desesperado del Desposorio. E igualmente llamativo le era saber que Pansy Parkinson consiguió llevarlo a cabo varias veces, pues nadie le confesó que en Slytherin lo aprendían clandestinamente antes del tiempo reglamentado; aquel era un buen secreto; Gallant lo ignoraba al no pertenecer a una familia de las implicadas con ciertas prácticas; sin embargo, Dumbledore reconocía a Emil el buen descubrimiento al poner en práctica la añeja teoría de los remanentes y además, establecer las bases de su técnica. Aquello le daría puntos extra en sus cercanos exámenes finales. Habían contado al director que, en cuanto volvió, Emil pasó por la enfermería y se dedicó a estudiar.
—Ahora bien -planteó Minerva-, ¿quién es el dueño de esa bóveda?
Dumbledore repasó unos pergaminos sin leerlos, pues llevaba días analizando su información.
—De acuerdo con lo que sabemos por parte de la señorita Parkinson y por nuestras pesquisas discretas, la bóveda pertenecía al Slytherin Nathaniel Parkinson ya en 1612. Antes de eso, hay una mención del siglo 14 en documentos de su ancestro Siegeweard Perkynsone, pero no se dicen más que algunas palabras en inglés antiguo, como se llamaba en esos días,Ænglisc. No obstante, en mi criterio es revelador, juzguen ustedes.
Dumbledore había revisado el pergamino en días pasados, a la luz de velas y ayudado con una enorme lupa, encontrando un párrafo ilegible excepto por las palabras aldgestréon o tesoro antiguo, así como máþþumseleo o sala del tesoro.
—Y lo más llamativo -añadió Dumbledore a sus interlocutores-, la palabra fljjertódæ, que significa "dividido en cuatro partes", lo que diría es una alusión directa al objeto mágico que en inglés moderno llamamos Tetrahedron o "cuatro asientos". La bóveda se creó donde se encuentra hoy la cúpula del Museo Británico.
Minerva pensó en los años de 1750, en arquitectos y albañiles afanándose entre andamios, levantando la cúpula central del British Museum, contrariando a los Parkinson de entonces. Dumbledore añadió:
—Al no poder cambiar la bóveda de lugar, porque se encuentra ligada a la tierra, los recursos que guardaba se usaron para comprar Parkinson Manor e invertir en tierras, propiedades de los Parkinson actuales.
Dumbledore dejó los papeles.
—La bóveda quedó vacía y su forma de entrar, la cerradura, el Tetraedro, se pierde de las posesiones de los Parkinson cerca de 1801. Ahí es donde entra nuestro amigo aquí presente, diría yo.
Kreacher en su asiento, afirmó:
—Efectivamente.
El elfo doméstico, sin perder la cara de cero amigos, rio con sorna.
—¿Quién puede creer que yo, un elfo de abolengo que sólo ha servido a magos de sangre limpia, iba a dejar el guardapelo de Slytherin encomendado por mi amo Regulus, en una vulgar alacena? ¡Y sospechando que el muy gusano Fletcher metía sus narices donde no lo llamaban! ¡Un regalo al perro Mundungus! ¡Un regalo, cuando otro desgraciado casi me deja muerto en una cueva y cuando mi amo Regulus murió por obtener ese guardapelo! Lo que se llevó ese asno de Fletcher fue una copia, para darle un hueso qué roer. Hice varias copias. ¡Qué crean que soy tonto para esconder una pieza tan importante detrás del frasco de curry!
—¿Y la bóveda es tuya? -preguntó Minerva.
—¡Por supuesto que no! Las bóvedas son para los débiles, pero es muy diferente si se alquila. Di el guardapelo a un mago misterioso, actual dueño de la bóveda, para que lo escondiera en ella. ¡Y con elfos de custodios, los seres más fiables jamás vivientes! ¿Qué más se podía pedir?
—Eso significa que el dueño actual es un Parkinson -aventuró Albus.
—No, señor mago Tumbledore, pero la bóveda se puede usar si se tiene el Tetraedro.
—¿Y quién es el dueño actual?
—¡No lo sé, señor mago Fumbledore! ¡Gente así se mantiene en la sombra! ¡Esas bóvedas son muy traicioneras! ¡Si no eres el dueño original no sabes qué hallarás hasta que la abres! ¡Únicamente yo, un viejo de sangre élfica pura, sabe contactar a las inteligencias detrás!
—Así que… ¿este guardapelo es el original?
—¡Eso es lo mejor, señor mago Rumbledore! -memoria para ciertos nombres, cero en Kreacher- ¡También es un guardapelo falso! ¡Encerrado en la bóveda era un arma de efecto retardado, pues despertaría la ambición de quien se enterara que estaba ahí, distrayendo sus esfuerzos del verdadero guardapelo, digamos que hay que beber una sopa caliente antes de meterse en el frío para hallarlo!
—¿Scabior no conocía el contenido de la bóveda? -quiso saber Minerva.
—¿Scabior? ¡No, no! -lo desdeñó el elfo, agitando una mano- Él solamente puede ver las ciudades, ¡pero no podría ver el contenido de la bóveda, ni la podría abrir! ¡Está hecha para la rama de los Parkinson de sangre pura! ¡Scabior es un mestizo! ¡Oculta su apellido para evitarse críticas! ¡Scabior podía conocer las visiones de la cerradura, pero no saber cuál era el tesoro! ¡La señorita Parkinson sí podría ver la bóveda por dentro, pero es muy joven! ¡Esto es magia de altos magos!
Dumbledore caviló.
—Siendo así, me apena decir que hemos echado a perder tu plan, Kreacher.
—¡Para nada, señor mago Pumbledore! ¡Son gajes del oficio! Cómo llegó la cerradura a manos de Scabior, escapa a mi comprensión, pero, ¡ya veré cómo arreglo lo demás!
Aquella plática influiría en Dumbledore para concluir que el guardapelo real se hallaba en la cueva de los inferi.
—Podemos devolverte la copia del guardapelo, Kreacher -ofreció Albus-. En cuanyo al Tetraedro, la señorita Parkinson está de acuerdo con nosotros en que nadie debe saber que lo tenemos a resguardo.
—Bah, bah… -el elfo negó con la mano, levantándose- tengo más copias del guardapelo, conserve esa… si lo desean, véndanlo o dónenlo… me conviene tener una copia más en circulación… Sobre la cerradura, me parecería muy peligroso que continuara sirviendo. Es bueno que la escondan. Creo que el sitio donde está hoy la bóveda, invita a dejarla cerrada para siempre.
—Ives -lo llamó la chica.
Cavendish miró atrás. En reclusión disciplinaria de cuatro días, tenía derecho a caminar al caer la noche y elegía el Patio Medio.
El sitio estaba desocupado, excepto por una Slytherin al lado de la fuente:
—¡Pansy! -respondió él.
La Slytherin estaba de pie al lado de la fuente, sonriéndole.
Ives corrió hacia ella, tendiéndole los brazos. Encantada, ella rodeó la fuente e hizo lo mismo hacia él.
La Luna Llena dominaba, alejando las nubes grisáceas.
Días sin verse. Los chicos corrieron el uno al otro, al toque de la luna, rodeados por los arcos, los muros y las luces de las ventanas.
¡Te extraño! El corazón del Hufflepuff se estremeció al ver a su novia yendo a él. ¡Mi novia! ¿Cuántos días sin verte? ¿Cuántas horas que no conoces, llevo pensándote? ¿Te has acordado de mí? ¿Me piensas? La zozobra que me llena cuando no sé de ti, ¿la imaginas? Mi echarte de menos, ¿toma en tus sueños la forma de mis abrazos? La distancia, ¿te lleva el mensaje de mis deseos?
Pansy le lanzaba la sonrisa más agradable que le había dedicado, sus ojos llenos de placer al verlo de nuevo.
Le habían dicho que sus días de disciplina terminaban. Preguntó al Prefecto si los de Ives ya habían concluido. Él le explicó que se lo dirían en unas horas.
Pansy subió corriendo, sabiendo exactamente dónde lo encontraría. Se cuidaría de no ser vista.
Lo encontró en el Patio Medio, caminando. Adivinó que él fue ahí para no sentirla tan lejos ya que en él comenzaron a llevarse mejor. Era claro que él estaría ahí. Se habían visto mucho en los últimos días, convivieron las 24 horas y de golpe se vieron obligados a dejar de estar cerca.
Corrieron el uno al otro, con los brazos extendidos, sin importarles si el mundo ardía. En su Luna secreta cruzando los arcos necesitaban volver a tocarse y oírse. Te extraño tanto, pensaba Pansy. ¡No encuentro un espacio en el mundo para mí, si me faltan tus brazos!
Se abrazaron, la Slytherin besándolo en la mejilla y él aspirando el perfume de los cabellos de la chica, como si llevara días sin respirar, en la necesidad de tener su aroma para volver a sentirse vivo.
Se soltaron y él le pasó las palmas por las mejillas.
—¡Me has hecho muchísima falta! -dijo Cavendish, como si llevara un año sin verla.
—¿ Y en qué pensabas ahora?
—Pensaba que no quiero guardarme nada. Antes me cohibía decírtelo, pero no más. Te digo ahora que adoro tu voz, la forma de tu rostro, yo no aceptaría un solo tesoro si a cambio debiera renunciar a ti cuando me miras.
—Pues estamos de regreso -le sonrió ella-, puedes decírmelo todo, quiero escuchar todo.
—Sí, lo haré. ¿Tú lo harás?
—Claro, lindo. Yo me hacía muchas preguntas que no te decía. "¿Cómo hago para que me crea que lo quiero?", me preguntaba al verte dormir en el vagón, sin saber qué hacer y eso que había intentado. Ahora que no nos henos visto, ¡me confortaban los sonidos de Hogwarts! Salía en la hora que tenía asignada y observaba la noche estrellada, observaba sus luceros al respirar el aire fresco, sintiéndolos guardar para mí la promesa de volver a verte.
—Creo que nos veíamos dormir -sonrió-. Yo te hablaba en voz baja. Te decía que te quiero, que compartieras conmigo los paisajes de tus ensueños.
Volvieron a verse en el vagón, abrazados en los asientos, uno contemplando al otro dormido, a ratos, mientras los astros pasaban por la ventanilla.
—Yo temía despertarte -dijo Pansy-. ¡Lo que antes me importaba nada, la dulzura, hoy me parecía tan valiosa que me daba miedo tocarla, como si fuera a lastimar a una mariposa por querer acariciar sus alas...! Contemplando tu dormir tranquilo, me preguntaba como si yo fuera una niña ingenua en mi tren de ilusiones, de dudas: "¿Me quiere, no me quiere, me querrá?"
—Mírame -le pidió él, y cuando ella lo hizo, él le sonrió- No temas, el miedo quedó atrás -y le respondió aquella duda -. Yo te quiero, sí te quiero, te querré.
Lo abrazó, recargándose en él, con su mirada intensa y su seriedad.
—Yo ya no temo, Ives, ¿y tú?
—Yo tampoco, hermosa mía. Dejé de temer por completo cuando se me hizo querida tu expresión de curiosidad al ver los altos edificios, a los chicos en bicicletas, a las personas con mascotas, las que empujaban carritos con bebés. Me he aprendido la forma en que se mueve tu cabello cuando volteas. Eres el tesoro que he encontrado de una forma tan inusual, que por eso eres enormemente importante para mí, porque es magia.
Pansy le sonrió con esa mirada intensa de la primera vez y, juguetona, rodeando el cuello de Ives con sus brazos, intempestivamente cambió y le saltó a la oreja, donde susurró con toda intención maliciosa:
—¡Ay, entonces, Ives, por fin solos! ¡Mmh! ¿Qué haremos estas vacaciones, mi amor, mi vida? ¿Tienes ideas conmigo? ¿Tienes ideas, mi lindo noviecito, eh, dime, eh?
—¡San McMillan de Transilvania…! -enrojeció él.
Cuando Kreacher llevaba rato de haberse despedido, llegó Dolores Umbridge al despacho de Dumbledore, toda sonrisa falsa y arreglo tan cuidadoso que daba la impresión de ocultar secretos sucios; entró rompiendo tímpanos con su modo de chillar en ciertas silabas.
—ALbus, ALbus, ¿quÉ hay de CIErto sobre que dOS alumnos TUyos han causaDO algunOS destrOZOS?
Minerva alzó un poco las cejas y entrecerró los ojos para digerir aquellas estridencias.
Calmo, Dumbledore respondió:
—Estimada Dolores… Nada, nada. Un tal Scabior atacó algunos puntos de tierra muggle, vandalismo de la peor especie, pero por fortuna los aurores Tonks y Shacklebolt lograron capturarlo. Se encuentra recluido en Azkabán.
En labor express, los aurores recompusieron las partes averiadas del Museo Británico y algunos otros sobresaltos ocurridos durante la correría de los chicos. Como servicio personal a Dumbledore, lo guardarían en secreto.
—Y… ¿los alumnos? -insistió Umbridge.
—Un caso de deserción escolar, Dolores, muy aparte de este asunto. Felizmente han vuelto a casa.
Pansy, Ives y Emil habían jurado guardar silencio. La buena elección del Prefecto Supernumerario ayudaba, pues ni su familia, ni él, simpatizaban con Quien No Debe ser Nombrado. Por otra parte, una Slytherin de alcurnia y su novio, por mucho que hicieran -siempre y cuando no ejecutaran a nadie-, jamás pisarían el Tribunal y este era el caso.
La mirada de Umbridge tropezó con el guardapelo sobre el escritorio.
Fue amor a primera vista. Umbridge se alteró un mucho, entrechocando repetidamente las puntas de los dedos, sin quitar al objeto, los ojos de encima.
—Ah, oh, uh, un bello trabajo, sin duda, una hermosa pieza artística digna de engalanar a una dama de abolengo, una dama digna de una obra de arte de calidad, muy bello sí, muy bello…
Dumbledore intercambió una mirada con McGonagall y comentó muy amablemente.
—Nos encantaría que lo aceptaras como muestra de nuestro agradecimiento por tu apoyo en estos problemas.
Umbridge sonrió y negó como diva de ópera ante un elogio.
—¡Oh, no, no, Albus, no me malinterpretes, por favor, fue un comentario solamente, jamás yo, por favor, jamás yo…!
—Insisto.
—EstÁ biEN.
Al irse Umbridge satisfecha y avariciosa con su nuevo guardapelo, Dumbledore y McGonagall fueron al Gran Salón, comentando el mal gusto de Umbridge. Llegaron ante el pleno de los profesores y alumnos, para realizar el conteo de puntos.
Pansy e Ives estaban ahí, si bien guardando las formas de seriedad después de pasar cuatro días en reclusión disciplinaria, donde Pansy, además de haber visto a Cavendish antes de tiempo, se las arregló para enviarle una zalamera modificada, que le dio besos en las mejillas y le mordió una oreja, antes de fragmentarse en numerosas serpientes de papel.
Dumbledore, en el podio, comenzó anunciando un empate entre las cuatro casas, y añadió:
"Debemos hacer algunos descuentos por actitudes incompatibles con la buena conducta estudiantil:
"Por uso inadecuado de la papelería de Hogwarts y ausentarse del colegio sin permiso, faltas de la señorita Parkinson, 30 puntos menos a Slytherin.
"Por causar males gástricos afortunadamente resueltos con magnesio y ausentarse del colegio sin permiso, faltas del señor Cavendish, 30 puntos menos a Hufflepuff.
"Por negarse al llamado de la autoridad estudiantil en reiteradas ocasiones, faltas de los alumnos mencionados, 20 puntos menos a Slytherin y a Hufflepuff, respectivamente.
"Se me olvidaba decir que a Gryffndor, 30 puntos más, por existir."
Un Ravenclaw muy joven hacía cuentas, cuando uno mayor le recriminó:
—Se oye cómo piensas… Hufflepuff y Slytherin necesitan 110 puntos cada uno para empatar a Gryffindor, que lleva la delantera. Nosotros estamos más cerca de ganar.
Dumbledore carraspeó:
—Debemos hacer algunas consideraciones por actitudes especiales.
"Mención especial al señor Emil Gallant, por empeño extraordinario, inventiva y valentía notorias al cumplir una comisión encargada por la dirección del Colegio Hogwarts, 30 puntos a Slytherin.
Se oyeron aplausos para Emil, que agradeció con una leve inclinación, llevando unas curaciones en cara y un brazo en cabestrillo.
Dumbledore siguió:
—A la señorita Pansy Parkinson y al señor Ives Cavendish, por servicios destacados al Colegio Hogwarts, corriendo graves riesgos personales, 50 puntos a Slytherin y lo mismo a Hufflepuff.
"Al señor Cedric Diggory, por entrega en la amistad, arrojo y generosidad al ayudar a sus hermanos estudiantes, 30 puntos a Hufflepuff.
"También creemos que el señor Diggory debería estar en Gryffindor.
"A la señorita Pansy Parkinson, por capacidad de discernimiento, constancia en las mejores virtudes de Hogwarts y en las virtudes de su Casa, 25 puntos.
"Al señor Ives Cavendish, por adecuado uso de conocimientos y valentía fuera de lo común, 25 puntos.
Las cuentas se hicieron con rapidez.
—¡Por 10 puntos pierde Gryffindor…!
Apenas les alcanzó.
Dumbledore concluyó:
—¡Ganan en empate, Hufflepuff y Slytherin!
Las banderolas amarillas y verdes se desplegaron en el salón, con los festejos de las casas ganadoras.
Con mirada seria, pero sonrisa satisfecha, Pansy sonrió a Ives. Él le guiñó un ojo.
—Sigo creyendo que ella me quemó la carroza -afirmó Tracey, aplaudiendo.
—Para ti, eso es nada -desdeñó Astoria.
—Es verdad, esa misma noche mi papá hizo traer una nueva, más elegante. Pansy la envidiará al verla. En fin, lo que más me encanta es ver la cara de Granger y de Weasley por nuestro triunfo.
—¿Ves a las admiradoras de Cavendish? Yo sé quién las alejará en dos días.
—¿Cómo te sientes, campeón? -Diggory palmeó la espalda a Cavendish; los aplausos seguían.
—Muy bien, y muchas gracias por lo que hiciste, Cedric. También pienso…
—¿Qué?
Ives miró de nuevo a Pansy, ella hablando con los otros Slytherin, que saltaban y vitoreaban. Contempló su peinado egipcio y sus ojos intensos.
—Qué bonita novia tengo. No lo puedo creer.
Cedric rio, palmeándole la espalda de nuevo y después saludando para felicitar a Gallant, quien, adusto, lo saludó con un asentimiento y leve sonrisa.
La gritería y aplausos se escuchaban afuera, cuando luego de esperar a que Umbridge se marchara, Kreacher salía del colegio
El asunto no finalizó mal, pensó. Propiamente dicho, salió a pedir de boca.
Y todo porque Scabior quitó el Tetraedro al actual dueño de la bóveda, el misterioso cerebro de la intriga, quien esperaba al elfo cerca del lago.
Kreacher reconoció los contornos del dueño de la bóveda y del Tetraedro.
—No puedo destruir el guardapelo -admitió Kreacher, al llegar con él-, creo que cumplo la última orden de mi amo si lo dejo en la posibilidad de que lo destruya quien sí puede, aunque le tome unos años.
—¿Se lo llevó?
—Sin duda, oh, Gibby, Amo de la Bóveda.
El elfo libre le sonrió.
Sólo Kreacher sabía que Scabior robó el Tetraedro a Gibby, un elfo manumitido hacía veinte años.
Gibby había recibido el Tetraedro de su antiguo amo Hufflepuff, quien no conocía el tipo de objeto mágico que era, quien se lo dio como obsequio para que lo vendiera y se beneficiara con los galeones que valiera, lo cual era mucho.
Pero quien tiene la cerradura, abre la bóveda. Más, cuando la cerradura cambia según el tipo de llaves.
Por esa bóveda, Kreacher le confió el guardapelo, hasta que por mala suerte Gibby se cruzó con Scabior.
Scabior descubrió que podía ver las instantáneas.
Gibby recordó que la pasó mal. Scabior fue a los sitios uno a uno, reuniendo en Londres, a la fuerza, a los tres elfos custodios -dos elfas y un varón- para obtener de ellos todo dato. Éstos, aprovechando un descuido del bandolero, pidieron a Gibby que los encerrara en la bóveda antes de éste mismo escapar.
—Scabior estaba furioso por no poder abrir la bóveda -comentó Gibby-, yo escapé pero seguí vigilándolo. Solo él, menos la podía abrir. Colocó a otros custodios imaginando que lo esperaban riquezas incalculables. Nunca entendió que una previsión del dueño original fue el detalle de dejar fuera a posibles mestizos de su familia en el futuro. Scabior siempre creyó que la bóveda guardaba oro y joyas, lo cual era cierto, pero desconocía la existencia de la mayor pieza, el guardapelo de Slytherin.
El guardapelo verdadero.
—Scabior ofreció el Tetraedro a Voldemort -añadió Gibby, que había permanecido oculta como sólo un elfo puede hacerlo-. Lo escuché, quería para congraciarse con él y esperar parte de los tesoros, seguro que el Señor Tenebroso podría abrir la bóveda. Voldemort, para probar la buena fe de Scabior, eliminó a los custodios puestos por éste y colocó a otros, adictos a él, ordenando a Scabior llevarle el objeto.
Por eso Scabior estaba en el tren de carga. No quería usar magia en el mundo muggle para no ser detectado. Lo mismo hacía Bellatrix, quien efectuaba esporádicas salidas de Azkabán, para preparar el terreno a la futura fuga masiva. Ella transportaba a Nagini con su propietario y Scabior llevaba el Tetraedro.
Ahí fue cuando por completa casualidad, aparecieron Pansy e Ives.
El error de Bellatrix fue pensar en aniquilarlos, porque, confiada, no tuvo defensa ante el contraataque sencillo y eficaz del Hufflepuff.
Voldemort desconocía la pieza oculta en la bóveda. Y Gibby, el elfo manumitido, se dio a la tarea de perseguir al mortífago sin ser visto.
Cuando Scabior envió a Nagini con su amo usando magia, se trasladó a Coventry sin informarle de los chicos, para tratar de componer la situación sin alterar a nadie.
—¿No sospecharon de ti? -preguntó Kreacher.
—No, pero sí me sorprendió la llegada de los muchachos, no creí que se movieran tan rápido. Lo único que se me ocurrió fue hacerme pasar por sirviente del custodio en esa ciudad. Creo que los Hufflepuffs son los que menos tienen elfos domésticos y para la Slytherin son inexistentes, porque no se dieron cuenta que yo no tendría por qué saber nada del giro de llave, ni debía haber abandonado a mi "amo". Yo siempre estuve afuera de la Escuela de Gramática. Me asustaron al llegar y apuntarme con las varitas, mi mayor temor fue que la Slytherin me descubriera, porque le vi cara que me las haría pagar.
Gibby estaba por decirles la ubicación exacta de la bóveda en el Museo, pero la súbita llegada de Gallant se lo impidió, viéndose lanzado por el aire.
No confiaba en Gallant por ser Slytherin -aunque resultó tolerante, la chica se portó bien con él, aunque seguramente por motivos muy personales-, y en Hogwarts sintió que las paredes oían, por lo que calló la verdad.
—¿Y el guardapelo? -preguntó Gibby
—Se lo quedó la de voz de threstal, como me sugeriste -respondió Kreacher.
—¡Perfecto, perfecto! -palmoteó el otro-. Y así ya no tengo nada que ver con la bóveda. ¡Los 54 elfos que estaban encerrados, liberados por los chicos, junto conmigo nos repartiremos las joyas!
Tampoco había estado mal para los chicos. Pansy limpió el honor de su familia al liberar el guardapelo. Que Pansy odiara a los Gryffindor era lo de menos. Junto con Ives, dejar el horrocrux mucho más al alcance de Potter, Granger y Weasley fue una gran ayuda para éstos. Pansy e Ives les evitaron el peligro de buscar la bóveda años despupes, sin duda para entonces en manos de Voldemort y prácticamente inexpugnable. De no haber sido por el Hufflepuff y la Slytherin, la destrucción de ese horrocrux habría tenido un grave obstáculo, pues habría primero qué haberle quitado el Tetraedro a Voldemort y después ir a cada punto, con muy poca probabilidad de éxito. Pansy e Ives dieron un golpe de primer nivel al Señor Tenebroso, con lo cual hicieron una buena acción y Pansy quedó sin la carga moral de haber apoyado a Voldemort. El pobre Dumbledore pasaría por el trago amargo en la cueva de los inferi, pero el guardapelo de Slytherin ahora estaba a la mano de quien supiera ver.
Kreacher siguió camino, pero, agrio, tuvo curiosidad:
—Gibby, ¿cómo fue que tres elfos encerrados en una bóveda, terminaron siendo cincuenta y cuatro?
El elfo libre puso las manos en una mejilla y parpadeó con largas pestañas, ilusionado.
—¡Ya sabes que a los elfos nos gustan las familias grandes!
Kreacher asintió y se alejó, no sin darse cuenta que no podían agradecer a la Slytherin, ni al Hufflepuff. Tal vez la vida se los compensará, confió al subir a la barca, y se alejó por el lago.
Últimas imágenes y anotaciones:
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Las palabras en inglés antiguo las busqué en . / Como dato curioso, encontré "Heofene" que significa "La bóveda astuta" (The vault sly) y buscando si existe -therin, la hallé en otro buscador como palabra albanesa que significa "masacre". ¿Slytherin = masacre con astucia, masacre sigilosa? También hallé que Therin es nombre propio y variante de Theron o Therion, del griego, que significa "Cazador", por lo que creo, el nombre Slytherin puede significar "cazador astuto, furtivo, sigiloso". Éste me parece el significado correcto. Yo no he encontrado el significado en ningún sitio. Escribí hoy un tuit a J.K. Rowling para preguntarle.
