Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes son propiedad de Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.

Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.

Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.


CAPÍTULO 16

EDWARD

Por primera vez en semanas, podía darme cuenta que Bella finalmente se siente a salvo. No solo a salvo, sino cómoda. No sabía si era la granja, mi tía Kate, o el hecho de que no nos estábamos quedando despiertos a extrañas horas de la noche para correr por el bosque. Aquí no teníamos que hacerlo.

Solo han pasado unos pocos días desde que habíamos llegado a la casa de mi tía, cansados, agotados y simplemente destrozados. Habíamos trabajado como un equipo perfecto, pero acabábamos de salir de un gran tiroteo, limpiado, y viajado a través de otro maldito país para llegar a dónde estábamos. Todos estábamos fritos—mental, emocional y físicamente.

No hicimos nada más que dormir el primer día. Todos nosotros. Tía Kate nos dijo que no nos preocupáramos por nada, que Alec, Sam y sus dos hombres, Tom y Obie—cuyos nombres eran mucho más complicados que eso porque eran parte inuit, o esquimales, o alguna mierda de esas—estaban vigilando la zona veinticuatro horas al día.

Tom y Obie preferían quedarse en el establo, en una sección que Kate había convertido en un apartamento para ellos, porque eran hermanos y estaban acostumbrados a dormir juntos. No solo se encargaban de su seguridad, sino también de los animales. Por lo que podía notar, no hablaban mucho, pero harían lo que sea que ella les pidiera y parecían tratarla con el mayor respeto. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que las chicas calificaran a Obie como… lindo.

Alec y Sam solían ser parte del primer equipo de mi padre, por lo que tienden a ser un poco más accesibles, más conversadores con todos. Alec estaba en sus treinta y tantos y probablemente hubo un tiempo en el que fue el miembro más joven del equipo de mi padre, además de mí. Era un tipo tranquilo que tomaba trabajos ocasionales de guardaespaldas en su tiempo libre ahora que era un mercenario retirado. Era italiano y bullicioso, amaba las buenas bromas y aún más el sonrojo de una chica. Él y Emmett congeniaron de inmediato, y todas las chicas lo amaban.

Sam, por el contrario, era un enorme y escalofriante cabrón. Siempre había hecho que me cagara del miedo cuando era un niño y todavía me ponía nervioso como adulto, aunque estábamos en el mismo bando. A pesar de su edad—porque él era mayor que mi papá— estaba en una forma admirable, de pie media más de 1.95. Daba miedo porque era enorme, y parecía ocupar más espacio que incluso Emmett, pero en realidad, eran aproximadamente del mismo tamaño. Podía entrar en una habitación sin miedo, sin un arma, y estoy muy seguro que Godzilla podría estar allí dentro y Sam todavía saldría triunfante. También, tenía unas horribles cicatrices en sus manos, brazos y parte de su rostro. Tanto que con eso les había dado un susto de muerte a las chicas el primer día… bueno, a todas excepto Bella.

Mientras que Rose y Makenna habían dado un respingo al ver a Sam y sus cicatrices, los ojos de Bella se habían enternecido, casi al punto de que se le llenaran los ojos de lágrimas. Se presentó inmediatamente, mirándolo con tal simpatía, que dolía de ver. Ella vio al hombre, no las cicatrices. Vio su dolor, no su intimidación. Vio a Sam, no el resultado de una mina que había pisado accidentalmente hacía veintitantos años.

Y joder, él la adoraba por ello.

No es que lo culpara ni un poco porque ella era fácil de amar, pero él haría lo que fuera por ella. Era divertidísimo verlo tan servicial con ella, porque él estaba llegando a los cincuenta. Era como si hubiera domesticado a un maldito gigante, y cambió por completo mi perspectiva de él. Le abría las puertas, cargaba mierda, y básicamente se convertía en su guardián si yo no estaba cerca o estaba ocupado haciendo algo más. Bella, a cambio, lo hacía sonreír—algo que no estaba seguro de haberlo visto hacer alguna vez en todo el tiempo que lo conozco.

Para el tercer día, las chicas y mi equipo prácticamente habían descansado lo suficiente, y empezaron a aburrirse. Emmett estaba ansioso por ayudar a Kate en el lugar.

Mi equipo estaba acostumbrado a la granja porque habíamos venido los días de fiesta o para relajarnos después de una misión importante. Mickey amaba alimentar a los animales, a Jasper le gustaba trabajar con cualquier vegetal que Kate hubiera plantado, y Emmett y yo arreglábamos cualquier cosa que estuviera rota o deteriorada.

Lo que más nos sorprendió fue que Bella y sus chicas estuvieran dispuestas a echar la mano. Se habían demostrado capaces en situaciones difíciles, pero ellas eran—en esencia—chicas de ciudad, por lo que supusimos que el trabajo pesado estaba fuera de cuestión. Hubiéramos estado de acuerdo con eso, pero Bella no lo aceptó. Querían ayudar y querían trabajar duro, lo que hicieron—hasta decir, ¡basta!

Rose y Bella querían trabajar con Mickey. Ambas chicas habían tomado clases de equitación cuando eran niñas, por lo que estaban dispuestas a hacerse cargo del establo, la alimentación y el cuidado básico de los caballos, perros, y gallinas. Makenna fue excelente ayuda para mí y para Emmett. No podía usar un martillo para salvar su vida, pero podía pintar, manchar y pintar como el mejor. Alice, por supuesto, trabajaba con Jasper, aunque para ser honestos, de todas las chicas, la pequeña genio de las computadoras no estaba exactamente hecha para la vida de granja. Hacía lo mejor que podía pero la mayor parte del tiempo terminaba trabajando adentro con Kate, monitoreando las computadoras por mensajes de mi padre mientras limpiaba.

Todavía trataba de cocinar al menos una comida al día para todo el mundo, aunque a Kate le encantaba hacerlo. Incluso Alec entró en acción porque él amaba cocinar—en especial comida tradicional italiana—así que se convirtió en algo alternado.

Y luego estaba Esme, de quién había estado preocupado pensando que no sería recibida en la casa de la mejor amiga de mi madre, pero lo ha sido… calurosamente. Tía Kate me había apartado, diciéndome que mi mamá hubiera querido que mi padre fuera feliz, y si Esme lo hacía feliz, entonces ella tenía una nueva amiga—que no debería preocuparme demasiado.

De manera que cuando el sol se puso en nuestro cuarto día en la granja, habíamos encontrado un tipo de ritmo confortable en la casa de mi tía. ¿Extrañaba mi casa? Sí, pero no tanto que estuviera dispuesto a alejarme de lo mejor que me había pasado en la vida—en especial no cuando todavía estaba siendo cazada por ese hijo de puta, Miller. ¿Seguíamos muertos de miedo de que algo pudiera pasarle a mi padre, o que alguien nos encontrara, o que el testimonio de Charlie todavía se cernía cerniera sobre nosotros? Dios, sí. De hecho, Bella tenía pesadillas al respecto cada vez que cerraba los ojos. Sin embargo, todos estábamos tan extrañamente cómodos, a pesar de las circunstancias, que me hacía sentir nervioso. Joder, odiaba pensar que algo podría salir mal.

Vi desde el porche como Bella jugaba con los perros, justo antes de su última comida. Eran unos malditos perros enormes, que parecían más lobos que huskies, parecían empezar a cogerle cariño—en especial Tia, la hembra más vieja, que miraba entusiasmada a Bella arrojar el palo para que ella pudiera ir por él, lo que hacía una y otra vez, hasta que el perro era un desastre jadeante.

Sonreí cuando el perro dejó el palo a sus pies, esperando pacientemente por la siguiente ronda. Su lengua colgaba a un lado de su boca, y su cola se movía tan fuerte que todo su cuerpo se sacudía, por lo que con una dulce sonrisa, Bella lo arrojaba de nuevo, terminando al fin con el juego. Los tres perros la siguieron felices a sus tazones, y una vez que ella los llenó, se dirigió de nuevo al establo.

"Estás enamorado de ella," oí desde la puerta mosquitera.

Miré a Kate, asintiendo en silencio y pasando una mano por mi cabello al mismo tiempo que me recostaba en el columpio. Se sentó junto a mí y me palmeó la pierna.

"Empújanos," ordenó. "Mis dedos no alcanzan. Garrett colgó esta cosa muy alto."

Me reí entre dientes, empujándonos suavemente con el pie, y nos quedamos callados por unos minutos, balanceándonos en la brisa del atardecer.

"Puedo bajártelo," le dije.

"No, fue una de las últimas cosas que hizo. Déjalo así," dijo con un suspiro, mirándome. "Es una chica hermosa, Edward. Tu madre la hubiera amado."

Sonreí pero tragué grueso porque yo había pensado eso mismo mientras viajábamos a Alaska. Intercambiamos historias sobre nuestras madres, tanto buenas como malas. Con Bella, no parecía doler tanto, pero viendo a la mujer que había amado a mi madre como una hermana, realmente me dolía.

"No es mi intención hacerte sentir mal, hijo," me tranquilizó, palmeando de nuevo mi pierna. "Simplemente, es agradable verte feliz. Es todo lo que ella quería para ti." Hizo una pausa, respirando profundamente. "Le preocupaba que el dejarte con Carlisle te convirtiera más en un soldado que un hombre, pero estaba equivocada. Tienes lo mejor de los dos. Tu madre y yo conocimos a los padres de Bella, ¿te lo dijo?"

"No," jadeé, mirándola con las cejas levantadas. "¿Cuándo? Porque su madre—"

"Sí, lo sé. Renee murió cuando Bella estaba muy joven… más joven que cuando tú perdiste a Liz, sino me equivoco," dijo, frunciendo y curveando las comisuras de su boca. "Habíamos planeado algo grande aquí," se rio en voz baja. "Solo familia, los viejos camaradas de la Fuerza Aérea, y algunos amigos en unas vacaciones de fin de semana. Tu padre apenas logró venir desde el extranjero, pero vino, y trajo a los Swan con él. Todavía no estaba trabajando con Charlie, pero habían sido amigos desde siempre. Las dos, Elizabeth y Renee estaban esperando, aunque tú ibas a nacer primero."

Sonreí, sacudiendo la cabeza. "Eso es genial," respondí. "¿Se llevaron bien?"

"¿Renee y Liz?" Verificó riéndose y asentí. "Como uña y carne. Las dos sabían lo que iban a tener… un niño y una niña. Tenían grandes sueños para ustedes dos."

Me reí y asentí. "Estoy seguro, pero…"

"Sí, Renee se suicidó, lo sé." Mi tía suspiró de tristeza. "Nunca lo entenderé. Dejó a esa dulce niña a tan corta edad. No estoy segura por qué. Todos tratamos de mantenernos en contacto, pero teníamos vidas ocupadas. Unas cuantas llamadas telefónicas, unas cuantas cartas, pero para cuando naciste, simplemente no nos volvimos a reunir de nuevo. Además, el padre de Bella era un hombre malditamente ocupado… sin mencionar al tuyo."

Solté un resoplido, rodando los ojos. "Charlie es… un tonto. Créeme cuando te lo digo."

"Así como lo fue tu padre, Edward," dijo en voz baja, tomando mi rostro entre sus manos. "Los dos perdieron a sus esposas—de forma diferente, sí, pero los hombres están sin rumbo sin sus amores. Carlisle no debió haberte enviado a la escuela militar, debió mantenerte cerca. Fue la pelea más grande que tuvimos, tu padre y yo. Incluso le ofrecí quedarme contigo… enseñarte yo misma aquí porque sentí que necesitabas familia y amor, no entrenamiento. Pero él ganó, diciendo que para empezar él no estaba mucho en casa, y me di por vencida porque no eras mío."

"No fue tan malo."

"Tampoco fue bueno, Edward," bufó indignada. "¡Tu madre nunca hubiera permitido que te enviaran lejos!"

Me eché a reír, sabiendo que era cierto. Mi mamá me hubiera mantenido cerca—con mal comportamiento, fumando hierba, y todo.

Observó mi rostro, levantando finalmente la mano para tocar mi mejilla. "Carlisle me llamó hace unos años, cuando te acababas de unir a su equipo. Fue después de tu accidente y descargo. Estaba molesto. Me dijo que tal vez había tenido razón, que había criado a un soldado, no a un hijo. Vio cómo te volvías frío, iracundo, letal… y no era lo que él quería para ti."

Fruncí el ceño, bajando la vista a mis manos. "Estaba…"

"Así que, cuando me llamó hace unos días," continuó con una sonrisa astuta en su rostro, "imagina mi sorpresa cuando, a pesar de estas… circunstancias inusuales, me contó sobre Bella, su padre, y ."

Le sonreí. "Soltó todo, ¿no?"

"¡Todito!" Se rio. "Nunca lo había escuchado tan orgulloso. O feliz por ti. Me dijo que Bella había sido… lastimada, pero que tú y ella habían encontrado una forma de hacerle frente, que no debería molestarte. Que debería de ignorar cualquier arreglo de alojamiento que eligieran porque lo que sea que ustedes dos estuvieran haciendo… bueno, estaba funcionando. Para los dos."

Me reí, negando con la cabeza, y alcanzando a ver a Bella saliendo del establo con Rose y Mickey. Las tres se reían a carcajadas con mejillas rosadas y grandes sonrisas.

"¿Qué debo hacer cuando esto termine?" Le pregunté, casi sin poder apartar los ojos de Bella mientras caminaba hacia nosotros.

"¿Qué es lo quieres hacer?" Preguntó, y escuché la voz de mi madre en esa pregunta.

"Quiero…" Suspiré, mirando a lo mejor que había visto en días—la bulliciosa risa de Bella en todo su esplendor. "Quiero quedármela… nunca dejarla ir."

"Entonces, no lo hagas," se rio Kate, levantándose del columpio.

"¿Cómo?" Le pregunté, frunciéndole el ceño. "Nosotros… tenemos vidas diferentes, incluso si podemos regresarle la suya. Yo viajo, ella viaja, y los dos podríamos conseguir que nos maten con lo que hacemos."

Kate soltó un resoplido pero tomó una respiración profunda antes de darme un ligero beso en la frente. "Si se aman, lo resolverán. No es difícil, Edward. Sopesas que es lo más importante, y lo haces," susurró, justo cuando las chicas llegaron a los escalones del porche. "Tu madre te querría feliz y enamorado de una chica hermosa que te amara de la misma forma, no como un solitario y rico soldado con nadie a su alrededor."

Suspiré, parpadeando para contener las lágrimas. "Gracias, tía Kate."

Asintió, me guiñó un ojo, y desvió su atención hacia las chicas que balbuceaban felices al reunirse con nosotros. "Bueno, ¿cómo están mis cuidadoras de zoológico?"

Todas empezaron a hablar al mismo tiempo, pero el anuncio de Bella fueron las mejores noticias. "¡Obie dice que Tia va a tener perritos!"

Sonreí porque las tres chicas estaban que no cabían en sí mismas de la emoción.

"¿De nuevo?" Kate se echó a reír, aplaudiendo alegremente. "¡Eso es genial! No hemos tenido pequeñitos andando por ahí en un tiempo. ¿Dijo en cuánto tiempo?"

"¡En solo unas semanas!" Mickey dijo entusiasmada. "¡Y dijo que si todavía estábamos aquí, podíamos estar allí para ello!"

Me eché a reír, tirando de Bella para sentarla en el columpio conmigo, y en seguida se acurrucó a mi lado, feliz mientras veía a las otras dos bromear entre ellas.

"Sí, bueno, si él dice que un volcán está haciendo erupción, seguirías a Obie a donde fuera," Rose se rio con un resoplido, golpeando a Mickey con el codo, lo que solo hizo que Bella se desternillara de la risa en silencio.

"¿En serio?" Me burlé con una sonrisa de suficiencia. "Cuenta, Michelle…"

"¡Cállate, niño bonito!" Gruñó, pero se veía como si estuviera a punto de estallar en llamas, su rostro estaba tan rojo.

Bella se rio, picándome con su dedo. "Déjala en paz. Creo que a él también le gusta ella."

"¡Oh jo!" Me reí, empezando a levantarme. "¡Esto se está poniendo interesante! Vamos a tener que tener una pequeña charla con este chico…"

"Oh, Dios," gimió Mickey, mirando a Bella, Rose y finalmente a tía Kate antes de poner el rostro en sus manos.

"¡Em! ¡Jasper!" Los llamé, sin dejar de reírme cuando asomaron la cabeza por la puerta. "Tal parece que nuestra linda Michelle ha encontrado… un chico," canturreé, poniéndome finalmente de pie, pese a las manos de Bella y Mickey empujando y tirando de mí hacia atrás.

"¡Edward, joder, no te atrevas!" Me siseó Mickey mientras empujaba mi pecho al mismo tiempo que Bella estaba tirando de mi camiseta. "¡No tienes que interrogarlo!"

"¡Excelente!" Emmett se rio, frotándose las manos, solo para tronarse todos los nudillos. "¿Quién?" Gruñó, flexionando cada músculo.

"¡Chicos, ustedes no lo harían!" Jadeó Bella, mirándonos con la boca abierta y las cejas levantadas.

"Oh, sí, lo haremos," dijo Jasper con una sonrisa de idiota. "¿Quién, Mick?"

"¡Mierda!" Gruñó, viéndose más roja que nunca.

"Al parecer, Obie," la tía Kate se unió con una sonrisa antes de volverse a Bella. "Y sí… en realidad tienen que hacerlo. Aunque, él es un buen tipo, chicos."

"¡Edward, por favor!" Mickey suplicó, sacudiendo su cabeza y parándose frente a los escalones del porche.

"No lo creo," solté una risita, sonriéndole. "Es nuestro trabajo asegurarnos de que es un tipo decente…"

Bella resopló, rodando los ojos y cruzando los brazos sobre su pecho. "Increíble. Me alegra tanto no haber tenido hermanos. Vas a asustarlo, Edward. Es muy tímido."

"Ese es el punto, Bellsy," Emmett se rio entre dientes, quitando a Mickey físicamente del camino y poniéndola a un lado.

Estaba a punto de salir hacia el establo, cuando el teléfono de Bella sonó. Era su recordatorio de la medicina para sus cicatrices. Me giré para verla porque en realidad no habíamos trabajado en sus cicatrices o su miedo al tacto desde que habíamos llegado a la granja, pero ella solo agitó su mano diciéndome que continuara.

"Ve… se un matón, Edward," se rio entre dientes, rodando los ojos otra vez. "Primero necesito darme una ducha. Huelo a perros, sudor y heno," bufó pero soltó unas risitas.

Sonreí, besando su frente, y salí disparado al establo mientras Mickey nos llamaba inútilmente.

~oOo~

BELLA

Me reí para mí misma pero vi a Rose cuando salieron corriendo hacia el establo, Mickey frenética detrás de ellos. "Le van a dar un susto de muerte," me reí entre dientes, levantándome del columpio.

"Cierto," concordó con una carcajada. "Obie es un tipo muy callado. Pensará lo peor cuando ellos entren allí."

"Ve a asegurarte que no lo… amarren a las vigas del establo y lo cuelguen boca abajo," le dije riéndome. "Lo torturarán para conocer su historial de novias o algo así."

"Estúpidos chicos," Rose se burló, rodando los ojos y bajando los escalones. "Solo deberían pedirle a Alice que lo investigue."

Se alejó, pero la risa de Kate llamó mi atención. "Alice no encontraría nada de Tom y Obie. No es como si hubiera un montón de hospitales de donde vinieron."

"¡Oh!" Jadeé, esbozando una sonrisa. "¡Sí, pero ellos no tienen que saberlo!" Me eché a reír y ella se me unió.

"Lo que me recuerda," continuó. "Esos dos van a hacer un viaje mañana para traerme suministros. Necesito que todos hagan una lista de las cosas que van a necesitar. Van hasta Anchorage, para visitar algunas tiendas por mí. Van una vez al mes."

"Está bien, no hay problema," dije asintiendo, alcanzando la puerta mosquitera del porche. "Les diré a las chicas. Estoy seguro que es tiempo de abastecerse," le dije, haciendo una nota mental de más crema para las cicatrices porque mi tubo casi se había terminado, pero eso también me hizo recordar algo más que necesitaba.

Caminé por la casa, encontrando la habitación de Esme. Estaba sentada al borde de su cama, doblando ropa. Se había dado a la tarea de lavar la ropa de todos, aunque ninguno de nosotros se lo pidió.

"Hey," dije en voz baja, apoyándome en el marco de la puerta.

"Bells," canturreó, levantando la vista de una pila de calcetines que intimidaría a la más experimentada de las amas de casa. "¿Cómo te sientes? ¿Cómo está esa pierna?"

"Bien," le dije. "Yo… eh, necesito hablar contigo."

"Claro, cariño, cierra la puerta," me dije, haciendo un gesto con su barbilla al mismo tiempo que hacía bolita dos calcetines negros. "Tal vez puedas ayudarme con esto…"

Me reí de su expresión torturada pero asentí y me senté del otro lado de la montaña de calcetines. "¿Son los calcetines de todos?" Me reí entre dientes.

"¡No! ¡Solo los de Emmett!" Soltó unas risitas, rodando los ojos. "Ese chico, no importa cuán grande es, solo tiene dos pies."

Sonreí pero cogí un juego similar y los hice bolita, poniéndolos a un lado.

"¿De qué quieres hablar?" Preguntó, inclinando su cabeza hacia mí.

Arrugué mi nariz pero tomé un profundo respiro. "Eh, justo antes de mi último trabajo—ya sabes… Álvarez. Tenía cita para ver a mi médico. Necesitaba mi… inyección." Le dije, levantándole una ceja. "Me toca pronto… muy pronto."

Respiró hondo y asintió pero no dijo nada.

"La razón por la que te lo estoy diciendo es porque Kate va a enviar mañana a Tom y a Obie a Anchorage," continué, las palabras salían a toda prisa por los nervios. No me gustaba tener que hablar de mis anticonceptivos con ella, pero no tenía opción; no era como si pudiera visitar un hospital sin que me reconocieran. "Kate me dijo que le dijera a todos que tuvieran su lista de suministros lista… y no quiero perder la oportunidad…"

"Bella, detente." Se rio entre dientes, poniendo su mano sobre la mía. "Yo me haré cargo. ¿Sabes de las otras chicas? Me refiero a que, he notado algunos nuevos… arreglos de dormitorios. Sé que Rose prefiere la píldora, y la última vez que se surtió fue en Trinity, pude comprarlo por ella, pero no sé sobre Alice y Makenna."

"No creo que Makenna las tome, y realmente no sé de Alice. Vas a tener que preguntarle."

"Muy bien," suspiró, mirando con tristeza la ahora reducida pila de calcetines de Emmett. "Voy a ver si puedo viajar con ellos. Tú y Edward…" Empieza a decir, pero hace una pausa para observar mi rostro. "¿Estás lista para dar ese paso?"

"No… sí," balbuceé, y luego opté por encoger solo un hombro. "No lo sé," susurré, sintiendo las lágrimas en mis ojos porque a pesar de mi frustración sexual, todavía estaba aterrorizada del tacto. "Sí," solté finalmente. "Pero no puedo." Lo último salió como un sollozo entrecortado.

Me sonrió sinceramente, quitando los calcetines de su camino a fin de acercarse a mí. Tomando mi rostro entre sus mano, me dijo, "Puedes hacerlo. Y el que incluso estés preguntando por anticonceptivos significa que al menos estás considerando la posibilidad de que podría suceder, lo que a su vez me dice que no te has dado por vencida, mi niña hermosa. Déjame preguntarte algo."

Asentí, sorbiéndome un poco la nariz. "Adelante."

"Haz a un lado tu miedo, Bella, y dime… ¿Ya hubieras consumado tu relación si no tuvieras miedo, o cicatrices?"

"Dios, sí," dije entre mi aliento mientras lágrimas rodaban por mis mejillas. "Lo amo tanto, Esme…"

Me sonrió con tristeza, limpiando mis lágrimas con sus pulgares. "¿Y quieres demostrárselo?" Preguntó, y yo estaba asintiendo incluso antes de que terminara la pregunta. "¿Te está presionando demasiado, Edward?"

"¡No!" Jadeé. "En todo caso, él es más paciente que yo."

Se rio suavemente, besando mi mejilla. "Ustedes dos encontraran la forma correcta, cariño. ¿Te está ayudando con tu medicina?"

Asentí, tragando grueso, porque me di cuenta que probablemente llegaría antes a su habitación y entonces se preocuparía de que no estuviera allí. "Tan pronto como tome una ducha, se supone que lo intentaremos de nuevo."

"Dios, cariño… lo dije una vez, y lo voy a seguir diciendo. Solo sigue intentándolo," me instó en voz baja, enjugando más lágrimas. "No es una carrera, así que no te presiones demasiado. No se trata de hormonas o química, aunque lo entiendo, porque ustedes dos pueden calentar una habitación." Se rio de que me reí y me sorbí la nariz al mismo tiempo. "Se trata de asegurarse que seas una persona completa antes de compartirte a ti misma, tu cuerpo con alguien más, Bella. Y cuando eso suceda, entonces, no creerás cuan hermoso será porque no solo será sexo, va a ser amor en su forma más pura."

Sabía que tenía razón, pero era diferente cuando Edward y yo estábamos solos, cuando lo deseaba tanto que era casi doloroso. Lo deseaba, pero cuando llegaba a cierto punto, me congelaba, y eso me molestaba más que a Edward, lo que me hacía amarlo aún más. Era un maldito círculo vicioso.

Nos levantamos de la cama al mismo tiempo, y Esme me abrazó con fuerza. "Lo estás haciendo bien, Bella. Sigue haciendo lo que estás haciendo porque obviamente está funcionando," me susurró al oído antes de echarse hacia atrás para asegurarse de que la había escuchado. "Y nos encargaremos de esa inyección mañana en la noche, ¿está bien?"

Asentí, besé su mejilla y entonces le dije, "Gracias, Esme."

Para cuando entré en la habitación, casi esperaba que Edward estuviera allí, pero al parecer, todavía estaba fuera torturando al potencial pretendiente de Mickey. Me reí para mí misma por su naturaleza protectora.

Edward todavía no había regresado para cuando me había duchado, rasurado y lavado el cabello. Por costumbre, iba a coger mi sujetador deportivo y boy shorts, pero me detuve, observándome en el espejo del baño. Con manos temblorosas, solo agarré los boy shorts, me los puse y dejé el sujetador en el tocador. Me puse una bata, atando el cinturón con fuerza a mi alrededor, pero estaba tan nerviosa por este siguiente paso que apenas podía respirar. Me recargué en el lavamanos, apoyándome con los brazos, tratando de controlarme un poco. En el momento que escuché la puerta de nuestra habitación cerrarse de golpe, Edward riéndose, y mi nombre, estaba a punto de ver estrellas.

"En el baño," dije en un resuello, cerrando mis ojos con fuerza y respirando tan profundo como pude.

Un suave golpe en la puerta me hizo inhalar bruscamente, y la voz de Edward, ahora más suave, se escuchó desde el otro lado. "Bella, ¿estás bien?"

"No," me reí sin humor, dándome la vuelta cuando abrió la puerta.

"¿Puedo entrar, amor?"

"Sí," respondí asintiendo con la cabeza, sin dejar de asentir cuando pasó a mi lado.

"Hey, ¿de qué se trata esto?" Preguntó, su voz reconfortándome, aunque probablemente él no lo sepa. Me dio la vuelta, levantándome y poniéndome en el tocador para verme directamente a los ojos. "Podemos esperar, bebé," me dijo, mi rostro entre sus manos. "No hay prisa."

Bufé indignada, rodando los ojos, porque prácticamente esas fueron la exactas palabras de Esme. "Quiero intentarlo. De verdad quiero…"

Me dio una suave sonrisa, presionando brevemente sus labios a los míos. "Entonces lo intentaremos… pero no quiero que te presiones, Bella."

Asentí, mordiendo mi labio inferior y bajando la vista a mi regazo. "Bien," suspiré, levantando la vista cuando, en mi visión periférica, su camiseta salió volando. "¿Qué estás—"

"Necesito primero una ducha, bebé," se rio, pero vi algo más destellar en sus ojos. "Tú estás limpia, así es que yo también debería de estarlo," dijo con una sonrisa malvada, su lengua deslizándose por su labio inferior al mismo tiempo que sus manos alcanzaron el botón de sus jeans.

Mis manos se cerraron en puños en mi regazo porque deseaba tanto ayudarle a salir de esos malditos jeans. Quería bajarlos junto con cualquier otro material estorboso que hubiera debajo de ellos. Quería sentir a Edward por completo sin nada entre mis manos y su piel.

"¿Simplemente te vas a desnudar frente a mí?" Le pregunté, con ganas de reírme ante su sonrisa de suficiencia, pero no pude porque estaba en el momento de luchar o salir huyendo.

"Puedo hacerlo," me provocó, bajando el cierre lentamente, y gracias a Dios Todopoderoso que tenía bóxer debajo. "No tengo problema en mostrarte…"

"Oh," gemí y mi ceño se frunció cuando se rio misteriosamente, lo que hizo que todas mis partes femeninas se apretaran porque maldita sea, si no era un jodido descarado y hermoso. "Edward…"

"No te tengo aquí," se rio con resoplido, pero se acercó a mí.

Me di cuenta que olía dulce, como a aserrín y sudor, y todas esas cosas que me estaban haciendo difícil tomar una decisión clara. De hecho, me acerqué, inhalando profundamente su aroma. "Joder, ¿qué hiciste hoy?" Pregunté, mirándolo.

"Reparé el porche trasero. La barandilla estaba podrida," respondió, pero su sonrisa era torcida y sexy.

"Jesús," susurré para mí misma, colocando una mano en el centro de su pecho. "Edward, déjame salir de aquí… por favor. Joder, no puedo ver y no tocar. Es una tortura."

Dio dos pasos hacia atrás, sus manos se levantaron en un gesto de rendición, pero que me jodan, si su jean— ropa interior y todo—se deslizó de sus caderas apenas unos cinco centímetros. En ese momento, me lo estaba comiendo descaradamente con los ojos. Sabía lo que había debajo de esa tela, y lo quería.

"No te estoy impidiendo que toques, dulzura," se rio, guiñándome un ojo cuando mi mirada le levantó de golpe hacia la suya.

Me bajé del tocador, reuniendo el valor porque cuando haya terminado de ducharse, él va a ser el que me toque, y no iba a ser tan divertido como lo era este momento. Me superaba el miedo a tocarlo. Había tomado más tiempo de lo que esperaba, pero cuando finalmente me liberé del abuso de Miller de mi propia mano y tomé de nuevo el control de lo que quería, no tuve ningún problema con el hombre que estaba en este momento alejándose de mí.

Di dos pasos hacia él, y se encontró con su espalda pegada a la pared. Primero, permití que mis ojos lo admiraran, y parpadeé alejando el flashback de Miller poniendo mi mano en la entrepierna de sus pantalones para sentir su excitación que me hizo querer vomitar. En lugar de eso, me centré en el arte en forma pura que era el cuerpo de Edward mientras se recargaba casualmente en la pared del baño.

Nervioso, anchos hombros, caderas estrechas, y abdominales con una uve que apuntaba justo al simple rastro de vello que llenó mi visión. Su respiración se aceleró cuando mis manos se levantaron frente a su pecho. Sin su camiseta, su aroma era algún tipo de extraño afrodisiaco, y provocó que realmente me lamiera los labios antes de colocar mis manos en su piel.

Los dos gemimos al mismo tiempo—el suyo profundo, y el mío casi un lloriqueo—a medida que mis dedos arañaban ligeramente su pecho, abdominales, y finalmente, agarraron la parte frontal de sus jeans, incluyendo la cintura de su ropa interior. Me incliné, trazando con mi nariz desde su esternón a su garganta, y finalmente por su cuello hasta su oreja.

No dije nada, solo me deleité en la sensación de sus brazos deslizándose alrededor de mi cintura, su olor invadiendo mis sentidos, y la tensión que nos hacían… ser nosotros. Su cabeza cayó en mi hombro, y un gemido se le escapó brevemente.

"De verdad, me encanta que quieras intentarlo, Bella," murmuró contra la piel de mi cuello. "Pero me estás matando…"

Sonreí, plantando un sonoro beso en su cuello antes de apartarme. "Y así es para mí el mirarte, Edward," le dije, mis manos soltando finalmente la parte del frente de sus pantalones. "Ducha, cariño…" Canturreé con dulzura, mirando su excitación dura como el acero.

Mi mano empezó a moverse hacia él, pero su cálida y fuerte mano sujetó mi muñeca. "Tócame, y vamos a tener un problema," dijo con un jadeo, sus ojos prácticamente rogándome.

Quería tomarle el pelo con lo de la resistencia, pero no tuve el corazón para hacerlo, en especial cuando me estaba viendo en la forma en la que lo estaba haciendo en el momento—como si realmente fuera a explotar en cualquier momento en todos los niveles.

Sus ojos estaban casi negros de deseo, su mandíbula se tensaba y relajaba cada vez que apretaba los dientes y me miraba a través de sus largas y oscuras pestañas con párpados pesados y su lengua lamía lentamente sus labios.

"Joder, amor, por favor," gruñó. "Te amo, pero a veces, no puedo ser… honorable. Has trabajado tanto para llegar a este punto, bebé. No tienes idea de cuánto te deseo. Por favor…"

Asentí y me alejé rápidamente, entendiendo por completo porque él parecía querer comerme viva. Y de repente, me sentí mal por provocarlo cuando en realidad, solo estaba tratando de distraerme por lo que de verdad se supone que deberíamos estar haciendo. Estaba que me cagaba del miedo por este siguiente paso porque no solo iba a tocar mis pechos, sino que también vería las cicatrices en ellos, y no eran lindas.

"¿Por qué nos hacemos esto?" Murmuré, sacudiendo mi cabeza y dándome la vuelta para irme.

Antes de que llegara a la puerta, fuertes brazos me rodearon, y me atrajeron al pecho de Edward. "Porque no podemos evitarlo, bebé. Los dos queremos aquello para lo cual no estás lista. Es como nosotros… lidiamos con ello."

Asentí, inclinándome hacia su beso en la parte de atrás de mi cabeza. "Sí, supongo que sí. Lo siento. Es solo que estoy asustada, Edward. Me parece tan cruel…"

"Pero tremendamente divertido," se rio sombríamente. "Ahora… afuera. Y cuando… mmm, haya terminado aquí, vamos a trabajar en la mierda más seria, Bella."

Asentí de nuevo y lo dejé tomar su ducha.

~oOo~

EDWARD

"Edward, por favor, por favor no lo hagas," Mickey me rogaba mientras caminábamos hacia el establo.

Me reí cuando Emmett entró prácticamente saltando a través de las amplias puertas del establo. Mickey tiró de mí una vez más, esta vez mi mano.

"¿Por qué?" Me reí entre dientes, deteniéndome frente a ella. "¡Después de toda la mierda que me has dado durante todos estos años con eso de que no cuento… toda esa mierda! ¡Todas esas historias sobre citas fallidas! ¡Oh no!" Solté una carcajada, apretando su hombro. "Veamos si podemos romper con tu… racha de mala suerte…"

"¡Maldita sea!" Siseó, mirando a Jasper por ayuda. "Jazz, no le permitas hacer esto…"

"¿Qué no se lo permita?" Se rio con un resoplido. "¡Oh, esto tengo que verlo, querida! Qué hace a este tipo diferente a… ¿cómo se llama?"

"Chris," gruñó con los dientes apretados y rodando los ojos. "Chris era un idiota. ¡Obie… no lo es!"

Sonreí al ver a Emmett, que parecía como un niño que estaba a punto que se le diera rienda suelta en una juguetería. "Él no lo es... dice ella." Me volví de nuevo hacia ella. "Entonces, ¿qué hay de malo en una pequeña… charla, Mickey?"

"¡Vas a hacer que se cague del miedo, Edward!" Dijo con brusquedad, pero nos miró a los tres. "Él no es mi… tipo habitual. Es tímido… dulce."

Emmett sonrió, de nuevo frotando sus manos, como si no pudiera esperar el ponerle las manos encima a esta pobre y desprevenida alma. "Mick… es una conversación. Solo queremos saber si es un buen tipo."

"¡Kate confía en él!" Respondió, soltándome y agarrando su camiseta. "¿Por qué no pueden hacer lo mismo chicos?"

"Solo unas cuantas preguntas, Mick," me reí entre dientes, esquivándola una vez más antes de entrar corriendo por las puertas del establo con Jasper, Emmett y ahora Rose, siguiéndome.

"Chicos, ¿es realmente necesario?" Preguntó Rose, pero podía oír su diversión.

"Demonios, sí," todos le respondimos, pero ella solo resopló y puso los ojos en blanco.

Honestamente, en los cuatro días que habíamos estado en la granja, no había hablado mucho con los dos hermanos. Confiaba en la opinión de Kate explícitamente en lo que se refería a seguridad porque ella había aprendido de mi padre y su esposo, Garrett. Había comprendido nuestro mundo a la perfección, con inteligencia, tomando decisiones increíbles cuando se trataba de su granja. La mantenía en secreto, controlada, y era probablemente la casa más segura que teníamos. Estaba completamente oculta en el bosque Denali de Alaska. Si alguien deambulaba por aquí, lo que era casi imposible de hacer, verían una granja en funcionamiento, nada más. No verían el arsenal que mantiene oculto en paredes falsas tanto de la casa como del establo. No verían las cámaras que captaban casi cada centímetro cuadrado del lugar. Y no verían los cuatro medios lobos gigantes acechándolos hasta que fuera demasiado tarde.

Los dos, Tom y Obie, estaban ocupados limpiando uno de los compartimientos, haciendo lo que pareciera ser un lugar donde Tia tendría a sus cachorros. Los dos levantaron la vista cuando todos nosotros entramos al establo, apoyándose en sus rastrillos. Parecían preocupados pero no asustados. Sin embargo, los ojos de Obie lo traicionaron porque pasaron de nosotros a Mickey en el momento que ella apareció a mi lado.

"Edward, por favor, no lo hagan," me rogó, esta vez sonando como si estuviera casi a punto de llorar cuando me alejé de ella.

"Edward Cullen," me presenté, usando un apretón de manos firme y una postura intimidante. "No creo que todos hayamos sido presentados. Sin embargo, creo que ya han conocido a Mickey…" Me reí, haciendo un gesto hacia ella mientras hacía un puchero detrás de nosotros.

"¡Voy a patearte el trasero, Edward!" Dijo con una mueca, rodando sus ojos cuando me reí.

"Soy Tom," el mayor de los dos dijo, estrechando la mano de todos. "Mi hermano, Obie. ¿De qué se trata esto?" Preguntó, pero portaba una sonrisa irónica, como si apenas lo estuviera comprendiendo.

"Bueno, Mickey nos estaba diciendo," empezó a decir Jasper con una sonrisa, "que tu hermano ha sido… muy dulce y amable. No es algo que por lo general use para describir a alguien…"

Me eché a reír, palmeando su hombro. "En realidad, lo que Jasper está tratando de decir es que… creemos que Obie le está enseñando más que solo… la cría de animales," le dije con una grande y cursi sonrisa.

Tom se rio, empujando a su hermano, que estaba ahora de unas cuarenta tonalidades de rojo y mirando para todos lados menos a Mickey. "La que te espera ahora, hermano," se burló de él. "Sus hermanos mayores te están vigilando…"

La cabeza de Obie se levantó de golpe mirando alrededor a Jasper, a mí y entonces, finalmente a Emmett, que había comenzado a estirar sus enormes brazos de una manera ridículamente dramática, haciéndome rodar los ojos.

El pobre Obie empezó a sudar pero se mantuvo callado, solo mirando a su hermano en busca de ayuda.

Emmett se carcajeó, sacudiendo la cabeza. "Aw, demonios, Eddie… está enamorado de ella."

"Solo estamos aquí para asegurarnos de que tú… no la jodas," Jasper dijo amenazante, pero llevaba las más divertida de las malditas sonrisas.

"¡Maldita sea, chicos!" Mickey gruñó, mirándonos a nosotros. "¡Yo puedo con mi mierda!"

Pero fue cuando en broma Emmett la cogió de nuevo para hacerla a un lado que los verdaderos colores de Obie salieron a la vista.

"¡No la toques!" Gruñó, cogiendo su rastrillo y sosteniéndolo como si fuera a abanicar un bate de béisbol.

"¡Oh, demonios!," Jasper dijo con un resoplido al mismo tiempo que él y yo nos poníamos entre Obie y Emmett, que estaba congelado con Mickey en el aire. "Tal vez esto fue un error," se rio.

Tom entró en acción en defensa de su hermano, de pronto estábamos en posición de defensa.

"Em, bájala," dije en voz baja, pensando que estos tipos no nos conocían lo suficientemente bien para saber qué era un juego y qué era en serio.

"Obie, está bien," Mickey lo tranquilizó, corriendo hacia él y agarrando el rastrillo. "Ellos… son como mis hermanos… jugamos todo el tiempo."

Tom soltó un resoplido pero se volvió para ver la reacción de su hermano. Obie nos fulminaba con la mirada a los tres, como un oso que protege a su cachorro, pero fue cuando volvió su atención de vuelta a Mickey que sus ojos se suavizaron significativamente.

"No le hagan caso," Tom nos dijo riéndose a Jasper y a mí. "No ha estado mucho con chicas…" Nos levantó una ceja. "Cuando Kate me contrató, mencionó que le sería de ayuda uno más, así que envié por él, y hemos estado aquí por unos cinco meses. Somos algo así como unos marginados de dónde venimos porque somos mitad blancos y no sabemos quién es nuestro padre, por lo que Obie ni siquiera fue a la escuela. Yo, al menos, llegué hasta la secundaria. Aunque, Kate le está enseñando. Es un buen tipo—solo… inocente."

"Oh maldición, ¿te refieres a… huérfanos?" Preguntó Emmett de la forma más ofensiva posible, lo que le valió un tortazo en la parte de atrás de la cabeza por Rose.

"¡No seas grosero, Em!" Siseó, fulminándolo con la mirada mientras él se encogía tímidamente.

Sacudí la cabeza pero me volví hacia Tom cuando respondió.

"Sí, algo así," le dijo a Emmett. "Nuestra madre es de una pequeña villa justo a las afueras de Juneau, pero nuestro padre es blanco, y no tenemos idea de dónde está. La dejó en la ciudad con dos niños y sin dinero. Tuvo que dejarnos. Hay algunos habitantes de Alaska que todavía se adhieren a las viejas costumbres, no quieren a los hijos de alguien más—en especial niños de raza mixta," explicó, alejándonos de su hermano y Mickey, que estaban ahora hablando en voz baja.

"Mi hermano tiene buenas intenciones," continuó con una sonrisa. "Protegemos ferozmente a Kate porque nos trata mejor de lo que nuestra madre nunca hizo… ¿sabes?"

"Lo sentimos, amigo," Emmett se rio, tendiéndole su mano para estrechar la suya. "Vivimos para meternos con ella, hombre. Así que cuando se puso toda cursi con nosotros…"

Me reí, negando. "Sí, es fácil hacerla enojar."

"Eso veo," se rio Tom, mirando por encima de hombro hacia la pareja. "Es divertida, una buena trabajadora, y muy buena con los animales."

"Lo que me recuerda," dije en voz baja, mirando hacia los compartimientos. "¿Todavía se puede montar a Goliath?"

"¿Estás bromeando? Le encanta. ¡Nunca ha actuado más joven!" Se echó a reír. "Te lo prepararé para mañana. Le vendría bien una cepillada, de todos modos."

"Gracias," le dije estrechando su mano. "Dile"—señalé a Obie— "que no teníamos intención de lastimarlo. Solo nos estábamos metiendo con ella. Nunca la habíamos visto tan… avergonzada."

Tom sonrió y asintió, diciendo, "No se preocupen… también planeo tomarle el pelo."

Jasper, Emmett, Rose y yo nos reímos en el camino de vuelta a la casa, pero tan pronto empecé a caminar por el pasillo, recordé lo que estaba a punto de hacer y mi risa murió cuando cerré la puerta de mi habitación, llamando a Bella.

Un extraño sonido vino desde el otro lado de la puerta del baño y me paré en seco. Hice una mueca cuando reconocí la respiración temblorosa de Bella, como si apenas pudiera tomarla. Sabía que el siguiente paso para ella iba a ser grande, pero se oía aterrorizada.

No podía entrar allí lo suficientemente rápido, pero traté de mantener la calma, por su bien. Toqué suavemente, preguntando si estaba bien, pero metí la cabeza sin esperar una respuesta. Estaba prácticamente hiperventilando mientras se apoyaba en el tocador del baño. Llevaba puesta solo una bata por lo que podía ver, pero su rostro estaba pálido, sus ojos mirándome por ayuda.

La cogí y la puse junto al lavamanos, quitando su cabello todavía húmedo de su rostro. Quería dejarle saber que no había prisa para este siguiente paso porque era mucho más íntimo que los últimos límites que habíamos cruzado.

"Quiero intentarlo… de verdad quiero," me juró, y vi no solo el miedo sino también esa fiera determinación que tenía que ponerse como un abrigo para el frío.

Era mucho más fuerte de lo que ella misma se daba crédito, y sabía que podía hacer esto. Si no era esta noche, entonces alguna otra noche, pero lo haría.

Con toda honestidad, lo que pasó a continuación no estaba planeado de mi parte. Me quité la camiseta, dejándola caer en el piso del baño. Me volví para abrir la llave de la ducha pero alcancé a ver la mirada fija de Bella.

"¿Qué estás…?" Empezó a preguntar, pero fue su mirada en mi pecho lo que me hizo reaccionar de la forma en que lo hice.

"Necesito primero una ducha, bebé," la provoqué, agarrando mis jeans y queriendo reírme cuando sus ojos se oscurecieron prácticamente en un parpadeo. Pasaron de un preocupado marrón cálido a uno oscuro y deseoso. "Tú estás limpia, así es que yo también debería de estarlo."

"¿Simplemente te vas a desnudar frente a mí?"

"Puedo hacerlo. No tengo problema en mostrarte…" Le dije, comprendiendo cómo debió haberse escuchado para ella. Como si fuera un verdadero pendejo desafiándola por sus miedos, pero no fue así como ella reaccionó.

Se acercó a mí, inhalando profundamente antes de preguntar que había hecho ese día, y juro que gimió cuando le dije. Finalmente, me empujó hacia atrás, empezando a deslizarse para bajar del tocador, su voz escuchándose casi incómoda.

"Edward, déjame salir de aquí… por favor. Joder, no puedo ver y no tocar. Es una tortura."

Me alejé de ella porque no quería que se sintiera incómoda y me pegué a la pared detrás de mí. Quería darle espacio para que dejara la habitación, de manera que pudiera terminar mi ducha; en lugar de eso, estiró su mano y me tocó.

Quería agarrarla, tomarla contra la pared detrás de mí, cuando su mano salió disparada para agarrar la parte frontal de mis jeans abiertos. No pude evitar envolverla en mis brazos porque no podía permitir que su toque dejara mi piel al mismo tiempo que sus labios se arrastraron por lado de mi cuello. Sentí mi polla removerse con cada respiración que rozaba mi piel.

Quería hacerle cosas a mi chica en las que no debería pensar porque definitivamente ella no estaba lista, pero entre más me tocaba, más la deseaba, casi hasta el punto de perder el control. Cuando alcanzó a ver mi erección, supe que tendría que detenerla porque no habría vuelta atrás. Tenía que detenerla porque estaba a cinco segundos de abrir su bata con fuerza, y ese hubiera sido el peor error que alguna vez hubiera cometido con ella. No podía permitir que sucediera.

"¿Por qué nos hacemos esto?" Susurró, dándome la espalda, y me sentí como un maldito pendejo porque me estaba usando como una distracción.

No podía dejarle pensar que había hecho algo malo… porque no lo había hecho. En lo absoluto. Así que la abracé antes de que llegara a la puerta, explicándole que era la forma en que lo manejábamos, la forma en que lidiábamos con nuestros problemas. Puede que no haya sido perfecta, pero era perfecta para nosotros.

Besé su nuca, inhalando el dulce aroma de su champú mientras ella se disculpaba innecesariamente. Dijo que era cruel, pero para mí, nunca fue cruel. Era divertido presionarla, viendo con qué reacciones me respondía, y no era como si ella no pudiera hacer lo mismo también. Era extremadamente sexy todo el tiempo, pero joder, cuando trataba de flirtear, me dejaba sin aliento.

"Pero tremendamente divertido." Le dije sinceramente con una risita. "Ahora… afuera. Y cuando… mmm, haya terminado aquí, vamos a trabajar en la mierda más seria, Bella."

Me apresuré con mi rutina en la ducha, solo para asegurarme de no darle tiempo a que pensara demasiado en lo que estábamos a punto de hacer, pero para cuando salí del baño, podía ver el miedo empezando a resurgir. Estaba caminando de un lado a otro, golpeando el tubo de crema contra sus nudillos. Mordiéndose ese labio inferior suyo por la puta ansiedad, su ceño fruncido.

Llevaba solo una toalla, pero caminé directamente a la cama y me senté. "Bella, ven aquí," dije con un suspiro, levantando mi cabeza hacia ella cuando vino a pararse frente a mí, donde tomé sus manos en las mías, poniendo la crema a un lado de mí en la cama. "¿Qué sobre esto te tiene tan preocupada, bebé? Solo soy yo."

"Esto es… diferente," susurró, arrugando su nariz y mirando por la ventana detrás de mí. "Solía estar… orgullosa de mi apariencia, pero ya no."

"Ya estoy impresionado, amor," me reí, besando suavemente sus labios. "Soy apuesta segura. Creo que eres hermosa, sin importar qué…"

Sonrió con tristeza, tomando mi rostro entre sus manos. "Yo… umm… Ese no es el punto, Edward," soltó un bufido, lágrimas inundando sus ojos. "Siento repugnancia de mí misma, a pesar de que simplemente debería de estar agradecida de estar en una maldita pieza."

La atraje hacia mí, sentándola de lado en mi regazo y besando su frente. "Pero estás olvidando algo, bebé," susurré en su oído, sonriendo un poco cuando se volvió hacia mí. "Ya te he visto. Y te vi en tu peor estado.

"Mira," dije en voz baja, cuando no lo entendió. Abrí su bata, solo sobre sus piernas, dejando expuesta la larga cortada en su muslo, que para mí, parecía ser la peor en ella—y la primera que habíamos superado. La tracé a lo largo con mi dedo, mirando de vuelta a su rostro. "Ya se han desvanecido. ¿Te das cuenta?"

"No," dijo en voz baja, pero luego se encogió de hombros. "Tal vez…pero pensé que lo estaba imaginando."

"Nop." Me reí entre dientes, besando su mejilla y cogiendo el tubo de crema. "Esta mierda está funcionando, amor. Así que… mi punto es que si esta se está desvaneciendo, entonces las demás también lo están. Incluyendo las que no he visto. Aún si no, las vi como heridas, bebé, así que esto…" Tracé la cicatriz de nuevo con mi dedo. "Esto siempre se verá jodidamente mejor que como te vi la primera vez."

Su mirada dejó el lugar donde estaban mis dedos sobre su pierna y encontró la mía. Observó mi rostro por lo que me pareció una eternidad, pero al final, asintió, agarrando el cinturón de su bata. Fue entonces cuando se quedó inmóvil, sus ojos cerrados con fuerza.

"Hey, no hagas eso," la reprendí suavemente, acariciando su mejilla con mi nariz. "Mírame. Justo aquí," le dije, señalando mi rostro. "De hecho, vamos a acomodarte de manera que todo lo que veas sea yo."

La moví en mi regazo con lo que ahora estaba a horcajadas en mis muslos, su bata se abrió un poco, pero no importaba. Lo que importaba era las piscinas de un oscuro color chocolate que estaban fijas en cada uno de los movimientos que hice. Desabroché el cinturón de la bata y la dejé caer a los lados, pero mis ojos nunca dejaron los suyos.

"Te amo," le dije, tratando de que sus temblores disminuyeran.

"Edward, también te amo, pero tendrás que hacerlo otro día…" Dijo llorando, agarrando mis bíceps con más fuerza de la que esperaba.

"Dime, Bella. Lo haré el día que tú quieras," la insté, colocando un suave beso en sus labios, "pero tú puedes superar está siguiente fase."

Abrió su boca para hablar pero sacudió su cabeza cuando nada salió. En lugar de eso, estrelló sus labios en los míos, casi tumbándome de espaldas. La agarré por la cintura y de inmediato supe lo que estaba buscando—una distracción. Quería perderse en nosotros, solo para hacerlo más fácil.

"Solo… hazlo, Edward," dijo entre su aliento contra mi boca, sus ojos fieros, determinados, pero seguía temblando cuando mis manos hicieron contacto con sus muslos.

La besé de nuevo, tomándome mi tiempo con largos, lentos y lánguidos besos. Quería que se tranquilizara, asegurándome de que estuviera concentrada en las sensaciones y no solo en besar, aunque apenas si podía pensar claramente.

Continué subiendo por sus muslos, extendí mis dedos a lo ancho, tocando tanta piel como me fuera posible. Toqué todo lo que habíamos superado—sus muslos, su estómago, su espalda y su perfecto trasero, aunque lo último estaba cubierto en lo que estaba seguro era ropa interior de algodón que me haría perder el control; no había mirado para asegurarme. Rocé sus costillas con mis dedos, gimiendo cuando sus caderas finalmente giraron sobre las mías.

"Mm, joder, bebé," gruñí, apartándome de su boca y trazando ligeramente con mis pulgares justo debajo de sus pechos. "Mierda, te sientes tan bien, amor."

"No te detengas," dijo entre su aliento, renunciando finalmente a sujetarse de mis brazos y subiendo sus manos hacia mis hombros para que pudiera girar sus caderas de nuevo, esta vez con mucha más fuerza. "Quiero sentirte, no a él."

Mi boca encontró la suya de nuevo, húmeda y caliente, con nuestras lenguas arremolinándose en medio de todo. Con un último giro de mi cabeza, moví mis manos, tomando sus dos pechos a la vez.

Su respiración se atoró en su garganta, provocando que se apartara de mí con un grito ahogado. Pegó su frente a la mía, sus ojos cerrados otra vez con fuerza.

"Oh, demonios, no," ronroneé, mordisqueando suavemente su barbilla. "Yo, Bella. Vas a ver esto… porque te sientes increíble."

Extendí mis manos sobre ella, sonriendo cuando sus dos pezones se hicieron dos duros picos. Los rocé, apartando la bata de sus hombros y dejándola caer detrás de ella.

Los dos nos quedamos quietos.

"Edward," susurró, aunque apenas pude escucharla.

"Estoy aquí," le dije, besándola de nuevo mientras que dejaba que mis manos retomaran su posición. "Si no me crees, siénteme."

Exhaló bruscamente por la nariz pero quitó sus manos de mis hombros, deslizándolas por mis brazos hacia mis manos, donde tomó sus pechos conmigo. Cuando al fin miró, casi pude ver la tensión dejar su cuerpo, y sus manos salieron disparadas a mi rostro.

"Más," gruñó, pegando su frente a la mía, pero tenía que moverla.

Con un movimiento rápido, la rodé sobre su espalda y me cerní sobre ella, tomándome finalmente un momento para mirarla. Mirarla de verdad.

"Que me jodan," susurré, sacudiendo mi cabeza. "Eres tan hermosa, Bella."

Me apoyé en un codo, dejando una mano libre para seguir tocándola. La crema para las cicatrices tenía que estar funcionando porque por más que lo intenté, solo podía ver unas marcas apenas visibles en ella. Lo que sí veía, eran unos perfectos pechos redondos con malditos pezones rosados que suplicaban ser besados.

"¿Más?" Verifiqué antes de acercarme más, pero a este punto no estaba seguro de que pudiera detenerme.

"Sí," chilló, retorciéndose debajo de mí, pero al parecer, en el momento que me incliné sobre ella se relajó, porque de pronto mi toalla… ya no estaba.

"Eso no es justo, Bella," gruñí, mirándola a través de mis pestañas. "De verdad, estamos entrando en un terreno muy peligroso. Dime que es más, amor," dije un poco brusco, pero solo me sonrió en respuesta a medida que bajaba más y más hacia su pezón que me pedía que lo chupara.

Fijé mi mirada en la suya, esperando su respuesta, lamiendo mis labios. "Quiero probarte, bebé," le dije, tratando de ayudarla. "¿Puedo hacer eso?"

"Sí," susurró con una inclinación de cabeza.

No sé qué estaba pensando, si alguno de los dos estaba pensando en lo absoluto, porque tan pronto como mis labios rodearon su pico, ambos perdimos el control. Bella se arqueó hermosamente sobre la cama, y restregó su calor húmedo contra mi muslo desnudo.

Me moví hacia su otro pezón, arremolinando mi lengua en torno a él solo para ver su reacción, y fue igual de hermosa. Su cabeza cayó hacia atrás, sus rizos color caoba se extendieron a su alrededor mientras gritaba mi nombre, pero fue su agarre en mi cabello, manteniéndome cerca de ella, lo que me dejó saber que estábamos… bien.

"Joder, Edward," gruñó, casi atrayéndome a sus labios por el cabello.

"Pídeme que me detenga, amor," le supliqué; de otra forma, estaba a punto de hacer algo de lo que ambos nos arrepentiríamos.

"No puedo," bufó, casi como si se estuviera riendo, y cuando la miré, llevaba la misma sonrisa llena de maldito orgullo. "Necesito… joder, quiero…" Balbuceó, por fin agarrando mi mano por la muñeca.

Bajó mi mano rozando su estómago, las puntas de mis dedos apenas colándose por debajo del elástico de su ropa interior de un rosa brillante, y me paré en seco.

"Se quedan dónde están, pero maldita sea… has algo…"

Sonreí ante su desesperación pero más ante su determinación de superar todos sus miedos porque estaba tirando de mí.

Me arrodillé frente a ella, apoyando mi mano a un lado de su cabeza mientras la otra trazaba el borde de su ropa interior. Justo cuando me deslicé debajo, siseé cuando sus cálidas manos envolvieron mi polla ya ansiosa y goteando.

"¿Ese es el juego que estamos jugando, Bella?" Le pregunté con los dientes apretados.

"Juntos," jadeó, asintiendo fervientemente.

Tan pronto como mis dedos se deslizaron por sus cálidos pliegues, estaba en una misión, porque estaba tan jodidamente mojada. Giré mi dedo medio sobre su clítoris, y su agarre y ritmo en mi polla hizo que mis ojos rodaran a la parte de atrás de mi cabeza.

"Un día…" Jadeó, mirándome, sus caderas levantándose de la cama.

"Dime," gruñí, finalmente, deslizando un dedo profundamente dentro de ella, mi pulgar presionando justo donde más lo necesitaba. "¿Qué me harías, Bella?"

"Todo," lloriqueó. "Voy a lamerte, chuparte, follarte, y provocarte. Te querré dentro de mí en todas las superficies o donde sea que estemos en ese momento. Me meteré a escondidas en tu ducha, te despertaré, montándote con fuerza… en ninguna parte estarás a salvo, Edward. Te quiero en tu coche, en mi coche—definitivamente en mi coche—, en el establo, el baño, el sofá, pero sobre todo… ¿Tienes una idea de dónde te deseo más?" Me preguntó, lamiendo sus labios y frotando con su pulgar la cabeza de mi polla, haciéndome gemir en voz alta.

"N-No," balbuceé, añadiendo un segundo dedo dentro de ella y deleitándome en lo apretada y mojada y cálida que estaba. No podía esperar a hundirme profundamente hasta las bolas dentro de ella. "¿Dónde?"

"Que me jodan, si no te deseo en tu helicóptero, Edward…" Ronroneó, provocándose un gemido ante el pensamiento.

"Maldición," dije con una mueca, mi cabeza cayendo hacia atrás porque estaba malditamente cerca a correrme. "Por favor, por favor, di que en mi casa…"

"Oh, sí," lloriqueó, mirándome. "Joder, cariño… muy cerca… conmigo."

"Espérame, amor. Te prometo que valdrá la pena," le dije, curveando mis dedos dentro de ella hasta que gritó mi nombre otra vez. "Mmmm, joder, mi nombre suena bien así…"

Me incliné sobre ella, capturando su boca con la mía por un breve pero profundo beso, mordisqueando su labio inferior. "Ahora, Bella, córrete para mí ahora," ordené, presionando mis caderas en su mano.

Bella se derrumbó con una maldición y mi nombre, sus paredes apretando mis dedos, y enterré mi rostro en su cuello, sintiéndome liberarme sobre su estómago. "¡Joder, joder, joder!" Gruñí, cerrando mis ojos con fuerza por un minuto porque estaba viendo estrellas.

Bella agarró la toalla que traía puesta y nos limpió, pero no quería ir demasiado lejos. La atraje hacia mí, hundiendo mi nariz en su pelo y colocando besos aquí y allá en su frente.

"Te amo," susurré, todavía respirando pesadamente.

"Mmmm," murmuró con un suspiro, acurrucándose en mi costado y besando mi cuello, pero gimió.

"¿Qué?" Le pregunté, echando mi cabeza hacia atrás de manera que pudiera verla. "¿Te lastimé?"

"No," se rio, rodando sus ahora cálidos ojos chocolate. "Nos olvidamos de la medicina…"

Me reí con un resoplido pero asentí, agarrando el tubo del borde de la cama. "Está bien, pero creo que eliminamos otro miedo de tu lista," gemí cuando me moví para iniciar lo que nos habíamos propuesto hacer originalmente, a pesar de que resultó infinitamente mejor de lo que había imaginado. "Solo hay uno más, Bella," le dije, levantando una ceja al mismo tiempo que ponía la crema en mis dedos.

Comenzando con su muslo, cubrí todas las cicatrices. En su estómago, costillas, incluso las que se habían desvanecido en su pecho y esternón. Le entregué la crema porque sabía que había más en sus caderas y debajo de su ombligo.

Agarró mi mano, poniendo la crema en la punta de mis dedos. Levantando su ropa interior, guio mi mano ciegamente, pero había solo tres cicatrices más cubiertas por lo que quedaba de ropa. Me miró, cerrando el tubo. Casi podía ver lo que estaba pensando.

"La próxima vez, estas se van, ¿no?" Pregunté, haciendo una mueca al ver su expresión ligeramente temerosa cuando tiré juguetonamente de sus bragas.

"Sí," dijo con un suspiro, envolviendo sus brazos alrededor de mi cuello. "Y cuando lo hagan," dijo, besando suavemente mis labios, "Quiero que me hagas el amor, Edward…"


Wow! Se quedó algo calientito el ambiente ;) ¿Qué tal el lemmon? Para todavía no haber consumado la relación estos dos si que se han divertido, imagínense cuando lo hagan por fin, van a explotar jajaja. Me encantó ese papel de hermanos mayores, de Edward, Jasper y Emmett, queriendo cuidar de su hermanita. Espero que hayan disfrutado del capi y ambiente relajado del grupo porque volvemos con la acción y algo de drama para el próximo. Prepárense! Pasando a otra cosa, disculpen la tardanza, este mes ha sido de locos, pero el capi llegó y eso es lo que importa. Gracias a quienes leen y comentan. Gracias por sus alertas y favoritos, si además de eso me dejan su review, les mando a Mercward para que les ayude con cualquier trauma que tengan, ya ven que él es bueno para eso :P Saludos y nos leemos la próxima semana.