Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes son propiedad de Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.

Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.

Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.


CAPÍTULO 17

~oOo~

Agarró mi mano, poniendo la crema en la punta de mis dedos. Levantando su ropa interior, guio mi mano ciegamente, pero había solo tres cicatrices más cubiertas por lo que quedaba de ropa. Me miró, cerrando el tubo. Casi podía ver lo que estaba pensando.

"La próxima vez, estas se van, ¿no?" Pregunté, haciendo una mueca al ver su expresión ligeramente temerosa cuando tiré juguetonamente de sus bragas.

"Sí," dijo con un suspiro, envolviendo sus brazos alrededor de mi cuello. "Y cuando lo hagan," dijo, besando suavemente mis labios, "Quiero que me hagas el amor, Edward…"

~oOo~

BELLA

Salí de una pesadilla con un grito ahogado y un escalofrío, mirando alrededor de la habitación todavía bastante oscura. Cálidos y fuertes brazos me abrazaron con fuerza, casi como si supieran que necesitaba su fuerza, su consuelo. Me di la vuelta para mirar a un Edward todavía dormido, tratando de no sacudir mi cabeza ante su dulce rostro.

La tensión, el estrés, la constante vigilancia de todos los que él conocía y amaba se desvanecía cuando dormía, dejando su rostro suave, relajado, y se veía tan guapo. Sonreí suavemente, mordiendo mi labio mientras quitaba un rizo errante de su frente.

Había dicho en serio lo que dije la noche anterior. Cuando pueda finalmente quitarme el último artículo de ropa, quería a Edward. Quería su amor, su cuerpo, su alma conectada con la mía de todas las formas posibles, física, cósmica y emocionalmente. Estaba cansada de los miedos y el pánico. Cansada de amarlo tanto y no poder mostrarle que era completamente suya—que a pesar de nuestros comienzos poco ortodoxos, lo amaba como nunca había amado a otro.

Al principio, Edward había estado en shock, pero lentamente había empezado a asentir después de mi admisión. Sus ojos se habían oscurecido ligeramente pero siguieron tan cálidos, tan dulces mientras había levantado su mano y metido mi pelo detrás de mi oreja.

~oOo~

"Estás segura," verificó con sus cejas levantadas. "Porque, Bella, no tengo prisa…"

"Sí, estoy completamente segura," le dije. "Nos sentimos… tan bien juntos, Edward," susurré, tomado su rostro entre mis manos una vez que nos acomodamos debajo de las sábanas de su cama. "Y estoy cansada de ya no sentirme como yo…"

Sonrió, enredando nuestras piernas y acercándome a él. Seguía completamente desnudo, y yo seguía con solo mi ropa interior, la medicina hacía mucho tiempo que había sido aplicada en mi piel.

"Estoy muy tentado a tomarte la palabra, bebé," se rio, besando mi nariz, "pero no llegaré tan lejos hasta que estés absolutamente segura de que es lo que quieres, para lo que estás lista, Bella."

"Edward," me quejé, sintiéndome un poco rechazada, pero comprendía lo que estaba diciendo. "Suenas como Esme."

Se rio entre dientes, dándome un ruidoso beso en los labios antes de continuar. "Tal vez sí, pero mira… así está la cosa," susurró contra mis labios. "Te deseo. A la verdadera tú. Y te quiero cómoda y curada—no solo de las cicatrices, sino también de tus miedos—antes de que lleguemos a eso." Dijo con un suspiro, mirando más allá de mí con la mirada casi perdida antes de mirarme de nuevo. "He tenido encuentros de una noche. Demonios, algunos no duraron ni una noche completa, no estoy orgulloso de ello, Bella. Lo q-que q-quiero c-contigo es un… para siempre."

Inhalé bruscamente, levantando la vista cuando su dulce tartamudeo acarició mis oídos. Me miraba nervioso, pero podía darme cuenta que decía en serio lo que estaba diciendo, y tenía más que decir porque continuó.

"Y-Yo… quiero hacer esto bien," dijo y luego soltó un resoplido cuando le echó un vistazo a nuestra posición. "Bueno, de acuerdo… tan bien como podamos." Sonrió con dulzura cuando solté unas risitas, pero también asentí porque lo que decía tenía mucho sentido. "No quiero apresurarme, o presionar, o cometer los mismos jodidos errores que cometí antes, bebé. Tampoco quiero… estropear cualquier progreso que hayas alcanzado, amor."

Estudié su hermoso rostro, delineando con mi dedo cada centímetro de él, como si estuviera memorizando cada peca, cada pestaña, y cada pelo en su desaliñada barbilla y mandíbula.

"¿Cómo lo sabré?" Pregunté mientras miraba su tatuaje, pero mi voz era apenas un susurro porque él estaba en lo correcto. Él era muy importante para mí como para que jodiera esto.

"Solo… lo sabremos," dijo, encogiéndose de hombros. "Hasta ahora lo hemos hecho malditamente bien, ¿cierto?"

"Sí," le dije, una sonrisa extendiéndose en mi rostro. "Y ni siquiera sabemos qué demonios estamos haciendo."

"Exactamente," se rio, lo que resultó en una ataque de risa de mi parte.

~oOo~

Nunca nos reunimos con el resto de la casa. Nos habíamos quedado en su habitación, totalmente recluidos del mundo y todos sus jodidos problemas. Ni siquiera estaba segura de que fuera una decisión consciente de ninguno de nosotros. Nos habíamos quedado envueltos el uno en el otro—algunas veces hablando, otras besándonos—pero las caricias de Edward nunca se detuvieron. Sus dedos habían trazado cada cicatriz, marca o solo una parte de mi cuerpo con la que se había quedado fascinado mientras hablábamos o nos besábamos. Y había pasado de extraño a sorprendente, a reconfortante luego a necesario, pero era completamente a propósito.

No hubo más orgasmos alucinantes, pero hubo besos asombrosos, risas suaves y dulces y tontas conversaciones. Me había contado historias sobre Afganistán, de su infancia, he incluso algunas cosas graciosas sobre su madre, como la vez que había tratado de hacer que tomara clases de piano en lugar de ir a un campamento de béisbol durante un verano. Tenía siete años y se había escondido de ella en la casa por todo un día. Había terminado ese año como lanzador porque al parecer, ella tampoco podía decirle que no.

Le había contado algunos de mis momentos divertidos como investigadora privada, cuando conocí a Alice y Makenna, e historias divertidísimas de mis padres—como la vez que tuvieron que conocer a mi cita para la fiesta de graduación, y Charlie había instalado un dispositivo de rastreo en el coche del pobre chico.

También habíamos tenido conversaciones serias.

Hablamos del engaño de Jake y lo traicionada que realmente me había sentido. No había sido el acto en sí, fueron las actitudes de Jake y mi padre después lo que más me había herido, y Edward había soltado maldiciones al escuchar la historia. Había dicho que si alguna vez tenía la oportunidad de sentarme con Charlie de nuevo para hablar con él sobre la relación que se había desarrollado entre nosotros desde que me había rescatado de ese sótano, iba a decirle—con todo detalle— cuál era "la puñetera cosas más idiota que un padre podría hacerle a su hija".

Edward explicó el error que cometió con su novia de secundaria, Dana Whitman. Al parecer, él sabía por algún tiempo que iba a ser mandando al extranjero justo después de su graduación, y no le dijo. Siguió aplazándolo porque sabía que ella quería probar eso de la larga distancia. No era que no quisiera mandar correos electrónicos o escribir cartas; era la posibilidad de que tal vez nunca iba a volver a casa, y se había preocupado por ella lo suficiente como para dejarla ir. De manera que con una expresión de acero y un tono de voz enérgico, rompió con ella— con mucha dureza, en mi opinión, y se lo dije. Había dicho cosas malas, pensando que haría la separación más fácil, pero solo la había destrozado. Después de eso, él había pasado totalmente de las relaciones a largo plazo.

También hablamos sobre nuestras madres, riéndonos de lo que Kate le había dicho sobre nuestras madres llevándose bien. Habíamos tratado de imaginar dos mujeres más diferentes, pero al mismo tiempo, absolutamente embarazadas, comparando sueños y esquemas de colores. Y nos preguntamos—incluso si solo era una tontería— qué habría pasado si hubiesen seguido siendo amigas… y si hubiesen seguido vivas. Ese último pensamiento nos había hecho acercarnos más el uno al otro.

Justo antes de que nos quedáramos dormidos, hablamos de nuestros trabajos, de nuestro futuro—si era posible tener uno. Edward me dijo que ya había contemplado dejar el equipo de su padre en los últimos meses. Le expliqué las cosas que amaba de mi trabajo—reunir a los seres amados, encontrar a niños perdidos. Y le dije que odiaba ver a los hombres engañando a sus esposas, toparme con callejones sin salida cuando estaba en busca de alguien, y los abogados codiciosos.

El futuro era algo tan frágil en este momento, apenas podía darle la atención que se merecía, y a medida que el sol salía, iluminando la habitación un poco más con cada minuto que pasaba, me acurruqué a un costado de Edward, solo para poder abrazarlo más tiempo. Enterré mi rostro en el hueco de su cuello, inhalando profundamente el aroma que lo hacía simplemente irresistible para mí, como un día cálido y soleado en el exterior, o un pedazo de madera recién cortado. No estaba segura de cuál de esos se acercaba más.

Cálidas manos bajaron por mi espalda hacia mi trasero, atrayéndome hacia el cuerpo desnudo de Edward, y sonreí contra su cuello.

"Pasa el día conmigo," me ordenó, usando una voz ronca por el sueño y un tono que daba a entender que no había espacio para discutir.

"Bien," dije con un suspiro, dejando un beso con la boca abierta en su manzana de Adán. "¿Qué vamos a hacer?"

"Ya verás," murmuró, enterrando su nariz en mi cabello e inhalando profundamente. "Dios, siempre hueles jodidamente bien," gruñó, rodándonos de repente de manera que su cuerpo quedó pegado al mío en todos los lugares correctos.

"Buenos días para ti también," me reí, deslizando mis manos por su fuerte espalda, deleitándome en el hecho de que no traía absolutamente nada puesto. Y un Edward desnudo era fantástico.

Sonrió torcidamente antes de inclinarse y acariciar mi cuello con su nariz. "Oh sí… buenos días," murmuró con una voz rasposa contra mi piel, haciendo que me estremeciera de la cabeza a los pies.

Nuestros cuerpos empezaron a tomar el control, restregándose y pegándose el uno al otro, pero fueron las palabras de Edward las que estuvieron a punto de matarme.

"Un día," gruñó, bajando su mano por mi costado hacia mi muslo para poder levantarlo y engancharlo en su cintura. "Un día, despertaremos así, y voy a follarte con fuerza antes que salga el sol."

Al parecer Edward se ponía caliente a primeras horas de la mañana—algo que me había perdido. Por lo general no nos despertábamos juntos. Y demonios, si no era sexy.

"Quiero que estés mojada por mí durante todo el día," canturreó, restregándome sus caderas justo allí y dándome en el lugar que me hacía gritar su nombre. "Quiero que tus primeros pensamientos sean para mí. Quiero que pases tu día sintiéndote todavía adolorida como te dejé. Cada paso que des, cada vez que te sientes, que sea a mí a quién todavía sientas, Bella."

Mis ojos rodaron hasta la parte de atrás de mi cabeza porque eso sonaba como una puta idea fantástica. Una de mis manos agarró su hombro y la otra se entrelazó en su cabello, acercándolo más.

"Joder, Edward," siseé contra la piel de su hombro, arrastrando mis dientes sobre su carne.

"Esa es la idea, amor," ronroneó con una risa profunda. "Me encanta despertar contigo…"

"M-Mierda," balbuceé, una de mis manos dejado su hombro para agarrar su trasero. "Justo allí…"

"¿Aquí?" Preguntó, restregándose contra mí a la perfección, apoyando sus brazos a cada lado de mi cabeza a fin de echarse hacia atrás. "Dime que quieres correrte, bebé."

"Sí," dije entre mi aliento, envolviendo mis piernas a su alrededor, mis caderas encontrando el ritmo que él estaba marcando. Agarré su musculoso trasero, atrayéndolo hacia mí hasta el punto que estaba temblando.

Usando movimientos largos e imperiosos, trabajó mi cuerpo, su boca se curveó hacia arriba en una mortal y sexy media sonrisa. Estaba tan mojada, y él estaba tan duro que se sentía como si la delgada tela de mis bragas ni siquiera estaba allí. Casi podía sentir cada centímetro de él deslizándose contra mí. Cada músculo que se flexionaba y estiraba debajo de su piel suave. Sus bíceps y antebrazos estaban tensos, su mandíbula tan apretada que era como una roca bajo mis labios, y sus pectorales resaltaban mientras se movía.

Mi clímax me golpeó de pronto y casi en silencio, el aire se quedó atascado en mi garganta al mismo tiempo que mi cabeza cayó hacia atrás contra las almohadas, y estaba abrazando a Edward con tanta fuerza, que cayó encima de mí. Todo su peso se sentía tan bien mientras lo sentía derramarse en mi estómago.

"Te amo," jadeé contra su cuello mientras el plantaba lentos besos con la boca abierta en mi hombro.

"También te amo," se rio, gimiendo cuando se escuchó un tímido golpe en la puerta. "¿Qué?" Gruñó, levantando la cabeza para mirar furioso en dirección del ofensivo sonido.

"Lo siento, Edward," la tímida voz de Alice hizo eco a través de la puerta. "Tu padre envió un mensaje, y a los dos les gustaría escucharlo."

"Oh." Dijo en voz baja, pasando una mano por su cabello. "Saldremos en un minuto, Alice," dijo, su voz tomando un tono más suave que había notado usaba con ella.

"Claro, claro, claro," se rio entre dientes.

Gemí, sacudiendo la cabeza. "Cada mensaje que manda me da miedo…"

Edward se rio suavemente, besando mis labios antes de quitarse de encima de mí. "Solo arréglate," dijo. "Y luego, vas a pasar el día conmigo."

"Está bien." Me reí, empujándolo antes de levantarme de la cama. "Por supuesto que pasaré el día contigo… ¡pero yo me baño primero!" Le dije, haciendo un gesto con la mano hacia mi estómago, donde todavía permanecía el resultado de nuestra amorosa mañana.

Soltó unas risitas, pero sus ojos estaban oscuros al admirar todo mi cuerpo, su lengua deslizándose por su labio inferior. "No puedo decir que lo sienta, amor," dijo con voz ronca con una gran sonrisa de idiota, encogiendo un hombro mientras observaba cada paso que daba hacia el baño.

Me di la vuelta en la entrada del baño, levantándole una ceja. "Un día, Edward. Solo… un día…"

Todavía podía escuchar su risa cuando la puerta del baño se cerró detrás de mí.

~oOo~

EDWARD

Nos reunimos en el comedor que parecía demasiado sombrío, demasiado tenso para mi gusto. Kate y Esme estaban inclinadas sobre Alice que estaba sentada en la cabecera de la larga mesa, susurrando. Alec estaba cocinando pero manteniendo un ojo en la situación. Jasper y Emmett miraron primero a Bella y luego a mí, su expresión seria. Todos los demás estaban comiendo, sin decir mucho en realidad. La única persona a la que no vi fue a Sam.

Rose miró a Bella, su nariz arrugada cuando dijo, "Es sobre Charlie…"

"Siéntense, siéntense, siéntense," repitió Alice, señalando hacia la mesa.

Alec puso dos platos frente a nosotros, sus ojos oscuros. "La mierda más seria empieza ahora," dijo en voz baja.

"¿Dónde está Sam?" Pregunté, mirando alrededor de la habitación.

"Sam se fue para estar con tu padre, chico." Palmeó mi hombro, pero le dio a Bella una sonrisa triste. "Escucha a Alice, y luego les explicaré."

"Adelante, Ali," dijo Bella con un suspiro, viéndose más preocupada de lo que la había visto en algún tiempo. "¿Qué dijo?"

Alice se aclaró su garganta y entonces leyó el correo de mi padre.

Muy bien, chicos. Tengo buenas noticias, malas noticias, y noticias que caen en un punto intermedio.

Las buenas noticias es que el juicio de King empieza hoy. En los últimos dos días, han estado eligiendo el jurado, omitiendo las pruebas y entregando su lista de testigos—incluyendo a Charlie. También son buenas noticias—que he sido "contratado" como el guardia personal de Charlie, de manera que estaré con él a cada paso del camino. Benny lo resolvió hace dos días.

Las malas noticias son, y Bella, siento tener que decírtelo de esta forma… la última casa de seguridad fue encontrada. Usaron a un hombre de mantenimiento para entrar, y en ese momento, solo había dos federales con Jake y Charlie.

"Mierda," dijo Bella con un jadeo, mirándome y luego de vuelta a Alice, quién parecía que preferiría estar leyendo cualquier otra cosa que lo que estaba leyendo en ese momento.

Extendí mi mano y tomé la suya, volviéndome hacia Alice. "Continúa."

Asintió y prosiguió.

Bella, le dispararon a Jake. Tu padre está bien, pero Jake ha sido trasladado a una base militar justo a las afueras de Seattle, dónde, lo último que supe es que estaba en condición crítica. Cariño, quiero que sepas que los federales en la habitación dijeron que tomó la bala por tu padre. Mantuvo la promesa que te hizo. Lo siento mucho. Voy a hacer lo que pueda por recibir noticias constantes, y Benny ha prometido enviárselas a Alice tan pronto sepa algo.

"Tranquila, querida," susurró Jasper, mirándome cuando Bella dejó escapar un sollozo.

"Ven aquí," dije en voz baja, envolviendo un brazo alrededor de sus hombros y presionando mis labios en su oído. "Lo siento, amor," susurré solo para sus oídos. "Jake es fuerte. Se recuperará."

Tenía que creer lo que estaba diciendo. Sabía que ella no tenía sentimientos por Jake, pero compartían una amistad de toda la vida, sin mencionar lo cerca que estuvo que pudiera haber sido su padre.

"Bells," dijo Rose, sentada junto a nosotros, "Jake hizo lo que le pediste que hiciera, él saldrá de esto. Pero deberías escuchar el resto."

Bella apartó su cabeza de mi hombro y limpió las lágrimas de su rostro. Asintiendo, dijo, "Lo sé, pero de todos los que podrían salir lastimados, él era el que no estaba involucrado en nada. Él solo… trabaja para mi padre."

"Eso es cierto," concordó Rose. "Sin embargo, amaba a Charlie, y como todos sabemos… amar a Charlie no es fácil."

Bella soltó un resoplido, rodando los ojos. Dio una respiración profunda. "Continúa Ali. Lo siento."

"No te preocupes." Alice y yo murmuramos al mismo tiempo.

Sé que van a tener curiosidad en cuanto a cómo va el juicio, así que Benny pondrá a funcionar una transmisión en vivo para ustedes. Podrán captarla esta tarde. Él le enviará los detalles a Alice.

Edward, les pido que no se muevan, si es posible. Creo que están a salvo allí. Desde el "accidente" en Trinity, los hombres de King se han esparcido. Todo lo que queda es Miller, que tiene su pequeño grupo, pero no es tan fuerte como una vez fue. Pero les advierto… la muerte de James ha sacudido a King hasta sus cimientos. Está furioso y buscará vengarse si averigua que no fue un accidente, lo que estoy seguro ya está considerando. Está muy al tanto de mis conexiones, pero no hay mucho que pueda hacer por el momento, porque la atención de los medios en su juicio es mucha, sin mencionar que he estado actuando como el CEO de TT las últimas semanas. Eso, por sí solo, también es de interés periodístico. Pero eso no lo detendrá de buscarte.

Hijo, hemos discutido lo que va a suceder antes de que todo termine. Todavía quiero que se haga. El trabajo no está terminado hasta que hagamos lo que nos propusimos hacer. Y si no lo recuerdas, piensa en la noche en que sacamos a Bella. Debes armar un plan con todos, pero solo llevarlo a cabo una vez que el juicio haya terminado.

Alice me miró y entonces comprendí que nadie en la habitación sabía de lo que estaba hablando mi padre—solo yo. Bella había estado dormida en mis brazos cuando habíamos decidido no solo matar a Miller, sino también a King. Miré a mi equipo alrededor de la mesa, que parecían confundidos, pero listos y dispuestos. Levanté la vista hacia Alec y portaba una sonrisa petulante porque él conocía bien a mi padre. Probablemente tenía una muy buena idea de lo que se había decidido, pero fue Bella quién habló.

"Van a matar a Miller y King, ¿no es así?" Preguntó en voz baja, sus ojos todavía de un marrón suave por sus lágrimas de hace unos minutos.

Observé su rostro y luego me volví hacia Jasper, que estaba relajado como siempre. "Creo que ese es el plan, Bells," resopló pero fijó sus ojos a los míos. "Ese es un golpe en una prisión."

"Y ahí es donde Sam ha ido," añadió Alec, apartándose de la encimera de la cocina. "Alice, termina su carta, y entonces hablaremos del desafortunado deceso de King…"

Billy Black ha tomado vacaciones, y por lo que sé, Benny no le ha dicho nada con relación a su hijo porque tenemos miedo de que si lo sabe, podría hacer algo estúpido. Todavía estoy tratando de averiguar quién le está pagando y, a su vez, a quién le está pagando él. Está que se caga del miedo, y en realidad no ha salido de la ciudad, pero estaba tan distraído en la oficina que se tomó unos días.

Peter Savage, el que me pediste que investigara, sigue monitoreando todo con relación a sus teléfonos. No los usen. Él y su hermano Paul son amigos de Riley Miller, y le dirán de inmediato. Los dos son muy leales a él y una parte de ese pequeño grupo que les mencioné antes.

Una última cosa, Bella. De hecho, he visto a Charlie, y quiso que te diera un mensaje. Dijo que te dijera que tú sabías qué hacer si algo le pasaba. Le preocupa que una vez que inicie el juicio y él en verdad esté a la vista que pudiera ser asesinado. Espero que no sea el caso. Haré todo lo que pueda para mantenerlo a salvo.

Una vez que el juicio inicie esta tarde, estaré fuera de contacto. Esme, Edward… ustedes dos saben qué hacer y cómo manejar esto. Kate, gracias por tu hospitalidad, y espero que mi hijo y me equipo no te estén volviendo loca. Y Alec… me gustaría que te quedaras allí, solo por si acaso Edward necesita un hombre extra. Y para Bella y las chicas… creo que lo mejor es que se queden con nosotros solo un poco más.

Estaré en contacto tan pronto como pueda.

C.

La habitación estaba en completo silencio cuando Alice terminó, y me di cuenta que todos estaban esperando por mí. Miré a Alec primero.

"Dime lo de Sam," le dije, todavía sujetando la mano de Bella, frotando mi pulgar por sus nudillos, porque a pesar de lo calmada que estaba por fuera con toda esta información, por dentro, estaba temblando.

Alec asintió y respiró hondo, cruzando los brazos sobre su pecho. "Benny le envió un mensaje a Alice esta mañana temprano. Dijo que necesitaba a un hombre que pudiera encajar en un ambiente de prisión."

"Sam quería saber los por qué y para qué, así que se lo dije," Esme intervino. "Cuando oyó todo, empacó, diciéndonos que enviáramos un mensaje de respuesta a Benny. Lo 'arrestaron' en Juneau hace una hora."

"¿Él es el que va a dar el golpe con King?" Confirmé, levantándole una ceja a Alec.

"Bueno, lo estamos poniendo en posición para hacerlo," respondió encogiéndose de hombros. "La decisión es tuya y de Carlisle. Mientras el juicio de King está en progreso, lo mantienen en una celda separada de todos los demás, pero tan pronto como haya terminado, será trasladado de vuelta con la población general hasta la sentencia." Pausó por un momento y miró a Bella. "Me dijo que te dijera que él se iba a… 'hacer cargo, señorita Bella'. Estaba muy molesto por lo que habías pasado. Sabía que te había pasado algo, pero no sabía qué. Una vez que escuchó sobre Miller, empacó su mierda."

La nariz de Bella se arrugó, pero una pequeña sonrisa curveó sus labios porque le agradaba el enorme y siniestro hombre. "Pobre Sam…"

Me reí, dándole a su mano un apretón. "Pobre Sam… es un asesino a sueldo, Bella. Eso es lo que hace. Se infiltra en lugares inusuales y espera hasta que llegue el momento perfecto. He escuchado historias de mi padre de que Sam incluso se convirtió en un prisionero de guerra en Vietnam, solo para poder entrar a la prisión— que ahora es escombros, como sabes."

Sus cejas se levantaron, pero no dijo nada.

"Su apariencia es perfecta para eso," reflexionó Jasper, encogiendo un hombro. "Está malditamente grande y da la apariencia de malo, nadie lo tocará en la cárcel."

"Cierto," concordó Alec con un resoplido. "En fin… supongo que si quieres hablar de un plan, podemos hacerlo."

Miré a Bella, que se veía casi enferma. Me volví de nuevo hacia Alice. "¿A qué hora va a empezar la transmisión?"

"No hasta después del almuerzo," dijo, escribiendo rápidamente en su teclado. "Benny dijo que él estará en vivo como a las dos."

"Bien," solté un bufido, poniéndome de pie. Le ofrecí a Bella mi mano. "Vamos."

Tomó mi mano pero me miró con curiosidad. "Edward…"

"Volveremos a tiempo para el juicio, pero vamos a salir de aquí," le dije, mi voz un poco más dura de lo que me hubiera gustado, pero no pude evitarlo. La necesitaba fuera de esa habitación, y había cosas que tenía que decirle.

"Edward, no crees que deberíamos…" Jasper empezó a decir, pero se detuvo cuando lo fulminé con la mirada.

"¡No!" Le gruñí, levantando a Bella con gentileza. "Joder, hablaremos de lo que quieras cuando regresemos, pero vamos a salir de aquí por algunas horas."

"Edward," Kate me llamó justo cuando agarraba la puerta mosquitera del porche.

Suspiré, esperando que nos detuviera, pero no lo hizo.

"Le dije a Tom que también tuviera listo a Sansón," me dijo con una sonrisa. "Necesita correr."

Me le quedé mirando, comprendiendo en ese momento que nada se le pasaba.

"Bien, tía Kate," murmuré, sacando a Bella por la puerta.

Llegamos a mitad de camino entre la casa y el granero antes de que Bella tirara de mi mano.

"Edward, espera," empezó a decir, haciendo que nos detuviéramos.

"Bella, por mucho que me guste cuando peleas conmigo… solo, ahora no, ¿está bien?" Me reí entre dientes, besando sus labios para detener sus siguientes palabras. "Sígueme la corriente, por favor."

"Bien," dijo con un suspiro, permitiéndome entrar con ella al granero.

Fuimos recibidos por Tom, que nos dio una gran sonrisa. "Hey, chicos. Los dos están listos," dijo, haciendo un gesto con la mano hacia la otra puerta abierta de los establos.

Allí, parado con orgullo estaba Goliat, negro como el as de espadas y con dieciséis palmos de alto. Era un gran semental y el caballo más malhumorado en el planeta, hasta que llegas a conocerlo. También era el descendiente del primer caballo que alguna vez había montado—Caín.

Sí, la tía Kate, tenía un tema bíblico cuando se trataba de dar nombre a sus caballos; las dos yeguas que tenía las llamó Ruth y Mary.

Sansón estaba junto a Goliat, también alto y orgulloso, pero el polo opuesto en cuanto a personalidad y apariencia. Era un palomino, de color marrón claro, con una cola y melena larga y rubia. Era tranquilo y dulce, y fácil de manejar.

Los dos estaban ensillados y listos para montar, y por la forma en que Goliat estaba pateando el suelo, estaba listo para salir.

"Gracias, Tom," le dije.

"Claro, no hay problema. Escucha, vamos a hacer un viaje por suministros, y creo que Esme va con nosotros. ¿Crees que puedan encargarse de guardarlos ustedes mismos?" Preguntó, mirándonos a los dos.

"Sí," dijo Bella soñadora, una sonrisa en su rostro mientras dejaba que los caballos le acariciaran el rostro con su nariz. "Hola, chicos," les canturreó.

Me reí entre dientes, volviéndome hacia Tom. "Sí, nosotros nos encargamos. Gracias de nuevo."

"No hay problema. Nos vemos más tarde," dijo por encima de su hombro cuando salía del establo.

"Vamos, bebé," dije en voz baja, agarrándola por la cintura y levantándola hacia la silla de Sansón. "Arriba."

Me giré hacia Goliat, que me estaba dando el vistazo que siempre me daba al mismo tiempo que me empujaba con su enorme cabeza. "¿Me vas a dar mierda otra vez, grandote? ¿O podemos simplemente empezar el espectáculo?" Le pregunté, sujetando sus riendas.

Bella se rio porque Goliat dio un largo y fuerte resoplido, subiendo y bajando su cabeza. "Al parecer, ustedes dos se conocen."

"Hemos tenido muchas batallas de voluntades, ¿no es así?" Le pregunté al caballo, frotando su nariz, palmeando su cuello, y luego subiendo sobre su lomo. Me volví hacia Bella. "¿Estás lista?" Le pregunté y ella asintió, ajustando sus estribos. "Bien. Vamos a correr con fuerza. Eso los calmará para el camino de regreso."

"Bien," dijo con una sonrisa.

"Quiero mostrarte algo," le dije. "Solo sígueme."

No era una carrera, aunque Goliat llevaba la cabeza con su usual fuerza y velocidad. Seguí los senderos que bordeaban la propiedad, adentrándose a parte de los bosques. Había un punto específico que quería mostrarle a Bella—un lugar que significaba algo para mí.

Estaba resultando ser un día bastante soleado, pero fue bloqueado tan pronto como el follaje de los árboles nos cubrió. El sendero apenas era lo suficientemente amplio para que los caballos pasaran en fila. En el silencio de los árboles, los únicos sonidos eran los fuertes golpes de las pisadas de Goliat y Sansón, y sus pesados bufidos. Después de unos buenos minutos de carrera, disminuí la velocidad porque el fin del sendero se acercaba. Al parecer Goliat sabía a dónde iba porque tomó una grieta casi cubierta al final.

El sendero que tomé estaba afuera del camino normal. Di la vuelta alejándome de la valla y adentrándome más al bosque, pero se abría a un pequeño claro. Paré a Goliat, palmeando suavemente su cuello antes de deslizarme hacia el suave pasto.

"Wow, esto es… tan hermoso," susurró Bella, bajándose de un salto de Sansón y frotando la punta de su nariz mientras miraba alrededor.

Sonreí y asentí, tomando su mano. "Suéltalo, bebé. Van a pastar por un rato."

Dejó caer las riendas, todavía mirando a su alrededor. "¿Qué es este lugar, Edward?"

"Un lugar al que mi mamá y yo solíamos venir," murmuré, llevándola al otro extremo del claro. "Quiero mostrarte algo. Ven aquí." Señalé una rama baja de un árbol grande. "A mi madre le gustaban los gorriones de por aquí…"

"¿Tú hiciste…" Empezó a decir, caminando alrededor del árbol. "¿Construiste una pajarera para ella?"

"L-Lo hi-ice," suspiré. "Vinimos aquí después de que mi madre recibiera su diagnosis. Quería ver a Kate y todavía no se le había concedido el retiro a mi padre. Estaba asustada." Respiré hondo. "Ella... trató de ser fuerte, pero podía ver cuán a-asustada estaba".

"Cuando finalmente me dijo lo que estaba pasando, me trajo aquí," continué, metiendo las manos en mis bolsillos. "Mientras estábamos aquí, me contó una historia sobre gorriones… una leyenda nativo americana sobre cómo las hojas caen de los árboles en invierno. Un gorrión había sido herido y no podía volar hacia el sur por el invierno, pero envió a su familia. Le rogó al árbol de roble, al arce… pero ninguno le permitió hacer un nido en ellos como protección para el frío. Así que finalmente fue con el pino, el más humilde de los árboles, y el pino le permitió quedarse. Y se curó, de manera que cuando el clima cálido llegó, su familia regresó para encontrarlo mucho mejor. Como resultado de todo eso, el gorrión le dijo a los otros árboles que perderían sus hojas cada invierno, mientras que el pino permanecería verde."

Sonreí porque sabía que mi madre contaba mejor la historia, pero me encogí de hombros, dando una respiración profunda. "Le pregunté a qué se refería porque… joder, nunca contaba una historia sin un significado. Me dijo que necesitaba ser fuerte y valiente porque ella estaba enferma. Dijo que me amaba más que a nada en el mundo, que lucharía contra el cáncer, pero que si algo le llegaba a suceder… siempre me cuidaría desde los árboles de pino, porque son muy altos… y tendría a los gorriones para hacerle compañía."

Mi voz se atoró en mi garganta y sacudí mi cabeza. Nunca le conté a nadie sobre esa conversación—ni siquiera a mi padre. Joder, había tenido once años, entrando a los doce… ¿qué demonios se supone que un niño pensaría de esa mierda?

"A-Así que, c-construí e-esas," dije con un bufido, señalando unas cuantas casas que colgaban de las ramas más bajas. Demonios, casi se podía ver que entre más crecía, más alto las colgaba, y había colgado una cada vez que había venido de visita hasta que me había graduado de la escuela militar.

Una pequeña y cálida mano se deslizó dentro de la mía, en mi bolsillo, y bajé la vista para ver a una Bella preocupada, mirándome con ojos cálidos. "Están muy bonitas, ¿sabes? Y están funcionando," dijo con voz suave, señalando la más cercana cuando un pajarito revoloteaba entrando y saliendo de ella.

La amaba tanto en ese momento, que apenas podía respirar. No se disculpó o sintió lástima. Ni siquiera me hizo una pregunta. Solo escuchó y sabía que se preocupaba por mí, pero simplemente no tenía que decirlo.

Asentí, sonriendo ante la vista, pero volví a verla a ella. "Siento lo de Jake."

"Yo también." Hizo una mueca. "Espero que esté bien."

"¿Qué quiso decir mi padre? ¿Sobre Jake manteniendo su promesa?"

"La última conversación que tuve con ellos…" Dijo en voz baja, arrancando una piña de una rama mientras caminábamos sin rumbo por el claro. "Hice que ambos prometieran por una vez hacer lo correcto. Hice que Jake me prometiera—porque era lo menos que podía hacer para compensarme por… bueno, lo de nosotros—cuidar de Charlie."

Bella encontró un lugar que le gustaba y se sentó, palmeando el pasto frente a ella, y me senté encarándola. Los dos levantamos la vista cuando Sansón y Goliat pasaron junto a nosotros, apenas mirándonos, estaban contentos con simplemente estar fuera de los establos.

"Quiero ayudarte," susurró, cogiendo mi mano y jugando con mis dedos. "Cuando llegue el momento de que elimines a Miller… necesito ayudarte."

Fruncí el ceño, mirando hacia el claro. "No lo sé, amor. Es un golpe. Así de simple. Si se hace como los golpes que hemos planeado antes, será después de que el polvo se asiente. Será cazar, acechar, y matar."

"Exacto" Dijo con desdén, y mi cabeza se giró de golpe para mirarla.

Sus ojos estaban furiosos y casi negros, sus manos se sacudían un poco, su labio inferior temblaba. No puede evitar atraerla a mi regazo. Me abrazó con fuerza al mismo tiempo que la cubría con mi cuerpo tanto como podía.

"¿Por favor?" Susurró, echándose para atrás para mirarme a la cara. Jugueteó con la parte de enfrente de mi camisa, diciendo, "Necesito terminarlo. Él no me controla, pero ninguna mujer jamás debería pasar por lo que pasé. Es un monstruo, Edward."

"Lo sé, y sus días están contados, Bella. Te lo prometo," gruñí, sacudiendo mi cabeza para deshacerme del recuerdo de cómo había encontrado a la hermosa mujer en mis brazos.

"¿Y King?" Preguntó, inclinando su cabeza hacia mí.

Levanté la mano y metí su cabello detrás de su oreja. "Eso quedará fuera de mis manos, una vez se dé la orden. Sam hará el papel de preso… muy probablemente lo apuñale dentro. Honestamente, va a ser el más fácil de los dos. Benny simulara la transferencia de Sam a otro recinto, y lo liberarán. Hemos trabajado con los federales así por un buen tiempo—o al menos, mi padre lo ha hecho."

"Tengo miedo, Edward," suspiró, sacudiendo la cabeza y mirando a su alrededor. "Tengo miedo por mi padre. Sé que ha sido… una pobre figura paterna…"

"Pero sigue siendo tu padre," terminé por ella. "Lo entiendo, amor."

"Sí," dijo, tomando un profundo respiro y dejándolo salir. "También tengo miedo por Carlisle. Esto los deja al descubierto. Cualquier cosa puede pasar… entrando al palacio de justicia, de camino hacia allá, o cuando se vayan de allí…"

"Mi papá está actuando como un guardia de los federales, lo que significa que estará armado todo el tiempo, Bella," le dije. "Estará junto a tu padre a cada paso. Han sido amigos de toda la vida… ¿recuerdas? Dinosaurios de mascotas y todo…" Sonreí y ella soltó una risita.

"Oh, mierda," jadeó, poniendo una mano en su estómago mientras reía. "Me había olvidado completamente de eso. Esa fue la única vez que estuvimos juntos," dijo con un suspiro, pero sus ojos eran cálidos y adorables. "Oh, estaba realmente encaprichada contigo para el final del día…"

"¿Sí?" Me reí entre dientes, sintiendo una sonrisa aparecer en mi rostro. "¿Incluso con el tartamudeo?"

"Oh, por el tartamudeo," gimió, su frente arrugándose cuando tomó mi rostro entre sus manos. "¡Dios, eras tan jodidamente lindo! Y tímido…"

"Lo era." Me reí, sacudiendo mi cabeza, y no pude evitar inclinarme para besarla.

Le di un beso largo y profundo, gimiendo cuando su lengua se deslizó por mi labio inferior, y la dejé tomar el control. Se inclinó sobre mí, irguiéndose sobre sus rodillas, que estaban a cada lado de mis muslos. Dedos pequeños y fuertes arañaron mi cuero cabelludo cuando Bella los deslizó dentro de mi cabello.

Cuando se apoyó en mí, no pude evitar que mis manos vagaran, encantado de que ya no quedaran muchos límites. Sobre la ropa no había problema, de manera que con un fuerte apretón, tomé su trasero con mis manos sobre sus jeans, disfrutando de sentirla.

¡Y que me jodan, si no la deseaba! Quería aceptar su oferta de la noche anterior, quería hacerle el amor hasta que ninguno de los dos pudiera pensar claramente. Quería enterrarme dentro de ella hasta que todo lo que estaba a nuestro alrededor desapareciera. Pero no podía presionarla, no podía aprovecharme de la chica que había pasado por las fosas más profundas del infierno, a quién le habían quitado su poder de elección. Cuando al fin fuera lo suficientemente afortunado para hacer el amor con la chica en mis brazos, será su elección, su orden—y solo cuando estuviera completamente segura.

Pero no en medio del bosque, y no cuando teníamos que regresar a la casa para ver el juicio de King. Sabía que quería al menos alcanzar a ver algo de su padre.

Me aparté de ella, pegando mi frente a la suya. Los dos estábamos respirando pesadamente mientras pasaba mis dedos por su cabello.

"Joder, te amo tanto," susurró contra mis labios.

"Tú e-eres lo m-más importante que a-alguna vez me ha pasado," balbuceé, sin siquiera molestarme en sentirme avergonzado por ello, porque ella nunca lo mencionaba.

Miramos hacia arriba a las ramas de los árboles cuando un dulce trinar nos llamó la atención. Vi como Bella sonreía suavemente a dos gorrioncillos dando volteretas alrededor del otro para meterse en una de mis pajareras. Pequeñas alas revolotearon, sus picos estaban abiertos, y se caían y detenían, solo para subir volando de nuevo al posadero.

"Me alegra que tu mamá hablara contigo antes de morir," susurró Bella. "Tienes algo a lo que aferrarte… algo en tu corazón que te dice que ella se preocupaba lo suficiente por ti como para cuidar de ti después de que se hubiera ido."

Vi como una vieja tristeza se apoderó de su rostro, sus ojos nunca dejaron a los pajarillos en su nido. "Tú… encontraste a tu madre, ¿no es así?" Supuse, entrecerrando mis ojos cuando asintió despacio, todavía sin mirarme.

"Sí," dijo en voz baja, mordiendo ese perfecto labio inferior suyo.

Nunca lo había dicho, pero podía verlo ahora. Uní todo lo que me había dicho de su madre—cómo había muerto en su casa, cómo Charlie había convertido inmediatamente la recámara de Renee en algo más, probablemente tratando de limpiar la memoria de Bella, y cómo se aferraba a todas las cosas buenas sobre su madre, nunca lo malo.

"Jesús, bebé, eras solo una niñita," susurré, tomando su rostro entre mis manos y haciéndola que me mirara mientras encogía un hombro.

"La noche anterior nos habíamos quedado despiertas hasta tarde, viendo una película mientras ella me ayudaba con un proyecto de ciencias para la escuela… ballenas, o delfines, o alguna mierda de esas," murmuró, bajando la vista a sus manos entre nuestros estómagos. "Desperté la mañana siguiente queriendo añadirle algo más antes de la escuela, y estaba en su habitación…" Arrugó su nariz. "Nunca dijo nada… como una despedida, o que se iba a ir, o cualquier cosa… Pero cuando entré a su habitación, estaba… acostada de una forma extraña. Había una botella de Jack Daniels en su mesita de noche, junto con un bote con las pastillas desparramadas. Había empezado a beber por las noches unos meses antes—dijo que le ayudaba a dormir—pero las pastillas eran algo nuevo."

Me estremecí, pensando en que Bella tenía solo ocho años— ¡Un bebé, por amor de Dios!

"¿No dejó una nota?" Pregunté, pero mi chica solo negó.

"Grité, pero no había nadie en casa además de mí," susurró, su frente se arrugó, pero fue la angustia inocente en todo su hermoso rostro lo que rompió mi corazón. "Salí corriendo de la casa porque se me habían dicho que corriera a la casa de a un lado de la señora Kyle en caso de emergencia… y ella llamó a Charlie.

"Recuerdo que estaba triste," dijo con un suspiro, finalmente encontrando mi mirada. "Trataba de no demostrarlo cuando estaba conmigo, pero lo vi…" Se encogió de hombros de nuevo, dándome una sonrisa triste—un testimonio de que había pasado toda su vida tratando de entenderlo, pero no obstante, aceptándolo.

Asentí, pasando mi mano por sobre su cabeza y bajándola por su espalda una y otra vez, pero ella miró otra vez hacia arriba a los gorrioncillos que se habían calmado en su lucha, o apareamiento, o lo que sea que habían estado haciendo.

Sin dejar de mirarlos, susurró, "Espero que nos vean—nuestras madres." Se volvió de nuevo hacia mi rostro, la más hermosa de las sonrisas curveó lentamente las comisuras de su boca. "Espero que vean que sus hijos se aman. A mi mamá le hubiera encantado…"

Sonreí, besando sus labios con fuerza. "A la mía también, amor."

"Deberíamos regresar," dijo en voz baja, besando mi mejilla. "Quiero ver a Charlie."

"Está bien," dije asintiendo, cogiéndola de la cintura y poniéndola de pie.

Tomó mis manos, tirando de mí para levantarme y envolviéndome con sus brazos una vez que estuve de pie. "Gracias por traerme aquí."

"Nunca le había contado a nadie de este lugar," murmuré, colocando un beso en el tope de su cabeza.

Se echó hacia atrás, asintiendo, y sonriendo con sinceridad. "Bueno, entonces, me siento honrada."

~oOo~

BELLA

"¡Bella! ¡Está empezando!" Rose gritó desde la cocina.

"Espera," Esme se rio, sacudiendo su cabeza. "Vamos a ponerte primero esta inyección. Con todos los problemas que pasé para conseguirla, vas a ponértela."

Acababa de regresar del viaje por provisiones con Tom y Obie. Mientras las chicas guardaban todo, Esme me había arrastrado a su habitación para encargarse de mi inyección anticonceptiva.

"¿Fue muy difícil? ¿En serio?" Le pregunté, sonriendo al escuchar su risa.

Limpió mi brazo con un trozo de algodón empapado en alcohol, preparando la jeringa. La introdujo sin ceremonia, diciendo, "No, pero tuve que ir a un hospital por más suministros."

"Te hiciste pasar por una empleada, ¿cierto?" Me eché a reír, todavía incapaz de encajar a mi antigua vecina con la mujer frente a mí, porque estaba calmada en la más frenética de las situaciones.

"No me hagas preguntas, y no te diré mentiras," canturreó, tirando de mi manga para bajarla y guiñándome un ojo por mi risa. "Estás lista, niña hermosa. No hagas nada que yo no haría…"

"¡Esme!" Di un grito ahogado, soltando una carcajada ante su expresión inocente y frotando mi brazo.

"¡Bella!" Me imitó en respuesta. "Vamos a ver este juicio, ¿de acuerdo?"

Sabía que estaba preocupada por Carlisle tanto como yo lo estaba. Habíamos hablando de cómo deseábamos que toda esta mierda terminara. Me dijo que Carlisle le había prometido tiempo, una vez que estuviéramos fuera de peligro. Habían hablado de mudarse juntos a la casa de Carlisle en Forks. Cuando preguntó sobre el futuro mío y de Edward juntos. No tuve una respuesta para ella. Era un tema que evitábamos, del que no hablábamos. Le dije que lo resolveríamos.

Entramos a la enorme sala, donde Alice había conectado su laptop a la televisión de pantalla plana. Me dejé caer a lado de Edward, que estaba viendo a Alice con una expresión de diversión en su rostro.

"¿Hay algo que no pueda conectar?" Susurró de forma conspiratoria en mi oído.

"Um… estoy muy segura de que no," me reí entre dientes, mirándolo. "Lo que no sabe… encuentra la respuesta y nunca lo olvida."

Se ríe, volviendo a mirarla. "Oí que fue arrestada a los doce años…"

Sonreí. "No tengo idea de dónde está el dinero, así que no preguntes," me reí con voz baja. "Una parte de mi cree que todavía está por allí porque nunca la he visto necesitar… nada."

Estaba muy al tanto de la historia de Alice. A los doce años, había golpeado la bolsa de valores de Nueva York con un virus tan agresivo y tan grande que dos millones y medio de dólares habían desaparecido. La habían atrapado, cuestionado una y otra vez, pero se había hecho la inocente, como si no conociera la fuerza de su propia programación. El dinero nunca fue recuperado. Y fue esa historia la que consiguió que la echaran del programa de la NASA. Aplicó pero ellos habían descubierto su pasado y le pidieron que se fuera, con temor de su estabilidad mental. Estaba estable, simplemente…. era brillante más allá de la comprensión.

"Joder, eso es genial," dijo con un resoplido, mirándola. "Apuesto a que está en una cuenta de banco en Suiza, todo oculto y esa mierda…"

"Tal vez, pero con ella, ¿quién sabe?" Suspiré, mirando a mi pequeña amiga genio conectar cables y altavoces, abriendo una ventana en su laptop.

"¡Bien, bien, bien!" Canturreó tres veces de su forma acostumbrada. "¡Va a empezar pronto!"

Respiré profundamente, sentándome al borde del sofá mientras todos los demás llenaron la habitación. El toque de Edward nunca dejó mi espalda mientras esperábamos a que Benny enviara el enlace en vivo.

"Se va a llevar un minuto," explicó Alice, paseándose un poco frente a la computadora. "Tiene que rebotarlo en algunos diferentes satélites antes de redireccionarlo a través de Dubai, Praga y Quebéc. De esa forma está impidiendo que nuestra dirección IP sea rastreada."

Suspiré, rodándole los ojos y sacudiendo mi cabeza. "Ali, nada de eso tiene sentido. Solo dinos cuando lo envíe, ¿sí?"

"Sí, está bien," dijo con un suspiro, haciendo un gesto con su mano sin darme importancia. "Está llegando ahora…"

Las risas de todos a mi amiga duendecillo se acallaron, y la sala quedó en completo silencio. La pantalla plana se puso negra por un momento, y luego pude ver como se dividió en cuatro secciones. Benny no solo nos estaba mostrando el juicio; nos estaba mostrando todo el palacio de justicia. De alguna forma—aunque estoy segura que Alice podría explicarnos como lo había hecho—él había accedido al sistema de seguridad.

El lugar era un circo mediático, por lo que pude ver en la cámara que quedaba frente a las escaleras para llegar a las puertas. Coches se detenían junto a la acera, y una procesión de gente subía las escaleras, desapareciendo al entrar por el frente. Tres SUV grandes y negras se detuvieron, y pasé saliva cuando una masa de hombres salió de ellas. Pero fue el ver la figura alta y delgada de Carlisle salir de la parte trasera del coche del medio lo que llamó mi atención, se irguió derecho, su cabeza y sus ojos casi giraban mientras esperaba que mi padre lo siguiera.

Charlie se veía como si hubiera envejecido unos cien años desde la última vez que lo vi. Se veía cansado, más delgado, y lastimado porque tenía unos cuantos moretones que estaban sanando en su rostro, los cuales solo podía asumir eran de la última vez que los hombres de King lo habían localizado. Llevaba un traje azul marino, una camisa de vestir blanca, y una corbata roja. Estaba rodeado de agentes que subieron los escalones con él, ignorando las preguntas de los reporteros mientras pasaban.

"Maldición, se ve tan cansado," dijo Rose en voz baja, mirándome. "Simplemente… agotado."

"Lo sé," concordé con una mueca, respirando hondo y apoyándome en un costado de Edward.

A continuación, atrajo nuestra atención el panel que era la sala en sí, y parecía algo salido de una película—todo de madera, el jurado a la izquierda, las mesas colocadas frente al gran estrado del juez, y todos poniéndose de pie cuando el juez mismo tomó su asiento.

Fue entonces cuando finalmente vi a King en la mesa de la defensa. Lucía muy pagado de sí mismo, aunque más delgado que la última vez que lo había visto. Estaba vestido impecablemente en lo que parecía ser un traje de diseñador mientras se inclinaba hacia sus abogados. Le susurraban furiosamente, y él asentía a lo que sea que le estuvieran diciendo.

Se hicieron declaraciones de apertura, el fiscal afirmando que tenía pruebas suficientes contra King para encerrarlo no solo por el cargo de armas, sino que también por un montón de cargos, incluyendo fraude e intento de asesinato. También estaban tratando de atraparlo por la compra y/o venta de armas no registradas.

No sé por cuánto tiempo vimos a un desfile de testigos conducidos al estrado, jurar, y ser cuestionados. Fue todo el mundo, desde la sirvienta, a su chofer, su asistente personal en la oficina—todos los que habían firmado acuerdos de confidencialidad porque ellos "nunca vieron a Royce King haciendo nada ilegal". Jasper mencionó algo sobre que estaban "aterrorizados".

Entonces, la fiscalía finalmente llamó a mi padre al estrado. La defensa pidió un receso, que fue concedido por el juez. Cuando anunció un receso de media hora, Edward tiró de mí para levantarme del sofá.

"Ven conmigo." Tomó mi mano y me sacó de la sala. "Tienes que comer," ordenó al mismo tiempo que sacaba un banco del desayunador en la cocina. "No has comido desde el desayuno, bebé," susurró contra el tope de mi cabeza.

"Edward," me quejé, haciendo un gesto hacia la sala de televisión, pero cuando se dio la vuelta frente a la estufa llevando una ceja peligrosamente levantada, me callé.

"Es solo sopa, y habrás terminado antes de que regresen, amor," expresó, sin darme una oportunidad de discutir.

Puso un tazón de espesa sopa de aroma delicioso frente a mí, junto con pan fresco, y se recargó en la encimera con los brazos cruzados al mismo tiempo que tomaba mi primer bocado. Cuando murmuré por los sabores que explotaron en mi boca, él sonrió.

"¿Hiciste esto?" Pregunté, cogiendo una ridículamente enorme pieza de pan y mojándola en el tazón.

"Sí," se echó a reír, evidentemente feliz de que me gustara lo que cocinaba, aunque para ser honestos, no había mucho de lo que hacía que no estuviera asombrosamente delicioso.

"¡Quiero otro tazón!" Intervino Alice, entrando a la cocina dando saltitos.

"Bien. Siéntate, enana," se rio entre dientes, sacudiendo su cabeza y dándose la vuelta para servirle otro tazón. "No sé dónde lo pones, Alice," murmuró, riéndose de la risita de ella mientras se subía al banco junto al mío.

"Tiene el metabolismo de un colibrí," me reí con un resoplido, dándole una gran mordida al pan y luego un bocado de sopa.

Edward se rio, levantando la vista cuando se nos unieron Makenna, Mickey y Rose. "¿Damas?" Preguntó, haciendo un movimiento con la mano hacia mí y Alice entrándole con gusto.

Todas le dijeron que sí, tomando asiento en el desayunador.

"Deberías abrir un restaurante," bromeé cuando puso tres tazones más de sopa.

"¡Ni en sueños!" Soltó un resoplido. "No es que tenga un don de gentes exactamente, Bella."

Todos nos reímos, inclinándonos en el otro, porque era verdad. Él era de una forma con los que conocía, con aquellos a quienes les tenía cariño, pero probablemente le dispararía a un cliente quejumbroso, y no habría forma de saber lo que le haría a algún pobre tonto que tratara de robarle. Se rio con nosotros, lanzando un guiño en mi dirección.

Todas nuestras risas se detuvieron cuando el rostro de Edward se oscureció por completo, mirando hacia la entrada de la sala. Todas nos dimos la vuelta para ver a un pálido Alec, un Jasper con la boca abierta, pero fue el sonido de Esme maldiciendo lo que hizo que todos simplemente nos paralizáramos.

"¿Qué?" Pregunté, mirando a Alec y luego a Jasper, ninguno de los dos mirando a otro lado que no fuera Edward. "¿Jasper?" Pregunté, sintiendo de pronto el miedo descender sobre mí.

Me bajé del banco al mismo tiempo que Alice lo hizo y las dos empezamos a movernos hacia la sala.

"Bells, espera," dijo Jasper, atrapándome antes de que pudiera entrar, pero miró a Edward, que estaba justo detrás de mí. "No sé qué pasó, Eddie," dijo entre su aliento, luciendo pálido y nervioso, sin su acostumbrada actitud despreocupada que por lo general transmitía.

"¡Bueno, dilo de una puta vez, Jasper!" Dijo Edward con brusquedad, fulminando a Jasper con la mirada y luego a Alec. "¿Qué?"

Alec tomó una respiración profunda, sacudiendo su cabeza. "Volvían del receso, y estábamos a punto de llamarlos… En lugar de eso, el juez dio el día por terminado—algo sobre que King no se sentía bien. Sus padres… Edward, fue un puñetero golpe," dijo con incredulidad.

"¿Qué?" Edward y yo gruñimos, empujando a todos finalmente para pasar a ver.

Esme era un desastre frente a la televisión, y Kate y Emmett estaban haciendo lo que podían para calmarla. Habían quitado el enlace y encendido las noticias.

Me quedé helada frente a la televisión mientras un vídeo se repetía una y otra vez. Mi padre, Carlisle, y otros dos federales salían del palacio de justicia de Nueva York cuando un hombre haciéndose pasar por parte de la prensa se interpuso en su camino, sujetando un arma. Carlisle reaccionó al instante, tratando de bloquear a Charlie, pero fue inútil. El hombre tiró del gatillo, y en cámara lenta, me pareció, atravesó justo por la parte superior del hombro derecho de Carlisle, para entrar directamente en el pecho de Charlie. Tirando una vez más del gatillo, otra golpeó claramente a mi padre en la cabeza.

"Papá," susurré, cayendo de rodillas cuando lo repitieron una y otra vez. "No, papito…"

Las lágrimas llenaron mi visión, y sentí las manos de Rose y de Edward sobre mí. No tenía idea de lo que los reporteros estaban diciendo porque de pronto me volví sorda. Todo lo que podía hacer era ver, mientras una y otra vez—en algún jodido bucle del infierno—el último miembro de mi familia caía al suelo, mientras Carlisle todavía lo cubría y los agentes federales que estaban con ellos taclearon al tirador en los escalones de concreto.

"¡Apáguenla de una puta vez!" Edward gruñó, arrodillándose frente a mí y cogiéndome en sus brazos. "Alice… quiero noticias de Cheney ASAP," le dijo, y la escuché moverse al instante. Me levantó del suelo, susurrando en mi oído. "Lo siento, bebé. Lo siento tanto." (N.T. ASAP es 'as son as posible' en inglés, en español 'lo antes posible')

"Lo atraparon," sollocé en su cuello. "De todos modos los atraparon a ambos, Edward."

"Shh, Bella," me tranquilizó, acariciando mi espalda.

"Edward, ya envió un mensaje," dijo Alice en voz alta de alguna parte detrás de nosotros, pero la conocía lo suficientemente bien para saber que las noticias no eran buenas.

"¡Dime!" Gruñó.

"Dice que Carlisle está bien, la bala lo atravesó. Él... él… dice que Charlie es una… que es una p-per…"

"Pérdida total," Edward murmuró con tristeza con ella. "Joder," suspiró, acercándome a él cuando las lágrimas comenzaron de nuevo. "Bebé, lo siento."

~oOo~

No tengo idea de cuánto tiempo me abrazó, ni idea en absoluto de cuando dejó la sala, llevándome a su habitación, pero en algún momento, debo de haber llorado hasta quedarme dormida apoyada en su hombro. Cerré mis ojos con fuerza antes de abrirlos. Me dolía la cabeza, sentía como si tuviera arena en mis ojos, y estaba confundida en cuanto a dónde estábamos.

Me senté, mirando alrededor. Estábamos en una silla en la suite de Edward, pero me recibieron unos tristes y cálidos ojos verdes.

"Hey," susurró, tomando mi rostro entre sus manos, su pulgar acariciando mi mejilla.

"Se ha ido, ¿no?"

"Sí, amor," dijo con un suspiro, tragando grueso. "Lo siento."

"¿Y Carlisle?"

"Él está bien. Envió un mensaje hace como una hora. Dice que lo suturaron, y a pesar de un poco de pérdida de sangre, está bien. Él… bueno, quería hablar contigo, pero le dije que te diera tiempo."

Asentí, sorbiendo un poco mi nariz. "¿Qué hacemos ahora, Edward?" Pregunté, inclinando mi cabeza hacia él al mismo tiempo que las lágrimas amenazaban de nuevo con caer.

Suspiró, apartando su mirada de mí, pero dijo, "Sin el testimonio de Charlie, Benny teme que no puedan atrapar a King."

"¡Entonces él gana!" Gruñí, mis lágrimas finalmente derramándose. "¿Toda esta… mierda, fue por nada?"

"¡Ni muerto, Bella!" Me dijo, su voz sonaba controlada, aun así, amenazante. "Mi padre dice que no nos movamos, que te mantendremos a salvo hasta que podamos hacer otro plan."

Asentí, pero las palabras de mi padre de nuestra última conversación, hicieron eco en mí.

"Quiero que escuches todo lo que te diga Carlisle. Su grupo es fuerte e inteligente. Te mantendrán a salvo, y cuando esto haya terminado, empezaremos de nuevo, cariño. Nos tomaremos un tiempo juntos, ¿está bien?" Preguntó, y yo fruncí el ceño ante la opresión en su voz.

"Bien, papi," dije en voz baja, un poco sorprendida de verlo de esa forma.

"Pero quiero que me prometas algo, Bells," continuó, mirándome, sus ojos fieros y determinados.

Asentí. "Sí… lo que tú quieras."

"Si algo me sucede, si por alguna razón, no salgo de esto…" Él levantó su mano cuando abrí la boca para oponerme hacia donde se dirigía esta conversación. "Dejé algo para ti en la casa del árbol, nena. ¿De acuerdo?"

Asentí, mi ceño frunciéndose. "¿Qué?"

Él negó, sin darle importancia a mi pregunta. "Solo, prométemelo…"

"Te lo prometo, papi…"

Jadeé, mirando a Edward. "Tengo que irme," dije en voz baja, levantándome de su regazo.

"¿Qué?" Gruñó. "¡Bella, no puedes ir a ningún lado! En todo caso, ahora eres un objetivo más grande que nunca."

"Se lo prometí, Edward", le dije, agarrando mi maleta del armario.

"¿Se lo prometiste a quién? ¿Y qué?" Preguntó, levantándose de la silla y arrebatándome la maleta de las manos. "Bella, por favor. Sé que estás molesta, pero tienes que quedarte aquí."

"Se lo prometí a Charlie. Me dijo que si algo me pasaba, que dejó algo para mí," le respondí, tratando de alcanzar la maleta, pero la mantuvo lejos de mí. "¡Le hice una maldita promesa, Edward!"

"Pero él no hubiera querido que te asesinaran por ir en busca de eso," gritó, agitando la bolsa de lona en el aire. "No puedo dejar que te vayas, Bella. Simplemente… no puedo. ¡No me importa lo que te haya dejado!"

"Edward," sollocé. "Se lo prometí…"

"No, bebé, por favor," me suplicó, negando y tocando mi rostro con su mano libre. "Solo espera hasta que llegue mi papá aquí, y entonces tomaremos una decisión. Sé que quieres cumplir con tu promesa…"

"¿Qué pasa si es importante para encerrar a King?" Le repliqué. "Charlie no me hubiera hecho prometerle ir por ello si no fuera importante."

Suspiró, pasando una mano por su cabello. "¿Dónde está?"

"En mi vieja casa del árbol," le dije, y de pronto, comencé a negociar con él, a sabiendas de que probablemente no funcionaría. "Iré directamente allí y regresaré de inmediato, lo prometo," le juré, caminando hacia él y tomando su mano en la mía.

"No lo hagas," dijo con brusquedad, rodando los ojos y quitando su mano de la mía para ponerla frente a mí.

"Nadie me verá… y solo me detendré cuando…"

"¡Dije que te detuvieras!" Gruño, devolviéndome la maleta.

"Por favor, Edward…"

Las aletas de la nariz de Edward se ensancharon, sus puños se apretaron, y su mandíbula se tensó por la ira. Empecé a retroceder. "Solo… empaca tu mierda, Bella."

Lo miré con la boca abierta porque se escuchó tan cruel de la forma en que lo dijo, pero me dio la espalda, entrando al armario. Salió, su rostro todavía sombrío, pero cargaba otra maleta.

"Edward, ¿qué estás…?"

Me miró furioso, sus ojos casi negros cuando arrojó la maleta sobre la cama junto a la mía.

"No creerías que aceptaría esa mierda, ¿verdad?" Preguntó, arrojando dos pares de jeans en su maleta. "¡Maldición, como si pudiera verte alejarte de mí!" Bufó, abriendo de un tirón su cómoda y empacando unas cuantas camisetas. "Como si no fuera a volverme loco todo el maldito tiempo que no estés. No, solo… ¡joder no! Voy a ir contigo."


Sniff! Sí, se murió Charlie :( Bueno, por más p***** que fuera era su padre y claro que fue un golpe muy duro para Bella. Menos mal que Carlisle sigue con vida. Y aunque parezca que las cosas están ahora de lado de King, ¿creen que lo dejen ganar? Claro que no, ¿pero que tendrán pensado hacer nuestro Mercward y su equipo de mercenarios? El plan era matar a King en la cárcel, ¿pero ahora que va a salir? Ya veremos en los siguientes capis. Eso sí, en el siguiente les garantizo que odiarán más a King. Y, ¿qué les pareció esa escena en el claro? Que tierno Edward construyendo las pajareras pensando en su madre viéndolo desde los pinos. 3 Muchas gracias por sus reviews, no saben como me alegra saber que están disfrutando de la historia y leer sus hipótesis, a las que no lo han hecho, vamos anímense a dar sus teorías. Gracias por las alertas y favoritos y espero que sigan leyendo. Saludos y nos leemos en esta misma semana, ya que me retrase con este capi.