Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes son propiedad de Stephanie Meyer y a la autora es Drotuno, yo solo traduzco.

Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.

Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.


CAPÍTULO 18

EDWARD

"Edward," Bella empezó a decir, pero estaba demasiado enojado para incluso pensar con claridad. "¿Vas a venir conmigo?" Preguntó, su mano inmóvil sobre su maleta en la cama.

No estaba seguro de por qué estaba enojado, pero la idea de que me dejara, o simplemente que se alejara—a pesar de lo jodidamente peligroso que era para ella estar sola, sin mencionar tan cerca de Miller—me hacía sentir posesivo, furioso, y casi explosivo. No podía pasarle ni una mierda. Punto.

"Sí." Era todo lo que podía decir en lugar de nada, y no estaba seguro de lo que saldría de mi boca; mi filtro interno estaba ardiendo y quemándose lentamente.

"¿Por qué?"

"¿Por qué?" Gruñí, girándome para quedar frente a ella. "¿De verdad creíste que podía dejarte hacer esta mierda sola, Bella?" Le pregunté con incredulidad, levantando mi mano cuando abrió la boca. "Sí, estoy muy consciente de que puedes arreglártelas sola. Sí, estoy totalmente convencido de que perdí totalmente el control de mi propia vida desde que caíste en ella. Pero… ¡maldición, amor! No puedo simplemente dejarte sola allá afuera. Joder, me volvería loco." Me senté con fuerza en el borde de la cama, empuñando mi cabello en mis manos.

"Edward," Bella susurró, y sentí que presionó sus labios en la parte superior de mi cabeza.

Levanté la vista hacia ella, sacudiendo mi cabeza. "No entiendes esa mierda, Bella. No lo haces. Simplemente no puedo dejar que te vayas."

"Gracias," susurró, mordiendo su labio inferior al mismo tiempo que su frente se arrugaba. "¿Ellos estarán bien sin que estés aquí?"

Solté un resoplido pero asentí porque mi equipo era fuerte, incluso sin mi presencia. "Tengo que dejarle instrucciones a Alec. Y voy a enviarle a papá un correo, Bella," le advertí, señalándola con un dedo. "Así que no te sorprenda cuando regañe nuestros traseros."

Sonrió, asintiendo y agarró el dedo que la señalaba. "Vamos a ir directamente allí, lo prometo. Nos iremos… tres días, como máximo."

Bufé indignado, rodando los ojos. Tres días. Cualquier cosa podría pasar en tres putos días—a cualquiera de nosotros. Me puse de pie, besé su frente y seguí empacando mi maleta, pero Bella me detuvo.

"Ve… haz lo que tengas que hacer," dijo en voz baja, tirando de mi maleta hacia ella. "Yo me encargo de esto."

Asentí, deseando detenerla, deseando mantenerla en esa habitación dónde estaba a salvo, pero era difícil ignorar los deseos de un padre, en especial cuando básicamente eran sus últimos deseos de mierda. No podía culparla de querer hacer lo que Charlie le había pedido, ni siquiera podía empezar a entender lo que estaba sintiendo y pensando. Le habíamos prometido que su padre estaría a salvo, y ahora estaba muerto. Sabía que justo ahora mi padre debería estar sintiéndose como mierda porque amaba a Charlie y Bella como si fueran de su sangre.

Salí de la habitación y caminé por el pasillo. Encontré casi a todos todavía levantados, a pesar de ser tan tarde. Estaban sentados alrededor del comedor en perfecto silencio hasta que entré.

Esme se apresuró hacia mí, tomando mi rostro entre sus manos. "¿Cómo está?"

"Está… empacando," solté un resoplido, levantando mis manos cuando todos empezaron a hacer preguntas al mismo tiempo. "Solo… esperen," gruñí, volviéndome hacia Esme. "Al parecer, Charlie le hizo prometer que si algo le pasaba, ella iría por algo que le dejó."

"Edward, eso es una locura," Emmett gruñó. "¡No puedes simplemente dejarla ir!"

"No lo voy a hacer," dije con un suspiro, pasando la mano por mi cabello. "Voy a llevarla."

"Está en la casa del árbol," Rose dijo en voz baja, levantando la vista de la pantalla de la computadora que ella y Alice habían estado observando. "No sé lo que es, pero ahí es dónde lo dejó. Ella me lo dijo justo después de que Charlie fue puesto bajo custodia."

"Lo sé," gemí, negando, pero entonces me volví hacia Alice. "Duende, necesito que le envíes un mensaje a mi padre. Dile que no nos iremos más de tres días. Más tiempo que ese, y enviaremos otro mensaje. ¿Puedes arreglar la laptop de Bella como la tuya?"

"Ya lo está," dijo entusiasmada, cerrando una de las computadoras frente a ella y entregándomela. "Solo correo, ¿de acuerdo? No Skype, ni Facebook. Solo correos electrónicos."

"Sí, señorita," concedí.

Entonces me volví hacia Alec. "Te necesito aquí," le dije. "Te necesito a cargo en caso de que suceda algo estúpido."

El rostro de Alec se retorció con una sonrisa irónica. "Por supuesto, Ed. Tu padre va a estar cabreado, ya sabes."

"Estoy al tanto," gruñí. "Pero si no la llevo, se irá sola, y tampoco puedo permitir eso."

Me volví de nuevo hacia Alice una vez más. "Alice, necesito pasar la frontera, así que, ¿puedes mandarle también un mensaje a Benny? Necesito saber exactamente cómo pasar sin que nos detecten."

"Edward," Jasper bufó cruzando sus brazos sobre su pecho. "Sus rostros están por todas partes, hombre. ¿Cómo van a pasar?"

"No lo sé," dije encogiéndome de hombros, "pero le debo el intentarlo, Jasper. Le prometimos la seguridad de su padre, y ella vio—en la puñetera televisión—a Charlie recibir un disparo en la maldita cabeza."

Esme soltó un bufido, pero se contuvo. "Edward, esto no la ha golpeado todavía, por lo que necesitas estar preparado, cariño."

"Lo sé," suspiré, levantando la vista cuando Kate se levantó de la mesa.

Caminó en silencio hacia lo que parecía la puerta de la despensa y tiró de las estanterías. Estas giraron saliendo del armario, revelando una provisión de armas. Abrió un cajón, sacando lo que parecían ser dos viejos teléfonos móviles.

"Toma," dijo, poniendo uno en mis manos. "Estos son desechables e imposibles de rastrear, si los necesitas, pero solo en una emergencia," me dijo, encendiendo el que estaba en sus manos. "Si nos necesitas, o te necesitamos… entonces, es comunicación al instante. Solo llama a este teléfono, ¿está bien?"

"Sí, señora," le dije asintiendo. "Lo tengo."

Recitó varias veces el número del teléfono con el que se quedaría ella, haciéndome repetirlo hasta que se afianzó en mi memoria.

"Edward, ¿cómo planeas hacer esto? Has de saber que alguien está vigilando la casa de Charlie por ella," declaró Alec, empezando a pasearse en la cocina.

"Vamos a esperar hasta el anochecer, estacionar lejos de la casa, y entrar sin hacer ruido. No creo que tengamos que entrar a la casa—solo a la casa del árbol," respondí y asintió, como si se esperara eso.

"¿Y si algo sale mal?" Preguntó Mickey, tomando un largo trago de su soda pero fulminándome con la mirada.

"Nos ocultaremos en mi casa."

Jasper resopló, rodando los ojos. "Bueno, va pasar un maldito montón de tiempo para que te encuentren allí."

"No me agrada que nos separemos, Ed," gruñó Emmett, sacudiendo su cabeza. "Está muy lejos, y no nos da suficiente tiempo para llegar a ti, porque joder, te están buscando, hombre."

"Volveremos aquí," repliqué, "incluso si tengo que volar para regresar."

Emmett bufó pero se puso de pie. "Bien, vamos a prepararte," me dijo, sacándome de la cocina y conduciéndome por la puerta trasera hacia su Jeep.

Una vez afuera con la camioneta, Emmett abrió la puerta de atrás, levantando el falso suelo para revelar todos sus 'juguetes'. Agarró un par de binoculares, dos piezas de radio para el oído, y dos armas extra cuarenta y cinco. También tomó un poco de munición, dos clips adicionales y dos chalecos Kevlar negros, arrojando todo dentro de una bolsa para mí.

"Tienes que tener cuidado, Eddie," dijo con el ceño fruncido cuando caminábamos de vuelta hacia la casa. "Entiendo que estás haciéndolo porque Charlie estaba muy consciente del peligro en el que acababa de poner a su hija. Cuando lo tuvimos por esos primeros días, estaba loco por ella—dónde estaba, quién estaba cuidado de ella. Pero sobre todo… se preguntaba qué pasaría con ella si fuera asesinado. Si le dijo que hiciera algo, entonces es importante, porque quería mantener esta mierda tan lejos de ella como pudiera, aunque el puto momento es una mierda…"

Miré a Emmett, quién por lo general no es tan profundo, pero había olvidado que él y Mickey habían recogido a Charlie al mismo tiempo que mi padre y yo habíamos ido a buscar a Bella. Tomé una respiración profunda y asentí, antes de entrar de vuelta a la casa.

"¿Qué demonios, Bella?" Gritó Mack, habiéndose unido al grupo en la cocina.

No había estado allí más temprano, y por lo que se veía, la habíamos despertado porque estaba en pantalones de chándal y camiseta, su cabello en un tipo de nudo retorcido en la parte superior de su cabeza.

"¡Prácticamente estás caminando hacia sus manos, Bellsy!" Gritó de nuevo.

Bella estaba sacudiendo su cabeza de un lado al otro, sus manos en los hombros de Makenna. "Détente, Mack. No nos verán. No nos iremos por mucho tiempo. Solo necesito ver qué me dejó mi papá," le dice ella, su voz rompiéndose en esa última frase.

Tenía la sensación de que Bella apenas mantenía la compostura a este punto y que quería permanecer fuerte.

"Bella, si vamos a hacerlo, tenemos que ponernos en camino," le dije con gentileza, tratando de darle una salida.

"Bien," suspiró, asintiendo despacio, pero se volvió de nuevo hacia las chicas. "Volveremos. Quédense aquí, y les enviaremos un mensaje pronto."

Hubo abrazos por todas partes, y luego, salimos hacia los coches. Bella caminó hacia su coche, pero la detuve.

"No, bebé," le dije, guiándola más allá de su Mustang. "En el mío. Sin ofender, y por más sexy que te veas conduciendo eso, es una gigante señal de neón señalando que vas a casa." Susurré en su oído.

Hizo una mueca, dándole a su coche una última mirada, y asintiendo al mismo tiempo que caminaba hacia mi coche. "Tienes razón. Gracias por hacer esto."

Respiré hondo una vez que estuvimos sentados en mi coche y miré en su dirección. "Solo esperemos que lo que sea que te dejó Charlie valga la pena esta mierda," le dije, mi voz sonando muy dura dentro del coche.

Dio un respingo, asintiendo en silencio.

"Pero, Bella, no hay nada que no haría por ti, ¿de acuerdo?" Le pregunté en voz baja, con la esperanza de que lo supiera. Tomé sus manos y besé sus nudillos. "Lo que sea, amor," le recalqué, besándolos de nuevo.

"Gracias, Edward," dijo en voz baja, pero pude verla conteniendo las lágrimas cuando nos retirábamos. "Te amo tanto… no tienes idea…"

~oOo~

"Edward," sollozó Bella en su sueño, y joder, no por primera vez.

Se había quedado callada cuando dejamos la granja de mi tía y permaneció así casi todo el camino para salir del estado. En algún momento, después que cruzamos a Canadá, se había quedado dormida, pero las pesadillas eran atroces. La tranquilizaba lo mejor que podía, y se callaba con el sonido de mi voz o el toque de mis dedos, pero no se lo decía una vez que despertaba.

En un momento dado tomó el volante, y tuve que distraerme mirando por la ventana, haciendo lo mejor que podía por no tener pensamientos inapropiados de lo malditamente buena que se veía detrás del volante de mi coche. Finalmente, me obligué a tomar una siesta, confiando en que me despertaría antes de la frontera de Estados Unidos, lo que hizo.

Nos detuvimos lo suficiente para revisar correos, agarrar algo para comer, y usar el baño antes de que tomara de nuevo el volante para cruzar la puerta de la frontera que Benny había asegurado para nosotros.

Fue en el ferri de vuelta a Washington que las pesadillas de Bella regresaron, y simplemente no podía soportarlo más. Esta vez no habíamos salido del coche, a fin de mantenernos ocultos, por lo que eché mi asiento hacia atrás, cediendo finalmente a lo que había querido hacer desde que mi nombre había escapado tristemente de sus labios la primera vez que lo había escuchado. La pasé por encima de la consola y la puse en mi regazo, despertándola en el proceso, pero se aferró a mí como a una cuerda salvavidas.

"Shh, bebé, te tengo," suspiré, enterrando mi nariz en su cabello a medida que los lloriqueos mientras dormía cambiaban a sollozos completamente despierta. "Lo siento tanto, dulzura," susurré, usando el término cariñoso que se había convertido en una broma entre nosotros desde la oficina legal a la que habíamos ido juntos. Lo utilicé porque ella era tan dulce, estaba tan triste y era fuerte… y no merecía una mierda de lo que le estaba pasando—sobre todo, la pérdida de su padre.

"Se ha ido, Edward," sollozó en mi cuello, sus pequeñas manos agarrando mi camiseta sin mangas. "Nunca podremos resolver la mierda entre nosotros. Probablemente murió pensando que lo odiaba…"

"No, bebé, nunca podría pensar eso," gemí, abrazándola con fuerza porque se veía como si se estuviera cayendo a pedazos. "Su única preocupación era tu seguridad, Bella. Hizo que mi padre y yo juráramos mantenerte a salvo. No quería que sus errores o cualquier decisión que tomara te hicieran daño. Pude ver cuánto te amaba, a pesar de lo molesta que estabas. Eso ni siquiera le preocupó. Cada vez que te miraba, era con orgullo y admiración, bebé."

"Era el último miembro de mi familia," dijo llorando, sentándose erguida. "¿Qué voy a hacer ahora?"

Levanté mis manos, tomando su rostro en ellas y limpiando las lágrimas con mis pulgares. Y Dios, sino estaba hermosa y que partía el corazón al verla—y todo lo que nunca pensé que desearía; en ese momento, hubiera hecho lo que sea para llevarme su tristeza.

"No estás sola, amor. Jamás. Tienes a tus chicas, y me tienes a mí y a mi papá," la conforté, metiendo su cabello detrás de sus orejas. "No voy a ir a ningún lado, Bella. Incluso cuando esto haya terminado—y terminará algún día—todavía voy a desear estar contigo," le confesé. Aunque no estaba seguro de que fuera el momento adecuado para esa conversación en particular, quería que lo supiera. Deseaba que nunca se sintiera que estaba sola. "Te amo tanto, y eso no va a acabarse una vez que esto termine."

Los ojos de Bella estaban enrojecidos y un poco hinchados, pero asintió, todavía viéndose un poco perdida. "También te amo," dijo bajo su aliento, su voz apenas audible.

"Y vas a hacer lo que quieras hacer, bebé," susurré, inclinándome para besar suavemente sus labios. "Estoy seguro de que no hay mucho que puedas hacer," dije con una sonrisa de suficiencia, inclinando mi cabeza hacia ella.

Soltó un leve bufido, su labio tembló y sus ojos se humedecieron. "No sé qué sentir," susurró, mirando alrededor cuando el ferri comenzó a atracar. "Estuve enojada con Charlie por tanto tiempo…"

Fruncí el ceño, ayudándola a volver de nuevo a su asiento, pero la mantuve de frente a mí. "Acabas de perderlo, amor. Respira profundamente, y solo, date algo de tiempo, ¿está bien?" Le pregunté y ella asintió, limpiando sus lágrimas. "Buena chica," suspiré, besando un lado de su cabeza. "Ahora, vamos a encontrar un lugar donde quedarnos para no llamar la atención hasta que el sol se ponga, ¿de acuerdo?"

~oOo~

BELLA

"Este es tu vecindario, bebé," dice Edward en voz baja en mi oído mientras los dos estamos mirando hacia las calles oscuras. "¿Cuál es la mejor forma de entrar?"

Tomó una respiración profunda, sosteniendo los binoculares en mi rostro. Estamos a una calle de la casa de mi padre, pero es al patio trasero a dónde necesito llegar, por lo que había estado pensando en cortar camino por los patios de los vecinos como lo había hecho cuando era más joven.

Mi corazón se sobrecogió ante la idea porque ahora ya había perdido la última conexión con mi infancia. Mi mamá se ha ido, luego Jane y ahora Charlie, y tengo que forzarme para concentrarme en la tarea en cuestión para no acurrucarme en el regazo de Edward y simplemente llorar todo lo que resta de la noche; a decir verdad, estaba haciendo todo lo que podía para no hacer precisamente eso. Me había abrazado cada vez que perdía el control de mí misma, y era un nivel de consuelo que jamás había conocido. Sabía que estaba incómodo, pero no te darías cuenta porque había sido dulce, amable, y tan reconfortante. Me dijo lo mucho que mi padre se había preocupado por mí, que había estado orgulloso de mí y totalmente frenético por mi seguridad. No importaba cuán enojada había estado con Charlie, mi padre todavía me amaba.

Respiré profundamente, tragando el sollozo que se quería escapar, conteniendo las ganas de simplemente enterrarme en el abrazo de Edward y dejar salir todo. De nuevo. Miré por la ventana para asegurarnos que no había nadie observándonos.

No había absolutamente ningún movimiento en la calle en la que había crecido. Eran la una de la mañana en punto, y estaba extremadamente silencioso y muy quieto, pero si salíamos del coche, las luces de la calle todavía nos delatarían, a pesar de que los dos estábamos vestidos de negro de la cabeza a los pies—incluyendo la gorra de béisbol hacia atrás de Edward, la que me había dado cuenta, usaba cada vez que teníamos una situación como esta.

Saqué un dibujo que había hecho rápidamente en la servilleta de un restaurante cuándo nos habíamos detenido la última vez. "Mira," le dije, señalando donde estábamos. "Si cortamos por estos dos patios traseros y cruzamos por aquí, saldremos por el patio lateral de Charlie. La casa del árbol está justo allí," expliqué, mirando al hermoso rostro de Edward. "Los Crowder nunca han tenido una buena iluminación ahí atrás, y los Schwartz tienen suficientes arbustos para iniciar su propio vivero…"

Edward soltó un resoplido, levantando la vista del burdo mapa que había dibujado, no era un Monet, pero me había dado a entender. "Suenas como si lo supieras por experiencia, Bella," mencionó, su boca curveándose en una sonrisa irónica.

"Había… un tipo," dije con un suspiro, empujándolo un poco cuando empezó a reírse. "A Jane no le gustaba mucho, y me castigó…" Le sonreí cuando él siguió riéndose. "Había fiestas a las que Rose y yo simplemente, teníamos que ir…"

"Qué niña tan mala, bebé," se rio con un bufido, besando un lado de mi cuello. "Escapándote a escondidas para reunirte con chicos… me hace desear que hubiéramos permanecido en contacto…"

"Sí," suspiré con nostalgia, echándome hacia atrás para mirarlo. "Sí, yo también."

Mientras lo miraba, al parecer nuestras mentes corrían en la misma dirección, porque me preguntaba que si hubiésemos seguido siendo amigos, seguido en contacto, ¿todavía nos hubiéramos enamorado? ¿Hubiéramos salido en secundaria, aún con la corta distancia?

"¿Te habrías escapado para verme, Bella?" Se rio entre dientes, su lengua deslizándose por su labio inferior y probando mi teoría de que estábamos pensando lo mismo.

"Tal vez," lo provoqué, besando su mejilla mientras él jadeaba dramáticamente. "Pero definitivamente te hubiera metido a escondidas…"

Se echó a reír, asintiendo, y luego me quitó los binoculares. "No veo ningún movimiento, amor, así que cuando estés lista, podemos irnos."

"Bien," le dije, abriendo la puerta del coche sin hacer ruido.

Entramos corriendo a un patio lateral oscuro, y Edward susurró, "Saca el arma, bebé. No sé si alguien está vigilando o no, pero no quiero correr ningún riesgo, ¿está bien?"

Asentí, sacando mi nueve milímetros, pero consciente de que la cuarenta y cinco que Emmett le había dado todavía estaba en mi espalda baja. "¿Listo?" Le pregunté, mirando por encima de mi hombro.

"Yo te sigo," dijo, su cuerpo alineándose detrás del mío. "Pareces ser la experta en entrar y salir de tu casa sin que te vean."

Sonreí y salí disparada por el patio trasero de los Crowder. No habían cambiado nada. Seguía estando oscuro, todavía sin un reflector que nos delatara, y lo conduje en silencio a la esquina trasera de su propiedad, donde teníamos que subir por la cerca. Edward la saltó con facilidad, extendiendo sus manos hacia mí una vez que estaba del otro lado y bajándome con cuidado.

La señora Schwartz siempre había tenido mano para la jardinería, y cuando estaba más joven, le había ayudado a cuidar de sus flores durante más de una primavera, por lo que sabía que había mucho espacio entre sus rosales y la cerca de madera trasera. Era la esquina del otro extremo de la cerca de madera la que necesitaba.

Me detuve, tratando de recodar que tabla de madera habíamos aflojado Rose y yo hace todos esos años. "¿Cuál es?" Pensé en voz alta, finalmente encontrando el nudo que habíamos usado para tirar de ella. "Ah, todavía está allí," dije con una sonrisa, enganchando un dedo en la tabla y moviéndola solo lo suficiente para que pudiéramos pasar.

"Vaya tipo ha de haber sido," murmuró Edward con ironía.

"Mmmm," suspiré dramáticamente, conteniendo mi sonrisa. "Realmente era sexy…".

Edward bufó indignado, y por primera vez, me di cuenta que podría ser un poco celoso, así que me giré frente a él, agarrando su rostro.

"Ni de cerca a lo sexy que eres tú, bebé," ronroneé, mirándolo a través de mis pestañas. "Si tú hubieras estado cerca, él no hubiera tenido oportunidad, Edward…"

Lo vi contener su sonrisa, inclinar su cabeza y tragar grueso antes de acercarse a mi oído. "Si hubiera estado cerca… ni siquiera hubieras sabido que existía. Te habría arruinado para otros chicos, Bella."

"Todavía tienes tiempo para arruinarme, cariño," susurré contra sus labios. "¿Alguna idea de cómo planeas hacerlo?"

Resopló, sacudió su cabeza como para aclararla, y me miró con ojos oscuros y llenos de lujuria. "Oh sí, señora," dijo en un murmullo, su labio inferior casi haciendo una mueca, y que me jodan, sino era sexy. "Recuérdame darte mi… mmm, plan de juego más tarde, dulzura."

Me reí en voz baja, internándome en el patio trasero de mi padre. Mi casa del árbol estaba en la esquina al otro extremo del patio, pero el problema era que Charlie había instalado luces con sensores de movimiento.

"Nunca tuve que llegar a la casa del árbol," murmuré, analizando el patio. "Solo tenía que llegar a enrejado que conducía a la ventana de mi recámara."

"Mmm, y hubiera sido en la casa del árbol donde preferiría encontrarme contigo," se rio entre dientes, girándome para caminar a lo largo de lado interior de la cerca. "Muévete despacio, mantente alejada de los sensores, y estaremos bien."

Caminando lentamente por la orilla, rodeamos mi viejo patio trasero, subiendo por la escalera de la casa del árbol tan rápido como fue posible. Corrí las persianas antes de encender una pequeña linterna.

"Joder, esta cosa no ha cambiado nada," murmuró Edward, mirando alrededor del espacio dónde habíamos pasado tiempo juntos por primera y única vez. "¿Siquiera lograste ver Alcatraz, bebé?" Me preguntó en un susurró, sin dejar de mirar alrededor a todos mis pósteres de viajes.

"No," dije con una risita, negando y mirando alrededor por algo que pudiera estar fuera de lugar—algo que mi padre habría dejado. "Trabajé en San Francisco pero nunca pude ir a ninguna atracción turística," susurré, moviendo almohadas, pilas de revistas y viejos CD. "Y Charlie prometió llevarme a París, pero nunca lo hizo." Me tensé con lo amargo que se escuchó eso, mis ojos volaron hacia la mirada tímida de Edward. "Maldita sea," dije en voz baja, parpadeando con fuerza para contener las lágrimas.

"Hey," susurró, arrastrándose hacia mi lado. "¿Qué estamos buscando aquí? Quiero que salgamos de aquí tan pronto como sea posible."

"No lo sé," dije sorbiéndome la nariz, sentándome sobre mis talones, mis ojos posándose en el librero. "No me dijo qué buscar… solo que había puesto algo aquí. El críptico bastardo," gruñí, repentina e inexplicablemente enojada con Charlie. El beso silencioso de Edward a un lado de mi cabeza ayudó a calmarme.

Edward estaba callado mientras recorría los títulos y autores en mis estantes, recordando cada libro como un viejo amigo. Mi madurez se podía reconocer con las novelas alineadas en mis estantes—Beverly Cleary, The Hardy Boys, Stephen King, y Anne Rice. Había clásicos y no ficción, pero había un título que destacaba: El Mago de Oz. Mi propia copia desgastada estaba con mis cosas en el apartamento de Rose. Esta copia parecía nuevecita.

Extendí mi mano y tomé el libro, notando de inmediato que no era un libro en lo absoluto. Era una caja de almacenamiento que estaba hecha para verse como un libro. Mi padre había elegido ese título en particular porque me había llamado "munchkin"(1) toda mi vida, al parecer. Era el perfecto escondite de mierda porque solo yo notaría su apariencia, lo nuevo que era en comparación con el resto de mis libros.

"Oh, papá," dije con un suspiro, sacudiendo la cabeza y abriendo la caja al mismo tiempo.

Dentro había un sobre manila y lo que parecía como una carta doblada encima. Ni siquiera tuve que abrirla para reconocer la letra torpe de mi padre que resaltaba en el otro lado del papel. La saqué con dedos temblorosos, pero las manos de Edward cubrieron las mías.

"No, bebé," susurró, sacudiendo su cabeza. "Aquí no. Vamos a un lugar seguro, no voy a dejar que leas esa mierda aquí. ¿De acuerdo?"

"¿Seguro? ¿Dónde?"

"Solo… vámonos," ordenó, cerrando la caja y guardándola en la mochila que tenía sobre su hombro. "Tengo la sensación de que estamos siendo observados o alguna mierda, amor. Me está poniendo jodidamente nervioso. Juro que no estamos solos aquí."

Asentí, tragando grueso, y miré por la ventana antes de apresurarme a bajar otra vez las escaleras. Volvimos a rodear el patio, atravesamos el jardín de la vecina, solo para parar abruptamente al final del patio lateral de los Crodwer. Podía ver el coche de Edward, pero también podía ver que lo había hecho quedarse completamente inmóvil, totalmente callado, al mismo tiempo que ponía un dedo en sus labios. Señaló la acera justo al otro lado de su coche, y vi de lo que estaba hablando. Una sombra. Alguien estaba levantando casi a las dos de la mañana.

La persona siguió caminando por la acera a un paso casi pausado, como si estuviera esperando que algo pasara. Parecía estar esperando por nosotros.

Edward se giró frente a mí, su boca justo en mi oído. "Estas calles," susurró muy bajito. "¿Todas llegan a la calle principal en la que nos desviamos, Bella?"

Asentí, tomando la mochila que acababa de quitarse del hombro. "Sí… ¿qué vas a hacer?"

"Voy a pasar corriendo frente a ese pendejo. Si me persigue, sabremos que nos está vigilando. Pero eso también te dará suficiente tiempo para meterte al coche y salir a toda velocidad. Encuéntrame en la gasolinera de la esquina."

Fruncí el ceño, pero sabía que a estas alturas no debía discutir porque él tenía razón en sus planes. Si el tipo iba tras él, esa era mi señal para meterme en el coche. Centraba la atención en Edward, no en mí, y para cuando el tipo se diera cuenta que era una trampa, yo ya estaría recogiendo a Edward a dos cuadras de distancia.

"Tú… corre rápido," le gruñí con una ceja levantada y luego rodé los ojos cuando sonrió con suficiencia.

"Oh, bebé, soy rápido en todo con la excepción del sexo. Con eso, me gusta tomarme mi tiempo," dijo con un murmullo en mi oído antes de dejar un beso con la boca abierta en mi cuello. "No puedo esperar a mostrártelo…"

"Es el diablo," me dije a mí misma con la más tonta de las sonrisas en mi rostro, viéndolo alejarse sigilosamente corriendo. "Pero joder, lo amo, de todos modos…"

Puse su mochila en mi hombro, cuando Edward fingió pasar corriendo frente el caminante nocturno. La reacción del tipo fue instantánea. Escuché vagamente una maldición, vi al tipo alcanzar un arma y salir disparado detrás de Edward, pero esté era de hecho más rápido que el primero, y de inmediato, tenía la silenciosa calle para mi sola.

Salí disparada de mi escondite, presionando el botón de la llave para quitar el seguro de las puertas. Estaba dentro y con el motor encendido incluso antes de que la puerta se cerrara.

Tan sigilosa como pude, atravesé mi viejo vecindario, sin querer despertar a alguien pero también sin querer dejar a Edward esperando por mucho tiempo. Una vuelta a la derecha, una a la izquierda y otra la derecha, y estaba de vuelta en la entrada del vecindario de mi padre. Podía ver la gasolinera desde allí a mi izquierda, y prácticamente hice patinar las llantas del Charger cuando dos sombras—una justo detrás de la otra—cruzaron la calle corriendo unas casas más abajo.

Entré a la gasolinera, prácticamente eliminando al perseguidor de Edward cuando giré el coche entre ellos.

Edward apenas abrió la puerta antes de empezar a gritar, "¡Vamos, vamos, vamos!"

Lo que noté de inmediato fue que, pese al arma en la mano del otro hombre, no nos estaba disparando. Para nada. En ningún momento, probablemente pudo haber eliminado a Edward, pero no lo había hecho.

"¿Un federal?" Le pregunté a Edward, haciendo chirriar las llantas para arrancar de la gasolinera.

"Ni puta idea," me dijo, maniobrando en su asiento para mirar detrás de nosotros.

"Dime para dónde voy," le dije, tomando la carretera principal, dejando atrás al tipo que había estado persiguiendo a Edward.

"Toma la autopista hacia el sur," jadeó, quitándose la gorra y pasando las manos por su sudoroso cabello. "Luego toma la 101."

"¿A dónde vamos?" Pregunté, apartando la mirada de la carretera para mirarlo.

"A mi casa."

Para cuando Edward me dijo que disminuyera la velocidad del coche, el sol estaba tratando de asomarse por sobre los árboles. Y eso era todo lo que veía: árboles. Cuando me dijo que Forks era tranquilo, pequeño y nada más que bosques a los alrededores, solo le había creído a medias porque me parecía irreal que alguna vez lo vería, pero saliendo hacia un desértico camino pavimentado que parecía ser una calle sin salida, todo se materializó.

Edward escarbó buscando en su guantera y sacó algo para abrir la puerta del garaje, y lo que pensé eran matorrales y una calle sin salida en realidad era una puerta que empezó a abrirse deslizándose lentamente. Apenas la había atravesado cuando presionó de nuevo el botón, ocultándonos prudentemente mientras conducía por un largo y sinuoso camino de entrada.

"Estaciónate por allá," me dijo, su voz baja, casi sonando inseguro mientras señalaba a un pequeño edificio. "A-Aquí está b-bien, amor."

Tuve que contener mi sonrisa porque su tartamudeo me lo dijo todo. Me estaba mostrando algo personal, algo que casi nadie había visto, y estaba nervioso.

Salí del coche, mirando alrededor a medida que caminaba hacia la parte trasera para sacar mis cosas. El aire olía muy fresco y limpio. El edificio detrás del cuál habíamos estacionado debía ser su taller porque había aserrín y virutas de madera alrededor de las puertas. Traté de imaginar lo que había allí dentro—qué proyectos sin terminar tenía esperando que sus expertas manos continuaran donde le habían dejado.

Pero fue en su casa donde mis ojos se posaron, casi haciéndome tropezar al caminar por el sendero. Decir que era hermosa no hubiera sido correcto; tampoco la palabra linda le hubiera dado la justicia que se merecía. Era simplemente… perfecta. No era atrevida, o demasiado pequeña, pero parecía tener su propia personalidad. Era una casa antigua—blanca, con adornos y persianas en color azul oscuro, y un pequeño porche en el frente decorado con algunas plantas, un par de mecedoras y un columpio. El techo era gris pero sombreado por enormes árboles con largas ramas colgando. En el lado derecho de la escalera, una bandera estadounidense colgaba sin moverse por el aire matutino.

"Es… muy bonita, Edward," murmuré, mirándolo mientras sacaba las llaves de su bolsillo.

Me sonrió con timidez, girando la llave en la cerradura. "Gracias," me dijo, abriendo la puerta. "Entonces te voy a dar la gira," se rio, desconectando el sistema de seguridad, "y te conseguiré algo de comer, porque estoy hambriento."

Sonreí, mirando alrededor de su casa. "Bien," suspiré distraídamente porque no podía entender su gusto.

Parecía ser una colección ecléctica de solo… cosas. Podía notar que había hecho la mayor parte de los muebles porque las piezas parecían encajar con él a la perfección. Eran masculinas, con líneas rectas y mancha oscura. La sala era una mezcla de viejo, nuevo y simplemente… varonil, porque había una gigantesca pantalla plana de televisión en medio de un librero que ocupaba todo el largo de la pared. Cada estante estaba lleno con algo—DVD, CD, marcos de fotos, medallas de la Fuerza Aérea y recuerdos, libros, y un estéreo enorme.

El sofá y la silla eran modernos y de cuero, pero la manta en el brazo del sofá se veía vieja y hecha a mano. El arte en los muros, era aún más una amalgama. Había una gran pintura moderna encima del sofá que parecía armonizar todos sus colores, pero sobre la silla había lo que parecía ser una colección de tomas aéreas—no solo de su casa, sino también de la granja en Alaska, la cabaña en las montañas, y algunos otros lugares que no reconocía.

"Mi papá tomó esas," explicó desde detrás de mí. "Volé con él y su cámara. La primera… esta," dijo, señalando su propia casa, "fue la primera con la que lo intentamos, estábamos tratando de averiguar qué tan seguro podría ser este lugar. Salió tan genial que quiso hacer más."

Sonreí, dándome la vuelta hacia el librero, pero me detuvo.

"Puedes husmear más tarde, amor," se rio entre dientes, besando mi cabeza y guiándome por la habitación. "Necesito una ducha y comida. ¿Qué dices?"

"¿Me estás dando permiso para husmear? ¿A mí? Sabes que es lo que hago para vivir, Edward," bromeé con él, parándome en seco en la cocina.

"Estoy al tanto de lo que haces," soltó un resoplido, rodando los ojos. "Si estuviera ocultando algo, estoy seguro que ya me lo hubieras sacado. Esta es la cocina."

Era impresionante, moderna, y el paraíso para un chef. Los gabinetes, que estaba segura había hecho él mismo, eran de un acabado color cereza claro, cubiertas con encimeras de mármol oscuro. Todos los electrodomésticos eran brillantes, plateados, y se veían totalmente nuevos.

"Wow," dije con un jadeo, mis cejas levantándose. "Es asombrosa."

"Te dije que fue la primera habitación que modifiqué," se rio. "Continúa."

Me guio por el pasillo, mostrándome la habitación de huéspedes y el baño, pero fue en la recámara principal que nuestras maletas finalmente cayeron al suelo—y también lo hizo mi mandíbula.

Si una habitación podía describirse como sexy, entonces la recámara de Edward era la foto junto a la descripción. Era masculina, moderna y estaba saturada con su olor—ese aroma fresco, a madera recién cortada que me volvía loca. Sus paredes eran de un azul oscuro, y los muebles tenían una mancha tenue y ligera. Su cama King size estaba cubierta con un edredón de color caqui con rayas azul marino en el centro, con un montón de esponjosas almohadas en la cabecera.

El estómago de Edward hizo un feroz gruñido y me reí entre dientes, volviéndome para mirarlo.

Sonrió, encogiéndose de hombros y señalando detrás de mí. "El baño está justo allí, bebé. Siéntete como en casa. Voy a preparar algo de comer."

"En serio," le dije, todavía riendo. "Será mejor que alimentes a ese monstruo…"

"Silencio, dulzura," dijo con un resoplido, rodando los ojos. "Un hombre tiene que comer," murmuró, dejándome sola en la habitación.

Le di un último vistazo a la cama de Edward—apenas permitiéndome pensar cuántas—si es que hubo alguna—mujeres había tomado en ella. Por lo general, no era del tipo celoso, pero viendo esa cama, conociendo ahora a ese hombre, no podía evitar pensar en ello. Mis miedos me habían reprimido por demasiado tiempo, y no estaba segura si estaba celosa de las mujeres con las que Edward había estado antes de mí o de su independencia de los sótanos oscuros y hombres malvados, su libertad de estar con él de todas las formas.

Sacudí mi cabeza y respiré hondo, dejando ir esos pensamientos porque Esme tenía razón. Cuando finalmente pudiera estar con Edward por completo, sería algo más que increíble, sería una verdadera conexión amorosa.

El baño estaba igual de maravilloso que el resto de la casa. De nuevo, era moderno, con reales gabinetes de madera, encimeras de mármol y detalles plateados. Cuando abrí la llave de la ducha y me desvestí, recordé que todavía tenía que ver la caja de mi padre. Con un profundo suspiro, me puse bajo la ducha.

~oOo~

EDWARD

No estaba seguro de que me ponía más nervioso—mostrarle a Bella mi casa a la que en realidad no había traído a nadie además de mi equipo, o la inminente necesidad de leer la carta de Charlie. No podía imaginar algo más abrumador para ella, más atemorizante. Cuando dijo que su padre le había dejado algo, no la había tomado en serio hasta que Emmett lo mencionó. Pero el ver su rostro decaerse al ver ese "libro", fue casi demasiado para soportar.

Probablemente había sido la única persona que había visto a esa hermosa mujer en cada uno de sus peores momentos de mierda, y me juré a mí mismo que jamás dejaría que sufriera de nuevo, por lo que al permitir este siguiente paso iría contra todo lo que había prometido protegerla.

Casi estaba enfermo de los nervios cuando puse un ligero almuerzo frente a ella para que yo pudiera darme una ducha rápida. Besé la parte de atrás de su cabeza cuando pasé por la barra mientras ella abría la computadora.

"Solo diles que estamos a salvo, bebé," le susurré, "y que vamos a estar en mi casa al menos otro día. Tal vez quieras enviárselo también a mi padre."

"Bien," dijo con un suspiro, mirándome. "¿Estamos a salvo aquí? Me refiero a que, ¿el traerme aquí representa una amenaza para este lugar… tu hogar, Edward?" Preguntó, y podía ver la preocupación escrita en todo su rostro.

Resoplé, sacudiendo la cabeza y dije, "Estás a salvo. Confía en mí. Si crees que mi papá es paranoico cuando se trata de ocultar sus propiedades, entonces no me conoces. Esta casa está en un nombre que ni siquiera existe en papel." Me rio de su dulce e irónica sonrisa. "Estás a salvo, amor. Mi equipo lo sabe, y tú también deberías saberlo."

Su sonrisa creció al girarse por completo para quedar frente a mí. "Entonces, lo que estás diciendo es que… si no envío este mensaje… nadie sabrá dónde estamos. Cualquier cosa podría pasarme… es decir: mi destino está en tus manos…"

Otra vez me rio de ella, besando sus labios. "Mmm… y ese es un secuestro que estoy seguro disfrutarías, dulzura. Me aseguraría de ello," le dije, alejándome de su risa musical.

Mientras me apresuraba a ducharme, sentí una extraña sensación de hogar, al saber que Bella estaba en mi casa. Fue tan repentino y tan poderoso que de verdad tuve que recuperar el aliento, golpeando mi frente en la pared de azulejos. Al principio pensé que sería desconcertante permitirle ver mi verdadero yo, pero en realidad, ella ya me conocía. El simple hecho de tenerla en el único lugar donde me ocultaba del mundo se sentía tan bien, requirió de todo mi fuerza el no salir corriendo hacia ella y pedirle que se quedara, que nunca se fuera, aun cuando no era el momento adecuado.

Me puse unos viejos jeans, encontrando a Bella en la sala. Estaba mirando mi librero con una pequeña sonrisa en su rostro. Todo estaba expuesto en esa maldita cosa—medallas de la Fuerza Aérea, fotos de mi mamá y mi papá, incluso fotos de Jasper, Emmett y yo en el extranjero.

"Te veías tan guapo en uniforme," murmuró, sin siquiera molestarse en darse la vuelta.

Sonreí, negando. "Gracias," murmuré, habiendo escuchado antes ese cumplido de muchas mujeres, significó mucho más viniendo de ella.

"¿Lo echas de menos?" Preguntó, volviéndose para mirarme. "El ejército, quiero decir."

"No," respondí con honestidad. "No lo echo de menos. No echo de menos hacer cosas que no tienen sentido solo porque alguien me dice…"

Inclinó su cabeza hacia mí y asintió, como si lo entendiera, pero ella no podría entender todo lo que pasó. Tal vez entendía la lucha, la política, pero no podría entender lo que era ser el monstruo que ejecutaba a cientos de personas solo porque alguien en una gran oficina quería que se hiciera por cualquier estúpida razón que trataban de justificar.

"Tienes… una casa hermosa, cariño," dijo en voz baja, sentándose al borde del sofá.

Quería caer a sus pies y decirle que lo que era mío era suyo, que podía quedarse. Sabía que era una locura, que no podíamos quedarnos, pero joder, esperaba ese futuro con ella. Había bromeado con Jasper que cuando todo esto terminara, iba a esconder a Bella en esta misma casa, y ahora, no estoy seguro de que estuviera bromeando.

"Este es… mi escape de lo que hago," le dije, encogiendo un hombro y sentándome junto a ella. "Es donde vengo a…" Me detuve, sin saber exactamente cómo explicarlo, pero ella lo hizo.

"¿A recargar tus baterías?" Se rio, besando mi mejilla mientras asentía. "Todos necesitan un lugar como ese. El mío solía ser la casa de Esme," dijo, mirándome. "Cada pelea con Jacob o trabajo difícil que tenía, me presentaba a su puerta con algún tipo de postre en la mano. Bebíamos café o vino, a veces sacando todo lo que sentía y algunas veces solo ignorando los problemas totalmente."

Sonreí, encantado de que ella y Esme tuvieran ese tipo de relación, que hubiera encontrado una especie de madre sustituta. Yo tenía a mi tía Kate, pero poco a poco estaba aprendiendo a confiar en Esme, y podía ver lo fácil que era hablar con ella. Era la adecuada para mi padre, sí, pero era muy paciente y amable conmigo, lo que no era una tarea fácil. De hecho, ella y Bella eran las únicas mujeres que tenían ese tipo de paciencia con mi temperamento, mi autoritaria forma de ser, y mi testarudez.

"Um, ¿crees qué…" Susurró, mirándome pero señalando el libro que Charlie le había dejado.

"Es tu decisión, amor," le dije, cogiéndolo y entregándoselo. "Lo que hagamos con esto es totalmente tu decisión."

Observé con fascinación como se preparaba para abrir la caja. La misma clase de determinación en todo su rostro que llevaba cuando luchaba contra su miedo al tacto. Sus ojos se oscurecieron un poco, pero sus manos temblorosas revelaron sus nervios mientras sacaba un montón de papeles doblados.

Me recosté contra el brazo del sofá, acomodándola entre mis piernas de manera que pudiera abrazarla porque sabía que esto no iba a ser fácil. Escuchar los últimos pensamientos de un padre que ahora de pronto se había ido para siempre, nunca lo era. Pasé la mano sobre su cabeza todavía húmeda, colocando un beso en su nuca. Mi corazón dolía por lo que estaba a punto de escuchar, y había una parte de mí—la parte irracional, protectora y enojada—que quería hacer pedazos esa caja y quemarla en mi taller de carpintería.

Bella puso la caja en su regazo y abrió lo que parecía ser una carta muy larga. Aclaró su garganta y empezó a leer.

Mi Isabella Marie….

Si estás leyendo esto, munchkin, entonces algo me pasó, y lo siento mucho. Nunca fue mi intención que esto llegara cerca de ti, Bella. Lo juro. Siempre has sido, aun cuando no siempre lo demostré, la mejor y más importante parte de mi vida. Sé que la mayoría de los hombres quieren hijos para pasar su legado a sus descendientes, pero yo nunca había estado tan feliz que cuando nos enteramos que tu madre y yo íbamos a tener una pequeña niña.

La voz de Bella se quebró y me pasó la carta. "No puedo, Edward… Tienes que hacerlo tú…"

"Bien, amor," dije en voz baja, tomando las páginas de sus manos y continuando donde ella le había dejado.

Te puse el nombre de Isabella porque estabas hecha de todas las partes más bellas de tu madre, y quiero que sepas que nunca quise mentirte, ocultarte cosas, o lastimarte. En realidad, de verdad nunca quise lastimarte, pero si estás leyendo esto, entonces hay cosas que tengo que decirte que no sabes y algunas cosas que no recordarás porque estabas muy joven.

En ese momento, consideré una bendición que no lo recordaras, y quería que siguiera siendo así. Sé que crees que tu madre te dejó, munchkin, pero eso no puede estar más lejos de la verdad. Renee no cometió suicidio, cariño; fue asesinada, y ahora que ya no estoy, necesitas saber por qué… porque para al fin poder atrapar al tipo que lo hizo, vas a tener que asegurarte de que así sea.

Envolví mi brazo en torno a Bella cuando inhaló tan rápido que pensé que se asfixiaba. "Tranquila, bebé," le susurré. "Vamos a escucharlo, ¿de acuerdo?"

Asintió lentamente, apoyando su frente en mi mandíbula. Su agarre en mi antebrazo era casi doloroso, pero aguantaría eso y más si eso se lo hiciera más fácil.

Nunca engañé a tu madre, Bella. Sé que es lo que piensas, pero no es verdad. No siempre fui el mejor esposo y padre, pero amaba a mi familia y siempre fui completamente fiel a Renee. Todo lo que quería era proveer un futuro para ti y tu madre donde no tuvieran que preocuparse por dinero. Quería darte todo, y al hacerlo, cometí graves errores en mi carrera.

Antes de que nacieras, conocí a un hombre que estaba teniendo éxito en el mundo de los negocios. Era joven, dispuesto a respaldarme en algunos descubrimientos tecnológicos—uno de ellos siendo nuevos software porque las computadoras en ese tiempo se estaban usando más y más en el mundo de los negocios. Conforme pasó el tiempo, vi a este hombre por lo que realmente era—un criminal—pero para entonces, era demasiado tarde. Descubrí más tarde que estaba manejando prostitutas, bandas de apuestas, y tráfico de drogas por toda la ciudad de Seattle.

Royce King conoció a tu madre en la fiesta de Navidad de Twilight Tech unos años antes de que nacieras. Se obsesionó con ella, haciendo hasta lo imposible por quitármela. No le importaba que los dos estaban casados; no le importó que amenacé su vida. Solo le importaba ella.

Los rumores sobre King comenzaron a circular, que estaba usando TT como una forma de lavar su dinero. Estaba utilizando las computadoras y software que estábamos desarrollando para las empresas en todo el mundo para montar pequeñas estaciones para imprimir cheques falsos. Imprimía cheques de nómina falsos, usando a sus prostitutas para hacerlos efectivos con identificaciones falsas y les daba un porcentaje por cada cheque que cambiaban.

Cuando tu madre estaba embarazada de ti, munchkin, pensamos que la obsesión de King había terminado, pero estábamos equivocados. Incluso después de que nacieras, todavía continuó persiguiéndola, todo mientras usaba a mi compañía como frente. Cuando tenías seis años, siguió a tu madre a su coche en el estacionamiento. Si yo no hubiese tenido algo que decirle, creo que la hubiera violado justo allí en TT.

Bella, antes me dijiste que viste a tu madre extinguirse frente a tus ojos, que la viste empezar a beber, ponerse tan triste que nada podía llegar a ella. Esa fue la razón. Nunca la engañé, munchkin; casi fue violada por Royce King.

Bella dejó escapar un sollozo que rompió mi corazón, y la abracé con más fuerza, a sabiendas que no había nada lo suficientemente bueno para decirle. Cuando pareció calmarse, le di la vuelta para que me mirara a la cara con mis dedos debajo de su barbilla.

"¿Debo seguir adelante, amor? ¿O quieres detenerte por ahora?" Le pregunté, besando su frente.

"No," dijo en voz baja, sacudiendo su cabeza. "Por favor, sigue leyendo, Edward."

Golpeé a ese hombre hasta dejarlo medio muerto, diciéndole que su vida había terminado. Fue entonces cuando la policía comenzó a descubrir las actividades ilegales de King—no por mí, pero me sentí agradecido, de todas formas. Para cuando Royce fue arrestado por fraude y fui llamado a testificar frente al gran jurado, él había amenazado mi vida y la de todos los que conocía.

Testifiqué de todos modos porque ingenuamente confié en el sistema, y aun así King fue liberado. Sin embargo, corté todo contacto y todas las relaciones comerciales; todas las cuentas que él había traído a TT—ya sea que hicieran dinero o no—necesitando inmediatamente encontrar a alguien con quien hacer negocios. Me encargué personalmente de sacarlo de nuestras vidas.

Si te estás preguntando por qué no fue arrestado por atacar a tu madre, no puedo decirte otra cosa más que, fue su decisión. No quería que nadie lo supiera, no quería que me metiera en problemas por golpear a ese pendejo, y estaba absolutamente aterrorizada de lo que saberlo te haría a ti, munchkin. Eras pequeña, pero nunca, jamás, fuiste tonta. Escuchabas todo a tu alrededor, y ella no quería que tus pensamientos, tu mente fuera manchada por las cosas desagradables en el mundo.

Fueron necesarios un par de años, pero pensé que había sacado a King de nuestras vidas por completo. Después descubrí que en realidad nunca se había ido. Asistimos a algunas de las mismas funciones, y una noche en un evento de caridad en el museo, tu madre y yo nos topamos de nuevo con él. Si antes había pensado que su obsesión por ella era enfermiza, en ese momento pude ver que era peor.

Munchkin, aquí es donde realmente se pondrá difícil. Tú no recuerdas la noche que tu madre murió. En ese entonces, la policía y yo pensamos que era algo bueno, aunque nos preocupaba cuando realmente lo recordaras. Nunca lo hiciste.

Bella, estuviste allí, y necesito que trates de recordar. Tenías ocho años, cariño. Pasaste la tarde con tu mamá, y yo estaba fuera de la ciudad, por la noche, en una conferencia. Sé que la encontraste la mañana siguiente, pero tú estuviste allí cuando Royce King tocó a nuestra puerta. Por lo que la policía y yo pudimos descifrar, cuando Renee empezó a abrir la puerta, King la pateó para entrar, porque la cadena estaba rota. Encontramos evidencia de que había sido violada y estrangulada pero no de lo que te había pasado a ti. Te preguntamos, pero dijiste que habías estado dormida.

Mi dulce niña, todo lo que necesitas para encerrar a Royce King de por vida está en este sobre y esa brillante mente tuya. El oficial de policía en el caso y yo te ocultamos todo una vez que nos dimos cuenta que no recordabas nada, que lo veías como un suicidio y no un asesinato. Incluso a medida que crecías nunca cuestionaste por qué no había una nota, por qué había una botella de licor en su habitación que era de una marca que tu madre no bebía, y por qué había pastillas allí cuando nunca antes había tomado pastillas. Todavía está registrado como un "caso sin resolver", y con lo que está en ese sobre, vas a poder encerrar a King de por vida porque ahora, el ADN se utiliza extensamente.

Después de un tiempo, supuse que la ignorancia era felicidad cuando se trataba de ti, Bella. Se hizo más y más fácil dejarte pensar que yo era el malo, que era el responsable por la infelicidad de tu madre, que verte sufrir con la realidad de lo que realmente le había pasado.

Quiero que sepas que tu madre te quería mucho, que pasó contigo el poco tiempo que tuvo, moldeándote en la increíble mujer que eres hoy. Y eres increíble, munchkin. Nunca quise que trabajaras con el FBI porque me preocupaba tu seguridad, pero podrías haberlo hecho. Les habrías demostrado todo lo que un Swan podía hacer, y nunca habría estado más orgulloso.

Siento no estar allí para decirte esto en persona, cariño, y siento que te enteres de esta forma, pero que me jodan si no te amo tanto como para decirte la horrible verdad. Sé fuerte, munchkin. Quédate con Carlisle y su equipo porque ellos cuidarán de ti y siempre ten presente que eres la mejor invención que alguna vez he tenido.

Te amo,

Papá

Dejé caer la carta sobre la mesa junto al sofá, poniendo a la llorosa chica en mis brazos. Ya era bastante malo que hubiera perdido a su padre, pero el descubrir que todo lo que había pensado que sabía era una mentira, era simplemente demasiado para ella. Ni siquiera dijo nada cuando le di la vuelta en mi regazo. Apoyó su acalorada frente en mi cuello mientras todo lo venenoso en dentro de ella, alcanzó su límite.

Todo lo que podía hacer era disculparme con ella, decirle que la amaba, y abrazarla con tanta fuerza como ella me estaba abrazando. De pronto, se sentó, agarrando el sobre de la caja y lo abrió.

Lo que sacó mientras sorbía su nariz me hizo estremecer. Eran fotos de la que solo podía asumir era Renee la noche que murió. Una mujer con el mismo color de cabello que Bella yacía descuidadamente en una cama. En la mesita estaba una botella de Jack Daniels medio vacía, un bote de pastillas de prescripción, y algo que Bella nunca había mencionado haber visto cuando habló de haber encontrado a su madre la mañana siguiente: un condón usado. Junto con las fotos había un reporte policial, un CD, y la tarjeta del oficial investigador, Felix Michaels. Había algunas otras cosas que no podía imaginar que fueran importantes, pero al parecer Charlie sí: una llave, un encendedor, y un pañuelo.

"Bebé, ¿estás bien?" Le pregunté, tratando de apartar su rostro de esas horribles fotos, pero ella no cedía.

De hecho, estaba helada, completamente inmóvil, con la excepción de las lágrimas que continuaban bajando por su hermoso rostro. Su mirada fija, con la boca abierta y apenas respirando, mientras observaba una foto de su madre.

Empezó a sacudir su cabeza. "No," susurró, su ceño frunciéndose. "No… ¿cómo es que no recuerdo esto…?"

"¿Recordar qué, amor?"

"Mi mamá," dijo bajo su aliento, prácticamente jadeando. "Mi mamá y yo estábamos terminando mi tarea, pero no estábamos en su habitación… Estábamos en el comedor cuando alguien tocó a la puerta."

"Bella, por favor, no te hagas esto," le supliqué porque estaba completamente aterrorizado de lo que el recordar esa mierda le haría a ella.

"¡Él… él pateó la puerta para entrar!" Jadeó, sacudiendo su cabeza lentamente. "Me dijo que si no subía a mi habitación, mataría a mi mamá…" Susurró y luego tragó grueso. "Los escuché, Edward…"

"Oh, bebé," dije en voz baja, tratando de nuevo de hacer que me mirara. "Lo siento, amor."

"Me senté apoyada en mi puerta… ¡Pretendí que no estaba sucediendo! ¿Cómo demonios pudo haber funcionado?" Preguntó, finalmente mirándome, pero podía darme cuenta que no estaba realmente mirándome.

"Tenías ocho años, y él te amenazó, bebé."

"¡No hice nada!" Jadeó, cubriendo su boca con una mano temblorosa. "¡Le permití que la matara, Edward! ¿Por qué? ¿Por qué iba a hacer eso? ¿Y a la mañana siguiente, no recordaba una maldita cosa? ¿Cómo es posible esa mierda?"

Vi como palideció a un color blanco grisáceo y se levantó de mi regazo de un salto. La seguí cuando entró corriendo en el baño del pasillo, perdiendo todo lo que tenía en su estómago mientras lloraba y lloraba. Caí de rodillas junto a ella, sujetando su cabello mientras seguía vomitando.

"Bien podría haberla matado yo misma," dijo ella, su voz apenas un susurro ahora y algo rasposa.

"No te atrevas, Bella," gruñí suavemente en su oído. "Eras una niña. No fue tu culpa. Joder, nunca fue tu culpa. Eso es lo que tu papá estaba tratando de decirte."

"Dejé que muriera, Edward," sollozó, agarrándome con fiereza mientras estiraba una mano para agarrar una toalla que estaba colgando de una barra encima de su cabeza.

"No, no lo hiciste, dulzura. King la mató. Si quieres culpar a alguien, entonces cúlpalo a él, pero no a ti misma. No te lo permitiré. Mírame," le ordené, sintiéndome como una verdadera mierda por ser autoritario, pero tenía que entender. La hice mirarme a la cara mientras la limpiaba. "No hiciste nada malo. King lo hizo. Tal vez tu padre lo hizo, ocultándotelo, pero tú no hiciste nada malo. ¡Dime que lo sabes!"

"Ella no me dejó…"

"No, bebé," concordé con ella, metiendo su cabello detrás de sus orejas. "Te la quitaron."

"Me dijo que hiciera lo que él me decía," susurró, dejando salir un sollozo con un hipido.

"Te estaba protegiendo, mi amor," dije en voz baja, relajándome solo un poco ahora que ella estaba calmándose mientras asentía.

"Él la mató, Edward," gritó, más lágrimas deslizándose por su rostro. "¡Los mató a los dos!"

"Y el hijo de puta va a pagarlo, Bella. ¡Te lo juro!" Gruñí porque este hombre le había causado a mi chica demasiado dolor. El cabrón no viviría para ver su siguiente Navidad.

Le di un vistazo, notando que era un desastre, así que la ayudé a ponerse de pie. La guie por el pasillo hacia mi recámara, haciendo que se sentara al borde de la cama. Con cuidado, le quité su camiseta, sus jeans, y sus tenis, dejándola solo con su ropa interior. Con un paño frío y húmedo limpié su rostro, manos y las puntas de su cabello.

Retiré las mantas, levantándola y metiéndola en la cama, pero hizo algo que no había hecho desde esa noche que la había sacado del sótano de Miller.

Entró en pánico.

"¡No!" Jadeó, agarrando mis muñecas. "¡No me dejes!"

"No voy a ir a ningún lado, Bella. Aquí estoy, y siempre estaré aquí," le dije al mismo tiempo que subía a la cama junto a ella, acercándola a mí tanto como ella quisiera. Tiró de mí, enterrando su caliente rostro en mi cuello y dejando que más lágrimas vinieran mientras le susurraba, "No hay otro lugar donde preferiría estar."

Y esa era la pura verdad, porque la abrazaría para siempre, siempre y cuando la hiciera sentir a salvo, siempre y cuando mantuviera los monstruos a raya.


(1)Los Munchkins son ciudadanos del país Munchkin (o Munchkinlandia), el cuadrante este de la Tierra de Oz.


Sí, estoy con ustedes, King es un hdp! No solo mató a Charlie sino también a Renee. Al menos ahora Bella sabe que su mamá no la dejó :( Pero, ¿qué hará Bella con esa información y lo que le dejó Charlie en ese sobre? Llegó el momento de actuar y no solo de esconderse, ya se sabe que sin el testimonio de Charlie, King saldrá libre y la vida de Bella estará de nuevo en peligro, siendo ahora ella el objetivo principal. Veremos que hace nuestro Mercward para cuidar a su chica ;) Muchas gracias por sus reviews, a las que no han dejado el suyo, anímense, dejen sus teorías. Gracias a quienes ponen la historia en alerta y favoritos. Saludos y nos leemos la próxima semana.