Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.

Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.

Nota de traductora: He tenido unos cuantos inconvenientes y me retrasé un poco esta semana, así que han de disculpar las faltas de ortografía pero este capi va sin betear. Como sea:

Gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.


CAPÍTULO 19

BELLA

Jadeé, sentándome en la cama. Por un momento estuve confundida acerca de donde estaba, pero todo volvió a mí lentamente—la casa de Edward, Charlie muerto, mi mamá asesinada. Respiré profundamente, cerrando los ojos con fuerza, y miré alrededor. Estaba sola en su habitación y estaba oscuro. Habíamos llegado a su casa en la mañana temprano, así que había dormido el resto del día después de leer la carta de Charlie.

Bajé la vista para mirarme, sintiéndome sucia, adolorida y abrumada. Llevaba solo mi ropa interior, lo noté cuando las mantas cayeron. Me levanté y entré al baño, abriendo la llave del agua para una ducha rápida. Necesitaba quitarme el sueño, el vómito y las lágrimas.

Cuando terminé mi ducha y mis dientes estaban cepillados, me envolví con una toalla, entrando de nuevo a la recámara. La casa estaba tan silenciosa que era casi escalofriante, y de pronto, necesitaba ver a Edward. En verdad todo mi cuerpo simplemente ansiaba estar en la misma habitación que él. Al encontrar su camisa de botones negra del día anterior tirada, me la puse apresuradamente, para al menos tener su aroma cerca de mí. Iba a mitad del pasillo cuando me di cuenta que no me había puesto nada más, y eso me hizo casi tropezar.

Estaba tan apurada por encontrarlo que ni siquiera recordé la seguridad de mi ropa interior o la seguridad que usualmente viene con ella; solo necesitaba a Edward. Y con esa idea, a pesar de la tristeza que todavía estaba sintiendo por la muerte de mi padre, repentinamente me sentí más ligera, más libre. Ya no necesitaba ocultarme de Edward porque él era todo lo seguro y confiable, lo acogedor y reconfortante.

Me detuve por solo un momento, disfrutando de la libertad, la revelación de que lo único que importaba era el hombre que no había hecho nada más que cuidar de mí desde que me había encontrado en el sótano de Miller. Había luchado contra mí, me había empujado, me había amado y limpiado una lágrima tras otra. Mi amor por él era más grande que cualquier cosa que Miller podría haberme hecho alguna vez, y lo comprendí más estando allí parada en el pasillo de Edward de lo que nunca antes lo había hecho. Había perdido a mi padre y ahora a mi madre de nuevo; no podía perderlo—y ese miedo era más grande que cualquier golpe, quemadura o cicatriz.

Lo encontré en la cocina, con la laptop abierta y papeles esparcidos por toda la encimera. Tenía puestos sus jeans que llevaba la noche anterior mientras pasaba una mano por su cabello con rudeza. Parecía estar estudiando… bueno, todo. No solo estaba el contenido de la caja de mi padre sobre la encimera, sino también algunos otros papeles, incluyendo una foto mía que no reconocía.

Sin embargo, fue al hombre mismo hacia dónde mis ojos fueron atraídos, porque el solo verlo hizo que los nervios en mi estómago se calmaran por completo. Estaba paseándose frente a los papeles en la barra, su rostro serio y sombrío cuando pasó su otra mano por su cabello. Se apoyó con sus brazos en la encimera, completamente ajeno a mi presencia, cada músculo de la parte superior de su cuerpo tenso por la posición que tomó mientras continuaba revisando lo que parecía ser el informe policial del… asesinato de mi madre.

La idea de que no se había suicidado era nueva y algo crucial, e inhalé bruscamente cuando ese pensamiento agitó mi mente. Sentí que finalmente me entendía a mí misma porque mis pesadillas nunca había tenido sentido en lo absoluto. Siempre eran extrañas y me confundían, como si no pudiera llegar exactamente a donde quería.

La mirada de Edward se levantó rápidamente de la encimera por el sonido que hice, sus cálidos ojos verdes me recorrieron antes de que se moviera.

"Hey," dijo con un suspiro, caminando desde atrás de la encimera. "Siento que hayas despertado sola, pero e-estaba inquieto, y p-pensé q-que te d-despertaría," tartamudeó con dulzura al mismo tiempo que sacaba un banco. "Ven aquí, y déjame verte," me dijo, cambiando de nervioso a demandante y preocupado. Me levantó, poniéndome con cuidado en el banco de manera que pudiera verme a la cara. "¿Cómo te sientes, bebé?" Me preguntó, metiendo mi cabello mojado detrás de mis orejas.

"Mejor ahora," suspiré, levantando mi mano para tocar su rostro cuando me senté frente a él.

De hecho, no podía dejar de tocarlo, solo para asegurarme de que estaba allí. Mis manos se deslizaron por sus hombros, bajando por sus brazos, y luego volvieron de nuevo a su rostro.

"No quería dejarte sola, bebé," dijo en voz baja, acercándome a él por lo que sus muslos estaban a cada uno de mis lados. "Solo quería que descansaras un poco, y yo estaba demasiado… tenso para quedarme allí," explicó, levantando mi rostro con la punta de sus dedos bajo mi barbilla para asegurarse de que lo había escuchado.

"Está bien," murmuré, sintiendo una extraña sensación de necesidad a punto de tragarme por completo. "¿Qué estás haciendo?" Pregunté, tratando de contenerla porque me sentía inestable en ese momento.

"¿Además de comerte con los ojos en mi camisa?" Bromeó con una ceja levantada sensualmente.

Solté una risita, encogiéndome de hombros, y le regresé la mirada. "Huele a ti… no estabas allí… la tomé," declaré como un hecho y sin disculparme ni un poco.

Sonrió y me besó en la frente. "Bien, toma lo que sea que quieras, amor," respondió con una risita mientras se volvía hacia la encimera. "Le estaba enviando toda esta mierda a mi papá y Benny," me dijo, volviéndose de nuevo hacia mí con el informe policial en su mano. "Mi papá no tenía ni puta idea sobre nada de esta mierda…"

"¿Está molesto con nosotros?" Pregunté, haciendo una mueca ante la mera idea de un Carlisle enojado porque esa mierda no era agradable.

"No, bebé," canturreó Edward, sacudiendo su cabeza y tomando mi mano para entrelazar nuestros dedos. "Dice que tan pronto como te transmitió el último mensaje de Charlie, se imaginó que era algo importante. Sin embargo, hubiera estado jodidamente encabronado si hubieras salido corriendo para hacerlo tú sola," gruñó, dándome una mirada intencionada.

"Lo sé," me quejé, desviando la mirada de él. "Lo siento, no estaba pensando correctamente…"

"Viene desde Seattle para verte mañana, así que nos vamos a quedar un poco más de tiempo. Ya se los hice saber, Bella." Dijo con un suspiro, dejando a un lado el informe policial. "Nada de esta mierda importa, amor. ¿estás bien?"

Asentí y luego me encogí de hombros. "Me siento extrañamente… bien," le dije, pero busqué en su rostro respuestas—cualquier respuesta. "Por años he tenido pesadillas que simplemente no tenían sentido," confesé en voz baja. "Pero al parecer, no eran pesadillas." Resoplé sin humor, señalando la encimera. "Eran recuerdos. Eso como que me hace sentir mejor sobre mi propia mente. Todavía no sé cómo lo olvidé todo…"

Edward estudió mi rostro por un momento antes de respirar hondo. "Me han dicho que es un mecanismo de defensa," empezó a decir, levantando nuestras manos con nuestros dedos todavía entrelazados y besó el dorso de los míos. "He visto a tipos sobrevivir a campos de prisión de esa forma. Los he visto olvidarlo todo y todavía ser capaces de actuar con normalidad. Mi padre dice que, a veces una mente puede soportar un tanto antes de que se cierre en si misma para protegerte, y él ha visto mierdas peores que yo."

Asentí de acuerdo, tragando grueso. "Yo… me alegra saber que ella no me dejó," susurré, agachando la cabeza para mirar una de las fotos de mi papá.

"No las veas, amor," dijo Edward con un suspiro, volteando el montón boca abajo. "No la recuerdes de esa forma." Apartó su mano de la mía y tomó ambos lados de mi rostro, pegando su frente a la mía. "Nadie podía entender por qué te había dejado, y ahora sabemos que no lo hizo, bebé. Te la robaron, Bella, y todos tenemos la intención de hacer lo correcto, ¿de acuerdo?"

Mi mirada estaba fija en la suya y podía ver que cada palabra la decía en serio, en sus ojos casi negros, y las dijo con intensa y absoluta malicia. No solo era sincero, me estaba jurando que todos los que me habían hecho daño iban a morir. Si no lo conociera, si no lo amara de la forma en que lo hago, me hubiera asustado. Esta era la parte de él que consideraba un monstruo, pero ni siquiera se acercaba. Era solo protector, iracundo y muy leal. Mi Edward estaba cabreando porque yo estaba sufriendo, y estaba reaccionando de la única forma que sabía cómo; quería, simplemente necesitaba resolver esta mierda—y le estaba frustrando como el infierno que no podía.

"¿Cuánto tiempo llevas despierto revisando esto?" Le pregunté, subiéndome al peldaño de su banco entre sus piernas de manera que pudiera envolver mis brazos alrededor de su cuello porque mi necesidad iba creciendo exponencialmente.

"Unas horas," suspiró, relajándose en mis brazos al instante y descansaron sus manos en mi cintura. Sus ojos nunca dejaron los míos. "Yo… n-no sabía q-que más hacer p-por t-ti, amor," admitió en voz baja.

"Lo sé," dije con gesto de mi cabeza, besando su frente, "y está bien, Edward. Yo tampoco sé qué hacer al respecto. No puedo pensar en ello ahora…"

Edward asintió, aceptando mi respuesta e inclinándose para besar mi clavícula, que quedó expuesta cuando su camisa demasiado grande se deslizó solo un poco sobre mi hombro.

"¿Quieres algo de comer, Bella? No es que haya quedado precisamente algo en tu estómago esta mañana," murmuró suavemente sobre mi piel y sus labios subieron por mi cuello. "Dios, tú siempre sabes malditamente bien…"

"No tengo hambre," susurré, cerrando mis ojos con fuerza cuando su boca se abrió cálida y húmeda en la parte suave y sensible justo debajo de mi oreja. Me sentí deslizarme en lo más profundo de ese agujero de necesidad en el que prácticamente me había despertado.

Entrelacé mis dedos en su cabello, tirando, apartándolo suavemente de mi cuello para que pudiera mirar a su hermoso rostro y a sus ojos verdes oscureciéndose. Se lamió los labios y resopló con una profunda exhalación, frunciendo el ceño.

"Lo siento," dijo con un suspiro, viéndose tan culpable por algo en que no tenía que estarlo. "Algunas veces, es muy difícil resistirse a ti." Su boca se curveó hacia arriba en la sonrisa torcida que amaba.

"No te disculpes," le dije, inclinándome para apenas rozar sus labios con los míos, "y no te detengas. Yo… yo necesito…"

"Dime," murmuró antes de mordisquear ligeramente mi labio inferior, deslizando su lengua sobre él. "Dime que necesitas…"

"Solo… a ti."

Todo lo que deseaba era a Edward, con todo dentro de mí. Necesitaba entregarme finalmente a él por completo, necesitaba envolverme en la seguridad y calidez de sus fuertes brazos, y necesitaba deshacerme finalmente de esos miedos que eran insignificantes en comparación con el deseo, amor y necesidad que tenía por el hombre en mis brazos.

Mis manos tomaron ambos lados de su rostro, y me incliné para besarlo, tratando de expresar todo lo que sentía, todo lo que deseaba en solo ese beso. Cuando nuestras lenguas se arremolinaron juntas, las manos de Edward agarraron y acariciaron todo lo que sabía que era "seguro" por fuera de la tela. Todavía no había descubierto lo que había debajo de su camisa que poco a poco se estaba deslizando por mis hombros; es decir, hasta que acarició mis muslos, apenas rozando mi piel hasta mi trasero.

Entonces, se congeló.

"Bella," jadeó, su cabeza cayendo en mi hombro al mismo tiempo que me atraía a su regazo y envolvía mis piernas a su alrededor. "Bebé… tienes que decir las palabras, no solo… Oh mierda, te sientes como el cielo," gruñó, sus manos acariciando mi trasero desnudo con un ritmo erótico. "No solo te presentes así. Necesito que estés preparada… necesito que lo digas."

"Te deseo," dije, mi propia frente cayendo en su hombro. "Te amo… tanto," susurré, dejando pequeños y suaves besos de su cuello a su oreja.

"Realmente te deseo también, bebé," admitió, besando bruscamente mi cuello solo para echarse hacia atrás y mirarme a los ojos. "Necesito que estés segura. Moriría si me precipito y la jodo, o… o si quieres esto por alguna otra razón… Dios, te amo tanto, y joder, odiaría si…"

"No," le digo, retorciéndome para acercarme a él. "Estoy… estoy lista, Edward. Lo único que pensé cuando desperté fue llegar a ti. Tanto que me olvidé por completo de la medicina, y la ropa interior, y… los miedos. Por eso te lo pido… por favor, no te detengas."

"Joder," gruñó, sus ojos oscureciéndose cuando se lanzó hacia mi boca, asaltándola con su lengua.

De pronto, me di cuenta de cuánto se había estado conteniendo Edward por mí. Era fuerza, poder y todo lo carnal que nunca antes había sentido de él antes de ese único momento cuando sus manos no podían decidir exactamente dónde estar. Estaba bajo la camisa y sobre ella, agarrando la tela a mis costados para acercarme, y luego estaba tirando para bajar más la maldita cosa en mi hombro, solo para revelar más piel.

"Quiero hacer esto bien," dijo entre su aliento contra la piel de mi hombro justo antes de arrastrar sus dientes sensualmente sobre mi piel. Sus ojos clavados a los míos a través de sus largas y oscuras pestañas, y sus labios nunca dejaron mi hombro. "Quiero… mmm, saborearte, cada puñetero centímetro de ti. Quiero… tomar mi tiempo, Bella," me dijo, arremolinando lentamente su lengua sobre mi hombro y terminando con otro beso más con la boca abierta.

No había nada que decir a eso porque repentinamente se puso de pie, con mis brazos y piernas todavía envueltos a su alrededor. No pude evitar besar su mandíbula, arrastrando mis dientes sobre su fuerte borde, entrelazando de nuevo mis dedos en su cabello.

"Y te quiero en mi cama," gruñó, caminando a zancadas por el pasillo, prácticamente cerrando la puerta de una patada. "No tienes ni puta idea de cuánto tiempo te he deseado… justo aquí," ronroneó cuando caíamos sobre la cama en un enredo de brazos, piernas, labios y lenguas.

"¿Cuánto tiempo?" Jadeé, mi cabeza cayendo hacia atrás cuando se lanzó a mi cuello.

"Desde nuestro primer beso, amor," se rio sombríamente, restregando sus caderas contra mí.

"Entonces te gané," bromeé, arrastrando mis dedos subiendo por su espalda, disfrutando de cada músculo, cada inclinación.

Se rio suavemente en mi oído, levantándose solo lo suficiente para sentarse sobre sus talones entre mis muslos y tirando con fuerza de los botones de la camisa que estaba usando.

"Dime," gruñó, tirando de nuevo y enviando un botón saltando a algún lugar dentro de la habitación.

"El primer día que te vi preparando el desayuno con solo tus pantalones cortos," solté unas risitas, tomando sus manos para detenerlo de arruinar su camisa.

Sonrió, y fue con suficiencia y desenfadado… y con un toque de vergüenza. "¿En serio, señorita Swan?" Preguntó, agarrando mis manos y poniéndolas en la cama por encima de mi cabeza. "Estas se quedan aquí…" Ordenó con una sonrisa de satisfacción y una sexy ceja levantada, volviendo directamente a la camisa para enviar lejos otro botón más. "¿Tan pronto estabas pensando en mí?"

"Demonios, sí," dije con un resoplido, rompiendo en más risitas cuando hizo que saliera disparado otro botón, y luego otro. "Pensé que habías crecido para ser malditamente caliente, Edward. No es como si no lo supieras… ¿y quién se puede resistir a un hombre medio desnudo que sabe cocinar?" Le pregunté, sonriendo cuando dejó escapar una risa profunda y sexy.

Él dejó los últimos dos botones intactos, y pude sentir su cambio de actitud y como sus movimientos eran más lentos. Edward apoyó un codo junto a mi cabeza, bajando su cuerpo poco a poco, la mitad encima del mío. Jugando con mi cabello con su mano junto a mi cabeza, Edward bajó la mirada casi lánguidamente por mi cuerpo y la subió de nuevo hasta mi rostro, los dedos de su mano libre trazando la piel expuesta que él había revelado.

"No puedo esperar a tocarte… a verte," dijo, su voz sonando como suave terciopelo pero también insegura, como si estuviera confesando un secreto.

"No más espera," dije con un suspiro, empujándolo e incitándolo hasta que finalmente se rindió, cayendo de espaldas, con una sonrisa y los ojos entornados, y con sus manos agarrándome y flexionando sus abdominales. "Hemos esperado el tiempo suficiente, Edward," resoplé, poniéndome a horcajadas en sus muslos a fin de agarrar el frente de sus jeans.

Mientras me lo comía con la mirada debajo de mí, no podía imaginar o recordar alguna vez haber deseado más a alguien. Y por un momento, me pregunté si esto era de lo que Esme estaba hablando—esa sensación de estar totalmente completa y deseando compartirme con solo una persona. Inclinándome hacia él, apoyé mis manos a cada lado de su cabeza y besé la tinta en su pecho que representaba quién era, y revisé por última vez mis miedos mientras él acariciaba mis muslos, mi trasero y mi espalda baja, con sus manos moviéndose sensual y lentamente.

Ya no había más miedos.

Estaba solo yo—mi verdadero yo. No había pánico, o la necesidad de cubrirme, o incluso la idea de que mis cicatrices todavía eran visibles, porque cuando mis ojos se clavaron a los suyos, me pude dar cuenta que las cicatrices no estaban en la mente de Edward. Me amaba, me deseaba, y armada con esa epifanía, pensé que podría comérmelo vivo.

Lamí su pecho, arrastrando mis labios, mis dientes y lengua sobre su piel. En el momento en que mis labios encontraron su ansiosa boca esperando, había sonidos en la habitación que no reconocía proviniendo de ambos. Eran desesperados, malditamente eróticos y tan jodidamente necesitados que casi me distraían, pero finalmente nos estábamos rindiendo. Con un firme agarre en mi trasero, Edward restregó mi centro contra su erección, y los dos gemimos en la boca del otro.

"Joder, bebé… tan mojada," dijo entre su aliento contra mis labios. "Pero te quiero más mojada que eso para mí," gruñó, escuchándose casi amenazador y mordisqueó mi labio inferior.

Me senté, apoyando mis manos en su glorioso estómago mientras sus manos sujetaban mis caderas con firmeza, restregándome contra él. Me retiré de su alcance, yendo una vez más por el botón de sus jeans.

"Quiero verte," le dije, desabrochando cada botón con un lento y provocador tirón, solo para verlo retorcerse.

"Bella," gimió, su cabeza cayendo hacia atrás a la cama cuando su polla saltó libre desde los confines de la vieja y suave mezclilla. "Bebé… cuando me quites estos," me dijo, sentándose antes de que pudiera bajarle los jeans, "habrá terminado. No hay vuelta atrás."

Rehuí de su agarre, lo empujé de nuevo hacia abajo sobre su espalda, y bajé sus jeans de un tirón, dándole a Edward una mirada mordaz. "Todas esas habladurías sobre 'un día', Edward… terminaron. No más. Ese 'un día' ha llegado…"

"Jódeme," siseó al mismo tiempo que sus ojos rodaron hacia atrás, levantando sus caderas mientras finalmente me deshice del material con el que había estado luchando por los últimos minutos y los dejé caer al suelo a un lado de la cama.

"Oh, definitivamente, pero… más tarde," ronroneé, subiendo por su perfectamente desnudo e ingeniosamente esculpido cuerpo, el que ahora pensaba era completamente mío, atrapando su considerable excitación entre nuestros estómagos. "Justo en este momento, quiero que me hagas el amor, Edward…"

Envolvió un brazo alrededor de mi cintura y deslizó una mano hacia la base de mi cuello, rodándonos de nuevo de manera que quedó apoyado sobre mí. Me besó con fuerza, profundamente, hurgando en mi boca con su lengua mientras mis caderas trataban de encontrar algo de fricción contra el muslo que había deslizado entre mis piernas.

Su boca se apartó de la mía, solo para lamer y chupar de camino hacia mi oído. "¿Recuerdas lo que te dije, bebé?" Preguntó, su voz tomando un tenor ronco y sexy que hizo que mis partes femeninas se contrajeran. "¿Lo recuerdas? ¿Lo que te dije que te haría cuando llegara el momento?"

"Dulce Jesús," dije entre mi aliento, mis manos bajando por su espalda y subiendo de nuevo hacia sus fuertes hombros solo para acercarlo porque joder, sí, recordaba todo lo que alguna vez me había dicho, incluso lo que me había prometido.

Mi camisa era un puto lío retorcido en torno a mí, pero cuando Edward retrocedió un poco todavía cubría la parte baja de mi cuerpo. Uno de mis pechos estaba expuesto, y él bajó su boca para chupar por un momento mi pezón endurecido antes de quitar la tela en el otro pecho solo para darle la misma atención. Mi cuerpo se arqueó levantándose de la cama, pero firmes manos me mantuvieron quieta.

"Déjame ver si puedo recordártelo," murmuró contra mi esternón antes de que su lengua saliera para arremolinarse sobre mi piel. "Creo que dije que te besaría… por todas partes."

Se deslizó aún más abajo en mi cuerpo, abriendo más mi camisa para dejar otro beso, lamiendo justo encima de mi ombligo.

"Estoy muy seguro," canturreó, incorporándose solo un poco y lamiendo sus labios, "que dije que te probaría, que quería sentirte correrte en mi lengua. ¿Tengo razón, Bella?" Preguntó, y juro que sonó como el diablo haciendo un contrato por mi alma porque en ese momento, se la daría si cumplía con cualquiera de esas promesas.

"Edward," gruñí, retorciéndome debajo de él, pero él me sujetó.

"¿Tengo razón, bebé?" Preguntó de nuevo, una pequeña sonrisa curveando las esquinas de sus ahora magullados labios por los besos.

"Uh huh," jadeé, asintiendo frenéticamente.

"Entonces, te pregunto una vez más, amor," me dijo, su voz cambiando de carnal y sensual a preocupada y vacilante. "¿Estás segura?"

Lo miré, y aunque sus ojos estaban entornados y llenos de lujuria, aunque sus dedos estuvieran trazando círculos indistinguibles sobre mis pechos expuestos, e incluso aunque estaba deslizando su lengua lentamente a través de su labio inferior como si estuviera esperando devorarme, estaba jodidamente segura que se detendría en ese momento si se lo decía. Repentinamente—si fuera posible—lo deseaba y amaba más que nunca.

"Te amo. Estoy segura sobre ti," le dije, esperando haberlo dicho todo porque no había nada más importante que dejar eso claro justo en ese momento. Él era más importante que cicatrices y miedos, era mi todo—simplemente…. todo.

La mirada de Edward se enterneció, y se agachó para presionar sus labios a los míos. "Cristo, Bella, joder estoy tan enamorado de ti. Tanto," dijo entre su aliento, pegando su frente a la mía, clavando por un momento su mirada en la mía. "Quiero demostrártelo… quiero hacértelo sentir…"

"Yo también," lloriqueé, sintiéndome casi abrumada por las emociones que ambos estábamos sintiendo. Si era así de intenso antes, ni siquiera podía imaginarme lo intenso que sería cuando finalmente fuéramos uno.

Me besó una vez más antes de sentarse entre mis piernas, sus dedos bajando por los bordes de su camisa arruinada. Era un momento decisivo para mí, pero no quedaba ni un poco de miedo en mí. Asentí a medida que sus dedos agarraban la orilla de su camisa. Con un último tirón rápido, abrió la camisa por completo, mandando los dos últimos botones al olvido.

~oOo~

EDWARD

¡Joder, era hermosa! Cada maldito centímetro de ella. No vi miedo en sus ojos, y nunca vi sus putas cicatrices. Solo veía a la mujer que tenía mi corazón y mi alma en sus manos, mirándome con el mismo deseo en los ojos que debía igualar al mío.

Tan duro como estaba, por más que quisiera enterrarme dentro de ella, de verdad quería tocarla, saborearla. No más ropa, no más ataques de pánico. Solo nosotros dos.

"¿Sabías lo que me estabas haciendo cuando saliste en mi maldita camisa, bebé?" Le pregunté, quitándole esa cosa pecaminosa y dejándola caer al suelo de la habitación. "Mierda, pensé que estaba soñando…"

Bella resopló, mordiendo su labio inferior. "No…"

Finalmente, yacía frente a mí sin nada, completamente desnuda. Sacudí mi cabeza tratando de aclararla, tratando de tranquilizarme porque esto era monumental para ella. Y no se veía ni un poco atemorizada. Esa crema para las cicatrices debía estar realmente funcionando porque la última vez que había estado descubierta frente a mí, todavía podía ver las quemaduras en su estómago y unas cuantas líneas aquí y allá. Tal vez el puto amor era ciego, como dice la gente, pero todo lo que podía ver era su glorioso cuerpo tendido debajo de mí.

"Tienes que ser…" dije entre mi aliento, acercándome a ella solo para rozar mis labios con los suyos, "la jodida cosa más linda que jamás he visto. Nunca, bebé."

Tal vez esperar por ella ha hecho esto… algo más—más intenso, más importante, más, más, más. Había fantaseado con este momento, sobre finalmente estar con ella, pero no estaba seguro si me había acercado a lo que era en mi mente, porque mi pecho casi dolía con la necesidad de estar dentro de ella. Nunca me había sentido de esa forma con ninguna mujer en mi puñetera vida, y me daba miedo, pero también era reconfortante porque sabía que nunca querría a otra durante el maldito tiempo que viviera.

No podía creer que la estaba tocando con las manos abiertas, con mis pulgares rozando, y largos y húmedos besos en cada centímetro de ella. Me deslicé más abajo en su cuerpo, tomando sus pechos en mis manos antes de deslizar suavemente mis dedos por su estómago, y finalmente verla desnuda frente a mi rostro. Podía oler su deseo por mí, y casi fue mi perdición.

Mirando a Bella, me aseguré de que todavía estuviera bien antes de que colocara besos en cada cicatriz de sus caderas y una que estaba entre su ombligo y su montículo. Era la primera vez que las veía, y les di la reverencia y respeto que le había dado a todas sus otras cicatrices.

Dejando un muy suave sendero con mis dedos, tracé el borde donde sus piernas encuentran sus caderas, colocando un beso en cada muslo e inhalando profundamente. Cerré mis ojos, siguiendo el mismo camino con mi nariz y mis labios, pero sus piernas se estaban frotando juntas.

"Ábrelas para mí, bebé," ronroneé, arremolinando mi lengua donde su piel se plegaba. "Quiero ver ese hermoso coño, amor."

Puse mis manos a cada lado de sus muslos, gimiendo cuando se abrieron para mí. Mis pulgares acariciaron los pliegues entre sus piernas al mismo tiempo que mi lengua encontraba finalmente su calor húmedo por primera vez sin ninguna barrera entre nosotros.

"Edward," sus caderas, se levantaron hacia mi rostro.

Una de sus piernas cayó hacia un lado mientras la otra subió a mi hombro, enterrando su talón en mi espalda para acercarme. Mi chica quería más.

Su sabor, su gusto fue como ninguna otra cosa en este planeta. El calor y la piel resbaladiza eran adictivos mientras enterraba mi lengua tan profundamente dentro de ella como podía. Mis pulgares continuaron moviéndose, uno en el tenso músculo justo afuera de sus labios y el otro ahora encontrando un ritmo en su clítoris que tenía a sus caderas acercándose a mi rostro.

Sus manos se aferraron a las sábanas, y su cabeza cayó hacia atrás a la almohada, todo su cabello a su alrededor como un halo de chocolate. Pero fue su jadeo, sus gritos con mi nombre los que me tenían duro como el acero, porque estaba jodidamente increíble cuando estaba a punto de correrse, aún más cuando la golpeó con fuerza, como quería que lo hiciera en ese momento.

Deslicé mi lengua entre sus pliegues, desde una entrada a la otra, arremolinándola con fuerza en su clítoris al mismo tiempo que hundía dos dedos en lo más profundo dentro de ella.

"¡Mierda, Edward!" Gritó con fuerza con los dientes apretados, sus paredes contrayéndose con fuerza alrededor de mis dedos.

"No luches contra él, amor. Vas a mirarme cuando te corras," ordené, casi sonriendo cuando maldijo con una sarta de obscenidades, su talón encajándose de una forma casi dolorosa en mi espalda.

Sus ojos se clavaron a los míos justo cuando deliberadamente saqué mi lengua para pasarla por su clítoris, curveando mis dedos solo lo justo en el punto dentro de ella que la enviaría volando al límite. La succioné con fuerza con mi boca, mis ojos rodando hacia atrás tan pronto como se deshizo por completo.

Sus paredes apretaron mis dedos, y no pude evitar lamerla, probarla, sentirla cuando temblaba contra mi boca. Era jodidamente asombroso, y estaba tan malditamente hermosa que mi frente cayó en su muslo a fin de evitar correrme ante la visión y el sonido de ella. Girando mi cabeza, abrí mi boca hacia el interior de su muslo, chupando con fuerza para marcarla, para reclamarla, para darle un recordatorio de quién la había hecho sentir tan bien.

"Edward, por favor…" Su jadeante súplica hizo eco en la habitación, y mi cabeza se levantó de golpe para mirarla, para asegurarme que seguía estando bien. Tiró de mis hombros, subiéndome por su cuerpo. "Por favor, cariño… ahora… te quiero dentro de mí ahora…"

Mi ceño se frunció ante las pocas lágrimas que se escaparon bajando por su rostro, y no pude evitar limpiarlas con mis besos. "¿Estás bien?" Pregunté, sin poder contenerme.

"No son lágrimas malas," explicó en voz baja, tomando mi rostro entre sus manos mientras me acomodaba entre sus piernas, casi gimiendo por lo perfecta que se sentía debajo de mí. "Por favor, Edward," susurró, frotando mis mejillas con sus pulgares.

Iba a extender mi mano hacia la mesita de noche por un condón—no que los guardara allí para esta cama porque ninguna mujer había estado nunca en esta cama. Sin embargo, la única mujer que importaba me detuvo, sacudiendo su cabeza.

"No lo necesitas," me dijo, todavía sacudiendo su cabeza pero entrelazando nuestros dedos. "Tengo la inyección. Quiero… sentirte, bebé…"

Nada podía haber detenido el gemido en ese punto mientras la besaba en frenesí porque que me jodan, si no me estaba matando. Estaba limpio, me checaba con regularidad, dado a mis viajes fuera del país, y había estado en completo celibato por más de un mes, incluso antes de estar con Bella, pero nunca había estado con alguien sin condón, y solo la simple idea de ello era una cosa más en la que había soñado.

Apretando su mano que todavía estaba en la mía, nos besamos casi con rudeza con cabezas moviéndose, cálidas y húmedas bocas, y gemidos sin aliento escapando de ambos. Mis caderas empujaron instintivamente hacia adelante, y mis ojos rodaron hacia la parte de atrás de mi cabeza cuando me deslicé a través de su calor húmedo.

Me aparté de su boca, pegando mi frente a la suya. "Te amo," dije entre mi aliento, cerrando los ojos con fuerza cuando Bella giraba sus caderas contra las mías, su respiración tan irregular como la mía mientras me alineaba con ella perfectamente. Requirió de todas mis fuerzas el no solo empujar dentro de ella tan profundo como podía ir.

Sin embargo, el mismo segundo que empecé a entrar en ella, los sentimientos fueron casi demasiado. Nunca me había sentido tan conectado a alguien como lo hice en ese momento. Y el sentirla sin la delgada barrera de látex entre nosotros era jodidamente increíble. ¿Quién iba a pensar que una pieza tan delgada de hule podría restarle toda esa sensación? Ella estaba caliente, apretada, y tan mojada que mi cabeza cayó a su hombro una vez que estuve totalmente dentro de ella.

Era una sensación de… por fin. Era una sensación de la otra parte de mí conectada ahora con su pareja. Era la sensación de hogar y comodidad, y la comprensión de que todas las experiencias sexuales que había tenido antes palidecían en comparación a ese momento. Y estaba tan cerca al puto cielo como podría imaginarme. Y sabía que nada de ello era completamente físico, que también era emocional, porque mi chica me conocía, que me amaba a pesar de mis comportamientos estúpidos, y que mataría por mí. Tuve que enterrar mi rostro en su cuello para ocultar las lágrimas que amenazaban con caer.

"Cristo," dije entre mi aliento, todavía incapaz de moverme dentro de ella.

"Edward," la oí lloriquear en mi oído al mismo tiempo que su brazo rodeaba mi cabeza por completo y su otra mano seguía apretando mis dedos.

"Lo sé, bebé," dije sin aliento, girando mi cabeza para colocar un largo y lento beso en su cuello mientras me apartaba poco a poco. "Nunca había…"

"Oh, Dios…" Dijo en un arrebato tan pronto como empujé para entrar de nuevo, y besé su mandíbula de manera que pudiera ver su rostro.

Lo hice una y otra vez a un agonizante ritmo lento porque su rostro era simplemente deslumbrante. Su cuello se arqueó hacia atrás en mi almohada, sus mejillas sonrojadas. Su boca se abrió cuando trataba de recuperar el aliento, pero fueron esos oscuros ojos color chocolate clavados a los míos los que hicieron que aumentara el ritmo porque aun cuando el amor estaba escrito en todo su rostro, ella se veía… hambrienta por mí. Y que me jodan, si eso no era caliente como el infierno.

Bella apartó su mano de la mía, entrelazando sus dedos en mi cabello y bajándolos arañando mi espalda, y sus caderas se levantaban para encontrar las mías, estocada tras estocada. Agarre las sábanas junto a su cabeza a fin de no aporrearla hasta dejarla sin sentido. Apoyándome en mi codo de manera que pudiera tocarla, rocé con mi mano suavemente su costado y levanté más alto su pierna enganchándola a mi cintura para que pudiera ir mucho más profundo dentro de ella. Sentí sus paredes comenzar a contraerse a mi alrededor.

"Eso es, amor. Córrete para mí… otra vez," ronroneé en su oído. "Pero joder, vaya que todavía no he terminado contigo…"

"Maldición, Edward," prácticamente gruñó. "Te sientes tan bien… justo allí."

No pude evitar la sonrisa de suficiencia que cruzó mi rostro cuando agarró mi trasero, guiándome donde me quería, empujándome perfectamente de manera en que me frotara contra su clítoris como ella quería, de la forma que lo necesitaba a fin de correrse. Atrás quedó mi chica llena de miedo, y no la eche de menos ni un poco porque tan pronto como se corrió con mi nombre deslizándose por sus labios, me encontré de espaldas.

"Mmmm, bebé," gruñí con los dientes apretados mientras me montaba apasionadamente. "Te ves malditamente hermosa montando mi polla, amor…"

Vi como una sonrisa carnal adornó los rasgos de mi chica mientras se echaba hacia atrás para agarrar mis muslos con el fin de tomarme más profundo. Su cuerpo eran elegantes ondas de movimiento, fluidas y fenomenales en cómo se sentía con cada giro de sus caderas, con cada apretón de sus muslos en mis costados.

"Tan bueno, Edward…"

El sudor brillaba en su cuerpo, su cabello se pegaba a su rostro mientras continuaba sus movimientos sobre mí, y estaba tan jodidamente cerca, tan solo con verla. Sujeté sus caderas, guiándola cuando empezó a vacilar y luego la penetré con fuerza porque mi chica también estaba cerca de nuevo.

"Dame otro, Bella," ordené, bajándola sobre mí.

Su frente húmeda pegada a la mía mientras nuestros cuerpos, resbaladizos y calientes, se deslizaban suave y eróticamente juntos.

"Juntos, cariño," dijo jadeando, sus pequeñas manos plantadas firmemente a cada lado de mi cabeza. "No puedo… quiero… Córrete conmigo," dijo finalmente entre dientes.

La rodé otra vez porque sabía que ella estaba tan cerca que ni siquiera podía concentrarse.

Capturé una gota de sudor en mi lengua que se estaba escurriendo despacio por su cuello, lamiendo lentamente hasta su boca. "Oh, Bella… tu sabor… ahora nunca tendré suficiente, bebé. Jamás," gruñí, mordisqueando su labio inferior y reclamando su boca a medida que sus piernas me envolvían más arriba y sus manos agarraban mis hombros.

Deslicé mi mano entre nosotros, mi frente apoyada en la suya, mientras poco a poco pero con firmeza presionaba ese punto que la llevaría una vez más al clímax porque joder, no iba a durar mucho más tiempo. El ardor que empezó en mi estómago, se abrió camino a mi polla, y mis dientes mordieron suavemente el labio inferior de Bella al mismo tiempo que su orgasmo apretó con fuerza a mi alrededor.

"Mierda," dijo entre su aliento, todo su cuerpo arqueándose una vez más antes de que al fin sucumbiera.

Su último orgasmo fue demasiado como para contenerme, aunque nunca quise que la sensación de estar unido a ella terminara. Maldiciones volaron de mi boca cuando finalmente me corrí con una explosión, enterrando mi rostro en su cuello. Mi peso cayó sobre ella porque no podía moverme, tampoco quería dejar su tacto o la sensación de estar dentro de ella.

Hombre, estaba arruinado. Ahora no había nada que pudiera mantenerme alejado de Bella. Nada.

~oOo~

BELLA

Desperté en una tranquila, silenciosa y oscura habitación. Aunque no me moví, porque mi pesada manta estaba respirando suavemente en mi oído. Estaba acostada sobre mi estómago, y Edward me cubría, nuestras piernas entrelazadas bajo las mantas.

De acuerdo al reloj, apenas eran las cinco de la mañana. Mi cuerpo estaba deliciosamente adolorido—el tipo de dolor que me recordaba exactamente qué había ocurrido la noche anterior. Tuve que contener un sonoro gemido con tan solo el recuerdo de ello, porque al fin habíamos hecho el amor. Había sido todo lo que había imaginado y mucho más.

Nunca me había sentido tan abrumada o completa como lo había hecho anoche cuando Edward me estaba adorando—y me había adorado… concienzudamente. De verdad pensé que mi mente colapsaría con la sensación de su boca en la mía y de las emociones que venían de finalmente ser uno con él. En todas nuestras actividades previas, me había preguntado lo que el acto real me haría una vez que finalmente fuera capaz de dejar ir mis miedos, y había recibido mi respuesta—placer puramente carnal, emocional y erótico cerró con un fuerte sentimiento de más que solo amor. De hecho, no estaba segura de que hubiera una palabra para ello.

Edward se movió detrás de mí, su mano deslizándose por mi hombro y a lo largo de mi costado, para terminar acariciando mi trasero, y sonreí en mi almohada porque no estaba segura si estaba soñando o despertando poco a poco. Me alegraba que no pudiera ver mi rostro por el momento porque tenía miedo de uno de los resultados de anoche.

Ahora estaba insaciable de él.

Lo deseaba de nuevo, aunque apenas había despertado. No me importaba que el sol ni siquiera hubiera salido. De hecho, con solo sus inconscientes caricias me tenía mojada y luchando contra el deseo de darme la vuelta en sus brazos. Quería envolverme de nuevo en torno a él, ver su rostro cuando se corriera violentamente, viendo su cuerpo cuando cada músculo pareciera estar tenso, moviéndose debajo de piel suave, y quería ver sus ojos pasar del hermoso, dulce y apacible verde, al casi negro de deseo que tenían anoche. Quería que entrara en mí con esa gratificante lentitud con que lo había hecho, pero también quería ver exactamente qué pasaría si no hubiera sido tan dulce, si no hubiera estado tan controlado, porque me podía dar cuenta que se estaba conteniendo. Demonios, siempre se había contenido conmigo, y estaba feliz de decir que ya no tenía que hacerlo.

Mis miedos se habían ido, dejándome con una extraña sensación de paz porque ahora podía concentrarme en las situaciones que esperaban afuera de esa habitación en la que estábamos—algo que en realidad no había sido capaz de hacer desde que Edward me había encontrado en el sótano de Miller. Sabía que algo debía de hacerse sobre King, sobre Miller, y ahora la responsabilidad recaía en mis recuerdos, el equipo de Edward y sus conexiones. Sabía que Carlisle vendría a la casa de Edward más tarde, no podía esperar a verlo porque conociendo a Carlisle, probablemente se le estaba haciendo malditamente difícil aceptar la muerte de su viejo amigo y casi había muerto él mismo tratando de impedirlo.

Tomé una respiración profunda, luchando contra el dolor que salió a la superficie porque una enorme lista de cosas pasó volando por mi mente a la velocidad de un rayo—arreglos de funeral, reuniones en TT, sin mencionar la revisión del caso de mi madre. Edward había estado revisando el archivo cuando lo interrumpí, y tenía curiosidad de cuál era su opinión, cuál pensaba que debería ser el paso siguiente. Sin embargo, tenía el presentimiento de que esa era la razón por la que Carlisle venía hoy desde Seattle.

La mano de Edward se movió de nuevo, esta vez se deslizó alrededor de mi estómago y subió hacia mi seno, tomándolo completo. Sonreí otra vez, empezando a creer ahora que en realidad estaba despierto y siempre despertaba con intenciones sexuales.

"Tan tensa de pronto," murmulló en mi oído con una voz profunda y soñolienta, pero fue el caliente y húmedo beso, arrastrando sus dientes en mi hombro que tenía mis ojos rodando a la parte de atrás de mi cabeza. No estaba ayudando con mi insaciable situación. En lo absoluto. "Joder, es demasiado temprano para estar así de tensa, amor…"

Mordí mi labio inferior para detener mi lloriqueo cuando su pulgar rozó mi endurecido pezón al mismo tiempo que otro beso encontró mi piel—esta vez, más cerca de mi oreja. Las caderas de Edward se movieron bajo las mantas, presionando su muy prominente erección en mi trasero, pero fue su profundo gemido cuando me arqueé contra él que me tenía prácticamente suplicando.

"Dime," ordenó, rodándome por completo sobre mi estómago y deslizando sus dedos por mis brazos de manera que sus manos pudieran masajear mi espalda. "¿Lo de anoche fue demasiado pronto, bebé?" Preguntó, dándole un beso a cada uno de mis omoplatos mientras sus pulgares trabajaban los músculos de mi columna.

"No," dije con un suspiro, mi cuerpo prácticamente temblando de deseo por él, me sentía como una gata en celo—preparada y lista para él.

Al fin un gemido escapó de mi boca a medida que su lengua se arremolinaba en mis costillas y hacia mi espalda baja.

"Entonces, ¿debería detenerme?" Preguntó, deslizándose por mi cuerpo solo un poco a fin de coger las dos mejillas de mi trasero.

Negué, mirando finalmente por sobre mi hombro y encontrando su mirada. "No," dije entre mi aliento, mirándolo fijamente a los ojos.

Pensé que anoche se veía como si quisiera comerme viva, pero nada se comparaba con la mirada en sus ojos en ese momento. Su cabello estaba por todos lados—la mismísima definición de cabello de sexo—y su sonrisa torcida curveando la esquina de su boca. Su rostro estaba cubierto por la barba de dos días, sus ojos estaban oscuros y llenos de un brillo mortífero, y sus manos nunca dejaron de tocar y acariciar.

"¿En qué estabas pensando, amor?" Preguntó, sus ojos todavía fijos en los míos mientras se agachaba para presionar un beso con la boca abierta en un punto justo encima de mi trasero.

"No lo recuerdo." Dije la verdad a medias con un gemido porque Edward tenía la tendencia de hacerme olvidar de mismísimo nombre, al diablo con todo lo demás.

"Bien," refunfuñó, subiendo por mi cuerpo de manera que su boca estaba a un lado de mi oído. "Dios, te deseo tanto en este puto momento," ronroneó, chupando el lóbulo de mi oreja al mismo tiempo que su mano se deslizaba entre mis piernas. "Mmmm y no soy el único sintiéndose… necesitado esta mañana," canturreó, sonriendo contra mi oreja antes de lamerla juguetonamente.

Su mano me tocó posesivamente, sus dedos me tocaron por todos lados menos donde más lo deseaba, y me sorprendí con mis caderas tratando de levantarse para encontrarlo, para guiarlo al lugar correcto.

"Puedo ayudarte con eso, bebé…" Me tentó de nuevo, todavía eludiendo donde más quería sus dedos—o cualquier parte de él, en realidad.

"Edward," gruñí, incapaz de soportarlo más tiempo. "Joder, deja de tentarme, por favor…"

"Al parecer voy a conseguir follarte antes de que el sol salga," musitó en voz alta, una risa profunda escapando de sus labios.

"Edward," supliqué otra vez, mirando de nuevo por encima de mi hombro.

Se echó un poco hacia atrás, una mano entrelazándose en mi cabello y la otra doblando mi pierna hacia un lado. Girando mi cabeza hacia un lado por mi cabello, pegó cada centímetro de su cuerpo contra el mío, y podía sentirlo duro y listo entre mis piernas mientras apoyaba un brazo junto a mi hombro, besándome hasta dejarme sin sentido.

"Dime que me detenga, Bella," gruñó en mi oído después de apartarse de mi boca.

"No puedo," jadeé, cerrando mis ojos con fuerza. "Fóllame, Edward…"

Edward exhaló bruscamente, entrando en mí con una repentina estocada de sus caderas, y los dos gritamos en la oscuridad de la madrugada.

"Maldición, sí," siseó en mi cuello, una vez más mordisqueando suavemente mi carne con sus dientes.

Fue rudo, deliciosamente sudoroso, y lo consumía todo. Eran dos cuerpos actuando completamente por instinto, y no pasó mucho tiempo antes de que estuviera cerca—muy cerca—porque la sensación de Edward llenándome una y otra vez, el sonido de piel contra piel, y el sabor de sus profundos y húmedos besos cada vez que tiraba de mi cabello hacia atrás, me estaba llevando cada vez más cerca del límite; no pude evitar caer, a pesar de lo mucho que deseaba que todas esas cosas duraran más tiempo.

"Mierda," jadeé, mi cabeza cayendo en la almohada cuando los dos nos corrimos con una ferocidad para la que no estaba segura que ninguno de los dos estuviéramos preparados.

La frente sudorosa de Edward cayó en mi hombro, su respiración irregular mientras jadeaba, "Oh sí… buenos días, amor…."

Resoplé soltando una carcajada que no pude contener, rodando los ojos cuando se me unió. Me rodé dentro de su abrazó, haciendo una mueca cuando nos separamos—no por la incomodidad, sino por la pérdida de estar conectada a él.

Levantó la mano y con dedos suaves, quitó un mechón de cabello de mi rostro, y se inclinó para besarme con dulzura.

Le sonreí con suficiencia, soltando unas risitas. "Buenos días para ti también."

~oOo~

"Ven, amor," ordenó Edward con una dulce sonrisa, ofreciéndome su mano y sacándome por la puerta. "Quiero mostrarte algo."

"Bien," accedí, tomando su mano y siguiéndolo hacia afuera a su cobertizo. Mientras caminábamos, pensé en las últimas horas.

Nos quedamos dormidos por otro par de horas pero habíamos despertado hambrientos. Nos habíamos duchado, vestido y preparado el almuerzo juntos, lo que casi había resultado en el bautizo de las encimeras de la cocina de Edward porque pensó que sería divertidísimo preparar tostada francesa, solo para azotar una botella de jarabe de maple sobre la encimera. Había sido un reto, con su ceja levantada y una sonrisa traviesa en su rostro, pero no había sido capaz de contener su sonrisa cuando yo exploté en carcajadas.

Su sonrisa desapareció cuando cogí la botella para provocarlo al verterlo lentamente sobre mi tostada francesa, lamiendo mi dedo con un gemido, solo para clavar mis ojos en los suyos. Él había lamido sus labios, su mirada posándose en mi boca cuando me vio lamer mi dedo.

El sonido de un correo entrante había separado nuestras miradas, haciéndonos saltar a ambos. Había sido Carlisle diciendo que estaría aquí pronto, que estaba dejando Seattle en ese momento. El recuerdo de la realidad había sido como una bofetada en el rostro para Edward y para mí. Casi nos habíamos perdido en una bruma de sexo, amor y sudor por casi doce horas, y el correo de Carlisle nos había traído de vuelta a la verdad.

No habíamos terminado con lo que teníamos que hacer. No estábamos a salvo. En todo caso, estábamos en más peligro que nunca, así que habíamos comido en silencio.

Fui sacada de mis pensamientos cuando pasamos junto al garaje. Edward sacó las llaves de su bolsillo una vez que nos acercamos a lo que pensé que era un montón de maleza, pero cuando la vi realmente, pude ver que era un toldo con palos y hojas pegados a él. Edward abrió un candado que estaba enganchado a un cable, dándole un tirón. Pasó limpiamente a través de los ojos de las dos lonas, provocando que la cubierta cayera. Mis ojos se ampliaron ante la vista frente a mí.

Todo el tiempo, el helicóptero de Edward había estado oculto a plena vista. Cuando quitó la cubierta, dejándola caer al suelo, mi boca se abrió. No sé lo que había imaginado en mi cabeza, pero no era lo que estaba en ese momento frente a mí.

La mitad frontal del helicóptero era azul, la parte de atrás, blanca. Estaba situado en un bloque de concreto bastante grande, y parecía rápido y caro, y, que el Señor me ayude… sexy.

"Wow," dije entre mi aliento, caminado en torno a él, extendiendo mi mano para deslizar mis dedos con cuidado por su longitud.

"P-Puede que t-tengamos que v-volar de regreso a Alaska, B-Bella," balbuceó, pasando una mano por su cabello y luego a lo largo de su cuello con nerviosismo.

"¿Oh?" Pregunté, mirando de él, de vuelta al helicóptero, y luego de vuelta a él. "¿Eso crees?"

"Estuvimos lejos más tiempo de lo que esperaba, y mi papá sugirió que dejáramos aquí mi coche y nos lleváramos el helicóptero…." Se encogió de hombros, quitando la lona del camino.

Sonreí, pero él no me estaba mirando porque estaba nervioso por alguna razón. "Bueno, eso nos llevará de vuelta más rápido," le dije, caminando hacia él. "Entonces… ¿podré verte volar?"

Su cabeza se giró, su rostro un poco sorprendido. Asintió despacio, sin decir nada más.

"Mmm, eso es… verdaderamente sexy," me reí entre dientes, tomando su rostro entre mis manos.

Luchó contra su sonrisa, pero no pudo impedir que sus ojos se pusieran en blanco. "Solo… agarra la otra lona, amor. Tengo que asegurarme de que esté preparada, si vamos a llevárnosla."

"Oh, es una ella, ¿cierto?" Solté unas risitas, esquivando sus manos queriendo agarrarme cuando corrí al otro lado para quitar la otra parte de la cubierta. "Suenas como yo y mi maldito Mustang," murmuré, sonriendo cuando él se rio.

No le tomó mucho tiempo hacer cualquier prueba que necesitara para asegurarse de que ella estuviera lista para partir, si eso era lo que su papá quería. Verlo sentado en el asiento del piloto fue casi demasiado que mirar para mí porque él se veía seguro de sí mismo, sexy y capaz de accionar interruptores y revisar medidores. Parecía relajado en el asiento, llevando unos jeans oscuros y una camiseta gris. Cuando al fin se bajó de un salto al suelo, hice todo lo que pude para no besarlo hasta dejarlo sin sentido, pero tenía algo más que mostrarme.

Después de cerrar la puerta, agarró mi mano y nos hizo rodear hacia su garaje, lo que en realidad era su taller de carpintería. Sacó de nuevo sus llaves, abrió la puerta y la levantó por encima de su cabeza. Miré alrededor del garaje y luego de vuelta al rostro pensativo de Edward.

Este era el verdadero Edward. El Edward que no quería pelear, que ya no quería ver a gente salir lastimada, que no quería derramar más sangre de la necesaria. Este era el lugar al que Edward venía, a perderse por completo en algo que amaba hacer.

Alineado en la pared trasera estaba un banco de trabajo cubierto de herramientas, y de pie en el centro había una mesa de la altura de una barra sin terminar que tenía esta genial área de almacenamiento debajo de ella. Las sillas ya estaban terminadas y alineadas como buenos soldaditos a lo largo de la pared vacía del fondo, ya estaban manchadas con un acabado nogal oscuro.

Extendí mi mano, deslizando mis dedos sobre la superficie de la mesa sin terminar. Estaba suave, lijada, pero polvosa.

Me limpié mis manos, levantando la vista hacia él.

Tragó grueso. "Tuve que dejar lo que estaba haciendo con esa. Había una chica perdida…" Murmuró, sonriendo con suficiencia cuando le sonreí.

"Sin embargo, ¿vas a terminarla?" Verifiqué, levantándole una ceja.

"Sí, Bella," se rio entre dientes.

"Esto…" Empecé a decir, señalando alrededor de la habitación, "y esas pajareras… eso es más que simplemente una clase de maldito taller en una escuela pública, Edward."

Se echó a reír, encogiéndose de hombros y atrayéndome hacia él. "Tienes razón. Tome unas clases con un viejo en California hace como un año. Las pajareras… esos eran kits que pinté de la forma que quería que se vieran. Fueron la razón por la que tomé taller para empezar," me explicó, besando el tope de mi cabeza y haciendo un gesto con la mano hacia el estante en la esquina. "Esos me enseñaron mucho…"

El estante estaba lleno de libros—todos guías prácticas—pero por un momento, me pregunté cuánto de su hobby era aprendido y cuánto era talento puro, solo una de esas cosas con las que la gente nacía.

Un pitido empezó a escucharse desde uno de los gabinetes sobre el banco de trabajo y Edward me soltó para caminar hacia él. Abrió la puerta del gabinete para revelar unas cuantas pantallas de circuito cerrado. Reconocí el BMW de Carlisle al instante.

"Mi papá," dijo con un suspiro, pasando una mano por su cabello.

No estaba preparada para las emociones de ver a Carlisle. Para nada. No estaba preparada para el destello de lo que había sido mostrado en televisión—una bala atravesando su hombro cuando trataba de proteger a mi padre, la segunda bala le había dado a Charlie de todos modos. No estaba preparada para verlo salir con gracia de su coche, con su brazo envuelto en un cabestrillo.

Me senté pesadamente en una de las sillas de Edward, apenas prestando atención a Edward recibiendo a su padre, preguntándole si estaba bien. Estuve sorprendentemente celosa por solo medio segundo, pero no era justo de mi parte. Él podría fácilmente haber perdido a su padre ese día. La bala podría haber pasado a cinco centímetros hacia el otro lado y dado a Carlisle. Me sentí muy culpable porque en el tiempo que había estado cuidando de mí, había llegado a amar de verdad a Carlisle, y eso se remontaba al día en que me ayudó a abrir Gravity.

"¿Bella?" Oí a Carlisle llamarme, y levanté la vista a su rostro.

Estaba destrozado y enfermo por la culpa. Se veía afligido y agotado. Su piel todavía se veía un poco ceniza, por lo que podía suponer fue pérdida de sangre y dolor. Sus ojos normales avispados e inteligentes estaban líquidos, suaves y con un poco de temor.

"Lo siento, cariño," susurró, tomando mi rostro entre sus manos, y todo lo que pude hacer fue asentir, mis lágrimas amenazando con caer. "Lo siento tanto… lo intenté…"

"Lo sé," dije con otro gesto de mi cabeza, incapaz de mirar a su afligido rostro.

El dique de mis emociones se rompió cuando me atrajo para abrazarme con un brazo. Olía como mi papá—no precisamente el olor a Old Spice y tabaco de mi propio padre, pero era tan parecido que me dolió hasta lo profundo de mi corazón.

"¿Estás bien?" Finalmente logré decir, apartándome para mirar su cabestrillo y luego hacia arriba a su rostro y limpiando mis lágrimas con el dorso de mi mano.

"Estoy bien. Los he tenido peores," dijo simplemente, encogiéndose de hombros, y sonó tan parecido a su hijo que no pude evitar la pequeña sonrisa y un gesto de aceptación. Él tomó mi rostro entre sus manos de nuevo, besando el tope de mi cabeza. "Me gustaría ver las cosas que él… te dejó, si te parece bien."

Respiro profundamente, relajándome finalmente cuando la mano de Edward acarició la parte de atrás de mi cuello. Asentí, diciendo, "Sí, está bien. Siento que nos hayamos ido. Yo solo… tenía que irme…"

"Lo entiendo, Bella," dijo Carlisle en voz baja, dando un paso hacia atrás cuando me bajé del banco. "Hubiera hecho lo mismo."

Nos dirigimos de vuelta al interior de la casa, extendiendo todo lo que teníamos enfrente de Carlisle sobre la encimera de la cocina. Leyó la carta de mi padre, su cabeza sacudiéndose de un lado al otro, como si estuviera en negación, mientras leía cada palabra—dos veces. Miró las fotos, el reporte policial, y el resto de las cosas que habían estado dentro de la caja que fue dejada en mi casa del árbol, tomando finalmente una respiración profunda y pellizcando el puente de su nariz.

"¿Por qué no me dijo está mierda?" Gruñó en voz baja.

"¿Tal vez porque hubieras matado a King más pronto por él… por lealtad, y él no quería eso?" Edward sugirió desde el otro lado de la encimera, sus brazos cruzados sobre su pecho mientras se acercaba. "Suena como si quisiera venganza de algún tipo pero también estaba protegiendo a Bella. No creo que alguna vez quisiera que ella recordara… si no tenía que hacerlo."

"¿Recuerdas?" Preguntó Carlisle, su cabeza girando para encararme.

"Sí, pero no hasta hace unos días," dije en voz baja, asintiendo mientras tiraba del reporte policial hacia mí. "Fue King. Derribó la puerta y me hizo dejar la habitación…" Mi respiración se atoró en mi garganta, pero me recuperé rápidamente, mirando otra vez el reporte frente a mí.

"Lo que no entiendo…" Empezó a decir Edward, su dedo golpeando con fuerza la pila de fotos de mi madre. "No entiendo lo que Charlie estaba diciendo sobre el ADN. No hay nada en esa caja que pueda ayudarnos con eso. Me refiero a que, son solo papeles y esta mierda," refunfuñó, moviendo nerviosamente la llave, el encendedor y el pañuelo que habían estado en el sobre manila junto con todo lo demás.

Carlisle analizó la carta de nuevo, frunciendo el ceño, y luego inspeccionó el contenido de la caja una vez más. Cogió la llave, girándola entre su pulgar y dedo índice, tendiéndola hacia mí.

"¿Reconoces esto?" Preguntó, poniéndola en mi mano.

"No," dije con un suspiro, "pero eso no significa nada. Sé que tiene una caja de seguridad en la casa. Sé que tiene un armario con cerradura y un cajón en su escritorio de la oficina. No se sabe cuántas cajas de seguridad tenía…" Mi voz se fue apagando porque todos sabíamos que mi padre era muy rico.

Carlisle dio otra respiración profunda pero cerró mi mano sobre la llave. "Quédate con ella… por ahora. No estoy seguro que hacer con ella justo en este momento. Sin embargo, guárdala con tu vida, Bells. Puede ser el fin de toda esta mierda." Sacudió su cabeza, conteniendo una sonrisa. "Charlie seguro que era un bastardo críptico."

Todos nos reímos porque yo había dicho lo mismo en la casa del árbol.

"Tenemos un problema, cariño," comenzó a decir Carlisle, girándose en el banco a un lado del mío para quedar completamente frente a mí. "Benny dice que liberarán a King si el estado no puede probar su caso. Y sin Charlie, apenas hay un caso, con la excepción de sus grabaciones… y tal vez las desechen porque la defensa está gritando sobre eso. Creo que King sospecha que tú podías haber recordado todo el tiempo, y que Charlie te ha mantenido callada todos estos años sobre lo que pasó esa noche cuando tu madre fue asesinada. Creo que su objetivo fue Charlie desde el principio. Y creo que King estaba usando a Billy Black para vigilar a Charlie por malditos años."

"Claro," estuve de acuerdo, asintiendo despacio. "Pero… eso me convierte ahora en el objetivo principal… contigo siendo el siguiente, Carlisle."

"Exactamente," resopló, rodando los ojos. "Creíamos que el juicio terminaría después del testimonio de Charlie y que King terminaría en prisión, donde…"

"Sé sobre Sam," gruñí. "Eso parece demasiado fácil para King."

"Sam es… mortífero," dijo Carlisle sonriendo. "No sería tan amable como para solo apuñalarlo. Lo haría sufrir porque eso es lo que él hace…"

Solté un resoplido porque, de nuevo, el padre sonaba justo como el hijo. "Entonces, ¿ahora qué?"

"Quiero que ustedes dos lleven sus traseros de vuelta con Kate," dijo, mirando de mí a Edward. "Quiero que vueles hacia allá porque nunca sabemos si el helicóptero puede ser de utilidad, y lo quiero a la mano."

"Señor," Edward gruñó con un gesto de su cabeza. "Los tanques de gasolina de Kate están llenos, por lo que deberíamos estar bien allá…"

"Excelente," su padre concordó. "Sé que no puedo detenerte, así que, pon a trabajar a tus chicas en estas cosas." Hizo un gesto con su mano hacia la encimera. "En especial en esa llave. Tengo que regresar a Seattle antes de que pueda unirme a ustedes."

"¡No!" Gruñí, agarrando su brazo sano por la manga porque no podría soportarlo si lo perdía a él también. "¡Joder, vas a conseguir que te maten!"

"Estoy de acuerdo con ella," espetó Edward. "Tienes que venir con nosotros, papá."

"Me reuniré con ustedes, pero antes de hacerlo creo que es el momento de hacerle una visita a Billy Black," declaró, su voz no tan amable. De hecho, sonó como si tuviera la intención de hacer más que hablar. "Y antes tengo que reunirme con Benny. Van a ponerme un micrófono. Quieren terminar con esto, solo en caso de que King sea liberado, porque si queda libre, puede que todos tengamos un problema. Reunirá a sus hombres, y será una guerra sin cuartel contra nosotros. Puede que solo le queden algunos, pero Miller sigue allá afuera."

Hice una mueca, sacudiendo mi cabeza. "Razón de más para que vengas con nosotros, Carlisle. ¡Por favor!"

Suspiró, sacudiendo la cabeza. "Le prometí a Charlie que me quedaría a tu lado durante todo esto, pero eso significa… terminarlo." Gruñó esa última palabra, y sabía que no había forma de hacerlo cambiar de opinión. "También quiero saber si Benny piensa que deberías presentarte ante la policía."

"¡De ninguna jodida manera!" Gruñó Edward. "No puedo vigilarla si los federales la tienen en custodia. ¡La matarán! ¡Ni muerto y en el puñetero infierno!"

Edward parecía querer golpear a su padre por esa última sugerencia, y me levanté del banco para caminar hacia él. Ahora ya no había nada que pudiera separarme de Edward, y él necesitaba saberlo.

"Mírame," le dije con brusquedad, agarrando su rostro para hacer que se volviera hacia mí, pero luchó contra mí al mismo tiempo que fulminaba con la mirada a su padre. "Edward," le dije en voz baja, y finalmente volvió sus ojos fieros hacia los míos. "No pueden obligarme a hacer nada."

Estuvo furioso por un minuto más pero por fin me asintió, relajándose solo un poco mientras me miraba, sus ojos suavizándose un poco.

"Bella, has presenciado demasiado," señaló Carlisle, negando tristemente. "Miller, King…" Hizo una pausa, casi como si estuviera pensando en algo, pero no dijo nada más del tema. Simplemente se volvió hacia nosotros con una expresión resuelta. "Vuelvan a Alaska. Me encontraré con ustedes pronto. Y háganme saber lo que consigan en lo que respecta a esa llave." Levantó su mano cuando Edward y yo empezamos a protestar de nuevo. "Prometo ser cuidadoso. Por favor, solo hagan lo que les digo…"

Ambos asentimos, pero podía darme cuenta que a ninguno de los dos nos gustaba verlo regresar al coche. Pasamos el siguiente par de horas cerrando la casa de Edward. Empacamos, cerramos el coche y el garaje con llave, y luego cargamos el helicóptero. Y de todos los lugares donde habíamos estado desde que estábamos huyendo, estaba más molesta viendo a Edward cerrar su puerta principal después de poner la alarma porque esa casa se sentía como un hogar.

Edward me levantó para ponerme en el asiento del copiloto en silencio, poniéndome el arnés. Subió por el otro lado, entregándome unos audífonos para ponérmelos. Antes de que pudiera ponérmelos, me detuvo, su ceño fruncido mientras tragaba grueso.

"C-Cuando esta m-mierda haya t-terminado, amor, vas a regresar a casa… conmigo," comenzó a decir con un tartamudeo nervioso pero terminó con su voz demandante, y le sonreí porque eso fue el sonido puro de mi Edward—una paradoja de timidez pero en control.

"Eso planeaba, Edward," le dije, y se inclinó rápidamente, dándome un beso profundo. Terminó demasiado pronto.

Me sonrió con dulzura, asintiendo una vez, y se puso sus auriculares, haciendo un gesto diciéndome que debería hacer lo mismo. El helicóptero se encendió con un sonido de poder puro y ruido, y el suelo fue desapareciendo poco a poco debajo de nosotros a medida que despegábamos.


Al fin! Pues a quienes querían que ya hubiera algo entre estos dos, ya se les hizo, y vaya encuentro que fue ese. La relación de estos dos es fogosa! Al menos el experimentar algo tan bello con su amor le ha permitido a Bella el sobrellevar la pérdida de su padre y como ella dijo, la de su madre de nuevo, con los recuerdos de esa noche trágica. Ese encuentro con Carlisle también bastante emotivo, y ahora veremos que averiguan con relación a esa llave. Algunas tienes sus teorías, mi beta una de ellas, ya veremos en los próximos capis. Muchas gracias por leer y por sus alertas y favoritos. Les agradecería mucho más si dejan su review para saber que están disfrutando de la historia, díganme que piensan del primer encuentro de Edward y Bella, y cuáles son sus teorías con relación a las cosas que dejó Charlie. Saludos y nos leemos la próxima semana.