Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.
Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.
Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.
CAPÍTULO 22
EDWARD
La tierra fue desapareciendo poco a poco debajo de nosotros cuando volé sobre el agua. Quería quedarme sobre suelo estadounidense, por lo que entrar por el oeste era más fácil. Saqué de mi bolsillo el teléfono desechable que mi tía Kate me había dado y se lo arrojé a Bella.
"Llama a papá. Es el único número programado allí. Dile que estamos a unos minutos," le dije, y se quitó sus auriculares para poner el teléfono en su oído.
"Carlisle, casi estamos allí," apenas pude oírle decir, y eso era solo porque estaba sentada junto a Jasper y su voz viajó por su micrófono. "¿Todavía están detrás de ti?" Preguntó, mirándome y asintiendo cuando escuchó la respuesta. "Llega al estacionamiento… no, no necesitamos saber dónde está," dijo con un suspiro. "Solo llega allí, Carlisle."
Colgó, volviéndose a poner sus auriculares. "Está a la vuelta del estacionamiento."
"Bien," suspiré, esperando que el momento fuera el correcto.
Si estaba atrapado en la azotea de ese estacionamiento sin una salida, era una puta presa fácil. No tenía otra opción más que aterrizar ilegalmente para recogerlo, pero no lo iba a hacer de ninguna otra manera.
"Edward," dijo Alice por la radio. "Accedí a tu señal de radio y al teléfono de Carlisle. Tengo sus coordenadas."
"Perfecto. Dámelas, Alice," ladré, asintiendo una vez que me las dijo de un tirón. "¿Algo más?"
"Benny tiene federales dirigiéndose en dirección a Carlisle, así que ten cuidado con los tipos buenos, me dijo que te dijera. Técnicamente tu padre estaba trabajando para ellos así que recibe protección," explicó. "También, despejé tu espacio aéreo, Edward. Tu manifiesto de vuelo es más falso que un billete de tres dólares, pero al menos a simple vista nadie se dará cuenta de la razón por la que estás volando tan bajo sobre la ciudad. Técnicamente, estás con la prensa."
Sonreí, sacudiendo mi cabeza. "Eres hermosa, Alice…cuadrícula facial de mierda o no. ¿Me escuchas?"
Se echó a reír, como lo hicieron todos los demás en el helicóptero. "Gracias, Edward. Ten cuidado, y estaremos escuchando."
No sé qué había estado pensando mi padre conduciendo por tanto tiempo sin descanso, conduciendo hasta que estaba demasiado cansado para prestar maldita atención. Sabía por qué estaba conduciendo en lugar de volar a Anchorage—porque los vuelos podían ser rastreados—pero estábamos llegando al desagradable meollo de esta situación; no había lugar para puñeteros errores. Los putos errores podían conducir a la muerte de mi chica—o alguien más, si vamos al caso—y no podía permitirlo. No sabía si podría sobrevivir si algo le pasaba ahora.
Jasper no había estado bromeando cuando le dijo a Bella que la razón por la cual la había traído con nosotros para recoger a mi papá era porque no podía soportar dejarla. No podía. No confiaba en nadie más que yo mismo cuando se trataba de su seguridad. En nadie. Pero tampoco había estado mintiendo porque maldita sea, mi chica era una excelente tiradora, y esa mierda podría ser útil una vez que localizáramos a mi padre.
Nos acercamos a la ciudad de Juneau, y me giré bruscamente, gruñendo. "Agárrense. Esto va a ser rápido y apretado."
"Eso dijo ella," (1) resopló Jasper, sonriendo por la risa de Bella, pero los ojos de mi chica estaban agudos mirando por la ventana.
"Edward, allí está el hospital," me dijo, sacando su nueve milímetros y pateando la bolsa de Jasper hacia él de manera que pudiera sacar su rifle.
Mantenía esa mierda preparada, solo necesitaba fijar la mira que estaba en la parte superior y bajar el soporte para el hombro.
"¿Estás armado?" Ella preguntó, y debe haber estado hablando con Eleazar porque fue él quien le respondió.
"Estoy bien, Bella," refunfuñó y todo el helicóptero estaba saturado con el sonido de las armas aseguradas y cargadas. "No falles con esa cosa," se rio entre dientes.
"¡Ni una puta vez fallo!" Dijo con brusquedad, y no pude evitar sonreír porque mi chica estaba muy consciente de lo que podía y no podía hacer. "Perdí a mi propio padre. No perderé a este."
Jasper golpeó la ventana. "¡Objetivo a la vista, hermano! Déjalo caer," dijo, quitándose el cinturón de seguridad y deslizando la puerta lateral para abrirla. El aire frío se introdujo en la cabina del helicóptero.
La vista desde donde venía era escalofriante. Podía ver el BMW de mi padre chirriar al subir desde el nivel inferior a la plataforma del estacionamiento, prácticamente girando en un círculo a fin de estacionar a un costado. La puerta del coche se abrió con fuerza al mismo tiempo que el maletero se abrió, y bajé tan cerca de él como pude sin acercarme demasiado, poniéndonos entre él y la entrada a la azotea del estacionamiento.
Bella salió volando de su asiento, deslizando la otra puerta para abrirla para que mi padre pudiera arrojar adentro su mierda y pudiéramos salir de una puta vez de allí. Iba a bajarse para ayudarlo, pero no podía permitir que ocurriera eso.
"¡Bella, no te atrevas!" Gruñí, sacudiendo mi cabeza cuando ella se volvió para mirarme. "¡Vas a dejar tu dulce trasero dentro de la cabina!"
"Alguien tiene que ayudarle, entonces," replicó, señalando a mi papá. "Todavía está herido, Edward."
"Yo le ayudo," gruñó Eleazar, bajando de un salto hacia el asfalto del estacionamiento. "Solo vigila la entrada aquí arriba," dijo, señalando a través del helicóptero al mismo tiempo que un puñetero sedán negro subió a toda velocidad a la azotea del estacionamiento.
"¡Maldita sea! ¡Papá, mueve tu trasero!" Dije con brusquedad, sacando mi Glock y preparándola para disparar.
El problema era el espacio que había dejado entre el helicóptero y el coche de mi padre, simplemente por seguridad. El sedán bien podría llegar a los dos hombres antes que ellos a nosotros.
Jasper se lanzó al piso de la cabina al mismo tiempo que Bella se hincaba junto a él, los dos apuntando desde la puerta lateral, pero Jasper no perdió tiempo. Le apuntó al motor del coche, y después de tres fuertes estallidos, el capó voló hacia arriba y lejos del coche, haciendo que el conductor patinara hasta pararse por completo.
"Se van a dispersar, Bells," le dijo. "Toma nuestra izquierda, yo tomaré la derecha."
"Sip," dijo sorbiéndose la nariz, cerrando un ojo con fuerza para afinar su puntería y tensó sus brazos.
Tenía mi propia arma apuntando por la ventana, pero también estaba observando el progreso de mi padre y Eleazar. En el segundo que las bolsas fueron arrojadas dentro de la cabina, los hombres del otro coche salieron disparando sus armas.
"Cúbranos," ordené, y me giré en mi asiento abriendo la puerta del copiloto para mi padre, pero fue la sangre en el brazo de Eleazar lo que me sorprendió.
"¡Ahora!" Bella gritó, tirando del gatillo al mismo tiempo que Jasper lo hizo, y cuatro hombres cayeron al asfalto cuando sus balas volaron a través de la cabina.
"Es solo un rozón. Ni siquiera te preocupes por ello," refunfuñó Eleazar, entrando de nuevo a la cabina y cayendo en el asiento.
"Vámonos, hijo," mi papá dijo con un suspiro, poniéndose el cinturón de seguridad.
"Encantando de verte también, viejo," le respondí con un resoplido, rodando los ojos por su sonrisa. "Podrías simplemente haber llamado para pedir un maldito aventón, ¿sabes? No era necesario tanto… teatro."
"Cierra la puta boca, tú, dolor en el culo. ¡Andando!" Se rio, dándome un puñetazo en el brazo.
Me reí entre dientes, acomodándome en mi asiento, y me giré para mirar a la parte trasera. "¿Todos están bien allá atrás?" Pregunté, pero mis ojos estaban en mi chica mientras arrancaba una parte de la camiseta de Eleazar para amarrarla alrededor de su antebrazo.
"Estamos bien, Edward," dijo Jasper con un gesto de su cabeza. "Vámonos."
Me levanté poco a poco en el aire, solo lo suficiente para dar la vuelta y quedar frente a la parte trasera del sedán. Apuntando mi arma por la ventana, le disparé al tanque de gasolina del coche de los matones, enviando al aire una bola de fuego.
"El mío también, hijo," mi padre ordenó.
"Lo tengo," dijo Bella, apuntando por la puerta lateral que sucede estaba frente al BMW.
Una bala, el accionar de un gatillo, y el BMW estalló en fuego y humo, justo cuando el coche de los federales subió chillando a la azotea del estacionamiento.
"Demonios, no fallas," Eleazar se rio entre dientes.
"Te lo dijo," me reí, girándome solo un poco para guiñarle un ojo a mi sonriente chica. "Cierra esa puerta, bebé. La tuya también, Jasper."
Una vez que todas las puertas estuvieron cerradas, me ladeé hacia el oeste, dirigiéndome de nuevo hacia el agua y de vuelta hacia la granja.
~oOo~
BELLA
Fue el caos cuando aterrizamos de vuelta en la granja. Creo que había una parte de todos ellos que esperaba que nos dirigiéramos directamente a Seattle, sin poder regresar a la casa de tía Kate, pero todos se apresuraron hacia nosotros, ayudando a descargar el helicóptero.
Esme cayó a los brazos de un agotado Carlisle, abrazándolo y diciéndole cosas que no podíamos escuchar. Era absolutamente íntimo y encontré que mis ojos se llenaron de lágrimas y aparté la mirada de ellos porque entendía la preocupación de ella, su miedo. No me podía imaginar cómo se las había arreglado para estar separada de él por tanto tiempo, para empezar. Yo hubiera estado enferma de la preocupación e inútil si Edward hubiera estado lejos de mí y tan cerca de la fuente de todos nuestros problemas.
"¡Eso es todo!" Le gruñó a Carlisle cuando pasaba junto a ellos, dejando a Edward a que apagara y se encargara del helicóptero. "¡Esa fue la última vez!"
"Sí, señora," admitió con cansancio, y sonó igual que su hijo, lo que me hizo resoplar y rodar los ojos. Eleazar sonrió sinceramente al verlos cuando todos entramos de vuelta a la casa, pero se detuvo el tiempo suficiente para tirar del vendaje improvisado que había atado alrededor de su brazo, siseando por el dolor.
"No hagas eso," le dije, negando y tirando de él hacia la mesa del comedor. "Déjame limpiarla."
"Esme puede—" Empezó a decir pero se cayó cuando le levanté una ceja.
"Permíteles tener su momento," lo reprendí con una risita. "Conozco una cosa o dos sobre heridas, de todos modos," añadí con una mueca y un suspiro.
"Aquí tienes, Bells," dijo Rose, entrando corriendo a la habitación y entregándome uno de los muchos kits de primeros auxilios que teníamos tirados por la casa.
Trabajé en silencio, desatando el vendaje que había asegurado alrededor de su brazo en el helicóptero y rasgando la manga de su camiseta para ver mejor con lo que estaba tratando. Eleazar tenía razón; era solo un rozón, pero seguía siendo una herida abierta.
Gente entraba y salía del comedor. Los hombres de Eleazar preguntaron si estaba bien, y les dijo que lo estaba. Me concentré en limpiar la herida, deteniendo el sangrado, y asegurándome que no necesitara puntos.
Era un hombre robusto, con cabello color caramelo, igual que su hermana. Tenían la misma sonrisa dulce e irónica y actitud calmada, irradiaba inteligencia y la sabiduría de un erudito y parecía que todavía podía defenderse en una pelea con un poder y fuerza que probablemente igualaría a la de Emmett.
"Esme podría coser esto," le dije en voz baja, "o yo podría ponerle mariposas… tú decides."
"De todos modos se va hacer cicatriz," se rio. "Solo envuélvelo y dime que ya me puedo ir, señorita Bella."
Le sonreí y asentí, aplicando las mariposas a fin de cerrar la herida antes de envolver gasa alrededor de su bíceps.
"¿Cómo aprendiste a disparar así?" Preguntó, ignorando a todo el que entraba en la habitación.
"Estuve en Quántico por un tiempo," solté una risita, atando su nuevo vendaje, "pero no me gradué."
"¿Y las heridas?" Preguntó en voz baja, pero se veía como si realmente no estuviera preparado para la respuesta o que ya lo sabía y solo quisiera escucharlo de mí.
"Miller," le dije, notando que todos en la habitación estaban en silencio a excepción de nosotros. "Me tuvo por tres días… amarrada a una mesa. Trató de conseguir información sobre Charlie de mí, y no fue… amable."
Sentí un beso en la parte trasera de mi cabeza, y me recargué en Edward, que había tomado el asiento junto a mí. Eleazar miró por encima de mi cabeza a Edward y luego a Carlisle y Esme, que habían tomado los asientos frente a nosotros. No sabía lo que estaba buscando, pero sentí la necesidad de justificar a estas personas con él.
"Todos en esta habitación se han partido el trasero para mantenerme a mí y a mis chicas a salvo," le dije. "Mickey y Emmett recogieron a Charlie antes de que King pudiera llegar a él. Jasper tomó a mis chicas de mi oficina después de que me localizaron, y si Carlisle y Edward hubieran llegado diez minutos más tarde a la casa de Miller, no estaría aquí ahora…" Mi voz se fue apagando porque mis chicas estaban asintiendo con sus cabezas al mismo tiempo que Edward envolvía un brazo a mi alrededor.
Alec maldijo en voz baja desde el otro extremo de la habitación, sacudiendo la cabeza y bajando la vista al suelo, su rostro sombrío. Murmuró algo que se escuchó como, "Maldito cerdo…" No estaba segura que detalles sabía, pero se había convertido en una gran ayuda.
"Miller tiene una interesante historia. Sabemos todo sobre él a través de nuestra inteligencia en King," Eleazar murmuró, dándome una mirada oscura pero triste antes de continuar. "Nació dentro de una familia acomodada en Portland, su padre murió en un accidente de coche, y su madre pasó de country clubs y círculos de lectura a… la iglesia. Su fe se convirtió en una adicción, cambió a una obsesión y eventualmente la transformó en una madre abusiva, poniéndola finalmente en un hospital psiquiátrico. Lo que empezó como una infancia muy feliz se convirtió en una pesadilla para Riley Miller. Lo castigaban por ver la televisión a menos que fueran canales religiosos. Lo castigaban por hablar, besar o siquiera pensar en chicas. Y por castigo, me refiero a ser golpeado con un palo de escoba roto."
"Por lo que lo separaron de ella," añadió Alice, mirando por encima de la parte superior de su computadora. "Entró al programa de acogida temporal a la edad de dieciséis años, y las cosas no mejoraron nada. Pasó de un hogar a otro, nunca quedándose en un lugar más de tres meses, con más de cincuenta viajes a la sala de emergencias. Nunca dijo una palabra de lo que le estaba pasando. De hecho, casi murió."
Eleazar asintió de acuerdo con ella. "Finalmente llegó a la edad para salir del sistema, encontrando trabajo con King. Comenzó como traficante, pero cuando molió a palos a una prostituta por robarle, King supo que podía usar sus… habilidades."
Indignada solté un bufido, sacudiendo mi cabeza. "Habilidades… claro. Ahora él se cobra esa mierda con cada mujer con la que se encuentra."
"Tranquila, amor," Edward me confortó en mi oído. "Nunca te pondrá una mano encima de nuevo, Bella." Continuó susurrando de manera que solo yo pudiera escucharlo. "Joder, sigue enojada con él, bebé. Sigue alimentándolo, porque cuando lo encontremos, puedes usar ese enojo. ¿Me entiendes?"
Tragué con fuerza y asentí, alejándome finalmente de Eleazar girándome para mirar hacia adelante en mi silla. Edward no tiene idea de lo mucho que su voz, su caricia en mi brazo, e incluso su mera presencia me ayudó a mantener la calma.
"Alguien sabrá dónde encontrar a ese pendejo," gruñó Alec, mirando alrededor de la habitación. "Cuando lleguemos a Seattle a más de un hijo de puta se le preguntará, Bells. Lo prometo."
Asentí pero me volví hacia Carlisle. "¿Cómo te fue con Billy Black?"
"Creo que allí fue donde conseguí mi sombra," dijo encogiéndose de hombros. "Llegué a su casa sin anunciarme y con un micrófono. No que fuera de mucha ayuda, pero ya llegaré a eso. Se cagaba del miedo de verme en el umbral de su puerta porque me había evitado en la oficina todo el tiempo que estuve allí. Cuando le dije que tenía noticias sobre Jacob, me dejó entrar. Le dije que le contaría todo lo de Jake y Charlie si me respondía algunas preguntas." Se volvió hacia Alice. "¿Podrías poner sus finanzas de nuevo en la pantalla? Quiero mostrarles algo, chicos."
"Claro, claro, claro," murmuró Alice, tecleando, y luego giró la computadora para que nosotros la viéramos.
"Esos depósitos que vimos la última vez que lo investigamos… en realidad no vimos de dónde provenían, así que Alice, podrías por favor…" Le pidió, girando la computadora de nuevo hacia ella. De hecho, te tomará un minuto rastrearlo, pero los resultados son… interesantes."
La pequeña frente de Alice se arrugó mientras tecleaba furiosamente, de pronto elevándose hasta la línea de su cabello cuando descubrió algo interesante. "¿Charlie le estaba pagado una vez al mes? ¿Además de su salario? ¿Por qué?" Preguntó, y todos nos volvimos hacia Carlisle por una respuesta.
"Ese pago mensual estaba tan profundamente enterrado en las cuentas de TT que era imposible encontrarlo a primera vista," dijo, sonriendo casi orgulloso antes de volver su atención hacia mí. "Bella, ¿conocías a Pearl?"
"¿La hermana de la tía Jane? Sí, ella estaba viviendo en un centro de asistencia cuando Jane falleció. Era más joven que Jane pero estaba mostrando los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer y demencia. Jake hizo arreglos especiales para que la trajeran al funeral, pero no estábamos seguros si en realidad sabía lo que estaba pasando," le expliqué.
"Así es. Bueno, poco después de la muerte de Jane, Charlie hizo los arreglos para que el cuidado de Pearl continuara. Supongo que Jane se había estado haciendo cargo de ella durante toda su vida. Billy se ofreció a hacerse cargo, así que ha estado pagando la residencia de ancianos por Charlie."
Suspiré, sacudiendo mi cabeza. Charlie no era el hombre que había pensado que era, y eso me molestaba porque entre más averiguaba sobre él desde que había muerto, más deseaba que hubiera sido ese el hombre que conocí al crecer.
"Increíble," murmuré, mirando furiosa a Carlisle pero Alice interrumpió de nuevo.
"Sí, pero hay otro gasto mensual que sale de ese mismo fondo, y es nuevo, Carlisle," dijo con un bufido mientras tecleaba, de repente deteniéndose por completo. "Oh, demonios no…" Se rio con un resoplido, mirándome y luego a Rose. "Adivinen quién está embarazada…" Soltó unas risitas, rodando los ojos y girando la computadora de nuevo.
Rose y yo nos pusimos de pie y nos inclinamos hacia adelante para leer la pantalla.
"Me tienes que estar jodiendo," se rio Rose, mirándome. "¿Lauren?"
"¡Esperen, esperen!" Edward se rio. "Esa no es la chica que Jake…"
"¡Sí!" Mis chicas y yo nos carcajeamos al mismo tiempo que Mack salía disparada de la cocina para echar un vistazo.
Caí de vuelta en mi silla riéndome. "Me estás tomando el pelo con esta mierda, ¿no? ¿El tonto de Jake va a ser papá? ¡Oh, por favor, deja que sea yo quien se lo diga!"
"Es gracioso que lo digas porque de hecho, Billy sugirió eso," se rio Carlisle, seguido por todos los demás en la habitación. "No está nada contento con su hijo, aunque estaba preocupado por él una vez que supo dónde estaba."
"Hum, apuesto a que no," gruñí, cruzando los brazos sobre mi pecho y rodando los ojos. "Así que, déjame ver si lo entiendo… ¿Billy no estaba actuando a nuestras espaldas?" Pregunté, y Carlisle negó con la cabeza. "¿Y ha sido leal a mi padre—y al parecer, a mí—todo este tiempo?" Continué, y él asintió lentamente. "Bueno, joder, gracias. Un cabrón menos contra el que luchar."
Edward resopló en una fuerte carcajada, acercándome a él cuando todos los demás se le unieron.
"¡Pero, espera!" Dije, inclinándome hacia adelante en mi asiento. "¿Por qué te estaba evitando?" Le pregunté a Carlisle.
"Sabía sobre mi respaldo a Gravity," comenzó a explicar. "También está al tanto de lo que hago aparte de TT—gracias a Charlie—así que asumió que con la traición de Jake hacia ti, la desaparición de tu padre y la tuya, que estaba en problemas conmigo y que lo despediría… o peor. Asumió que lo acusaba de tratar de apoderarse de la compañía—lo que, si no me hubiera presentado cuando lo hice, podría haber hecho—pero esa no era su intención. Él fue la persona que te reportó como desaparecida, Bella, pero fue por preocupación, no por malicia."
Inhalé profundamente y lo dejé salir.
"¿Pero cómo conseguiste una sombra en la casa de Black?" Preguntó Edward, frunciendo el ceño.
"La policía local sigue buscándote a ti y a Bella, por lo que están vigilando a todo el que la conoce, todo el que conoce a su padre," dijo, recostándose en su silla. "Y si la policía sigue buscándolos…"
"También King," refunfuñó Edward, rodando los ojos. "Lo que nos lleva a lo que hemos planeado, papá." Su rostro estaba sombrío cuando levantó la vista hacia su padre.
Con eso dicho, los planes fueron presentados a Carlisle. Era la última persona que necesita que se le pusiera al tanto de lo que estábamos haciendo—y lo más importante, en lo que a mí me concierne, porque jugaba un papel muy importante en TT. Con Carlisle permanentemente de regreso con nosotros y considerando que Billy Black no era una amenaza, podríamos tomar el siguiente paso con más atención. Podríamos enfrentarnos a Royce King.
~oOo~
EDWARD
"Vamos a tener que llamar a una conferencia de prensa," le dijo mi padre a Rose. "Vas a tener que hacer eso, pero es de Bella de quien van a querer saber. Van a querer escuchar de ella que no estaba solo desaparecida, que estaba de viaje de negocios o algo así."
"Podríamos decir que estaba en un caso en California del que no podía simplemente marcharse—y eso hace que sus razones sean privadas porque no puede hablar sobre un cliente," concordó Rose, tomando notas porque ella iba a ser la que tenía que regresar a su antiguo trabajo y, básicamente, meterse en los zapatos de Charlie por la que podía ser la última vez. Era algo que se estaba tomando muy en serio.
"¿Qué hay de ti?" Preguntó él, inclinándose hacia adelante en su asiento.
"Creo que lo mejor sería decir que estaba manejando un asunto familiar fuera del estado," dijo ella, anotando eso también al mismo tiempo que él asentía de acuerdo.
Bella estaba callada mientras la abrazaba. La tía Kate había querido alimentarnos una última vez antes de irnos. Habíamos elaborado y planeado por dos días sin parar. Algunos de nosotros se iban esta noche y otros por la mañana. Emmett, Rose, Bella y yo volaríamos mañana muy tarde por la noche—o muy temprano la mañana siguiente, dependiendo de cómo se viera. Llegaríamos a las Torres de Twilight tan pronto como comenzará el día de trabajo. Ni bien lleguemos, Rose va a llamar a conferencia de prensa, anunciando la muerte de Charlie Swan y el regreso de su hija. Para entonces, todos deberían establecerse en el departamento de Charlie, instalarse en las salas de seguridad, y colocarse a través de todo el edificio para la llegada de la prensa.
Era entonces que un homenaje iba a ser anunciado porque para cuándo llegáramos a Seattle, se estaría preparando a Royce King para liberarlo de vuelta a las calles. Queríamos hacer coincidir su liberación con el homenaje, haciendo que su trasero mordiera el anzuelo. Todos teníamos la sospecha de que todavía había alguien dentro de TT que trabajaba para él además de uno de los hermanos Savage que manejaba la división de teléfonos móviles. Mi padre incluso tenía una corta lista que estaba investigando en la que quería las opiniones de Bella y Rose una vez que llegáramos.
Pero por el momento, solo estábamos disfrutando de una noche afuera mientras el fuego ardía, la carne estaba en la parrilla, y las conversaciones oscilaban entre lo que estábamos a punto de tomar parte, hasta jodidos deportes. Bella y yo estábamos acampados sobre unas pacas de heno. Ella se había quedado callada todo el tiempo, mirando al fuego, pero ahora la conocía lo suficiente para saber que todavía estaba escuchando… todo.
"¿No tienes una opinión de esto?" Le pregunté en voz baja en su oído.
"No," suspiró, negando y recostándose de nuevo en mi pecho. "Confío en ambos con cualquier historia que quieran elaborar."
Era interesante ver la dinámica que todo el mundo traía ahora a la mesa, que traía a las relaciones entre mi equipo, las chicas de Bella, y ahora Eleazar y sus hombres. Alec estaba contando viejas historias sobre mi padre a Rose, Alice, y Makenna que estaban disfrutando como unas jodidas niñas. Eleazar, Felix y Eric estaban intercambiando historias con Emmett y Jasper referente a todo tipo de secretos de gobierno. Al parecer no les importaba quién lo sabía, y para ser sinceros, ¿a quién le iban a contar?
Mi padre estaba agradecido con Eleazar y le dio la bienvenida con entusiasmo. De hecho, eran la perfecta incorporación a la misión porque estaban dispuestos a ofrecerse para cosas clandestinas mientras que el resto de nosotros todavía tenía que mantener una fachada en TT.
Miré alrededor del fuego, observando sonrisas, el intercambio de historias divertidas, y para Mickey, un adiós temporal a Obie. Él estaba lívido porque se iba, pero no se le podía hacer cambiar de opinión. Le ofrecí una salida, sin querer nunca atrapar en esta vida a un miembro de mi equipo sino querían estar allí, pero ella dijo que no, que nos apoyaría hasta el final, que se le necesitaría dentro del edificio. Tenía planes de regresar a la casa de tía Kate cuando todo terminara. Y mientras sostenía su mano, podía verla tratando de ser fuerte, reconfortante, aun así la preocupación estaba escrita en todo su rostro.
Cómo podía hacer planes tan avanzados a futuro. Por mucho que me encantaría planear mi futuro y el de Bella juntos hasta el mismísimo minuto de nuestra muerte por la puta avanzada edad, juro por Dios, que no podía ver más allá de Seattle. Sabía que iba a llevar a Bella a casa conmigo. Eso era todo lo que sabía, todo lo que podía esperar. Cualquier cosa además de eso mi hacía cagarme del miedo porque joder, era como pedir demasiado.
Fui sacado de mis pensamientos por Bella volviéndose un poco para mirarme, llevando la más tonta de las sonrisas.
"¿Por qué usas una gorra de béisbol al revés?"
Me eché a reír, sacudiendo la cabeza, y la atraje un poco más hacia mí para susurrarle al oído. "Es un secreto," le dije con una sonrisa de suficiencia, pero hizo un adorable puchero por no decirle. "Es algo tonto, en realidad. Mi cabello, amor. Es fácil de ver y señalar, incluso si no pueden decir el color. Nunca se queda abajo. Nunca."
Sonrió con dulzura, mordiendo su labio inferior y levantando la mano para pasar los dedos a través de él. "Eres muy guapo para pasar desapercibido… con gorra o no," me dijo en voz baja. "Te garantizo que fue Tanya quien dio la descripción a la policía…"
Bufé, poniendo los ojos en blanco y sintiéndome como un pendejo por mi comportamiento con la recepcionista de Spencer, Wyatt y Towsend, la firma legal a la que Bella había entregado las fotos de su último caso. Había estado tan confundido sobre mis sentimientos por la pequeña morena en mis brazos que no había tenido idea de cómo interpretarlos porque solo nos habíamos conocido por algunas semanas. Reaccioné como un cabrón chauvinista.
"Lo siento por eso," murmuré, pasando una mano por mi cabello.
Se rio, rodando los ojos. "No estaba preocupada por eso," dijo con un resoplido, sacudiendo su cabeza. "Solo tenía curiosidad. Cada vez que hemos tenido que hacer algo, te pones una, y siempre es hacia atrás."
"Apunto mejor sin la visera," le expliqué, encogiéndome de hombros, "pero cubre mi cabeza, y ahora es más como un amuleto de la buena suerte. Empecé a usar una cuando teníamos que abrirnos camino por las junglas y bosques. No quería insectos y esa mierda en mi cabello."
Su risa era contagiosa, su cabeza cayendo hacia atrás. "¿Al enorme, malo y perverso Edward, no le gustan los insectos?" Bromeó, retorciéndose y chillando en mi regazo cuando le hice cosquillas.
Acercando su oído a mi boca porque todos la estaban viendo divertidos, susurré, "Puedo mostrarte algo… grande, dulzura…"
"Mmm," murmuró, todavía conteniendo su sonrisa mientras lamía sus labios. Sus ojos se oscurecieron a la luz del fuego. "Como si no lo supiera."
Miré alrededor del fuego, notando que estaba recibiendo ciertas miradas, sobretodo de mi equipo y sus chicas, sin mencionar las sonrisas divertidas y orgullosas de Esme y mi padre. Casi podía ver lo que estaban pensando. Lo diferente que era ahora, comparada a cómo la habíamos encontrado. Lo abierta, honesta, divertida y brillante que era cuando no estaba llena de ira y miedo. Y había una parte de mí que odiaba pensar lo que esta próxima y final misión traería. ¿Se mantendría fuerte? ¿O algo la haría retroceder diez pasos a como estaba antes?
Luego estaba el orgullo que afloraba dentro de mí consciente de que yo había provocado esa risa, ese momento de boberías, y que era en mí en quien confiaba y a quien necesitaba y quería allí para protegerla, porque Bella me recordaba a esos gorriones que mi madre amaba tanto. Era silvestre y libre, bella e inalcanzable, frágil y fuerte, todo al mismo maldito tiempo, pero yo era el árbol al que llegaba volando a casa. Tenía que ser ese árbol para ella, necesitaba ser inmutable para ella, solo en caso de que algo saliera terriblemente mal.
"Necesito que me prometas algo, amor," dije en voz baja, tomando entre mis manos su rostro todavía sonriente.
"Sí, claro. Lo que sea," juro, su frente ahora arrugada por la preocupación.
"Necesito que me prometas que harás lo que te diga cuando se trate de tu seguridad, que trabajarás conmigo, no contra mí, porque te necesito y no podría soportar si algo te pasara."
Tragó saliva, asintiendo y giró su cabeza para besar el interior de su mano. "A pesar de que chocamos de vez en cuando, hacemos un buen maldito equipo, cariño," me dijo, su rostro totalmente sincero. "Hemos estado en desacuerdo antes pero nunca cuando hemos estado realmente en el campo haciéndolo…"
Me quedé callado, estudiando su rostro, y asentí porque tenía razón. Nunca habíamos discutido cuando llevábamos a cabo un plan, con la excepción de lo que pasó en la oficina legal, pero todo eso fue por mi estúpida y saturada de testosterona culpa. Tragué grueso antes de hacerla prometerme una cosa más.
"También necesito que te mantengas fuerte, Bella. Si algo pasa—" Titubeé porque no podía decir nada específico; no necesitaba ese tipo de mala suerte de mierda. "—a cualquiera de nosotros, necesito que seas fuerte."
"Nada te pasará," siseó, sus ojos encendiéndose con fuego puro al mismo tiempo que agarraba mi rostro. "Maldición, nada. Moriré antes de que eso suceda," juró, y su honestidad me asustó porque esa mierda la dijo en serio.
"Eso es lo que temo, bebé," suspiré derrotado porque no podía culparla de pensar lo mismo que yo estaba pensando, "pero lo entiendo." Fruncí el ceño, inclinándome para besar brevemente sus labios antes de echarme hacia atrás para mirarla. Ella era todas las cosas buenas, perfectas y hermosas para mí, y me había hecho una mejor persona desde que la saqué de ese puñetero sótano de Miller. "E-Entonces t-trabajaremos j-juntos en t-todo. ¿M-Me e-escuchaste?" Balbuceé, sin que me importara una mierda a estas alturas.
"Sí, te escucho, Edward," me tranquilizó, pasando sus manos por mi cabello. "Fuerte y claro. Ahora es tu turno de hacerme una promesa." Dijo con un suspiro, mirando alrededor del fuego para asegurarse que no nos escucharan. Cuando asentí, continuó. "Te necesito concentrado porque aun cuando soy un objetivo, también lo son todos los que están aquí sentados. Voy a hacer lo que tú digas, pero tienes que fijar tu mente en terminar con esto, en apegarse al plan. Todos aquí necesitan estar a salvo, y necesitan tu experiencia, tu fuerza y tu inteligencia, bebé. No solo yo. Nuestras vidas dependen en todos nosotros trabajando juntos, no solamente la de aquellos sin los que no podemos vivir.
"Cuando esto termine," me dijo, agarrando mi rostro y pegando su frente a la mía, "nunca tendrás que hacer esto de nuevo si no quieres. Demonios, puedes hacer mesas y sillas el resto de nuestras vidas, si eso es lo que decides."
Le sonreí, riéndome un poco, porque esa mierda se escuchaba como el puto cielo. "Sí, señora."
"O…" Sonrió con suficiencia, echándose hacia atrás para mirarme con una ceja levantada. "Siempre podrías traer esa experiencia y cerebro al lado oscuro. Podrías trabajar para mí…"
Le sonreí con suficiencia mientras se movía en mi regazo, contoneándose para acercarse como lo hacía cuando quería algo.
"Es un trabajo más seguro," continuó explicando, "y encontrar un niño perdido es malditamente gratificante, sin mencionar lo divertidos que son algunos infieles…"
"Ya veremos, dulzura," me eché a reír, interrumpiéndola y besando sus labios fruncidos. "¿Estás planeando abrir de nuevo Gravity, entonces?"
"Sí," dijo con un suspiro, mirando en dirección a sus chicas y luego de nuevo a mí. "¿Eso te molestaría?"
Estaba negando antes de que siquiera terminara la pregunta. "Demonios, no, pero si vivimos en Forks…" Comencé a decir, pensando en que era un viaje endemoniadamente largo para trabajar.
"Tal vez lo abra de nuevo allí," dijo encogiéndose de hombros. "Es más seguro que Seattle, y podría mover a las chicas…" Suspiró, mirándolas otra vez. "No lo sé. Supongo que tienes razón, ya veremos."
"¿De dónde salió el nombre?" Pregunté, inclinado mi cabeza hacia ella porque era una pregunta que tenía la intención de hacer.
"¿Gravity?" Se rio, y asentí incapaz de no sonreír con ella. "Algo que mi madre dijo una vez… Puede que la gente no siempre viva bajo los mismo credos o normas, pero todos tenemos que seguir la Ley de la Gravedad, porque todos caemos sobre nuestros traseros cuando metemos la pata."
Me reí entre dientes, pensando que eso era malditamente perfecto tomando en cuenta como se ganaba la vida mi chica. También me pareció perfecto porque era por Renee que Bella quería venganza.
Eleazar se puso de pie, revisando su reloj, y sus hombres lo siguieron. Era el momento para que los primeros de nosotros se separaran por ahora. Hubo apretones de manos y despedidas, sin mencionar los buenos deseos y abrazos de parte de las chicas.
"Vamos a comenzar con los hermanos Savage," Eleazar le dijo a mi padre. "Vamos a despejar el camino para que tengan comunicación abierta. Uno maneja una tienda de empeño, aunque en realidad, es un servicio de intercambio de información junto con un tráfico de drogas constante. El otro es el idiota de los móviles, y él se va primero. Tu pequeña por allá ya ha asegurado un montón de cajas de putos teléfonos, y supuestamente, serán entregados mañana en las Torres de Twilight. No pregunté, pero estoy malditamente seguro que no podrías rastrear a esos hijos de puta, de todos modos," se rio entre dientes, rodando los ojos cuando Alice se rio junto a él.
"Probablemente tienes razón," mi padre se echó a reír, dando a Alice un apretón en el hombro. "Jasper, Alice, Esme y yo nos iremos por la mañana, y Mickey y Makenna nos seguirán. El resto se irá volando varias horas más tarde," dijo, haciendo un gesto con la mano en nuestra dirección. "Alec se va contigo. Va a ver qué información puede sacar de los hermanos Savage antes de que… desaparezcan."
Le sonreí a Alec, que parecía estar recibiendo un regalo de Navidad por adelantado mientras se tronaba los nudillos y el cuello, sonriendo diabólicamente, pero les dio a todas las chicas risueñas un guiño y otra ronda de abrazos.
"Pongamos esto en marcha de una puta vez, ¿les parece?" Preguntó, señalando la SUV que condujo.
Después que todas las maletas fueron cargadas y la mayoría de los hombres estaban sentados, Eleazar se volvió hacia nosotros. "No utilicen un teléfono hasta que sepan de nosotros. Una vez que este despejado, podrán empezar a comunicarse, y eso hará esta mierda mucho más fácil," nos dijo a todos con un resoplido. Estrechó la mano de mi padre una vez más antes de subir a la camioneta. "Los veremos en tres días como acordamos," dijo, levantando tres dedos. "Todos tengan cuidado."
Con eso, Alec salió de la granja, llevando con él la primera oleada de nuestra ofensiva.
Esa noche, las pesadillas de Bella estuvieron en su punto más alto, y me pregunté si al acercarnos más a nuestra ida, peor se pondrían. Una vez que todos los demás se fueron, le rogué que descansara un poco, pero tenía razón, sus pesadillas empeoraron. No que las mías fueran mejor.
Solía soñar con la niñita en Iraq que nos engañó con la granada. Luego cambió a siempre ir en búsqueda, siempre siguiendo a Bella. Pero estas eran diferentes, era una combinación de las dos. La niñita le quitaba el seguro, como muchas veces antes en mi sueño, pero esta vez, en lugar de que Mike Newton cayera sobre ella, era Bella.
Me desperté sobresaltado, todo mi cuerpo temblando por el miedo y la repulsión, mirando a la hermosa chica durmiendo en mi cama. Todavía estaba aquí, seguía perfecta, todavía en una pieza. Dejé escapar un suspiro que no me había dado cuenta que estaba conteniendo.
Me acerqué, dejando un beso en su frente, inhalando profundamente su aroma y deleitándome con el sonido de mi nombre que salió como un susurro de sus labios.
"No te atrevas a morir para salvarme, amor," le susurré—o tal vez era un ruego a quien sea que estuviera escuchando. "No lo valgo, bebé."
"Tú lo eres todo, Edward," dijo entre su aliento, dándose la vuelta en su sueño y acurrucándose en una adorable bolita.
Cerrando mis ojos con fuerza para contener las lágrimas como resultado de su inesperada respuesta, besé su frente una vez más antes de levantarme para tomar una ducha. Tenía unos minutos más antes de que tuviera que despertarla.
~oOo~
BELLA
Corrí y corrí por los interminables pasillos de Twilight Tech, buscando algo que simplemente no podía identificar. Tenía que encontrar ese algo porque alguien me estaba siguiendo. Necesitaba estar a salvo, tenía que encontrar refugio.
Cuando di la vuelta en otra esquina, por fin vi lo que estaba buscando—Edward—pero entre más rápido corría, más lejos parecía estar él. Llevaba mi favorita sonrisa torcida, pasando una mano por su cabello, y justo cuando parecía que casi podía alcanzarlo, una mano agarró mi brazo…
"¡Mierda!" Jadeé, sentándome en la cama, mirando al espacio vacío junto a mí, pero fue entonces cuando oí los sonidos de la ducha.
Salí de la cama, prácticamente tropezándome yo sola con las mantas que se habían enredado alrededor de mi tobillo, y entré de prisa al baño.
Podía verlo, claro como el día, a través de las puertas esmeriladas de la ducha, pero necesitaba escucharlo, tocarlo… Tenía que asegurarme que la protección y seguridad que había estado buscando en mi sueño estaba asequible en la realidad—que solo era un puñetero sueño, y que cada vez que necesitara sentirme a salvo, solo tenía que encontrar a Edward, a sabiendas que él siempre estaría allí.
Quitándome la ropa—la camiseta y bóxer de Edward—y dejándolos caer al piso del baño, no podía imaginar otra silueta más hermosa o sexy alguna vez creada mientras me lo comía con los ojos en la ducha. Eran los músculos, un trasero definido, y su impecable polla—todo perfectamente delineado a través de la puerta de la ducha. No era de ayuda que se estuviera lavando el cabello, de manera que todo tomó una apariencia flexionada y completamente diferente.
Incapaz de quedarme lejos de él por más tiempo, deslicé la puerta de la ducha para abrirla.
"Me preguntaba cuánto tiempo te la ibas a pasar mirándome, amor," se rio entre dientes al mismo tiempo que envolvía mis brazos a su alrededor desde atrás.
"Era una vista fan-jodidamente-tástica," murmuré en la piel de su fuerte espalda, sonriendo cuando se rio otra vez, pero todo mi cuerpo se estremeció cuando finalmente pude sentirlo, olerlo, tocarlo.
"Hey," me tranquilizó, llevándome hacia su frente. "¿Por qué estás temblando?" Preguntó, poniéndome bajo la ducha. "Ven… entra en calor."
"No es… frío," murmuré, parpadeando para alejar el agua de mis ojos y envolviendo mis brazos a su alrededor de nuevo, esta vez por el frente. Cada pedacito de mi piel que tocó la suya se encendió en llamas.
Edward estaba caliente, mojado, enjabonado, y olía muy bien mientras besaba el tope de mi cabeza. Todavía estaba temblando, todavía asustada de mi sueño cuando le di un beso en el centro de su pecho en respuesta.
Como si conociera mis pensamientos, lo que había soñado, susurró, "Estoy aquí, Bella."
"Lo sé," susurré contra su piel, deseando con todo lo que tengo poder expresar con palabras lo que estaba sintiendo por dejar la granja, empezar este nuevo paso, incluso lo que el sueño me hizo sentir, pero no tenía palabras.
Estaba llena de preocupación y miedo por todos los que conocía y amaba—en especial por el hombre al que me aferraba desesperadamente en ese momento. Sentí las puntas de sus dedos levantando mi barbilla de manera que pudiera mirarme, y fijé mis ojos en los suyos, que estaban verdes, cálidos y reconfortantes. Ni siquiera podía decir su nombre en este punto, pero podía besarlo.
Estirándome sobre los dedos de mis pies, presioné mis labios a los suyos tratando de calmar mi corazón, mi respiración, mis nervios. Deslicé mis manos hacia arriba y sobre sobre sus hombros, acercándome más, como si eso fuera posible. Nos besamos bajo la ducha, degustando lenguas, agua y labios.
Las manos de Edward se deslizaron por mi piel mojada con relajadas, largas y profundas caricias a mis brazos, espalda y trasero. Cuando al fin se apartó de mi boca, se tomó su tiempo con besos con la boca abierta en mi cuello, dando la apariencia de estar bebiendo el agua de mi piel.
"Date la vuelta, Bella," ordenó en voz baja, colocando sus manos en mi cintura y girándome con cuidado para que quedara frente el spray de la ducha. "Déjame hacerte sentir mejor…"
Con cautas pero firmes manos, Edward procedió a lavar cada centímetro de mi espalda, trasero y piernas, solo para darme la vuelta para enjuagarme. Se hincó con reverencia frente a mí, sus manos todavía en mis muslos a medida que sus ojos oscuros recorrían cada centímetro de mí. Parecía estar viendo cada cicatriz que tenía, incluso las pequeñas que ya se habían desvanecido, gracias al tiempo y la crema para cicatrices que Esme me había dado.
"Apenas puedes verlas ahora," reflexionó, finalmente levantando la vista a mi rostro.
Su dedo trazó el largo de la que estaba en mi muslo—que seguía siendo la peor—y luego las dos quemaduras en mi estómago, y finalmente, la que estaba en mi esternón. Levantó mi pierna besando la parte exterior de mi tobillo donde pasó la bala que había rebotado en el árbol cuando estábamos en la cabaña de la montaña. Era una cicatriz que ni siquiera me importaba, en la que ni siquiera me moleste en ponerle crema, pero que él recordaba.
Tal vez a Edward también le faltaban palabras, porque ni siquiera estaba segura que estuviera consciente de que había hablado en voz alta. Después de inclinarse para dejar un beso en mi vientre, continuó con su tarea de bañarme. Fue tan dulce cuando me lavó entre mis piernas—no de forma sexual, sino cariñosa. Por más que lo deseara—probablemente más que nunca en esos momentos tan dulces—nunca me había sentido tan amada, tan preciada de lo que me sentí justo en ese momento.
Cuando al fin se puso de pie frente a mí, agarró el champú y masajeó mi cabello desde el cuero cabelludo hasta las puntas, haciendo lo mismo con el acondicionador. Sonreí cuando cerró la llave del agua, agarrando una toalla para envolverla en torno a mí. Con un solo movimiento rápido, me puso en la alfombra de baño fuera de la bañera, asegurando su propia toalla alrededor de su cintura.
"Ven aquí," dijo por fin, subiéndome a la encimera del tocador. Tomó mi rostro entre sus manos, llevando sus labios a los míos por un breve beso. "Te amo tanto," susurró, pegando su frente a la mía y parándose entre mis piernas. "Estoy… asustado también, amor. Más de lo que alguna vez lo he estado en cualquier misión que he hecho jamás, porque esto significa demasiado para joderlo," confesó en voz baja.
Asentí, tirando de su toalla para abrirla y dejándola caer al suelo. El vapor de nuestra ducha flotaba a nuestro alrededor cuando abrí mi propia toalla.
"También te amo," susurré, envolviendo mis piernas alrededor de su cintura. "No quiero dejar esta habitación, dejar esta casa sin que lo sepas."
"Lo sé, bebé," me dijo, prácticamente gimiendo las palabras porque su excitación estaba ahora atrapada entre nosotros.
Pude sentirlo moverse solo lo suficiente y luego deslizarse lánguidamente dentro de mí. Un lloriqueo se escapó de mi boca cuando me llenó por completo, su cabeza cayendo en mi hombro. Nos aferramos el uno al otro por solo un momento, nuestra respiración irregular, nuestras manos agarrando con fuerza al otro.
La mano de Edward bajó por mi costado, a lo largo de mi muslo hacia mi rodilla, cuando de pronto la levantó entre nosotros, hundiéndose aún más profundo dentro de mí que antes. Nunca había estado en esa posición y era fantástico. Podía sentir todo dentro de mí contraerse en él.
Jadeé cuando se echó hacia atrás, penetrando con un poco más de fuerza. Era una probadita de lo que estaba por venir. No iba a ser delicado, esto es algo que estaría sintiendo mucho después que aterrizáramos en Seattle.
"Joder, quiero que te corras con tanta fuerza, bebé," gruñó en mi cuello, arrastrando sus dientes por mi piel. "Quiero que me sientas la próxima semana. Quiero que estés consciente de que siempre estaré… justo allí," gruñó, penetrándome de nuevo.
Edward empezó un ritmo que era profundo, girando sus caderas y largas estocadas dentro de mí. Su frente pegada a la mía mientras su boca se curveaba en una sexy sonrisa que me dejaba sin aliento. Me incliné hacia atrás sobre mis manos, mis caderas encontrándolo con cada empuje de sus caderas, y más de una vez, grité su nombre, y más de una vez, sus manos sujetaron con demasiada fuerza mis caderas, pero era el tipo de dolor que se sentía bien, que intensificaba la experiencia.
Mi primer orgasmo me golpeó con fuerza y rapidez, provocando que mi pierna se deslizara de su hombro y bajara a la encimera.
"Uno," gruñó, saliendo de mí de pronto y cayendo de rodillas.
Antes de que pudiera decir algo más, su boca estaba caliente y húmeda en mi centro, lamiendo, chupando, provocando y mordiendo. Forzó mis piernas a abrirse más, a mis caderas a quedarse quietas a medida que su experta boca me inducía a otro orgasmo, mis manos aferradas a su cabello como si fuera una cuerda salvavidas.
"Dos," se rio misteriosamente, lamiendo sus labios antes de envolver sus brazos a mi alrededor.
Me encontré de espaldas pegada a la puerta del baño, mi cabeza golpeando contra ella cuando entró en mí de nuevo con un poco menos de fuerza esta vez.
"Edward," siseé, cuando entró en mí con un delicioso giro de sus caderas.
"Puedes hacer algo mejor que esa mierda, Bella," se rio entre dientes, cuando envolví mis brazos y piernas en torno a él. "Quiero más… ¿Quieres otro amor?"
"Joder, sí," dije la verdad con un gruñido porque lo quería. A este punto quería lo que sea que me diera. Agarrando su rostro, supliqué, "Juntos…"
"Muy cerca, amor… jodidamente cerca," dijo con un gesto de su cabeza al mismo tiempo que una gota de agua o sudor cayó de su ceja a su barbilla.
Mis talones se clavaron en su trasero, mis dedos se entrelazaron en su cabello húmedo y mi respiración era errática, pero todo mi cuerpo estuva a punto de llegar a su límite cuando alcancé a ver un destello de nosotros en el espejo,
"Oh Cristo," jadeé, mis ojos cerrándose con fuerza por solo un segundo.
No estaba segura de haber visto jamás una mierda tan fenomenalmente sexy como lo que mis ojos disfrutaron en ese momento. Había visto algo de porno, estado con un hombre frente a un espejo, pero nada… nada se comparaba a lo que vi en ese momento.
Todos los músculos de la espalda de Edward se retorcían debajo de la piel suave. Su trasero se flexionaba con cada estocada dentro de mí, y mi Dios, sus piernas eran como planchas de acero mientras nos apoyaba en la puerta. Sus brazos estaban firmes al agarrar mis nalgas con cada empuje. Añadiendo mis piernas envueltas a su alrededor y la apariencia sonrojada de ser follada concienzuda y satisfactoriamente por la cosa más hermosa en la que alguna vez había puesto mis ojos, y estaba acabada.
"Me voy a correr, Edward," dije en voz baja en su oído, mis dientes cerrándose en su cuello.
"Mierda, B-Bella," tartamudeó, antes de presionarme por último en la puerta con todo su peso mientras se corría con fuerza dentro de mí. Dejó un largo y lento beso en mi hombro, levantando la vista hacia mí a través de esas mortíferamente largas pestañas. "Tres," ronroneó, dándome mi favorita sonrisa torcida y un guiño cuando no pude evitar carcajearme.
No pasó mucho tiempo antes de que estuviéramos vestidos y hubiéramos empacado, llevando nuestras cosas hacia el helicóptero. Rose y Emmett estaban cargando sus cosas cuando nos acercamos, con la tía Kate siguiéndonos.
"Tía Kate, de verdad, deberías estar en la cama," la reprendió Edward, sacudiendo su cabeza cuando ella hizo un gesto con su mano sin darle importancia.
"Oh, bah," se mofó, rodándome los ojos y atrayéndome en un abrazo. "Cuídense entre ustedes, ¿entendido?" Susurró en mi oído, y asentí. "Es un buen chico, pero no dejes que te frustre hasta morir, Bella."
Me reí con un resoplido, echándome hacia atrás solo un poco para besarla en la mejilla. "No lo haré. Lo prometo," solté unas risitas.
Abrazó a Rose y Emmett, para finalmente volver su mirada hacia el único hijo de su mejor amiga. "Edward Anthony, ven a darme un abrazo, hijo."
Podía darme cuenta que también le estaba susurrando, porque él asintió, sonrió y besó suavemente su mejilla.
"Vamos, chicas, dijo Emmett, ofreciéndonos una mano. "Vamos a ajustar su cinturón, ¿de acuerdo?"
"Gracias, Em", le dije cuando nos subió a mí y luego a Rose a la parte posterior del helicóptero.
"¿Cómo se siente con él volando esta cosa?" Preguntó Rose, riéndose entre dientes mientras estábamos aseguradas y observando a los chicos preparar el helicóptero.
"Es… increíble," respondí riéndome, sintiéndome orgullosa de Edward. "Como si ni siquiera sintieras que te estás moviendo."
Se rio y asintió, mirando hacia la granja. "¿Estás asustada?"
"Sip." Respondí con un bufido y asintiendo. "¿Tú?"
"Un poco," dijo con un suspiro, volviéndose hacia mí cuando los chicos subieron al frente. "Sin embargo, estamos en buenas manos," susurró, guiñándome un ojo.
Miré hacia el frente, sonriendo cuando los chicos se pusieron sus auriculares y Edward accionó algunos interruptores. Les habíamos dicho que se vistieran todos de negro como nuestros guardaespaldas, y lo habían hecho. Se veían grandes, atemorizantes y malos para quienes no los conocían, pero no lo eran para nada. Harían cualquier cosa por nosotros, y lo sabíamos.
Estábamos a punto de entrar a un mundo de crimen y caos, de muerte y mentiras. Los dos chicos al frente de ese helicóptero, al igual que las diez personas que ya estaban de camino, solo querían ayudarnos a recuperar nuestras vidas. Ya habían derramado sangre, sudor y lágrimas, y no estaba segura de cómo encontraban las fuerzas para dar más, pero siempre estaría agradecida con cada uno de ellos.
Me volví de nuevo hacia Rose con una suave risa. "Sí… definitivamente unas buenas manos."
(1)Una broma muy común en el idioma inglés con frases que se pueden tomar con doble sentido, solo añaden "That's what she say" o "Eso dijo ella."
Hola Disculpen la tardanza salí de vacaciones por las fiestas (sigo en ellas) y por eso no había podido actualizar la historia, pero aquí les dejo un capi. ¿Qué tal esa escena de acción donde salvaron a Carlisle? Sin duda se han convertido en un gran equipo ahora con Eleazar y sus hombres en el juego, y ahora vamos de vuelta a Seattle y a enfrentar a King. Veremos a todo el equipo en acción y si el plan que han elaborado tiene éxito. Muchas gracias por sus alertas y favoritos, solo recuerden que sus reviews son lo que ayuda a todo autor y en mi caso traductor a seguir con ánimo compartiendo estás historias. Por último y no menos importante, espero que hayan disfrutado de una muy Feliz Navidad en compañía de amigos y familiares y ahora les deseo a todos ustedes un ¡Feliz Año Nuevo 2015! Que este año que viene traiga bendiciones y mucha felicidad para ustedes y sus familias.
