Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.
Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.
Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.
CAPÍTULO 23
BELLA
No había forma de que comprendiera los sentimientos que llegaron al ver de nuevo la Torre Twilight—desde el aire o no. Respiré hondo, dejándolo salir lentamente, pero Rose me miró, al oírlo claramente por el auricular. No dijo nada—no tenía que hacerlo—pero tomó mi mano en la suya mientras Edward bajaba el helicóptero con suavidad sobre el helipuerto del edificio de mi padre.
Mi edificio.
Solté un resoplido, sacudiendo la cabeza ante la idea, y miré hacia donde Carlisle—ya vestido impecablemente con su traje de negocios, incluso después de conducir por dos días—venía saliendo por la puerta de la azotea. Jasper siguiéndolo, usando pantalones de vestir negros, una camiseta negra y su arma dentro de un arnés de hombro, igual que Edward y Emmett. Queríamos—y ellos estuvieron de acuerdo—que se vieran como guardaespaldas contratados, lo que hicieron. Los tres exudaban poder y que no se andaban con tonterías.
Los dos hombres mantuvieron su distancia hasta que Edward apagó su helicóptero.
Rose y yo, por otro lado, no estábamos vestidas para el trabajo, llevábamos jeans y camisetas. Estaba muy segura que podía encontrar algo en el departamento de Charlie de la última vez que me quedé allí, y Rose sabía, de hecho, que había dejado algo de ropa de tintorería en su oficina. Nos íbamos a cambiar en la oficina de Charlie antes de que viéramos a alguien.
Una vez que las aspas disminuyeron la velocidad, desabroché mi cinturón de seguridad y deslicé la puerta para abrirla, solo para encontrarme con el rostro serio de Edward ofreciéndome su mano para bajar al helipuerto. Por mucho que quisiera aferrarme a él con todas mis fuerzas, dejé que mi mano se deslizara de la suya al momento que mis pies tocaron el techo. Después de agarrar mi maleta y arrojarla sobre mi hombro, le permití que me guiara hacia su padre con una mano en mi espalda baja.
Carlisle tomó mi mochila de inmediato y envolvió un brazo alrededor de mis hombros, sus labios en mi oído. "Solo recuerda, has estado fuera del estado en un viaje de negocios. Fuera de contacto. Rose ha estado con sus padres en Oregón de permiso. Las dos fueron contactadas por mí con las noticias de la muerte de Charlie. ¿Tiene sentido?"
Me aparté cuando él lo hizo, asintiendo. "Sí, no hay problema, Carlisle."
Afortunadamente, los empleados no tenían acceso a la azotea, por lo que el ascensor personal de Charlie estaba abierto y esperando por nosotros para cuando dejamos el helipuerto y descendimos un corto tramo de escaleras. Jasper y Edward tomaron las esquinas más lejanas y Emmett se quedó frente a nosotros mientras Carlisle se volvió para vernos a Rose y a mí.
"Bella, además de… lo obvio," empezó a decir, escuchándose totalmente incómodo, "hoy también tenemos que sentarnos con el abogado de Charlie. Tiene que revisar el testamento de tu padre."
"Bien," susurré, tragando pesadamente. "¿No vas a tomar tú el control?"
"Si eso es lo que quieres," respondió, tomándome por los hombros. "Al final, Charlie te la dejó a ti, Bells. Si deseas entregármela a mí, sería un honor, pero primero tendrá que firmarse el papeleo. Fijaremos esa reunión para más tarde esta mañana antes de la conferencia de prensa."
"Va a ser un largo día de mierda," dije con un suspiro, sacudiendo mi cabeza.
"Mi sugerencia," dijo, justo cuando nos detuvimos por completo frente a la oficina de Charlie, "es que la mantengas a tu nombre hasta que esto haya terminado. Temporalmente. Contará con un elemento sorpresa. De esa forma, podrás cambiar las cosas como te parezca… como quién está a cargo de la seguridad," me instó, inclinando su cabeza hacia mí. "Así como el número de guardias que quieres y las medidas que desees tomar para el funeral."
"Perfecto," dijo Rose con un bufido. "Ahora mi mejor amiga es mi jefe. ¡Y es en serio!"
Le sonreí, total y completamente agradecida por su sarcástico sentido del humor porque lo necesitaba.
"Además," continuó antes de dejarnos salir del ascensor, mirándonos a todos nosotros, "la de la oficina de Charlie—y supongo que también la del departamento—son las únicas cámaras de seguridad y audio—libres por ahora." Mantuvo su voz baja cuando dijo, "Cuiden cómo interactúan entre ustedes frente a los empleados, abogados y la prensa."
"Sí, señor," todos murmuramos, siguiéndolo hacia afuera y al interior de la oficina ejecutiva.
Fue entonces cuando se rompió mi corazón porque recuerdos tras recuerdos me inundaron—las veces que mi madre me trajo aquí cuando era una niña, las veces que había venido de visita después de la escuela, la veces que había venido de visita a casa desde Quántico, y las veces que había peleado con él. Todavía tenía exactamente el mismo olor de mierda, como a cuero y cera para muebles.
Apenas si me di cuenta que Alice, Makenna y Mickey se sentaron en el área de recepción de Rose porque de pronto, necesitaba ver la oficina de mi padre. Sacando mis llaves, me apresuré a pasar por las pesadas puertas de madera oscura, inhalando profundamente el olor de la oficina de mi padre. Era Old Spice, tabaco y cuero.
A mi derecha estaba su bar, con decantadores de cristal brillando con la luz de la mañana que provenía de los ventanales directamente frente a él. A su lado estaban estanterías de pesada madera oscura, llenas de todo, desde informes de impuestos hasta cualquier novela de John Grisham con quien Charlie estaba obsesionado por el momento. Al otro lado de la habitación estaba un sofá de cuero negro y un par de sillas a juego situadas alrededor de una gran mesa de café de cristal ovalada. Era allí dónde mi padre leía los periódicos. De hecho, ahora había una pila de ellos. Mi respiración se detuvo al pensar que las fechas en esos periódicos quedarían congeladas para siempre como el último día que él estuvo aquí.
Y por último, el escritorio de mi padre. Era pesado y antiguo, la mancha igual a la de las estanterías al otro lado de la habitación. Detrás estaba el gran sillón de cuero de Charlie—un sillón en el que me había dado vueltas más veces de las que podía contar cuando era niña.
"Papá," gruñó Edward por lo bajo detrás de mí, "Te pido amablemente que le des un puto minuto."
Escuché las puertas cerrarse detrás de mí, y me giré en mi lugar para ver a Edward apoyado contra las puertas cerradas. Parecía afligido por mí y cauteloso, pero se quedó callado.
Rodeé lentamente el escritorio de mi padre, notando que todavía había archivos abiertos, su computadora seguía encendida, y su pluma favorita descansaba sobre el protector de escritorio. Mis dedos se deslizaron sobre el suave cuero de su sillón antes de girarlo para sentarme con fuerza en él.
"Solía venir aquí después de la escuela," empecé a decir, mirando hacia la ajetreada ciudad de Seattle. Tragué pesadamente tratando de mantener mis emociones bajo control. "Era más fácil para tía Jane recogerme aquí porque no tenía que pelear con las mamás de la asociación de padres de familia, y le gustaba la tiendita que hay justo a la vuelta de la esquina…" Mi voz se detuvo por solo un momento, pero tragué de nuevo. "No sé cuántas veces Charlie la llamó, diciéndole que no tenía que venir porque me llevaría a casa con él, y hacia una parada para comprar comida china. O la cantidad de reuniones de las que regresó, y yo estaba acampando en su sillón jugando GameBoy o haciendo mi tarea en su escritorio, sin importar cuantas veces me pidiera que me sentara en el… sofá…" Mi voz se quebró y de pronto, Edward estaba de rodillas frente a mí, sus pulgares limpiando las lágrimas que ni siquiera sabía que habían caído.
"La última vez que estuve en esta oficina," sollocé. "Lo acusé de engañar a mi mamá. Le juré que nunca hablaría de nuevo con él…"
"Pero lo hiciste, bebé," me consoló, metiendo mi cabello detrás de mis orejas. "Hablaste con él en la casa de la playa. Leíste su carta, amor. Sabía lo que estaba haciendo al dejarte pensar que era el tipo malo. No tuvo opción porque no quería que sufrieras. De todos sus errores, lo respeto más por ese, Bella."
En ese momento caí en sus brazos, dejando salir todo el dolor que había estado conteniendo con todas mis fuerzas, dolor que no se sentía a menos que estés viendo las imágenes puras de lo que estás tratando de ignorar con tanto ahínco. No podía ignorarlo aquí, mi papá estaba por todas partes.
Me dejó llorar durante varios minutos hasta que mis lágrimas se secaron, finalmente echándose hacia atrás para mirarme. Por primera vez, me di cuenta que si alguien sabía lo que era perder a un padre, era el hombre que actualmente estaba limpiando las lágrimas que quedaban con sus besos. Sus ojos estaban de un verde brillante debido a la luz que entraba por la ventana. Su tristeza por mí escrita en todo su rostro.
"¿Cómo supiste que necesitaba un minuto?" Le pregunté, tomando un profundo y purificador respiro.
Me sonrió con ternura, besando mi nariz. "Porque pude ver tu rostro el mismo segundo que saliste del ascensor. Te parecías a la pequeña niña que acabas de describirme… solo que muy triste."
Asentí, besando sus labios. "Será mejor que empecemos con este día tan extraño," dije con un suspiro, sacudiendo la cabeza. "Tu padre probablemente está haciendo un hoyo en el suelo allá fuera."
Se rio, tomando mi rostro entre sus manos y besando mi frente antes de ponerse de pie. Me ofreció su mano para ayudarme a levantarme.
"Sí, empecemos con esta mierda," murmuró, atrayéndome en un breve abrazo y poniendo su boca en mi oído. "Para que lo sepas… el no tocarte cuando quiero, sin importar quién demonios esté mirando, va a ser una maldita tortura para mí."
Sonreí pero me solté de su abrazo para abrir la puerta y ver varios rostros preocupados. Si vieron el enrojecimiento de mis ojos, no dieron ninguna muestra de ello.
"Ven, vamos a abrir el departamento, Ro," dije en voz baja, sacando las llaves de mi bolsillo.
Caminando hacia la estantería, metí la mano detrás de los informes de impuestos en el tercer estante y giré la llave.
"¡No te creo!" Se rio Mickey, apresurándose hacia mí para echar un vistazo por detrás. "Joder, no había visto una de estás en persona. Nunca. Es fantástica. Mi padre siempre quiso construir una, pero nadie la pidió."
Me reí de ella, sacudiendo mi cabeza. "Bueno, entonces, te encantará esto…" Empujé un lado de la estantería, deslizándolo hacia la izquierda para revelar una puerta. "Mi padre era un nerd hasta los huesos," solté unas risitas, señalando no solo la cerradura sino también el teclado.
Mickey parecía un niño en Navidad mientras estudiaba todo el mecanismo. "Oh, ahora hubiera deseado haberle hecho más preguntas a Charlie…"
Introduje el código y le di vuelta a la llave, abriendo por fin la puerta para dejar entrar a todo el mundo.
"Sí, no solo manejaba la compañía… jugaba con todos los putos juguetes," explicó Rose con una carcajada, haciendo un gesto con su mano para que todos nos siguieran.
"Creo que sería mejor si la puerta de la oficina de Charlie se cerrara antes de que alguien entrara o saliera del departamento," nos advirtió Carlisle, asegurándose de que todos lo escucháramos.
"Cuando estás dentro del departamento, puedes ver lo que está detrás de esta puerta," les dije, cerrando la puerta del departamento, la estantería al otro lado se movió de vuelta a su posición original. Señalando un pequeño monitor de circuito cerrado montando en la pared, les dije, "puedes ver a quien sea que se mueva del otro lado. Solo presionen esta palanca—" Bajé la pequeña palanca junto al interruptor de la luz "—y pueden salir."
"Maldición," dijo Edward, sus cejas elevándose.
"No me jodas," se rio Jasper, negando con la cabeza. "Charlie era más genial de lo que originalmente pensé."
Carlisle se echó a reír, palmeando el hombro de su hijo. "Era original, eso es seguro. Señoritas," dijo, todavía riéndose, "es hora de que ustedes dos se preparen. Una vez que veamos al abogado, llamaremos a conferencia de prensa, y luego pueden montar la seguridad de la forma que estimen conveniente."
Asentí y respiré hondo, dejándolo salir lentamente. "Siéntanse como en casa. Hay lugar suficiente," les dije, caminando por el pasillo hacia la habitación que había sido mía desde que tenía unos tres años.
"Esto no es un departamento, es un jodido penthouse," murmuró Emmett, haciendo que todos se rieran.
Abrí la puerta, dejando caer mi maleta junto a unas cuantas cajas de mis cosas de la casa que compartía con Jake. Las guardé aquí porque Rose no tenía lugar en su casa, y tenía poco tiempo para salir. Al mirar alrededor, cálidos y fuertes brazos se deslizaron a mi alrededor.
"Eso es un montón de púrpura, bebé." Se rio, mirando alrededor de mi habitación.
"¡Cállate!" Me reí. "Era rosa."
"Um, no. No te imagino usando rosa," dijo, besando la parte de atrás de mi cabeza antes de explorar mi habitación. "¿Por qué tanta caja?"
"Cosas de la casa de Jake," murmuré, entrando a mi armario para buscar algo lo suficientemente apropiado para usar con toda la mierda que tenía que hacer. "Las almacené aquí."
"¿Quieres decir que… están llenas de putas fotos de ustedes dos?"
Sonreí, escuchando los celos fuerte y claro. "Nop, le dejé esa mierda a él."
"Bien," refunfuñó y luego murmuró algo así como, "Esa mierda es todo lo que se merece."
Cuando entré de nuevo en la habitación llevando en mis manos un sencillo vestido negro y zapatos de tacón, vi que ya estaba hurgando entre mis cosas.
"¿Entrometido? Para nada."
Sonrió y se encogió de hombros, pero me ignoró por completo, sacando mi sudadera gris del FBI, solo para dejarla caer y pasar a la siguiente caja. "No entrometido, solo… curioso."
"Supongo que es lo justo," solté unas risitas, volviéndome hacia mi tocador. "Tú me dejaste robar en tu casa." Sonreí ante su sonrisa profunda y sexy. "Aunque ten cuidado…puede que encuentres cosas que no quieras ver," le advertí, sabiendo malditamente bien que su objetivo era una caja de cosas… de naturaleza personal.
"¿Qué? ¿Vídeos de sexo?" Se echó a reír, abriendo otra caja.
"Nop, me deshice de esos," repliqué, levantándole una ceja cuando jadeó, girando su cabeza como si estuviera en una plataforma giratoria.
"¿En serio?" Preguntó, su boca abierta, y no podría decir si estaba decepcionado o conmocionado.
"No, tú, tonto," me burlé, rodando los ojos al escuchar su carcajada. "Como si fuera a permitir que alguien me grabara."
"¿Ni siquiera yo?" Su rostro estaba vuelto hacia otro lado, pero pude percibir el deseo de saber en esa en esa pregunta.
"Huh…" Me carcajeé, sin poder contenerme, porque había una parte de mí que haría lo que sea que él pidiera, y solo la idea de su sensualidad en DVD tenía mi mente corriendo a toda velocidad, mis manos sudorosas, y mis partes femeninas excitadas. Cuando levantó la vista, llevando su arrogante sonrisa torcida y una ceja levantada, no pude dejar de reírme. "No lo creo…" Canturreé, entrando al baño.
Me di cuenta del segundo exacto en que encontró una caja en específico porque, "¡No me jodas!" salió de su boca desde la otra habitación en una combinación entre un gruñido y un susurro.
"¿Pasa algo, Edward?" Le pregunté inocentemente desde el baño.
"Um, no," lo escuché murmurar antes de escuchar la tapa de una caja azotarse.
Me puse mi ropa interior, cogiendo mi nueve milímetros y asegurándola en la cintura de mis boyshorts al salir del baño, voy a necesitar asegurarla en alguna parte de mi persona en un día como hoy porque Edward me había hecho prometerle que la llevaría conmigo todo el tiempo. Me recargué en la puerta, viendo a Edward pasar la mano por su cabello mientras miraba mi caja fijamente.
"¿Te asustan los juguetes sexuales, Edward?"
Casi dio un salto por la sorpresa pero se congeló cuando me vio en la puerta del baño. "Jesús, Bella. ¡Me estás matando aquí!" Gruñó, sacudiendo su cabeza. "¡E-Esto…" Empezó a decir, señalando la caja, "y-y t-tú… v-viéndote a-así!"
Contuve mi sonrisa ante el tartamudeo viniendo de él porque, ¡por Dios! Me encantaba. Era dulce, sexy y tan perfecto que apenas pude soportarlo. No ayudó que se comía con los ojos cada centímetro de mí.
"Esos," dije con un resoplido, rodando los ojos por la caja a sus pies, "son de antes de Jake. Es algo así entre Rose y yo. Su colección es atemorizante. Deberías preguntarle porque hemos tratado de superarnos la una a la otra. ¿Te asustan?" Pregunté de nuevo, y esta vez no pude evitar reírme.
"No," me dijo, recobrándose más rápido de lo que esperaba, con sus ojos oscureciéndose, su lengua se deslizó por su labio inferior y le dio una última mirada a la caja antes de caminar hacia mí. "No me siento amenazado por ellos, si a eso es a lo que te refieres, amor," canturreó, inclinando su cabeza hacia mí. "¿Los has usado?"
"Algunos," le dije, fingiendo una expresión inocente.
"¿Tienes un favorito?" Ronroneó, colocando sus manos en mi cintura mientras continuaba comiéndome descaradamente con los ojos.
"Nada es mejor que el real, bebé."
"Mmm, cierto…" Lamió de nuevo sus labios. "¿Qué llevas puesto? ¿Y lo vas a llevar todo el día debajo de eso?" Preguntó, señalando mi vestido colgado en la parte de atrás de la puerta del baño.
Bajé la vista para mirarme, dándome cuenta que era la primera vez que me veía en algo más que algodón, algo más que ropa de WalMart desde que nos habíamos estado ocultando. Tenía una adicción a la lencería, lo que significaba que tenía una extensa colección. Actualmente llevaba puesto un conjunto negro con encaje de color rosa brillante.
"¿No te gusta?" Pregunté, acercándome a él de manera que mi cuerpo se pegara por completo al suyo.
Tragó pesadamente, sus manos bajaron apenas rozando mi espalda hacia mi trasero. "Yo n-no diría e-eso, amor," balbuceó pero se rio al mismo tiempo. "No diría eso… para nada," gruñó, rozando su nariz por mi mejilla y cuello. "Uh, uh, para nada en lo absoluto…"
Su boca se abrió en mi piel, su lengua arremolinándose y lamiendo mi punto sensible detrás de mi oreja. Sus manos recorrían mi cuerpo, sobre el encaje, sobre mi piel y por último, mis muslos y subieron a mi estómago.
"Sin embargo, no es un buen lugar para esto, dulzura," susurró contra mi piel, envolviendo sus dedos en torno a la culata de mi arma. "No puedes acceder a ella…"
Escalofríos subieron por todo mi cuerpo cuando me atrajo hacia él, atrapando su mano y mi arma entre nosotros.
"Lo sé," susurré, acariciando con mi nariz su cuello de un olor increíble.
Se echó hacia atrás para mirarme, una mueca oscureciendo sus rasgos. "Joder, tienes que llevarla, Bella. Quiero que estés armada todo el tiempo."
"Relájate," solté un bufido, rodando mis ojos y empujándolo hacia atrás. Metí la mano en mi maleta, sacando una funda que envolví en mi muslo, y luego la sujeté a mi pierna y metí mi arma.
Sonrío, sacudiendo su cabeza y dejándola caer hacia atrás al mismo tiempo que suspiraba hacia el cielo. "Este va a ser un día larguísimo," gruñó, mirándome de nuevo. "Malditamente sexy, Bella… joder, juro por Dios que podría hacerte pedazos de una puta vez luciendo así… y ni siquiera puedo imaginarme lo que me haría el verte con esos." Señaló los zapatos de tacón que había arrojado sobre la cama.
"Edward," gruñí, sin desear nada más que el que hiciera lo que se le ocurriera en esa mente pervertida de dios del sexo. "No podemos, y estaría dispuesta a apostar que todo lo que voy a querer cuando terminemos, es una cerveza, un baño y acurrucarme contigo en la cama."
Sus ojos pasaron de verse completamente carnales, a cálidos, dulces y comprensivos, atrayéndome de nuevo a sus brazos. "Te amo," dijo con un suspiro, enterrando su nariz en mi cabello.
Cerré mis ojos, permitiendo que los sentimientos que sacaba a relucir en mí, me inundaran. Él era la esencia de la tranquilidad y la energía sexual combinada, y era mi refugio seguro. Me alimentaba de ello y él me lo permitía, preparándome para toda la mierda que estaba a punto de hacer—el testamento de Charlie, las conferencias de prensa, asambleas con empleados, seguridad, sin mencionar una reunión con mis chicas y el equipo de Edward, pero por ese breve momento, solo me derretí en sus brazos.
"Muchísimo, Edward."
~oOo~
"Isabella," el señor Wendell, el abogado de mi padre comenzó a decir, su voz odiosamente suave y saturada de lo que parecía falsa simpatía, "tu padre se aseguró de que estuvieras totalmente protegida y quería que supieras que tienes una opción en lo que se refiere a Twilight Technology. Estaba muy seguro de que se la entregarías al señor Cullen aquí presente pero quería que tú tomaras la decisión."
Pasó a decir que Charlie me había dejado casi todo—la casa en los suburbios, un barco que nunca había visto, y más dinero del que jamás sabría qué hacer con él. Le había dejado a Carlisle su viejo Camaro que había tenido tanto tiempo de lo que podía recordar, ni siquiera sabía si esa cosa funcionaba. También le había dejado un contrato de tiempo indefinido relacionado con cualquier equipo, software, o armas que necesitara para sus "hobbies en el exterior," como estaba redactado en el testamento. Rose, Billy y Jacob también fueron recordados, los tres recibieron dinero.
No pasaron ni diez minutos de la lectura del testamento de Charlie antes de que me sintiera adormecida con todo ello. No me importaba el dinero—nunca lo había hecho—porque en realidad, hubiera dado cada centavo para tener de vuelta a mis padres. El señor Wendell pareció hablar por horas y horas de jerga legal que significaba mucho menos para mí que el dinero.
No era de ayuda que el tipo no me agradaba. Esa sensación había sido instantánea. Me parecía taimado, adulador y hambriento de dinero. Sus manos estaban sudorosas y se había quedado pálido cuando vio por primera vez a los "guardaespaldas" que habían entrado en la habitación al mismo tiempo que Carlisle y yo lo hicimos, lo que había causado que Jasper y Edward sonrieran con suficiencia el uno al otro.
Suspiré, mi mirada deslizándose solo un poco más allá del abogado escurridizo hacia el día inusualmente brillante en Seattle… y a la silueta de Edward apoyada contra el cristal. Se veía igual de aburrido que yo, lo que me costó todas mis fuerzas no soltar unas risitas porque mis emociones estaban por todos lados desde que había entrado en TT.
"Así que, lo que sea que tú decidas, Isabella…" El señor Wendell me instó, lo que significaba que me había ausentado totalmente.
"¿Mmm?" Pregunté, enderezándome en mi asiento.
"¿Quieres asignar al señor Cullen como el CEO de Twilight, Isabella?" Bufó, claramente frustrado de que no estuviera atenta a cada palabra que dijera.
"No," dije secamente con un movimiento de cabeza. "Se queda como mi asesor, y mantendrá su posición en la junta directiva, pero se queda a mi nombre."
El rostro de Carlisle permaneció impasible, pero el del señor Wendell estaba atónito, lo que provocó que Jasper y Edward prestaran más atención.
"Isabella…"
"Señorita Swan," lo corregí con brusquedad porque este tipo me estaba molestando.
"Sí, por supuesto, señorita Swan. He estado al tanto de los asuntos del señor Swan por alrededor de una década, y él estaba muy seguro de que usted no la querría, que se la cedería al señor Cullen, o en su ausencia, al señor William Black. Estaba consciente de su… falta de interés en esta compañía, y estoy seguro que no le hubiera gustado que se le diera un mal manejo."
"Estoy segura que sí, pero él también dejó la decisión en mis manos. Tampoco veo al señor Cullen impugnando esta decisión," señalé, haciendo un gesto hacia Carlisle, que ocultó rápidamente su sonrisa y negó con solemnidad. "Señor Wendell, se le paga por leerme este testamento, seguir cualquier instrucción que le dé, y continuar con su trabajo. Eso es todo. Si lo necesito para algo más, estoy segura que el señor Cullen sabe cómo contactarlo."
"Sí, así es," el hombre, ahora incómodo, dijo sorbiéndose la nariz. "Mi única preocupación eres tú, Isa… usted, señorita Swan. Le prometí a Charlie que vería por lo que es mejor para usted, y con todos los… asuntos desagradables que su padre ha hecho a lo largo de los años, simplemente no estoy seguro de que usted sea capaz de… manejar TT."
"¡Se sorprendería de lo que soy capaz de manejar, señor Wendell!" Dije con brusquedad, empezando a levantarme al mismo tiempo que Edward se empujó apartándose del ventanal. No sabía hacia quién iba primero—al abogado por su actitud, o hacia mí para evitar que hiciera algo de lo que tal vez me arrepentiría más tarde—pero se quedó quieto y en silencio detrás de un desprevenido señor Wendell.
"Eso es más que suficiente, Bella," me calmó Carlisle, poniendo una mano en mi brazo y volviéndose hacia la sobrecogida comadreja a la cabeza de la mesa de conferencias. "Señor Wendell, me aseguraré de que la integridad de esta compañía mantenga su… impecable reputación, junto con la señorita Swan. Creo que es todo lo que vamos a necesitar de usted por el momento."
El señor Wendell le entrecerró sus ojos a Carlisle y luego a mí, pero deslizó el testamento hacia nosotros, así como los documentos que le darían a Carlisle el completo control de TT. Cerró su portafolio con fuerza dando un profundo suspiro y se puso de pie, prácticamente pisando los dedos de Edward mientras acechaba amenazadoramente al señor Wendell. Cuando el hombre se dio la vuelta, casi se sienta sobre la mesa para alejarse de Edward.
Tuve que morderme con fuerza el interior de mi mejilla para mantener bajo control mi sonrisa y una carcajada. Una, porque no confiaba más en este tipo de lo que confiaba en que Edward no lo cogería y lo aventaría—lo que sería tremendamente divertido de ver. Y otra razón era que Edward parecía estar viendo directamente a través de su mente—y no le gustaba lo que veía.
De hecho, el señor Wendell parecía jodidamente nervioso mientras Edward le permitía recoger lenta y cuidadosamente sus cosas y salir de la sala de conferencias.
Con mis manos todavía apoyadas en la mesa de conferencias de cuando me había puesto de pie, me giré hacia Carlisle. "Eres tú." Me dejé caer en la silla junto a él. "Alguien te quiere a cargo. ¿Por qué?"
Se puso de pie y empezó a caminar de un lado al otro al mismo tiempo que Jasper y Edward se sentaron frente a mí y Rose. Emmett estaba custodiando las puertas de la sala de conferencias justo al otro lado.
"¿A quién podrías haber encabronado tanto que no solo quieren deshacerse de… todo?" Le pregunté, viendo su rostro fruncirse y oscurecerse. "No solo quieren venganza, quieren—"
"Retribución," terminó Carlisle con un gemido bajo mientras se giraba hacia Edward. "Alistair Corbin."
El nombre no significaba nada para mí, pero Jasper y Edward fruncieron el ceño.
"Hablamos de él cuando empezamos esta mierda," declaró Jasper. "Todo lo que sé de él es que es un matón del tráfico de drogas colombiano—que trabaja con King en traer la mierda a los Estados Unidos."
"Nunca lidiamos con Corbin, papá. ¿Qué podría querer contigo?"
"Ustedes nunca lidiaron con Corbin, pero Alec, Sam y yo sí," dijo con un suspiro, apoyando sus brazos sobre la mesa.
"Mierda," gruñó Edward, sacudiendo su cabeza. "¿Qué demonios hicieron, papá?"
"No es el momento," respondió Carlisle cuando se escuchó un tímido golpe en la puerta. "Adelante," ladró, su ceño todavía fruncido.
Una chica delgada y de cabello castaño con gafas entró en la sala, sus brazos llenos de archivos y papeles.
"Ah, Angela." Le sonrió cálidamente Carlisle. "Hay algunas personas justo al otro lado de la puerta. ¿Podrías pedirles que entren contigo?"
"Sí, señor Cullen," le dijo, su voz suave, pero no parecía intimidada por él—no que fuera alguna vez malo con alguien pero habían tratado de lastimar a aquellos a quienes quería.
Angela regresó con Alice, Emmett, Makenna y Mickey, que se sentaron en torno a la mesa de conferencias mientras Angela caminaba hacia Carlisle.
"Frank llamó desde la planta baja para decir que todo está dispuesto afuera frente al edificio para su conferencia de prensa," le dijo, dejando su pila de documentos sobre la mesa. "Dijo que el podio está en su lugar, pero quiere saber dónde debe estar seguridad."
"Devuélvele la llamada. Dile que tengo mi propia seguridad, y pasaremos por ahí cuando vayamos de salida.
"Sí, señor."
"¿Algo más, Angela?"
"Bueno, quiero dejarle saber a Rosalie que todos sus contactos en los medios confirmaron, y todos estarán aquí," dijo, mirando alrededor de la habitación. "Además, un tal señor Eleazar Platt le llamó…"
Todas las cabezas en la sala se giraron a mirarla, obviamente, haciéndola sentir realmente nerviosa.
"¿Dejó un mensaje?" Preguntó Carlisle, inclinando su cabeza hacia ella, su voz manteniendo la calma cuando estaba bastante segura de que no estaba nada calmado por dentro.
"Sí, dijo que el servicio celular está funcionando de maravilla," citó textualmente de una libreta, mirándolo con curiosidad.
"Genial," siseó Emmett, chocando los puños con Mickey y Jasper.
"Excelente," exclamó Carlisle, mirándonos a todos en la mesa. Angela empezó a darse la vuelta, pero él la detuvo. "Angela… me gustaría que conocieras a estas personas." Empezando con su hijo, le presentó a todos en la mesa y cuando llegó conmigo, me presentó como la hija de Charlie y la nueva CEO. Lo odiaba, pero tenía que ser así. "Todos ustedes, ella es Angela Weber. Se le ha dado el espantoso trabajo como mi asistente," dijo riendo.
Todos gemimos pero nos reímos, diciendo, "Hola, Angela."
"Ignora al pabellón de locos, Ang," gruñó en broma, dándonos una mirada mordaz. "Necesito que arregles una reunión con seguridad. Tengo que verlos antes de que bajemos a la conferencia de prensa, así que… ¿en quince minutos?" Le dijo, pero la última parte salió como una pregunta.
"Sí, señor Cullen." Le sonrió con suficiencia, dándonos una sonrisa a nosotros y diciéndonos adiós con la mano antes de dejar la sala.
"Me encanta," se rio Rose. "No podías haber conseguido una mejor asistente, Carlisle."
"Ella es genial. Apenas tengo que recordar nada." Se rio con un resoplido, sacudiendo su cabeza. "Entonces, Alice… el servicio celular está listo para funcionar…"
"Lo sé, lo sé, lo sé," repitió, poniendo una bolsa sobre la mesa. Abrió el cierre y sacó un puñado de teléfonos móviles, deslizándolos a todos, junto con auriculares que iban con ellos. "Me tomé la libertad de programar solo unos cuantos números necesarios: el de todos nosotros, Alec, Eleazar, Benny y Esme.
"Bien, Alice," murmuró Edward, revisando su teléfono y asintiendo al mismo tiempo, pero no se había olvidado de su padre. Volvió su cabeza, diciendo, "¿Corbin? ¿Nos vas a contar?"
"Ahora no, hijo," suspiró. "No tenemos tiempo. Me comunicaré con Alec, lo haré que venga aquí… todos deberíamos hablar después de los eventos de hoy. Además, creo que deberíamos tener noticias de Eleazar, ¿no lo crees?"
"Sí, pero…" Me detuve, a sabiendas que era inútil prolongar más esta mierda. "Bien. Seguridad," murmuré, poniéndome de pie. Señalé a Carlisle, levantándole una ceja. "Ahora es seguro que te quedarás de nuevo con esta mierda cuando todo esto haya terminado."
Edward se rio, besando mi dedo cuando se puso entre su padre y yo. "Tranquila, dulzura. No lo mates, lo necesitamos."
Carlisle se echó a reír e hizo un gesto con la mano a todos nosotros para que saliéramos de la sala detrás de él. "Vamos… seguridad..."
~oOo~
EDWARD
Sabía que mi chica estaba nerviosa, estaba haciendo lo mejor que podía haciendo tareas que normalmente no haría, pero no lo sabrías a menos que la vieras realmente a los ojos. A esas piscinas marrones de dulce chocolate que estaban cansadas, cautelosas, y simplemente hartas para cuando llegamos a la planta baja y entramos al departamento de seguridad— y ni siquiera era todavía la hora del almuerzo.
Quería abrazarla, decirle que lo estaba haciendo bien, pero sabía que estábamos siendo observados por cada empleado, por cada persona que visitaba el maldito edificio. Y joder, no era de ayuda que yo sospechaba de todo el mundo— en especial de ese grosero y escurridizo abogado, Wendell. El mismo segundo que siguió presionando a Bella a que cediera el control a mi padre, supe que era deshonesto. A un puto abogado no debería importarle una mierda, siempre y cuando se le pagara y ese pendejo era demasiado bocón para mi gusto—ya sea que tuviera diez años con Charlie o no.
Y Bella también lo vio. No sabía a quién tenía que llegar primero—al idiota que la había insultado o a la chica que estaba a punto de arrojar su triste trasero por la ventana del piso veintitantos.
Pero era a Alistair Corbin a quien no podía sacar de mi mente. Algo sobre ese nombre—además del hecho de que sabíamos desde el principio que trabajaba con King—esa mierda me estaba molestando, pero justo en este momento mi concentración necesitaba estar en Bella, la conferencia de prensa, y el equipo de seguridad que ahora nos observaba a todos nosotros cuidadosamente a medida que pasábamos por la puerta.
"Frank," mi padre saludó a un hombre mayor en un insulso uniforme de policía rentado. "Me gustaría que conocieras a la hija de Charlie Swan, Isabella. Isabella, él es Frank Watson. Es el jefe de seguridad aquí."
"Es un placer," dijo él, su voz rasposa y su sonrisa genuina cuando tomó su mano. "Siento mucho lo del señor Swan, querida."
"Gracias," dijo con una sonrisa dulce.
"Bueno, ¿qué puedo hacer por usted, señor Cullen?"
"Frank, vamos a hacer algunos cambios temporales para las próximas semanas. Debido a las… circunstancias en torno a la muerte de Charlie, necesitamos aumentar un poco la seguridad. He traído a algunas personas para ayudarte," explicó mi padre, y Frank miró alrededor de la habitación.
"Sí, señor. Bien, es su casa… nosotros solo vivimos aquí. Díganos lo que necesita," se rio, haciendo un gesto para que los demás guardias en turno dieran un paso adelante. Uno era joven, probablemente recién salido del instituto, con cabello castaño claro. El otro tenía probablemente mi edad, parecía escéptico, pero dispuesto, con el pelo rubio y ojos azules.
"En realidad, ahora es la casa de Isabella," se rio Carlisle, apretando su hombro cuando ella suspiró. "Dejaré que ella les explique."
Frank volvió su total atención hacia Bella cuando ella comenzó a explicar. "Frank, ellas son Alice y Makenna. Se encargaran del monitoreo de vídeo y audio. Necesitarán total acceso a todo tu equipo, sin mencionar olvidar una conexión a internet. Edward, Jasper y Emmett," continuó, señalándonos, "son guardaespaldas personales para nosotros. Necesitarán acceso ilimitado a todo… todos los pisos, todas las puertas, a cada llave de entrada. Mickey, aquí presente, trabajará contigo haciendo rondas o atendiendo cualquier necesidad. Necesito que a cada uno de ellos se les incluya en todo lo que parezca sospechoso, inusual, o incluso un poco extraño. Puedes considerarlos parte de tu equipo, pero todas las preguntas o preocupaciones necesitan considerarse, ya sea conmigo, Edward o Carlisle."
"Está bien, entonces, señorita Swan," dijo con una sonrisa, aplaudiendo una vez. "Primero lo primero… vamos a conseguirles algunas tarjetas de acceso e identificaciones. Tan solo eso les dirá a todos los empleados que tienen acceso a todos los pisos, todas las oficinas, y las usarán para abrir todas las puertas." Se giró hacia el guardia más joven detrás de él. "Ralphie, ¿podrías por favor mostrarle a Alice y…"
"Makenna," proporcionó, sonriendo al mismo tiempo que daba un paso hacia adelante. "O Mack…"
"Bien, Mack," se rio, sacudiendo su cabeza muy probablemente antes su entusiasmo. "¿Serías tan amable de mostrarle a Alice y Mack la sala de control y ayudarlas a instalarse? Consígueles todo lo que puedan necesitar, ¿de acuerdo?"
"Claro, Frank," el chico dijo con un gesto de su cabeza, abriendo la puerta a la izquierda de la encimera para que entraran las chicas.
"Darren, necesitamos hacer esas identificaciones rápidamente para estos caballeros y damas," le dijo al otro guardia, que ya estaba sacando la cámara e indicando que pasáramos hacia adelante a Jasper, Emmett, Mickey y yo. "Isabella, mientras están haciendo eso, dime lo que necesitarás para esa reunioncita que has organizado haya afuera en mis escalones principales," dijo con una sonrisa.
Todos nos reímos de él, era un viejo muy agradable.
"Yo puedo hacer eso," dijo mi papá, dándole a Frank una palmada en el hombro. "Ven conmigo, Frank. Te mostraré dónde estarán mis hombres y dónde necesito que estés tú."
En menos de veinte minutos, estábamos asegurando tarjetas de acceso a nuestros cinturones, poniéndonos gafas de sol, y esperando a que Rose, Bella y a mi padre concordaran en sus historias.
"Vamos, Bellsy," dijo Rose, empujándola con el codo. "Puedes interpretar el papel de la malcriada hija rica. Vámonos."
"Cierra la boca, Rose," gruñó Bella, sonriéndole ante la risa bulliciosa de su amiga y mirándome una vez más. "Dice eso porque nos burlábamos de esas perras ricas cuando estábamos en la escuela," dijo con un bufido, rodándonos los ojos.
Tan solo ese comentario hizo que Rose se carcajeara de la risa, su cabeza cayendo hacia atrás, el resto de nosotros haciendo lo mismo.
"Odio esto," dijo mi chica con un suspiro. "Esta mierda no soy yo, Edward."
Se escuchaba preocupada y frustrada, y quería abrazarla, tocarla, pero mis opciones eran limitadas porque no podía hacer ninguna de esas cosas, no cuando alguien podía vernos, no cuando había tantos ojos sobre nosotros.
"Estaré justo detrás de ti todo el tiempo, amor," murmuré, colocando mi mano en su espalda baja para guiarla hacia la puerta y dejé que mi pulgar la acariciara por encima de la tela del vestido.
Estaba vestida para distracción absoluta, y el solo saber lo que llevaba debajo de ese vestido no me estaba ayudando. En lo absoluto. Estaba más que hermosa, estaba despampanante, haciendo que deseara protegerla no solo de los tipos malos sino ahora también de todos los hombres y sus miradas hambrientas, de las que ella estaba completamente inadvertida.
Toda la acera estaba llena de paparazzi, cámaras de vídeo, y periodistas de noticias. Lámparas de flash se activaron, pequeñas luces rojas de cámaras se encendieron, y un suave murmullo llegó hasta nosotros, pero se callaron cuando mi padre subió al podio.
Rose y yo nos paramos a cada lado de Bella, y Jasper y Emmett, cada uno se puso en los extremos del zona acordonada. Utilicé el hecho de que mis ojos estaban ocultos detrás de mis gafas de sol para escanear la multitud que se había reunido en los escalones del edificio. Frank estaba justo al entrar al vestíbulo, Ralphie estaba revisando las identificaciones antes de que los visitantes y empleados entraran al edificio, y Darren estaba caminando lentamente de un lado al otro detrás del grupo de la gente de las noticias.
Como quiera, Mickey estaba al otro lado de la calle. Fue plantada allí por si acaso a alguien se le ocurría hacer algo estúpido. Era la única de nosotros vestida como civil. Todos habíamos concordado en que la camuflaba mejor. Mientras que Emmett, Jasper y yo necesitábamos dar una declaración con nuestra presencia, Mickey podría permanecer como un peón oculto. Cuando se paseaba de un lado al otro de la acera, parecía estar simplemente mandando un mensaje de texto a alguien en su teléfono.
Di un golpecito a mi auricular cuando sonó. "Sí, Alice. ¿Cómo se ve aquí en las cámaras?"
"Te ves guapo como siempre, Edward… al menos, eso es lo que Bells me dice," se rio con un resoplido, "pero Jazzy te gana, sin lugar a dudas. Me gustan las gafas, chicos."
Sonreí, mirando a Jasper, que estaba sacudiendo su cabeza y conteniendo una sonrisa, pero sonrojándose de cuarenta tonalidades de rojo. "Creo que avergonzaste al caballero sureño, duendecillo."
"Sí, sí, sí," soltó unas risitas, y podía escucharla tecleando. "Las cámaras se ven bien. Tienen unas instalaciones geniales aquí. Debo decirte que tengo solo un punto ciego. Es al final de la cuadra, pero no debería haber problema porque Mickey debe poder ver esa esquina desde su posición."
Mis ojos se dispararon al otro lado de la calle a donde Mickey estaba asintiendo lentamente.
"¿Algún rostro conocido, Mack?" Pregunté por el auricular.
"Nop, todavía no, pero estoy viendo ahora la multitud, después las esquinas y luego al otro lado de la calle." Su voz se escuchaba distraída, pero la reconocí de cuando dibujaba. Se concentraba en varias cosas a la vez. "King todavía no ha salido, pero estoy buscando a cualquiera de sus lacayos."
"Manténganme informado," les dije, todavía escaneando la multitud.
Mi padre aclaró su garganta al mismo tiempo que tomaba las tarjetas de notas que Rose había preparado para él y las puso sobre el podio. Toda la multitud se quedó en silencio cuando empezó a hablar.
"Quiero dar la bienvenida a la prensa de Seattle y también agradecerles por haber venido después de un aviso de tan poca antelación. Como todos sabemos, Charlie Swan, CEO y fundador de Twilight Techhologies, fue asesinado la semana pasada. La naturaleza brutal en torno a su muerte ha dejado a Twilight Tech, sus empleados, amigos de Charlie y familia en un estado de conmoción.
"Habrá un homenaje aquí en Twilight Tech y en otro lugar no revelado. Los cuales—siento decirles—estarán cerrados al público y la prensa debido al aumento en las medidas de seguridad. Uno se llevará acabo aquí en la torre para los empleados y el otro en un lugar privado para amigos cercanos y familia. Ya que Charlie pidió ser cremado, no habrá necesidad de un entierro.
"Los citamos aquí hoy para anunciarles que la hija de Charlie, Isabella Swan, asumirá el papel de CEO de Twi Tech y tomará su lugar. Es lo que quería su padre, y estábamos esperando su llegada a fin de hacer esos arreglos finales y anunciar dónde se llevaría a cabo el homenaje. Estamos felices de darle la bienvenida y deseamos que continúe la larga tradición de éxito de Twi Tech."
Por supuesto, era una mentira absoluta, pero el hombre tenía facilidad de palabra. Mi padre le tendió su brazo, y Bella caminó hacia el podio, parándose a su lado. Más flashes prácticamente me cegaron cuando le tomaron cientos de fotos.
"Estoy seguro de que todos ustedes tienen preguntas, y tenemos tiempo para solo unas cuantas, así que comencemos," dijo mi padre, de pronto bombardeado por gritos con su nombre. Señaló a una joven en la primera fila.
"Señor Cullen, ¿es verdad que la muerte de Charlie Swan fue un golpe de la mafia?"
"Eso no me toca a mí decirlo," respondió con fluidez, "pero se me ha asegurado que la policía está buscando al hombre responsable. Siguiente," dijo, eligiendo a un hombre mayor hacia la izquierda.
"Isabella," gritó, "¿por qué te tomó tanto tiempo presentarte? ¿Sabías que fuiste reportada como desaparecida?"
Ella le sonrió, echando su cabello hacia atrás. "He descubierto recientemente que era una persona desaparecida. Sin embargo, tengo mi propio negocio que manejar y había estado fuera de contacto durante el último mes. No estaba desaparecida, solo en un caso. Cuando finalmente pude reportarme, fue Carlisle el que me dijo sobre mi padre."
De izquierda a derecha, por unos diez minutos, la prensa le escupió preguntas a ella y mi padre, y los dos las respondieron con fluidez. Algunas eran preguntas interesantes, otras sobre King y el juicio, pero me encontré observándola y luego escaneando la multitud, solo para permitir a mis ojos posarse de nuevo en ella. Para cuando mi padre anunció que el joven al frente y al centro tenía la última pregunta, noté que mi chica se había quedado inmóvil. Totalmente.
Su rostro se había palidecido y sus manos estaban temblando al mismo tiempo que extendía su mano para agarrar la manga del abrigo de mi padre. De hecho, sus rodillas parecían estar a punto de doblarse.
"Algo está mal," me susurró Rose. "Mírala. Y ve hacia dónde está mirando, Edward."
"Lo sé," dije con un gesto de mi cabeza, tratando de encontrar la paciencia para esa última pregunta—una maldita cosa estúpida sobre ganancias y pérdidas y si este cambio de poder sería beneficioso.
Cuando mi padre respondió la pregunta, me daba cuenta que sabía que algo no estaba bien con ella porque su respuesta fue forzada y genérica.
"Esas son todas las preguntas para las que tenemos tiempo, pero queremos darles las gracias por venir," se apresuró a decir, tratando de inmediato de hacer que Bella se diera la vuelta, pero no pudo.
"Bells, ¿qué pasa?" Le preguntó cuándo me dirigía hacia ellos.
"Bebé, ¿estás bien?" Le pregunté, haciendo todo lo posible para que me mirara.
Tal vez, en realidad no esperaba que pasara algo el primer día, pero estaba equivocado. De todos los nombres que esperaba escuchar de ella, era jodidamente seguro que no esperaba el que dijo apenas en un chillido.
"Miller," dijo en voz baja, sus ojos mirando fijamente al otro lado de la calle—no solo mirando, sino que parecía estar malditamente hipnotizada.
"Voy a matar a ese hijo de puta," siseé, mirando alrededor y colocando una mano sobre el hombro de Bella.
"Oh mierda, oh mierda, oh mierda," susurró Alice en mi oído. "Tiene razón. Está justo allí."
"¿Qué?" Mi padre le preguntó, pero yo ya estaba en ello.
"¡Joder, hábleme! ¡Todos ustedes!" Gruñí, tratando de mirar a los miembros de la prensa dispersándose y a los espectadores. Me volví hacia Bella, asegurándome que me viera realmente. "Bebé, estamos contigo," le dije, pero por el auricular, quería respuestas—ya. "Alice, háblame. ¿Dónde demonios está?"
"Al otro lado de la calle. Bajo el toldo…"
"Mickey, Jasper…"
"Ya estoy en ello," murmuró Mickey, avanzando por la cuadra.
Jasper caminó tranquilamente hacia la acera, actuando de forma casual, pero cuando iba a salir corriendo, mi padre me agarró del frente de mi camiseta.
"¡Me vas a traer a ese hijo de puta… a mí!" Gruñó, sus ojos encendidos. "Ve, Edward. No debe escaparse…"
"¡No!" Bella jadeó, mirándome y luego a Carlisle.
"¡Yo me quedo contigo, Bells!" Le dijo, tratando de calmarla, pero sabía que no estaría bien hasta que yo regresara. "Ve, Edward. El cabrón ni siquiera se ha movido. No tiene miedo. Enséñale lo que es," me ordenó. Por su reacción, me daba cuenta que Bella lo estaba asustando.
Levanté la vista buscando a Emmett, pero él ya estaba allí. "Los llevas directamente arriba. ¡Ningún cabrón entra y nadie sale!" Señalé a mi padre, Rose y Bella—mi pobre chica temblaba de miedo—y Emmett asintió, viéndose como un gigante enojado. Con una última caricia en el brazo de mi chica, salí corriendo.
"Voy a necesitar de tu ayuda, Alice," dije, prescindiendo de todos los pasos peatonales y rodeando a los miembros de la prensa que quedaban, que para este momento ya se habían dado cuenta que algo pasaba.
"Ya estoy dentro del sitio del Departamento de Transporte. Vamos a usar las cámaras de vigilancia, Edward, pero el cabrón no se ha movido. Él solo—"
"Está mirando," gruñí, finalmente alcanzando a ver de verdad al monstruo con el que Bella luchaba en sus sueños.
Estaba recargado casualmente en un muro de ladrillos de un pequeño café al otro lado de la calle. Era delgado, con cabello claro y una cicatriz atravesando su barbilla—todas las cosas que Makenna se había asegurado de dibujar a la perfección para que pudiéramos reconocerlo. El pendejo se había ocultado bajo la sombra de toldo del café. La peor parte de verlo era saber con puta certeza, que había tocado a mi chica, que quería matarla. Me hacía sentir enfermo. Me hacía sentir letal, y no podía esperar a ponerle las manos encima a ese cabrón.
Cuando me giré para seguir su línea de visión, podría haber perdido el control justo allí, frente a la prensa y los civiles. Estaba simplemente mirando furioso en dirección a Bella mientras mi padre, Rose y Emmett la llevaban dentro de la Torre de Twilight. La sola idea de él reviviendo, deleitándose en la jodida mierda que le había hecho hizo que me estómago se revolviera y que apretara los puños.
A mi izquierda, Mickey caminaba por la acera, y a mi derecha, Jasper acababa de cruzar a la esquina, dando la vuelta hacia nosotros.
El pendejo finalmente apartó sus ojos del frente del edificio, mirándome, a su derecha y luego a su izquierda, pero fue Mickey la que captó su atención. No fue del todo sorprendente que fuera Mickey la que captara su atención. Era casi del mismo tamaño que Bella, con el pelo de un tono más oscuro y mucho más rizado.
"Hey, amigo," dijo con desdén, caminando un poco más rápido. "¡Se rumorea que te gusta golpear a las chicas!" Su sonrisa no le llegó ni de cerca a sus ojos. "Vamos, dame una oportunidad, ¿no?"
Miller se enderezó con los ojos amplios, deslizándose a lo largo del muro cuando se dio cuenta que estaba siendo encerrado. Justo antes de que Mickey pudiera llegar a él, retrocedió dos pasos y se fue corriendo por el callejón.
"¡J, ve por la otra calle! Ve si podemos acorralarlo," le ordené, señalándole que se fuera por el otro lado.
Mickey y yo nos fuimos persiguiéndolo.
"Si da la vuelta, tienes que decirme, hombre," dijo Jasper mientras corría.
"Vamos en dirección al oeste por el callejón, y esa pequeña escoria es rápida," le dijo Mickey a medida que esquivábamos basureros y pilas de basura.
Miller giró abruptamente a la derecha, cortando camino a través de un estacionamiento, parecía que se dirigía hacia un pequeño parque.
"Hacia el norte, J," jadeé, corriendo tan rápido como podía. "Va rumbo al parque."
"Sí, señor. Voy a cortar camino."
"Edward," dijo Alice por el auricular.
"Adelante," gruñí, saltando un macetero de flores para entrar y aterrizar junto a algunas mesas de picnic. Todavía podía ver al pendejo frente a mí, quitando a empujones a mujeres y niñitos de su camino para pasar.
"Alec no está muy lejos de ti. Quiere saber dónde lo quieres. Él y Eleazar venían de regreso a la torre, y quieren ayudarte a atrapar a ese monstruo."
"Nos dirigimos al noroeste a través del parque. Lo necesito delante de mí. ¡Tiene que cortarle el paso!"
Miller salió del parque, dando vuelta a la izquierda hacia otro callejón entre dos edificios bastante grandes.
"Acabamos de cruzar Pine," jadeó Mickey. "Está tratando de perdernos en los departamentos, Alice."
"Lo veo," respondió Alice, y podía ver lo que la pequeña duendecillo estaba tratando de hacer, estaba manipulando las luces de manera que el tráfico hiciera que Miller fuera más lento.
Cruzamos una calle más, y casi me golpea un taxi cuando continuamos corriendo hacia otro callejón oscuro. De hecho, tuve que deslizarme por el capo solo para evitar ser golpeado. Justo cuando salíamos a una calle muy transitada, una SUV salió de la nada, apenas tocando la pierna de Miller y provocando que rodara en la calle, pero el cabrón se puso de pie de un salto y siguió corriendo.
"¡Maldita sea!" El conductor gruñó, y cuando pasé corriendo a su lado vi que era Alec.
"¡Continúa, continúa!" Le grité, señalándole que rodeara la cuadra porque la camioneta no cabía por los callejones.
Mis piernas y pulmones ardían, pero seguí adelante porque adelante, podía ver un callejón sin salida. Pensé que lo teníamos hasta que saltó hacia la escalera de incendios y subió su trasero.
"¡Está subiendo!" Mickey y yo gritamos.
Mickey dijo la dirección de un tirón cuando pasábamos el frente del edificio.
Salté y agarré la escalera, extendiendo mi mano hacia ella y prácticamente lanzándola hacia ella, pero la cogió sin ningún problema y subió rápidamente al primer piso conmigo justo detrás de ella.
"Jasper," llamó Alice por la radio. "Toma el edificio que está a tu lado, sube a la azotea. Debes de estar a solo tres edificios de ellos. Tal vez puedas alcanzarlo en el medio."
"En ello," le respondió.
"Eddie," habló Emmett," estamos donde tenemos que estar. Y estamos bien. Solo… dale uno por mí, ¿quieres?"
"Primero tengo que atrapar su puto trasero, Em," gruñí, levantando la vista para ver a Miller trepar por la pared de la azotea. "Si podemos conseguir un tiro seguro, voy a dispararle a los puñeteros pies para que ya no pueda correr."
Escuché las risas de Em y Alice y resoplidos sin aliento de Jasper y Mickey. Nos estábamos quedando sin energías y sin lugares a donde Miller corriera.
"Entonces… voy a recrear cada jodida cicatriz que tiene Bella…" Dije con desdén, mirando a Mickey mientras ella tiraba de mí para subirme a la azotea.
"¿Atar su trasero a una mesa por tres días?" Preguntó Mickey.
"Por lo menos," gruñí, alcanzando a ver al cabroncito saltando a la siguiente azotea. "Maldición," gruñí, sacudiendo mi cabeza. "Jasper, se dirige hacia ti, hombre."
"Lo veo," susurró, pero lo escuché refunfuñar con fuerza. "¡Mierda, eso estuvo cerca! Me estoy poniendo viejo para esta mierda," murmuró. "Saltando edificios, persiguiendo pendejos, y etc., etc…"
Mickey se rio, estrellándose en el muro al otro extremo de la azotea cuando llegamos al otro lado. "Está justo allí," susurró, señalando al siguiente edificio. "Y veo a J. Lo atrapamos en el edificio entre nosotros."
Saqué mi Glock, pero no tenía un disparo. Estaba muy lejos.
"J, tenemos que llegar a esa azotea al mismo tiempo. ¿Puedes con otro salto?" Le pregunté por el auricular.
"Sí, a la cuenta de tres, Ed," soltó un bufido, respirando profundo. "Uno…"
Retrocedí, tratando de conseguir el mejor lugar para saltar. "Dos…"
"¡Tres!" gritamos juntos, y salí corriendo, saltando en el último segundo posible a fin de llegar a la siguiente azotea.
Jasper y yo aterrizamos con un gruñido, pero mis cansadas piernas se doblaron y rodé una vez antes de volver a ponerme de pie. Logramos acercarnos a Miller, que estaba mirando por un costado del edificio.
"Adelante, salta," jadeó Jasper, sacando su arma, quitándole el seguro y cargándola con rápidos y expertos movimientos. "Nos hace la mierda mucho más fácil."
Tiré del percutor de mi arma con un fuerte clic, y los ojos de Miller se dispararon hacia los míos. "De rodillas, pendejo," gruñí, dando otro paso lentamente hacia él.
El idiota ni siquiera estaba asustado. Tenía dos armas apuntando en su dirección por dos hombres más pesados que él por lo menos 18 kilos cada uno, sin mencionar varios centímetros más altos que él, pero el cabrón sonrió. Joder, sonrió. Fue despacio y de una forma escalofriante a medida que retrocedía contra el muro del techo.
"¿Crees que esta mierda es graciosa?" Grité, pero me ignoró, mirando una vez más por el borde del edificio.
"De verdad espero que salte. Por su bien," añadió Jasper con un resoplido, todavía recuperando el aliento. "No envidió lo que le harás."
"No lo he decidido todavía," me reí con rigidez, mis pulmones todavía se sentían como si estuvieran saturados de plomo. Mis piernas estaban temblando mientras Miller se volvía de nuevo para ver por el costado del edificio.
"Y así fue como cometiste tu primer error," Miller finalmente habló, volviéndose para mirarme. "Debiste haberme matado cuando tuviste la oportunidad, pero ahora… todavía puedo terminar lo que yo empecé con la señorita Swan."
"No lo creo cabrón," le dije, perdiendo la última pizca de paciencia que me quedaba con este tipo. Di un paso más y tiré del gatillo. Queriendo solo lisiarlo, le apunte a la parte baja de su pierna.
Miller gritó, cayendo sobre una rodilla mientras se agarraba la herida donde le traspasó la bala.
"¡No vas a morir cómo tú quieras! ¡Lo harás… cómo yo lo quiera!" Espeté, caminando hacia él.
Había una parte de mí que ni siquiera quería tocar esta pila de mierda, pero la otra parte de mí, el hombre que vio cada cicatriz, cada lágrima, y cada pesadilla de la hermosa chica que amaba, quería destrozar al hombre lenta, dolorosamente y con tanto maldito placer, que me asustaba.
Jasper y yo caminamos hacia él, y justo cuando estábamos a punto agarrarlo por la camiseta, se arrojó por el borde. Nos apresuramos a dónde estaba, esperando ver sus restos salpicados en el callejón debajo, pero observé con fascinación como se deslizaba por uno de esos conductos de construcción aterrizando de golpe y sin gracia justo a un lado de un coche esperando. Estaba dentro de él y avanzando por la calle antes de que de verdad comprendiéramos lo que habíamos visto.
"Alice," gruñó Jasper en el auricular, "va dentro de un Toyota azul. ¡Dio vuelta a la izquierda y luego a la derecha!"
"¡Mierda!" Rugí, cerrando mi puño con fuerza y golpeando la cosa más cercana a mí, que afortunadamente no era el muro de ladrillo, sino un aire acondicionado. Se derrumbó con el golpe.
Escuché con fascinación como Alice trataba lo mejor que podía por guiar a Alec, pero el tipo se escabulló por unos cuantos callejones que eran puntos ciegos para ella, y lo perdieron cuando finalmente salió a la intersección principal, perdiéndose en el tráfico del centro.
El maldito Miller se había ido.
"¡Maldita sea!" Gruñí, pasando una mano por mi sudoroso cabello. Me quité las gafas de sol y las hice añicos con mi puño así que los tiré en la azotea.
La voz de mi padre se escuchó por la radio. "Edward, vuelve aquí. Haz que Alec te recoja, hijo," dijo, su voz más calmada de lo que la esperaba, considerando el hecho de que había fallado en hacer lo que me pidió.
"Sí, señor," murmuré, recibiendo una palmada en la espalda de Jasper.
"Apúrate, hijo. Bella te necesita…"
"¡Joder! Bella," dijo en voz baja, sintiéndome como un pendejo mientras miraba a Jasper porque me había olvidado por completo de su reacción al ver a Miller. "Dile que voy para allá. Pon el radio en su oído si tienes que hacerlo, ¿está bien?" Pregunté, de alguna manera encontrando las fuerzas para correr hacia la escalera de incendios.
"Solo… apresúrate, Edward," me instó cuando Jasper y yo bajábamos hacia la calle.
Alec se detuvo frente a nosotros unos minutos más tarde, y Eleazar, Eric y Feliz hicieron lugar para que yo, Jasper y Mickey subiéramos. Me senté, mi cabeza cayendo en el respaldo mientras respiraba profundamente y lo dejaba salir.
"Regresará, chico," dijo Alec en voz baja, arrancando por la calle. "Suena como si no pudiera evitar venir."
Asentí, simplemente mirando por la ventana.
"Hey," dijo Eleazar a un lado de mí, colocando una de sus grandes manos sobre mi hombre. "Bella está a salvo, y eso es lo más importante ahora. ¿Entiendes?"
"Sí," murmuré, asintiendo de nuevo y sintiendo de pronto un anhelo por verla que ni siquiera podría expresar. "Solo… llévame de vuelta a ella."
Alec gruñó que me había escuchado, dando la vuelta en la siguiente esquina. "Como digas, chico."
Miller HDP! Se volvió a escapar, y el pobre de nuestro Edward quedó todo mallugadito. Todavía falta ver qué efecto tuvo en Bella este encuentro tan desagradable. ¿Quién estará ayudando a Miller? ¿Creen que Bella tenga un retroceso después de esto? Ya lo veremos en el siguiente capi. Muchas gracias a quienes siguen constantes, leyendo y dejando su review. Recuerden que sus reviews son lo que nos anima a seguir adelante. Gracias por sus alertas y favoritos y espero que recomienden la historia con sus amigas. Saludos y nos leemos en el próxima capítulo.
