Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.
Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.
Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.
CAPÍTULO 24
BELLA
Le di a Edward una última mirada antes de salir a la luz del sol y frente a un montón de jodida gente. Se veía malditamente guapo usando gafas de sol pero muy concentrado en lo que estábamos a punto de hacer, a lo que nos dirigíamos. El podio estaba directamente frente a nosotros y Carlisle se acercó casualmente mientras yo me quedaba de pie entre Edward y Rose.
Mientras Carlisle hablaba con la prensa, apenas escuché a Edward hablando en voz baja por la radio. No estaba usando uno, porque me aseguraron que no necesitaba uno esta vez. Querían que me concentrara solo en sobrevivir a las preguntas de la prensa. Necesitaba seguir la historia y no darles ninguna información sobre King, la mafia y el hecho de que esta mierda del CEO era un ardid.
Cuando Carlisle terminó con su discurso, haciéndome señas para que me acercara, di un paso hacia adelante con nerviosismo, dando un pequeño respingo cuando las cámaras dispararon a gran velocidad. Esperaba caos, pero él mantuvo las preguntas controladas y rápidas, sin permitir las preguntas de seguimiento y respondiendo por mí cuando no tenía la información.
Miré más allá del mar de cámaras, micrófonos y grabadoras cuando Carlisle respondía una pregunta sobre el alza de los precios de las acciones, cuando sentí un escalofrío en mi cuello. A pesar de la gran multitud de personas frente a mí, sentí que estaba siendo observada. Realmente observada.
Alcancé a ver a Mickey al otro lado de la calle. Estaba caminando casualmente por la acera, pretendiendo mandar mensajes o escuchando música, o algo más sin importancia, pero fue justo detrás de ella cuando pasó por un callejón que lo vi.
Todo mi cuerpo se paralizó por el miedo. Miller estaba justo allí, justo al otro lado de la calle y tan cerca de Mickey que podía estirar su mano y tocarla cuando pasara frente a él. Todo lo que me había dicho o hecho estaba fijo entre nosotros mientras me miraba, recargado en el muro de ladrillo. Pero fue su lenta y repulsiva sonrisa deslizándose por su cara lo que me hizo alcanzar el brazo de Carlisle, no solo para tratar de alertarlo, sino también para mantenerme de pie porque sentía que mis rodillas no podían sostenerme cuando los destellos de tres días atada a una mesa inundaron mi mente.
Hice todo lo que pude por escuchar a Carlisle, de sentir el toque de Edward, pero los ojos azules como el hielo al otro lado de la calle estaban demasiado cerca, más cerca de mí de lo que alguna vez pensé volverían a estarlo. Requirió de todas mis fuerzas decir el nombre antes de que el toque de Edward desapareciera, dejándome sintiendo fría y sola.
~oOo~
Una fuerte bofetada en mi rostro me despertó de cualquier estupor o sueño o trance en el que estaba. Estaba cansada, hambrienta, muy sedienta y todo lo que quería era dormir—no que me lo permitiera. Escupí la sangre que llenaba mi boca, tratando de sonreír cuando le golpeó directamente a la cara.
"El tiempo se le está acabando, señorita Swan," ronroneó, limpiándose lentamente la cara, como si ni siquiera lo inmutara. "Pronto, se habrá terminado su utilidad," susurró, tomando mi mano que estaba sobre la mesa.
Cerré mi mano en un puño, a sabiendas de lo que estaba a punto de hacer porque no era la primera vez que me permitía sentir exactamente lo que le hacía el lastimarme. En lugar de eso, apretó mi muñeca solo lo justo de manera que mis dedos se aflojaran. Dobló mi meñique hacia atrás por completo hasta que no pude contener mi grito.
"No puedes luchar contra mí, Isabella," dijo desdeñosamente, su mano todavía sujetando mi muñeca con mucha fuerza. "¿Lo sientes?"
"¿Sentir qué?" Me mofé de él, lo que solo resultó en que me diera otra bofetada con su mano libre.
"Sigue así, y follaré cada agujero que tengas," gruñó, inclinándose de manera que estaba encima de mi rostro. "Y empezaré…" Gritó, saliva cayendo en mi rostro. "Empezaré con esa boca tuya malhablada…"
~oOo~
"Quédese quieta, señorita Swan," ordenó, pero su voz era apenas un susurro en mi oído. "Es hora de quitarle la ropa."
"¡No!" Sollocé, forcejeando y luchando contra las correas que me sujetaban a esa mesa, pero fue inútil.
"¡Dije que… quieta!" Gritó, poniendo la punta del cuchillo en mi garganta.
Con cortes deliberadamente lentos, deslizó ese cuchillo por mi camiseta sin mangas, la punta arañando mi piel con cada corte. El ardor no era tan malo como estar expuesta a él porque no estaba usando un sujetador. La sensación de la sangre corriendo por la piel de mi esternón, mi estómago y mis caderas no me hacían sentir ni la mitad de lo nerviosa como lo hacía Miller caminando hacia el otro extremo de la mesa y cortando cada pierna de mis pantalones de chándal.
"Tienes suerte de que no estoy listo para ti todavía, Isabella," susurró en mi oído. "Puedes quedarte con tu ropa interior… por ahora…"
~oOo~
La sensación del acero cortando la piel.
El olor de la piel quemada.
El pánico cuando el agua subía por mi nariz.
La sensación de una rata subiendo y caminando por mis pies y piernas desnudas.
El sonido de un hombre muriendo por una golpiza tan fuerte, que apenas podía respirar.
Ropa interior cortada.
Alarmas sonando.
Explosiones en la parte de arriba.
~oOo~
"Tal vez esté enferma."
"Puede que esté en shock."
"No, solo está asustada," escuché la voz de Carlisle decir a mi lado. "¿Bells? ¿Bella? Mírame, cariño."
La realidad volvió a mí en andanadas. Recordé la conferencia de prensa, la luz del sol, las preguntas, y las fotos. Recordé ver a Mickey al otro lado de la calle, Jasper y Emmett a cada lado de las zonas acordonadas, y la sensación de la mano de Edward deslizándose por mi brazo.
"¿Edward?" dije con voz rasposa, parpadeando velozmente para aclarar mi visión, frenética por verlo.
"Tranquila, Bellsy," canturreó Emmett, envolviendo un enorme brazo alrededor de mis hombros y guiándome hacia los ascensores.
Ya no estábamos afuera sino en el vestíbulo de TT. Vi a Carlisle, Rose y Emmett, pero Edward no estaba por ningún lado. Mi respiración salía en bocanadas mientras me giraba buscándolo.
"Bells, mírame," dijo Rose, acercándome a ella. "Viene en camino, corazón, solo dale un segundo."
"Se fue tras de Miller," me dijo Carlisle, levantando mi cabeza de manera que pudiera mirarlo a los ojos. "Tenemos que llevarte arriba, ¿está bien?"
Asentí, tragando grueso porque estaba a punto de perder el control. Demasiados recuerdos estaban volviendo—cosas que había enterrado, cosas que Edward me había ayudado a superar. Lo necesitaba—y solo a él—para que me dijera que estaba bien porque él era el único que realmente sabía lo que estaba sintiendo.
"Muy cerca, demasiado," susurré, temblando de los pies a la cabeza.
"No te tocará de nuevo, Bella," dijo Carlisle, abrazándome. "Y Edward volverá pronto, ¿está bien?" Me llevó dentro del ascensor ejecutivo, y lo abracé con fuerza porque él era lo más cercano a un padre, lo más cercano a Edward que podía tener.
Carlisle deslizó su mano de arriba hacia abajo en mi brazo de forma reconfortante mientras todos viajábamos en silencio al piso de arriba donde estaba la oficina, la oficina de mi padre, y el departamento. Cuando las puertas se abrieron, Angela estaba de pie allí, esperando subir, todavía cargando una enorme pila de archivos en sus brazos.
"Ah, Angela," Carlisle la saludó con una sonrisa forzada. "¿Podrías por favor ir a mi oficina y decirle a la señorita Platt que venga la oficina de Char… Isabella?"
"Sí, señor Cullen. ¿Algo más que necesite?" Preguntó, mirándolo a través de sus gruesas gafas.
"De hecho, sí. ¿Podrías por favor conseguirnos algo para comer del deli al otro lado de la calle? Y asegúrate de llevar seguridad contigo."
"¿Seguridad?" Jadeó, sus cejas levantándose casi hasta la línea de su cabello.
"Solo, dame ese gusto, Ang. ¿Quieres?" Preguntó.
"Sí, señor Cullen. ¿Algo en particular?"
"Lo que sea es bueno, y suficiente para alimentar… a un ejército." Soltó un resoplido, rodando los ojos a su excusa de broma.
"Por supuesto," respondió con una risita, dándose la vuelta para dirigirse a la oficina de Carlisle.
Entramos a la oficina de Charlie, y no habían pasado ni treinta segundos cuando Esme pasó por la puerta a toda prisa.
"¿Qué pasó?" Preguntó, apartándome de los brazos de Carlisle y atrayéndome a los suyos en un cálido abrazo.
"Miller estaba allí," gruñó él, pasando una mano por mi cabeza mientras me aferraba a la calidez de ella.
"¿Qué? ¡No!" Jadeó, abrazándome con más fuerza.
Carlisle se volvió hacia Emmett. "Quiero que te quedes aquí para cuando Ang vuelva con la comida. Quiero que escuches cada palabra que venga de ese auricular. Tengo que llamar a Alec, pero mantenme informado."
"Señor," gruñó, pero su ceño se frunció. "Ya sabe… puede que Eddie lo mate."
"Que así sea," bufó Carlisle encogiéndose de hombros, sus ojos enterneciéndose cuando me miró. "No puedo decir que lo culpe, de verdad," murmuró, sacando su móvil.
"Bells, vamos a conseguirte algo de beber," Me instó Rose, abriendo la estantería para dejarnos entrar a todos al departamento.
Me di la vuelta cuando Emmett habló por el auricular.
"Eddie, estamos donde tenemos que estar. Y estamos bien. Solo—", hizo una pausa, mirándome "—dale uno por mí, ¿quieres?"
Sonrió a lo que sea que Edward debió haber dicho, sacudiendo su cabeza y acercándose a mí. "Él está bien, Bellsy. ¿Lo escuchas?" Preguntó, quitándose el auricular solo lo suficiente para que pudiera escuchar a Edward y Jasper gritándose instrucciones el uno al otro.
"Gracias, Em," susurré, besando su mejilla.
"Por supuesto, nena."
Al entrar al departamento, me encontré reviviendo los últimos minutos—el pánico, la inmovilidad, el miedo. Me dejé caer en el sofá con un profundo suspiro porque debía haber estado enojada. Debía haber estado lo suficientemente cómoda con la gente a mi alrededor para darme cuenta que ellos nunca hubieran permitido que Miller me tocara. Entre más tiempo pasaba sentada allí, más enojada me sentía conmigo misma. Había mejorado tanto después de todas las cosas que me había hecho, nunca debí haber permitido que me afectara.
Una taza de té caliente fue puesta en mis manos. Esme se sentó junto a mí, quitando el cabello de mi rostro y sacando mi labio de entre mis dientes.
"Te harás sangrar, niña hermosa," dijo con un suspiro, inclinando su cabeza hacia mí. "Háblame."
"No debía haberme paralizado de esa forma," susurré, sacudiendo mi cabeza. "Podría haber dicho algo más pronto."
"Nadie te está culpando, Bella," Rose me tranquilizó, sentándose en la orilla de la otomana. "Demonios, si hubiera sido yo, hubiera hecho lo mismo."
"No tienes nada de lo que sentirte culpable, cariño," añadió Esme, instándome a tomar el té. "Eres tan fuerte. Y con todo lo que has pasado…" Se detuvo, tomando una respiración profunda cuando Carlisle caminó por la habitación, murmurando al teléfono. "Miller es un monstruo, Bella. Tienes todo el derecho de tenerle miedo."
Fruncí el ceño, bajando la vista a mi taza de té antes de tomar un pequeño sorbo. "Edward me dijo que no podía permitirle ganar, que siguiera enojada con él. Que usara esa ira en lugar del miedo, que… la usara contra él."
Esme soltó una risita, sonriendo con dulzura. "Por supuesto que te lo dijo. Eso es lo que Edward hace. Se alimenta de su ira a fin de corregir lo que está mal en su vida. No todos pueden hacer eso. No significa que te fallaste a ti misma o, a Edward. Solo significa que eres diferente."
Levanté la vista cuando escuché la estantería en la oficina de Charlie deslizarse. Emmett abrió la puerta, cargando una enorme caja de comida.
"¿Tienes hambre?" Preguntó Rose, levantándose, pero negué con la cabeza, Emmett estalló en una sarta de blasfemias en voz alta.
"¡Chupapollas… cabrón… hijo de perra!" Gruñó, azotando la caja en la encimera de la cocina. "¡Carlisle!" Gritó, negando.
Carlisle salió del pasillo, levantando su mano mientras escuchaba el teléfono. "Lo sé, Em. Cálmate."
"¿Qué pasó?" Rose le preguntó a Emmett.
"¡El cabrón se les escapó!" Siseó, y yo jadeé.
"No," dije entre mi aliento, subiendo mis rodillas hacia mi pecho y agarrando mi cabello.
Miller seguía allá afuera.
De pronto, la ausencia de Edward era tan malditamente evidente, dejándome expuesta, sin importar cuanta gente estaba en la habitación. Sin importar que Emmett podría moler a palos a Miller, o que Carlisle parecía que estuviera dispuesto a poner todo el edificio en movimiento para encontrarlo, o ni siquiera que Rose y Esme estaban abrazándome, susurrando palabras que no podía escuchar con mis oídos zumbando.
Sentía que estaba en una pesadilla de la que no podía despertar. Sentía que no podía respirar. Era un verdadero ataque de pánico—algo que no había sentido desde que nos estábamos quedando en la cabaña de la montaña. Había olvidado lo poderosos y debilitantes que eran. Había olvidado que estaba fuera de mi control, sin importar lo mucho que tratara de ser fuerte.
"Edward, vuelve aquí. Haz que Alec te recoja, hijo," la voz de Carlisle dijo suavemente desde la cocina. "Solo… apresúrate."
Cálidas manos frotaban mis brazos, apartándolos de mi cabeza. Levanté la vista para ver a Carlisle, que parecía estar controlando su temperamento pero manteniéndose calmado por mí.
"Está en camino, cariño, ¿está bien?" Susurró, tomando mi rostro entre sus manos y limpiando mis lágrimas con sus pulgares mientras yo asentía.
Me quedé acurrucada en el sofá por no sé cuánto tiempo, pero mi cabeza se levantó de golpe cuando el estruendoso ruido de la estantería en movimiento hizo eco en la habitación.
Edward fue el primero que pasó por la puerta. Estaba sucio, y se veía encabronado como el demonio, pero no me importó. Se veía como un héroe encarnado. Sus pantalones estaban rotos en las rodillas, y su camiseta la traía por fuera. Sus gafas de sol ya no estaban, dejando sus penetrantes ojos verdes libres de buscar en la habitación.
Se veía jodidamente perfecto.
Levantándome del sofá, crucé corriendo la habitación, esquivando a Emmett y Carlisle por el camino. Levantándome entre sus brazos, al fin oí lo que necesitaba oír—su voz. Ese perfecto, suave y tranquilizador sonido que me sacó de mi peor pesadilla.
"Amor, ¿estás bien?"
~oOo~
EDWARD
Para cuando entré al vestíbulo de TT, estaba empezando a sentir cada paso de esa persecución a Miller. Mi vieja herida en la rodilla palpitaba por saltar de una azotea a otra. Mi espalda me estaba ardiendo por la grava del techo que me había raspado cuando rodé, y mi mano estaba sangrando y adolorida de cuando había derribado a golpes el aire acondicionado.
Pero ninguna de esas cosas importaba; tenía que llegar a Bella.
"Ve a cuidar de Bells, Ed," murmuró Jasper, dándome un apretón en el hombro. "Voy a reportarme con Alice," explicó, señalando hacia seguridad. "Voy a ver lo que consiguió grabar."
Asentí, guiando a Alec, Eleazar, Eric y Felix hacia los ascensores ejecutivos. Después de pasar mi tarjeta, abrió de inmediato y todos entramos. Antes de que las puertas se pudieran cerrar, un delgado y femenino brazo se lanzó para detenerlo, lo que provocó que los cinco saltáramos para abrir las puertas.
Una desliñada pero evidentemente agradecida Angela caminó a través de la puerta, sus brazos nunca vacíos, al parecer.
"Gracias," dijo con un suspiro, mirándome. "Oh, Edward. Um… necesito ver a tu padre. ¿Está allá arriba?"
"Sí, señorita," le dije, tratando de no sonar cortante porque no era su culpa que el ascensor no fuera a la velocidad de la luz. "Creo que está en la oficina de Charlie. Le diré que salga a verte."
"Bueno, en realidad, ¿podrías solo decirle que Ben Cheney le dejó un mensaje?" Preguntó cortésmente, quitando un pequeño cuadro de papel de encima de la pila de papeles en sus brazos. "Sé que está ocupado hoy, así que no quiero molestarlo, pero dile que me haga saber cuando esté listo para la asamblea con los empleados."
"Solo… quédate cerca, Angela," suspiré, tomando la nota. "Puede que te necesite. No lo sé."
"¿Te deja Carlisle hecha polvo, cariño?" Eleazar se rio, sacudiendo su cabeza.
"¡No! ¡Dios, no!" Se echó a reír, sonrojándose un poco, y no pude evitar que me gustara la chica porque parecía sincera y trabajadora. "El señor Cullen es muy amable. En realidad, es uno de los supervisores más agradables que he tenido."
"No se lo diremos," se rio Alec, rodando los ojos. "Se le subirá a la cabeza."
Todos nos reímos, levantando la vista cuando el ascensor sonó y las puertas se abrieron.
"Angela," le dije antes de salir del ascensor, "este es Alec, Eleazar, Felix y Eric. Necesitan autorización de seguridad como la que tengo. Cuando tengas tiempo, ¿podrías decirle a Frank?"
Asintió, empujando sus gafas hacia arriba con su mano libre. "Um, sí, señor," respondió. "Acabo de llevarles el almuerzo hace unos minutos, así que cuando hayan comido caballeros, digan al señor Cullen que me llame. Yo misma los llevaré abajo."
"Gracias, Angela," todos dijimos al mismo tiempo, lo que hizo que se riera, cuando entrábamos a la oficina de Charlie.
Cuando abría la estantería y luego la puerta, Alec resopló. "Maldición, el papá de Bella era otra cosa. Fíjate en esta mierda…"
"Mmm," murmuré distraídamente porque no podría entrar lo suficientemente rápido.
Miré alrededor del departamento, pero un borrón de cabello castaño dirigiéndose hacia mí casi me hace perder el equilibrio. La atrapé, mis labios de inmediato en su oído.
"Amor, ¿estás bien?"
No dijo nada, solo me apretó acercándome a ella, enterrando su rostro en mi cuello. Con un brazo alrededor de ella, le entregué a mi padre el mensaje de Benny, murmurando que Angela lo estaba esperando.
El rostro de mi padre se enterneció mientras miraba a Bella. Apretó mi hombro, susurrando, "La próxima vez, hijo. Sácala de aquí por un momento."
Ni siquiera miré hacia atrás mientras la cargaba hacia su recámara, ignorando las miradas de simpatía y preocupación de todo el mundo. Mi chica era fuerte, pero sabía que esta mierda la había asustado de verdad. No ayudaba que había dejado que el cabrón se escapara.
Me senté con fuerza en el borde de la cama, manteniéndola firmemente plantada en mi regazo. Se movió más cerca, su respiración profunda al mismo tiempo que temblaba en mis brazos.
"Bebé, respóndeme. ¿Estás bien?" Le pregunté, tirando de ella hasta que se sentó para mirarme a los ojos.
Su rostro decayó. "Traté de permanecer enojada, pero él estaba… justo allí," sollozó, limpiando sus lágrimas con el dorso de su mano. "Yo… no pude evitar mirarlo… él estaba… y… yo..."
Mi corazón se rompió por ella porque había visto de cerca lo jodidamente asqueroso que era realmente y no podía imaginarme que tan repugnante podría ser cuando de verdad se dejaba ir, en especial con una mujer. No tenía miedo, no tenía remordimiento, y, ciertamente, ninguna vergüenza. No tenía duda de que Alec tenía razón, el pendejo volvería por ella. Joder, no podía evitarlo.
"Hey," le dije, tomando ambos lados de su rostro. "Está bien. Se ha ido. No como quisiera, pero no te tocará, amor. Por favor, por favor deja de llorar."
"Dime lo que pasó," se sorbió la nariz, tratando con todas sus fuerzas de calmarse.
"Lo perseguimos hasta la azotea de un edificio de apartamentos. Jasper y yo pensamos que lo teníamos atrapado, y demonios, incluso le disparé al hijo de puta, pero saltó," le dije, sacudiendo mi cabeza a lo jodido que era que ese pendejo se hubiera escapado.
"Creí que habías dicho que se escapó," acusó, entrecerrándome sus ojos.
"Lo hizo, bebé," dije con un suspiro, limpiando el resto de sus lágrimas. "Se deslizó en uno de esos conductos de construcción, y había un coche esperándolo."
"Oh," bufó y luego tomó una respiración profunda, su ceño todavía fruncido.
"Es mi culpa," gruñí, pasando una mano por mi cabello. "No debí haber vacilado, pero estaba tan enojado de que estuviera allí, asqueado de toda la mierda que había hecho y la forma en que estaba mirándote… que ni siquiera pude pensar en qué demonios quería hacer con él. Y eso me costó…"
Mi chica me envolvió en un fuerte abrazo, murmurando, "Gracias por intentarlo," pero siseé cuando su mano presionó un rasguñó en mi hombro. Se apartó rápidamente, mirándome fijamente. "Al baño. Déjame ver," ordenó, bajándose de mi regazo.
Gemí pero la seguí al baño, mis piernas ahora rígidas por mi caída a la azotea.
Se giró frente a mí, las manos en sus caderas. "Desvístase, señor."
"Si me querías desnudo, solo tenías que decirlo, Bella," la provoqué, pero no me hizo caso.
"No es gracioso, Edward. Déjame ver."
Con cuidado, me quité la camisa, los zapatos, calcetines y pantalones, y me quedé de pie frente a ella en mi ropa interior. Me sentí como un niño regañado hasta que sus ojos se llenaron de lágrimas.
"Bebé, por favor no," le rogué, acercándola a mí. "Son solo unos rasguños. Estoy bien."
"Tu rodilla está hinchada, Edward," respondió, señalando la ducha. "A la ducha. Voy a conseguirte ropa limpia y algo para el dolor y esos rasguños."
"Nada más que medicamentos sin receta, amor," refunfuñé. Había experimentado con medicamentos para el dolor después de mi accidente de helicóptero y no necesitaba nada más que estar alerta.
"Bien," suspiró, señalando la ducha. "Dentro, Edward."
Para cuando terminé de sisear y hacer muecas como un mariquita durante toda mi ducha, salí para ver que ella me estaba esperando con ropa limpia, una botella de agua, dos pastillas y un kit de primeros auxilios.
"Esta mierda no es necesaria, Bella," gruñí, rodando los ojos ante su sonrisa irónica.
"Eres duro. Ponte esto y siéntate," ordenó, ignorando mi expresión irritada y entregándome la ropa interior.
Estaba tan jodidamente linda, toda mandona y seria que no pude evitar el simplemente hacer lo que pedía porque tenía la sensación de que era algo que ella necesitaba hacer…. y había dejado de llorar, de manera que cualquier cosa que mantuviera las lágrimas a raya era algo bueno.
La observé la noche que habíamos regresado a la granja con mi padre. Había sido tan cuidadosa con Eleazar, limpiando su herida y vendándola. Mi padre, Esme y yo nos habíamos detenido a observarla, y Esme me había susurrado que era terapia para Bella el ayudar a alguien más con una herida, que la ayudaba a olvidar las propias heridas que había sufrido.
"Ten, tómate estas, por favor," me suplicó, poniendo dos pastillas en mi mano y dándome el agua. "Es solo acetaminofén, pero ayudará, ¿está bien?"
Asentí, bebiéndome toda la botella de agua al mismo tiempo.
Trabajó en silencio, sus ojos enfocados y concentrados en mis heridas. Ambas rodillas estaban raspadas—y una estaba hinchada—así que las limpió y puso medicamento en ellas, pero la detuve de vendarlas.
"Déjalas abiertas," le dije, encogiéndome de hombros cuando levantó la vista para mirarme, pero no discutió.
Se puso de pie y me dio la vuelta cuidadosamente de manera que pudiera echar un vistazo a mi espalda, la que en realidad ardía peor que mis rodillas, y no pude contener el siseo en el momento que comenzó a limpiarla.
"¿Te caíste, Edward?"
"En realidad no. Corrí como unas seis o siete cuadras y subí por una escalera de incendios, así que para cuando salté de una azotea a otra, mis rodillas estaban cansadas. Aterricé bien pero tuve que rodarme para amortiguar el impacto," le expliqué en voz baja, de nuevo dando un respingo cuando la limpió una vez más.
"A ver…" Dio unas risitas, inclinándose hacia adelante y soplando suavemente sobre mi piel para quitar el ardor.
Ese simple e inocente gesto se disparó directamente a mi polla, y tuve que morderme el labio para evitar que se me escapara un gemido porque podía imaginar sus labios, su aliento, su boca en otros lugares.
"Voy a cubrirte esta, cariño, para que tu camiseta no se pegue," susurró en mi oído, lo que no ayudaba a mi actual situación, y me atrapó acomodándome cuando se inclinó hacia adelante para besarme en la mejilla. "Usted es insaciable, señor Cullen," ronroneó con una risita contra mi mandíbula.
"Es tu culpa," le dije, finalmente dejando salir el gemido que no pude contener. "Bella, apúrate por favor…"
Sonrió contra mi hombro, colocando un beso en mi piel con otra risita saliendo de ella.
"Síguete riendo, dulzura," gruñí, pero su risa mientras me ponía medicina y me vendaba solo me hizo sonreír porque cualquier día prefería que se riera de mí a que se sintiera mal.
"¿Y tú mano?" Preguntó, levantando una ceja ante mis raspados y enrojecidos nudillos.
"Y-yo… p-puede d-decirse que g-golpeé un aire a-acondicionado," balbuceé, mirando mi mano mientras la limpiaba, también.
Una vez que terminó, me dio la vuelta de nuevo, todavía conteniendo su sonrisa. "Por mucho que me gustaría hacerme cargo de esa situación que tienes por ahí, Edward, tu papá quiere que comamos antes de que bajemos al auditorio para el anuncio a los empleados."
Hice una mueca pero asentí. Sabíamos que este plan giraría en torno a mantener las apariencias pero echaba de menos la despreocupada forma de actuar de la granja. Hasta echaba de menos la cabaña de la montaña, donde hacíamos revisiones de perímetro juntos. Joder, al menos podía tocarla cuando quería, pero aquí no, no cuando no estábamos seguros de quién estaba observando, quién podría beneficiarse de saber qué planeábamos. El hecho de que la llevaban en muchas direcciones diferentes sin tiempo libre solo lo empeoraba—y solo era el primer día de mierda.
"Te deseo," hice un puchero pero arrebaté mi ropa de sus manos. "No me disculparé por eso."
Tomó mi rostro entre sus manos, besando mis labios de lleno. "Y no quiero que lo hagas, pero no podemos. Créeme… después de esta mañana, no hay nada que quiera más que esconderme aquí contigo," me dijo, sus dientes mordisqueando con fuerza su labio inferior y su ceño fruncido. Podía darme cuenta que esta mierda con Miller todavía la estaba jodiendo.
Sabía que mi presencia la hacía sentirse a salvo, pero no había comprendido cuánto. Su ataque de pánico había sido probablemente el resultado de mi ausencia y la presencia de Miller—una extremadamente mala combinación para ella.
"Siento que te haya asustado," le dije con honestidad, "pero prefiero perseguirlo que permitirle acercarse de nuevo a ti, ¿está bien?"
Tragó saliva pero asintió.
"Voy a perseguirlo hasta atraparlo, amor," le juré, queriendo decir eso hasta mis huesos.
"Lo sé, y gracias," dijo con un suspiro, besándome de nuevo antes de apartarse cuando la voz de mi padre llamó desde la puerta de su recámara.
"Bella, Edward… tenemos que irnos," dijo, pero podía darme cuenta que estaba incómodo molestándola después de lo que había pasado antes.
Con una última mirada triste en mi dirección, suspiró, respondiendo, "En cinco minutos, Carlisle."
~oOo~
"¿Quiénes son estos idiotas?" Bufó Emmett mientras estábamos de pie a un lado de la plataforma.
Solté un resoplido, apenas prestando atención al discurso de mi padre porque ya les había presentado a Bella. Ella se había manejado bien, aun cuando en realidad no estaba entusiasmada de estar allí, pero mi padre intervino de nuevo, hablando por horas sobre mantenerse fiel a la visión de Charlie para TT, hasta que dijo algo sobre seguridad.
"Me gustaría que prestaran atención a los caballeros de negro, de pie en diferentes partes de la sala," dijo, señalando hacia las puertas traseras, la plataforma, y los dos costados del auditorio.
Eleazar, Felix, Alec y Eric había sido llevados a seguridad por Angela a recibir sus identificaciones. Se habían cambiado de ropa a petición de mi padre porque quería enviar un mensaje en esta reunión de empleados. Quería que todos supieran que estaban siendo protegidos así como observados.
"Este es un nuevo y más alto nivel de seguridad. Están aquí para ayudarnos, tomando en cuenta los acontecimientos en torno a la muerte de Charlie Swan. Se me ha hecho saber que se ha estado filtrando información y que hay violaciones de seguridad y estamos tratando de ponerle fin. Si ven a estos caballeros—y dama," añadió con resoplido cuando Mickey, que ahora estaba vestida como el resto de nosotros, se aclaró la garganta detrás de él al otro lado de la plataforma, "están allí para protegerlos. Si ven cualquier comportamiento sospechoso, repórtelo con uno de ellos." Apoyó sus manos en el podio, mirando hacia los asientos ocupados. "Damas y caballeros, esto no se trata sobre recesos para almuerzos o el robo de material de oficina… porque todo el mundo aquí se ha llevado a casa una libreta o una pluma. Se trata sobre ser cuidadoso con quien habla, a quien deja entrar a la sala de correo, a quien ven conduciendo en el garaje. Si no son personas que ve normalmente en su departamento, si no lleva una tarjeta de identificación de empleado… denúncielo."
Bella se puso de pie una vez más, caminando hacia el podio. Este era el paso final en el plan—el anuncio del homenaje a Charlie. Decirle a este grupo de personas aseguraría que eventualmente King se enterara cuando sería, y con esa idea, mis ojos se dispararon en dirección al señor Wendell en la fila de enfrente.
"Me gustaría invitarlos, a todos ustedes, a un homenaje a mi padre solo para empleados. Sé que algunos han estado trabajando para él por muchos años. De hecho," dijo, sonriendo amablemente alrededor de la sala, "reconozco a varios de cuando solía correr por este lugar de niña."
Sonreí a las risas en la sala y me hubiera encantado verla—con coletas, rodillas huesudas y todo—corriendo por el edificio sin pena o miedo de las consecuencias. Tenía sentido cuando recordaba nuestro encuentro hace catorce años, el por qué era tan extrovertida, tan cómoda al conocer gente nueva. Su patio de juegos había sido un edificio de veintitantos pisos con incesantes nuevos rostros qué conocer que sabían exactamente quién era ella—la hija del jefe—y se ocupaban de todos sus caprichos.
"Pensé que era apropiado que lo tengamos aquí," continuó con un gesto de cabeza, metiendo el cabello detrás de su oreja. "A mi padre le hubiera gustado que fuera aquí. Los consideraba su familia, gente de la que se rodeaba todos los días. Una vez me dijo que no había un solo empleado inútil en Twi Tech porque todos hacían su trabajo. Dijo que si no fuera por ustedes y todos en sus departamentos, él no hubiera estado donde estaba. Le hubiera gustado agradecerles por eso.
"Así que, por favor, hagan saber en sus departamentos que el homenaje se llevará a cabo aquí, el viernes, a las dos de la tarde," concluyó, doblando sus notas. "Una vez que el homenaje haya terminado, todos serán libres de tomarse el fin de semana temprano." Sonrió cuando aplaudieron, evidentemente emocionados por la idea un fin de semana largo, pero no mucho por la razón para ello.
"Es más o menos buena para esta mierda," se rio Emmett, todavía mirando alrededor de la sala.
"Está odiando cada segundo," le dije, mirándolo cuando resopló una carcajada. "Está deseando entregarle esta mierda a mi padre."
"No lo parece, hombre."
"Nop, pero solía 'interpretar un papel' en su propio trabajo, así que es lo que está haciendo," le expliqué, usando mis dedos para hacer comillas en el aire. "Está manejando esto como cualquier otra situación de incógnito."
"Tiene sentido."
Mi mirada se posó de nuevo en el señor Wendell cuando pasó frente a nosotros, y lo fulminé con la mirada. No solo era que no confiaba en él, también era cómo había tratado a Bella en esa sala de conferencias mientras leía el testamento. La había tratado como si fuera estúpida, y estaba lejos de serlo. Quería enseñarle respeto.
"Él es el infiltrado," le susurré a Emmett. "Te lo garan-puto-tizo."
"Sí, se veía extremadamente nervioso cuando salió disparado de esa reunión," dijo Emmett en voz baja, sus ojos estrechándose hacia la pequeña comadreja. "Estuve a punto de noquearlo en su trasero cuando llamó a Bellsy una malcriada niña rica…" Dijo lo suficientemente fuerte por lo que lo escuchó.
Quería reírme a la reacción del abogado porque supo de inmediato que Emmett lo acababa de delatar, pero también quería golpear al tipo en la cara. Bella estaba lejos de ser malcriada.
"La próxima vez, hazlo," le dije a Emmett, lo suficientemente alto para que Wendell me escuchara.
"Estaría encantado de hacerlo ahora," se rio entre dientes, tronando todos sus nudillos y flexionando sus brazos. "Me he perdido del último par de cosas emocionantes."
Me reí pero me detuve cuando la mano de mi padre se posó en nuestros hombros. "Por mucho que esté de acuerdo, déjenlo por ahora, chicos," murmuró por lo bajo. "Ahora, vayan por las chicas. Tenemos una reunión más de nuevo en seguridad con Eleazar y Alec."
Cuando nos acercamos a las chicas, noté que Rose estaba tratando de alejar a Bella de una mujer mayor.
"Bells, tenemos una reunión más, cariño," susurró pero sonrió con indulgencia a la mujer.
"¡Mírate, Isabella!" La mujer dijo efusivamente, tomando el rostro sonriente de Bella entre sus manos. "Te has convertido en una mujer muy hermosa. ¡Apuesto a que Charlie se sentía muy orgulloso de ti!"
Bella dio unas risitas, sacudiendo la cabeza. "Solo lo está diciendo porque solía volverla loca, señorita Evelyn."
"Oh, difícilmente. Tengo hijos propios, ¿sabes?" Se burló. "Va a ser un cambio agradable verte por aquí más a menudo. Aunque el corazón de Charlie se rompió cuando te fuiste a Virginia…"
La señorita Evelyn miró por encima del hombro de Bella, viéndose nerviosa a medida que Emmett y yo nos acercábamos, pero Bella sonrió, tomando su mano y llevándola hacia nosotros con Rose siguiéndolas.
"Señorita Evelyn Arthur, conozca a Edward Cullen y Emmett McCarty," nos presentó. "Chicos, ella es la señorita Evelyn. Trabaja en nómina."
"Genial," Emmett le sonrió, lo que provocó la risa de la mujer. "¡La señora del dinero!"
"Ignórelo," me reí con un resoplido, rodando los ojos y estrechando su mano. "Encantando de conocerla."
"A ustedes también," dijo con una sonrisa.
"Bells, una reunión más," la apresuró Rose. "Tenemos que ir a hablar con seguridad una vez más."
"Está bien," mi chica suspiró, volviéndose a la señorita Evelyn. "Subiré a verla mañana. Nos pondremos al corriente, ¿está bien?"
"¡Más te vale!" La anciana ordenó, apuntando un dedo hacia ella. "Pero voy a esconder todos mis marcadores. ¡Solías colorear hasta que los secabas!"
Bella se rio, abrazando a la señora y besando su mejilla. "Llevaré los míos."
~oOo~
BELLA
Caí en una silla en la sala de control de seguridad, esperando a que todos los demás entraran y se sentaran. Miré las pantallas, notando dos titulares. Uno era el incendio en una tienda de préstamos no lejos de aquí y el otro era la explosión de un coche que mató a cuatro hombres afuera de una compañía de teléfonos móviles. Los dos pasaron la misma noche, y ambos fueron a solo unos kilómetros uno del otro.
Los hermanos Savage ya no existían.
Solté un resoplido pero gemí cuando una mano cálida empezó a masajear mi cuello y hombros.
"¿Cómo lo llevas, amor?" Una voz sedosa canturreó en mi oído.
"De verdad necesito esa cerveza y el baño de burbujas," lloriqueé, rodando los ojos al escuchar su risa profunda.
"Oh, ahora necesitas burbujas, ¿verdad?" Se rio suavemente, besando el tope de mi cabeza.
"Uh huh," suspiré, inclinándome hacia atrás para mirarlo. "Por favor, por favor di que me acompañarás."
"¿Y perderme el poder desnudarte? No me lo perdería, bebé," ronroneó en mi oído, dejando un rápido beso antes de que la puerta se abriera.
Sonreí, dándole un codazo en su estómago cuando se paró detrás de mí, pero fue a Eleazar a quien le hablé. "¿Tú lo hiciste?" Pregunté, sonriendo a su inocente encogimiento de hombros.
"No sé de qué está hablando, señorita Bella," se rio, lanzado un guiño en mi dirección.
Una vez que todo el mundo estaba dentro, Carlisle cerró la puerta. Alice y Mack tomaron sus asientos frente a los monitores, Eric y Felix se quedaron de pie contra la pared de un costado, y el resto de ellos se sentaron alrededor de las mesas. Alec, sin embargo, se sentó a un lado de mí. Frank y sus dos hombres al parecer no estaban invitados a esta reunión.
"Esos malditos cobardes," susurró, mirando hacia los titulares en la pantalla de la computadora. "Cantaron como lindos pajaritos, chica. Cantaron melodías sobre la madre de Miller, donde vivía, que de vez en cuando es visitada por su hijo." Me levantó una ceja. "Ahora, es tu decisión,bellissima (1)," dijo, dejando que el italiano fluyera con práctica y facilidad. "Podemos ir a echarle un vistazo a… mamá, o esperamos hasta que este… mostro (2) venga por ti."
Toda la sala estaba en silencio, observándonos a Alec y a mí. Él estaba completamente serio mientras estudiaba mi rostro. Tragué saliva, mirando a Edward, luego a Carlisle y finalmente de nuevo a Alec.
"Crees que volverá por mí," dije, haciendo una mueca cuando asintió despacio. Respiré hondo, negando por lo que estaba a punto de decir. "Si no se presenta aquí para cuando terminemos con King, luego él será tuyo."
"Y mío," gruñó Edward, y la cabeza de Alec se giró a mirarlo. "El cabrón no se escapará de nuevo," dijo con brusquedad.
"Por supuesto, chico," dijo Alec con una sonrisa de suficiencia, un gesto con su cabeza y un apretón de manos entre ellos.
Carlisle se aclaró la garganta, atrayendo todo nuestra atención hacia él al frente de la sala. "Hay dos cosas que necesitamos analizar en esta reunión. Lo primero es… King," dijo con un gesto de su cabeza. "Benny me dejó un mensaje hoy por la mañana indicando que la liberación de King está fijada para mañana. Eso es el miércoles. De manera que estará afuera a tiempo para el homenaje."
"Oh, y definitivamente está planeando asistir," bufó Alec, rodando los ojos. "El cabroncito de la tienda de préstamos… se aseguró de darnos todo tipo de información antes de que el desafortunado incendio se desencadenara."
Hubo unas cuantas risitas en la sala antes de que Carlisle continuara.
"Eso imaginaba," dijo con un suspiro, viéndose mayor de lo que alguna vez lo había visto—pero demonios, lo entendía, había sido un día de mierda. Miró a Makenna. "Mack, ¿cuántos nos deja eso?"
"Cuatro, incluyendo Miller." Se puso de pie y pasó alrededor cuatro fotos. "Victoria, por supuesto, aunque no estaba segura de incluirla o no," dijo, mirando a Eric.
"Me gustaría que tratáramos de salvarla," recalcó Eric, mirando a Carlisle. "De verdad creo que solo necesita escapar de King. Sé que ama a Chelsea…" Su voz se apagó, pero Carlisle asintió en comprensión.
"A continuación, Dale Young," dijo, pasando a la siguiente foto de un hombre joven cruzando una calle transitada.
"Dale Young es el actual dueño y operador de un club que la mayoría de los matones de King frecuentan. Es malditamente popular en Seattle," bufó Alice, rodando los ojos por encima de su laptop. "Se rumorea, aunque nadie ha podido probarlo, que Young opera una red de prostitución en la planta alta de este edificio."
Dio vuelta a la computadora de manera que pudiéramos echar un vistazo, parecía un edificio industrial que había sido renovado. La primera planta o dos se veía como el club, donde los siguientes pisos eran oficinas o departamentos. El nombre en la entrada principal era Club 13.
"Dicen por ahí, que es su número de la suerte," declaró Alice con un resoplido, "lo que simplemente no entiendo. No hay una prueba científica de que cualquier número pueda tener algún significado para las cosas. Hay una cantidad limitada de números, y por qué todos usan el mismo conjunto de números esperando por… decir… ganar la lotería..."
"¡Alice!" Espeté, frotando mis sienes, demasiado cansada para lidiar con una lección de matemáticas. "Duendecillo, por favor continúa…" A pesar de las risas alrededor de la sala, la cálida mano de Edward encontró de nuevo mi hombro.
"Sí, sí, sí," dijo con un suspiro. "Por supuesto. Bien, así que Young, aunque no es inocente, tiene una esposa y dos hijos—un niño y una niña. Mantiene una residencia en Canadá para ellos. Aplicó varias veces para su licencia de negocios, solo para que se la rechazaran una y otra vez. Sin embargo, la última vez, con la firma de King en el papeleo, fue aprobada."
"¿Y este tipo?" Pregunté, levantando la siguiente foto de un tipo bastante guapo.
"Wes Michaels," respondió Mack. "Sexy, ¿no?"
"Oh Dios mío, Mack," gruñí, levantando la vista de la foto. "No quiero tener que dispararles a ambas hoy…"
Todos se rieron, pero Alice comenzó a hablar a fin de mantener las rabiosas hormonas de Makenna fuera de peligro.
"Bien, así que esta cosita guapa está completamente en blanco," dijo, mirando hacia Carlisle. "Creo que hemos encontrado nuestro otro agente federal. Sé que Benny dijo que tenía dos—uno con Miller, y uno con King. Creo que este es… el sobreviviente."
"¿Qué te hace estar tan segura?" Preguntó Carlisle, inclinándose sobre ella.
"Este," dijo ella, señalando la pantalla. "Wes Michaels, solo se puede rastrear— sus finanzas, licencia de manejo, seguro, cambio de cheques, internet—por los últimos tres años. Sin embargo, tiene una posición alta allí. Maneja un campo de tiro a las afueras de la ciudad."
"Es dónde pondría un hombre," dijo Eleazar encogiéndose de hombros. "Me refiero a que, todo nuestro objetivo es detener las ventas de armas de King, de manera que, ¿qué mejor lugar que un campo de tiro? Teníamos conocimiento de que los federales tenían tipos allá afuera, simplemente no estábamos seguros de que tan alto. Es impresionante si confían tanto en él, pero significa que está profundamente encubierto."
"Está bien, se necesitará de las chicas y yo para el Club 13," solté un resoplido, rodando los ojos, "y alguien más puede tomar el campo de tiro."
"No estarán solas en el club, Bella," gruñó Edward, girándose para quedar frente a mí.
"Tiene razón," su padre concordó. "De hecho, por lo grande que está ese lugar, vamos a necesitar a todos en esa."
Todos asentimos de acuerdo, siguiendo cada uno de sus movimientos.
"Pero el campo de tiro," dijo con un suspiro, mirando a todos alrededor. "Estoy pensando en Eleazar, Jasper, Emmett… Mickey y Makenna," dijo, levantando sus manos cuando todo el mundo empezó a hablar al mismo tiempo. "¡Esperen!" Bufó, rodando los ojos. "Hay una razón por la cual los elegí. Eleazar puede identificar a un federal a un kilómetro de distancia. Puede ir como si les estuviera pagando a los chicos y sus chicas una ronda de práctica de tiro. Jasper puede estar pendiente de las armas ilegales mientras Makenna entra para recordar todos los rostros. Mickey y Emmett estarán allí en caso de que algo salga mal."
"Oh," dije entre mi aliento, pensando que era brillante.
"Ahora… quiero saber sobre Alistair Corbin," gruñó Edward, cruzando sus fuertes brazos sobre su pecho.
Alec y Carlisle intercambiaron una mirada ilegible, pero fue Carlisle quien empezó a hablar.
"Corbin sería la única persona que querría vengarse de mí. Y al parecer está usando a King para hacerlo," empezó a caminar despacio de un extremo al otro. "Edward, no recordarías esto porque estabas en la escuela militar cuando tomé un trabajo en Colombia."
Miré a Edward, que estaba asintiendo, mientras su padre continuaba.
"Fuimos contratados por Roger Donnelley para recuperar a los sobrevivientes de un accidente aéreo," dijo.
"Donnelly… ¿el magnate de los aviones?" Preguntó Alice, tecleando en su laptop cuando Carlisle y Alec asintieron.
"El mismo. Al parecer pagó para que un grupo de colegas vacacionara allí, pero hubo una fuerte tormenta, lo que provocó que el avión tuviera un aterrizaje de emergencia en el territorio de Corbin. Es un cabrón paranoico para empezar, por lo que cuando el avión bajó, de inmediato los tomó de rehenes usándolos como una oportunidad de extorsionar con dinero—bastante dinero—a Donnelley."
El problema no fue entrar," dijo Alec, aclarando su garganta y sacudiendo su cabeza. "Fue salir, y lo sabíamos incluso antes de que fuéramos hacia allá, pero eran personas inocentes las que tenía secuestradas. No traficantes de drogas, o asesinos, o incluso apostadores ilegales… Eran un banquero, el dueño de un restaurante, y sus esposas y niños."
"Oh, maldición," susurró Jasper, sentado hacia delante de manera que sus codos descansaran en sus rodillas. "¿Qué salió mal?"
"Corbin, de hecho," gruñó Carlisle en voz baja, negando. "Su residencia estaba en la misma propiedad al igual que su planta para el proceso de cocaína y la granja. Estaba todo… justo allí." Suspiró, sacudiendo la cabeza. "No lo sabíamos. Por lo que una vez que estábamos allí, que habíamos localizado donde tenía a los rehenes, y habíamos elaborado un plan para sacarlos, decidimos derribar… todo."
"Oh, mierda," gruñó Edward, haciendo una mueca a lo que pensó venía a continuación.
"Lo volamos todo," resopló Alec, rodando los ojos. "Eliminamos la granja, la planta, y… la casa."
"¿Y quién estaba en la casa?" Gruñó Edward, mirándolos a ambos.
"La esposa de Corbin y su hijo," respondió Carlisle. "Nunca lograron salir."
"Nunca supimos que estaban allí," se defendió Alec. "Me refiero a que, dejamos el alojamiento de los trabajadores porque los considerábamos inocentes de todo, que solo estaban trabajando para vivir. Nunca hubiéramos tocado la casa de haber sabido que estaban allí. Corbin ni siquiera estaba en el lugar."
"Jesús," dije entre mi aliento, negando. "Y de alguna manera… ¿te rastreó de vuelta a Charlie… a mí… a todos nosotros?"
"Sí," Alec y Carlisle dijeron al mismo tiempo.
"¿Todo esto es algo personal?" Gruñó Edward, pasando una mano por su cabello.
"No pensé que fuera contra mí, hijo," replicó Carlisle. "Siempre creí que era algo entre King y Charlie."
"Está bien," bufé, levantándome rápidamente. "Hasta aquí. Ya he tenido suficiente por hoy de esta mierda de supervillanos hasta donde puedo soportar. King va salir dos puñeteros días antes del homenaje de Charlie. Mañana, supongo, es el campo de tiro; ¿mañana en la noche es el club?" Verifiqué con Carlisle, quién tenía la apariencia de alguien que había sido reprendido al mismo tiempo que asentía lentamente. "Bien," dije con un suspiro, volviéndome hacia Alice. "Quiero todo lo que puedas encontrar del señor Ivan Wendell. Ese pedazo de mierda oculta algo, y quiero saber qué es antes de que lo arroje de la azotea."
"Claro, Bells," murmuró, tecleando.
Estaba rodeando las mesas, dando por hecho que Edward me estaba siguiendo a cada paso, cuando Carlisle me llamó.
"Bella, espera," me pidió. "Por favor…"
Respiré profundamente antes de volverme para mirarlo. "No estoy enojada, Carlisle. No puedo estar enojada por algo que pasó cuando estaba en el undécimo grado de mierda," espeté. "Pero añade un elemento más a todo esto. Encabronaste al jefe del hombre que mi propio padre encabronó. Ahora es una batalla cuesta arriba."
"Corbin no tiene permitido poner un pie en los Estados Unidos, Bells," declaró Eleazar. "Una vez que haya perdido a su peón en esta situación, tendrá problemas por un tiempo."
"La situación con Corbin es un desastre, chicos," dijo Carlisle con un suspiro. "Una vez que tengamos a King, terminaremos lo que empezamos en Colombia."
"Bueno, tal vez tú deberías limpiar tu desastre," refunfuñó Edward, guiándome el resto del camino hacia la puerta. "Ya no voy a limpiar más desastres después de este…"
Edward y yo estuvimos callados mientras nos dirigíamos a arriba. Me detuve en el gabinete de licores de mi padre en su oficina, abriendo el pequeño refrigerador que estaba debajo y agarrando las ocho botellas de cerveza dentro. Le sonreí cuando resopló en una carcajada.
"No estabas bromeando."
"No, claro que no," canturreé, entrando en el departamento. Ni siquiera hice una parada de camino a mi habitación, cerrando la puerta con seguro detrás de nosotros. "Y también hablaba en serio sobre el baño y tú dentro."
Sonrió, tomando el paquete de cervezas y poniéndolo abajo junto a la cama. Agarró dos, abrió una y me la dio, solo para hacer lo mismo con la de él. Pero fue su brindis para mí al mismo tiempo que tocó mi botella de cerveza con la suya lo que provocó que me riera—que me riera realmente—por primera vez en todo el día.
"Por los errores parentales," anunció con un resoplido, sonriendo cuando me doblé de la risa.
Bebimos al mismo tiempo, pero me acerqué a él, besando suavemente sus labios. "No jodas."
(1) Bellissima– Hermosa
(2)Monstro – Monstruo
Bueno, pues este sí que es un giro drástico, así que, ¿dónde comenzó todo esto? Ahora hay un nuevo integrante en todo este juego de venganza, el que mueve los hilos desde la distancia. ¿Podrán vencerlo? Y pronto veremos al equipo completo en acción, que emoción! Muchas gracias por leer y más por dejar su cometario con sus teorías y agradecimiento, ya saben que sus reviews son lo que nos animan a seguir adelante. Gracias también por sus alertas y favoritos. Les dejo mis saludos y nos leemos el próximo capi.
