Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son propiedad de Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.

Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.

Breve nota de la traductora: Disculpen la tardanza pero estos días pasados han sido un caos y no había podido traducir, y aunque el capi está listo no está beteado, así que les pido disculpa por los errores que encuentren por allí. Como sea:

Muchas gracias a mi amiga y beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.


CAPÍTULO 25

BELLA

"Como puede ver, señorita Swan," una mujer cuyo nombre ya había olvidado me aburría, "nuestro ventas de internet aumentaron el último trimestre, mientras que nuestras ventas en tiendas minoristas se mantuvieron al mismo nivel."

Asentí pero apenas la escuché. Mis ojos estaban en el hermoso animal acorralado que estaba actualmente caminando de un lado a otro afuera de las puertas de cristal de la sala en la que estábamos. Edward estaba al teléfono, su rostro fiero mientras pasaba una mano por su cabello y continuaba paseándose.

Eleazar, Emmett, Jasper, Mickey, y Makenna se habían ido hace unas horas para dirigirse al campo de tiro, y estaba muy segura de que estaba escuchando o se lo estaban transmitiendo por medio de Alice. Con toda honestidad, hubiera preferido estar lidiando con esa situación que estar escuchando a la señorita Demasiado-Perfume. Demonios, hacía que me picara la nariz y no era de ayuda que se estaba comiendo con los ojos a Carlisle, Alec… y Edward.

No que la culpara porque Carlisle era muy distinguido, y Alec tenía ese encanto italiano en él, pero aunque Edward no lo demostraba en la compañía de los empleados, él era mío, maldita sea.

Me tragué un gemido y tomé sin ver un informe que deslizó en mi dirección mientras mis ojos se movieron de nuevo hacia Edward, que estaba ahora sentado en una silla con sus codos apoyados en sus rodillas. Nuestros ojos se encontraron, y a pesar del hecho de que probablemente estaba preocupado por su equipo, sus ojos se suavizaron y me dio mi favorita sonrisa torcida y un guiño.

Luché para no sonreír y gané, pero no detuvo los recuerdos de anoche.

~oOo~

Tomamos dos cervezas juntos antes de siquiera llenar la bañera con agua caliente y burbujas. Ninguno de los dos estaba realmente molesto con Carlisle, pero ya habíamos terminado con el día en sí. No podía soportar otra reunión más, una historia más sobre tipos malos, o incluso un plan más añadido a la mezcla. Y no podía soportar un minuto más de luchar contra el impulso de tocar a Edward, en especial después de mi pánico de antes por Miller. Lo necesitaba de una manera que probablemente lo asustaría si supiera.

No dijo ni una palabra cuando me quitó mi cerveza y la puso a un lado de la bañera junto a la suya, el agua subiendo poco a poco. Con cuidado, me dio la vuelta, bajando el cierre de mi vestido lentamente y colocando besos aquí y allá en la piel recién expuesta de mis hombros. Se sentó en el borde de la bañera, tirando de mi con ambas manos en mi cintura para que quedara de pie entre sus piernas mientras él solo… me miraba.

Trazó cada franja de encaje rosa, cada borde de mis medias negras y dejó que sus dedos se deslizaran por mi arma en la funda en mi muslo. Sacudió despacio su cabeza, lamiendo sus labios y sus ojos recorrieron todo mi cuerpo, bajando a mis zapatos y de nuevo hacia arriba.

"Te ves tan malditamente sexy así, amor," dijo entre su aliento, sacudiendo de nuevo su cabeza y sujetando mi cintura para acercarme un poco más. "Ni siquiera puedo pensar con claridad en este momento, mirándote, porque eres cada puñetera fantasía que alguna vez he tenido sobre ti…" Su voz se fue apagando al mismo tiempo que se inclinaba para hacer un círculo en mi ombligo con su nariz, solo para deslizarla hacia arriba por mi esternón y a través de mi pecho hacia mi cuello, donde dejó un largo y lánguido beso con la boca abierta, arremolinando su lengua sobre el punto justo debajo de mi oreja que me hizo jadear y sujetarme de sus fuertes hombros.

"¿Qué me hacías, Edward?" Pregunté. "En tu fantasía…"Una parte de mí tenía miedo de saber la respuesta porque Dios, quería lo que sea que él quisiera. Completamente. Todo.

"En mis sueños, los zapatos se quedaban… puestos…" dijo con voz rasposa, sus ojos bajaron por mis piernas y luego de vuelta hacia arriba a los míos, mirando a través de sus espléndidas pestañas. "Estas…" Añadió, lamiendo sus labios y trazando con su dedo alrededor del borde de mis medias, "… se quedaban puestas."

Sonreí, llevando mi mano detrás de mí para desabrochar mi sujetador, y luego dejé que se uniera a mi vestido en el suelo al mismo tiempo que sus dedos agarraron la parte superior de mis bragas casi con rudeza.

"Y estas," dijo, su voz prácticamente gruñendo y sus ojos casi negros, "joder, no sobreviven."

Se me escapó una bocanada de aire cuando el sonido de encaje rasgándose atravesó el baño. "¿Entonces qué?" Susurré, entrelazando mis dedos en su cabello cuando se inclinó de nuevo hacia adelante, esta vez para dejar besos en mis muslos, en la sensible piel donde mis piernas se unen a mi torso y levantó una de mis piernas sobre su hombro.

"Entonces… te hago… mía," ronroneó, su lengua saliendo solo un poco para trazar la suave piel entre mis piernas.

"Soy tuya," le dije en un susurro, mi ceño frunciéndose.

"No en mi fantasía," se rio enigmáticamente, lamiendo otra vez ligeramente, lo que provocó que mi respiración se detuviera por un momento. "En mi mente, te tomo. Te robo de… todos."

Mi cabeza cayó hacia atrás cuando besó mi centro en serio—un beso con su lengua explorando, con mordisqueo de labio y respiración pesada. Sujeté las mangas de su camisa con mis puños a medida que sus besos se profundizaban tanto que podía sentir su lengua dentro de mí.

Su boca se desprendió de mi clítoris, sus dedos remplazaron sus labios mientras me miraba. "¿Quieres correrte, Bella?"

"Sí," apenas susurré, tirando de su camisa.

"Entonces pronunciarás mi maldito nombre," dijo con voz rasposa. Lamió sus labios y los pegó de nuevo a mi clítoris ahora palpitante al mismo tiempo que dos de sus dedos se deslizaron dentro de mí.

"Edward…"

~oOo~

"Bells," siseó Rose, picándome la pierna debajo de la mesa. "Star quiere saber si deseas que cambie algo en este departamento," continuó en mi oído, su voz dejando ver más diversión de lo que permitió que se viera en su rostro.

¿Star? ¿En serio?

Requirió de todas mis fuerzas no rodarle los ojos, sus miradas tan evidentes por las ventanas de cristal, su fragancia ridículamente olorosa, y su estúpido nombre—en especial, considerando que en mi recuerdos estaba a punto de llegar a la parte buena de la noche, donde nos metimos a la bañera y monté a Edward despacio y con destreza, nuestros cuerpos cubiertos de burbujas mientras nuestras manos no podían sujetar la piel. Sonrisas y risas por nuestro resbaladizo—y probablemente embriagado—predicamento, habían dado fin a nuestro día de la mejor manera que a los dos se nos ocurriría alguna vez, cayendo en la cama y terminando nuestras cervezas, todavía riéndonos.

"Oh, no," dije con un suspiro cuando Rose me picó de nuevo, mirando a Carlisle y negando. "Si sigue igual en el siguiente trimestre, entonces haremos algunos cambios," le dije, a sabiendas que era una total mierda porque no podría importarme menos.

Levanté la vista cuando Edward comenzó a pasearse de nuevo afuera de la sala, su teléfono de vuelta en su oído. Suspiré, deseando como el infierno saber qué estaba pasando. Incluso Alec parecía preocupado mientras observaba a Edward caminar de ida y vuelta frente a él.

La reunión se disolvió después que la atención de Carlisle también fuera desviada afuera de la sala hacia su hijo. Hizo unas cuantas notas en el informe de Star y lo devolvió deslizándolo hacia ella, diciendo que la reunión había terminado.

Todos salimos de la sala al mismo tiempo que Edward cortó la llamada, claramente frustrado cuando una mano pasó por su cabello. Apenas si le prestó atención a la mirona de Star, mirando a su padre.

"Tenemos un problema," murmuró, pero todos miramos a Star porque seguía allí.

"Eso es todo, Star," Carlisle la despidió con un simple gesto de su cabeza.

"Por supuesto, señor Cullen," dijo con un suspiro, recogiendo sus cosas y caminando por el pasillo.

"Ese es un nombre de stripper," murmuré, sonriendo cuando Rose resopló en una carcajada inclinándose hacia mí.

"Sí, ¿verdad?" Se carcajeó, cubriendo su boca cuando nuestras risas se volvieron incontrolables.

"Lo siento," dije, aclarándome la garganta y luchando por contener otro ataque de risa porque Rose apenas estaba manteniendo las suya bajo control.

Mientras los hombres nos miraban, sonriendo a pesar de sí mismos, Alec se inclinó entre Rose y yo. "En realidad, conocí a una stripper de nombre Star," susurró, sonriendo cuando las dos nos carcajeamos de nuevo.

"Jesús, Alec, no estás ayudando," se rio Edward, rodando los ojos.

"Solo estás cabreado porque ella piensa que soy más sexy que tú," gruñó, dándole un puñetazo a Edward en el brazo.

"De hecho, estoy muy segura que los estaba mirando a los tres," señaló Rose, limpiándose las lágrimas de los ojos con cuidado de no mancharse de rímel.

Carlisle suspiró, rodando los ojos, sin embargo, estaba sonriendo. "¿Dijiste… un problema?" Apremió, tratando de que volviéramos al tema.

"Cierto," dijo Edward con un resoplido, dándome a mí y a Rose que seguíamos sonriendo como tontas, una divertida, pero aun así severa mirada antes de volverse hacia su padre. "Eleazar dijo que llegaron bien al campo de tiro, y no los vieron al principio. Ellos vieron… mucho de lo que estaba ocurriendo allí, y luego Jasper preguntó por algo que no puedes simplemente comprar en el mostrador. Fue entonces cuando Michaels se presentó, e identificó a Eleazar de inmediato."

"Mierda," siseó Carlisle, señalándonos que empezáramos a caminar hacia los ascensores. "¿Qué pasó?"

"Michaels le pidió que se retirara, que este era su caso, pero cuando El le dijo con quién estaba, Michaels le pidió más tiempo porque estaban esperando una venta enorme más en los próximos días. Supone que la liberación de King probablemente coincide con esta venta," explicó Edward a medida que las puertas del ascensor se cerraban. "Michaels los trató como amigos personales cuando le vendió algo a Jasper de manera que pudieran seguir con la conversación en un cuarto en la parte de atrás."

"¿Jasper compró otra arma?" Pregunté, riendo al ver la sonrisa de Edward, con un gesto de cabeza y rodando los ojos.

"A veces no puede evitarlo," se rio Carlisle, "pero dio la impresión de algo real a los otros clientes en el edificio, estoy seguro."

"Exactamente," concordó Edward, y todos salimos al nivel ejecutivo del edificio. "Pero la mejor parte," dijo él deteniéndose frente a nosotros, "es que la venta es para un hombre de Corbin de Colombia. Marandola, Marandala o algo así."

"Mmm," matamos dos pájaros de un tiro," murmuró Alec, frunciéndole el ceño a Carlisle. "Eleazar podría acabar con Corbin por nosotros. No solo detiene cualquier tráfico de armas que esté llevándose a cabo, sino también una amenaza internacional."

Carlisle parece pensar en ello por un momento pero solo asiente. "Hablaremos con él cuando regrese, pero por ahora, tengo que reportarme con Benny."

Edward ni siquiera se inmuta ante la mención de Corbin, o ante la línea de ideas de Alec y su padre. Podía darme cuenta por su rostro impasible que había hablado en serio sobre no lidiar con la situación en Colombia. Sabía que quería renunciar a trabajar para su padre después de que todo haya terminado con King, pero Carlisle va a necesitar la ayuda de Edward.

"Bella, le prometiste a la señorita Evelyn almorzar con las chicas de nómina," me recordó Rose, mirando su agenda y sonriéndome. "Si Star pensó que los chicos eran lindos…"

"Las chicas de nómina se los van a comer a ustedes dos." Me reí entre dientes, mirando de Edward a Alec.

Edward soltó una carcajada, negando y rodando los ojos por la risa de Carlisle. Alec, por otro lado, se veía calmado con esa pequeña broma al mismo tiempo que sonreía con suficiencia.

"Aprende a aceptarlo, chico," se rio Alec, palmeando a Edward en el hombro. "Solo porque tu corazón y alma pertenecen a una hermosa mujer no significa que ella no disfrute de ver que otras mujeres te desean."

Solté unas risitas, mirando a Carlisle, cuya diversión no podía ser contenida si lo intentara. Solo sacudió su cabeza mientras nos susurraba a Rose y a mí.

"A Esme le encanta," se rio, guiñándonos un ojo.

"No creas que no le voy a preguntar," le advertí con un resoplido, señalándolo con un dedo y volviéndome hacia Rose. "Dile a la señorita Evelyn que vamos en camino. Se lo prometí, y me vendría bien un descanso de los números, informes, y simplemente de chicas estúpidas, mironas y con nombres de stripper."

Todos se rieron cuando dejamos a Carlisle para dirigirnos a nómina. Justo cuando íbamos a cruzar las puertas del departamento, detuve a Edward pero miré a Rose.

"Vayan. Estaremos allí en un minuto," le dije.

Ella y Alec asintieron y nos dejaron en el pasillo.

"Si me pides que me desvista para esas viejas…" Se rio Edward con una sonrisa y cruzó sus brazos sobre su pecho.

"Quisieras," le dije con un bufido, rodando los ojos. "Demonios, probablemente te meterían unos cuantos dólares, bebé," le dije en broma, riendo al ver su sonrisa. "No, quiero hablar contigo sobre tu papá, Edward. Sé que quieres renunciar a esto después… bueno, de mí, pero él va a necesitar tu ayuda con ese tipo Corbin. Sé que ambos estamos cansados de todo esto para el final del día de ayer, pero él va a necesitar de tu ayuda."

Frunció el ceño y se recargó en la pared. "Eso puede requerir que te deje… dejar el país para terminarlo, Bella. Juré que nunca haría eso…"

"¿Hacer qué?"

"No puedo simplemente…" Respiró hondo, frunciendo el ceño mirando sus zapatos. "No puedo simplemente dejarte. Sería un inútil en el campo, en el aire… me preocuparía por lo que pasaría contigo si algo me pasara a mí. No sería capaz de concentrarme, lo que pondría a otros en peligro…" Dijo con un suspiro, pasando una mano por su cabello. "T-Te a-amo m-muchísimo c-como p-para hacerte e-eso," tartamudeó, casi viéndose como un niño haciendo un puchero, pero sabía que decía en serio cada palabra. También sabía que había sido su problema con las relaciones durante mucho tiempo, pero esta no era cualquier relación; éramos él y yo, y éramos diferentes.

"Nadie dice que tengas que dejarme," declaré, cruzando los brazos sobre mi pecho y levantándole una ceja cuando sus ojos se dispararon a los míos. "Pero si hubieras sido tú quién hubiera cometido el error, él te apoyaría completamente, Edward."

Estudió mi rostro, y sostuve su mirada, pero no dijo nada.

"Solo digo," le dije encogiéndome de hombros. "Entra cuando estés listo. Estoy segura que a la señorita Evelyn le encantaría contarte historias sobre mí cuando era niña…"

Dicho eso, lo dejé en el pasillo.

~oOo~

EDWARD

No sé cuánto tiempo me paseé frente a esa puerta antes de entrar finalmente. Bella tenía razón, no había nada que mi padre no haría por mí—y había hecho por mí en el pasado. Tal vez estaba demasiado ansioso por llevar a Bella a casa conmigo que cualquier cosa que se interpusiera con ese plan me encabronaba.

Caminé entré cubículos vacíos, dirigiéndome hacia el sonido de charla y risas que parecía venir desde la parte de atrás de una enorme habitación. Los encontré a todos reunidos alrededor de una pequeña área de descanso. Al parecer, la señorita Evelyn estaba tan feliz de que Bella venía a verla que hizo arreglos para algún tipo de comida con los almuerzos de todos.

Di la vuelta en el último cubículo para ver a dos mujeres jóvenes, la señorita Evelyn y un hombre mayor sentados con Bella y Rose en las mesas. Alec estaba apoyado contra el muro, con un plato desbordándose en la mano. Solo sonrió y se encogió de hombros al mismo tiempo que tomaba un enorme bocado de lo que parecía lasaña.

"Edward," la señorita Evelyn dijo efusivamente, "sírvete un plato. ¡Hay suficiente!" Iba a levantarse pero la detuve.

"Yo puedo tomarlo. Siéntese, por favor," le dije con una sonrisa.

Llené mi plato, sintiéndome hambriento por primera vez en días, y tomé mi lugar junto a Alec.

"Al parecer la señorita Evelyn creció en un barrio italiano en Brooklyn, Dios la bendiga," se rio Alec, metiéndose otro bocado en la boca. "Sabe como la que preparaba mi madre," murmuró alegremente.

Solté un bufido, sacudiendo la cabeza y tomé mi propio bocado. Era fantástica. La mujer podía cocinar, lo que me hizo echar de menos cocinar.

"Debería preparar algo en la noche antes de que vayamos a ese maldito club," murmuré sobre el estruendo de mujeres parloteando.

"Oh, no vamos a ir esta noche. Vamos a ir mañana por la noche," dijo Alec, girándose hacia mí pero mirando a través de la habitación para asegurarse de que no fuéramos escuchados. "Tu papá acaba de llamar. Al parecer, Benny quiere esperar hasta que King, en realidad haya salido. Cree que irá allí por un trago y… diversión una vez que haya sido liberado."

Hice una mueca y tomé otro bocado. "¿Dijo si el resto ya había regresado?"

"Sí, estaban de camino. Deberían haber llegado para cuando terminemos aquí," me dijo, mirando hacia la mesa y luego de vuelta a mí. "Tú sí que sabes hacer una entrada, chico," se rio entre dientes, sacudiendo su cabeza. "Entre tú, Em y Jazz, cada mujer en este edificio ha entrado en celo."

Miré hacia la mesa y mientras la señorita Evelyn estaba contando una historia sobre Bella corriendo hacia ella cuando se metía en problemas con Charlie, las dos jóvenes estaban mirando en nuestra dirección. Tampoco éramos los únicos que lo habían notado. Bella estaba asintiendo a lo que sea que la señorita Evelyn estaba diciendo, pero sus ojos estaban fijos en las dos chicas, solo para levantar su mirada hacia mí con una sensual sonrisa jugando en su rostro.

El único hombre en la mesa se rio entre dientes. "Creo que la última vez que la vi, señorita Bella, fue cuando acababa de llegar a casa de Virginia. ¿Alguna vez regresó?"

"No, señor Harold," dijo ella, negando y sonriendo sinceramente. "Terminé quedándome."

"¿Son ciertos los rumores? ¿Sobre Lauren y Jacob?" Una de las chicas que había estado mirándonos a Alec y a mí preguntó, su cabeza girando hacia Bella, pero la señorita Evelyn hizo una mueca de desdén.

"Jessica, eso es de mala educación," la reprendió, soltando su tenedor. "Por Dios, niña, ¿qué voy a hacer contigo?"

"Solo tenía curiosidad porque los dos, Jacob y Lauren ya no están aquí," respondió Jessica encogiéndose de hombros y haciendo un puchero.

Por el rostro de Bella pasaron una gama de emociones—ira, diversión, y tristeza—antes de que tomara un respiro para responder. "Lauren fue despedida por mi padre," dijo encogiéndose de hombros. "Jacob está ausente por salud."

Rose soltó un resoplido y le dio a Bella una ceja arqueada pero no dijo nada.

"¿Quién es este Jacob del que sigo escuchando?" Preguntó Alec, arrojando al fin su plato vacío al bote de la basura.

"El ex de Bella," murmuré, rodando los ojos. "Solía trabajar para Charlie, pero tuvo que ocultarse con Charlie y los federales. Le dispararon," le dije, tirando mi plato.

"¿Y Lauren?" Preguntó Alec con una sonrisa porque no se le iba nada.

Bufé en una carcajada, sacudiendo la cabeza. "Su secretaria… o asistente… o lo que sea. Bella atrapó a Jacob engañándola con ella," le expliqué con un resoplido, asintiendo cuando la boca de Alec se abrió. "Demonios, apuesto que los que están en esta habitación podrían contarte que no solo los atrapó sino que les tomó una foto, la agrandó al tamaño de un poster de película y colgó esa mierda en el área de recepción."

Alec estalló en carcajadas, agarrándose los costados. "Eso es fantástico," soltó unas risitas, mirando a Bella con lo que parecía un respeto renovado. "Espero que sea en serio con ella, chico, porque me recuerda a tu mamá. Cuando conocí a Elizabeth por primera vez, acaba de salir del servicio, y maldita sea si tenía agallas. Como esta," dijo con una sonrisa, señalando hacia Bella.

Sonreí, asintiendo y suspiré. "Es en serio," le dije. "Solo tengo que mantenerla con vida hasta que pueda empezar una vida con ella, ¿sabes?"

"Miller la jodió, presentándose como lo hizo," dijo con un suspiro. "Necesita algo de defensa personal…"

Me eché a reír, mirándolo. "Es cinturón negro," le dije, encogiéndome de hombros. "También jodió con su cabeza. Ese es el problema."

"Juro por Dios, que la muerte no es suficiente para ese… mostro."

"Exactamente."

"King es fácil. Se da la orden de matarlo, y terminamos. Pero este cabrón, es escurridizo y quiero asegurarme que ella consiga darle un golpe o dos," gruñó por lo bajo. "Ya sabes, con el propósito de sanar y clausurar." Sonrió al escuchar mi risa.

"Un golpe o dos…" reflexioné, mirando en dirección a Bella, y de vuelta a Alec. "¿Sabes lo que necesita?" Le pregunté y sacudió su cabeza. "Algo de puto entrenamiento. Necesita recordar lo que es partear traseros."

"Hay un gimnasio en el edificio, chico," me dijo. "Ponla contra Emmett."

"A él le encantaría eso," me reí, sacando mi teléfono para llamar a papá.

Respondió al instante. "Edward. ¿Qué pasa?"

"Nada. ¿Ya regresó el equipo?"

"Sí, acaban de llegar. ¿Por qué?"

"¿Necesitas a Bella para algo el resto del día?" Le pregunté, mirando a Alec.

"Bueno, Benny pasaba por aquí…"

"¡Mierda, él es perfecto!" Dije entusiasmado y luego le expliqué rápidamente lo que quería hacer con Bella. "Benny tiene el tamaño adecuado y todo. Además, trabajará bien con ella, creo."

"Mmm, puede que tengas razón. Y tal vez eso le dé un poco de confianza en lo que tiene que ver con Miller para que la próxima vez, esté consciente de que no está… indefensa. Y tal vez no sea mala idea que todas las chicas entren allí." Hizo una pausa por un momento, respondiendo la pregunta de alguien en la habitación antes de centrarse de nuevo en mí. "Buen trabajo, hijo. Organízalo. Prepárala. Nos encontraremos con ustedes allá abajo como en una hora, pero quiero que el gimnasio esté vacío de todos los empleados."

"Señor," gruñí, cortando la llamada. "Está de acuerdo, pero lo quiere libre de empleados."

"Voy a llamar a Eric y a Felix. Ellos pueden bajar," me dijo, sacando su teléfono y alejándose un poco.

Miré hacia la mesa cuando llamaron mi nombre.

"Edward, ¿eres el hijo de Carlisle?" La señorita Evelyn preguntó, su rostro con una sonrisa radiante.

Asintiendo, me reí antes de responder. "Sí, señora."

"Si eres su hijo, ¿por qué estás en seguridad?" Jessica se burló, pero sus ojos me recorrieron.

Hice todo lo que pude para no rodar los ojos, pero Bella respondió por mí. "Edward es exmilitar, igual que todos los chicos y solo están ayudando a Carlisle por un tiempo."

"¿Militar? ¿Es tan peligrosa la amenaza, Bella?" Le preguntó Harold.

"Es Royce King," dijo la otra joven. "Eso es bastante peligroso. Siento lo de Charlie. Estaba viendo el reporte de la televisión cuando sucedió."

"Bueno, saca su trasero a patadas," gruñó Alec al teléfono, atrayendo la atención de todos hacia él. "Sabes que ese pedazo de mierda está logrando encabronar a todo el mundo. Emmett y Edward tienen una apuesta para ver quién logra darle una golpiza."

Bella y Rose me miraron, riéndose cuando todo lo que hice fue encogerme de hombros. No voy a confirmar o negar esa declaración, pero le lancé a Bella un guiño.

"Cinco dólares a que está hablando de Wendell…" Rose se rio con un resoplido, empujando a Bella con su codo.

Bella soltó unas risitas, mirándome de nuevo. "No hay forma de saberlo."

"Detesto a ese hombre," gruñó Jessica, su nariz arrugándose con repulsión. "Piensa que puede mandar a todo el mundo solo porque es el abogado de Charlie."

Esa declaración captó la atención de todos; los empleados de nómina se tensaron, pero el resto de nosotros nos volvimos hacia ella. Los ojos de Bella y Rose se entrecerraron hacia la chica, lo que provocó que se retorciera bajo sus miradas.

"Lo siento," susurró.

"No, no lo sientas," dijo Rose, consolándola. "¿Qué te dijo él?"

"Me trajo los papeles de un tipo al que quería que le pagara. Esperen y se los muestro," explicó Jessica, levantándose de la mesa. Regresó rápidamente, azotando el archivo sobre la mesa de descanso. "Le dije que no podía pagarle a nadie a menos que hayan pasado las medidas adecuadas. Tienen que pasar por seguridad, el departamento de recursos humanos… sin mencionar una maldita prueba de drogas. No puedo simplemente empezar a pagarle a alguien solo porque él lo dice."

"Eso es muy cierto," murmuró Bella, arrastrando el archivo hacia ella. Rose y yo nos inclinamos por sobre su hombro para mirar. "Sean Morris," leyó, hojeando los papeles. "Esto ni siquiera dice en qué va a estar trabajando."

"Exactamente," bufó Jessica, "y se enojó tanto cuando le dije que no, que tuvo que traerme todo su paquete de contratación."

Rose hojeó el archivo ella misma, finalmente mirando a Bella. "¿Ya te devolvió Alice la información sobre este tipo?"

"Todavía no, pero iba a ir a verla después de que nos fuéramos de aquí," dijo, negando. Se volvió de nuevo hacia la señorita Evelyn y Jessica. "¿Puedo quedarme con este archivo?"

"Por supuesto, Bella," la señorita Evelyn dijo en voz baja, mirando de Bella a Rose.

"Sí, señorita," murmuró Jessica, su ceño frunciéndose cuando Alec se unió de nuevo a la habitación, "¿pero qué le digo cuando su… hombre no reciba su pago? Es algo gruñón."

Bella lo pensó por un momento y luego asintió, con una pequeña y malévola sonrisilla curveando sus labios. "Haz esto… mándale un correo, dile que el archivo de su empleado fue sacado… por mí. Si quiere discutir la contratación de alguien nuevo, tendrá que venir a verme. Su amigo, Sean, no recibirá su pago hasta que lo haga."

"Se va a enojar," susurró Jessica, sus ojos amplios. "Se puso gritón y grosero cuando traté de explicarle la política."

"Entonces me llamas a ," le dije, apuntando a mi pecho con el pulgar, "o lo llamas a él." Señalé a Alec. "Cualquiera de nosotros estaría… encantado de encargarnos de ello por ti."

Alec asintió solemnemente y despacio ante esa declaración.

Los ojos de Harold se entrecerraron hacia mí y luego hacia Alec, finalmente posándose en Bella. "Esa es la razón por la que ellos están aquí, ¿verdad?" Adivinó señalando hacia Alec y hacia mí. "A eso se refería Carlisle ayer sobre fugas y tener cuidado con quien hablamos."

Bella le sonrió con amabilidad, colocando su mano sobre su hombro al levantarse. "Usted es demasiado perspicaz para contabilidad, señor Harold. Debería hacerlo un investigador privado, como yo." Soltó una risita, sonriéndome cuando todos nos reímos. "Quiero llevarle esto a Alice," dijo con un suspiro, apartándose de la mesa.

Las chicas abrazaron al señor Harold y a la señorita Evelyn, prometiéndoles que regresarían pronto. Les dijeron que tuvieran cuidado y que no se preocuparan por Wendell, que estaba bajo control.

Al caminar por el pasillo, Alec habló. "La sala está lista para ustedes, y Carlisle estará allí en unos minutos. Puedes dárselo a Alice allí."

"¿Qué sala? El horario de Bella está libre la mayor parte del día," dijo Rose, sacando una libreta de notas y entrando al ascensor.

"Está libre, pero conociéndolas chicas, les gustará esto. Cuando lleguemos arriba, quiero que se cambien en algo más cómodo," les dije.

"¿Qué estás tramando, Edward?" Me preguntó Bella, sonriéndome y cruzando los brazos sobre su pecho.

"Ya verás."

~oOo~

"¿Quieres que golpee a Benny?" Bella jadeó, mirándome una vez que estábamos en el gimnasio y las puertas estaban cerradas.

Me eché a reír, volviéndome hacia él. "Puede que Benny sea un flaquillo de mierda pero puede defenderse en una pelea. ¿Verdad, Ben?"

"Vete a la mierda, Cullen." Se rio, haciéndole un gesto a Bella para que avanzara. "Ven aquí, Bella. Edward creyó que tal vez estabas un poco fuera de práctica en lo que tiene que ver con defensa personal, así que Carlisle quiso que todas las chicas pasaran por un curso."

"Entonces tal vez debería ser el trasero de Edward con el que… practicara," dijo Bella con desdén, girándose frente a mí al mismo tiempo que todos los demás en la sala le echaban porras, pero vi su sonrisa curveándose en su rostro. "¿Cómo está esa rodilla, cariño?" Susurró, levantándome una ceja.

Sonreí, sacudiendo mi cabeza. "Todas mis… partes están muy bien, dulzura," susurré en respuesta. "¿Quieres una demostración?"

Se rio, sus mejillas sonrojándose un poco. "Para tu información, eso también cuenta como ejercicio," susurró, volviéndose hacia sus chicas.

"Si quieres sudar, amor, puedo hacer que suceda," me reí en su oído, sintiendo ya los efectos de ese pequeño coqueteo llegar a mi ingle. "Pero has esto por mí primero, bebé."

"¿Crees que ayude?" Me preguntó con seriedad, girándose frente a mí una vez más mientras Emmett sacaba algunos colchones para el piso.

"No está de más," respondí, encogiendo un hombro. "Quiero que tengas todas las ventajas sobre tus enemigos, Bella. Si no por ti, hazlo por mi paz mental."

"Está bien," dijo en voz baja, asintiendo. "Pero solo para que lo sepas, todas mis chicas pueden pelear." Soltó unas risitas, alejándose de mí.

Al parecer no estaba mintiendo cuando dijo que sus chicas podían pelear. Según parece, a todas las enroló en algún tipo de clases de kickboxing o artes marciales, porque todas pudieron defenderse contra Mickey, Emmett, y Eric, que también era cinturón negro. Pero ver a Benny entrenar a Bella fue difícil porque quería que estuviera consciente de hasta donde llegaría Miller para llegar a ella.

"No tengo que decírtelo, Bella," dijo Benny, caminando detrás de ella mientras Jasper y Alice salían del colchón para darles su turno. "Él va utilizar cualquier cosa para llegar a ti. Va a usar a tus amigos, a Carlisle… incluso a Edward. Va a decirte que los matará si no haces lo que él te dice, pero en realidad solo te quiere a ti. Quiere callarte, borrar el error que cometió dejándote escapar. No le permitas que los use como ventaja, ¿de acuerdo? No importa lo que te diga… solo recuerda, no es más grande que yo," le dijo, y ella se dio la vuelta para mirarlo.

"Bien," al fin concordó.

"Excelente," la felicitó con una sonrisa. "Tengo el presentimiento que si él te hubiera tomado en ese hotel, no estaríamos teniendo esta conversación. Randall Chapel era un ex policía, entrenado… y lo jodiste bastante. Su sangre estaba por toda la habitación del hotel." Se rio entre dientes, sacudiendo su cabeza al escuchar el vitoreo de sus chicas.

"Demonios, sí," susurró Mack con un gesto de su cabeza.

"Si Miller hubiera sido el que estuviera en esa habitación de hotel, y te hubieras defendido así, él o hubiera huido o no se hubiera levantando de nuevo," continuó Benny. "No está entrenado. Solo es malo, peligroso y está loco. Pero solo es peligroso cuando tiene algo para usar contra su enemigo o los tiene restringidos de alguna forma. ¿Tiene sentido, Bella?"

"Sí," dijo entre su aliento, asintiendo fervientemente.

"Va a venir por ti, pero la próxima vez, quiero que recuerdes algo por mí… por todos nosotros," le dijo, caminando alrededor de ella. "Es tan poderoso como solo tú se lo permites ser. Si no puede tocarte, si no puede sujetarte, si le rompes sus putas manos, entonces queda inútil." Hizo una pausa, deteniéndose justo detrás de ella pero esta vez, puso sus manos sobre sus hombros. "Él vive del control. Cuando estás asustada por él, cuando entras en pánico, cuando te tiene sujeta, está en control. Si lo estás jodiendo a golpes, tú tienes el control. Cuando estás gritando por ayuda, cuando luchas contra él cada segundo… tú tienes el control. Y él… pierde."

Bella dejó escapar un suspiro tembloroso pero asintió, sus ojos mirando hacia adelante. Iba a dirigirme hacia ella, pero una mano salió para detenerme.

"No," susurró mi papá. "Necesita esto."

Lo fulminé con la mirada por un segundo, odiando cualquier cosa que hiciera sentir incómoda a mi chica, pero en lugar de ir con ella me recargué en el muro, esperando a ver lo que Benny hacia a continuación.

"Sabe que estás protegida ahora, así que intentará acercarse a ti sin que te des cuenta. No va a usar un arma, lo más probable es que venga hacia a ti con una jeringa. Va a quererte callada, maleable, dócil, y tienes que esperarlo, cariño."

Benny me miró y a mi papá una vez más, y asentimos. Sabíamos que iba a trabajar en serio con ella, pero no quería lastimarla tampoco. Juró que nos lo dejaría a nosotros, y se mantuvo fiel a su palabra.

Asintiendo, se volvió de nuevo hacia ella. "Si vengo hacia ti, Bella…" Empezó a decir, colocando despacio una mano en su hombro mientras la otra comenzaba a envolver su cuello, pero nunca dejó que terminara esa declaración.

Con solo unos movimientos borrosos, el codo de mi chica se disparó hacia atrás, su pierna se retorció con la suya y su mano libre sujetó su brazo. Ella giró su cadera, y de pronto Benny estaba de espaldas, sonriéndole y sus chicas estaban perdiendo la cordura, Mickey incluida.

"¡Aw, demonios sí!" Emmett alardeó, lanzando su puño al aire. "¡Yo sigo, yo sigo!"

"Bien, Emmett sigue, pero…" Le levantó una ceja a ella. "Bella, ¿dónde está tu arma?"

"Mierda," siseó, sacudiendo su cabeza y sacándola de la cintura de sus jeans. "Ha pasado mucho tiempo desde que estuve en Virginia." Dio unas risitas, encogiéndose de hombros.

Él sonrió y le hizo un gesto a Emmett para que se acercara. "Ataque frontal, Em, y quítale el arma," le instruyó Benny, haciéndose un poco hacia atrás.

"Oh mierda," Rose soltó un resoplido. "Bella, no lo rompas, ¿de acuerdo?"

Bella solo se rio, metiendo de nuevo su arma en su cintura mientras Emmett caminaba sigilosamente hacia ella. Se agachó, haciéndose parecer más pequeña de lo que era, y pude ver lo que estaba haciendo. Estaba tratando de reducir una gran parte del objetivo de Emmett. Bloqueó cada golpe que él le lanzaba, y él le permitió uno, dos, tres golpes en su torso antes de que ella le clavara dos dedos en su garganta. Pero fue cuando ella se giró alejándose cuando él hizo su movimiento, quitándole su arma directamente de su cintura.

El clic del percutor hizo eco en la habitación, pero Bella se paralizó, sus ojos abiertos como platos.

"Mierda," dije bajo mi aliento, notando la expresión de miedo puro en todo su rostro y apartándome del muro.

Benny y mi padre iban a detenerme, pero levanté mi mano. Tenía el presentimiento de que sabía que la estaba deteniendo.

"Em, detente," le ordené, caminando hacia ellos y tomando el arma de su mano y su posición detrás de ella. "Soy yo, bebé," le susurré, y ella asintió. "Chapel te atrapó justo así, Bella. ¿Qué harías diferente?" Le pregunté, rozando ligeramente el cañón de la pistola a un lado de su sien derecha para que ella supiera dónde estaba.

Jadeaba por el esfuerzo pero no dijo nada, y por un momento, pensé que estaba demasiado asustada.

"Tengo muchos puntos vulnerables, Bella. Solo porque hay aquí un arma," le dije, mostrándole el arma en su línea de visión, "no significa ya no puedes tomarme por sorpresa. Todavía estoy abierto por aquí," le enseñé, tomando su mano izquierda y doblándola por el codo. "Puedes golpearme con tu brazo justo en el rostro, en el estómago, o en mis bolas."

Fruncí el ceño y sacudí mi cabeza por las risas alrededor de la habitación porque no necesitaba pensar en esto como yo. Tenía que concentrarse en todas y cada una de las posibilidades de escape.

"Esta pierna izquierda," continué, empujando la parte de atrás de su rodilla con la mía. "Levántala despacio por la rodilla." Hizo lo que le pedí. "Si lo haces con fuerza, estaría cantando en un coro de niños. ¿Comprendes?"

"Eso es de pie," respondió.

"¿Cómo te atrapó?" Le pregunté, notando que toda la sala se había quedado en silencio.

"Estaba de rodillas. Mi arma se había caído," dijo jadeando, sus dedos apretándose a sus costados. "Cuando fui por ella, no fui lo suficientemente rápida."

"Muéstrame."

Se arrodilló con una rodilla, levantando su mano para posicionar mi mano donde Chapel había puesto el arma en su cabeza.

"Así," susurró, apenas mirando por encima de su hombro.

Saqué mi arma de mi funda, arrojándola en el colchón frente a ella. "Desármame, Bella. Puedes derribarme porque estoy aún más vulnerable contigo allí. Recupera tu puñetera arma."

"Edward…"

"¡Hazlo!" Gruñí, a sabiendas que tenía que estar encabronada para hacerlo. "¡Ahora!"

Vi como sus manos se cerraron en puños y su respiración se aceleró. Lo que no esperaba fue que rodara sobre su espalda y me pateara en el pecho, lo que me tumbó de espaldas. Lo siguiente que supe, fue que estaba plantada encima de mí, con mi arma y la suya apuntando a mi cara.

"¡De esa mierda estamos hablando!" Gritó Emmett detrás de nosotros.

"Excelente, Bells," la elogió Jasper.

Apenas lo escuché por encima de los coros y el canto de sus chicas, pero nuestros ojos estaban fijos.

"Nunca vuelvas a hacer eso, Edward," jadeó, dejando caer las armas como si la hubieran quemado. "Jamás. ¿Estás bien?"

"¿Bien?" Bufé, rodando los ojos y frotando mi pecho. "Bebé, eso fue malditamente perfecto," susurré, negando y sonriéndole. "Mantente enojada, amor," le reiteré, levantando una ceja.

Me senté, tomando su rostro entre mis manos, pero ella sujetó mis muñecas para detenerme. Todavía respirada pesadamente, sus ojos cerrados con fuerza.

"Estás más concentrada y vivaz cuando estás enojada, Bella," le dije. "Por favor, recuerda eso."

Asintió y luego se bajó de mi regazo. Me puse de pie, recogiendo las dos armas y entregándoselas de vuelta a ella. Sacó la cámara, la cerró de nuevo, y puso el seguro antes de meterla de nuevo en su cintura, solo para mirar de nuevo a Benny para lo que sea que quisiera a continuación.

"Eso estuvo perfecto, Bella," Benny dio su aprobación con un movimiento de cabeza y una mano en su hombro. "Eddie tiene razón… estás más concentrada y menos asustada cuando estás enojada. Úsalo, querida." Hizo una pausa, mirando alrededor de la habitación. "Muy bien. ¿Quién sigue?"

~oOo~

BELLA

Tragué grueso cuando Benny hablaba con Edward y el resto de los hombres, repasando lo que había salido mal cuando persiguieron a Miller. Todos estaban en la sala a excepción de Eric y Felix, que se habían ido a hacer una ronda de seguridad para Frank antes de terminar su día de trabajo.

Benny era adorable a su manera. Era delgado, inteligente, con una rápida sonrisa y una naturaleza positiva. Era más fuerte de lo que parecía y bastante capaz de derribar al enemigo, ya sea con sus manos o un arma. Le encanta burlarse de los muchachos, pero podías darte cuenta que había un respeto mutuo y amor entre ellos. Con cabello castaño claro y ojos marrones, daba la impresión de ser más joven de lo que probablemente era realmente, pero su caminar firme y confianza en sí mismo lo delataban. Se había ganado su posición en el FBI con trabajo duro y una mente aguda.

Cuando comenzaron a hablar sobre qué hacer la próxima vez que Miller se presentara— o en todo caso, quien sea—practicando movimientos, llaves y luchando entre ellos, tuve que mirar para otro lado. Mi mente, mis emociones y mis hormonas seguían tambaleándose de cuando Edward tomó el lugar de Emmett. Su voz, su tono autoritario estuvo a punto de hacerme perder el control. Me había encabronado, y al mismo tiempo, me excitó al punto de hacerme temblar. Si me hubiera tocado cuando dejó caer las dos armas, lo hubiera besado hasta dejarlo estúpido justo allí frente a todo el mundo porque la adrenalina estaba corriendo por mis venas, y él se veía increíble debajo de mí. Pero yo misma me sorprendí con no una, sino dos putas armas apuntando hacia él. Lo había perdido de vista a él y solo había visto un enemigo que tenía que eliminar.

Había una parte de Edward de la que no me cansaba. Tal vez era así desde el momento que me detuvo de dispararle a Jacob, ordenándome bajar el arma. Ni siquiera se inmutó, sino que había estado tranquilo, relajado y bajo control. Tal vez era que ya estaba cansada de Twi Tech. Estar a cargo de algo que nunca había querido ni había tenido el deseo de dirigir—o si quiera haber tenido talento para hacerlo—me estaba haciendo sentir cansada, débil, necesitada. Cualquiera que fuera la razón, estaba tomando de todas mis fuerzas no correr hacia él, empujarlo sobre la banca de pesas y follarlo hasta que no pensara en nada más.

"¿Estás bien?" Me preguntó Alice, recargándose contra la pared junto a mí.

Las dos nos deslizamos hacia abajo al colchón al mismo tiempo que yo asentía.

"Averigüé algo sobre Wendell… ¿quieres saber?" Continuó.

"Sí, por supuesto, duendecillo," dije con un suspiro, mis ojos de apartarse de un Edward, sudado, luchando y sin camisa.

Estaba practicando con Jasper, pero vi como hizo muecas un par de veces cuando aterrizó de cierta forma sobre su rodilla con la vieja herida. No iba a admitirlo, pero le había estado molestando. Si no decía algo pronto, iba a hacer que Emmett se sentara sobre él para que Esme pudiera echarle un vistazo.

"Wendell—como sabes—trabajó con Charlie por diez años," empezó a decir, mirando en la misma dirección que yo lo estaba haciendo.

Rose, Mickey, y Makenna se reunieron con nosotros a lo largo de la pared, deslizándose hacia abajo a cada lado de nosotros.

Soltó un resoplido, mirándome. "¿Dónde crees que solía trabajar?"

"No tengo idea, Alice," le dije encogiéndome de hombros. "¿Dónde?"

"Spencer, Townsend y Wyatt." Se rio cuando mi boca se abrió. "Todavía los visita. De hecho, cierta pelirroja lo llama de vez en cuando."

"Aw, maldición, ¿y Charlie nunca lo supo?" Preguntó Rose, su boca abierta.

"Bueno, no sé si sabía o no," respondió Alice encogiéndose de hombros, levantando la vista cuando todos se reunieron en torno a nosotros. "Lo que sé es que… ha estado recibiendo dinero adicional en sus cuentas extranjeras por jodidos años. Muy probablemente sea él quien le avisó a King del acuerdo de Charlie con los federales porque una llamada fue hecha desde su teléfono ese mismo día a un teléfono desechable. Es también lo suficientemente estúpido para usar el correo de TT, como si no pudiera extraerlo del servidor de años atrás." Dio unas risitas, rodando los ojos.

"Buen trabajo, duendecillo," le dije asintiendo. "Ahora tengo justificación para cuando lo arroje por la ventana…"

Edward se rio, sacudiendo su cabeza mientras se ponía de cuclillas frente a mí, sus codos descansando en sus rodillas, pero fue Eleazar el que habló.

"Todavía no, Bells," me dijo. "Si podemos hacer que le hable a Victoria, tal vez podamos alejarla para Eric. Entonces podrás arrojar su trasero desde la azotea."

Le sonreí, y me guiñó un ojo. "Claro, El. Está bien. ¿Y cuándo vamos a hacer esa mierda del Club 13?"

Benny se sorbió la nariz, asintiendo, y miró alrededor a todos nosotros. "Hemos querido atrapar a Young durante años con la red de prostitución y la posesión de drogas con la intención de venderlas. Es el momento, pero vamos a tener que poner un micrófono en algunos de ustedes… en especial en las chicas. Mañana por la noche estaría perfecto porque tal vez podamos atrapar a King allí, como un extra."

"Bien," le dije, levantando mi mano cuando Edward iba a discutir. "Edward, es lo que hacemos. Solo que esta vez, llevaremos micrófono—y tendremos un respaldo espectacular…" Le levanté una ceja, haciendo un gesto con mi mano hacia el grupo de personas en la sala y él asintió, tragando grueso, pero aceptó mi decisión.

El viaje en el ascensor hacia arriba, hacia las oficinas ejecutivas, era un barullo de conversaciones, risa y animadas descripciones de cómo esta persona derribó a esta otra. Necesitaban liberar un poco de estrés, y tenía la sensación de saber a quién agradecerle por ello. Me recosté en Edward mientras estábamos de pie en la parte de atrás del ascensor detrás de todos.

Un cálido aliento llegó a mi oído. "¿Estás bien, bebé?" Me preguntó, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura y todo lo que pude hacer fue asentir y pegarme a él un poco más, mi trasero presionándose contra su ingle, que reaccionó instantáneamente al contacto.

Un gemido profundo y sensual vibró en mi espalda, y dedos se extendieron en mi cadera, atrayéndome aún más. Su otra mano se deslizó entre nosotros desde atrás, acariciando mi centro con dedos expertos sobre la tela de mis jeans, pero fue su súplica lo que casi provocó que mis rodillas se doblaran.

"P-Por favor, Bella," me rogó en apenas un susurro, alargando el 'por favor' una vez que salió como un balbuceo de su sexy boca.

Y juro por Dios, que fue el fin de mi control.

Asentí frenéticamente, llevando mi mano hacia atrás para agarrar su trasero justo cuando el ascensor se detuvo y las puertas se abrieron para ver a Angela parada allí. Esperaba pacientemente, sus brazos llenos como siempre, y sus ojos se abrieron cuando todos salimos a tropel al mismo tiempo. El toque de Edward había desaparecido de inmediato, dejándome ansiosa por él.

Sin embargo, no se esperó a escuchar las instrucciones de su padre para él al final del día, o las instrucciones de Benny y apenas si esperó a que la puerta de la oficina se cerrara detrás de un grupo de nosotros que nos dirigíamos al interior del departamento antes de abrir la estantería y presionar el código.

"¡Todos ustedes, quítense los zapatos!" Gruñó Esme, señalando nuestros pies. "¡Estoy trapeando!"

Resoplidos, gruñidos y risas salieron de seis personas al mismo tiempo que se quitaban tenis, botas y sandalias solo para alejarse a diferentes partes del departamento. Escuché televisiones encendiéndose y duchas abiertas, igual que al final de cualquier otro día. Incluso escuché el estruendo de la estantería abriéndose de nuevo y el sonido de Alec y Eleazar hablando con Esme sobre la cena.

Pero todo se desvaneció en el fondo cuando la puerta de mi habitación se cerró. Me recargué en la puerta, asegurándome de que el seguro estuviera puesto pero mis ojos nunca se apartaron de la fuerte espalda frente a mí. Las manos de Edward se cerraron y abrieron antes de que por fin se diera la vuelta y me encarara, pero ya me dirigía hacia él.

Sus manos agarraron primero mi blusa, atrayéndome a él con brusquedad, desabrochando algunos botones inesperadamente. Mis propias manos subieron su camisa mientras nuestras bocas se encontraban, húmedas, calientes y desesperadas. Todavía aferrado a mi blusa la otra mano de Edward se disparó a mi cuello, su pulgar acariciando mi rostro al mismo tiempo que giraba mi cabeza, su lengua reclamando mi boca.

Entrelazando mis dedos en su cabello, gemí cuando los suyos soltaron rápidamente mi blusa solo para desabrochar con destreza el botón de mis jeans.

"Afuera, bebé," gruñó contra mi boca, solo para reclamarla de nuevo mientras forcejeábamos con su camiseta y mis jeans al mismo tiempo que hicimos lo malditamente posible por no dejar de besarnos.

Un gemido de frustración se me escapó cuando finalmente me aparté, agarrando la parte inferior de la camiseta y se la quité. La arrojé al suelo al mismo tiempo que sus manos se deslizaron dentro de mis jeans, bajándolos de manera que pudiera quitármelos.

Edward agarró mi camisa de nuevo—esta vez, lo suficientemente rudo como para enviar los botones volando a través de la habitación.

"Lo siento," bufó contra mi boca, "pero mierda, bebé…"

"Lo sé," gemí, deleitándome en la sensación de su torso desnudo y tocando todo lo que podía, de sus abdominales a sus pectorales, hasta sus fuertes hombros y de vuelta hacia abajo a la ligera capa de vello arriba de su cintura.

Apartándome de su boca, presioné mis labios y lengua en un beso con la boca abierta en su tatuaje al mismo tiempo que mi mano tocó finalmente el frente de sus jeans negros. Estaba duro, listo y casi en la cima de su cintura. Tirando para desabrochar el botón de sus jeans y bajándolos junto con su ropa interior apenas lo suficiente para liberarlo pesado y caliente en mi mano, finalmente me arrodillé frente al altar que me moría por adorar.

"Mierda, Bella…" Dijo entre su aliento, pero no me detuvo. De hecho, sus manos se entrelazaron en mi cabello cuando nuestras miradas se encontraron, verde profundo con marrón oscuro y ambas vidriosas por la necesidad y el deseo.

No había hecho mucho de esto para él—no porque no quisiera sino porque siempre terminábamos en otras posiciones. Había algo que decir de la belleza que podía ver desde ese ángulo, la sensualidad pura que parecía extenderse en cada centímetro de Edward cuando deslizaba mi boca sobre él. Cada centímetro de su cuerpo se tensaba, cada nervio en su cuello se ponía rígido y cada dedo en mi cabello sujetaba con más fuerza mientras encontraba su mirada. Era maravilloso y sexy y todas las cosas que simplemente me hacían desearlo aún más.

Murmuré a su alrededor, solo para escucharlo sisear bruscamente a través de sus dientes. Arremoliné mi lengua una y otra vez en su punta, saboreando el sabor que ya había goteado un poco, y rasguñé suavemente su estómago con mis uñas al mismo tiempo que lo agarré por el trasero llevándolo más profundo.

Supe cuando estaba cerca porque sus pulgares me acariciaron justo detrás de mis orejas y sus caderas empujaron hacia adelante solo un poco cuando envolví con mi mano su base, lo que solo provocó que mis movimientos fueran más rápidos. Quería verlo abandonarse, correrse para mí, porque los últimos días había visto a mujeres de todas las edades comérselo con los ojos mientras él las ignoraba, y quería ese poder, ese control. Para mí, él era más que un rostro bonito; era fuerte y dulce, leal y amoroso—todo cuidadosamente oculto detrás de una controlada y rígida máscara—y por cualquiera que fueran sus razones, él me deseaba, me amaba.

"Maldición, amor… joder, me voy a correr…" Me advirtió, sus dedos hundiéndose más en mi cabello y cerrándose de una forma deliciosamente dolorosa en un puño al mismo tiempo que se corría con fuerza en mi garganta. "¡Se siente tan bien… mierda!"

Me encontré de nuevo de pie y Edward se lanzó a mi boca a medida que lo hacía caminar para atrás hacia la cama. Caímos de golpe—todavía parcialmente vestidos—conmigo encima de él mientras juntos nos movíamos hacia el centro de la cama.

Apoyé mis manos a cada lado de su cabeza, mis piernas a horcajadas en su estómago. "Joder, Edward… te deseo…" Dije entre mi aliento, cerrando mis ojos con fuerza mientras sus manos alcanzaban las copas de mi sujetador, pero me senté, agarrando sus muñecas como lo hice en el gimnasio

"Bella, maldición, déjame tocarte," gruñó, pero una sonrisa torcida y carnal se desplegaba lentamente por su rostro mientras mi cabello caía en torno a nosotros como una cortina. "Puedo sentir lo mojadas que estás, dulzura," canturreó, lamiendo sus labios al mismo tiempo que sus caderas se levantaban por debajo de mí.

"Te necesito," susurré, mi ceño frunciéndose cuando bajé sus manos de golpe hacia la cama, sujetándolas a cada lado de su cabeza. Y era en serio el significado de esas palabras, mucho más allá de lo que estábamos haciendo en ese momento que lágrimas picaron en mis ojos porque en algún parte entre el sótano de Miller y ese momento, él se había convertido en otro miembro, otro órgano, otro latido que pulsaba dentro de mi pecho, y me hacía fuerte y débil al mismo tiempo.

Él me hacía… mejor—en cada una de las definiciones de esa palabra.

Me venció al sentarse, y esta vez le permití tomar mi rostro entre sus manos mientras pegaba su frente a la mía. "Te amo," susurró, mordisqueando mi labio superior solo para deslizar su lengua sobre él en el mismo patrón. "Y joder… también te necesito," gruñó contra mi cuello, raspando con sus dientes mi piel. "Cristo, eres todo lo que nunca supe que podía tener…"

Quería rodar mis ojos ante esa declaración porque Edward era el tipo de hombre que podía tener a quien sea que quisiera, pero la sola idea de que era yo a quién quería me envió a un frenesí, tratando de acercarme más, perder más ropa y conectar con él lo más rápido que fuera posible.

Me quité mi camisa y él la arrancó de mí, arrojándola en algún lugar de la habitación. Mi sujetador y bragas nunca tuvieron una oportunidad.

"Mmm, siéntate sobre tus rodillas, bebé," ordenó con voz ronca, y lo hice, observando con mi respiración entrecortada y mordiscos a su mandíbula como forcejeó para quitarse sus jeans y ropa interior, quitándoselas finalmente de una patada hacia un lado de la cama. "Ahora, trae ese dulce trasero de vuelta aquí," dijo con un bufido, sonriendo ligeramente cuando solté unas suaves risitas y me envolví por completo en torno a él.

Piel con piel tenía que ser la mejor y más increíble sensación en el mundo porque ambos gemimos y tocamos todo los que nuestras manos podían alcanzar mientras nuestras bocas se encontraban otra vez. Mis caderas giraron instintivamente sobre él, cubriéndolo con una humedad que no podía controlar porque lo deseaba tanto que era casi doloroso. Su punta apenas si rozó mi clítoris, y mi aliento se atoró en mi garganta, succionando el aire de su boca.

"Tantas formas de hacer que te corras, amor," ronroneó en mi oído al mismo tiempo que su mano guiaba mis caderas. Otra mano se deslizó por mi espalda y se metió en mi cabello por mi nuca de manera que pudiera echarme hacia atrás para exponer mi cuello. "¿Pero cómo lo deseas tú?" Preguntó, y no estaba segura de poder hablar cuando me dobló aún más, todavía guiando mis caderas sobre él.

Mis ojos rodaron dentro de mi cabeza cuando su lengua hizo un círculo alrededor de mi pezón con una lentitud que rozaba en la pura y absoluta tortura, y giré mis cadera de nuevo sobre su renovada excitación solo para sentirlo deslizarse por entre mis pliegues que estaban tan resbaladizos, que apenas había un poco de fricción.

"¿Cómo, Bella?" Preguntó otra vez, cambiándose al otro pezón. "Mírame," gruñó, mordisqueando con sus dientes solo lo suficiente para que gritara su nombre.

Mis ojos se dispararon a los suyos, y lloriquee mientras veía su lengua pasar lentamente sobre mi pico.

"Joder, quiero hacer que te corras con fuerza, bebé," dijo justo antes de chupar con ganas mi pezón, soltándolo con un suave pop.

"Sí, Edward… por favor," le supliqué, incapaz de soportarlo más. Me sorprendí de espaldas, con él cerniéndose sobre mí, colocado perfectamente entre mis piernas. "¡No me importa… cómo!" Gruñí con los dientes apretados.

Siguiendo mi ejemplo, envolvió sus dedos alrededor de mis muñecas y las plantó a cada lado de mi cabeza.

"Veamos cómo jodidos te gusta cuando no puedes tocar," se rio misteriosamente, enterrando su rostro en mi cuello mientras se empalaba tan profundo dentro de mí que los dos dimos un grito ahogado por la sensación.

Mi cabeza se hundió en la cama al mismo tiempo que empezaba su lento y sensual ritmo, sus dedos entrelazados con los míos sobre mi cabeza. Mis caderas encontrando las suyas estocada tras estocada, pero fue el girar de sus caderas lo que hizo que tocara un punto en lo más profundo dentro de mí que me hizo apretar sus dedos y que todo mi cuerpo se arqueara hacia él.

Soltando mis manos, sus dedos bajaron haciendo cosquillas por mis brazos hacia mis senos, sus pulgares rozando mis pezones antes de que finalmente se sentara sobre sus rodillas, sujetando mis caderas. Mis piernas se cerraron en torno a él, mis talones enterrándose en su trasero mientras mis hombros eran todo lo que tocaba la cama. Levantándome con un solo brazo al mismo tiempo que él me penetraba con fuerza creó toda una nueva sensación, una más profunda y satisfactoria sensación que sabía se sentiría bien mañana.

Mi cabeza cayó hacia atrás cuando comprendí que nos acoplábamos perfectamente en lo sexual, solo era mejor y más osado cada vez que estábamos juntos de esta forma. Nunca nos refrenábamos, nunca había nervios o timidez, y me pregunté—aunque sea por una fracción de segundo—si era porque habíamos lidiado con alguna mierda realmente difícil, que nos tomábamos nuestro tiempo y disfrutábamos de cada puta caricia, cada beso, cada orgasmo.

Usando mis piernas me levanté del colchón apoyándome con firmeza en mi brazo. Mi mano libre agarró su hombro mientras me atraía hacia él una y otra vez.

"Mierda, mírate," gruñó con una media sonrisa sexy que me gritaba que me corriera. Una mano dejó mi cadera para cubrir mi seno mientras nos las arreglábamos para movernos como un nudo de piel, miembros y sudor. "Déjate caer de nuevo, bebé," ordenó, su mano extendida en mi estómago. "Quiero verme follándote."

Mis hombros se encontraron una vez más con el colchón al mismo tiempo que su mirada se posó en donde estábamos conectados, su mano todavía extendida sobre mi vientre, pero su pulgar tocó mi clítoris con una presión que me hizo jadear. Sus ojos se oscurecieron mientras disminuía el ritmo, solo viendo su polla entrar y salir de mí, empezando con penetraciones poco profundas e incrementando poco a poco su fuerza y profundidad.

"Maldita sea," dije entre mi aliento, usando todavía mis talones en su trasero como palanca y sintiendo cada flexión de sus muslos, pero requirió de unos círculos de su pulgar en mi clítoris antes de que estuviera apretando con fuerza a su alrededor.

"Todavía no, Bella," gruñó, sentándose en sus rodillas. El sonido de piel golpeando contra piel hizo un eco suave por la habitación. "Contenlo, amor…"

Al fin vi desde este ángulo la perfección de nuestra conexión. Cada vez que salía, su polla brillaba con mi humedad. Sentirlo era una cosa; verlo era una experiencia erótica completamente diferente.

"¡Dios, Edward… no puedo!"

Él cayó sobre mí, apoyando sus manos a cada lado de mi cabeza, sus labios rozando con los míos. "Inténtalo," susurró sedosamente pero sin aliento al mismo tiempo que una de sus manos se deslizó a mi trasero para levantar mi cadera de la cama. "Vale la pena, joder, te lo prometo…"

Tuve que morder mi labio, enterrar mis dedos en los músculos de su espalda y bíceps, y prácticamente dejar de respirar a fin de no permitir que mi clímax me arrastrara. Quería ahogarme en la euforia que sabía que solo él podía darme, pero él me sostuvo la mirada con sus ojos oscuros, el verde prácticamente había desaparecido, cuando apreté con fuerza en torno a él, y me deleité al ver su boca abrirse y sus ojos rodar hacia atrás.

"¡Oh mierda, bebé… ahora!" Gruñó, sus dientes cerrándose donde mi cuello se une a mi hombro.

Ni siquiera estaba segura de haber hecho algún sonido cuando al fin me dejé llevar, pero mis miembros lo atrajeron cuando se cerraron en mi liberación. Mi cuerpo se arqueó y se sacudió mientras pulsaba al mismo tiempo que él se derramaba dentro de mí y una sarta de maldiciones dejaron su hermosa boca.

Edward bajó mi cadera, sus codos apoyándose a cada lado de mi cabeza mientras sus besos, ahora más suaves, rozaban mi cuello, cruzaban mi mejilla y finalmente acariciaban mi boca con gentiles caricias de labios y lengua.

Disfruté de su peso sobre mí, la sensación de nuestras piernas enredadas y los pesados golpeteos de nuestros latidos entre nosotros mientras me besaba entre mis espasmos que no se habían detenido.

"Debería dejarte que me patearas el trasero más seguido si así es cómo vas a reaccionar," dijo en broma suavemente en mi oído antes de que su cabeza cayera en mi hombro. "Bien," suspiré, un escalofrío de éxtasis post coital sacudió mi cuerpo, lo que solo hizo que Edward me abrazara con más fuerza, más cerca y nos rodara a nuestros costados. Aun durante el movimiento, permanecimos conectados en la forma más íntima.

Brillantes ojos verdes encontraron mi mirada, y no pude evitar besar sus labios con suavidad mientras sus manos pasaban por mi costado, trasero y muslos, solo para subir de nuevo rozando ligeramente a su paso. Quería agradecerle por recordarme que no estaba indefensa, por saber exactamente lo que necesitaba, pero no había palabras lo suficientemente buenas con la excepción de, "Te amo, Edward."

Sus labios tocaron mi hombro cuando enterré mi rostro en su cuello, simplemente relajándome en sus brazos. Sabía que pronto nos iban a llamar para cenar porque podía oler algo flotando por el departamento, y podía escuchar las conversaciones ir en aumento bajando por el pasillo.

"Cuando esto termine," empezó a decir Edward, su voz suave y reconfortante mientras dejaba otro beso en mi hombro desnudo, "Quiero lucirte… y llevarte a esos lugares que cuelgan en tu casa del árbol."

Me reí, echándome hacia atrás para mirarlo. Su expresión era tímida, pero tan malditamente dulce que podría haberlo besado por todas partes. "¿Qué?" Le pregunté, solo para asegurarme que lo había oído correctamente.

"T-Tú siempre q-quisiste v-ver mierda… pero n-nunca p-pudiste. Yo quiero hacer eso," me dijo, comenzando con es dulce tartamudeo y terminando en la auténtica forma demandante de Edward.

"Está biiien," le dije, alargando la última palabra, porque esta conversación parecía haber salido de la nada.

"Probablemente vamos a tener que ocultarnos por un poco de tiempo cuando esto termine, así que no nos matará el disfrutarlo," se rio, dándome mi sonrisa torcida favorita lo que solo hizo que me riera. "Y después de eso… Dios, no puedo esperar a llevarte a casa conmigo."

"Yo tampoco," dije con un suspiro, sintiendo mi corazón apretarse al escuchar "a casa".

"Bien." Se rio de nuevo, dejando un beso en mi nariz. "Porque mi cocina necesita estrenarse apropiadamente… como con jarabe…"

Sonrió cuando perdí el control totalmente, mi cabeza cayendo hacia atrás mientras me reía a carcajadas. Algunas cosas nunca se olvidarían entre nosotros. Se rio contra mi garganta mientras dejaba un ruidoso beso con la boca abierta en mi piel al mismo tiempo que la voz de Esme llamaba desde el otro lado del departamento para cenar.

Refunfuñamos pero de todos modos nos levantamos y nos vestimos de nuevo. Tuve que optar por otra camisa, justo antes de que dejáramos la recámara, la mano de Edward me detuvo, dándome la vuelta para mirarlo.

"Tienes razón respecto a mi papá, Bella," dijo en voz baja, su ceño frunciéndose con preocupación mientras miraba al suelo y luego de vuelta a mis ojos. "Pero no te dejaré aquí preocupada. Simplemente no puedo. Vi por lo que pasó mi mamá cuando mi papá estaba todo el tiempo en el extranjero, bebé. No puedo hacerte eso. Me mataría. Demonios, preferiría que estuvieras conmigo de todos modos. Al menos sabría que me cuidas las espaldas…"

Asentí, respirando hondo y besando rápidamente sus labios. "Voy a luchar contigo, hasta el final, Edward. Tú y Carlisle han luchado por mí, así que no tengo problema en hacer lo mismo por ustedes. Sin importar lo que tengamos que hacer, ¿de acuerdo?" Le pregunté, mirándolo a los ojos para que supiera que hablaba en serio. "Ustedes son mi familia ahora… todos ustedes."

Vaciló por un momento pero finalmente asintió solemnemente, abriendo la puerta a fuertes risas y conversación viniendo de la cocina, provocando que ambos riéramos. No podía esperar al tiempo en que fuéramos solo nosotros dos, pero hasta entonces, vivir con una gran "familia" no era tan malo.


Hola :) Como les dije arriba esta días han sido un caos y no había podido traducir, pero aquí está el capi ahora y espero que lo hayan disfrutado. Estoy segura que sí, sobretodo ese fogoso encuentro de nuestros tórtolos. Estos dos sacan chispas cuando están juntos. Ya sabemos que el abogado es unos de los secuaces de King, ahora veremos que hacen nuestros chicos para atraparlo con las manos en la masa. Y ahora se preparan para ir todos juntos al Club 13, ¿qué les esperará allí? ¿Tendrán éxito? ¿Estará King allí? Déjenme sus teorías y opiniones en un review, recuerden que la autora está muy atenta a sus comentarios y hay más buenas historias de ella que me gustaría compartir con ustedes. Gracias por sus alertas y favoritos. Saludos y nos leemos la próxima semana.