Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.
Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.
Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.
CAPÍTULO 29
BELLA
¡El exlíder de la mafia, Royce King, muere después de una reyerta en prisión!
Royce King, quien había sido sentenciado a seis cadenas perpetuas consecutivas por cargos que van desde dos delitos de asesinato hasta tráfico de armas, fue encontrado muerto en su celda ayer por la mañana. Se desconoce cómo alguien entró a su celda después de que estas fueron cerradas en la noche, pero los investigadores de la prisión dicen que lo están averiguando.
King, que pronto iba a ser trasladado nuevamente a la prisión del condado en espera del juicio por presunta prostitución y tráfico de esclavos, estuvo recientemente en una pelea en la cafetería del penal durante la cena. Uno de los guardias presenció cuando King fue abordado por un recluso de gran tamaño, que se dice tiene varias cicatrices en su rostro, pero tuvieron que intervenir cuando los ánimos se encendieron.
El presunto exlíder de la mafia fue encontrado colgado en su celda ayer por la mañana, golpeado casi hasta el punto de quedar irreconocible y destripado. Los informes dicen que King fue torturado hasta la muerte, y la causa oficial de muerte fue una extrema pérdida de sangre. Nadie lo ha confirmado, pero nuestras fuentes dicen que incluso las uñas de sus manos y pies fueron retirados a la fuerza.
El nombre del sospechoso no ha sido dado a conocer, pero el alcaide de la prisión del estado de Washington nos dijo que todo el asunto está siendo investigado a fondo.
Royce King confesó los asesinatos de Charlie Swan, exCEO de Twilight Technology, y su esposa, Renee Swan. Cuando tratamos de contactar a su hija, Isabella Swan, también exCEO de Twilight Technology, pero no pudimos conseguir un comentario. Sin embargo, Carlisle Cullen, actual CEO y presidente de la junta de Twi Tech, dejó un comunicado para nosotros, relacionado no solo con la muerte de King, sino también del paradero de la señorita Swan.
"Isabella está tomando un merecido tiempo libre después de la muerte de su padre," nos dijo. "En lo que respecta a Royce King… bueno, él ha hecho varios enemigos a través de los años, y su reciente testimonio en contra de todos sus exempleados tuvo que haberlo convertido en un gran objetivo. Vivió una vida peligrosa en un mundo aún más peligroso. La forma en que murió no me sorprende, y por lo que a mí respecta, es solo un criminal menos…"
Suspiré, dejando a un lado el periódico, y miré más allá del porche de la casa de la playa mientras empujaba el columpio con mi dedo. Habíamos estado llevando un perfil bajo por más de un mes y medio, todos esparcidos a los cuatro vientos—excepto por Carlisle y Esme, que se habían quedado en el departamento en la Torre de Twilight, más por conveniencia que por seguridad. Se los había cedido el mismo día que había cedido Twilight Tech.
Me empujé con fuerza con mi dedo, haciendo que el columpio cogiera velocidad, y luego subí mis rodillas a mi pecho, envolviéndolas con mis brazos. Extrañaba a mis amigos, echaba de menos a mi madre substituta, Esme, y a mi padrino, Carlisle. Extrañaba Seattle, pero no podía estar más feliz por mí y también por mis amigos, porque todos habíamos encontrado algo especial cuando fuimos reunidos por lo que considero fue el destino.
Jasper y Alice se habían ido a Texas a pasar tiempo con su papá. Rose había renunciado a TT y con el tiempo volverá a trabajar conmigo en Gravity. Ella y Emmett habían decidido compartir su tiempo, empezando en la casa de los padres de ella en Oregón, y luego con la madre de él en California, terminando finalmente en Las Vegas. Edward y yo hicimos una apuesta de si se casaban o no ante una imitación de Elvis. Edward dijo que sí, pero yo dije que no porque Rose me había jurado hace años que nunca, jamás se casaría.
Makenna había optado por quedarse con Carlisle y Esme en Seattle porque ella y Wes Mitchell habían empezado a salir. Él estaba oficialmente fuera de su servicio encubierto habiendo recibido una promoción por encerrar a King. De vez en cuando tenía que irse por algunos casos, pero en su mayor parte, trabajaba localmente. Y ella no podía estar más segura que en la compañía de Carlisle y Wes si lo intentara, por lo que ni siquiera discutí con ella cuando decidió quedarse.
Eleazar y Felix volvieron a trabajar para la CIA y actualmente estaban en Colombia, donde estaba segura estaban espiando a Corbin, pero nadie estaba seguro de ello—no que pudiéramos comunicarnos con todo el mundo de la forma en la que nos gustaría. No era estúpida, porque también Alec se había ido con destino desconocido, y solo estábamos esperando esa orden.
Eric Hunter, por el otro lado, decidió tomarse un tiempo libre para asegurarse que su hermana, Victoria, recibiera la ayuda que necesitaba. Había sido una víctima de King por tanto tiempo que se resistió a él a cada paso del camino, pero finalmente la había puesto en unas instalaciones para que pudiera recibir verdadera ayuda. Había sido usada, abusada, y adicta a buen número de drogas, sin mencionar al alcohol, pero cuando su hermano la amenazó con adoptar permanentemente a su hija, Chelsea, finalmente entendió que necesitaba limpiarse y buscar terapia. Actualmente estaba en un centro de salud mental en el norte de California, y veía a su hija cada dos semanas si estaba respondiendo bien. Todos ellos habían decidido mantener la identidad del padre de Chelsea—que resultó ser James—en secreto. Al parecer, King no estaba mintiendo cuando dijo que no podía tener hijos.
Benny también había sido promovido. No que ya no respondiera cuando Carlisle y Edward lo llamaban, pero se había quedado a cargo de la oficina del FBI en Seattle. También había cautivado a Angela Weber, quien era ahora la nueva asistente personal permanente de Carlisle. Angela y Benny estaban saliendo en serio, y estaría dispuesta a apostar que Esme los estaba animando a que se casaran, así como nos estaba animando a todos nosotros a hacer lo mismo. Estaba convencida de que eso era porque Carlisle le estaba dando largas a su propuesta de matrimonio.
Ivan Wendell se había presentado a la prisión del condado, le explicó—con todo detalle—a King que básicamente estaba jodido, y lo convenció de pronunciarse culpable en la mayoría de los cargos, porque si ponía un pie fuera de la cárcel, Corbin se habría cobrado todas las deudas. El contrato que King me había entregado para las armas que solicitó también había sido usado contra él.
Edward y yo habíamos desaparecido. No habíamos tenido opción porque la captura, la confesión y sentencia de Royce King por el asesinato de mis dos padres se había convertido en un enorme alboroto mediático. Unos días después de su arresto en la oficina de mi padre, volamos fuera de Seattle. No era porque nos molestaran los medios, pero la última vez que me habían puesto en la televisión, Miller se había presentado, y Edward no estaba preparado para que yo lo enfrentara. Dijo que era porque ya había pasado por "¡demasiada mierda, maldita sea!" Pero yo también creía que era porque él no estaba cien por ciento saludable. Edward seguía recuperándose de su pierna, y de verdad creía que esa era la razón por la que nosotros, junto con Mickey, habíamos volado a mitad de la noche para quedarnos con la tía Kate una semana.
Edward había hecho lo que Esme le pidió; había visto a un médico concerniente a su rodilla al día siguiente de lo del club. Afortunadamente, en realidad nada se había rasgado, pero sí tenía que usar una rodillera hasta que los tendones se fortalecieran, lo que el médico dijo podría tomar semanas.
La tía Kate nos había recibido con los brazos abiertos y una cocina abierta, y nunca había visto a Mickey tan feliz como cuando cayó en los brazos de Obie, supimos a ciencia cierta que Mickey finalmente había encontrado un hogar por primera vez desde la muerte de su familia en Nueva York.
Cuando le contamos a Kate todo sobre lo que en realidad le había pasado a mis padres, derramó unas cuantas lágrimas, besando mi mejilla. Pero me dio una sonrisa completamente radiante al ver la fotografía que Charlie me había dejado, diciéndonos que no sabía que mis padres y los padres de Edward habían podido reunirse de nuevo. Nos enteramos por Carlisle que el día en que yo nací recibió el permiso de la Fuerza.
Edward y yo no nos quedamos mucho tiempo en Alaska. Creo que había una parte de nosotros que necesitaba probarnos estando solos. Y no fue fácil al principio. Éramos dos personas obstinadas y cabezotas. Yo estaba todavía un poco alterada por todo lo que había pasado, y Edward estaba determinado a mantenerme en una fortaleza amurallada de protección. Había resultado en algunas peleas a gritos en habitaciones de hotel, pero en nuestra esencia básica, nos amábamos con fiereza. Simplemente estábamos de verdad locos el uno por el otro.
Empezamos en California, y Edward me había mostrado su vieja casa y la base de la Fuerza Aérea. Nos habíamos alojado en casas de playa, viajando por la costa, y finalmente fuimos a San Francisco. Bailé como una niña emocionada cuando al fin me llevó a ver Alcatraz. La sonrisa de felicidad que me dio hizo que la discusión que habíamos tenido justo esa mañana se la llevara el viento porque se veía tan jodidamente orgulloso de sí mismo.
~oOo~
"Ten," dijo Edward en voz baja, tomando una de sus gorras de béisbol y pasando mi coleta por ella mientras avanzábamos por el agua.
Suspiré, rodándole los ojos, pero lo comprendí. Miller era la única amenaza que me quedaba, y aunque Edward era malditamente diligente asegurándose de que nunca nos siguieran, aun así no quería tomar ningún riesgo.
"Cristo, Bella," bufó, sacudiendo su cabeza y enderezando mi gorra. "Es solo que no quiero que nada te pase, bebé. Joder, no estoy pidiendo demasiado, ¿cierto?"
"No," refunfuñé pero fui incapaz de contenerme de pararme de puntillas y besar su boca fruncida. "Lo siento." Dije con un suspiro, mirándolo. "No me estoy quejando, lo juro," murmuré, y él sabía que era por algo completamente diferente. Mi única queja parecía ser que la amenaza a mi seguridad no haya terminado.
"Mira, dulzura," me dijo, una sonrisa de suficiencia en su desaliñado rostro, pero sus ojos estaban de un verde oscuro y tan serios. "Si Miller se presenta… no es que pueda precisamente perseguirlo esta vez, ¿sabes?" Hizo un gesto con su mano hacia su pierna.
Asentí, mirando la rodillera negra que rodeaba su pierna desde la mitad de su muslo a la mitad de su pantorrilla. Llevaba unos pantalones cargo cortos de color caqui y una camiseta blanca, sin mencionar su omnipresente gorra de béisbol hacia atrás. Se veía como un mariscal de campo o jugador de béisbol en reserva por lesión. Se veía sexy, ya sea que lo creyera o no, mientras estaba allí recargado en la barandilla del bote, el sol reflejándose en su piel ahora bronceada, más oscura de lo que lo había visto antes, ya que habíamos estado jugando en playas por toda la costa de California.
"Lo sé," dije con un suspiro, tirando de su mano cuando al fin atracamos en la pequeña isla prisión.
Cuando conocí a Edward por primera vez, cuando teníamos doce y trece años, me había dicho que Alcatraz era algo escalofriante. Era vieja y un poco inquietante, pero al parecer, habíamos vuelto a ser unos niños porque seguíamos escabulléndonos del grupo del tour.
Nuestras discusiones, y simple y llana frustración entre nosotros se desvaneció por completo cuando me encontré pegada contra los barrotes de una celda con un muy dulce y muy travieso Edward haciendo que me sostuviera de las barras mientras me hacía cosas que seguro conseguirían que nos sacaran a patadas del tour y de la isla.
"Deja de resistirte," gruñó sensualmente contra mi cuello a medida que sus labios y lengua hacían que mi respiración se detuviera cuando dejó besos con la boca abierta al mismo tiempo que acariciaba mi seno. "No puedo perderte, bebé, así que tengo que mantenerte a salvo."
"Bien," le dije, prácticamente incoherente al mismo tiempo que me encontraba envolviendo mi pierna alrededor de su cadera.
Lo sentí sonreír contra mi oreja, pero casi se nos sale el corazón a los dos del susto cuando alguien aclarándose la garganta nos recordó que no estábamos solos, así como que tampoco era exactamente apropiado lo que estábamos haciendo para los jovencitos en nuestro grupo del tour.
Me eché a reír, dándome la vuelta, pero Edward ni se inmutó.
"Solo estábamos probando que tan… compactos están los cuartos aquí," dijo sin dificultad, usando una voz que por lo general conseguía que las mujeres se derritieran—sin importar que no podía ver su mano, y la palabra "compactos" la enfatizara con un firme apretón a mi trasero.
Pero está mujer no sucumbió a sus encantos.
"Sí, bueno, traten de mantener el paso con el resto de nosotros, ¿está bien?" La mujer bastante masculina bufó, rodando los ojos.
En ese momento ya no pude aguantarme, teniendo que enterrar mi cara en su brazo a fin de no soltar la carcajada frente a la pobre mujer.
"Eres lindo… pero no creo que seas su tipo…" Solté un resoplido, rodando los ojos ante su sonrisa descarada.
"No, pero tú probablemente lo seas." Se rio, cogiéndome y cargándome hacia el pasillo principal sobre su hombro. "La próxima vez, tú dices algo dulce y ella será masilla en tus manos."
"No habrá una próxima vez," canturreé en respuesta, dando manotazos a sus manos cuando finalmente me bajó. "Y no quiero mis manos en ninguna parte de ella, gracias. Compórtate, Edward."
Fue cuando inclinó su cabeza con un puchero increíblemente adorable que me di cuenta quienes éramos. Éramos dos personas que haríamos casi cualquier cosa para hacer al otro feliz, para mantenerlo a salvo, y en ocasiones, esas dos cosas no siempre encajaban. Sí, era frustrante cuando miraba constantemente por encima de nuestros hombros. Sí, fue un poco sofocante cuando me hizo usar un sombrero en público o no dejaba que llamara a nuestros amigos tan a menudo como queríamos. Y sí, me había embriagado un poco con nuestra libertad juntos, porque tenerlo para mí sola era fantástico, y atemorizante, y tan reconfortante—todo envuelto en una gigante bola de brazos y piernas que se entrelazaban en la cama todas las noches—que estaba dando por sentado todo lo que habíamos pasado recientemente.
"No me hagas ese puchero," le dije con un suspiro, agarrando su rostro y dándole un beso rápido. "Y lo siento por estar… malhumorada."
"Nunca te llamaría así," dijo con un bufido, frunciendo el ceño. "Sé que es un maldito dolor en el culo, amor. Paciencia, bebé, y pronto podremos ir a casa. Lo prometo."
~oOo~
Después de Alcatraz, Edward había sugerido que volviéramos al principio, por lo que por las últimas tres semanas, nos habíamos estado quedando en la primera casa de seguridad a la que él y Carlisle me habían traído—la casa de la playa—y hemos estado aquí desde entonces, esperando por el fin del estado de alerta para poder ir a casa, porque King todavía podía dar órdenes desde la cárcel a algunos matones que quedaban por ahí libres.
Las diferencias eran grandes esta vez. La casa estaba totalmente silenciosa sin nuestros equipos corriendo por ahí a todas horas del día, y está vez, yo dormía en la habitación de Edward en la planta baja. Cocinábamos y limpiábamos juntos, y era tan doméstico que era casi atemorizante.
Sin embargo, Edward había insistido la primera noche que nos quedamos que le hiciera un pie de manzana. Prácticamente se lo comió todo en una sentada. Pensé que se iba a enfermar. Pero que me condenen, si ese simple postre no lo hizo feliz.
Levanté la vista cuando la puerta principal se abrió y un Edward sudado y sin camisa entró, cerrando la puerta con fuerza detrás de él. Llevaba unos pantalones cortos de baloncesto, su rodillera, y tenis. Había ido a correr, haciendo lo malditamente posible por fortalecer de nuevo su pierna. No estaba nada sino determinado a volver a estar fuerte.
Caminó hacia el refrigerador, agarró una botella de agua y se apoyó en el marco de la puerta, bebiéndose casi toda la botella en un solo trago. Lamí mis labios mientras veía las gotas de sudor correr por su frente, bajar hacia su mandíbula y finalmente caer en su pecho mientras trago tras trago hacía que su garganta se tensara eróticamente. Las cosas más simples en él eran las que consideraba sexy y irresis-jodidamente-tible.
"Buenos días, dulzura," me dijo, aún respirando pesadamente cuando se dejó caer en el columpio junto a mí, dándome unos besos sudorosos solo para escucharme chillar.
Puse el periódico en mi regazo, mirándolo. "¿Cómo va tu rodilla?"
"Mejor. Pude correr ocho kilómetros," declaró, pero sus ojos se estrecharon hacia mí. "¿Qué pasa, bebé?"
"Creo que ya podemos ir a casa," murmuré, arrojándole el periódico.
Sus cejas se arrugaron en confusión a medida que leía el artículo de la muerte de Royce King, pero al fin se levantaron por la sorpresa.
"No jodas," susurró, dándole vuelta a la página para el resto de la historia.
"¿Estuvo Sam en la cárcel todo el tiempo?" Le pregunté, volviéndome hacia él mientras revisaba de nuevo el artículo.
"Sí," respondió Edward, haciendo una mueca ante la idea.
"Por mí," le dije, fue más una declaración que una pregunta.
"Sí, bebé," dijo Edward con un suspiro, poniendo el periódico en la mesita junto al columpio y tomando mi rostro entre sus manos. No me atrajo hacia él, pero probablemente fue porque todavía estaba sudado y caliente—de muchas formas—por haber corrido. "Fue la decisión de mi padre, y Sam haría cualquier cosa por mi padre…"
"¡Bueno, lo quiero fuera!" Espeté, empezando a sentir pánico porque el pobre Sam había estado en la cárcel desde la última vez que lo había visto en la granja—y solo para esperar el momento perfecto para abalanzarse a Royce King. "O sea, a estas alturas, ¿siquiera puede salir?"
Edward sonrió con calidez. "Estoy seguro que podemos hacer algo, Bella. Por favor, tranquilízate. Era el plan desde el principio," dijo en voz baja, sacando su teléfono y repasando sus contactos hasta que encontró el que quería. Lo dejó sonar, pero sus caricias en mi rostro nunca se detuvieron y eran tan dulces como siempre. "Papá," dijo después de que aparentemente Carlisle, respondiera, pero se rio, negando. "Sí, señor." Se rio con un resoplido, entregándome el teléfono.
"Carlisle," comencé a decir, pero mi padrino ya estaba hablando.
"Bella, por favor no te enojes," empezó a decir, escuchándose igual que su hijo cuando no quería meterse en problemas. "Te prometí hace tiempo que terminaríamos… esto de la forma correcta," me dijo, eligiendo las palabras con cuidado ya que estábamos en el teléfono.
"Eso no me importa. De hecho, estoy verdaderamente feliz por ello, pero…" Solté un bufido, frunciendo el ceño cuando pique a Edward con un dedo por reírse. "Quiero a Sam fuera. No debería haber estado allí todo este tiempo, Carlisle."
"Tiempo, cariño; dame tiempo. Dale a Benny tiempo, ¿de acuerdo?" Me rogó. "Sé que Sam te agrada. Demonios, él te adoraba tanto que se ofreció para esta misión…"
"Sí, pero… ¡Espera! ¿Eso hizo?" Jadeé, mirando a Edward mientras él empezaba a empujar el columpio despacio.
"Sí, señorita," respondió suavemente Carlisle. "Te lo juro, esto es lo que Sam hace… y fue… orquestado para que funcionara justo así. De hecho, es un ejemplo idóneo. ¿Me entiendes?"
Hice una mueca, pero casi podía ver a mi padrino levantándome una perfecta ceja.
"Sí," suspiré. "Aunque, es injusto…"
"Bueno, si te sirve de consuelo, ustedes dos pueden volver a casa ahora." Carlisle se rio. "Me gustaría apostar que mi hijo está a punto de volverse loco queriendo irse a esa casa suya en Forks…"
"¿Eso significa que todos pueden volver?" Dije con un chillido, sonriendo cuando la cabeza de Edward se giró de mirar hacia el océano para encontrar mi expresión emocionada.
"Absolutamente, cariño," respondió Carlisle riéndose. "De hecho, tú puedes llamarlos a casa."
Edward pidió el teléfono, y le dije a Carlisle que lo amaba antes de entregárselo. Puso el teléfono en su oído.
"¿Qué hay de Miller?" Preguntó Edward, pasando una mano por su sudoroso cabello.
Solté unas risitas cuando se paró en todas direcciones. En ese momento era absolutamente imposible no tocarlo.
Edward escuchó y asintió pero no dijo mucho mientras estuvo al teléfono con su papá; no tenía que hacerlo. La oscura y seria expresión que cruzó su rostro lo decía todo, y era un profundo contraste con la felicidad que había exudado cuando averiguó que podíamos ir a casa.
"Sí, sé que mi casa sería un lugar seguro para ella…" Murmuró, quitando mi mano de su cabello y besando la cara interna de mi muñeca con un largo y húmedo beso, arremolinando su lengua sobre mi piel solo para provocarme. "Sería un puto estúpido si se presentara allí."
Asentí en silencio de acuerdo porque no solo quería que ya empezáramos a vivir nuestras vidas, sino que también, con la forma en que estaba situada la casa de Edward en el bosque, su sistema de seguridad, y simplemente… por Edward mismo, verdaderamente habría obstáculos que Miller nunca sería capaz de vencer.
Sin mencionar que, ir a casa significaría ver a mis amigos de nuevo, gente que consideraba mi familia. Ir a casa significaría que al fin podría considerar seriamente reabrir Gravity—esta vez tal vez en Forks. E ir a casa significaría… algo permanente. No más esconderse o trasladarse. No vivir más en la casa de Rose, como cuando Jake me jodió. No vivir ya más con maletas llenas de la misma mierda.
Edward estaba a punto de decir algo más a su papá, pero lo interrumpí.
"Edward, quiero ir a casa…" Dije en voz baja, y me di cuenta que soné quejumbrosa e infantil, sin mencionar algo patética, pero no me importó.
"Él es…" Edward se detuvo, mirándome, sus ojos recorriendo mi rostro. Respiró profundamente y asintió. "Te llamaremos cuando estemos en casa," murmuró, terminando la llamada con su padre.
Dejó su teléfono a un lado y se volvió hacia mí, empujando el columpio con un pie en el porche.
"Ven aquí," dijo en voz baja, finalmente atrayéndome hacia él, y olía divino, a sudor, aire salado del océano, y a mi Edward. Tomó mi rostro entre sus manos una vez que subía a su regazo. "¿E-Estás l-lista para e-esto?" Preguntó, y vi que se refería a más que solo enfrentar lo desconocido, por lo que se refería a Miller y mi seguridad.
No ayudó que haya tartamudeado porque haría cualquier cosa si lo balbuceaba, pero se refería a él—vivir con él. Se refería al futuro porque Edward no se tomaba este paso a la ligera. Era la primera mujer que alguna vez había llevado a su casa. Me había hecho el amor por primera vez allí. Era la primera relación formal que siquiera había tenido la inclinación de tener alguna vez, y me dijo que era la última—y me lo decía a menudo.
"¿Tú lo estás?" Repliqué, porque esto era un gran paso para él—el Señor de las Aventuras de una Noche. Lo amaba con todo el corazón, pero me destruiría si alguna vez cambiara de opinión.
A pesar de todo lo que habíamos pasado, solo nos conocíamos por algunos meses y habíamos estado juntos por menos. Nuestra pasión seguía siendo algo nuevo, pero no banal. Dios, más bien al contrario, tan intenso y real que era impresionante, y no quería que eso terminara nunca.
"Dime que quieres, Edward," le demandé en voz baja, tomando ambos lados de su rostro preocupado. "Porque en este momento estoy pensando que estás evitando volver a tu casa…"
"¡No!" Dijo en un jadeo, su boca abierta por la impresión. "No, lo juro, no es eso, pero… en realidad estaba esperando por Sam…" Se detuvo, inclinándose para besar mis labios con suavidad. "Dios, b-bebé… y-yo d-deseo t-tanto e-esto…"
"Yo también," admití, asintiendo despacio y besándolo otra vez.
"Yo… esto es nuevo… para mí," declaró, pero no tartamudeó, y eso significó más de lo que podría explicar porque estaba declarando con seguridad que él mismo lo sabía. "Pero joder… te quiero en casa conmigo. Nunca querré a otra mujer o estar sin ti. Yo… yo estoy consciente de que esto fue una prueba, está mierda de un perfil bajo, pero no tengo quejas, Bella. Solo quiero estar contigo… lo que sea que eso implique, lo que sea que me permitas tener…"
"Puedes tenerlo todo," lloriqueé, enamorándome aún más de él y lanzándome a su boca porque nunca desde que me había sacado del sótano de Miller, nunca me había sentido tan conectada a una persona como me sentía con Edward.
Él era la esencia de la felicidad y el amor. Sí, chocábamos por las cosas más extrañas, pero a pesar de cómo nos conocimos, a pesar de cómo nos habíamos enamorado, sabía a ciencia cierta que nunca querría a otro hombre—de la forma en que lo quería a él.
Fuertes dedos se entrelazaron en mi cabello, sujetándolo con fiereza a medida que giraba solo un poco mi cabeza. Sus labios y lengua se mezclaron con los míos—labios superiores, labios inferiores, el aliento apenas pasaba entre ellos. Su agarre no disminuyó cuando pegó su frente a la mía, sus ojos cerrándose de manera que sus largas y hermosas pestañas descansaban contra su piel.
Cuando al fin los abrió, su mirada era intensa, el verde apenas se veía. "Vamos a casa."
~oOo~
EDWARD
"¿Qué quieres decir con que te casaste?" Bella prácticamente le rugió a Rose, que se veía casi temerosa por su vida.
Sonreí, dándole a Emmett una palmada en la espalda. "Excelente, hombre." Me reí, atrayéndolo en un abrazo con un solo brazo. "Felicitaciones, Em."
"Oh, Bella…" Rose lloriqueó, mirando a Em y a mí por ayuda, pero no sabía qué hacer por ella.
Sabía que las bodas y esa mierda significaban mucho para las chicas, pero no tenía idea de por qué Bella estaba molesta con su mejor amiga hasta que hizo la siguiente declaración.
"Lo hiciste sin mí, Ro," bufó Bella, e hice una mueca por la tristeza que cruzó por sus dulces ojos marrones.
"Oh," murmuramos Emmett y yo, dándonos la vuelta para dejar a las dos amigas para resolver esto. No tenía duda de que lo harían.
"¿A qué hora viene todo el mundo?" Preguntó Emmett, sus ojos amplios mientras no solo tratábamos de cambiar de tema sino también encender la parrilla en mi terraza trasera.
Bella y yo habíamos estado en casa algunos días, y ni siquiera podría explicar lo mucho que significaba que simplemente estuviera de verdad… allí. Cuando llamó a todos para dejarles saber que King estaba muerto, que no había peligro, todos querían vernos, así que habíamos planeado una barbacoa.
No me pasó desapercibido que este tipo de fiesta era parte de la fantasía que había tenido sobre Bella y nuestro futuro juntos justo antes de que nos enfrentáramos a lo del club. Quería toda la mierda, y una pequeñísima parte de mí estaba celoso de que Emmett y Rose se habían casado porque todo lo que alguna vez he querido, todo lo que alguna vez necesité en mi vida, estaba en este momento recibiendo una disculpa tras otra de su vieja amiga.
Sin embargo, me forcé a prestarle atención de vuelta a Emmett porque todos llegarían por la tarde, así que iba a haber un montón de gente. Ese lado más absurdo de mí tenía la esperanza de que Miller se presentara en mi casa porque se toparía con el grupo de personas más mortífero jamás reunido, lo que me hizo reír por dentro.
Miré a Emmett y me encogí de hombros. "A diferentes horas, pero todos deberían estar aquí para las dos. ¿Por qué?"
"Necesito hablar con tu papá," dijo con un suspiro, haciendo una mueca cuando mi cabeza se giró para mirarlo.
"Vas a renunciar también, ¿verdad?" Le pregunté, casi riéndome, porque Jasper me había llamado ni una semana después de que él y Alice se fueran a Texas para hablar de lo mismo.
"Sí, hombre. No puedo hacer esta mierda y tener una esposa en casa…"
Asentí, conociendo ese sentimiento totalmente, pero yo ya había discutido con mi padre sobre que dejaría el equipo. Él estaba completamente de acuerdo, porque quería a Bella en nuestras vidas. Quería nietos, como claramente me lo dijo cuando le comenté que después de la misión con Corbin, estaba fuera. Definitivamente.
"No va a quedarle nadie." Solté un resoplido, sacudiendo mi cabeza. "No que le importe, a estas alturas… pero Jazz va a renunciar, y yo ya le dije que Corbin era mi último trabajo…"
"¡Oh! Voy a ir en ese porque… bueno, mierda." Se rio, sentándose en los escalones de mi entrada. "Me encantaría ver el final de ese jodido individuo."
"Y Miller…" Gruñí, negando al mismo tiempo que me sentaba junto a él, las aletas de mi nariz ensanchándose.
"También quiero mi turno con ese hijo de puta," gruñó por lo bajo, su rostro transformándose del divertido e infantil que llevaba la mayor parte del tiempo, al asesino mortal que sabía que era, cuando se volvió a mirar a Bella. "No… ese cabrón va a pagar."
"Solo estoy esperando mi momento, Em," bufé, abriendo mis brazos cuando Bella y Rose se nos unieron en los escalones. "En el momento que sepamos dónde está, esta mierda se acabó." Mi chica se acomodó entre mis piernas, dándole una última mirada irritada a Rose antes de respirar hondo. Me reí mientras la veía simplemente… dejarlo ir. "¿Se reconciliaron ustedes dos?" Le pregunté, esquivando dos fuertes manotazos a mis brazos. "Ay, ¿qué demonios?"
"No, pero ya no hay nada que pueda cambiar, ¿cierto?" Bella refunfuñó, rodando los ojos al escuchar la risa de Emmett.
"Aw, Bellsy, no te enojes. Se me ocurre una idea… cuando ustedes dos den el sí, vamos a armar un gran barullo, ¿de acuerdo?" Emmett se rio, esquivando otros tantos manotazos.
"Me alegra que no sea solo yo," murmuré, agarrando a Bella por sus muñecas. "Deja de golpear a nuestros invitados, amor." Solté un resoplido, besando su mejilla ruidosamente. Fui recompensado con una risita porque todo lo que se refiere a nuestra casa, nuestros invitados, o cualquier cosa que fuera nuestra hacia que mi chica se emocionara. Y joder, amaba esa mierda.
"Bueno, me impidieron que estuviera allí, pero no pueden impedir que les dé algo," les dijo ella, su sonrisa conteniendo un secreto que ni siquiera yo sabía qué era.
"No te atrevas a hacer una locura, Bells," le advirtió Rose, levantándole una ceja.
"Solo trata de detenerme," bufó mi chica, levantando la vista cuando un coche se detuvo en la entrada. "Carlisle y Esme," dijo ella, sonriendo como una niñita, y se había levantado y salido de mis brazos como un rayo.
"¡Te eché de menos!" Chilló, arrojándose hacia mi padre, y no pude evitar reírme cuando él la atrapó y le dio vueltas, susurrando en su oído, lo que solo la hizo reír. "Demonios, no, pero lo hará…"
"Buena chica," se rio mi padre, sacudiendo su cabeza y besándola en la frente antes de dejarla ir con Esme.
Si Bella había encontrado un padre sustituto en mi padre, entonces yo había encontrado una madre sustituta en Esme. Verla de nuevo hizo que me diera cuenta de lo mucho que nos había ayudado a Bella y a mí sobre la marcha—todo, desde asesorarnos sobre el cautiverio de Bella, hasta las cosas simples que podía leer en nuestros rostros. Un lento y dulce apoyo que lo significaba todo en el puto mundo, sin mencionar la fe inquebrantable que tenía en nosotros.
Después de los abrazos y besos por todos lados, más coches comenzaron a detenerse, y pronto, todo el mundo había llegado, incluyendo a Eleazar y Alec—y para mi gran sorpresa, Benny y Angela. En los dos últimos coches que se detuvieron estaban mi tía Kate, con Mickey y Obie, y Makenna y Wes Mitchell.
Había pasado el primer día en mi casa construyendo tres mesas bastante grandes para acomodar a tanta gente, así como bancas que las acompañaran. Eran simples y rústicas, pero apenas me habían dado el tiempo suficiente como para hacer algo más. La mejor parte fue que Bella me hizo compañía mientras las hacía. Se había ofrecido a ayudarme pero había terminado solo pasando el rato conmigo, y juro por Dios, fue uno de los mejores días que jamás hemos pasado juntos.
Me había observado trabajar, trayéndome una cerveza de vez en cuando, y hablamos absolutamente de todo. De hecho, en ese momento estaba sentado frente a una en la que la había tomado, lo que solo me hizo que le sonriera.
"Si dices una maldita palabra de lo que vio esta mesa," me advirtió en mi oído, "no te voy a dar nada por el maldito tiempo más largo de tu vida…"
Me eché a reír, enterrando mi rostro en su cuello cuando ella soltó unas risitas. "Ni muerto, bebé…" Me reí con un resoplido, dejando un beso detrás de su oreja. "Todo para mí…"
Sonrió con suficiencia, levantándome una ceja, pero me encantaba que podía leerme como un libro. Nadie antes que ella había sido jamás capaz de hacerlo, y a menudo me preguntaba si era porque me había conocido cuando éramos niños, si todavía veía al torpe niño tartamudo de trece años que conoció una vez.
"Quédate mirando al agente federal, dulzura, y te arrojó aquí arriba y lo hago todo de nuevo, solo para asegurarme de que sepa que eres mía," gruñí en su oído porque no era un secreto que todas las mujeres a la mesa pensaban que el tipo era… guapo.
"Por más entretenido que eso sería para todos—" resopló en una carcajada "—estoy muy segura que a él le gusta Makenna. Mira, tú, tonto celoso." Empujó mi mejilla con su nariz para que me volviera y mirara. "Aunque, estoy segura que podrías enseñarle una cosa o dos, si quieres hacerlo en esta mesa… otra vez," ronroneó, mordisqueando mi lóbulo. "Es sexy, Edward… pero no eres tú, cariño."
Bufé, asintiendo una vez. "Bien," gruñí, sonriendo cuando de nuevo dio unas risitas.
Las conversaciones se escuchaban por todo el lugar, todos poniéndose al corriente.
Jasper y Alice habían pasado todo el tiempo en Texas, ayudando a su papá con una nueva terraza y un sistema informático, el que Alice insistió que tuviera a fin de "mantenerse en contacto".
Hicimos un gran brindis por el matrimonio de Emmett y Rose, aunque perdí la apuesta contra Bella por un tecnicismo porque no los había casado un imitador de Elvis. Ella tampoco ganó, porque había dicho que no se casarían en lo absoluto.
Pero en la compañía en la que estábamos, no tomó mucho tiempo para pasar a historias entretenidas sobre cada uno de nosotros y las cosas que habíamos hecho, para trabajar.
Eleazar, Benny, y mi padre comenzaron a hablar sobre Corbin—como su casa seguía siendo igual, como la plantación seguía igual de grande, sino es que más grande, y finalmente, cómo era su rutina diaria. Se estaban preparando para eliminarlo. Debería haber estado escuchando porque Emmett, Jasper, Bella y yo íbamos a acompañarlos, pero fue el que Alec viniera a sentarse junto a mi chica lo que llamó mi atención.
"Bellissima," canturreó, dándole un beso en la mejilla, guiñándole un ojo y luego riéndose cuando le rodé los ojos. Era un bastardo adulador, pero era como un hermano mayor para mí. "He estado haciendo algo de… investigación por mi cuenta, ¿sabes?" Dijo, pero su rostro se ensombreció y sus ojos se quedaron fijos en los míos.
"¿No estabas con Eleazar?" Le pregunté, mis ojos entrecerrados.
"No, chico," dijo, negando con la cabeza, volviendo su atención otra vez hacia Bella, quién nos miraba a ambos. "¿Recuerdas cuando te dije—te prometí—que rastrearía a Miller por ti?" Le preguntó.
El respingo que dio al escuchar el nombre me hizo estirar mi mano y tocar su cuello, frotando con mi pulgar la línea de su cabello.
"Sí," dijo entre su aliento, mirando alrededor y notando que todos los observaban en silencio. "¿Lo encontraste?" Le preguntó, y apostaría a que los únicos que la escuchamos fuimos Alec y yo porque el sonido apenas se escuchó.
"¿Si lo he visto?" Preguntó, y ella asintió. "No, pero fui a dónde vive su madre, Bella. Vigilé su casa por mucho tiempo. Tampoco era el único," le dijo, mirando al otro lado de la mesa hacia Wes y Makenna.
Makenna dio un salto, levantando sus manos. "Bellsy, le dije algo a Wes… sobre Miller. O sea, ha estado encubierto, y conoce el nombre… pero yo solo… o sea… pensé que podía ayudar, ¿sabes?" Balbuceó, suplicándole con los ojos porque Bella entendiera que no era una traición a su confianza.
"Mack, está bien," dijo Bella con un suspiro, una pequeña sonrisa en su rostro al ver los gestos exuberantes de su amiga. "Solo… que alguien me diga… algo." Bufó, mirando de Mack a Wes, y por último a Alec.
"Wes fue lo suficientemente amable de reunirse conmigo en la casa de la madre de Miller," empezó a decir Alec, tomando la mano de mi chica, y de pronto, no estaba tan seguro de querer escuchar lo que estaba por venir. "En realidad, decidimos hacerle unas cuantas preguntas. Ya sabes… si había visto a su hijo últimamente…"
"Esa es una mujer siniestra," murmuró Wes, sus ojos amplios mientras sacudía lentamente su cabeza. "Pensé que las monjas en la escuela católica eran malas, pero ella es… simplemente… wow," bufó, levantando la vista cuando todos se rieron. "No me sorprende que el tipo sea un psicópata. Ella realmente debe haber jodido su cabeza." Suspiró, por fin mirándome a mí. "Mira, ella dijo que no sabe en qué está metido su hijo, pero ella tiene este… trastorno mental con el que murmura mierda bajo su aliento."
"El síndrome de Tourette," respondió Alice en voz baja. "Es un trastorno neurológico caracterizado por repetitivos y estereotipados movimientos y vocalizaciones involuntarios llamados tics. Se le dio el nombre por el doctor Georges Gilles de la Tourette—"
"Alice, por favor," dijo Bella con un suspiro, frotando su frente. "Por favor déjalo terminar. Sé que puedes citar de revistas médicas, pero no ahora…"
"No sé nada sobre el Tourette…" Declaró Wes encogiendo un hombro. "Se parecía más a demencia o Alzheimer. Pero aun así… se le escapó alguna mierda sobre su hijo… y la puta que va de vez en cuando. Una mujer con… cabello rojo."
"Sí, una mujer que conduce un Toyota azul…" Añadió Alec, levantando una ceja.
"¡No me jodas!" Gruñó Jasper, mirándome desde el otro lado de la mesa. "¡Oh, demonios, Eddie! ¡Ella estaba allí! ¡Victoria estaba allí cuando perseguimos a ese pendejo!"
Mis manos se cerraron en puños, pero unas más pequeñas las acariciaron con suavidad por debajo de la mesa mientras mi Bella se volvía de nuevo hacia Alec. "Continúa," le dijo.
Él levantó una mano y la colocó en su hombro. "Tú…" Dijo en voz baja, mirando a Carlisle antes de volverse de vuelta a ella. "No fuiste su única... víctima viva, Bells."
"¿Lastimó a Victoria?" Susurró, entrecerrándole sus ojos.
"Sí," respondió Wes. "Y no solo a ella. Hay una mujer que vive con su madre. Nunca he… visto nada parecido. Nos la presentaron como… la prometida de Riley Miller… pero ella estaba…"
"Llena de cicatrices," terminó Alec por él cuando Wes palideció al pensar en esa pobre mujer. "Su rostro, sus brazos, cada centímetro de su piel que pudimos ver tenía al menos una cicatriz visible."
"Pensamos que ella fue su primera," continuó Wes, haciendo una mueca cuando toda la mesa quedó en silencio. "Su nombre es Delia. Ella cuida de su madre, pero deberías de ver el constante miedo en el que vive. Y la mierda que la vieja le grita… es aberrante."
"¿Y Miller?" Dije con brusquedad, incapaz de soportar más sobre ese monstruo hijo de puta. "¿Dónde carajos está?"
Miré de Alec a Wes, prácticamente temblando, porque Miller era un hombre muerto. Ya había visto más de lo que podría comprender cuando saqué a mi chica… mi Bella… de su jodida mazmorra. Había visto lo difícil que fue para ella salir de toda esa mierda para ponerse mejor, y era fuerte, asombrosa, rodeada por todos los que la amaban. Ni siquiera podría imaginarme como Delia o Victoria sobrevivieron cuando fueron forzadas a soportar diariamente el odio y la violencia.
"Tranquilo, chico," me tranquilizó Alec, pero vi paciencia y comprensión en sus ojos. "Fuimos a ver a Victoria… con el permiso de Eric, por supuesto," me dijo, con un gesto de su cabeza hacia Eleazar y mi padre.
Eleazar parecía sorprendido ante esa admisión pero no dijo nada. Mi padre, por otro lado, parecía que iba a golpear algo o vomitar; demonios, se veía como me sentía.
"Las cosas que nos contó," dijo Wes, casi en un susurro, su labio curveándose. "Él usó todo tipo de… herramientas… encendedores, cuchillos y…"
Una mano se estrelló sobre la mesa, provocando que todo el mundo se sobresaltara, pero de pronto Bella se levantó de la mesa, fulminando al hombre con la mirada.
"¡Sé que putas herramientas utiliza!" Gruñó, todo su cuerpo temblando a medida que se apoyaba sobre la mesa. "¡Joder, no tienes qué decírmelo!"
"Edward," dijo Esme suavemente, sus ojos moviéndose rápidamente hacia Bella y de vuelta a mí.
Puse a mi chica en mi regazo, forzándola a apartar su mirada de un avergonzado Wes hacia mí. Todo su cuerpo estaba temblando mientras se aferraba a las mangas de mi camiseta. Su respiración era casi dificultosa mientras me miraba—solo a mí.
"No tenía qué decirlo," me susurró, su ceño frunciéndose.
"Lo sé. Solo estaba explicando, amor," le susurré en respuesta, metiendo su cabello detrás de sus orejas.
"Sé lo que hace," dijo entre su aliento, al parecer olvidando a todos los demás que la rodeaban, pero se le escapó un pequeño sollozo, a pesar del jodido esfuerzo que estaba haciendo por mantener la compostura.
"Sé que lo sabes," la tranquilicé, limpiando una lágrima que se derramó. "No más, bebé. Ahora yo cuido de ti, pero se le tiene que detener, Bella. ¿Pueden terminar de decirnos lo que averiguaron… sin los putos detalles?" Gruñí en voz baja, mi iracunda mirada posándose en Wes, que hizo una mueca y asintió.
"Dios, Bella, no tenía la intención de ofenderte," dijo Wes, su voz llena de remordimiento y tristeza. En esencia, me daba cuenta que era un buen tipo y que esta mierda simplemente fue demasiado para que lidiara con ello. "¡Demonios, trabajé en la división de Crimen Organizado, por amor de Cristo! Estudié esta mierda en Quántico, pero no… trabajé en ello."
"Está bien," dijo con un suspiro pero no hizo un intento por levantarse de mi regazo mientras mis manos frotaban despacio su espalda. De hecho, sus pequeñas manos siguieron aferradas a mi camiseta. "Solo… termina, por favor…"
Si la tristeza y la ira fuera un ser físico, entonces estaría sentada a la cabeza de la maldita mesa. Miré a cada lado de ella, y todo lo que veía era una ira amenazadora. Emmett tenía su cabeza en sus manos mientras apoyaba sus codos sobre la mesa. La pierna de Jasper estaba rebotando al mismo tiempo que miraba fijamente su plato. Rose, Alice, Mack y Mickey, todas tenía lágrimas de ira en sus ojos, mientras que Esme se levantó en silencio de su lugar junto a mi padre, solo para venir y sentarse en el lugar vacío de Bella, metiéndose junto a la tía Kate. Eleazar, Benny, y Obie, todos miraban con expresiones de compasión al ver la reacción de mi chica.
Pero fue mi padre el que simplemente ya no pudo soportarlo porque él y yo habíamos visto como estaba Bella cuando por fin habíamos llegado a ella. Demonios, él había ordenado el golpe contra Miller que estaba a punto de reafirmar en ese momento.
"Quiero que lo encuentren. Lo quiero muerto. ¡Y lo quiero… ahora!" Gruñó, mirando alrededor de la mesa a todos los que alguna vez habían trabajado para él en el pasado o que actualmente trabajaban para él. Rara vez permitía que alguna mierda le afectara lo suficiente para perder el control de sus emociones, mucho menos ordenar un golpe por ello. "¿Qué dijo Victoria, Alec?" Dijo furioso. Al fin, sin poder quedarse quieto, se levantó de la mesa y comenzó a pasearse de un lado al otro.
Hubiera estado justamente como él, excepto por el hecho de que estaba sosteniendo en mi regazo a lo único que importaba en mi vida. Ella necesitaba mi calma, no mi temperamento—algo que comprendí, solo ella podía evocar de mí. Y lo había hecho desde el día que la encontré.
"Alec," lo incité tan suavemente como pude, tomando en cuenta que las acciones de mi padre estaban poniendo nerviosos a todos en la mesa—en especial a Angela, que apostaría nunca había visto que mi padre perdiera el control de la forma en que lo había hecho en ese momento.
"Está bien," dijo Alec en voz baja, asintiendo y centrándose en mí. "Victoria dijo que Miller fue con un médico clandestino… en una de esas clínicas, que son operadas por pendejos que perdieron su licencia. Después de que le disparaste, perdió mucha sangre. Dijo que King la había básicamente prostituido con Miller por un error que había cometido… algo sobre una oficina legal."
Los ojos de Bella se dispararon a los míos, su respiración se detuvo. "Oh mierda," dijo entre su aliento, más lágrimas llenando sus ojos. "Ella… fue castigada por dejarnos ir…"
Hice una mueca pero asentí. Había sido Victoria a quién Makenna había visto haciendo una llamada por teléfono el día que Bella y yo entramos a la oficina legal de Spencer, Wyatt y Townsend. Tal vez no había sido lo suficientemente rápida, o no había llamado al matón correcto, o tal vez King solo estaba encabronado porque habíamos salido milagrosamente de ese garaje y necesitaba culpar a alguien. Lo que sea que haya sido lo que motivó a King, se había vengado de ella al básicamente entregársela a un monstruo para que jugara con ella, y había una jodida parte de mí que de verdad se sentía de mierda por ello.
"Debes saber algo al respecto," murmuró Alec, asintiendo cuando nosotros lo hicimos. "Muy bien, bueno… él realmente la jodió."
"De acuerdo a los médicos que manejan las instalaciones en las que está," Wes comenzó a decir, apoyándose en la mesa, "tuvo que tener una cirugía para corregir el… daño."
"Jesús," siseó Rose, negando y mirando hacia el jardín en lugar de hacia la mesa.
"También dijo que él la obligó a esperarlo con el médico," continuó Alec, tragando pesadamente. "Una vez que estaba suturado y vendado, la hizo que lo llevara a algún lugar donde pudiera estar sin llamar la atención. Un lugar donde pudiera ocultarse, pero que nadie pudiera verlo. Un lugar en el que ella asume todavía se está quedando…" nos dijo, mirando a mi padre, pero de nuevo, su mirada se posó en mi chica. "La casa de Charlie."
"¡No!" Bella—y sorprendentemente, Benny—los dos gruñeron.
"¡No, no, no!" Dijo Benny de nuevo. "¡He tenido esa casa bajo vigilancia desde el momento que Emmett y Mickey recogieron a Charlie! ¡No hay puta manera de que alguien pudiera meterse sin que ellos lo sepan!"
Los ojos de Bella se estrecharon hacia Benny. "¿Ese fue tu hombre? ¿La noche que Edward y yo fuimos a mi casa del árbol? Fue un federal el que nos persiguió, ¿no?"
"Sí," dijo con un suspiro, sacudiendo su cabeza. "Se les dijo que no actuaran si ustedes se presentaban. No iba a lastimarlos chicos, pero iba a decirles que estaba trabajando para mí. Lo reprendí por perseguirte, Ed. Lo siento."
"No nos atrapó," le dije, soltando un resoplido, e incluso Bella esbozó una sonrisa. "Nadie podría atraparnos."
Bella se rio un poco, aunque todavía sonó llorosa.
"Sin embargo, no hay manera de que no fuera visto porque todavía tengo vigilado el lugar," declaró Benny, mirando a Wes y luego a Alec.
"No puedo decirte si tienes razón," dijo Wes con un suspiro y un encogimiento de hombros. "Todavía no hemos ido allí a revisarlo. Íbamos a hacerlo, pero… bueno, queríamos venir primero aquí," dijo, mirando a Makenna, y tenía la sensación de que ella fue la razón por la que no habían ido porque Bella hubiera querido escuchar primero esta mierda.
"Bueno, joder," suspiró Bella, sacudiendo su cabeza y mirando a mi padre. "¿Carlisle?"
"¿Sí, cariño?" Refunfuñó, haciendo todo lo que podía por controlar su temperamento por ella.
"¿No crees que ya es hora de limpiar la casa de mi padre?" Le preguntó, inclinando su cabeza hacia él.
"Bella…" Gemí, sin estar seguro si estaba preparado para enfrentar a ese cabrón porque no había forma de saber lo que le haría.
"Bueno, necesito vaciarla," rogó, volviéndose hacia mí. "Tengo que hacerlo porque se la voy a dar a Rose y Emmett por su boda."
Dios, la amaba. Ninguno de nosotros necesitaba preocuparse por dinero, pero ella no era una niña mimada. Era tan dadivosa y cariñosa que era casi demasiado.
"¡Bells… no!" Jadeó Rose, negando mientras ella y Emmett miraban a mi chica con la boca abierta.
"¿Por qué no?" Dijo Bella, haciendo un puchero—adorable, he de añadir. "Siempre te ha encantado esa casa. Está a las afueras de la ciudad, así que podrías viajar a Forks o trabajar desde casa para mí. ¿Por qué no? A Charlie le hubiera gustado que alguien la usara, y yo…" Hizo una pausa y se volvió hacia mí. "No necesito una casa."
Le di una sonrisa satisfecha. "Ya tienes está," le susurré porque la quería conmigo. Estaba extasiado de que finalmente hubiera empezado a vivir en mi casa, y quería que nos quedáramos allí… siempre. Era allí donde visualizaba todo nuestro futuro.
"¿Ves?" Ella me sonrió en respuesta y luego se volvió otra vez hacia mi padre. "Todos vamos a presentarnos. Tendrá que ocultarse o irse, pero como dice Alec, no podrá mantenerse alejado… de mí." Susurró las últimas dos palabras, lo que solo provocó que un escalofrío por el miedo recorriera su cuerpo, y la acerqué aún más hacia mí.
"Oh maldita sea, Bella," gimió mi padre, su rostro arrugado como si sintiera dolor. "Eso es malditamente peligroso…"
"No más peligroso que cualquier otra maldita cosa que hemos hecho," replicó.
"No va a estar sola," habló Mickey, sosteniendo una mano hacia Obie, que abrió su boca para decir algo. "No lo hagas," le dijo. "Tú no sabes lo que le hizo pasar…" Si Obie iba a discutir, se detuvo al escuchar esa orden. "No va a estar sola," dijo de nuevo, está vez con más firmeza.
"Podemos hacer que parezca que está sola," murmuró Jasper, mirando a mi padre. "Podemos hacer un show de toda la maldita cosa… entrar con camionetas de mudanza y un contenedor. Colocarme en la casa del vecino…"
"No, la casa del árbol," Bella, Rose y yo dijimos al mismo tiempo.
"Jasper se rio. "Está bien, la casa del árbol. Debe ser una gran fortaleza…" Dijo con un resoplido, mirando de Bella a Rose, pero fue Alice la que habló.
"¡Demonios, sí que lo es! ¡Era mejor que su habitación!" Dijo entusiasmada, sonriendo al escuchar la risita de Bella.
"Este tipo es narcisista y egoísta," declaró Wes. "Se le ha dicho que las mujeres son malas y despreciables. Su madre ha abusado de él toda su vida, pero también tiene TOC(1), por lo que quiere terminar con lo que empezó, lo que es obvio, tomando en cuenta que se presentó en el momento que Bella regresó a Seattle. En otras palabras, el verla una vez más será su punto de quiebre."
"Está solo, sin nadie de la gente de King para ayudarlo, y para ahora tiene que saberlo," reflexionó Eleazar, frotando su barbilla, pero me podía dar cuenta que había más en su mente. "Va a estar desesperado… muy nervioso, porque pensará que ella va a soltarle todo a los federales."
Mi papá gimió otra vez, mirándome a mí y a Bella. "Hijo… yo… tengo que dejar esta decisión en tus manos," murmuró, sus ojos moviéndose rápidamente a Bella y luego de vuelta a mí. "No puedo tomar una decisión razonable en esto…"
"¿Y yo sí?" Gruñí, mirándolo como si hubiera perdido la cabeza porque estaba sosteniendo a la mismísima persona por la que estábamos decidiendo.
Bella se giró para mirarme. "No voy a estar sola, pero por otro lado, no estoy segura de que quiera estarlo. Podemos hacer que alguien busque dentro de la casa con antelación."
Bufé pero tomé su rostro entre mis manos antes de mirar a Benny. "Llama a tu hombre. Hazlo que verifique si alguien está dentro de la casa. No me importa cómo lo hagan… si tienes que usar sensores de calor…"
Las cejas de Benny se elevaron al escuchar mi última sugerencia, pero fue Alice la que habló.
"¡Yo puedo hacerlo!" Chilló. "Bells, ¿dónde está tu laptop?"
"En la encimera de la cocina," murmuró Bella, sus dientes mordisqueando su labio inferior sin parar cuando Alice salió disparada por el jardín y entró el casa, regresando con la laptop de Bella con ella.
"Detente, dulzura," le susurré, sacando su labio de entre sus dientes. "Vas a hacerte sangrar."
"Vean esto, vean esto, vean esto," repitió Alice sus acostumbradas tres veces, tecleando furiosamente en la computadora mientras Benny miraba por encima de su hombro. "Si entro aquí," murmuró, presionando la tecla de enter, "y luego intercepto este satélite… entonces puedo cambiarlo a termal…"
Benny resopló, sacudiendo su cabeza y riéndose. "¿Dime de nuevo por qué no trabajas para mí?"
"Porque trabaja para mí," dijo Bella con una risita. "El FBI, la NASA, y la policía de Seattle la rechazaron. ¡Es mía ahora… y no puedes tenerla!"
Me reí al ver la sonrisa llena de orgullo de Alice, aun cuando no levantó la vista de la pantalla de la computadora.
"Por supuesto que tienes escondidos esos dos millones de la bolsa de valores, ¿cierto?" Dijo Benny con una sonrisa pero rompió en carcajadas cuando todo lo que hizo Alice fue encogerse de hombros.
"¡Sí, duendecillo… escúpelo!" Se rio Emmett, sacudiendo su cabeza.
"No tengo idea de lo que están hablando," soltó unas risitas, pero compartió una mirada con Bella.
Sí, realmente tenía ese dinero escondido en alguna parte, pero nunca lo admitiría.
"Tú sabes que la ley de prescripción(2) se aplica en ese caso, Alice," dijo Benny con una sonrisa de suficiencia. "No podría decir nada, aún si quisiera… incluso si me dieras el número de cuenta."
"Ningún número de cuenta," fue la única cosa que una sonriente Alice pudo decir. "Pero tengo… algo," dijo con un suspiro, la risa que estaba rompiendo la tensión, muriendo en la mesa. "Tengo… movimiento en la casa de Charlie."
"¿Conoces las coordinadas de la casa de mi padre?" Preguntó Bella al mismo tiempo que Alice giró la computadora de manera que todo el mundo pudiera verla.
"No olvido casi nada, Bells," bufó Alice, mirándola como si la agobiara, y supongo que probablemente lo hiciera, de alguna manera.
"Cierto," dijo Bella con un suspiro. "Lo siento, duendecillo."
"Claro, claro, claro…" Repitió, casi para sí misma, señalando la pantalla.
Era difícil de distinguir cuando en realidad no entendías lo que estabas viendo, pero claramente se podía distinguir el contorno del patio de Charlie—la casa del árbol incluida—pero fue la casa principal la que llamó mi atención. Había una fuente de calor en rojo y naranja que parecía estar fija justo en el área de la sala.
"Todavía hay servicios en esa casa," murmuró Bella, entrecerrando los ojos hacia la computadora.
"¿Ven como la parte roja está un poco deslucida?" Preguntó Benny, señalando la pantalla. Cuando todos asentimos, él continuó. "Está en el sótano. ¿Qué hay allí abajo, Bells?"
"La sala de entretenimiento… una pantalla plana enorme, una mesa de pool, un estéreo…" Susurró Bella, respirando profundamente y dejándolo salir. "¡Solo está… relajándose en la puñetera casa de mi padre!"
"Se mantiene cerca de ti," respondió Wes. "Es una parte de ti—al menos, una parte que puede tocar. Apostaría que tiene la esperanza de que en algún momento vayas allí, pero solo me pregunto cómo está entrando y saliendo. Necesita suministros, comida."
"Se puede hacer," murmuramos Bella y yo al mismo tiempo.
Rose se rio con un resoplido, rodando los ojos. "Puedes entrar y salir sin ser visto de esa casa fácilmente."
"¿Por qué no simplemente enviamos a los que están vigilando la casa?" Preguntó Makenna a nadie en particular.
"Porque yo lo quiero," gruñí, mirando fijamente la pantalla de la computadora, y Bella se giró para mirarme.
"Yo también," añadió mi papá con un gesto de su cabeza, pero la mirada que le dio a mi Bella era triste y cariñosa. "No vamos a tomar el camino correcto. Me rehúso a hacer lo correcto aquí porque soy incapaz de ello cuando se trata de lo que él le hizo a Bella. Esto será una venganza en su forma más pura. No habrá un arresto, Benny. Esto no es asunto de la policía… Es mi asunto."
Benny asintió en señal de conformidad, conociendo la diferencia entre las dos cosas.
Mi padre se paseó un poco más antes de mirarme de nuevo. "Hijo, ¿vamos a hacer esto?"
Dejé su mirada y vi a mi chica, quitando el cabello de su rostro que una ligera brisa había zafado de su cola de caballo.
"Estás asustada," dije en voz baja porque podía verlo escrito en todo su rostro, y en realidad nunca dijo lo que quería hacer en esto. De hecho, cuando mi normalmente decidida e independiente chica, escuchaba a la gente hablando de ella en lugar de a ella, por lo general hablaba con autoridad y nos decía a todos a dónde ir, pero no esta vez. Nos estaba dejando que tomáramos el control, y eso tenía que abordarse antes de que diera cualquier orden.
"Sí," susurró en respuesta.
"Con solo una palabra, Benny enviará un equipo SWAT para sacarlo, bebé," le dije, odiando la idea de que ese cabrón se librara tan fácilmente, pero haría lo que ella quisiera en esto. "O podemos hacer lo que tú y Jasper sugirieron: Entrar, hacerlo que venga a ti…"
"¿Qué pasa si logra escaparse?" Me preguntó, una vez más olvidando a aquellos que la rodeaban—éramos solo nosotros dos, hablando. "No quiero temerle para siempre, pero tampoco quiero verlo de nuevo," admitió, lo que resultó en que Esme jugara con su cola de caballo por razones que imaginaba serían una forma de reconfortarla.
Tomé una respiración profunda, tomando su rostro entre sus manos. "Hacerlo a la manera de Benny significa que no tendrás que verlo. Hacerlo a nuestra manera significa que lo hagas… Personalmente—y sin ofender a la gente de Benny—pero joder, no confío en nadie que no esté en esta puta mesa, pero si no lo quieres así…"
"Entonces no nos detendremos hasta que lo atrapemos," le dijo Alec, pero ella continuó mirándome cuando asentí de acuerdo con él.
"¿No me dejarán sola con él?" Verificó, de nuevo aferrándose a mi camiseta, pero sabía que ella haría lo que fuera que mi padre le pidiera.
"¡Ni muerto y en el infierno!" Le juré.
"¿Limpiaremos la casa para que pueda entregárselas a Em y Ro?"
"Bebé, pintaremos la maldita casa de púrpura si es lo que quieres," me reí entre dientes, besando sus labios, porque entre toda esta mierda ella todavía estaba preocupada por nuestros amigos y su puñetero regalo de bodas.
"No," dijo con un bufido, sacudiendo la cabeza. "Solo quiero dárselas."
"Está bien, entonces, ¿cuál es la decisión, amor?" Le pregunté una vez más.
Al parecer toda la mesa esperaba ansiosa por su respuesta, pero ella solo me veía a mí.
Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando finalmente habló. "No dejes que me toque, Edward," me rogó, su voz apenas un poco más que un susurro. "Por favor."
Mi corazón se hizo pedazos por ella porque sabía lo que le estaba costando ponerse en las mismas inmediaciones de mierda que ese cabrón. Había visto cómo se veía el día que la salvé, pero también había visto lo que la mirada de él podía hacerle cuando se presentó el día de la conferencia de prensa. Mi chica era fuerte—joder, verdaderamente fuerte—pero no podía culparla por sentir miedo. Imposible.
Miré a Benny. "Ahora que sabemos… ahora que sabemos de él… No lo pierdas de vista, Ben. Hay formas de vigilar la casa sin ser visto," le dije, explicándole como los patios de los dos vecinos eran una línea directa al patio trasero de la casa de Charlie y que probablemente era como él estaba entrando y saliendo.
"Por supuesto, Ed," me dijo, sacando su teléfono. "Haré que se sitúen en la calle de al lado… tal vez incluso que acampen en esa casa del árbol." Se rio entre dientes, negando.
Me volví de nuevo hacia Bella una vez más.
Tomó una respiración profunda. "Sé que tengo que terminar esto. Tengo que enfrentarlo, enfrentar mi… miedo por él," dijo entre su aliento, pausando por un momento, "pero… estoy realmente asustada, bebé."
"Me vas a tener allí, Bella," le dije.
"A mí también," prácticamente la mesa entera repitió, y le sonreí cuando se sobresaltó un poco por el estruendo.
"¿Ves? No estarás sola, amor," la tranquilicé.
Mi chica echó un vistazo alrededor de la mesa, y hacia mi padre, a quién observó por un momento, y luego, por último volvió sus dulces ojos marrones de vuelta hacia mí. "Si no lo hago, él le hará daño a alguien más. Si no lo hago, nunca saldrá de nuestras vidas de verdad. Será como una de mis cicatrices. Tal vez no visible, pero sabría que está allí. Y si no lo hago, entonces el que alguien más lo haga no va a contar, porque nunca encontraré la…" Bella luchó por encontrar las palabras correctas.
"¿Clausura?" Sugirió Esme.
"¿Valentía?" Ofreció Alec.
"¿Agallas?" Añadió Emmett.
"Sí… todo eso," dijo con un bufido, sonriendo un poco cuando Emmett se rio entre dientes. Ella tragó pesadamente. "Tengo que hacerlo, Edward."
Podía verla buscando en mí el coraje, el apoyo, porque solo yo podía sentir los temblores que estaban haciendo vibrar todo su cuerpo.
"Entonces lo haremos juntos, dulzura," le dije, haciendo que sus dedos soltaran mi camiseta y besándolos.
Ella tragó de nuevo, asintiendo. "Bien."
Miré a Benny, que todavía estaba sosteniendo el teléfono en su oído. "Mañana, no después," le espeté.
Toda la mesa saltó a la acción al escuchar mi orden, pero todos se quedaron quietos cuando Mickey gritó, "¡Esperen!" Sonrió diabólicamente, mirando alrededor de la mesa. "¡Tengo una idea!"
(1) TOC- Trastorno Obsesivo Compulsivo:Es un trastorno de ansiedad caracterizado por pensamientos intrusivos, recurrentes y persistentes, que producen inquietud, aprensión, temor o preocupación, y conductas repetitivas, denominadas compulsiones dirigidas a reducir la ansiedad asociada.
(2) Ley de prescripción: Es el medio de adquirir bienes o de liberarse de obligaciones, mediante el transcurso de cierto tiempo y bajo las condiciones establecidas por la ley. (Por ella y con las condiciones determinadas por la ley, se adquiere el dominio y demás derechos reales (prescripción adquisitiva) y también se extinguen del mismo modo el derecho y acciones por el transcurso del tiempo y los plazos establecidos normalmente.
Pues ya saben en dónde está el hdp de Miller, ¿qué será esa idea que se le ocurrió a Mickey? ¿Creen que Bella pueda hacerle frente a Miller? Recuerden lo que paso cuando lo vio de lejos el día de la conferencia de prensa, se quedó paralizada. ¿Sucederá lo mismo? Esperemos que al fin puedan atraparlo, solo ese enemigo les queda, bueno, y Corbin. Me da gusto leer cuanto disfrutan de la historia, siempre es lindo saber que el trabajo que hacemos sirve para entretener y se distraigan un rato de su vida diaria. Gracias por seguir aquí y sigan dejando sus reviews. Saludos y nos leemos la próxima actu.
