Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.
Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.
Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.
CAPÍTULO 30
BELLA
El camión de mudanzas pitó repetidamente mientras entrábamos de reversa por la entrada de mi padre hacia las puertas del garaje. Respiré profundamente cuando mi teléfono me alertó de un mensaje de texto. Estábamos seguros de que Miller estaba en la casa porque Alice había dejado la imagen de satélite en la pantalla de la computadora durante toda la noche, y la maldita cosa se quedó abierta en la encimera de la cocina hasta que la cerró justo antes de que me fuera. También estábamos muy seguros de que Miller estaba usando la radio policial para monitorear sus alrededores, esperando escuchar algo sobre la casa en la que estaba, por lo que estábamos usando comunicación no verbal, solo hasta que llegáramos.
Los hombres de Benny cambiaron sus posiciones de vigilancia en el momento que les habló desde casa de Edward el día anterior. De hecho, podía ver a uno en los arbustos del patio del vecino a mi derecha mientras sacaba mi teléfono. El otro hombre estaba sentando dentro de un coche—su VW personal—en la siguiente calle, de manera que si Miller se iba, podría seguirlo. Miller no se fue hasta que Benny se aseguró de que la policía local hiciera una gran representación de pasar por la casa de Charlie antes de que yo llegara. Había sido solo una suposición de que estaba escuchando, pero Benny estaba emocionado porque tenía razón.
Desafortunadamente—o afortunadamente, supongo—no se fue lejos.
Eleazar, Wes, y Alec, todos estaban en lo cierto. El cabrón no podía mantenerse alejado de mí. Había usado los patios laterales de las casas de los vecinos para escabullirse hacia su coche… el mismo puñetero Toyota azul en el que aparentemente Victoria lo había recogido el día en que Jasper, Mickey y Edward lo habían perseguido desde Twi Tech.
Bajé la vista hacia mi teléfono.
Miller está estacionado al final de la calle.
Suspiré, saliendo de la camioneta y bajando de un salto a la entrada. El mensaje de Benny, a pesar de nuestro plan, no hizo que disminuyeran mis nervios. Miré a un lado y otro de la calle, viendo por fin el coche azul al final de la calle. Estaba estacionado en la entrada de una casa que estaba en venta, y que estaba lo suficientemente lejos sacar adelante lo que estábamos a punto de hacer, ya que por el momento se trataba todo de estética.
El plan de Mickey, aunque un poco atemorizante para mí, era el plan perfecto. ¡En verdad!
Sabíamos que Miller no le temía a ninguna mujer, por lo que armados con ese conocimiento, pusimos en orden algunos detalles. La idea de Mickey era enviar a las tres chicas más pequeñas dentro de la casa "solas", conduciendo un camión de mudanzas rentado. Deberíamos actuar como si estuviéramos cargando cosas—ya sea para almacenarlas o donarlas. Alice y Mickey fueron elegidas para viajar conmigo, y Mickey había optado por conducir el camión. Éramos, de hecho, las mujeres más pequeñas, pero teníamos un secreto.
"Bells, abre esas puertas traseras y guíame lo más cerca que puedas a la puerta del garaje," dijo Mickey, poniendo el camión en reversa una vez más.
"Bien," le dije, corriendo a la parte trasera del camión y subiendo de un salto con Alice para abrir las puertas de par en par. Sonreí al interior de la caja. "Hola, chicos," canturreé en voz baja. "Quédense allá atrás por un segundo."
Edward soltó un resoplido, rodando los ojos al mismo tiempo que se recargaba en la parte trasera del tráiler con los brazos cruzados; pero todos se rieron. Emmett, Carlisle, Jasper, y Alec, todos estaban allí atrás con él. Era el más mortífero camión de mudanzas jamás conocido por el hombre.
"Veo que él está aquí, Bells," gruñó Carlisle, levantando su teléfono que iluminó un poco el tráiler.
"¡Sí, silencio!" Espeté en un susurro, bajándome de un salto al suelo y volviéndome hacia Alice. "Hazle señas a Mickey para que retroceda. Tiene que moverse unos metros, y luego podemos bajar la rampa de manera que termine dentro del garaje," le dije, presionando el aparato para abrir la puerta. El enorme garaje para tres coches se abrió despacio.
"¡Hacia atrás, Mick!" Ordenó Alice, haciéndole gestos con sus manos hasta que el tráiler del camión estaba prácticamente pegado a la casa. "¡Está bien, detente!"
El horrible pitido cesó cuando Mickey por fin puso el freno del camión y apagó el motor, bajando de un salto al suelo para que ella, Alice y yo pudiéramos sacar la rampa. Las tres, con un poco de ayuda oculta de los chicos, enganchamos la rampa a la base del contenedor, y bajó en un ángulo perfecto con el piso del garaje, terminado justo al lado de algo que no había visto en años.
"¡Joder… el viejo Camaro!" Jadeé, levantando la vista cuando Carlisle se rio. "Pensé que Charlie había vendido esto."
"Lo hizo…" Se rio, bajando por la rampa con el resto de los chicos. "A mí, Bells. Lo guardé aquí cuando empezó a darme problemas."
"¡No, espera!" Se rio Edward. "¿Este es el mismo maldito Camaro que estaba aquí cuando nos conocimos?" Me preguntó, sus hermosos ojos verdes amplios cuando asentí. "¿Tu Camaro era el Camaro de Charlie?" Le preguntó a su padre.
"Sí, hijo," contestó Carlisle con una suave risa. "Ahora, todos adentro. Chicos, primero registren la casa porque no voy a tomar ningún riesgo con este pendejo."
Cada uno de ellos sacaron sus armas—aun cuando Miller estaba estacionado calle arriba—entraron rápidamente a la casa en silencio. Después de que todas las habitaciones fueron revisadas, todos nos reunimos en la sala. Carlisle sacó su teléfono y le envió un mensaje a Benny de que estábamos dentro.
Mickey, Alice y yo corrimos de habitación en habitación, cerrando cortinas y persianas. Por mucho que tuviéramos que ayudar a limpiar la casa, no podíamos permitir que los chicos fueran vistos moviéndose en el interior.
"Por mucho que quiera ayudar, Bellsy," se rio Jasper, deslizando el estuche que cargaba su rifle sobre su hombro, "necesito ponerme en posición."
"Cierto," dije con un suspiro, asintiendo ligeramente y agarrando su mano. Tiré de él hacia la puerta trasera y señalé a través de la ventana. "Vas a estar allí. Y no critiques mi vieja música de colección," le gruñí.
Me dio una sonrisa, lenta y torcida, sacudiendo su cabeza. "Lo que tú digas… pero eso es jodidamente genial," murmuró, echando un vistazo rápido al patio trasero antes de salir disparado por el césped y subir la escalera.
Lo estábamos poniendo allí para vigilar la parte trasera, mientras Benny y Wes estaban vigilando el frente desde la vieja casita de la vecina al otro lado de la calle. Afortunadamente, ella no estaba en casa porque estaba visitando a su hija en Florida.
"Muy bien, Bellsy," dijo Emmett, viéndose nervioso pero emocionado. "¿Qué vamos a hacer?"
"Emmett, aparte de algunas cosas que me gustaría guardar… Tú y Rose pueden quedarse con lo que sea que quieran dentro de esta casa, ¿de acuerdo?" Le dije, asegurándome de que asintiera.
Antes de que pudiera darme la vuelta, él soltó, "¿Por qué?"
Me reí entre dientes. "Porque Charlie amaba a Rose como me amaba a mí. Y ella pasó más tiempo aquí de lo que lo hizo en la casa de sus padres. La tía Jane nos ayudó a vestirnos para la graduación y el baile de bienvenida. Fumamos nuestro primer porro en esa casa del árbol allá afuera. Sufrimos de nuestra primera resaca en mi recámara en la planta de arriba. Y esta es la mejor casa en la que podría pensar en crecer," le expliqué, inclinando mi cabeza hacia él. "Conocí a Edward y Carlisle aquí por primera vez." Les sonreí a los dos mientras Carlisle se reía y Edward me guiñaba un ojo. "A pesar de… la muerte de mi madre, esta casa ha visto verdaderos momentos felices. Es una buena casa, y a mis padres les hubiera gustado que alguien… creara una vida aquí. Solo prométeme que nunca te desharás de mi casa del árbol, y puedes hacer lo que desees, Em, ¿está bien?"
Me dio una sonrisa, enorme y con hoyuelos. "Sí, Bellsy. Por supuesto." Se rio, estirando su mano para desordenar mi cabello, pero lo evadí al correr alrededor de Edward, que se estaba riendo de nosotros dos.
Después de un breve frenesí de mensajes de texto con Rose, teníamos una idea de lo que quería conservar. En este momento estaba con Makenna, dando una notificación a su casero y dándole una vuelta a las viejas oficinas de Gravity para darme un informe del daño. No era estúpida, porque Emmett y Wes querían a esas dos tan lejos de Miller como pudieran tenerlas. Esme tampoco tenía permitido acercarse a la casa de Charlie. Demonios, no podía culparlos, y estaría dispuesta a apostar que si no se me necesitara, Edward me hubiera puesto tan lejos como fuera posible de este lugar, pero no era posible.
"Lo que vamos a hacer," le dije, principalmente a Alice, pero todos estaban escuchando. "Vamos a cargar los muebles que Rose no quiere, empacar las cajas de la mierda con la que me quiero quedar, y luego enviaré un equipo de limpieza más tarde para asear este lugar porque nadie ha vivido aquí en meses. Está polvoriento como la mierda."
"¿Qué hay del sótano, bebé?" Preguntó Edward, y me giré para mirarlo.
"Yo no… no voy a bajar allí. Él ha estado viviendo allí abajo," gruñí, calmándome un poco cuando sus fuertes manos se posaron suavemente en mis hombros. "Todavía no he sido capaz de entrar a un sótano… el tuyo incluido, Edward."
Tenía algo que ver con escalones bajando más allá del suelo que me era demasiado familiar para mi comodidad. Era un miedo irracional que había empezado al ser prisionera de Miller, pero lo había descubierto mientras estuvimos en la cabaña de la montaña. Era el olor del sótano, la ráfaga de aire frío que salía de ellos cuando la puerta se abría, y era el simple foco balanceándose que alumbraba con una luz jodidamente escalofriante, una habitación que en realidad no podía ver. Me congelaba cada maldita vez.
"Lo sé, amor," dijo Edward con un suspiro, mirando hacia la puerta del sótano. "¿Quieres que lo haga yo?"
"Sí," me quejé, suplicándole en silencio que no mencionara el miedo y cómo debería hablar con Esme al respecto; estaba muy consciente de ello. "Solo… lleva a Emmett contigo. Demonios, tal vez quiera dejarlo tal y como está…"
Nos pusimos a trabajar entonces, las chicas me ayudaron a empaquetar en cajas algunas de las cosas de mis padres y mías. Nos habían dado luz verde diciendo que Miller seguía vigilando la casa pero que no se había movido de su coche, por lo que algunos muebles, como la recámara de mis padres, fueron cargados en el camión por Alec y Carlisle.
Pero fueron las maldiciones apagadas desde el sótano las que hicieron que casi me cagara del miedo, a pesar de que Edward estaba allí abajo, no me atreví a ver cómo estaba, y eso hizo que me odiara como nunca. Pero Alec bajó por mí, haciendo que los dos chicos subieran para mostrarme que estaban bien.
"No asustes a la chica que ya está aterrada, Edward," dije con brusquedad, y él no esbozó una sola sonrisa torcida o se rio.
En lugar de eso, miró a su padre. "Tiene un… puto santuario allá abajo," siseó, atrayéndome a él con manos que eran casi garras por su ira.
"De Bellsy," dijo Emmett, casi sonando como si estuviera vomitándose. "Le envíe una foto a Benny," murmuró, mostrando su teléfono.
Lo tomé de su mano, y mi boca se abrió. La influencia religiosa de la madre de Miller había afectado a su hijo de formas que, estaba segura, ella no conocía; en el armario de almacenamiento de la sala de entretenimiento—donde, por lo general, se guardaban algunas mantas y almohadas, junto con algunas toallas para el baño extra—estaba la cosa más escalofriante que jamás haya visto.
Había fotos mías que habían sido tomadas sin que estuviera consciente de ello—viejas, de antes de que tuviera la cicatriz en mi ceja, y nuevas, de cuando regresé a Twi Tech después de la muerte de Charlie. Estaba al teléfono, o entrando a un coche, o riendo con un vendedor de hotdogs.
Pero la que me asustaba más era una de los dos, Edward y yo en las calles de Seattle, después de nuestra confrontación con King. Reconocí la oficina del médico de la que estábamos saliendo porque habíamos ido a que revisaran su rodilla. Edward y yo habíamos estado verdaderamente felices ese día, a pesar de la rodillera a la que se había resistido, de manera que sabía que debajo de la parte negra y quemada de la foto, mi Edward estaría sonriendo.
El santuario también consistía en pedacitos de velas derretidas que Miller había quemado y quemado, diferentes tamaños de crucifijos que fueron alterados que ya no tenían a Jesús en ellos, y lo que parecía ser sangre salpicada sobre todo.
"Jesús," dije entre mi aliento, mirando a Edward, que había empezado a temblar, y sabía que estaba haciendo todo lo posible por no correr por la calle y sacar a Miller por el parabrisas del coche. "¿Qué más hay allá abajo?" Le pregunté, forzándolo a hablar conmigo en lugar de centrarse en su ira.
"Solo indicios de que ha estado viviendo allí," dijo Edward con los dientes apretados. "Pero solo si sabes qué buscar—una ducha recientemente usada, algo de restos de comida rápida en el bote de la basura… y la televisión seguía tibia."
Alec estudió la foto por encima de mi hombro, bufando en frustración. "Tal parece que tienes un enemigo, chico," le dijo a Edward. "Sabe que tú eres su protector."
"Bien," espetó Edward, su labio haciendo una mueca. "Me gustaría que encontrara sus putas bolas y viniera aquí," dijo con desdén. "De lo contrario, voy a—"
"No, hijo," lo tranquilizó Carlisle, pero su temperamento no estaba más controlado cuando sujetó el hombro de Edward.
"Sin ánimo de ofender, Bellsy," dijo Emmett con un bufido, rascando su cabeza y la parte de atrás de su cuello, "pero ahora ya no quiero nada de allá abajo…" su voz se fue apagando, pero su comportamiento generalmente dulce había desaparecido.
"Tíralo, entonces," le dije con un encogimiento de hombros.
Mientras todos los hombres se encaminaron hacia las escaleras para vaciar la sala, Mickey dijo, "Necesitamos comida. Eso calmará un poco a estos chicos."
"Genial, pizza," dijo Alice con una risita, subiendo al banco de la cocina y abriendo mi laptop.
La detuve, mandándole un mensaje a Benny, que respondió de inmediato.
Bella, PIDE pizza. Tal vez tenga acceso al teléfono. Usa la línea de casa. Puede que le dé lo él piensa es una entrada…
Cuando les mostré a las chicas el mensaje, Mickey corrió al sótano para dejarle saber a los chicos lo que estábamos haciendo, solo para regresar de inmediato.
Alice cogió el teléfono que deslicé sobre la encimera, y me di cuenta de donde estaba sentada. "Solo voy a ordenar un montón de diferentes… ¿Qué?" Me preguntó, levantándome una ceja cuando me recargué en la encimera.
"Edward se sentó allí la vez que vino aquí cuando era un niño," le dije con una risita, sacudiendo la cabeza con el recuerdo.
"¿Fue cuando lo del pie?" Mickey se rio, sentándose junto a Alice.
"Sí." Sonreí, mordiendo mi labio inferior.
"¿Cómo era él?" Ambas chicas preguntaron al mismo tiempo.
"Oh, Dios, jodidamente adorable," me reí, sacudiendo de nuevo la cabeza. "Todo brazos y piernas… y el cabello para todos lados. Y muy dulce y tímido."
Alice y Mickey se rieron mientras Alice marcaba el número de la pizzería local y ordenaba un montón de comida; tomando en cuenta los chicos que estaban con nosotros, muy probablemente se lo devorarían.
"¿Qué más?" Preguntó Mickey entusiasmada cuando Alice había terminado finalmente.
Me eché a reír pero me puse a sacar algunas cosas de los gabinetes de la cocina que quería, como la taza de café favorita de mi padre y el florero de cristal de mi madre, mientras les contaba sobre nuestro primer encuentro—las piernas enredadas, el pie de manzana y la casa del árbol. Lo único que dejé afuera fue el hecho de que Edward solía tartamudear. No lo habría traicionado entonces, y no lo haría ahora. Sabía que le molestaba un poco, aunque en realidad no lo hacía con nadie cerca excepto yo.
Mickey sonrió, mirando hacia la entrada. "No puedo imaginarte como tímido, niño bonito," le dijo con un resoplido, riéndose más fuerte cuando él le mostró el dedo medio.
"Lo era, y Bella era parlanchina," replicó con una carcajada, besando mi cabeza cuando asentí y solté unas risitas.
Jadeé. "¡Oh! Lo que me recuerda…" Me acerqué al sótano tanto como me atrevía. "Carlisle," lo llamé.
"Sí, cariño," me dijo desde abajo.
"Si hay algo que quieras de la oficina de papá, será mejor que lo tomes, ¿está bien?" Le pregunté mientras él y Alec subían fatigosamente las escaleras, cargando un sofá. "Me refiero a que, hay algunos de sus primeros inventos… y sus diarios y mierda de esa…"
Carlisle sonrió sinceramente y asintió. "Gracias, Bella."
"Demonios, puede que encuentres los anuarios de la secundaria," le dije en broma. "Lindo cabello, por cierto."
Edward soltó una carcajada detrás de mí, pero Carlisle se rio tan fuerte que tuvo que bajar su lado del sofá, para gran consternación de Alec—y sus brazos temblorosos. Cuando dejó caer su lado, salieron volando de su boca una serie de lo que supuse serían maldiciones en italiano en un siseo.
"Para que lo sepan, ustedes dos," empezó a decir Carlisle, señalándome a mí y a Edward, "todos tienen un pésimo estilo por el que tienen que pasar. Tengan eso en mente diez años a partir de ahora cuando el cabello desordenado tal vez no sea tan… genial." Se echó a reír, extendiendo su mano hacia la cabeza de su hijo, y Edward lo esquivó bien, levantando sus puños.
"Vamos, viejo, ¿no puedes atraparme?" Bromeó, dándole unos ligeros golpes a su padre.
"No solo atraparte, sino que también patear tu trasero, hijo," replicó Carlisle, y moviéndose tan rápidamente que Alice, Mickey y yo jadeamos, tenía a su hijo envuelto en una llave.
"Oh, mierda," jadeó Edward con una carcajada, tratando lo mejor que podía por zafarse, pero no podía.
Amaba estos momentos con ellos. No era que hubiésemos olvidado por qué estábamos allí, sino la facilidad con la que todos nosotros simplemente… estábamos… juntos era la causa por la que todo lo que hacíamos era realmente divertido. Justo cuando Carlisle arrojó a Edward al sofá que habían dejado en la entrada, todos los móviles sonaron, provocando que todos nos quedáramos quietos.
Saqué mi teléfono, y el mensaje era de Benny.
Está en movimiento, a pie. Justo detrás de su pizza. También, estoy poniendo al tanto a Jasper.
"¡Mierda!" Dijo Alec entré su aliento, bajando al sótano y llamando a Emmett.
"Chicas, reciban al chico de la pizza en la parte de afuera, al frente, en el maldito patio," ordenó Carlisle, sacando su arma. "No necesito que un inocente se vea envuelto en esta puta mierda. ¿Entendido?"
"Sí," todas estuvimos de acuerdo, volviéndonos hacia la puerta principal, pero Edward me detuvo.
"Bella," me llamó, agarrándome y dándome la vuelta para que encarara el interior de la casa: "Mira… mi papá está en el pasillo. Alec y Emmett están justo a la entrada del sótano, y yo estoy arriba. Si este cabrón te saca un arma y las obliga a ir a algún lado, no hay lugar al que puedan ir en el que estén solas, bebé. ¿Comprendes?" Me preguntó, besando la parte de atrás de mi cabeza.
"Y Jazz está afuera," dije con un suspiro, sintiéndolo asentir contra mi cabeza.
"Sí, señorita," susurró, besando mi cabeza una vez más. "Benny y Wes piensan que no va a ser capaz de controlarse en el momento en que te vea, así que mantente preparada, amor. ¿Está bien?"
"Bella, honestamente, tú puedes matarlo en el momento que dé un paso dentro de la casa sin ser invitado," dijo Alice. "La ley manifiesta—"
"Alice," todos dijimos en voz baja.
Estábamos a punto de abrir la puerta porque el tipo de la pizza se estaba deteniendo frente a la casa, pero Carlisle nos detuvo de nuevo.
"¡Esperen! Edward," dijo, señalando la puerta. "Arriba no. ¡Justo detrás de esa puñetera puerta!"
"Señor," gruñó Edward, sacando su arma y quitando el seguro. Se pegó a la pared detrás de la puerta de manera que no pudiera ser visto, y nos miramos fijamente una vez más. "Tú puedes hacerlo, dulzura," me susurró, levantándome una ceja y usando el término cariñoso que ahora representaba nuestro primer beso y la primera muestra de nuestros verdaderos temperamentos—siendo el último en lo quería que me centrara. "No tendrá oportunidad de tocarte, bebé. Lo juro por Dios. ¿Está bien?"
"Bien," susurré en respuesta, conservando tanto de esos hermosos ojos verdes como pudiera antes de salir por la puerta.
~oOo~
EDWARD
"Joder," dije en voz baja para mí mismo cuando mi chica salió valerosamente.
No podía permitir que este pendejo la tocara. Le había hecho la puta promesa de que nunca lo haría de nuevo. Pero Benny y mi padre querían que esto pasara desapercibido en el vecindario como fuera porque esto no era un arresto. Estábamos permitiendo que Miller viniera a nosotros, y sería aniquilado. Era jodidamente sencillo, pero no hacía que la mierda fuera menos peligrosa.
Saqué mi auricular, metiéndolo con rudeza en mi oído, y puse a Benny. Tenía que saber que podía ver. Tenía que tener ojos en mi nuca.
Benny ni siquiera se molestó en decir hola. "Relájate, Ed. Puedo verlos a ambos. El objetivo está ocultándose en la cerca de madera, viendo a las chicas. Ellas casi terminan con el repartidor. Quiero a ese chico graniento fuera de allí antes de que logre que lo maten."
"Ese puto santuario, Ben," gruñí por lo bajo, sacudiendo la cabeza y tratando de alejar todas las imágenes.
No eran las fotos de vigilancia las que me molestaban; era la sangre salpicada sobre todo, porque no había forma de saber quién o qué había donado esa sangre. Demonios, esperaba que fuera suya—ese loco hijo de puta.
"Es porque él no… terminó con ella, hombre. Y nunca lo hará."
Esa declaración me hizo sentir enfermo, y no pude evitar que la siguiente orden se escapara de mi boca. "Dime dónde está ella," dije con brusquedad tan bajo como pude, mirando fijamente a los ojos a mi padre, que estaba asomándose a la vuelta de la pared del pasillo.
"Bueno, ella, Alice y Mickey están seduciendo al pobre repartidor," dijo Benny con un resoplido. "Puede que esté enamorado—de las tres."
"Vamos, Bella," gemí, mi cabeza golpeando la pared detrás de mí con un ruido sordo. No tenía duda que un pobre adolescente se había embobado con ella. Eso no me sorprendía ni un poco.
"Está bien, están regresando a la casa, Ed. Y el chico de la pizza está echando de reversa," señaló Benny, pero sonó como si no hubiera terminado de hablar. "Yyyyyy… ¡el cabrón está en movimiento! Las chicas van a estar en la puerta en cinco segundos… y Miller justo detrás de ellas." Pausó por un segundo. "El tipo está como loco. Tuvo que haber usado el garaje como su punto de entrada… Mételas, Ed. Él va por la acera."
Lo siguiente pasó casi demasiado rápido para comprenderlo. Las chicas entraron a la casa. Alice cargando cuatro cajas de pizza mientras Mickey y Bella entraron con ella. Miller, por su parte, entró corriendo a la casa como una maldita ardilla rabiosa—todo nervioso, sudoroso y temblando.
El cabrón ni siquiera dijo una palabra antes de tirar del gatillo de su arma que tenía un silenciador. Alice cayó violentamente al suelo junto al sofá, las cajas de pizza esparciéndose por el piso de madera. Bella y Mickey cayeron a su lado, pero antes de que pudiera salir de mi lugar, él tenía el arma apuntando a la cabeza de Mickey y le dio a Bella una bofetada. Con fuerza.
"No se muevan, chicas," ordenó, volviéndose para encararme. "Tú tampoco, guardaespaldas. No maté a la pequeñita a propósito, pero no fallaré con esta."
Me quedé inmóvil, pero mi mirilla estaba en su cabeza. No iba a bajar mi puta arma a menos que tuviera que hacerlo.
"Sabía que estarías aquí." Se rio sin humor, señalándome. "Isabella nunca va a ningún lado sin ti. No es cierto, ¿señorita Swan?" Le preguntó, accionando el percutor del arma que seguía apuntando a la cabeza de Mickey. "Responde, o el cerebro de tu amiga va a decorar la pared."
"Cierto," dijo Bella con una mueca de desdén.
"Esto es lo que vamos a hacer," dijo Miller, sus ojos moviéndose rápidamente de Bella, a Mickey, a mí y de regreso otra vez. "Isabella, tenemos asuntos pendientes, así que después de que me encargué de esta última chica…" Dio golpecitos a la cabeza de Mickey con el cañón de la pistola. Ella hizo una mueca de odio hacia él, pero yo le sacudí mi cabeza porque Miller podría fácilmente volver esa arma contra Bella. "Mataré al guardaespaldas."
La cabeza de Bella se levantó de golpe para fulminarlo con la mirada con lo que solo podría describir como pura, absoluta y extrema furia, y creo que Miller había finalmente tocado su punto más sensible—yo. Así que armado con ese conocimiento fue que procedí a hacer que me prestara atención a mí, no a ellas.
"Basura," gruñí, "tú no podrías conmigo." Necesitaba distraerlo porque podía ver a Bella y a Mickey evaluando su posición, sin mencionar dándole a Alice una mirada de preocupación. "Mucho menos matarme."
Mickey me dio una vieja y silenciosa señal para que me moviera, que mantuviera la atención de Miller en mí pero hacia la izquierda, por lo que di un paso lento. Y me eché a reír—solo para encabronarlo.
"¿Cómo está esa cabaña tuya?" Le pregunté, inclinando mi cabeza hacia un lado y dando un paso más; uno más y él sentiría que era demasiado. "Apuesto a que ardió como hierba seca después de un chispa."
Desde la esquina al otro lado de la habitación, apenas podía alcanzar a ver la sombra de mi padre moviéndose en el pasillo. Lo que necesitaba era el arma de Miller lejos de las chicas, incluso si estaba dirigida hacia mí, pero no se movía… todavía.
"Me la quitaste," me acusó, entrecerrándome sus ojos mientras le sonreía.
"Oh sí… y fue tan fácil." Me reí sarcásticamente. "Eres un tonto por trabajar… solo."
Alice gimió y empezó a despertar, pero las chicas la callaron.
"¡Déjenla!" Miller gritó, golpeando a Mickey con la pistola en la frente una vez.
Tan dura como lo es ella, provocó que su cabeza se echara de golpe hacia atrás, pero apenas pareció molestarle. "Joder, tú idiota…" Gruñó pero luego se quedó quieta cuando él apuntó el arma justo en medio de su frente.
"Quieres jugar, princesa," canturreó Miller. "Todavía tengo que aceptar tu invitación de ese día, salvo que desprecio la compañía que mantienes." Hizo un gesto hacia mí pero mantuvo su vista en ella.
"No funcionas bien con otros hombres, ¿cierto?" Murmuró Bella bajo su aliento, y me alegraba que se estuviera encabronando más y más en lugar de ver su miedo. "¿Hay algo que deberíamos saber?"
"Sigue así, Isabella," dijo con desdén, pero fue inteligente como para mantener la pistola apuntando a Mickey. "Te dije cómo puedo hacerte callar…"
"Apenas un bocado," le dijo, inclinando su cabeza hacia él y dándole la sonrisa más sexy y petulante que jamás le haya visto usar. "Esta vez no estoy atada a una mesa, pendejo," le dijo. "Y tampoco soy tu loca madre, así que si crees que está vez va a ser fácil, estás muy equivocado. No vas a tocarme de nuevo. Él no te lo va a permitir," le dijo, apuntando hacia mí.
Sonreí y le guiñé un ojo.
"Oh, Isabella, tu guardaespaldas será el primero en morir. Y voy a obligarte a verlo," Miller la amenazó, riéndose sombríamente.
"Joder, no lo creo," dijo con brusquedad, sus ojos casi negros cuando él empezó a girar su arma hacia mí. Fue su primer y último error. "Él tampoco te lo permitirá," le dijo, señalando hacia el pasillo, donde mi padre por fin salió a la vista. "Ellos no te lo permitirán," dijo riéndose, señalando hacia el sótano al mismo tiempo que Alec y Emmett salían a la vista.
Todas las armas estaban apuntando a Miller, pero él levantó a Bella por el cabello y apuntó su cañón justo debajo de su barbilla. Todos nos quedamos inmóviles, pero ella no.
"Te falta uno, imbécil," gruñó, dándole un fuerte codazo y cayendo al suelo justo cuando una bala atravesó la puerta corrediza de cristal, pasando volando junto a todos nosotros y dándole a Miller en el hombro.
Me había olvidado por completo de Jasper. Cuando levanté la vista, pude ver claramente que Bella había posicionado a Miller en el lugar perfecto, pero no estaba muerto. Estaba muy seguro que Jasper lo había hecho a propósito porque mi amigo no fallaba. De pronto, Bella y Mickey reaccionaron.
Mickey pateó al bastardo, que todavía no había caído, con fuerza en las bolas, pero Bella lo golpeó donde le habían disparado y esa mierda captó su atención. Cayó de rodillas al mismo tiempo que mi chica bajó el brazo de él sobre su rodilla, provocando que un crujido repugnante hiciera eco por la casa cuando su brazo se rompió con la fuerza cuando lo hizo. Arrebatando el arma de su mano y tomando la suya de la cintura de sus pantalones, al instante estaba a horcajadas en su pecho, con las dos armas apuntando a su cara.
El terco—o simplemente estúpido—imbécil que era él comenzó a resistirse y se encontró con una arma más apuntando a su cara—la de Mickey. Mickey pateó la pierna de Miller con fuerza donde yo le había disparado, haciendo que la sangre saliera de su vieja herida y el cabrón gritó. Bella dejó caer el arma de Miller de su mano derecha y la cerró en un puño, moliéndole a golpes la cara. Repetidamente. De hecho, no estaba seguro de que se fuera a detener… hasta que mi padre dijo algo.
"Va a romperse la mano, hijo," me dijo, casi sonando divertido, pero podía ver la sombría mirada que le estaba dando a la situación.
Alec y Emmett entraron a la habitación, sus armas todavía apuntando a Miller. Benny y Wes atravesaron la puerta principal, cerrándola detrás de ellos. Pero fue al asustado Jasper al que mi padre tuvo que detener, ya que su vista estaba en Alice y solo en ella.
"J, solo espera," mi papá ordenó, agarrando su camiseta. "Deja que Edward aleje a las chicas. No puedo tomar ningún puto riesgo con este tipo."
"Mickey, si da un mínimo indicio de querer moverse, dispárale," le ordené, poniendo mi arma en la parte de enfrente de mi cintura mientras me ponía detrás de Bella. "Bebé, es suficiente," le dije, pero solo seguía golpeando y golpeando.
Pero fueron las lágrimas corriendo por su rostro las que hicieron que Mickey dijera, "Solo… llévatela, Ed."
Envolví mis brazos alrededor de su torso y la levanté de un ahora ensangrentado Miller. Sus puños estaban en carne viva y cubiertos de sangre mientras luchaba incluso contra mí, pero consiguió darle unas buenas patadas en el maldito estómago y en sus bolas mientras la alejaba de él.
"Edward… no," gruñó, arañándome. "No me va a hacer esto de nuevo. No puedo permitírselo."
"Bella, detente," le dije, tirando de ella, todavía pateando, sacándola de la habitación y poniéndola sobre la encimera de la cocina, donde agarré su rostro.
"No lo hará. Deja de luchar contra mí, bebé."
Fue entonces cuando se derrumbó, sus brazos temblando por el esfuerzo cuando trató de abrazarme.
"No podía permitir que te hiciera daño," proclamó, sollozando en mi cuello. "A ninguno de ustedes…"
"No iba a hacerlo, dulzura. Te lo prometo."
"Pero Alice," grito, su cabeza apartándose para girarse.
Alice estaba sentada, agarrando su brazo donde la bala apenas le había dado a su brazo, atravesándolo, Jasper finalmente corrió a su lado, revisándolo. Por el chichón en su cabeza, parecería que su caída por la fuerza del disparo fue peor que la bala. Era tan pequeñita que supongo que el recibir un disparo era como ser golpeada por un tren para ella.
"Ella está bien, ¿ves?" La tranquilicé, muy apenas conteniendo mi sonrisa cuando Alec y Emmett levantaron a Miller salvajemente por la garganta y su hombro lastimado, sentándolo con fuerza en una silla del comedor, solo para tener a Benny y Wes poniéndole las esposas con sus brazos detrás de él y en sus piernas sujetándolas a la silla. Miller gritó cuando su brazo roto protestó por estar restringido en su espalda.
"Edward, bájame, por favor. Quiero ir a verla," Bella se sorbió la nariz con su petición, mirándome. "Por favor, bebé…"
Asentí, bajándola con cuidado al piso de la cocina, donde salió disparada directamente hacia Alice y Jasper.
"Voy a tener una cicatriz como la tuya," dijo Alice con una sonrisa cansada, agarrando su bíceps. "Igual que en ese caso que Rose y tú tuvieron…"
"Por supuesto, duendecillo." Se rio Bella, sorbiéndose un poco la nariz mientras revisaba cuán profundo era el rozón. "De todas las cosas en que te quieres parecer a mí, tontita…"
No pude evitar reírme de las dos con un resoplido, pero mi sonrisa decayó cuando, incluso con sus ojos hinchados y sangrando, Miller seguía viendo a Bella. No solo viéndola… se estaba lamiendo los labios al mismo tiempo que todavía encontraba la disposición de sonreír. Estaba admirando cada centímetro de ella, como si la estuviera viendo desnuda—como si estuviera reviviendo cada maldito momento que había pasado con ella en su calabozo.
Joder, estaba excitado por ella.
"¡Hey!" Gruñí, sacando mi arma, pero no se detuvo. "¡No tienes derecho a verla, hijo de puta!" Me puse entre los dos al mismo tiempo que toda la casa se detuvo.
"Voy a terminar lo que empecé," murmuró entre lo que parecían ser sus dientes rotos.
"No lo creo," me reí sombríamente, echando mi puño hacia atrás y dejándolo volar hacia su cara, pero cuando se recobró todavía trató de mirarla. "Tus ojos en mí, pendejo…"
Miller se me quedó mirando, un ojo casi cerrado por la hinchazón. Su nariz estaba rota y sangrando, su labio estaba partido, los dos superior e inferior, y él, de hecho, había perdido unos cuantos dientes. Su mejilla ya se estaba poniendo de diferentes colores a medida que se hinchaba, y lágrimas corrían por su cara mientras trataba de acomodar su brazo, a pesar de que se quebró y estaba doblado en el más extraño de los ángulos. Por alguna razón asombrosa, el hecho de que mi Bella había causado la mayor parte del daño me hacía un orgulloso hijo de perra.
"Diez minutos," murmuró, escupiendo sangre al piso.
"¿Qué dijiste?" Le pregunté, asegurándome de que lo había escuchado bien.
"Era todo lo que necesitaba antes de que te la llevaras. Diez malditos minutos, y ella hubiera sido mía," gruñó por lo bajo.
"Oh…" Me reí entre dientes, sacudiendo mi cabeza y mirando detrás de mí hacia mí chica, que nos observaba cautelosamente a los dos. "Eso pensé que habías dicho. Bueno, lástima." Me volví de nuevo hacia él, decidiendo joder un poco con él. "Porque ahora ella es mía," le susurré, levantándole una ceja y sonriendo cuando su petulancia finalmente desapareció. "Y es un paraíso muy, pero muy placentero," le susurré de nuevo, asegurándome de que nadie, excepto él, pudiera escucharme porque estaba a punto de decirle la pura verdad. "No hay nada como el… sentirla. Es más allá de lo que podrías imaginar. Joder, te lo perdiste totalmente, y morirás sin nunca, jamás, haberla probado. Todo por diez malditos minutos. Creo que es la cosa más triste que jamás he oído…"
El hombre perdió el control, ya sea de su temperamento o su capacidad mental, no lo sé, pero el sonido que salió de él fue como el de un animal herido. Forcejeó contra sus ataduras, provocando que las esposas mordieran su piel, a pesar de lo mucho que su brazo debía haberlo estado matando. Di un paso hacia atrás cuando empezó a escupirme, sus ojos salvajes.
"Cristo, Ed," gruñó Emmett, pero estaba sonriendo maliciosamente. Le dio un tirón a la silla de Miller por lo que cayó de espaldas al suelo con un golpe sordo. "¿Qué demonios le dijiste?"
Sonreí, sacudiendo la cabeza y desactivando mi arma. Miré a mi padre. "Solo me estaba diciendo que si nosotros"—hice un gesto con mi mano entre los dos—"hubiésemos llegado diez minutos más tarde a la cabaña, entonces la hubiera tenido…"
"¿Ah, sí?" Preguntó mi papá, dándole Miller con su bota en la cabeza solo una vez. "Cierra la puta boca para que pueda pensar, cabrón—y antes de que los malditos vecinos te escuchen."
Miller perdió la conciencia con ese último golpe en la cabeza, y el silencio reinó en la casa con la excepción de la puerta principal abriéndose. Entró Rose, Makenna, Eleazar y Esme, todos los que dieron un vistazo alrededor de la casa, pero Esme corrió hacia Alice, empezando a limpiarla al instante con suministros que traía con ella.
"Jesús, Edward," dijo Rose en un jadeo, mirando a Miller y de vuelta a mí. "¿Qué demonios le hiciste?"
Me eché a reír. "Obra de Bella," exclamé con un bufido, señalando a mi chica, que estaba masticándose ese labio inferior. El verlo hizo que mi sonrisa desapareciera. "Hey, ven aquí," dije con un suspiro, alejándola de Miller. La puse en el banco de la cocina y me paré entre sus piernas. "¿Qué pasa?"
"La muerte es demasiado buena para él," susurró, su frente arrugándose un poco. "Pero no puedo… él no debería… ser libre jamás. Es un monstruo, Edward."
Seguí su mirada vidriosa ya que no dejaba de mirarlo. Levantando su barbilla para que me mirara, le dije, "Entonces, ¿qué hacemos, amor?"
Eleazar se aclaró la garganta, con una pequeña sonrisa curveando su boca que me recordaba a su hermana. "¿Puedo sugerir algo?"
~oOo~
BELLA
"Tenemos que ir hacia el sur, Carlisle," dijo Eleazar, sus ojos posándose en el bulto en el suelo que era Miller.
Mi cuerpo se estremeció ante la forma en que finalmente había conquistado mi miedo por él.
Todo lo que se necesitó fueron sus amenazas contra Edward, mis amigos, y no pude soportarlo más. No podía permitir que la pistola de Miller cambiara de dirección de mí hacia Edward. No podía quedarme allí y temblar por el miedo cuando una persona que me dio más valor que un león estaba a punto de que me fuera arrebatado. No lo permitiría.
"¿Tan pronto?" Preguntó Carlisle, caminando hacia nosotros.
"La señorita Bella aquí presente acaba de decir que la muerte es demasiado fácil para este tipo, y sucede que estoy de acuerdo con ella." Se rio Eleazar, tirando un poco de mi cola de caballo al mismo tiempo que pegaba mi frente en la mandíbula de Edward. "Creo que tengo el lugar perfecto para él."
"La Fosa de Vida," murmuró Carlisle, sus cejas elevándose. "¿Quieres dejarlo allí de camino?"
"¿Qué demonios es la tumba de la vida?" Preguntó Alice, mirando a Carlisle, que le sonrió con orgullo.
"Debía haber sabido que eres bilingüe," se rio entre dientes. "Es una prisión en Suramérica."
"Multilingüe," replicó con un suspiro cansado, recargándose en Jasper. "Hablo alemán, italiano, código binario y sabelotodo."
Solté un resoplido, sofocando mi risa en la camisa de Edward. "Definitivamente vivirá," murmuré en su oído con una risita.
"No me jodas…" Se rio entre dientes, sacudiendo su cabeza.
"Alice," dijo Carlisle en voz baja, rodándole los ojos, y luego volvió su atención de vuelta a Eleazar. "¿Felix ya está en posición allá?" Le preguntó.
"Sí, y serían de ayuda algunos más," respondió, mirando alrededor de la habitación.
"Es esa mierda de Corbin, ¿no es así?" Preguntó Emmett, mirando entre ellos dos, y asintieron. "Estoy dentro, ¿y podemos dejar este pedazo de mierda de camino?"
"Sí, Emmett…" Dijo Mickey con un suspiro, sacudiendo su cabeza. "Entonces… ¿cuál es el plan?" Preguntó, una sonrisa irónica en su rostro porque pareciera que siempre necesitábamos un maldito plan.
"Estoy dentro," dijo Alec. "Estaba allí cuando lo jodimos la primera vez…"
"Yo también," gimió Jasper, mirando fijamente a los ojos a Edward. "Aunque después de esto… Estoy fuera, Carlisle."
"Eso va también por mí, Carlisle," dijo Mickey, mirándolo como si estuviera preparada para su ira, pero no tenía por qué preocuparse.
"Todos estaremos fuera después de esto, chicos," anunció él con cansancio, viéndose más viejo, como se había visto después de que le dispararan. "¿Edward? Necesito que vueles…"
Edward suspiró pero se volvió hacia mí, sin decir nada, así que yo lo dije por él. "Estamos dentro."
"¿Estás segura?" Susurró Edward.
"Alguien tiene que cuidarte la espalda, ¿verdad?" Le pregunté, sonriéndole con suficiencia.
"Supongo que sí." Se echó a reír, besando mi frente y echándose hacia atrás para tomar mi rostro entre sus manos. "No vas a alejarte de mi lado. No me importa lo que pase. ¿Entendido?"
"Señor," respondí en broma, asintiendo una vez.
"Bells, ¿vas a ir?" Se rio Jasper, su sonrisa creció cuando asentí de nuevo. "Dios, de verdad tengo que poner un rifle en tus manos."
"Cierto…" Me eché a reír. "Oh, pero buen tiro, por cierto," le dijo, señalando a Miller.
Jasper hizo una profunda reverencia. "Gracias, señorita. Gracias por escucharme."
"¿Estabas en contacto con Jazz?" Preguntó Edward, y los dos asentimos al mismo tiempo que sacaba el pequeño auricular de mi oído. "Mierda, me preguntaba cómo había sabido cuándo agacharse. ¡Maldición!"
La habitación se rio cuando Jasper y yo chocamos los puños por nuestra conversación secreta, pero Carlisle se puso serio rápidamente.
"Veinticuatro horas, chicos," ordenó. "Vamos a reunirnos en la casa de Edward. Partiremos cuanto antes."
"Señor," su equipo refunfuñó.
"¡Esperen!" Gruñó Edward, señalando a Miller. "¿Qué haremos con ese cabrón hasta entonces?"
"No te preocupes," canturreó Esme, sacando una jeringa de su bolso. "No va a despertar hasta que estén fuera del país." Dicho eso, clavó la aguja con fuerza en su cuello, haciendo que todos gimiéramos e hiciéramos una mueca cuando apretó el émbolo. "Y no se preocupen… Me aseguraré de que no se desangre hasta morir antes de que lleguen allí." Se rio entre dientes, recibiendo un guiño de Carlisle.
Emmett aplaudió con fuerza. "Bueno, mierda. ¡Vamos a ponernos en acción, gente!"
~oOo~
Era un desastre para cuando Edward se detuvo en su entrada. No había sido capaz de decidir si reír o llorar o temblar hasta morir a medida que asimilaba la realidad de que al fin habíamos atrapado a Miller, pero al parecer Edward sabía lo que necesitaba porque me había llevado directamente al baño, abriendo la llave de la ducha.
Despojándonos de nuestra ropa con cuidado y en silencio, me había puesto bajo el caliente chorro, susurrando, "Ya terminó, bebé. Deja que se vaya con el agua…"
Nos quedamos bajo el chorro, ni siquiera lavándonos. Me abrazó a medida que mis nervios sacudían todo mi cuerpo, mi frente golpeando su hombro mientras el agua caía como una cascada en nuestra piel y el vapor se elevaba hasta el techo.
Por último, me metió en la cama, abrazándome tan fuerte como pudo, y la mañana siguiente había despertado sintiéndome como una mujer nueva.
Resurgí de mi recuerdo, tratando de recordar si había empacado todo lo que necesitábamos. Miré hacia la puerta, asegurándome de sacar la maleta de la recámara después de que la cerré, y luego volví para mirar por la ventana de la cocina.
Edward estaba preparando el helicóptero, cargándolo con armas de su propia reserva, asegurándose que tuviera combustible, y revisando lo que supongo era algún tipo de lista mental que tenía. Un día, tendría que preguntarle en qué consistía esa lista. Y un día, iba a sentarme a horcajadas sobre él en ese asiento del piloto aún si era lo último que hiciera, porque maldita sea, si no se veía delicioso—con la gorra negra hacia atrás, pantalones cargo color negro, sin camisa y descalzo. Mi puto piloto estaba simplemente ardiente, con músculos que se movían bajo suave piel cuando abrió la cabina del helicóptero.
Estaba a punto de ceder a la tentación cuando terminé de empacar la hielera con algo de comida para todo el mundo, pero Carlisle se detuvo en la entrada. Edward levantó la vista y sonrió, limpiando sus manos grasosas en un trapo que arrojó casualmente sobre su hombro antes de caminar hacia el coche.
Alec salió con gracia del lado del pasajero, una sonrisa jugando en su rostro. Apenas pude distinguir a otra persona sentada en la parte trasera, así que agarré la hielera, poniéndola abajo junto a mi maleta y la de Edward y salí al porche de enfrente.
"Bellissima," canturreó Alec, volviéndose hacia Carlisle cuando él habló.
"Ven aquí, Bella. Traje a alguien que quiere verte." Carlisle se rio, golpeando el techo del coche.
Edward sonrió, cruzando los brazos sobre su pecho cuando bajé del porche hacia el césped del patio del frente. Pero fue la figura alta saliendo del asiento trasero del coche la que me hizo chillar.
"¡Sam!" Dije entusiasmada, corriendo hacia él.
"Hola, señorita Bella," me dijo, su voz grave retumbando en mi oído al mismo tiempo que me atrapaba en un apabullante abrazo.
Me puso sobre mis pies, y no pude evitar sonreírle. Sabía que se suponía que se veía escalofriante, pero yo nunca lo había visto de esa forma. Veía a un enorme hombre mayor—mayor que mi padre—que estaba marcado horriblemente. Él siempre había sido tan dulce conmigo, ayudándome en la granja de la tía Kate cuando algo estaba demasiado grande o demasiado pesado para hacerme cargo de ello, y contaba historias graciosas de Alec y Carlisle cuando estábamos solo nosotros dos.
Sabía cuál era su trabajo para Carlisle, pero él no era un monstruo. No lo era más que mi Edward—o mi padrino, de hecho.
"Siento que estuvieras en esa prisión por mí, Sam," le dije. "No tenías que haber estado tanto tiempo allí."
"Es mi trabajo, pequeña," me dijo sin vergüenza, negando.
"Bueno, gracias… por lo que hiciste," le dije con sinceridad.
Bufó, una mueca cruzando sus rasgos. "No sabía si era el momento, señorita Bella, pero no pude evitarlo." Dijo con un suspiro, mirando a Carlisle. "Empezó a hablar de ti y Carlisle en la cena, y llamé a Benny… las cosas que King estaba diciendo… así que Benny me dijo que lo hiciera. Él planeó lo de dejar abierta la puerta de la celda esa misma noche."
Sonreí porque bien podía imaginarme lo que King había dicho de mí y mi padrino.
"Las formas en que te llamó, pequeña." Dijo en voz baja, negando de nuevo. "Estaba siendo grosero."
Solté unas risitas ante la idea de modales entrando en juego en una prisión de todos los lugares posibles, pero de alguna forma parecía algo digno de Sam.
El tipo enorme miró alrededor, su mirada posándose en Edward y luego miró de vuelta a mí. "¿Se está comportando bien el pequeño Eddie por allá, señorita Bella?"
Tuve que aguantarme la risa porque Edward palideció bajo la mirada escrutadora de Sam, sus ojos abriéndose como platos, para la diversión de su padre y Alec.
"Oh, demonios, chico…" Dijo Alec, prácticamente doblándose de la risa. "Será mejor que diga que sí."
Edward se quitó su gorra con nerviosismo y pasó una mano por su cabello, solo para ponerse la gorra de nuevo, y podría jurar que empezó a sudar.
"Sí, Sam." Solté una carcajada cuando vi a Edward relajarse un poco. "Es un perfecto caballero."
"¿Vas a llamarme si alguna vez no se comporta como… un perfecto caballero?" Preguntó Sam, sonriendo y guiñándome un ojo cuando Edward gimió detrás de él, y fue entonces que supe que Sam solo estaba jugando con él.
"Por supuesto que lo haré," canturreé, guiñándole un ojo a Edward y volviéndome hacia Carlisle. "¿Dónde está Miller?"
"¡Oh!" Sam se giró, caminando hacia el maletero del coche cuando Carlisle lo abrió. "Ya me había olvidado de él," dijo con un suspiro, sacando a un Miller inconsciente del maletero. Al menos, pensé que estaba inconsciente porque tenía una bolsa de tela negra sobre la cabeza. "Carlisle dice que este tipo está a mi cargo hasta que lo dejemos, señorita Bella. ¿Dónde puedo ponerlo?"
"¿Aquí… allá… en el bote de la basura?" Sugerí, rodando los ojos al escuchar su risa. "¿En medio del bosque para que los lobos se lo coman?" Añadí, encogiéndome de hombros dramáticamente.
"En el helipuerto está bien, Sam," respondió Edward con una carcajada. "¿Todavía está inconsciente?"
"Sí," habló Carlisle, resoplando con humor. "Creo que Esme le dio otra inyección esta mañana, solo por gusto. Para cuando despierte, va a estar rodeado de cuatro paredes de piedra."
Sam bajó a Miller con más cuidado de lo que yo lo hubiera hecho. Fulminé al hombre con la mirada, arrancándole la bolsa cuando finalmente no pude contener el impulso de verlo. Tenía moretones e hinchazón por toda la cara. Sangre seca seguía pegada a las comisuras de su boca donde sus labios se habían partido, y era un milagro si el ojo que estaba cerrado por la hinchazón pudiera funcionar realmente una vez que la inflamación hubiera bajado. Podía ver que Esme había curado el agujero de la bala de Jasper en su hombro, pero no mucho más.
Los cuatro hombres me observaron en silencio, pero fue Sam el que se puso de cuclillas junto a mí.
"¿Es él, pequeña? ¿Del que Eddie y Carlisle te salvaron?" Preguntó en voz baja.
"Sí." Mi respuesta fue apenas en un susurro, pero él me escuchó.
"¿Quieres que sufra?" Preguntó Sam, agachándose lo más que pudo de manera que lo viera a él y no a mi antiguo captor.
"Quiero que nunca nadie tenga que pasar por lo que yo pasé," le respondí con voz baja y honestidad. "No sé lo que constituiría justicia para él…"
"Justicia será lo que reciba," interrumpió Sam. "No hay escape de La Fosa de Vida. Ellos sabrán qué hizo y le harán lo mismo a él."
"¿Cómo lo sabrán?" Le pregunté.
"Porque nosotros les diremos, Bellissima," declaró Alec. "En detalle…"
"Todo," terminó de decir Carlisle, levantando la vista cuando Emmett se detuvo, seguido por Jasper y Mickey. "Pagará, cariño," dijo mi padrino, "y no volverá. Jamás."
Me puse de pie, mis ojos mirando a Miller una vez más, pero esta vez, los brazos de Edward se deslizaron en torno a mí. Tragué pesadamente cuando encontré otra vez la mirada de Sam.
"Me encargaré de ello, señorita Bella," me juró.
"¿Confías en nosotros?" Alec dijo riéndose, guiñándome un ojo.
Asentí. "Sí."
"Vamos, amor. Vamos a cargar," susurró Edward en mi oído, plantando suaves besos en mi cuello. "Y te quiero al frente conmigo, ¿está bien?"
Me giré para quedar frente a él y asentí. "Sí… ¿Vas a enseñarme a volar?" Le pregunté con una sonrisa de suficiencia.
"¿Quieres aprender?" Me respondió con una ceja levantada sensualmente y mi favorita sonrisa torcida.
"Tal vez," le dije, soltando unas risitas mientras mordía mi labio inferior.
"Entonces, pon tu dulce trasero en el asiento del copiloto, bebé," gruñó, dándome una ligera nalgada.
Edward de verdad me dejó tomar la palanca por un minuto completo antes de que Carlisle nos acusara de darle más canas. Por lo demás, el vuelo transcurrió sin complicaciones y directo, con la excepción de una parada en Texas por combustible.
Para cuando Carlisle comenzó a darle a Edward las coordenadas de esa prisión en la que nos íbamos a detener, el suelo debajo de nosotros no era nada más que árboles, bosque tropical y pequeñas villas esparcidas. Pero fue en una amplia extensión de bosque tropical—en medio de la puta nada—que su padre por fin le dijo a Edward que empezara a aterrizar.
Fuimos recibidos por tres hombres muy solemnes con rifles, pero asintieron con respeto a Alec, Carlisle, Sam y Eleazar, lo que significaba que este no era el primer prisionero que les habían traído. Y eso debió haber sido la idea más escalofriante que alguna vez había tenido, cuando Sam dejó caer a un Miller ahora apenas despierto a sus pies.
Por lo que pareció una muy larga conversación e intensos gestos con sus manos—sin mencionar un dedo apuntando en mi dirección—los hombres asintieron, y Sam me hizo un gesto para que me acercara.
Edward, Mickey y yo, todos bajamos del helicóptero y nos unimos a ellos.
"Pensé que te gustaría escucharlos dar su… orientación," bufó en mi oído.
El más bajito de los tres hombres se arrodilló junto a un ya completamente despierto pero un poco atontado Miller. "Bienvenido al infierno," le dijo con un acento muy pronunciado y una carcajada. "Tú ya no eres un… americano. Ya no eres un… humano." Rio maliciosamente otra vez. "¿Te gustan las sogas? ¿Te gusta… el fuego? Podemos darte fuego."
Mis cejas se elevaron, y no pude contenerme de apoyarme en Edward mientras los veía provocar a Miller.
"No más pizza… o… hamburguesas. Comerás lo que te demos," el hombre bajito les dijo con firmeza. "Te va a gustar, o te morirás de hambre… no nos importa. O tal vez no te demos nada por algunos días, ¿sí?"
Miró a Carlisle y le hizo una pregunta en portugués.
"Tres días," respondió, y los dos me miraron.
Tragué pesadamente, muy agradecida de que Edward estuviera detrás de mí.
"Mierda," se rio Mickey. "Ellos realmente van a torturarlo paso a paso, como él a ti. Hacerlo pasar hambre, sin agua, golpeándolo, quemándolo, dándole de latigazos, cortándolo… van a hacerle todo. Y por lo que puedo entender, él va a tener que suplicar por la muerte antes de que termine… y no terminará. Lo mantendrán apenas con vida para continuar torturándolo pero lo suficientemente débil para que no pueda escaparse. Van a llamar a Carlisle cuando muera."
"¿Van a matarlo?" Pregunté, pero mi pregunta fue dirigida a Carlisle.
"No, cariño," me dijo, una lenta sonrisa curveaba su boca. "A ellos les gusta dejar que… la naturaleza se lo lleve. Bueno, una vez que hayan reiterado sus ofensas."
"¿Te refieres a… bichos, animales, virus, el clima… lo que sea?" Le preguntó Edward, dándole una mirada a Miller.
"Sí," el hombre bajito dijo con un gesto de su cabeza y una enorme sonrisa al mismo tiempo que hacia un gesto con su mano hacia sus dos compañeros para que levantaran a Miller. "Él no lastimar más a mujer… no más."
"Bien," gruñó Edward pero miró a Sam. "¿Te asegurarás de que sea… encarcelado?"
"Sí, Eddie," respondió, riéndose secamente. "Volveré en un momento."
"¡Espera!" Le dije, zafándome de los brazos de Edward y caminando hacia Miller, que me miraba fijamente. "Tú…" gruñí, picándolo con mi dedo donde sabía que la herida de bala estaba todavía reciente, provocando que hiciera una mueca. "No me quebraste, ¿sabes? Tienes que saber eso. Joder, estuviste cerca, ¿pero ves a esa gente?" Le pregunté, señalando a mi familia, a mi Edward. "Ellos—y algunos que no están aquí—me ayudaron, me hicieron más fuerte. Fallaste, Riley," le dije, usando su nombre de pila para saber que tenía su atención. "Y me voy a asegurar que Victoria y Delia también reciban ayuda. ¿Me escuchaste? Nunca te dejaremos ganar…"
Asentí una vez al hombre bajito con el rifle, y él me sonrió amablemente. Se dio la vuelta, despidiendo a sus compañeros—que ahora cargaban a un asustado Miller—hacia el denso bosque, desapareciendo casi al instante entre los matorrales con la figura alta de Sam siguiéndolos.
Me di la vuelta para ver a Carlisle de pie detrás de mí.
"¿Va a funcionar esto, cariño?" Me preguntó en voz baja, casi dudoso.
"Sí." Dije con un suspiro, abrazándolo con intensidad. "Gracias," le susurré. "Gracias por salvarme de él."
"Gracias a ti, Bella," me respondió, besando mi frente.
"¿Por qué?" Le pregunté, completamente confundida sin saber la razón por la que Carlisle podría estar agradeciéndome.
"Por salvar a mi hijo," me susurró, besando mi sien.
Le sonreí. "Esa fue la parte fácil." Solté unas risitas, tomando su mano. "Ahora… ¿no hay por ahí un error que tenemos que corregir, Carlisle?"
Soltó un bufido, asintiendo, y levantó la vista cuando Sam salió del bosque, viéndose bastante satisfecho. "Ciertamente, Bells, lo hay."
Edward me apartó de su padre, subiéndome al asiento del copiloto, y una vez que mis cinturones de seguridad estaban puestos, sus manos tibias tomaron ambos lados de mi rostro.
"¿Estás bien?" Me susurró, su ceño frunciéndose.
"Sí." Asentí, inclinándome hacia él y besando su boca con suavidad. "Te amo," dije entre mi aliento contra sus labios.
"También te amo, dulzura," soltó una risita. "Vayamos a sacar de apuros a mi padre… de nuevo," terminó con un resoplido, riéndose cuando su padre le enseñó el dedo medio desde la parte trasera del helicóptero. "Excelente, papá. Buen ejemplo el que das…"
"Cállate, hijo. Vamos a terminar con esto de una vez y vayamos a casa."
Pues nos acercamos al final, cayó el último. ¿Están satisfechas con el final que le dio a Miller Drotuno? Yo sí, porque se merecía exactamente eso, la muerte, así de simple o pasar su vida en la cárcel no era suficiente. Ser torturado con cada una de las cosas que él usaba con las mujeres es lo que él se merecía, y eso va a recibir. Y el equipo de Carlisle se desbanda, todos se retiran. ¿Será eso el fin de este gran equipo? ¿Ya no los veremos trabajar juntos? Bueno, ya veremos como cierra está historia la autora, mientras tanto, dejen su review con su comentario de lo que les pareció el capi de hoy. Saludos y nos leemos en el próximo capítulo.
