Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.

Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.

Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.


CAPÍTULO 32 – EPÍLOGO

EDWARD

Dos meses después…

"Bella, no puedo hacer esto," me quejé—sí, joder, me quejé.

"Tienes que hacerlo, Edward," gimió por el teléfono. "Yo lo haría, pero no puedo. Por favor, solo… inténtalo."

"Mierda, bebé…" dije con un suspiro, pasando una mano por mi cabello mientras me paseaba de un lado a otro afuera de un sucio bar en Olympia. "Joder, ya no sé cómo coquetear con mujeres, Bella. No que quisiera hacer esa mierda."

Sonreí cuando mi chica se rio, pero mi sonrisa decayó porque su risa era cansada. Había estado enferma durante la última semana. El plan había sido que ella estuviera sentada por separado en el bar, observando la situación en la que estábamos—pero había estado luchando contra la gastroenteritis.

Se había llevado una maldita eternidad localizar a la exseñora de Rollins porque estaba "fuera de registro", de acuerdo a Alice. Susan Rollins había ocultado a su hijo de cuatro años—lo había ocultado muy, muy bien. Estaba usando solo efectivo, sin identificación, sin teléfonos celulares, y sin ninguna comunicación. De hecho, Harold Rollins estaba volviéndose loco porque ella había dejado de llamarlo para burlarse de él. Habría preferido que llamara con amenazas porque al menos sabría que su hijo estaba bien, pero sin ninguna noticia en absoluto, iba a perder pronto el control.

Susan había cometido un error al rentar una habitación en un hotel en Olympia justo arriba del feo bar en el cuál estaba afuera, parado, en este momento. Había usado la tarjeta de crédito robada de alguien más, pero ya sea bajo el estupor de una borrachera o la euforia de la droga, había usado su nombre. Quería decirle que era una idiota, pero en el mismísimo segundo que la información apareció en la pantalla de la computadora de Alice, todos nos pusimos en acción, agradecidos por su estupidez.

Por lo que ahora yo estaba afuera de ese bar y tratando de encontrar los huevos para entrar e interpretar el papel del rico playboy que está buscando un polvo fácil, mientras mi chica estaba enferma en casa. Odiaba esa mierda.

"Maldición, Bella," gemí, escuchando el sonido rasposo de su voz. "Debería de estar en casa, bebé. Debería de estar cuidándote."

"Solo encuentra a ese niñito, Edward, y luego podrás jugar al enfermero conmigo," se quejó. "¿Por favor?"

"Preferiría jugar al doctor," bromeé, pero solo estaba siendo terco.

Se rio de nuevo, y sonreí al escuchar mi sonido favorito en todo el mundo. "Edward, eres tan malditamente lindo, y estás vestido como un dios del Wall Street. Solo ve y sé sexy, y termina con esta mierda de una vez. Dile a Jasper que tan pronto pueda ver a ese bebé, él y Emmett tienen que entrar de inmediato."

Solté una risita por su tono demandante, pero tenía razón. Teníamos que sacar a ese niño de una situación desesperada y llevarlo de vuelta a su padre. Teníamos miedo que Tyson Rollins no estuviera recibiendo cuidados, que estuviera siendo arrastrado de un terrible lugar al siguiente, y que su madre no estuviera cumpliendo con su responsabilidad. El padre de Tyson no estaba preocupado de que lo lastimara… solo que lo dejara solo por largos períodos de tiempo. Dijo que ella apenas si recordaba alimentarse a sí misma, por lo que su miedo que Tyson estuviera hambriento en alguna parte lo estaba volviendo loco. El pánico de Harold Rollins era la razón por la que había accedido a tratar de encontrar al niño, al saber que se necesitaría a un hombre para insinuarse a su esposa, más que Bella y las chicas.

"¿Se ha quedado algo en tu estómago hoy, bebé?" Le pregunté antes de ponerme a trabajar porque mi chica era primero, que todo lo demás se vaya al demonio.

"Algunas bebidas energizantes, pero mi cena no duró mucho," dijo con un suspiro, sonando muy cansada.

Solté un bufido, pasando otra mano por mi cabello. "Dime que no estás sola…"

"Esme ya está de camino, Edward, lo prometo. Ve a mostrarte lindo y encantador, como solo tú puedes, cariño. Ve a ser mi héroe," me dijo riéndose, y casi podía verla jugando con la manta en la que la había metido en el sofá de nuestra sala antes de irme y usando su dulce sonrisa.

"Está bien. Te llamaré tan pronto haya terminado, amor," le dije, levantando la vista cuando Emmett entró al bar sin mirarme. Era hora de ir a flirtear, lanzarme y tratar de ligar a una mujer a la que prefería solo gritarle por lo que le estaba haciendo a su hijo.

"Te amo, Edward," dijo Bella en voz baja, bostezando al teléfono.

"También te amo, dulzura," le dije con el ceño fruncido. "Duerme un poco, y no me esperes."

Se rio con un resoplido. "Sí, claro…"

Terminé la llamada, y de alguna forma, se sentía como una puñalada al corazón. No me agradaba que estuviera en casa sin mí, mucho menos enferma. Pasando otra mano por mi cabello, y metiendo el teléfono en mi bolsillo, abrí la puerta del pequeño pub, aflojando mi corbata como si estuviera entrando después de un duro día de trabajo en la oficina.

Me senté al final de la barra, el extremo opuesto de donde Em estaba sentado, captando su atención por un momento. Ordené un escocés, el que necesitaba totalmente por lo que estaba a punto de hacer, volviéndome hacia la dirección en la que los ojos de Emmett se habían movido rápidamente, y hela aquí, allí estaba ella.

Susan Rollins se estaba balanceando embriagada junto a la vieja rocola en el otro extremo de la habitación. No era que no fuera una mujer atractiva, pero podía ver su negación de la realidad, su vivir en el momento. Y con un profundo y último respiro y una mano en mi cabello, atraje su atención, dándole la sonrisa que nunca solía defraudarme y guardándome la preocupación por mi chica en casa.

Susan sonrió en respuesta, sus ojos vidriosos por el alcohol y la lujuria a medida que se dirigía hacia mí.

Me volví hacia el barman, deslizando mi tarjeta de crédito por la barra y diciendo. "Lo que quiera la dama, ponlo en mi cuenta."

"Buena suerte, amigo," dijo el tipo mayor con un resoplido, rodando los ojos. "Es de las que no te puedes deshacer de ellas. Buscando a alguien que la salve, creo."

Le sonreí y asentí. "Tomaré el riesgo," le dije encogiendo un hombro, volviéndome hacia la mujer que ahora se estaba colocando en el banco junto al mío.

Bella de verdad había tenido que enseñarme está mierda. Podía atacar un campamento, una prisión. Podía llegar volando y eliminar la guarida de los tipos malos, pero engañar a alguien no era fácil y no era algo natural en mí. Lo habíamos intentado todo para localizar a esta mujer porque tan pronto como le dábamos alcance, desaparecía. Bella me dijo que tenía que usar la personalidad y necesidades de la mujer.

Susan Rollins necesitaba a alguien a quien no le ahuyentara su estado de embriaguez, o que tenía un niño, o el hecho de que su aspecto se había desmejorado. Necesitaba un hombre de ensueño, me había dicho Bella. Tenía que interpretar el papel de un hombre con dinero que estaba a punto de marcharse a otra ciudad y que no le asustaba el niño de alguien más. Necesitaba ser todo lo que Susan Rollins estaba buscando, y Bella dijo que porque era diez años más joven que esta mujer, me haría mucho más atractivo.

Fan-puta-tástico… estaba a punto de servirme en bandeja de plata a una asaltacunas, o alguna mierda así.

Pero funcionó—de maravilla. La mujer se tragó todo lo que le dije, todas las historias que le conté, y sus ojos se iluminaron cuando le hablé de mi nueva posición en San Diego. Cuando mencioné que entrenaba una pequeña liga de béisbol, cerré el puñetero trato. Me deseaba, e hice lo que pude por no vomitar cuando besó mi mejilla y me invitó arriba a su habitación.

Con un gesto de mi cabeza hacia ella y uno hacia el barman, sin mencionar una mirada significativa a Emmett, le tendí mi mano y le ayudé a salir por la puerta y a subir las escaleras a su habitación de hotel. Era una situación imperiosa porque mi gesto hacia Emmett significaba que en este momento, debería estar llamando al señor Rollins, que no estaba lejos.

Se había enviado una alerta ámbar cuando Tyson había desaparecido, por lo que todo lo que tenía que hacer era traer a la policía de Olympia con él cuando la dirección fuera confirmada, pero tenía que poner mis ojos en Tyson en persona antes de que alguno de nosotros pudiera celebrar.

Con ese último pensamiento, toqué el pequeñísimo auricular en mi oído y me enlacé con Jasper al instante.

"It don't mean a thing, if you ain't got that swing… do-wah, do-wah, wo-wah," (1) cantó en mi oído—pésimamente, he de añadir. Pero no podía decir ni una palabra para cerrarle la boca. "Besa a esa chica, y ten por seguro que voy con el cuento, Eddie," dijo en mi oído riéndose, y tuve que ocultar mi risa fingiendo toser.

Jasper estaba plantado—ya no sosteniendo un rifle, sino un telescopio en su lugar—en el techo del edificio al otro lado de la calle. Había estado esperando alcanzar un vistazo del niño durante toda la noche, pero no había ni una sola cortina abierta en su habitación de hotel.

Mientras Susan sostenía mi mano, me llevó dentro de la habitación, volviéndose para quedar frente a mí. Llevaba una sonrisa pero dejé que mis ojos recorrieran la habitación. Era la básica habitación sucia de hotel, con dos camas y una televisión viejísima. Una cama estaba deshecha, pero la otra tenía un pequeño bulto en el medio, una mata de pelo rubio descansando en la almohada.

Lo que me encabronó fue la botella medio vacía de jarabe para la tos en la mesita de noche junto a una caja de jugo de manzana. Había unos cuantos juguetes y ni un refrigerador para guardar la comida, por lo que mi temperamento se encendió como nunca.

"¿Tu hijo?" Le pregunté con los dientes apretados, y asintió. "Bien," dije con un suspiro, sonriendo cuando Jasper avisó que había visto a Tyson.

"Nada lo despertará," susurró, mirándome al mismo tiempo que envolvía sus brazos alrededor de mi cuello, pero me la quité de encima.

"¿Por qué no empacas unas cuantas cosas?" Le sugerí porque ella sabía que me dirigía a "mi nuevo trabajo", y necesitaba detenerla el tiempo suficiente para que el señor Rollins trajera a la policía a la puerta.

Di un suspiro de alivio cuando quitó sus manos de mí y empezó a arrojar unas cuantas cosas en una pequeña maleta. Para cuando había cerrado la maleta, hubo un golpe en la puerta.

Susan trató de detenerme, pero abrí la puerta de todos modos, dejando entrar a la policía con Harold pisándoles los talones. Mientras los policías la arrestaban, él cargaba a su hijo con cariño, dejando besos frenéticos en su rostro.

Sonreí cuando una vocecita se abrió paso por encima de los fuertes sollozos de la mujer siendo conducida fuera de la habitación.

"Papi," murmuró con un bostezo, solo para quedarse dormido de nuevo.

Harold se acercó a mí, acunando a su niño. "Gracias," dijo con un suspiro, mirando hacia la mesita de noche. "Ella acostumbraba darle eso en casa cuando yo salía en viaje de negocios. Él estará bien."

"Bien," gruñí con un gesto de mi cabeza.

"Dale las gracias a Bella por mí, ¿quieres? Y les enviaré el resto de mi pago a primera hora."

"Sí, señor," le dije con una sonrisa y un torpe apretón de manos porque él apenas podía dejar de tocar a su hijo. "Siento que se llevara tanto tiempo."

"Con tal de tener a mi hijo de vuelta, Edward," fue todo lo que dijo, despidiéndose con la mano al dejar la habitación del hotel.

Bajé las escaleras, mis manos en mis bolsillos mientras observaba a Harold meter a su hijo con cuidado en el coche. La otra escena no era tan placentera porque Susan Rollins era un desastre, llorando y borracha en la parte trasera de un coche de policía.

El oficial Jackson se acercó a mí, tendiéndome su mano. "Buen trabajo, señor," me dijo, sujetando mi mano con firmeza. "El señor Rollins explicó que había contratado un investigador privado para encontrar a su hijo. Los casos de custodia son los más difíciles para nosotros. No tenemos suficiente personal…"

Asentí, pero estaba listo para irme. "¿Qué va a pasarle a ella?" Le pregunté, señalando a la parte de atrás de la patrulla.

"Tiene que ser trasladada de vuelta a Seattle," me dijo, mirándola. "Va a ser arrestada, fichada y procesada. Es una amonestación menor, pero lo que realmente necesita es ayuda…"

"Tiene razón," dije con un suspiro, de pronto realmente cansado e incapaz ya de preocuparme de la exseñora Rollins. Quería ver a mi chica.

Una vez que hablé nuevamente con Harold, me encontré con Emmett y Jasper frente al coche.

"¿Cómo está Bella?" Me preguntó Emmett, dejándose caer en el asiento del pasajero de mi Challenger al mismo tiempo que Jasper se acomodaba en el asiento trasero.

"Enferma. Y quiero llegar a casa con ella," gruñí, arrancando mi coche y chirriando las llantas al salir de una puta vez de allí. Saqué mi teléfono y marqué a casa.

~oOo~

BELLA

Mi estómago se revolvía por las náuseas con cada comercial de comida rápida en la televisión, y apagué la maldita cosa. Fulminé el teléfono con la mirada, deseando que sonara con algunas noticias sobre Tyson, aun cuando acababa de terminar de hablar con Edward. Estaba nerviosa por encontrar a ese chico porque había sido un fastidio encontrar a su madre—la arpía loca. Era una cosa querer joder su propia vida, pero no podía dejar a su hijo fuera de ello.

También estaba nerviosa por Edward porque él y los chicos no estaban acostumbrados a este tipo de misión sutil —misiones donde tienes que interpretar un papel, ser alguien más por solo un poco de tiempo. Mi Edward no era precisamente sutil cuando se trataba de su temperamento, y su ira se había encendido cuando había escuchado a Harold Rollins hablar sobre su exesposa y su hijo. Si se lo hubiera dejado a los chicos, ellos solo hubiera entrado con las putas armas por delante, pero no había forma de saber sobre Tyson. No necesitaba terminar aterrorizado con necesidad de terapia; solo que se le llevara de vuelta con su padre.

Un ligero golpe en la puerta trasera me distrajo de mi preocupación, y dije en voz alta, "Entra, Esme."

Levanté la vista cuando entró, sus brazos llenos de algunas bolsas de supermercado. "Estoy enferma, no inválida, Esme," la regañé con cariño.

"Silencio, niña bonita," dijo riéndose, rodando los ojos y sentándose en el borde del sofá, sintiendo mi frente para ver si había fiebre. Puso las bolsas en la mesita de café, sacando otras bebidas deportivas para que bebiera. "Solo te traje algunas cosas…" Podía ver una mirada cómplice en sus ojos al mismo tiempo que sacaba una cajita de una de las bolsas, entregándomela.

Me le quedé mirando a la cajita, y de pronto, un montón de cosas olvidadas volvieron a mí. "Oh mierda," dije entre mi aliento, levantando la vista y contando las últimas semanas… y luego hasta casi dos meses enteros atrás. Mi último período había sido justo antes de que se comenzara la obra de la oficina de Gravity. De hecho, si estaba contando correctamente, mi último período fue justo antes de que Edward y yo hiciéramos el amor en el helicóptero.

"Sabes que han pasado meses desde que te puse esa última inyección, Bells," me dijo, una ligera advertencia en su voz, pero también podía escuchar esperanza, amor y paciencia. "¿La has estado recibiendo con tu médico habitual?"

Mi corazón refulgió por completo fuera de control porque tenía razón, y lentamente negué con la cabeza. Con todo lo que Edward y yo habíamos pasado, con la mudanza, la reconstrucción de Gravity, e incluso este caso en el que estaba trabajando ahora por mí, me había olvidado por completo de mi inyección anticonceptiva.

"Va a matarme," dije con un jadeo, las lágrimas acumulándose en mis ojos. "¡Ni siquiera estamos preparados para casarnos, mucho menos para esto, Esme! ¿Qué hago?"

Me sonrió, tomando mi mano y dejando que el anillo de Elizabeth Cullen brillara con la luz tenue de la sala. "Creo que ustedes dos siempre han encontrado su camino, cariño. Y creo… que no le estás dando a ese chico el crédito suficiente."

Limpiando mis lágrimas, asentí, sabiendo que tenía razón, y luego me levanté del sofá, llevando la caja conmigo. No se requirió que pasara todo el tiempo en el cronómetro para que la pequeña marca extra apareciera en la varita de plástico. Vomité una vez más, por si había dudas, antes de regresar a la sala entregándosela a ella.

No pude evitar darle una sonrisa a medias cuando dio un chillido con total alegría y felicidad. Pero mis lágrimas comenzaron de nuevo porque sinceramente estaba asustada. Estaba asustada de lo que significaba para mí, para mi trabajo. Estaba asustada por lo mucho que mi vida cambiaría, y estaba absolutamente muerta del puto miedo por la reacción de Edward.

Pero, por encima de todo, también estaba… verdaderamente feliz. Imágenes del rostro de un angelito con una cabeza llena de cabello oscuro y ojos verdes me abrumaron de pronto cuando Esme me abrazaba mientras lloraba.

"Las cosas tienen que cambiar, niña bonita," susurró, besando mi frente. "Tienes que empezar a comer correctamente—no más café, no más cerveza—y tienes que decirle a Edward cuando llegué a casa, Bella."

Asentí, sorbiendo mi nariz e hipando otro sollozo, pero todo lo que había estado sintiendo recientemente tenía perfecto sentido. Había sido una perra temperamental, más enferma que un perro, y últimamente, muy lujuriosa por la simple presencia de Edward. Mis hormonas viajaban en la montaña rusa del infierno.

Esme se quedó, sonriendo sabiamente cuando por fin escuché de Edward contándome que la misión había ido perfectamente, que la asaltacunas no lo había besado, excepto en la mejilla, y que él y los chicos estaban de camino a casa. Había sido un completo éxito, pero sus últimas palabras para mí fueron, "Bebé, ¿cómo te sientes?"

"Estaré mejor cuando estés en casa," le respondí honestamente porque necesitaba decirle esto. Toda nuestra relación giraba en torno a apoyarnos el uno al otro, y con estas nuevas noticias, estaba realmente agradecida por ello.

"Unas cuantas horas, dulzura," me prometió. "Duerme un poco, por favor."

"Lo intentaré," dije con un suspiro, pensando en que no había forma de que eso sucediera, pero lo hice. Me quedé dormida casi en el momento que Esme me dejó después de jurarme que no le diría a Carlisle todavía. A cambio, me hizo prometerle ver a mi médico a primera hora.

Desperté cuando me levantaron del sofá y me cargaron a nuestra habitación. Miré a Edward con ojos desenfocados y adormilados.

"Vuelve a dormir, bebé," me susurró, besando mi frente cuando me acurrucó bajo las mantas.

Me hice un ovillo, viéndolo desvestirse hasta quedar en sus bóxers, y luego me retorcí acercándome a él lo más que pude. Fue cuando me atrajo hacia él, permitiéndome amoldarme a su parte delantera, que mis lágrimas comenzaron otra vez porque simplemente no sabía cómo se tomaría las noticias.

Me sorbí la nariz, introduciendo mis dedos en su cabello y pegando su frente a la mía. Joder, era simplemente tan hermoso, que casi dolía el verlo. Y a pesar de lo pronto había quedado embarazada, el hecho de que había algo, que habíamos hecho creciendo, dentro de mí me hacía amar a Edward aún más.

"Hey, hey," me tranquilizó, metiendo mi cabello detrás de mis orejas. "Bebé, ¿qué pasa?"

"Yo… tengo algo que decirte," dije en un sollozo, sentándome y limpiando mis lágrimas con el dorso de mi mano. "Y no sé… no estoy segura… ¡Mierda!" Grité, mirándolo cuando se sentó junto a mí. "Metí la pata, Edward… y mucho. Pero es una buena metida de pata… o tal vez sea una metida de pata antes de tiempo…"

Edward soltó un resoplido, tomando mi rostro entre sus manos. "Y pensaba que yo era el de los problemas para hablar," se rio, pero levantó mi barbilla con suavidad de manera que lo viera a los ojos. "Solo… suéltalo, amor. No puedo imaginar que metida de pata merezca que te pongas tan nerviosa."

Solté un bufido sorbiéndome la nariz porque no tenía idea, pero decidí que debería hacerlo rápidamente, como arrancar una venda. "Estoy… embarazada, Edward," le susurré mientras más lágrimas corrían por mi rostro.

Se quedó inmóvil, con la excepción de sus cejas. Esas chicas malas se dispararon hasta la línea de su cabello. Edward inclinó su cabeza hacia mí, su boca se abrió una vez, solo para cerrarla de nuevo. Sus ojos verdes, que estaba llenos de preocupación, se oscurecieron por la confusión.

"Es mi culpa," exploté por la histeria, retorciendo mis manos. "Me olvidé por completo de mi inyección. Con todo… y el trabajo… y estamos comprometidos… yo solo…" Sabía que no tenía ni un poco de maldito sentido, pero mi estómago se revolvió otra vez y me levanté como un resorte de la cama y entré al baño.

Lo único que tenía en mi barriga eran líquidos, y fueron los que perdí al instante, pero cálidas y ásperas manos sostuvieron mi cabello cuando vomité de nuevo. Tomé el paño que me tendió, sentándome sobre mis talones.

No podía mirarlo. No quería saber si estaba enojado porque era una jodida cobarde. "No me odies," le susurré, limpiando bruscamente mi rostro con el paño.

"No te odio, bebé," susurró contra mi frente. "¿Estás segura? ¿Esto es por eso? No es gastroenteritis, ¿cierto?" Divagó, pero al menos podía formar una frase completa, y la ironía de ello no me pasó desapercibida.

Asentí, mirando mis manos retorciéndose otra vez y no al hombre que estaba sentado en el piso del baño a mi lado. De nuevo, sus dedos levantaron mi cabeza por debajo de mi barbilla de manera que pudiera mirarlo.

"No te odio, Bella," insistió, asegurándose de que realmente lo estuviera viendo. "¿Cómo podría odiarte? T-Tú llevas a m-mi b-bebé d-dentro de t-ti…" Balbuceó, tragando grueso. "Sé que estás asustada, pero… los dos lo hicimos," declaró con firmeza.

Y ahí estaba. Ahí estaba mi Edward, nervioso, honesto, pero en control de sí mismo y que, joder, tanto necesitaba en ese momento.

Asentí, lágrimas acumulándose en mis ojos. "Estoy asustada, pero ya lo amo… la amo…"Dije sorbiéndome la nariz, sonriendo cuando me regaló su suave risa. "Sé que es estúpido y una locura que sea precisamente ahora. Lo siento…"

Me interrumpió con un beso rápido, a pesar de que acaba de vomitar. "También soy un adulto en esta relación, Bella. También soy responsable de ello. Aunque estoy encontrando difícil sentirme culpable."

"Vamos a ser padres, Edward," le susurré, sacudiendo mi cabeza, pero nuevamente, un niñito con cabello alocado y ojos verdes inundó mi mente, y no pude evitar sonreír al mismo tiempo que me levantaba para lavarme los dientes por lo que sentí como la centésima vez en el día.

"¿Q-Qué h-hacemos a-ahora, amor?" Me preguntó, ayudándome a ponerme de pie y a apoyarme en el tocador mientras me lavaba.

Una vez que me enjuagué la boca, le dije, "Ir al médico. Esme me dijo…"

Edward asintió, sonriendo con mucha ternura mientras caía de rodillas frente a mí. Levantó el frente de la camiseta que estaba usando y plantó un prolongado y lento beso en mi vientre. "Dime cuándo y dónde, Bella. Estoy contigo… estoy totalmente contigo, bebé."

~oOo~

"Cásate conmigo, Bella," susurró Edward cuando presionó sus labios en mi ahora gran panza.

"Sí, Edward," le respondí con una risita, rodando los ojos a su enésima propuesta porque ahora, era solo una broma.

No era que no quisiera casarme con él, pero el tiempo estaba en nuestra contra. Nunca podríamos solo hacerlo. Y ninguno de los dos queríamos una gran fiesta, sobre todo con el bebé en camino porque ella era más importante que nosotros dos combinados.

Se rio cuando nuestra hija le pateó la cara. "De seguro va a ser como tú. Toda una luchadora, inteligente y terca," bromeó, besando el lugar en mi piel. "¿Verdad, pequeña dulzura?" Le canturreó a mi estómago, y ella lo pateó de nuevo.

Me reí de él porque en primera, casi me orinaba de las cosquillas que me hacía con su barbado y áspero rostro. Y en segunda, pensaba que era el mejor día de su vida porque acabábamos de enterarnos que íbamos a tener una niñita. Habían pasado cinco meses desde que le dije, y no creo que haya un hombre vivo que hubiera aceptado las noticias con tanta felicidad como lo había hecho Edward. Yo estaba aterrorizada, pero él me dijo que pensaba que era lo mejor que le había pasado. Jamás.

"Me voy a casar contigo, Edward," me reí otra vez, retorciéndome debajo de él cuando frotó suavemente su barbilla sobre mi vientre. "Lo sabes," lo regañé.

"Lo sé, pero todavía me gusta escucharlo." Se rio y luego se volvió hacia mi pancita. "Dile a mami que debería casarse con papi… por decir, mañana, Bethy."

No sabía que era más adorable. El hecho de que ya estaba conspirando con nuestra hija contra mí, o que al parecer ella adoraba el sonido de su voz porque parecía moverse más cuando le hablaba así.

"Señorita Elizabeth, dile a papi que tiene que ponerse a trabajar en tu cuna." Me reí con un resoplido, levantándole una ceja al mismo tiempo que frotaba mi barriga donde su barba había hecho que me picara.

No creo que ninguno de los dos haya tenido que pensar mucho en su nombre—Elizabeth Renee Cullen – y a los dos se nos había escapado en el coche de camino a casa desde el consultorio del médico. Ponerle el nombre de nuestras madres fue fácil. Eran los nombres de niños los que nos estaban haciendo la vida imposible. Si se lo hubiéramos dejado a nuestra familia y amigos, los nombres de los pobres niños hubieran sido, Carlisle Alec Jasper Emmett Eleazar Cullen. Ni en broma.

"Papi lo hará," dijo Edward con un suspiro, subiendo un poco de manera que estaba cerniéndose sobre mí. "Estoy esperando a que llegue la barniz especial que ordené. No me di cuenta de cuántas regulaciones de seguridad tenía que seguir en lo que tiene que ver con el espacio entre las barras, la altura, e incluso la pintura," dijo encogiéndose de hombros, "pero ella tendrá un lugar donde dormir para cuando llegue."

"Bien," suspiré contenta al mismo tiempo que tomaba su rostro entre mis manos y lo besaba hasta dejarlo sin sentido porque Edward no estaba nada sino eufórico por tener este bebé.

Había estado en todas las citas con el médico y apenas podía contenerse cuando se trataba de contarle a todos. Eso no quiere decir que no estuviéramos nerviosos, porque realmente lo estábamos, pero justo como al inicio de nuestra relación, nos tomamos las cosas con calma, con cuidado, aprendiendo tanto como podíamos a medida que avanzábamos.

Pero nadie estaba tan feliz como Carlisle.

Era como si todos los días fueran Navidad para él desde que le dimos la noticia. No podía esperar a ser abuelo—o Poppy, (2) como todos le pusimos—y le encantaba. Ya había abierto cuentas, fideicomisos, y fondos universitarios, y estoy casi segura que estaba guardado el viejo Camaro para dárselo en su cumpleaños número dieciséis. Sin mencionar el hecho de que abrió un crédito para él en Toys R Us (3), solo para consentir a Bethy.

Una bocina sonó afuera, y Edward suspiró, tomando mi rostro entre sus manos. "Reunión de Gravity," gimió, rodando los ojos, pero luego se levantó de un salto como un niñito. "¡Pero Emmett me debe cien putos dólares! Le dije que era una niña hace siglos…" Dijo rápidamente, sacando la ecografía como si fuera una preciada posesión.

"¡Hey, papá!" Solté una carcajada, estirando mi mano hacia él porque estaba completamente atorada en nuestro sofá. "Antes de que te vayas corriendo y me dejes como una tortuga de espaldas, ¿puedes ayudar a una chica?"

"Mierda, lo siento, amor." Se rio entre dientes, ayudándome a levantarme sobre mis muy hinchados pies y besando mi frente.

Lo atraje hacia mí, envolviendo mis brazos en torno a su cintura. Cerré mis ojos cuando cálidos y fuertes brazos me abrazaron y besos fueron plantados en el tope de mi cabeza. Tomé una respiración profunda, solo apoyándome en él.

"Podemos solo… irnos, Edward," le susurré, poniendo mi barbilla sobre su pecho y mirándolo fijamente. "Solo irnos a alguna parte y casarnos. No me importan las tradiciones o nada de esa mierda. ¿Y a ti?"

Edward sonrió y negó, besando mi frente y luego mis labios. "¿Mañana?"

"Sí," accedí con una risita. "Mañana."

Nos casamos dos días después en San Francisco en el Palacio de Justicia. Los únicos testigos fueron Carlisle y Esme, y algo así era lo que queríamos, aunque nuestros amigos nos montaron una tremenda fiesta cuando regresamos. Y fue perfecta.

Elizabeth Renee nació dos meses después—pequeña dulzura, de acuerdo a su padre, Bethy para el resto de nosotros—perfectamente saludable y por cesárea. Estaba gorda y era una ternura, con la cabeza tupida de cabello del mismo color que el mío pero con hermosos reflejos rojizos. Y aunque sus ojos eran azules, no se tomó mucho tiempo empezar a notar el perfecto verde.

No había ni un solo mueble en la habitación de nuestra hija que no hubiese sido hecho por Edward. Lo hizo tan perfectamente que todas mis chicas querían algo similar cuando estuvieran listas para tener niños, lo que Edward y yo asumimos no tomaría mucho tiempo porque Emmett y Rose ya estaban casados, Jasper y Alice estaban comprometidos, y Wes y Makenna estaban perdidamente enamorados el uno del otro. Aunque Carlisle todavía no le había hecho la pregunta a Esme.

Pero fue lo que Edward estaba haciendo para ella, antes de que Bethy siquiera tuviera un año, lo que me hizo enamorarme de nuevo de él, lo que es ya mucho decir porque lo amaba con tanto ardor como siempre.

Me recosté en la sombra con Bethy dormida en mi pecho, mientras observaba a Edward, Jasper, Emmett y Alec construir una casa de árbol que rivalizaba con la que yo había crecido. Estaba en un enorme roble en el patio trasero. Los planos eran súper secretos, pero no se llevó mucho tiempo en que empezara a tomar forma. Con un porche alrededor, una escalinata—en lugar de escalera—y ventanas que se veían reales, era hermosa. Y conociendo a Edward, la pintaría de color blanco con un borde azul para que combinara con la casa. Casi esperaba ver una pequeña bandera de los Estados Unidos una vez que estuviera terminada.

Rose se paseaba de un lado al otro al teléfono, hablando con el siguiente posible cliente. "Bueno, espere un momento, voy a revisar nuestra agenda y ver si tenemos disponible a un hombre para esa fecha." Puso su mano sobre el teléfono, gritando hacia el árbol. "¡Chicos!"

"¿Sí?" Todos le respondieron.

"Necesito a uno de ustedes para servicio de protección pasado mañana en Seattle. Un diseñador de modas va a inaugurar una nueva línea en el centro. Necesitan a alguien desde el aeropuerto, hacia el show, a un reunión para socializar y luego de vuelta al aeropuerto, es un trabajo de un solo día…"

"Yo lo haré," gruñó Alec al mismo tiempo que levantaba un tablón con Jasper para que Edward y Emmett pudieran clavarlo en su lugar.

Rose asintió una vez, sacando su libreta de notas. "Está bien, está cubierta. Deme los detalles."

Bethy saltó, se movió, se retorció y luego rompió en llanto cuando uno de los chicos dejó caer un tablón con demasiada fuerza.

"Maldición," gruñó Edward, inclinándose sobre la barandilla del porche. "Lo siento, bebé," me dijo con una mueca y entonces bajó corriendo los escalones. "Fui yo…"

Me levanté, meciendo y arrullando a Bethy, pero era asombroso de ver lo que su papá podía hacer.

"Ven aquí, pequeña dulzura," dijo en voz baja, y sacudí mi cabeza cuando se tranquilizó casi de inmediato.

Sus ásperas y grandes manos la cargaron, sosteniéndola por encima de él de manera que sus frentes estuvieran juntas, e hipó una vez, agarrando su rostro con un poco de barba. No había nada más sexy que Edward sosteniéndola sin camisa y tarareándole en voz baja. Nada. Estaban hechos el uno para el otro.

"Tengo que devolver algunas llamadas, Edward," le dije cuando se sentó con una infante casi dormida en sus brazos. "¿Puedes quedarte con ella un rato?" Le pregunté, a sabiendas que lo haría.

"Sí," dijo con un gesto de su cabeza. "Estábamos por terminar el día, de todos modos. Emmett tiene ese caso de adopción en el que está trabajando y tiene que irse."

Asentí y besé a mi esposo y luego a mi hija. "Esos son difíciles porque los registros están cerrados. ¿Ha podido ayudar Alice?"

"No debería," se rio Edward, recostándose y dejando que Bethy se tumbara en su pecho, su frente pegado al de él. No pude evitar sonreír cuando sus dedos jugaron con sus deditos. "Es jodidamente ilegal, pero estoy casi seguro que le consiguió el árbol familiar."

"Bethy todavía necesita que se le alimente una vez más y bañarla antes de dormir," le dije, "así que dame una hora para trabajar, y luego la vamos a acostar, ¿está bien?"

Mi trabajo duró más de una hora porque tenía tres casos que discutir con Rose, Makenna y Alice. Cuatro llamadas muy largas, una crisis nerviosa, una agenda para los tres casos, y asignar esos casos me tomó casi dos horas y media antes de que entrara de nuevo, después de mandar a las chicas a casa.

Entré, encontrando a Edward meciendo a nuestra hija mientras le leía en su habitación. "No estoy segura de que Tom Clancy sea precisamente lectura infantil, aeronauta," bromeé.

Se rio, mirándome y dándome un guiño. "Está dormida, y nada más estaba funcionando."

"Siento haber tardado tanto," dije con un suspiro, tomando a mi durmiente niña de sus brazos. "Tengo un caso para los dos, pero necesito ver si tu papá y Esme cuidarían de Bethy por dos días."

Edward se rio. "Con gusto. Ayer se estaba quejando de que la acaparamos."

"Es nuestra hija," le dije con una risita, rodando los ojos y acostándola en su cuna. Después de cubrirla, no pude evitar recargarme en Edward, solo mirándola. "Es hermosa, Edward," dije con un suspiro, sintiendo como si mi corazón apenas pudiera contener mi amor por las otras dos personas en la habitación.

"Es igual a su madre," canturreó, besando un lado de mi cuello. "Testaruda, fuerte, y preciosa."

Sonreí, dándome la vuelta en sus brazos. "Y se cabrea fácilmente como su padre." Solté unas risitas, chillando cuando me cargó.

Antes de que dejara la habitación, se volvió para mirar otra vez a Bethy. "Les va a hacer la vida imposible, bebé," me dijo riéndose, sacudiendo la cabeza y luego besando mis labios. "Va ser de armas tomar."

Dicho eso, apagó la luz y me llevó a nuestra habitación.

~oOo~

Tres años después…

EDWARD

"¡Eso no es un strike!" Gritó Emmett a la televisión, sacudiendo su cabeza y tomando un largo trago de su cerveza.

"Vamos, golpea esa cosa hacia las malditas gradas," instó Jasper, sentándose en el borde de la silla.

"¿Dónde está mi niña?" Mi papá preguntó, mirando alrededor de la sala.

Solté un bufido, sacudiendo mi cabeza. "Que yo sepa, estaba planeando la dominación del mundo en su habitación, con un ejército de ositos de peluche," le dije, sonriendo cuando se rio.

"Ella ganará…." Se rio Jasper, poniéndose de pie. "Voy por otra," dijo, levantando su botella de cerveza vacía. "¿Alguien más quiere?"

"Sí," todos respondimos.

Era el primer fin de semana en siglos que todos habíamos podido reunirnos en mi casa para un juego de los Mariners (4). La única del viejo equipo que faltaba era Mickey, pero había sido robada por el día por las chicas, aunque ella preferiría estar con ellas de todos modos. Habían salido de compras a Seattle para la boda de mi papá y Esme. Alec tampoco estaba allí, porque estaba en una asignación en Los Ángeles.

Mi padre finalmente le había pedido a Esme que se casara con él hacía un par de meses, y de entre todos nosotros, ellos querían la boda en grande, cuando el resto de nosotros solo hicimos lo del juzgado. Tal vez era algo que tenía que ver con los medios porque ahora estaba operando Twi Tech con puño de hierro, o tal vez era algo relacionado con Esme porque ella nunca antes había tenido una boda real por la iglesia. Pero sea lo que sea, todas las chicas lo estaban disfrutando, y estaban planeando todo.

Para ser honesto, de verdad estaba feliz por mi padre. Era algo muy anhelado por él. Pareciera que desde la muerte de mi madre, siempre había estado solo y, viendo ahora en retrospectiva, un poco triste. Sin embargo, Esme había cambiado todo eso en él, y solo habían mejorado y vuelto más fuertes en los últimos años.

Levanté la vista cuando escuché un portazo en una recámara, tomando una cerveza de Jasper cuando volvió a entrar en la sala.

Los golpecitos de los pies de Bethy sobre el piso de madera hicieron eco por el pasillo hasta que pasó por la sala tan rápido como pudo sin correr en realidad. Sus manos llenas de solo… cosas. Escuché que la mosquitera se abrió y luego se cerró de golpe.

"Está bien, parte alta de la sexta entrada… sin outs, corredor en base," dijo Jasper, frotándose las manos.

La mosquitera se azotó de nuevo, y esta vez, todos vimos a mi hija pasar rápidamente por la habitación sin nada más que un vistazo hacia nosotros.

"Seguro que está tramando algo," dijo mi papá con un bufido.

"Siempre," dije con un suspiro pero sonreí porque ella era increíble.

Elizabeth Renee Cullen tenía tres años pero era muy madura para su edad y una versión mejorada de su madre. Era tan inteligente, tan adorable y estaba en constante movimiento. Tenía el hermoso cabello largo y oscuro de Bella, con solo un toque rojizo en él, pero sus ojos eran igual a los míos—de un verde brillante que me recordaban los míos, pero más aún los de mi madre. Eran más tenues, cálidos, pero tenían el destello travieso de los míos, de acuerdo a mi esposa.

¡Portazo! Golpecitos- golpecitos- golpecitos….

Pasó de regreso, otra vez con sus brazos completamente cargados. Vi animales de peluche, sombreros, ropa, y algunas otras cosas que no pude ver bien cuando salió disparada por la puerta mosquitera.

"¿Um, Eddie?" Murmuró Emmett, mirándome. "¿Qué está haciendo la niña?"

"No tengo idea," le respondí, riéndome, y algunas veces era mejor dejarla en paz. Además, no era nada sino entretenida.

Para cuando lo hizo por tercera vez, silenciamos la televisión y solo empezamos a esperarla, pero cuando regresó de afuera la última vez, se detuvo frente a la televisión.

"¿Qué es lo que tramas, pequeña dulzura?" Solté una carcajada porque levantó la mano y apagó la televisión por completo, para la sorpresa de los chicos.

"Y-Ya e-es hora, p-papi," balbuceó.

Oh sí, adquirió su tartamudeo directamente de mí, y no podía hacer nada más que amar cada palabra que decía porque a pesar de su pequeño defecto en el habla, podía comandar una sala sin vergüenza. El hecho de que llevaba una camiseta camuflada en rosa y una faldita de mezclilla era la cereza del pastel. Con la mitad de su cabello recogido en dos colitas, levantó su cabeza hacia todos nosotros como si ya hubiera perdido la paciencia.

"¿Hora para qué, Bethy?" Le preguntó mi padre, sentándose hacia adelante en el sofá.

"P-Para e-el t-té," le dijo, y yo hice una mueca. "P-Papi, tú lo pu-pu-pometishte," me regañó, señalándome con su dedo.

"Lo hice, dulzura," le dije, "¿pero podrías esperar hasta después del juego?"

"No." Refunfuñó, caminando hacia mí. "¡M-Mami dice q-que el t-té es a las d-dos… y y-ya son las d-dos!"

"¿Puede decir la hora?" Murmuró Jasper, sus cejas se elevaron, y asentí despacio.

"Sí, puede," dije con un suspiro, acercándola a mí cuando trató de levantarme de la mano. "Les dije… la dominación del mundo…"

Mi papá se rio bajito porque no había mucho que Bethy hiciera que no disfrutara. Joder, la malcriaba pero tenía más paciencia con ella de lo que recuerdo jamás tuvo conmigo.

"¿Lo prometiste, hijo?" Me preguntó mi papá.

"Sí, tenía que lograr que se durmiera de alguna forma," murmuré, rodando los ojos al escuchar su risa.

"Po favo, p-papi," me dijo, subiéndose a mi regazo, aferrándose a mi camiseta. Finalmente, le di una mano y me eché hacia atrás, poniéndola a horcajadas en mi regazo. Agarró los dos lados de mi cara y pegó su frente a la mía. "T-Tú dijiste a-anoche que t-tomarías el t-té conmigo en la casa del álbol. ¡Lo hiciste! Te escuché."

"Lo hice, Bethy." Me reí porque no había soltado mi cara. "Y lo dije en serio, pero pensaba en después del juego."

"¡N-No! ¡A-Ahora!" Dijo con su sonrisa angelical y contoneándose para acercarse a mí justo como lo hacía su madre cuando quería algo.

Cuando me quitó la gorra de béisbol y me alborotó el cabello, estaba acabado. Tampoco había mucho que pudiera hacer al respecto. Mis dos chicas conseguían que hiciera casi cualquier cosa cuando hacían eso. Tenía algo que ver con los ojos suplicantes, la leve inclinación de su cabeza, y los dulces besos en mi mejilla. Las dos, mi esposa y mi hija, sabían exactamente cómo manejarme, pero no me importaba porque eran mi puto universo, y no lo cambiaría por nada en el mundo.

"¿Qué pasa con poppy?" Le pregunté, sonriéndole a mi padre con suficiencia. "¿No crees que debería venir?"

"¡Sí!" Chilló, sonriendo y bajándose de mi regazo. Agarró nuestras manos, y esta vez dejamos que nos levantara.

Mi papá la cargó en sus brazos, plantando ruidosos besos en su rostro y cuello solo para escucharla partirse de la risa.

"¿Qué hay del juego?" Preguntó Emmett, apuntando a la televisión con el control remoto y encendiéndola de nuevo.

"¿No crees que el tío Em y el tío Jazz también deberían venir?" Le susurró en complicidad mi padre.

"¡Tío Em… tío Jazz… tenen que venil!" Les rogó a los dos, y contuve mi risa porque esos dos harían cualquier cosa por ella… excepto cuando se trataba de interrumpir un juego.

"¡Chicos! ¡Arriba, ahora!" Ordenó mi padre sin molestarse en darse la vuelta mientras la sacaba por la puerta mosquitera.

"Aw, demonios," murmuró Jasper, pero apagaron la televisión y nos siguieron afuera y arriba por los escalones hacia la casa del árbol.

Todos nos sentamos estilo indio, apiñándonos en la casita del árbol de mi hija. Sabía que Bella amaba la que había tenido al crecer, así que construí una aquí. Era igual a la de Bella pero con un poco más. Tenía electricidad, ventanas que funcionaban, incluso un pequeño ventilador de techo, sin mencionar calefacción para el invierno. Demonios, era una versión en miniatura de la casa.

Bella la había decorado con estanterías, puffs (5), y pequeñas cortinas de colores brillantes. Incluso había un sofá en miniatura aquí arriba. Creo que la mayoría de los libros en las estanterías le habían pertenecido primero a Bella. Una de mis cosas favoritas era encontrarlas aquí, acurrucadas en un puff, mi esposa leyéndole a Bethy—algo que habíamos iniciado cuando era bebé.

Mientras Bethy entregaba tazas de té llenas de agua con platos, cogí un helicóptero pequeñito de la repisa, girando las aspas. Era nuevo, y me pregunté dónde lo había conseguido.

"Pequeña dulzura, ¿quién te dio esto?" Le pregunté, sentándola en mi regazo, sonriendo cuando chilló.

"Mami," me respondió, quitándomelo. "Me d-dijo que un d-día, p-podría v-volar mi helicóptero."

Me eché a reír, besándola ruidosamente en el cuello y haciéndole cosquillas cuando prácticamente gruñó la palabra "helicóptero". Se retorció bajándose de mi regazo, alborotó mi cabello y volvió a la formalidad de su hora del té.

"Eso sería genial, pequeña," animó Emmett, poniéndose un enorme sombrero de ala ancha y tomando una boa de plumas color rosa que ella le daba.

"E-Eso es lo q-que dice tía Ais." Soltó unas risitas, dándole a Jasper lo que parecía un Bonnet o alguna mierda de esas. "Ahora," gritó, señalándonos a todos nosotros. "¡Tienen q-que b-beber con s-sus dedos t-tiquitos levantados!"

~oOo~

BELLA

"¿Por qué no trajiste a Bethy hoy?" Preguntó Mickey desde el asiento trasero de mi SUV.

Di la vuelta en la 101 para dirigirme a casa. Había sido un largo día de planes, compras, y pruebas. La boda de Esme y Carlisle era la única boda a gran escala entre nosotros, por lo que todos estábamos viviéndolo a través de ellos. No tenía quejas de cómo me había casado con Edward porque fue sencilla y tranquila, y entonces tenía siete meses de embarazada de Bethy.

"Estaba determinada a quedarse con su papi hoy." Me reí, sacudiendo mi cabeza al pensar en mi obstinada hija. "Algo sobre una promesa que él le hizo, pero no me soltó nada."

Todas las chicas se rieron porque la conocían. Era terriblemente inteligente y completamente adorable. Tenía cero tolerancia a las pendejadas, justo como su padre.

"Son como dos gotas de agua." Se rio Rose, sacudiendo su cabeza y frotando su ahora enorme barriga. "Nunca había visto nada igual."

Sonreí, mirándola. Le faltaba un mes para tener a su bebé, y para esta boda había sido una tortura tratar de que le quedara un vestido porque cada vez que íbamos a una prueba, ella había engordado.

"Solo espera," le dije, todavía riéndome. "Solo espera hasta que el pequeño clon de Emmett salga dando volteretas como todo un diablillo. Entonces hablaremos sobre gotas de agua."

"Es cierto, porque la hiperactividad es genética," dijo Alice sonriente desde el asiento trasero, lo que solo provocó que todas nos riéramos de nuevo.

"Fabuloso," dijo Rose con un suspiro, rodando los ojos.

Iba a tener un niño, y no podían estar más felices. El nombre todavía estaba en debate, pero Emmett estaba insistiendo en Caleb Edward McCarty. Tenía algo que ver con Afganistán y una situación de emergencia de la que Edward había sacado a Emmett, pero no conocía bien los detalles. El nombre había surgido recientemente.

Alice y Jasper estaban esperando a tener hijos. No estaban seguros de estar preparados, pero les dije que estaban equivocados porque ellos eran los niñeros favoritos de Bethy. Alice era tan inteligente, que era capaz de enseñar a mi hija casi de todo—computadoras, lenguajes, lectura—y de acuerdo a mi hija, el tío Jazz contaba las "mejores historias de todas".

Me detuve en mi entrada, presionando el control remoto para la reja y una vez más cuando pasé. Me estacioné entre mi Mustang y la Challenger de Edward. Cuando Bethy estaba en camino, no quisimos deshacernos de nuestros coches, así que habíamos optado por un tercer vehículo. Dejé que Edward fuera a conseguirlo, y había regresado con la SUV más segura del planeta—una Volvo. No dije nada al respecto porque era perfecta, pero Edward había murmurado algo sobre, "No puedo permitir que algún pendejo golpee a mis chicas."

Sus chicas. Sus dulzuras. Contuve una sonrisa ante la idea. Si pensaba que Edward era protector antes, ahora era prácticamente un vigilante. Nuestro trabajo no era tan peligroso, solo los básicos esposos infieles, niños perdidos, y familiares desaparecidos, pero mi esposo no tomaba ningún riesgo. Toda la propiedad era una zona segura. Éramos cuidadosos sobre usar nuestros nombres reales en ciertos trabajos, y nunca, jamás nos reunimos con nuestros clientes en la oficina, la que estaba detrás del helipuerto. Punto.

Cuando trabajaba, Edward se quedaba con Bethy, y viceversa. Y cuando se nos necesitaba a ambos, Esme y Carlisle se quedaban con ella sin pensarlo dos veces. Eran los abuelos perfectos—Poppy y Nanny (6) para mi hija. Se quedaba con ellos en las Torres de Twi Tech, usando mi vieja habitación como la suya, aunque tuvimos que deshacernos del color púrpura y pintarlo de nuevo en el color rosa que mi madre había elegido originalmente.

"¡Mami está en casa!" Escuché mi chillido favorito. El estruendo de pequeños pies bajando los escalones de la casa del árbol atrajo mi atención, y cargué a Bethy, dándole vueltas.

"Te eché de menos, niña hermosa," le dije, besando su mejilla. "¿Te divertiste con papi?"

"S-Sí," dijo entusiasmada, sus mejillas sonrojadas y sus ojos de un verde brillante por la felicidad. "T-También te e-eché de m-menos, mami."

El hecho de que mi pequeña hubiese heredado el tartamudeo de su papá simplemente me enternecía. Lo amaba tanto que incluso cuando el médico y Carlisle dijeron que desaparecería cuando creciera, rogaba porque no lo hiciera porque era lo más dulce que había recibido de su padre. Edward tartamudeaba cuando estaba nervioso, pero Bethy tartamudeaba cuando estaba emocionada, y eso era casi todo el tiempo.

"Así que, ¿qué fue todo eso que tú y papi habían planeado?" Le pregunté, llevándola hacia la casa del árbol.

"¡Pu-pu-pugamos a la hora del t-té con tío Em y tío Jazz y Poppy!"

Me eché a reír, con solo imaginarme a cuatro de los soldados más mortíferos que jamás había conocido tomar el té con una niña de tres años, pero si pensaba que solo habían tomado el té, estaba tan equivocada. Levanté la vista para ver la cosa más graciosa que había visto en mi vida.

Carlisle estaba usando un viejo delantal con volantes. Edward se estaba quitando una especie de bata floreada, pero fueron Jasper y Emmett los que me tenían y a las mujeres detrás de mí casi llorando de la risa. Los dos llevaban enormes sombreros de ala ancha con flores y pájaros encima de ellos, y Emmett estaba haciendo girar una boa de brillantes plumas color de rosa.

"Claro, ríanse," refunfuñó Jasper, pero Emmett sonrió ampliamente y sin vergüenza.

"Saben que se me ve genial este look," bufó con altivez, arrojando la boa alrededor de su cuello y entrando de nuevo a la casa del árbol. "¡Pequeña! Es tu turno."

"¡Oh!" Jadeó Bethy, retorciéndose para bajarse de mis brazos. "¡Voy, tío Em!"

"Un juego brutal de serpientes y escaleras. Nos arrasó en Hi Ho Cherry-O (7)," me explicó Edward con una sonrisa, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura. "¿Cómo estuvo el día de chicas?" Me preguntó, agachándose para darme un beso en el cuello.

"Productivo, pero agotador," suspiré, envolviendo mis brazos alrededor de su cuello. "Ahora comprendo por qué no tuvimos una gran boda. Es extenuante."

Sonrió, esta vez besando mis labios. "Estaba feliz con solo decir que sí," susurró entre cada mordisco a mis labios. "La cena está lista. He estado cocinando todo el día, amor. Lleva a las chicas adentro contigo."

"Bien," dije en voz baja, sin soltarlo.

"¡Tío Em, eso es trampa!" Gruñó nuestra hija, y juro que se escuchó igual que Edward.

Edward se rio entre dientes, dándome un beso rápido. "Lo ha estado haciendo a propósito para ver si lo atrapaba. Tal vez le patee el trasero antes de que acabe el juego." Se giró un poco, gritando hacia el árbol. "Bethy, chicos… es hora de comer. ¡Entren a la casa!" Ordenó.

"¡B-Bien, p-papi!"

Solté un resoplido, rodando los ojos, pero me aparté de los brazos de mi esposo a regañadientes. Le tendí una mano a mi hija y dije, "Ven, vamos a lavarnos, y luego puedes ayudar a poner la mesa."

La cena fue ruidosa, divertida, y con un intenso y divertido debate entre Emmett y Bethy con respecto a quién era más guapo—él o Edward.

"Papi," dijo con un bufido, rodando los ojos y cruzando los brazos sobre su pecho de una forma que se veía idéntica a mí, estaba a punto de ahogarme con la carne a la cacerola que Edward había hecho.

"Esa es mi niña," canturreó Edward, besando el tope de su cabeza cuando entraba otra vez a la cocina, aunque le enseñó el dedo medio a Emmett cuando Bethy no estaba mirando.

Cuando la conversación pasó de la próxima boda a trabajo, Bethy bajó de su silla y subió a mi regazo, tratando de ocultar su bostezo, pero no me engañaba.

"Un baño y a la cama, niña hermosa," le susurré, bajándola. "Ve a tomar tus pijamas, bebé, y ahí estaré para ayudarte con tu baño."

Bethy me encontró en el baño con sus pijamas favoritas— una pequeña camiseta de la Fuerza Aérea y unos suaves pantalones cortos. Estaba malditamente segura de que los chicos estaban tratando de convertir a mi hija en una marimacha, pero tenía fe en el hecho de que todavía le gustaba el color rosa, usar vestidos y jugar con mi maquillaje.

Una vez que Bethy estaba limpia, su cabello peinado y seco, y sus dientes cepillados, me puse de cuclillas frente a ella. "Será mejor que vayas a decirles buenas noches a todos, cariño."

Bostezó otra vez y asintió, caminando hacia la sala, donde todos estaban viendo los mejores momentos del juego que al parecer se habían perdido, gracias a una fiesta muy importante. Con besos y grandes abrazos a Poppy y Nanny, abrazos a las chicas, y chocando manos y puños con los chicos, mi hija fue en busca de su padre.

Lo encontró en la cocina, y él tuvo que dejar rápidamente sobre la mesa las cervezas que estaba sacando del refrigerador a fin de atraparla, riéndose y rodeándola con sus fuertes brazos.

"Buenas noches, pequeña dulzura," le susurró.

"Te amo," le canturreó, sonriéndole e inclinando su cabeza.

"También te amo, pequeña," le dijo con una sonrisa, dejando un ruidoso beso en su cuello para que chillara. "Toque de silencio, pequeña soldado (8)."

"S-Sí, señor," soltó unas risitas.

"Solo dulces sueños," le gruñó juguetonamente, y me encantaba estaba pequeña rutina entre ellos.

"¡S-Sí, señor!" Bufó en respuesta, fingiendo un rostro serio.

"A formar filas a las cero ochocientas de mañana," gruñó de nuevo.

"Bien, papi," finalmente se rio, besándolo otra vez antes de retorcerse para bajarse y venir hacia mí.

"V-Ven, mami. L-Léeme a-algo," me ordenó, y puse los ojos en blanco.

"Sí, señorita," le dije, dándole un saludo.

Nos acomodamos en su cama, y saqué el libro que habíamos estado leyendo. Por mucho que le gustara la película del Mago de Oz, el libro era diferente y daba un poco más de miedo, por lo que ahora estábamos leyendo Peter Pan. Mi hija amaba las hadas y los Niños Perdidos; estaba convencida de que Emmett tampoco iba a crecer, nunca.

Escuché que todos se fueron y Edward cerró la casa, poniendo la alarma de la puerta principal. Mi hija empezó a quedarse dormida justo cuando su padre se apoyó en el marco de la puerta. Estaba demasiado cansada para hablar, pero le extendió su mano, y los dos sabíamos que solo quería que los dos estuviéramos con ella cuando por fin se quedara dormida, de modo que se metió al otro lado de ella en su pequeñísima cama.

Terminé el capítulo, solo para asegurarme de que estuviera completamente dormida, antes de que Edward y yo nos levantáramos con cuidado de su cama. Dejando su luz nocturna encendida y la puerta entre abierta, apagamos la lámpara junto a su cama después de que los dos besáramos su frente.

"Oh, maldición," dijo en voz baja, una vez que estuvimos en nuestra habitación y me estaba desvistiendo. "Me olvidé por completo de preguntarle a tu papá y a Esme si podían cuidar a Bethy mañana. Tenemos que irnos a Portland para encontrarnos con un cliente…"

"Dijeron que sí," me respondió, poniéndose justo detrás de mí. "Les pregunté antes de que se fueran. Estaba hablando sobre el zoológico o algo así. Van a pasar la noche aquí en Forks y la recogerán por la mañana, amor."

Sonreí, cerrando los ojos al sentir sus brazos envolviéndome. Me recosté en él, inclinando mi cabeza cuando dejaba cálidos y húmedos besos a lo largo de mi cuello y hombros. Gemí descaradamente cuando cogió con firmeza mi cola de caballo y sus besos se hicieron más hambrientos, más desesperados.

Me di la vuelta para quedar frente a él, aunque no soltó mi cabello, y me pegué totalmente a él. Ya se había quitado su camiseta, y a los treinta años, mi esposo tenía un físico increíble. Todavía corría casi todas las mañanas, sin embargo, su hobby de hacer muebles lo mantenía en muy buena forma—sin mencionar que nuestra hija era un torbellino de energía.

Dejé que mis dedos recorrieran cada músculo, cada línea de su pecho y estómago al mismo tiempo que él giraba mi cabeza a fin de besar mi cuello con rudeza hacia mi oreja, donde tomó mi lóbulo entre sus dientes.

"Bella," gruñó, llevándonos hacia la cama, y me detuve cuando la parte de atrás de mis piernas tocaron el colchón. "Joder, bebé…"

"Supongo que me extrañaste hoy," bromeé al mismo tiempo que caíamos enredados en medio de la cama.

Sonrió contra mi cuello, echándose hacia atrás para mirarme cuando se acomodó entre mis piernas. Todavía estaba en sus jeans, y yo todavía traía los míos, pero su peso se sentía bien, reconfortante. Bajé mis dedos por su espalda con una mano, la otra quitando un rizo errante de su frente.

"S-Sí," balbuceó, escuchándose igual que Bethy, y le sonreí porque era, por mucho, mi sonido favorito. Era el sonido de honestidad y amor puro viniendo de él. "Probablemente te amo inmensamente, dulzura," ronroneó, bajando por mi cuerpo para presionar sus labios en mis viejas cicatrices mientras sus dedos abrían el botón de mis jeans con destreza. "Te extraño siempre que estás lejos de mí…"

Ya no pensaba mucho en ellas porque se habían desvanecido con el tiempo y con la ayuda de la crema que Esme me había dado hace mucho. Las únicas cicatrices que permanecían prominentes era la más profunda en mi muslo por la punta del cuchillo de Miller y la nueva de la cesárea de Bethy, las cuales Edward siempre tendía a darles besos y amor extras. La del muslo, una vez me dijo que significaba más para él porque era la que había besado cuando me dijo que me amaba por primera vez, y la cicatriz de la cesárea fue cuando le di el mejor regalo que ha recibido en su vida—nuestra hija.

Al quitarme los jeans y tirarlos de la cama, de hecho, rindió homenaje a esas dos cicatrices, justo como sabía que haría.

"También te amo, Edward," dije con un suspiro, mis ojos rodaron hacia atrás cuando su boca se abrió camino desde uno de mis muslos, a través de mi vientre y hacia mi otro muslo, mis de dedos se entrelazaron en su cabello. "Tanto…" Tiré un poco de él, diciendo, "Sube aquí y ámame…"

Se rio suavemente, quitándose sus jeans y subiendo de nuevo a mi cuerpo. Su boca se abrió solo un poco cuando mis piernas envolvieron sus caderas, los dos gemimos ante la sensación de nada entre nosotros.

Pegó su frente a la mía, colocando sus codos a cada lado de mi cabeza, y sus dedos apartaron ligeramente el cabello de mi rostro mientras me miraba.

"S-Soy un p-puto hombre c-con s-suerte," dijo con un suspiro, una leve sonrisa adornando su hermoso rostro al mismo tiempo que sacudía su cabeza lentamente. "Me has dado todo, Bella. Mierda que nunca pensé que tendría…"

Miré al hombre que una vez se había llamado así mismo monstruo, el mismo que yo había llamado un pendejo hipócrita. Miré al hombre que había sido iracundo, demandante, y distante, el mismo hombre que me había besado por primera vez hasta dejarme estúpida durante la persecución de nuestras vidas. No era un monstruo… era mi héroe. Era fuerte y leal, tierno y amoroso. Era un esposo y padre increíble, y el mejor compañero que podía pedir jamás. Una vez me había prometido que haría lo necesario para que estuviera segura, y no creo que en ese momento se refería a algo permanente, pero había resultado así. Construyó un mundo de seguridad para mí, y ahora nuestra hija, y lo amaba más por ello con cada día que pasaba.

Acerqué su boca a la mía, besándolo suave y lentamente, porque recordé un tiempo en que apenas podía tocarlo, mucho menos permitirle que me hiciera el amor. Y cuando se deslizó dentro de mí con deliciosa lentitud, sabía que no era el único con suerte.

Nuestras madres habían tratado de mantenernos juntos, sin embargo, dos caminos diferentes habían terminado con sus planes, pero el destino había intervenido, dándonos otra oportunidad. Lo atraje a mí, manteniéndolo cerca porque más cerca siempre era mejor.

Besé su hombro, y todo el camino hacia su oído, susurrando, "Yo también, Edward. Yo también."


(1) Es la letra de una canción y por lo general no se traduce, así que decidí dejarla así, pero literalmente es: No significa nada si no tiene ese balanceo. La versión original "It Don't Mean a Thing (If It Ain't Got That Swing)" es una composición de jazz de Duke Ellington, con letra de Irving Mills, ahora hay una versión más reciente con la voz de Tony Bennett y Lady Gaga.

(2) Poppy es un término cariñoso para abuelo en inglés, decidí dejarlo así, me gusta más

(3) Toys "R" Us es una cadena de tiendas de juguetes en los Estados Unidos.

(4) Los Seattle Mariners o Marineros de Seattle es un equipo de béisbol de MLB con sede en Seattle, Washington.

(5) Un puf es un sillón blando que generalmente no tiene respaldo. Compuesto de un relleno de material blando cubierto por una tela rígida que puede ser de diferentes materiales: cuero, tela, plástico, etc. El interior está relleno de trozos de poliestireno lo que lo hace adaptable a diferentes espacios y usos. Por su estructura parece un gran almohadón ya que carece de patas, reposando toda su base sobre el suelo.

(6) Así como Poppy, Nanny es un término cariñoso para abuela, use ese en lugar del que uso la autora Gamma, porque es más conocido en español y parecido a Poppy.

(7) El Hi Ho Cherry-O es un juego de mesa para niños clásico por varias décadas en los Estados Unidos.

(8) Toque de silencio, o Lights out como originalmente lo dice Edward es una orden militar para apagar las luces del campamento o cuartel al terminar la jornada.


Pues hemos llegado al final de esta hermosa historia :'( Espero que hayan disfrutado de ella y que este epílogo haya cumplido sus expectativas porque es todo lo que verán de nuestro Mercward…. Naaaaaa jajajaja, no las puedo engañar. Pues sí, gracias a la autora de esta hermosa historia Deb (Drotuno) podremos saber qué pasa con nuestro equipo favorito de mercenarios. Espero poder dejarles el adelanto de la siguiente historia hoy mismo, todo depende. Mientras tanto, dejen su amor a la autora y la traductora sino es mucho pedir, por compartir con ustedes esta historia. Si alguna quiere dejar un review a la autora en el link original de la historia, sería genial, una muestra más para ella de que están disfrutando de sus historias en nuestro idioma. El link está en mi perfil, se los agradecería mucho. Espero saber de ustedes y gracias por leer ;)