DISCLAIMER: Hetalia y sus personajes NO son de mi propiedad, son propiedad de Himaruya Hidekaz.


PERSONALIDADES CAMBIADAS

Capítulo 4

Espionaje

.:.:.:Cielo estrellado:.:.:.


Luego de todo el desorden que hubo en la reunión, y tener que llamar a una ambulancia para atender al pobre chino desmayado; finalmente la bendita reunión se terminó, todos los países se levantaban de su respectivo asiento, sintiéndose libres como aves después de estar enjaulados por mucho tiempo.

Ucrania caminaba tranquilamente, dirigiéndose a la única puerta de salida en aquel lugar, tenía muchas cosas que pensar y analizar. Últimamente las cosas en su casa se salían un poco de control, realmente no lograba entender. Olvidando todo el rollo político, la ucraniana se encontraba feliz, jamás creyó que alguien la iba a invitar a una cita, ni muchos menos el serio y tímido Japón.

¿Acaso el mundo se estaba volviendo loco?

Bueno, a ella no le importó eso, aunque aún no tenía el día ni la hora sobre su cita, no podría dejar de sonreír.

— ¡Ucrania-chan!—y hablando del rey de Roma… Japón gritó animadamente a la chica, corriendo hasta alcanzarla—. ¡Espera!

—Japón, ¿qué pasa?

El japonés llegó a su destino, se paró con rapidez, tomó una gran bocanada de aire y prosiguió hablando—. Se me olvidó hablar sobre el lugar y la hora para nuestra cita.

— ¡Es cierto!— exclamó sorprendida la mujer, tocando sus labios de la boca con las yemas de sus suaves y delgados dedos—. Se me olvidó por completo.

— ¡Ve! No te preocupes Ucrania-chan, ya sé dónde podría ser la cita, a dos cuadras del hotel donde nos hospedamos, hay un restaurante que me lo recomendó Alemania-san durante la junta, podría ser el viernes a las ocho de la noche. ¿Qué te parece, ve?

—Me parece bien—afirmó la ucraniana, formulando una sonrisa con sus labios suaves y carnosos—. Entonces hasta el viernes Japón, nos vemos—se despidió el país, mostrándole la palma de su mano derecha, como una muestra de despedida y se fue.

Japón suspiró, estaba demasiado feliz. Entonces igual decidió irse hacia el hotel, bueno, o eso planeaba.

— ¡Japón!—lo llamaron una voz aterradora y algo manipuladora—. No te vayas.

—I-Italia-kun, ¿ocurre algo, ve?

—B-Bueno… yo…—intentó decir con tartamudez el italiano, rascándose la mejilla con su dedo índice—. Alemania y yo vamos a ir al campo de entrenamiento, ¿quieres ir? Después de ir, comeremos un helado y… Te recompensaré el helado que tiré, ¿qué te parece?

— ¡Ve, me parece bien!—contestó felizmente, moviendo sus brazos una y otra vez como si fuera una ave moviendo sus alas para preparar el vuelo—. ¡Vamos!

—Pero recuerda que tienes que entrenar, ¿entendido?

—Si…—respondió con flojera Japón, sabía que era demasiado bueno para ser cierto, pero al menos tendría su helado gratis.

— ¡Rápido Alemania!—habló Italia, mirando en la sala de juntas a Alemania platicando con algunos países—. Tenemos que entrenar.

— ¡S-si!—el alemán se despidió cortésmente con los invitados, haciendo una reverencia al estilo japonés y luego corrió, dirigiéndose a sus amigos.

Mientras que ellos caminaban hacia el punto de reunión, para ellos el campo de entrenamiento; algunos países —tanto los involucrados por la «desgracia» de aquellas pobres naciones y otros no— miraban con demasiada atención la acción de las víctimas.

—Tenemos que hacer algo, aru—aclaró el chino y más controlado por los grandes esfuerzos de los paramédicos—. No podemos quedarnos con los brazos cruzados, aru.

—Rusia apoya a China, da.

—Tiene razón China—habló Prusia, sacando fotos a Japón. Admitía que el japonés se veía lindo actuando como Italia—. Hay que solucionar esto y rápido.

—Sí, el lindo Ita actuando como Alemania…, no me gusta—confesó España, comiendo con nerviosismo un tomate—. Romano me va a matar.

—A nadie le gusta el «nuevo» Italia…

—Es cierto señor Austria, hay que buscar una solución o esto se complicará. Propongo que los responsables de esta tragedia se hagan en cargo de todo esto—opinó la húngara, sosteniendo con fuerza el mango del pobre sartén, provocándole una grieta.

Inglaterra y Francia—que con obvias razones, igualmente vieron las extrañas escenas— tragaron en seco, dieron unos cuantos pasos hacia atrás, nadie se había dado cuenta que ellos quería escapar… Todo bien, hasta que…

— ¡Inglaterra! ¡Francia! ¿A dónde van?—habló Estados Unidos, colocando en cada uno de sus dos manos en alguno de los hombros de los nombrados y próximas víctimas—. ¿Por qué dan pequeños pasos a dirección contraria?

—Estados unidos, amigo mío…—habló Francia con una sonrisa muy amigable, hasta que poco a poco se convirtió en una terrorífica sonrisa, provocando que el norteamericano sintiera un escalofrío recorrerle en su espalda—… ¡Voy a matarte!

—Yo igual…

—Con que aquí estaban, ¿eh?—los demás voltearon a ver a los tres, los dos más grandes de edad dieron un pequeño salto, temblando un poco. ¿Qué problema se habían metido esos dos?—. Querían escaparse, ¿verdad?

—P-Por s-s-supuesto q-que no—tartamudea torpemente el francés, tratando de inventar una excusa en cinco segundos—. Jamás lo haríamos.

—Más les vale—aclaró Rusia, sacando de forma inexplicable su «bastón mágico». Sonrió, provocando un miedo si explicable en el británico y en el francés—. Oh si no, Rusia y su bastón mágico se enojaran mucho, kolkolkol…

— ¡Aaahh!—gritó Francia, con su faceta de niña de seis años completamente asustada, entonces el inglés—por ser todo un caballero— le hizo un gran favor, le dio una buena bofetada como todo un caballero lo hace.

— ¡Auch! ¡Eso dolió!

—Sí que sabes guardar la calma, Francia—dijo el inglés con un elegante toque se sarcasmo—. Claro que nos preocupamos, por eso planeamos ir a espiarlos.

— ¿Espiarlos?—preguntó Prusia, frunciendo el ceño—. Me parece buena idea, vamos, conozco el lugar. Me lo dijo Oeste.

— ¡¿Qué?!—preguntaron desconcertados los dos países rivales, no contaban con eso, solo querían ir a sus casas. ¡Qué mala suerte! ¡Prusia idiota y nada sombroso!

— ¡Sí!

— ¡No!


Italia, Alemania y Japón se encontraban finalmente en el campo de entrenamiento más cercano para los tres, aquel campo de entrenamiento era más bien un pequeño pueblo abandonado, las casas estaban en malas condiciones; algunas ventanas estaban hechos pedazos, algunos puertas partidas a la mitad o casi despegadas en el marco. Pequeños animales abundaban sobre ellas, como arañas o ratas, moviéndose en cualquier parte de cualquier casa, a Japón le producía una sensación no tan agradable.

— ¿E-Es tan necesario entrenar aquí?—preguntó asustando el japonés, sin dejar de ver las casa que lo rodeaban, sintiendo que las casa no lo quisieran salir—. D-Da m-miedo.

—Japón tiene razón—apoyó Alemania sintiendo como el viento le producía un escalofrió en la espina dorsal—. Este lugar es incómodo.

Mientras los tres países discutían sobre si entrenar en ese lugar o no, los demás países estaban escondidos en las partes traseras de las casa, viendo cada movimiento que producían sus amigos. A pesar que ya sabía la situación, aun se sorprendían de su extraña y curiosa actitud.

—No hagan mucho ruido—murmuró una voz muy misteriosa—. En especial a ti, Estados Unidos.

— ¡¿Qué?! ¡El héroe…!

—Sshh… Cállate.

—Oh Inglaterra, amigo mío, relájate.

—Sí, que se calle, o sino, el cerdo capitalista conocerá el poder de mi «bastón mágico». Kolkolkol.

— ¿Qué?

—Debo de admitir que Japón sea tan parecido como Italia—aclaró una voz femenina, sacando mágicamente un video cámara—, hace que sea divertido e interesante.

—Hungría, olvídate de eso.

—Por primera vez, en mi asombrosa vida, estoy de acuerdo con el señorito podrido… Esto no es nada asombroso.

—Silencio aru, o nos van a descubrir aru.

—Así va a estar—avisó Italia con seriedad y colocando sus manos sobre la cintura—. Entrenaremos aquí, pero solo serás preguntas para medir su capacidad de pensar con rapidez en una situación de peligro, no hay tiempo. Bien… ¡Enumérense!

— ¡Uno!

— ¡Dos!

—Bien, primera pregunta, ¿qué harían si Inglaterra estuviera desnudo y quisiera hacerle un baile sensual?—preguntó Italia tomándolo serio a sus preguntas.

—Bien, dado las circunstancias—comenzó a responder el alemán—. Iría a un psicólogo.

—Yo me haría bolita—respondió Japón un poco traumado al imaginar a Inglaterra desnudo y haciéndole un baile sensual—, luego lloraría y pediría ayuda.

—Bien hecho, yo igual haría lo mismo… ¡Siguiente pregunta!

— ¡¿Qué demo…?!—Exclamó furioso el inglés, queriendo golpear a Italia, sin embargo fue detenido por su ex-pupilo y los demás morían de la risa por las palabras del italiano—. ¡Definitivamente voy a solucionar este puto problema!


¡Hola!

Luego de muchos años, vuelvo a actualizar. Lamento mucho la tardanza, la verdad es que pensé que iba a actualizar en mayo pero me salió otra cosa, y pensé que en vacaciones iba a actualizar, pero la tarea y la enfermedad me lo impidieron.

Y estuve en retos y todo eso, pero los hice a un lado y decidí actualizar.

Sé que no es excusa, pero lo logre.

Lamentó este capítulo corto.

Bueno, espero que les haya gustado.

Nos vemos.

Gracias por leer.