DISCLAIMER: Hetalia y sus personajes NO son de mi propiedad, son propiedad de Himaruya Hidekaz.


PERSONALIDADES CAMBIADAS

Capítulo 6

Quejas de un asombroso

.:.:.:Cielo estrellado:.:.:.


Prusia era el ex-país mejor conocido como el asombroso de todos. Nadie le podía ganar en su hermoso rostro y su asombrosa sensualidad, o eso es lo que decía siempre, y ser asombroso le ayudaba muchas cosas, más cuando su querido hermano menor actuaba con mucha rareza. No le gustaba su nueva personalidad, aunque Alemania es más callado y no lo regañaba por molestar o no hacer nada, no le agradaba.

Más respetuoso, se disculpaba por casi todo e incluso…

— ¡Oeste! ¡¿Qué mierda haces?!—gritó a los cuatro vientos al ver a su hermano, tomando un cuchillo e intentar apuñalarse en el estómago. Con suerte, el asombroso Prusia lo detuvo, antes de hacer tal acción tan atroz.

— ¡Suéltame hermano, tengo que hacerlo!—expresó con determinación el alemán, haciendo un esfuerzo en vano de quitarle el cuchillo de las manos de Prusia—. Debo de recuperar mi honor.

— ¡¿Estás loco?! ¡Esta no es la mejor manera de recuperar el honor!

— ¡Esa la mejor forma!

— ¡No Oeste!... ¡Baja esa pistola ahora mismo!

Más tarde se oyeron algunos disparos.

— ¡Oeste!

Y lo peor es la causa de la estupidez que iba a hacer su pequeño hermano idiota, solo porque no pudo hacer bien la cena… ¡¿Quién se mata por no hacer bien la cena?! ¿Honor? ¡Es una tontería de primera!

Sabía que Alemania era demasiado ordenado y limpio, cuando era pequeño le enseñó ser ordenado con sus cosas, algo que compartían esos dos hermanos. Pero… Esta vez se pasaba un poco.

— ¿Qué haces Alemania?—preguntó desconcertado Prusia, dándole un pequeño tic en el ojo derecho por la completa impresión captada en su cerebro—. En serio Alemania.

—Limpiando un poco hermano, ¿por qué?—habló el rubio alemán, barriendo con tranquilidad el piso de su casa—. ¿Pasa algo?

—No pasa nada, es solo que…

—Es solo que…—repitió las últimas palabras pronunciadas por Prusia el querido Alemania, moviendo un poco la cara y mostrando las dudas en el rostro.

— ¿Es necesario ponerte ese atuendo?—cuestionó Prusia cansado, viendo el kimono puesto en el cuerpo, usando calcetas blancas y una especie de sandalias hechas de madera. También tenía puesto un delantal blanco y un pañuelo cubriendo un cabello del polvo.

—Sí… ¿Está mal?—murmuró decepcionado Alemania, apareciendo una especia de aura morada, rodeándolo en todo su cuerpo.

— ¡No! ¡Te ves bien, Oeste, es muy asombroso tu atuendo de sir…! ¡Digo, que es genial! Si…—gritó con rapidez, acompañado con un sentimiento de nerviosismo y moviendo sus manos de un lado a otro, ayudando con su negación. Después de aquel accidente con la cena «mal preparada», sería lo mejor no deprimirlo y que haga que recupere su «honor» de esa manera tan extraña.

—Ya veo, entonces voy a seguir limpiando.

Otra cosa que no le agradaba mucho es el poco aguante al entrenamiento, Alemania resistía el cualquier tipo de entrenamiento que le proponía su hermano—a veces las rechazaba, por ser tontas e imposible de realizar—, pero después de aquella reunión que estuvo en su casa, todo cambió.

—Ya… No… pue—quiso decir algo, pero la falta de aire en sus pulmones por el agotamiento extremo hizo que no hablara más y se cayera directo al piso del lugar de entrenamiento—. Lo siento hermano, ya no puedo más… Necesito descansar o no podré levantarme en varias semanas.

—P-Pero… O-Oeste—tartamudeó el ex-país, sorprendido que en menos de diez minutos se rindiera tan fácilmente su hermano y eso que era correr unos cuantos kilómetros—. Pero…

—Por favor…—suplicó Alemania, queriendo levantarse para no hacer enojar a su familiar pero el cansancio lo regresó al suelo. Prusia vio los ojos de tristeza a su hermano menor, sintiendo una puñalada en el corazón, suspiró cansado, después de todo era su hermano menor y lo quería mucho.

—Está bien Oeste, lo hiciste muy bien… Mejor tomemos un descanso.

Incluso las noches de tomar cerveza cambió para tomar el té y ver la hermosa vista en su casa… ¿Y la cerveza? ¿Dónde quedó la cerveza?

— ¿Quieres más té, hermano?—preguntó acompañado con una sonrisa a Prusia, mostrando la tetera.

—S-sí, por favor—respondió el hermano mayor, forzando a sus comisuras alzarse. Odiaba el té, lo detestaba desde el primer día que lo probó, en este caso, hoy. Solo quería saborear el dulce sabor de su bebida alcohólica, pero no podía deprimir a Oeste y bueno, se tuvo que conformar con beber té, en lugar de una buena cerveza y estar en el bar toda la noche.

Su vida apestaba y más sin la cerveza y el porno.

Esas cosas lo hartaban, pero lo que más le hartaba era…

— ¿Más café señor Austria?—ofreció Alemania, sonriendo alegremente y enseñando la cafetera con ánimo, lleno de café.

—Por supuesto Alemania, muchas gracias—agradeció Austria, viendo como Alemania servía el café. Sonrió, a pesar del gran problema que había con los tres países y que no le agradaba ni en un instante, más la personalidad de Italia; le encantaba la nueva personalidad del alemán y lo aprovechaba al máximo.

— ¿Algo más, señor Austria?

—Nada más Alemania, gracias.

Al ver Prusia esa escena lo molestó mucho, puede maltratarlo a él cuando quiera e incluso puede invocar a esa loca del sartén para que lo haga por él; pero nadie podría mandar a Oeste cuando se le dé la gana.

Apretó los puños, hasta el grado de ponerse blanco sus nudillos. Se dirigió a la sala con paso firme y seguro, tomó el teléfono y marcó el número de celular a los culpables de todo este problema.


—Hola, habla con el hermoso hermano Francia—respondió el francés en su celular, con un tono sensual y seductor, típico de él—. ¿Dese algo? Quizá mostrarle lo que es el amor, honhonhon~.

— ¡Francia!—gritó enojado Prusia, haciendo que Francia despegará su celular unos cuantos centímetros en su oreja y se asustará demasiado por el enojo de su amigo. No lo había oído enojado desde la segunda guerra.

— ¡Oh! Mi encantador Prusia, ¿qué te pasa? ¿Por qué tan enojado?

— ¿Por qué? ¡¿Por qué?! Mi hermano ahora es el sirviente de ese estúpido señorito podrido… ¡Eso pasa!

—Oh…—musitó Francia, tragando duro la poca saliva que contenía en su boca. Sabía lo mucho que Prusia enojado haría lo posible para desahogar su enojo y no quería ser el muñeco golpeado para eliminar su furia a puñetazos.

—Francia… Quiero que tú y ese cejón resuelvan eso… ¡Ahora!

—Pero…

— ¡Pero nada! ¡Quiero ver al viejo Oeste! O si no… ¡Serás mujer en lugar de hombre! ¿Entendiste?

—Entendido…—pronunció con un hilo de voz el pobre francés, temblando y cubriendo con fuerza su parte intima.

Luego la llamada concluyó, solo aquel sonido que producía el celular se oía por todo el lugar. Suspiró hondo, guardando con tranquilidad el celular, inhaló profundó y caminó hacía donde estaba el inglés.

—Inglaterra, amigo mío— llamó Francia con seriedad, tomando los hombros del inglés, sorprendiendo al país británico, queriendo decirle una cuantas cosas pero los ojos fijadores de Francia lo inmovilizó, también porque lo estaba sacudiéndolo con fuerza y gritando como niña el francés—. ¡Tenemos que hacer esto rápido, maldito vándalo! ¡O pronto me despediré de mi amiguito!

— ¡Eres un estúpido! ¡Ya suéltame!

Y aquella pócima para volver a ver a los viejos países, brilló intensamente, y en eso, salió un tentáculo.


Fin del capítulo.

¡Genial!

¡Hola! ¿Cómo están? Espero que muy bien, ya pronto terminamos esta historia, solo 3 capítulo y ya :D. Debo de admitir que me costó un poco hacer este capítulo, es difícil hacer Alemania con personalidad de Japón.

El próximo será la cita de Japón y Ucrania, y será el capítulo más largo, por lo tanto espero la gran paciencia del mundo.

Espero que les haya gustado.

Nos vemos.

Gracias por leer.