DISCLAIMER: El mundo de Naruto pertenece únicamente a Masashi Kishimoto.


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Capitulo 1: Hinata.

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Quizás, ella no hubiera despertado, de no ser por el ruido que provocó aquel objeto cuando impacto en el suelo seguido por una maldición. Quizás entonces, ella se hubiera quedado ignorante de lo que acontecía al otro lado de la puerta…

Apenas visualizaba la habitación a consecuencia que aun estaba amodorrada, y del tiempo en que sus parparos estuvieron cerrados. Sin embargo, los pocos ánimos por levantarse le impidieron poner un pie en el suelo y verificar lo que pasaba. Aunque la idea de lo que pudiera estar pasando le dio la confianza de permanecer donde estaba y tratar de conciliar el sueño del cual había sido perturbada.

Si, no había porque preocuparse, ella no encontraría esas malditas botellas que la cambiaban tanto y que causaban tanto miedo y dolor a Hinata…

Lo que pudiera considerar extraño, era que el sonido era muy diferente al que emitían las puertitas de las alacenas y la despensa cuando se abrían y cerraban. En su lugar, eran cajones y el armario que se oían abrirse y cerrarse… Si era lo que comenzaba a creer, su madre no estaba siendo nada discreta en sus intenciones.

"Tranquilízate, todo está bien. Ella no se atrevería"

A pesar de que su cerebro le dictaba lo más razonable, el sentimiento de la duda pesaba más. Nada la dejaría tranquila hasta que comprobara con sus propios ojos lo que pasaba allá afuera.

Lo siguiente que Hinata escucho, fue la puerta del departamento cerrarse, los pasos apresurados por las escaleras y acompañados por el arrastre de algo pesado, entonces, considero que aquello era demasiado alarmante y salió de la cama muy rápido, tambaleándose al momento, pero recuperando el equilibrio para no caer. Quería creer que estaba entrando en la paranoia y que esto la estaba llevando a pensar mal de su madre. Ojala jamás se hubiera despertado y mucho menos haber mirado por la ventana, porque entonces los malos pensamientos fueron a ser verdaderos.

"¡Ilusa!"

Le grito una voz en su cabeza. Porque Hinata quería cegar su corazón y creer que ella nunca se atrevería a cometer la amenaza que había hecho semanas atrás, pero la realidad la golpeo al ver por la ventana como la mujer que le había dado la vida, metía una maleta a la cajuela de un taxi.

Estaba huyendo.

—No, no lo harás. ¡No voy a dejar que lo hagas! —golpeo con las palmas el vidrio, al tiempo que exclamaba las últimas palabras.

Se alejo de la ventana y corrió con el corazón en un puño en dirección a la calle, donde su madre ya se apresuraba a subir al coche cuando escucho a su hija llamarla desde la ventana. Sin embargo, Hinata logro estar a su alcance, un poco tarde, pues ella ya estaba dentro y poniendo seguro a la puerta.

—No puedes hacerlo. No puedes dejarnos —la jovencita hacía intentos vanos por abrir la puerta, en un acto desesperado porque bajara del taxi.

—Lo siento. Ya no puedo mas —ni siquiera la había mirado a la cara para decirle aquello.

A continuación, ordeno al chofer que se marcharan ya, a lo cual, el hombre obedeció y encendió el motor. En cuanto escucho, la desesperación alcanzó a Hinata, viéndose tentada a romper el vidrió de la ventanilla; y como si su madre le hubiera leído el pensamiento, apresuró de nueva cuenta al taxista, sin importarle que su hija permanecía con la mano en la puerta, Hinata sintió inmediatamente un tirón que la obligo a soltarse y caer de rodillas contra el pavimento. En cuanto puso la mirada al frente, el taxi ya se encontraba fuera de su alcance.

— ¡No! ¡No te vayas, por favor!—los gritos le desgarraron la garganta, a la vez que los ojos le escocían por el inevitable llanto que le causaba la impotencia y la rabia al mirar el automóvil alejarse.

— ¡Vuelve! —sus manos se formaron en puños y golpeó el suelo, mientras cerraba con fuerza los ojos, evitando inútilmente que las lagrimas descendieran por sus mejillas—. Si no vue-lves ahora n-no te abriré la puerta después —lo ultimo lo pronuncio en un susurro. La garganta ya no le daba para volver a gritar, ni su fuerza tampoco.

Por supuesto, no faltaron sus vecinos que, alarmados por el escándalo, salieron de sus departamentos para ser testigos del sufrimiento ajeno. Pero solo era eso, para mirar, porque ninguno le tendería una mano amiga, nadie le brindaría un hombro para llorar o una palabra de consuelo que aliviara un poco su dolor. Porque los prejuicios de la sociedad, eran crueles verdugos que veían con malos ojos a una "familia" como lo era la de ella. Se podría considerar y mirar como el típico cliché de familia disfuncional donde albergaba a una mujer abandonada, que ante la depresión y decepción se volvió alcohólica, descuidando su empleo, su persona, pero sobre todo y más importante a sus hijas.

La familia Hyuga, era blanco de críticas y el tema favorito de chismes en el edificio. Porque siempre daban de que hablar, sobre todo por los espectáculos a media noche que la madre de Hinata montaba cuando se encontraba completamente ebria, o bien, cuando madre e hija discutían y el llanto suplicante de la hija menor para que se detuvieran, secundaba aun más el escándalo, hasta que la muchacha terminaba por ser la única en ceder y llevarse con ella a su pequeña hermana hasta su habitación.

Constantemente tenían problemas con los vecinos y la arrendadora que, molestos reclamaban sus líos familiares. Incluso, la jovencita tenía que tolerar los rumores sin fundamentos que habían comenzado a correr acerca de ella. Rumores estúpidos de su supuesta adicción a las drogas. Por supuesto era totalmente falso.

—Sabía que esto algún día iba a pasar —fue el comentario de una de sus vecinas, acompañado de mas murmullos y que cada uno era perfectamente audible para Hinata, porque no se molestaban en ser un poco más discretos con sus criticas.

La joven Hyuga se levanto, con la mirada clavada aun en el suelo, sin mirar a la muchedumbre que no solo salía del edificio, sino también de los otros que colindaban con el de ella.

Se sentía patética. El espectáculo que se había suscitado era por demás lamentable y lo único que le quedaba era volver a su departamento, más que nada con el deseo de alejarse de todas esas miradas que juzgaban duramente la situación, haciéndola sentir más vulnerable de lo que se sentía, pero de algún modo no quería verse de esa manera y trato de sentirse fuerte, levantar el mentón y erguirse para no mostrar su estado de ánimo que estaba en el declive. Y quizás lo hubiera conseguido, de no ser porque, entre los espectadores se abría paso con mucho esfuerzo la pequeña Hanabi. Estaba de más decir que el poco coraje que comenzaba a reunir se había ido al carajo, porque la expresión en su pequeño rostro termino por quebrarla.

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—No va volver, ¿cierto? —más que una pregunta, la voz de su hermana sonó como una afirmación. Hinata desvió la mirada que tenía clavada en el plato de cereal que desayunaba Hanabi y se removió, incomoda en su asiento.

A la chiquilla no le hacía falta que su hermana expresara su opinión, ni tampoco que le diera una falsa esperanza, con las experiencias vividas al lado de su madre le bastaba para saber que ella no volvería. Pero desde que ambas se levantaran de la cama, porque en definitiva no habían dormido lo que restaba de la noche, se había generado el silencio en que ninguna dijo nada. Con movimientos automáticos, Hinata se había puesto a servir el desayuno y preparar lo necesario para que Hanabi se marchara al colegio, por eso la pequeña intento romper aquel detestable silencio.

Pocos minutos después en que la niña terminara su desayuno y lavara sus dientes, se encamino hasta la puerta donde su hermana mayor la esperaba con mochila y almuerzo en mano. En cuanto se la coloco y le dio el almuerzo, ambas se miraron.

—Tardare para ir a recogerte. Por favor espérame —Hanabi pestañeo un par de veces y asintió. Hinata mostró una vaga sonrisa mientras con el pulgar acariciaba una las mejillas de la pequeña, a la vez que una punzada de dolor en el corazón la invadió cuando volvió a mirar los ojos hinchados de su hermana, rastro que había dejado el incontenible llanto de anoche.

Cuando Hinata se aseguro que Hanabi subiera al Bus escolar, corrió hacía el departamento, agradeciendo que ninguno de sus miserables vecinos estuviera a la vista. Inmediatamente se encerró en el baño y se dejo caer al suelo mientras comenzaba a llorar. Ayer no se había desahogado lo suficiente, tuvo que contenerse para poder soportar y consolar el sufrimiento de Hanabi.

¡Maldita sea fuera la debilidad de su madre! ¡Maldita sea su cobardía! Pero sobre todo… ¡Maldita sea su abandono!

Hinata quedo tendida boca arriba, clavando la mirada en el techo y sintiendo las lagrimas correrle. Aun no se desahogaba del todo, de nuevo solo se había permitido llorar como anoche. No sabía si era por cansancio o simplemente no quería hacerlo; pero a los pocos minutos ya estaba de nuevo en pie y dirigiéndose a su habitación, abriendo su pequeño armario y mirando su uniforme escolar. No iba a ponérselo ese día y probablemente no volvería hacerlo, así que saco ropa casual. Una de las cosas que pensó en su noche de desvelo, sería en buscar empleo, de hecho ya tenía uno de medio tiempo, pero ser cajera en un mini súper no sería suficiente para los gastos que se le venían encima.

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Cerro con llave la puerta de su departamento y bajo apresuradamente las escaleras, contando con tener la misma suerte cuando dejo a Hanabi en el Bus, sin embargo, esta vez no pudo ser así.

—Hyuga —la llamaron tras su espalda. Hinata se lamento, no solo por conocer aquella voz, si no por saber lo que le diría—. Te recuerdo que estoy esperando los pagos atrasados de cinco meses ya.

—L-lo sé. Le prometo que reuniré el dinero tan pronto como sea posible —dijo, aun dándole la espalda, por lo cual, la mujer no quedo muy conforme con la respuesta, así que se poso frente a ella.

—Mi paciencia tiene límites. ¿Cuánto crees que te pueda esperar más?

Hinata bajo la mirada, avergonzada. Desde que su madre perdiera el empleo, había dejado de pagar la renta del departamento que ocupaban y, por mucho que ella deseo solventar esa deuda, con el sueldo que ella recibía no era suficiente.

La mirada aun la tenía en el suelo y por un momento pensó en la posibilidad de persuadir a la mujer frente a ella, recordándole su situación para que se compadeciera un poco de ella, no al grado de que le perdonara los meses atrasados; pero sí que le diera más tiempo, puesto que dudaba que consiguiera el dinero pronto. Pero recordar quién era esa mujer y que era de las principales que las miraban con malos ojos, se vio inmediatamente desechando la idea.

Por fin levanto la mirada, reprendiéndose mentalmente por siquiera pensar algo que era más que obvio no iba a funcionar de todos modos. Dejo de lado sus pesares y enfrentando la mirada de la mujer para no permitir que la siguiera intimidando.

—Le aseguro que conseguiré el dinero —hablo con un poco mas de firmeza.

—Eso espero.

En cuanto la mujer se retiro, la joven Hyuga soltó el aire contenido en un suspiro de alivio y entonces pudo marcharse ya.

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—En verdad lamento que no pueda darle el puesto, pero si surge algo nosotros le llamaremos.

Y una vez más la puerta se cerro, sin nada que ella pudiera hacer o decir. La suerte la abandonaba cuando más la necesitaba y se lamentó aun más cuando escucho a su estomago protestar por la falta de alimento. Pararse a las cuatro de la mañana para que pudiera obtener algo de agua y ducharse, no era bueno para su salud cuando esta estaba fría. Salir de su departamento sin nada en el estomago, tampoco lo era, y todo para llegar temprano a las citas porque ni siquiera podía viajar en bus; pues el dinero escaseaba y debía cuidar lo poco que le quedaba.

A dos semanas ya en que su madre las abandono y Hinata renunciara a su vida de estudiante para conseguir otro empleó, las cosas y la suerte no le estaban sonriendo en lo absoluto. Desde el primer día que comenzó su búsqueda, había tenido muchos inconvenientes, uno de ellos, su edad… La joven Hyuga apenas contaba con 16 años y en muchos lugares requerían que fuera mayor de edad. En otras partes, tenía por lo menos que estar estudiando la Universidad. Otro de los problemas era contar con recomendación de otro sitio de trabajo, la dueña del mini súper se la había otorgado, pero resultaba que no les era suficiente. Hubo también donde desconfiaban de su capacidad, pero tampoco era como que aspirara a un buen empleo si se tenía en cuenta que su nivel académico no se lo permitía.

La jovencita comenzó a caminar y se detuvo en un parque donde se dejo caer en una banca, suspiro cansinamente y saco de su bolso una hoja de periódico y dos marcadores. Desdoblo la hoja y miro varios anuncios redondeados con color verde, muchos de ellos ya tachados con rojo. A continuación, destapo el marcador rojo y tacho el último anuncio que quedaba.

—Era tu última esperanza, Hinata —se dijo a sí misma mientras comenzaba arrugar la hoja hasta hacerla bolita y lanzarla a un bote de basura que estaba a un lado de ella.

¿Qué se supone que debiera hacer ahora? La prioridad máxima era conseguir otro empleo a como diera lugar, incluso le había pedido de favor a la dueña del mini súper que cambiara su horario de trabajo, la cual acepto sin objeción. El sueldo que obtenía de cajera, apenas le permitía cubrir los gastos necesarios. La arrendadora ya había comenzado atacarla de nuevo y a cortar ciertos servicios por la falta de pago. Hinata se agobiaba cada que la interceptaba para exigir el dinero, a la vez que la incertidumbre le comía el cerebro porque debía salir desde muy temprano y ya no podía atender a Hanabi como era debido. Sufría al saber que, en lo poco que la podía apoyar, la niña cooperaba y la tranquilizaba con palabras alentadoras en que ella estaría bien.

Tanto agradecía como le preocupaba la madurez que su pequeña hermana mostraba. La agradecía porque, de ese modo comprendía y había mutuo apoyo, y le preocupaba, porque simplemente Hanabi estaba perdiéndose su infancia… Una infancia dichosa y feliz que ella merecía tener.

Se mordió el labio inferior cuando sintió que estaba a punto de llorar. Más de lo que pudiera ser critica su situación, su mayor debilidad era Hanabi, y pensar en ella le traía una profunda depresión.

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Cuando Hinata llegó a su edificio, miró abatida la fachada y se adentro en él, teniendo plena consciencia de la persona que la estaría esperando y el porqué.

—Hyuga, ¿cuándo me vas a pagar? —Hinata pasó por su lado. No tenía ninguna intención de escucharla, y menos en el estado de ánimo en el que se encontraba—. Te estoy hablando, niña —insistió, al ver que la joven no hacía caso a sus exigencias.

Lo siguiente que ocurrió, fue que la joven echo a correr por la escalera, ignorando así los gritos de la arrendadora que, furiosa comenzó a seguirla. Hinata, al encontrarse frente a la puerta de su departamento, introdujo rápidamente la llave en el pomo. Cuando hubo abierto; se metió sin ninguna demora y cerró la puerta en las narices de la mujer que ya le había dado alcance, pero no lo suficiente para detenerla.

— ¡Hyuga! —escuchaba que gritaba y golpeaba, a lo que Hinata solo atino a taparse las orejas con ambas manos, y dejarse caer de espaldas contra la puerta.

La joven de pupilas color perla, no pudo evitar sentir remordimiento al haber tenido el valor… o mejor dicho, la insensatez de haber hecho lo que hizo, seguramente la mujer estaría más que furiosa y actuaria contra ella. Fácilmente, en este momento podría ir por la copia de la llave, abrir y echarla a patadas, pero durante todo el largo rato que se quedó allí y el escándalo ceso, no había pasado nada. No supo si sentir alivio o preocupación.

Tras quedarse unos minutos más en aquella posición, decidió levantarse, no faltaba mucho para que su hermanita llegara, pero antes de ponerse manos a la obra con la comida del día, dirigió sus pasos al baño y se detuvo frente al espejo que colgaba arriba del lavabo.

El reflejo de su persona no hizo más que causarle lastima por ella misma. La palidez de su piel se veía más pronunciada, consecuencia misma de los principios de anemia que presentaba. Bajo sus hermosos ojos, se delataban marcas de insomnio y, el aire jovial que poseía, se veía opacado por la misma tensión, preocupación y melancolía. A pesar de que su vida se trastorno tanto con el primer abandono que vivió, increíblemente lo supo llevar a pesar de su edad, quizás se debió a que su madre se perdió tanto que, a Hinata no le quedó más remedio que representar un papel que no le correspondía, papel que era solo de su madre mientras ella tenía que ser su apoyo y junto a Hanabi sus dos razones para salir adelante. Pero ahora, se sentía igual de perdida y sin el valor suficiente para continuar.

Hinata estaba lista para salir, tras otros largos minutos en que intento mentalizarse y evitar llorar. Otra vez, evito desahogar los pesares que cada día se acumulaban dentro de ella. Pero apenas puso la mano en la manija, cuando el fuerte portazo que dieron con la puerta de entrada la sobresalto, poniéndola en alerta también. ¿Se habían hecho realidad sus temores cuando se atrevió a cerrarle la puerta en las narices de la arrendadora?

—Dios —murmuro. El cuerpo le tembló y justo cuando abrió poco a poco la puerta, escucho lo que era parecido a sollozos, unos sollozos muy bien conocidos por ella—. ¿Hanabi?

Entonces Hinata se olvido por completo del miedo que le corrió hace unos momentos y salió apresuradamente. Efectivamente, se trataba de su hermana, quien se refugiaba en el sillón y lloraba, ocultando su rostro entre sus brazos.

—Hanabi… ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? —con grandes zancadas, la mayor de ambas Hyuga se aproximo al sillón, sentándose en la orilla y posando ambas manos en los hombros de su hermana.

—¡En la escuela ya lo saben, lo saben y se burlan de mi! —grito la pequeña, casi balbuceando a consecuencia del llanto.

Hinata la atrajo hacía su pecho, incapaz de decir algo, solo sintiendo el sufrimiento de la menor, lo peor, es que nunca se imagino que la reacción de su hermana hacía ella; fuera una furiosa cuando la aparto bruscamente, rompiendo así el abrazo al cual la había unido a ella.

— ¡Es tu culpa!

La acusación la dejo perpleja.

— ¿Qu-e? Pero…

—Sí, tú culpa. Si tu… si tu no la hubieras presionado tanto. Si la hubieras dejado hacer lo que quisiera… ella… ¡ella estaría con nosotras! —Hanabi la miraba con demasiado rencor e ira, pero la chica no objeto, como tampoco trato de defenderse de sus acusaciones. La actitud de su hermana la había dejado anonadada.

—Y también esta esa mujer y las demás, ahora hablan más de nosotras —conforme la niña se quejaba y lloraba más, Hinata se sentía más abatida, dolida, pero sobre todo frustrada. Ella tampoco toleraba más su situación. Ella también deseaba que las cosas cambiaran y dejar de sentirse presionada. Hanabi tenía que entender que no era la única que sufría.

—Basta —imploro en un hilo de voz. Pero su pequeña hermana no se detuvo, incluso comenzó a darle empujones con los puños cerrados.

— ¡Es tu culpa! ¡Te odio! —gritaba de manera incontrolable.

— ¡Ya basta! —los gritos cesaron tras aquella orden y que Hinata impactara su mano contra la mejilla de la chiquilla.

Solo la respiración agitada de la joven Hyuga fue lo que se escuchaba en aquella pieza del departamento, mientras su mano continuaba elevada a la altura de la cabeza de Hanabi, la cual, se llevo la suya al área afectada que inmediatamente se había enrojecido.

Cuando la mayor de ambas Hyuga se dio cuenta de lo que había hecho, su expresión se descompuso a uno de horror absoluto. ¿Qué había hecho?

—Ha-Hanabi… yo… yo no quise…

En la aludida se dibujaba una expresión de incredulidad y asombro, lo cual la llevó a retroceder un par de pasos con su mano aun puesta en donde Hinata le hubo dado aquel bofetón.

—Perdóname por favor —inmediatamente intento acercarse, pero apenas se hubo movido, la pequeña salió corriendo rumbo a su habitación, por supuesto fue tras ella, pero Hanabi le grito que la dejara en paz y se encerró, imposibilitando a su hermana el poder entrar.

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Desde que su hermana se encerrara en su habitación, Hinata se dirigió a la pequeña sala y se dejo caer en uno de los sillones, con la mirada perdida en la mesa de centro en un punto indefinido. Aquella mano con la que abofeteara a su hermana temblaba, mientras la aferraba contra su pecho, incluso tuvo la sensación de que dolía; señal de la culpabilidad que sentía. La noción del tiempo la había perdido tras pensar en su horrido error, y tanto era así que, no presto atención a la noche que había caído y ya se encontraba en la oscuridad, salvo a la tenue luz de la luna que se colaba por la ventana a través de la cortina.

Había decidido no insistir y dejar que su hermana se sobrepusiera para poder hablar con ella entonces. Se sentía terriblemente culpable. ¿Cómo demonios se había atrevido a levantarle la mano? Ella, quien siempre la había protegido de la agresividad de su madre cuando el alcohol le quitaba la razón, se había atrevido a ponerle la mano encima.

No fue sino hasta que las pisadas de alguien caminando por el corredor resonaron en la baldosa, la sacaron de aquel trance. Dirigió su mirada a quien fuera el causante de su distracción y entonces la vio, Hanabi se apoyaba contra la pared, apenas la visualizaba debido a la oscuridad, pero la veía lo necesario para apreciar la miraba desolada, podría jurar que arrepentida… No se equivoco, pues la niña ya corría hacía ella y se hincaba, hundiendo la cabeza en su regazo y pidiendo perdón entre sollozos. Hinata sintió enseguida que su ropa se humedecía, entonces bajo la mirada hacía donde reposaba la cabeza de la chiquilla e intento darle consuelo con aquella mano que la hubiera golpeado antes, pero se abstuvo rápidamente, temiendo que nuevamente la fuera a dañar.

—Perdóname, perdóname —repetía la niña con insistencia.

Hinata negó, pero no se estaba negando a darle su perdón, negaba porque la situación debería ser diferente, ella era la que debía estar en la posición de su hermana y ser ella quien pidiera perdón. La culpabilidad, nobleza y amor hacía su Hanabi la hacían sentir como única responsable de lo que había pasado.

A falta de una respuesta, la pequeña Hyuga levanto su cabeza para mirarla, con los ojos acuosos, además de que la mandíbula le temblaba.

—Por favor —la mayor de ambas Hyuga se llevó una mano a la boca, tratando inútilmente de contener el llanto en el que estaba a punto de estallar. Ver a Hanabi de esa manera le provocaba demasiado dolor.

Entre las lagrimas que comenzaron a deslizarse por sus mejillas, atrajo a su hermana y la acuno en sus brazos, la niña se dejo hacer mientras se aferraba a la blusa y hundía su rostro en el cuello de Hinata. Ambas se perdonaron, aunque la joven Hyuga le aseguraba que ella no tenía que hacerlo, Hanabi insistió hasta que termino aceptando.

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El cielo ya daba indicios de amanecer con la primera luz del Alba. Hinata y Hanabi se encontraban recostadas en la cama de la primera. Solo la pequeña dormía en esos momentos, abrazada a una gastada muñeca de trapo que pertenecía a su hermana mayor. Ella por su parte, peinaba los castaños cabellos de la menor y la miraba dormir. Por la noche, la chiquilla se había visto renuente a separarse de ella y pidió dormir junto a ella, por supuesto Hinata no se negó.

Mientras seguía mirando a su hermana, se prometió a si misma protegerla más que nunca, con el firme propósito de luchar por ambas y solucionar sus problemas económicos como fuera. No iba a volver a permitir que la pequeña sufriera.

Cuando ambas se levantaron y desayunaron, no hablaron del tema ocurrido, por lo sano decidieron olvidarlo y por lo que parecía, a ambas les había servido la descarga de emociones, pues ahora gozaban de un mejor semblante e incluso de un mejor humor.

—Cambie el horario de trabajo, así podré ir a recogerte al colegio —en ese momento, Hinata cepillaba el cabello de la menor y esta sonrió. Tener la presencia de su hermana mayor cuando saliera de la escuela le ayudaría a olvidar los comentarios de sus compañeros, ya que algunas veces, a la joven Hyuga se le había imposibilitado ir por ella.

—Onee-san…

— ¿Si? —pregunto sin dejar su labor.

— ¿Ya no asistirás a clases? —Hinata suspiro y dejo el cepillo en el pequeño tocador al haber por fin concluido.

—No… Al menos no hasta que solucione el problema del dinero —la niña bajo la mirada, un tanto culpable pues notó la melancolía de su hermana.

—Lo siento. A lo mejor si yo no estuviera, no tendrías que preocuparte tanto —la mayor de ambas Hyuga se posiciono frente a ella en cuclillas y negó rápidamente.

—N-no vuelvas a decir eso, Hanabi. Tú no eres ningún problema para mí, ¿entiendes? —la chiquilla solo se limito a asentir y una vez que se encontró lista, Hinata la acompaño a la parada, como no lo venía haciendo desde algunos días atrás. inmediatamente ella tomo su propio rumbo hacía el mini súper, pensando en la ausencia de la arrendadora, que como ayer, no supo si sentir alivió o preocupación.

Hinata no podía quejarse, a pesar de que con el sueldo que recibía solo le alcanzaba para lo necesario, la dueña del mini súper era una persona amable, incluso la había sacado de uno que otro apuro por el cual había padecido la joven. Por un momento pensó en pedir su ayuda por medio de un préstamo, pero la mujer ya había hecho mucho por ella y considero que sería demasiado abuso. Realmente ambas se tenían estima, además, la dueña la apreciaba aun mas al ver el esfuerzo y responsabilidad que tenía la chica con su trabajo. Y Hinata no pudo ser más agradecida cuando por medio de una compañera, se entero que había quedado una vacante para el horario de la tarde, pues una de las jóvenes que trabajaba ahí había renunciado. La joven Hyuga no tardo en ir en busca de la dueña para proponerle cubrir el puesto desocupado. Haciendo cálculos mentales sobre el sueldo que recibiría entonces, llegó a la conclusión que podría adelantar un poco de la deuda que tenía con la arrendadora.

—Yo puedo —aseguro una vez que estuvo frente a la dueña e hizo su propuesta.

— ¿Estás segura? —pregunto con cierta duda.

—Si, por favor déjeme. En verdad lo necesito —la dueña se llevo una mano a la barbilla. La necesidad de la chica le despertaba ciertas sospechas con respecto a su situación, ya que tenía pleno conocimiento de este, solo que hasta ahora, desconocía hasta qué punto se habían agraviado las cosas. Hinata no se sintió capaz de revelárselo.

—Está bien —dijo por fin, lo cual provoco gran alivió y felicidad a Hinata.

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Había llegado cinco minutos antes de que abrieran la puerta del colegio, pero quería encontrarse con su hermana cuanto antes y darle la buena nueva. Se había sentado en una jardinera a esperar, y justo cuando las puertas se abrieron, se levanto rápidamente y comenzó a buscar con la mirada entre todos los alumnos que salían a su pequeña hermana. Reconoció algunos compañeros de su aula y dedujo que saldría en cualquier momento. No se dio cuenta cuando una niña de la misma edad que Hanabi se le acerco y llamo su atención jalando de su suéter. Hinata volteó enseguida y reconoció aquella pequeña, quien era la única amiga que su pequeña hermana tenía.

— ¿A quién esperas, Hina-chan? —Hinata la miro extrañada, pero aun así contesto a su pregunta, a lo cual la niña negó—. Ella ya no está en la escuela, desde la mañana su mamá vino por ella y se la llevó.

— ¿¡Qué!? —exclamo alarmada, a la vez que palidecía y sus ojos se abrían desmesuradamente. Entonces, Hinata sintió que su mundo se desmoronaba.

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Lista la actualización!

Muchas gracias a las personas que decidieron darle una oportunidad a esta idea y me alegro mucho que te haya gustado Sam. Decidí traer este capítulo antes puesto que ya tenía escrita una parte de ella. Así que aquí la tienen, por cierto que en el próximo capítulo tendremos la flamante aparición de Minato ;)

Respuesta a reviews:

Jashin-SamaRules: Si, lo sé. Tanto la pareja es rara como la trama también, pero aquí está el primer capítulo que muestra parte de la historia y como se dará en el desarrollo.

Con respecto a Minato, parte de su vida se verá en el siguiente capítulo y quizá con ello deduzcas el porqué las cosas son complicadas para él.

Gracias por tu review.

Akemi: Jajaja si, me salió raro el prólogo, pero es un acontecimiento a futuro que ya se entenderá cuando lleguemos a esa parte ;)

Que bueno que te guste esta pareja. Aunque tenía mis dudas, admito que unirlos me causan mucha curiosidad y agrado.

Gracias por tu review.

Invader Zam: Hasta el momento solo he visto a una escritora usando esta pareja y tu comentario me causo el querer averiguar si hay mas historias con estos dos. Me pondré a investigar XD

Muchas gracias por comentar y me alegro que te haya gustado el comienzo. Aquí tienes nuevo capítulo :D

RankaxAlto: Gracias por tu review. Espero que este capítulo también te guste, a pesar de que hago sufrir a Hinata u.u

He aquí la continuación :D

Aydan Sebby-chan: Jojojo gracias por el halago y por decidirte a dejarme review ;)

Sep, yo también tengo gusto por las parejas Crack. Me gusta unir personajes que incluso ni siquiera se han dirigido palabra alguna o jamás se han llegado a cruzar en sus caminos, lo encuentro muy interesante y sep, yo también idolatro a Minato *o*

Bueno como puedes ver, a pesar de que es un fic de regalo, yo también le puedo llegar a ser infiel XD

Jajajaja gracias por enlistarte y he aquí nuevo capi :D

KattytoNebel: Gracias por la oportunidad, así como agradezco también el review.

Yo tampoco he visto muchos, bueno, en realidad y hasta ahora solo me he topado con uno, pero como lo he mencionado me pondré a buscar, porque confieso, le estoy agarrando gusto a esta pareja jejeje.

Nuevamente te doy gracias y aquí está listo el nuevo capítulo ;)

Muchas gracias también a las personas que colocaron esta historia en favoritos o han decidido seguirla.

Nos leemos en el próximo capítulo.