Nuevamente hola, queridos lectores! Autora reportándose con nuevo capítulo,
Y sin más preámbulos…
DISCLAIMER: El mundo de Naruto pertenece únicamente a Masashi Kishimoto.
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Capitulo 2: Unfamiliar.
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Las personas a su alrededor le parecían aun más desconocidas de lo que ya eran mientras caminaba entre ellas. Su angustia y desesperación solo podían ser gritadas en su cabeza. Perder la compostura y exponer a aquellos extraños su dolor no le parecía lo mejor. Apresuro sus pasos.
En cuanto Hinata fue puesta al tanto de la ausencia de Hanabi y sintiera que era destrozada por dentro, se alejo de la escuela, con la mirada ausente y los pensamientos desordenados por no tener una respuesta clara del porque su madre regresaría, llevándose con ella a su hermana.
Regresar…
¿Probablemente ella se había arrepentido de irse y había vuelto? ¿Probablemente ellas ahora estaban en el departamento esperando su regreso?
Hinata comenzó a creer que era así y se quedó con esa posibilidad en su cabeza, alejando los pensamientos negativos que ya hacían mella en la muchacha y no pudo evitar que una pequeña sonrisa surcara en sus labios, con un rayo de esperanza iluminando su abatida mirada.
Tomó el riesgo para adentrarse al edificio, no importándole toparse con la indeseable arrendadora, le haría lo mismo que el día anterior si era preciso, pero no iba a permitir que le impidiera comprobar las sospechas que anhelaba fueran verdaderas. Para su fortuna, su paso se vio libre y sin señales de la fastidiosa mujer. Pero la ilusión comenzó a romperse cuando metió la llave a la cerradura y noto que aun tenía el seguro que echaba cuando salía del departamento, aun así siguió abriendo, solo que más lentamente y sin el mismo entusiasmo que ya mostraba con mucha ilusión.
Dio un empujón a la puerta, hasta que esta pego contra la pared. El departamento se mostraba tal cual lo había dejado por la mañana, solamente el sonido que emitían las manecillas del reloj era lo que se escuchaba, sin rastro de que hubiera alguien allí a parte de ella. Se adentró y fue doloroso, doloroso saber que no había nadie allí; esfumando con ello la esperanza que comenzaba albergar su corazón.
— ¿Y… Y si espero un poco más? —se pregunto a sí misma en un susurro, cerrando tras de sí la puerta y encaminándose hasta el sofá para dejarse caer sentada en este—. Solo un poco.
Solo hasta la noche esperaría.
Se recostó por completo en el sofá, quedando acostada de lado y usando ambos brazos para recostar su cabeza en estos. Su mirada se clavo en la puerta, pendiente, con la pequeña esperanza que ahora le quedaba verla abrirse y mirar entrar por esta, a madre e hija. Aunque conforme los segundos, minutos y horas avanzaban, no paso nada, al punto en que sintió los parpados pesarle e inevitablemente cerrar los ojos.
Hinata se miraba así misma cuando tenía 5 años, caminando por el oscuro corredor de la enorme y bonita casa que antes habitaba. Llevaba entre sus pequeños brazos, muy aferrado a su cuerpo, un libro de su cuento favorito y el cual su padre había prometido leerle una vez que resolviera un inconveniente que tenía, pero ya se había demorado demasiado y la pequeña se inquieto, por eso no dudo en ir a buscarlo.
Sus pasos la llevaron hasta la puerta de estudio de su padre, pensando que allí podría encontrarlo, y no se equivoco cuando noto la luz que se colaba por la puerta entre abierta y las voces que se escuchaban en el interior de la habitación. Se aproximo con la intención de tocar, pero el repentino grito se Hiashi la detuvo. Su padre se oía furioso.
— ¡Grandísimo idiota! ¿Te das cuenta en el peligro que me expones?
—Señor, yo le aseguro que…
—¡Cierra la maldita boca o en este momento te la cierro para siempre!
La pequeña Hinata escucho el extraño sonido de algo que era jalado hacía atrás, seguido por el chillido de miedo que entonó el sujeto con el que discutía su padre. Movida por la curiosidad de lo que podría estar pasando quiso entrar y ver con sus ojos lo que pasaba, pero fue en ese momento que se lo impidieron cuando la tomaron por el brazo y la jalaron hacía atrás; al mismo tiempo en el que le tapaban la boca.
—Shhh. No haga ruido, Hinata-Sama —susurraron en su oído y la pequeña miro de reojo a quien la tenía sujeta. Se trataba de un niño, al parecer más grande que ella por lo poco que podía apreciar de él…
Luego que la llevara a su habitación en la misma posición en la que la tenía, la soltó y la pequeña logro verlo mejor. Su cabello estaba largo y su color era castaño, mientras sus ojos… ¿Por qué tenía su mismo color de ojos? Pero lo más importante… ¿qué hacía ese niño en su casa?
Hinata despertó súbitamente, sentándose en ese momento y mirando a todas partes. Había tendido aquel sueño nuevamente, aquel sueño de aquel momento de su vida y con aquel niño desconocido que no le había permitido ver lo que pasaba dentro del estudio de su padre…
Se talló los ojos y contemplo que estaba totalmente a oscuras, descubriendo que la noche había caído ya, pero lo peor fue descubrir que aun continuaba sola. Hanabi y su madre no aparecieron, así que era bastante obvio que no lo harían jamás. Hinata se llevó las manos a la cabeza, levantándose en aquel momento, mirando con amargura la puerta y pensando lo que haría. Por fin, llegó a la conclusión de que buscaría ayuda con el propósito de que su madre le devolviera a Hanabi.
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— ¿Entonces como fue?
—Asegura que estaba en el momento y en el lugar equivocados.
—Le creo. Obito es como un imán que atrae problemas.
Una mirada azul se reflejo en el espejo retrovisor, mirando a su acompañante, quien permanecía en los asientos traseros, recostado en estos y leyendo un libro.
—No creo que sea un problema que requiera de los dos. Estoy seguro que tan solo habrá que pagar una fianza —aseguro el hombre de cabellos color plata que yacía en los asientos traseros.
—Sé lo que insinúas, así que no insistas, Kakashi —el aludido se encogió de hombros, sin apartar la atención de su lectura.
—Yo no insinuó nada, Sensei, solo estoy siendo sincero. Y ahora que me lo recuerda, tal vez debería reconsiderarlo —Kakashi levanto su mano y miro la hora en su reloj de muñeca—, aun está a tiempo.
—Ya dije que… —el timbre de su celular logro cortar sus palabras e inmediatamente lo saco del bolsillo de su pantalón pero sin contestar, primero inspecciono el numero y aunque no lo tenía registrado lo reconoció.
Desde su asiento, Kakashi lo miro curioso y expectante al percatarse de que su Sensei no quería contestar, pues la melodía no dejaba de sonar.
—¿Quién podrá ser para no rendirse y que usted tome su llamada? —pregunto con cierta ironía, pues ya intuía la persona de la cual podría tratarse.
El hombre de mirada azul suspiro, derrotado y presiono para acceder a la llamada y llevarse el celular a la oreja.
— ¿Diga? —un breve silencio para escuchar a la otra persona de la línea y continuó—. Créeme que lo siento, pero ahora mismo no puedo, tengo que solucionar un problema en el que está metido un conocido mío.
Kakashi negó. Aunque estuviera leyendo aquel libro que cargaba a todas partes, podía tener su atención en este y lo que estuviera pasando a su alrededor.
—Sí, de acuerdo, en otra ocasión será. Hasta pronto —al haber colgado, volvió de nuevo su mirada azul al espejo retrovisor para advertir a su acompañante que no dijera nada.
—Sabe que no podré guardarme mi opinión —Kakashi se acomodo para sentarse correctamente, guardando su preciado libro en el proceso—. Cualquiera le diría que usted es de otro planeta. ¿Qué hombre rechaza la invitación a salir de una bella Dama? Le recuerdo que por lo general, son los hombres quienes invitan a las mujeres.
—Lo sé —dijo divertido, a la vez que su mirada pasaba a ser nostálgica—, pero sinceramente… no creo que pueda rehacer mi vida.
Kakashi posó su mirada en la mano de su Sensei, ahí donde en uno de sus dedos, permanecía una argolla de matrimonio. A pesar del tiempo transcurrido, en ningún momento el hombre se la quito. Por un lado, Kakashi admiraba ese amor tan sólido, puro y grande que su Sensei tenía por su difunta esposa, pero por otro lado, le parecía que atarse tanto a su recuerdo no era bueno y que darse una nueva oportunidad en su vida no le vendría mal.
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Hinata se sintió cohibida con el tipo de gente allí presente. Personas que iban y venían, policías mal encarados o con aires de superioridad, dando a entender que estaban en su territorio y que se debía respetar su autoridad. Una de las cosas que asusto a la pobre chica, fue presenciar la manera en que un maleante buscaba de forma agresiva, librarse de su par de captores, soltando todo tipo de amenazas y palabras altisonantes. La muchacha no pudo evitar mirar la escena y contemplar al hombre que llevaban casi a rastras. Con tan solo mirarlo, cualquiera se daría cuenta que no era una buena persona. Peor fue aun cuando el individuo fue a parar su mirada en ella y el muy descarado la devoro con la mirada. A Hinata le dio un horrible escalofrío de tan solo pensar lo que el otro imaginaba.
—El que sigue —escucho decir a la persona frente a ella y que permanecía tras un escritorio, por lo cual, Hinata se acerco sin poder evitar ponerse nerviosa mientras tomaba asiento frente al hombre que escucharía su denuncia. Porque la razón de estar ahí, era para denunciar a su madre. La joven Hyuga nunca imagino que actuaría contra ella de esa forma, pero el hecho de que Hanabi estuviera sola con ella le angustiaba demasiado—. Entonces, ¿cuál es su problema?
Hinata, al contrario de aquel hombre, saludo respetuosamente y comenzó a relatar lo que había sucedido, solo que omitiendo buena parte de su historia.
—Perdón señorita, pero ¿usted me está diciendo que su madre robo a su propia hija? —Hinata asintió—. ¿Dónde está el padre para presentar la denuncia? ¿Sus padres están divorciados de casualidad? Imagino que el debe tener la custodia y su madre ha violado alguna orden del juez y por eso usted ha venido a pedir ayuda, pero a quien necesitamos es al padre, si es que estoy en lo correcto.
La joven nunca imagino que hicieran ese tipo de deducciones. Por supuesto nada de eso tenía que ver con ella, así que no era posible que otra persona que no fuera ella, presentara la denuncia, porque su padre, años atrás las abandono de la nada y después su madre hizo lo mismo. ¿Acaso no podían ayudarla de todos modos?
La respuesta fue negativa cuando se atrevió a confesar su situación, incluso le preguntaron si bromeaba, lo que logró sacar a Hinata de sus casillas.
— ¡Usted no entiende! —exclamo, exaltada y golpeando con ambas palmas la mesa, lo cual capturo la atención de los presentes, en especial de un par de hombres que se hallaban a unos pocos metros. No hacía mucho que habían llegado y ya se encontraban resolviendo su caso—. Quiero que me ayuden a recuperar a mi hermana. Soy yo la que ahora cuida de ella y la quiero conmigo de vuelta.
— ¿Cuántos años tiene usted, Señorita? —pregunto aquel hombre sin inmutarse a la manera en que se había sobresaltado la chica—. No parece ser mayor de edad para poderse hacerse cargo de una menor —declaro con seguridad, por lo cual, Hinata se puso nerviosa.
—Y-yo —las palabras se atoraron en su garganta, pensando que, haber llegado ahí había sido un terrible error.
—En todo caso deberíamos actuar con usted si ha sido abandonada y es menor de edad —sentencio aquel hombre y mirándola fijamente.
Hinata comenzó a retroceder, temerosa de lo que pudiera pasar y se dio la vuelta tan rápido como se lo permitieron sus talones, corriendo al instante y desapareciendo por la entrada de la estación. La gente allí, la miraron desconcertados, sin embargo, lejos de hacer algo al respecto, el hombre que había escuchado su denuncia se dedico nuevamente a lo suyo.
— ¿No piensan hacer nada? —pregunto uno de los hombres que no había perdido detalle de lo ocurrido—. Esa joven podría necesitar ayuda.
—Señor, aquí llega todo tipo de gente —dijo el hombre que los atendía a ellos y también había observado la escena—. Muy probablemente esa chiquilla buscaba llamar la atención o esta desequilibrada.
El hombre de pupilas color azul, negó, reprobando la actitud de aquel sujeto y miro a Kakashi, este comprendió inmediatamente y asintió.
Y así como Hinata salió corriendo, aquel hombre hizo lo mismo.
— ¡Oiga! ¿A dónde cree que va? —reclamo el hombre al ver que el otro salía corriendo.
—Hará lo que ustedes como autoridad no son capaces de hacer, y eso es ayudar a un ciudadano en problemas, más si es uno desamparado —dijo Kakashi de lo más normal y encogiéndose de hombros.
— ¿Cómo se atreve? Nosotros…
—Bueno, no se preocupe por mí Sensei, yo soy lo suficientemente competente en mi trabajo para resolver esto —el sujeto captó la indirecta y se molesto aun mas. Sin embargo, no fue capaz de expresar de nuevo su descontento porque Kakashi lo volvió a interrumpir—. Entonces, ¿que más nos decía sobre los motivos de arresto de mi cliente?
El hombre entre cerró los ojos, indignado, pero presintió que cualquier forma en que buscara amedrentar al hombre de cabellos color plata no funcionaria.
—Además de la trifulca, están los daños materiales…
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Cuando Hinata se dio cuenta que no era perseguida detuvo su carrera, ahora caminaba a un ritmo normal. Sin embargo, en ese momento su semblante delataba el hecho de que no estaba bien emocionalmente. Su cabeza era una maraña de pensamientos negativos, uno de ellos, el hecho de que no volvería a ver a Hanabi, pero… ¿por qué su madre se la llevó solamente a ella? ¿Por qué si regreso no se llevó a las dos? Ya no supo si preocuparse o sentir celos. ¿Acaso había algún tipo de preferencia? Hinata negó rápidamente.
La joven Hyuga se detuvo en el paso de un puente peatonal y miró la cantidad de autos que iban de manera rápida. Ahora estaba completamente sola. La única persona que le quedaba de su desintegrada familia, y por la que se había prometido luchar contra toda adversidad ya no estaba, se la habían arrebatado. A la mujer que debería llamar madre, fue lo suficientemente cruel para abandonarla a su suerte.
¿Cuándo fue que todo se trastorno? ¿Por qué ya no podía tener la familia de antes?
Su padre era magnifico con ella, siempre colmándola de abrazos y besos, declarando que era su niña, su princesa y no había cosa que él negara. Su madre en ese entonces sonreía, era otra. Tenía una familia y vida maravillosas.
Ahora no le quedaba nada, absolutamente nada…
Hinata se llevó ambas manos a la cabeza e inevitablemente comenzó a llorar. No le importaba si con eso llamaba la atención, ya había soportado demasiado para evitar desahogar todo el dolor, y que su madre se llevara a su hermana, fue el detonante que termino por quebrarla por fin. Y en ese momento deseo un abrazo, una palabra de consuelo, alguien que le diera un poco de su comprensión. La situación la estaba hundiendo y en su cabeza solo podía rogar porque su plegaria al cielo fuera escuchada, esa plegaría de que alguien pudiera ayudarla a no seguir cayendo dentro del abismo oscuro al cual le faltaba poco para llegar al fondo…
Un pañuelo fue lo que miraron sus ojos inundados en lagrimas cuando levanto la cabeza. Un pañuelo que le extendían con el propósito de que secara sus lagrimas.
Miro a la persona de aquel detalle y lo primero que visualizaron sus ojos, fueron una tenue sonrisa. Aquel desconocido le dedicaba una sonrisa conciliadora y en sus ojos… esos ojos que eran como el color que tenía el cielo, se vía claramente la comprensión. ¿Un ángel acaso? Hinata seco las lagrimas con el pañuelo prestado y pudo mirar mejor al desconocido.
¿Quién era él?
Haberla alcanzado había sido un alivio y un triunfó. Aquella jovencita desconocida corría bastante rápido, pero por fortuna, su búsqueda lo había llevado directamente hacía ella y cuando la vio, la chica lloraba desconsoladamente. Aquel hombre sintió una inmensa lastima por ella. Jamás había visto a alguien tan desprotegida y necesitada de ayuda, al menos no como con ella lo sentía, porque con tan solo mirar y escuchar; se imaginaba la gran pena que cargaba con ella e increíblemente se sintió con el deber de ayudarla. Con solo recordar lo que logro escuchar de su historia en la estación de policía, entendió perfectamente que ella estaba completamente desamparada.
—Un buen chocolate caliente hace bien con este frío —Hinata comprendió lo que había tras esas palabras. Jamás imagino que su plegaría fuera escuchada.
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—Entonces, ¿cuánto crees que tengamos que esperar al Sensei? —Kakashi desvió la mirada de su libro para mirar a un quejumbroso Obito.
—No sé, pero lo necesario para evitar el transporte público —a unos cuantos metros de ellos se hallaba una parada de autobuses, Kakashi miró con flojera como estos iban bastante saturados.
—Siempre podemos tomar un taxi, ¿sabes? —señalo con bastante obviedad, a lo cual, Kakashi negó, cruzándose de brazos.
—No te lo había dicho, pero tu liberación no fue nada barata, ¿sabes? —ante aquel comentario mordaz, a Obito no le quedó más remedio que quedarse callado, dándole a entender que con eso se cerraba la discusión y esperarían hasta que su Sensei regresara.
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No eran muchas personas las que se encontraban en el local donde Hinata y aquel desconocido tomaban una taza de chocolate caliente, tal y como él se lo había dicho le invitaría. Puesto que apenas se las habían llevado, las tazas humeaban bastante. La joven Hyuga mantenía su mirada en el liquido que soltaba aquel vaho con olor dulce, incapaz de mirar al hombre de rubios cabellos y pupilas azules, a la vez que sentía un poco de vergüenza al recordar que lo había confundido con un ángel, porque admitía con lo poco que lo había contemplado, que era realmente muy bello…
Inmediatamente, Hinata se reprendió a si misma por aquellos pensamientos, porque ahora que lo pensaba, aquello no estaba bien, es decir, el hombre frente a ella era un perfecto extraño, tanto que ni siquiera conocía su nombre, solo se había limitado a seguirlo en cuanto él le hablo de un local cercano donde podrían tomar chocolate caliente.
—Minato Namikaze —como si él le hubiera leído el pensamiento, extendió su mano para presentarse, por lo cual, Hinata parpadeo un par de veces un tanto asombrada, aun así, decidió presentarse ella también.
—Hi… —se quedó callada un momento para reflexionar, quizás no era buena idea decirle su verdadero nombre, nada le aseguraba que él lo estuviera haciendo—. Hibari Hiyama invento tan rápido se le ocurrió, y extendió su mano para estrechar la del tal Minato.
Tras soltar sus manos, un incomodo silenció reino entre los dos, Minato esperaba que la joven dijera algo, pero al ver que no sería así, decidió romper él mismo el hielo.
—Yo… escuche el problema que tiene cuando estaba en la estación de policía —la muchachita levanto la mirada y dejo la taza después de haber bebido un poco. Su mirada mostró cierta incredulidad y temor—. Sí, yo estaba allí. Pero no debes preocuparte, no soy policía o algo parecido.
La joven de pupilas color perla no pudo evitar sentirse incomoda. ¿Por qué ese hombre la había seguido entonces? Por su parte, a Minato le pareció mejor aclararle aquel punto, porque ver como huía despavorida tras lo que le dijera aquel hombre, suponía que pudiera hacer lo mismo.
—Tiene una situación muy delicada, señorita —continuó—, pero tal vez cuente con un familiar que la pueda ayudar y…
—Estaba bromeando —dijo rápidamente la muchacha, pensando en que había sido un completo error ir a la estación de policía y el estar ahora ahí, con ese desconocido del cual solo sabía su nombre, si es que lo era. Además, intuía lo que quería decirle y ella no estaba dispuesta a decir la verdad, la verdad la llevaría a parar un tiempo en un orfanato hasta que cumpliera la mayoría de edad por no contar con parientes que se pudieran hacer cargo de ella.
Minato arqueo una ceja, y por supuesto, no creyó en semejante mentira.
— ¿Bromear para salir huyendo y después encontrarla llorando? No suena muy creíble, apuesto que pudo inventarme algo mejor —la sonrisa que repentinamente apareció en los labios del hombre, logro encoger a Hinata en su asiento y avergonzarla, sintiéndose tonta, además que la sonrisa del extraño era realmente encantadora.
—Y-ya me tengo que ir. Le agra-dezco la invitación del chocolate —sus propios nervios la delataban al tartamudear y Hinata decidió que ya era tiempo de irse antes de que el desconocido la descubriera por completo, por lo cual hizo el amago de levantarse, pero Minato se adelanto y lo hizo primero.
—Pero…
—Ya estoy bien. Ti-ene razón… tengo una tía… e-lla me va ayudar —entonces por fin se levanto. Aunque Minato se dispuso a querer ayudarla, comprendió que la joven no cedería tan fácilmente, como tampoco en que debía creerle.
—Permítame entonces llevarla a su casa —quizás en el camino pudiera convencerla de recibir ayuda. La chica ya le había dejado entre ver -sin querer- que su situación era todavía más delicada de lo que él hubiera pensado.
—N-no… Usted es un desconocido y si sigue insistiendo, m-me voy a ver forzada a acusarlo de aco-sador —Minato parpadeo un par de veces, incrédulo a lo que decía la joven.
¿Acosador él? Aquella acusación le hubiera hecho bastante gracia de no ser porque aquella joven parecía hablar muy en serio. No podía culparla, podía ver cuán asustada estaba y quizás no había actuado con el tacto suficiente para que confiara en él, aunque ¿por qué lo haría? Como bien había dicho, él era un desconocido, así como ella lo era para él…
—Está bien, usted gana Señorita Hiyama —el hombre comenzó a buscar en el bolsillo de su saco y al momento de sacar una tarjeta de este, se la extendió a Hinata—. Tomé. Si llega a necesitar ayuda, puede llamarme —aquello sería su último recurso, si entonces ella la rechazaba, no le quedaba más que desearle suerte.
Hinata la miro con desconfianza y dispuesta a rechazarla, pero aquel extraño había logrado darle un poco de tranquilidad cuando le ofreció el pañuelo, además de ser el único en acercarse con el propósito de ayudarla. Termino por tomarla y salió corriendo del local, un tanto culpable por su actitud cobarde y no haberle dado las gracias a aquel desconocido.
Minato suspiro, dejándose caer en la silla y sacó el celular con el propósito de hablarle a Kakashi.
— ¿Aún están en la estación? —pregunto una vez que este le contesto.
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La joven Hyuga terminaba de hacer limpieza en el departamento, con la enorme necesidad de tener la mentalidad ocupada en otras cosas, ya que el día anterior, la dueña del mini súper le había dicho que no trabajaría algunos días, debido a que saldría de viaje. Mientras a la mujer le parecía bien que tanto a ella y a sus empleados les vendría bien un par de semanas de descanso, a la chica no podía parecerle peor momento, pero expresarle su inconformidad a la dueña y quien siempre era tan amable con ella, no le parecía justo.
Cuando Hinata termino de limpiar, hecho una mirada a su alrededor, y lo que le llego alguna vez parecer pequeño aquel departamento, ahora le pareció enorme. Ahora solo habitaba ella, recordando que apenas hace tres días, Hanabi todavía estaba con ella… ¿En verdad no la iba a volver a ver?
El repentino llamado a su puerta la saco de sus pensamientos, y por un momento, la invadió la idea de que fuera ella. ¿Quién más podría ser si no ella? Así que un tanto ilusionada se apresuro abrir, dispuesta abrazarla y expresarle cuanto la había echado de menos. El problema es que olvido que si existía otra persona que también tocaría su puerta.
—¡Hana… —mas que desilusionar a la joven Hyuga por no tratarse de su hermana, se aterro, pues era la arrendadora quien se encontraba frente a ella, y su temor fue mucho peor porque no venía sola.
—Te lo advertí, Hyuga, te advertí que mi paciencia tenía limites.
—No, por favor… —dijo la chica en un hilo de voz, pues las personas que acompañaban a la mujer estaban allí con el propósito de desalojarla,
—Dense prisa en sacar sus cosas. No quiero verla ni un minuto más aquí —sentencio la desalmada mujer mientras le daba la espalada a Hinata con el propósito de marcharse.
El grupo de hombres se introdujo al departamento con el propósito de acatar la orden. La pobre chica no supo entonces a quien detener y presa de la desesperación, opto por intentar a toda costa detener a los hombres que ya se dedicaban a su trabajo. No supo en qué momento se vio atrapada por uno de ellos porque en su angustia, ya se había ido sobre uno de ellos. Con la fuerza que aplicaba aquel hombre sobre ella, se vio imposibilitada a actuar nuevamente y tan solo le quedó ver mientras lloraba, llena de impotencia como cada objeto, mueble y lo que perteneciera a ella, era sacado del departamento hasta quedar en la calle.
Era demasiado ruin y cruel la manera en que la arrendadora había actuado. Hinata jamás se había sentido tan humillada y vulnerable como en aquellos momentos, porque presa del dolor, no pudiendo soportar más mirar, bajo la cabeza en señal de que se rendía.
Ya estaba lo suficientemente dañada como para seguir luchando.
Cuando todo hubo terminado, Hinata echaba una última mirada a sus cosas. No tenía donde dejarlas, así que se quedarían ahí, claro, solo hasta que los buitres que tenía por vecinos se acercaran para recogerlas. Así que, solo llevaría con ella lo necesario y mas valioso. El único problema sería llegar algún lugar, porque no tenía ninguno tampoco.
La mirada de Hinata se paso ahora a la fachada del edificio, allí donde vivió demasiado tiempo y vivió un sin fin de experiencias. Quizás haber salido de allí era lo mejor, las circunstancias no habían sido nada agradables por supuesto, pero quizás, ya era tiempo de desligarse del lugar donde muy probablemente sufriría por ya no tener la presencia de su amada hermana. Quería tener una idea positiva sobre la situación, porque de lo contrario, su cabeza se volvería un mar de pensamientos negativos.
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La joven Hyuga se sentía una persona errante cada vez que daba un paso. No tenía noción del tiempo, ni los lugares por los que andaba, simplemente se destino a andar, arrastrando con ella la maleta que poseía sus pertenencias, hasta que hubo un momento en que las piernas le exigieron detenerse a causa del cansancio, además que el cielo advertía el fin del día para dar paso a lo noche, entonces llegó el momento en que tenía que preocuparse. Pensó en la posibilidad de un Hotel, pero quería evitar gastar el dinero lo mejor posible y el único lugar donde tenía un refugio seguro era con la dueña del súper mercado, pero la mujer estaba en las afueras de la ciudad de la Hoja. Se arrepintió de su silencio al no contarle nada, ella con toda seguridad la hubiera ayudado y apoyado, pero su deuda con ella era demasiado grande como para seguir causándole problemas.
Hinata se paso el ante brazo por los ojos, en un acto inútil por evitar llorar, pero mirar la situación en la que estaba solo lograba deprimirla y hacerla sentirse perdida, más aún que estaba completamente sola. Sintió una repentina molestia en el estomago después, no había ingerido nada desde la mañana y este ya protestaba por la falta de alimento. Recordó que traía con ella unas galletas, así que comenzó a buscarlas en el bolso que traía con ella. Cuando la jovencita las saco, cierta tarjeta que había guardado allí, salió junto a la golosina y cayó al suelo; por fortuna Hinata se dio cuenta y recordó al desconocido que se la había dado. Cuando se la entrego, la jovencita no se había tomado la molestia de mirarla, simplemente la guardo y no volvió a sacarla.
Le echo una mirada y se dio cuenta que el desconocido no mentía, en verdad se llamaba Minato. Le sorprendió aún mas saber que era abogado… La jovencita se quedó principalmente mirando el número de teléfono y recordó sus palabras. Él le había asegurado que la ayudaría…
Hinata se apresuro a buscar un teléfono público, sin tener más que en su cabeza sus claras palabras y rogando por qué no se arrepintiera de ellas. Cuando por fin dio con un teléfono, hecho una moneda y marco rápidamente, afortunadamente la llamada entro inmediatamente y espero a que este le contestara.
Antes de que la chica marcara, Minato se encontraba en su despacho, revisando una que otra documentación y jugueteando con una pluma entre sus dedos. Por momentos suspiraba cansinamente, se recargaba por completo en el respaldo o se levantaba para caminar por toda la pieza sin desatender los dichosos papeles que analizaba de manera minuciosa, hasta que su concentración se vio interrumpida con el sonido del teléfono. Sin embargo, no aparto la mirada del papel que leía y busco a tientas el teléfono de su escritorio. No era algo complicado, pues este era ocupado por lo más esencial para él, incluido un porta retratos donde en la fotografía destacaba una bella mujer de cabellera roja, que sonreía de forma traviesa.
— ¿Diga? —Contesto en cuanto lo tuvo a la mano y se lo coloco en la oreja.
Pero Hinata no contesto, porque entonces analizo lo que estaba haciendo y le pareció totalmente incorrecto, pues su cabeza comenzó a gritarle que ese hombre era un desconocido y nada le aseguraba que podía confiar en él.
Al otro lado, Minato insistió a falta de una respuesta, pero de nuevo no le contestaron.
El problema para la joven Hyuga se torno más complicado, porque aquella parte razonable comenzó a contradecirse a sí misma, porque si, era un desconocido, pero también la única persona en ese momento que podía ayudarla; además que la manera en que caía la noche la presiono aún más.
El hombre miró con enfado el teléfono, pensando que se trataba de algún bromista, por lo cual se decidió a colgar, pero la repentina vocecilla que se escucho al otro lado, lo detuvo inmediatamente. Al final de aquel debate mental que tenía Hinata, la llevó a tomar el riesgo de acudir a él…
—So-y yo, Hiba… No… Mi verdadero nombre es Hinata —Minato abrió los ojos con sorpresa, a pesar de todo reconocía la voz, la voz de aquella muchachita que había conocido unos días atrás.
"Así que Hinata. Ya suponía que en el nombre también me mentías"
— ¿S-se acu-erda de mi?
—Sí, me acuerdo bien… Hinata-san. ¿En qué puedo ayudarte?
—…Y-yo… Yo estoy… —el hombre de mirada azul pudo escuchar claramente como la jovencita comenzaba a llorar—. Ayúdeme, por favor…
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Minato detuvo el auto frente a la entrada de un centro comercial. Según por palabras de la joven, ella lo esperaría allí, no le mintió, pues a un lado de la entrada se encontraba ella. No le había dicho nada sobre su situación, por eso se sorprendió cuando la vio con maleta y bolso en mano, lo cual le dijo que su situación era bastante critica.
Decidió bajar del auto y acercarse a ella, cuando Hinata lo notó, bajo su mirada, avergonzada por la manera en que se porto cuando lo conoció y por el tipo de ayuda que le pediría.
—Lo siento —musito sin mirarlo a la cara.
— ¿Por qué?
—Por todo —Minato la observo unos segundos y suspiro mientras negaba con la cabeza.
—Yo le aseguré que la ayudaría, ¿no es así? —Hinata asintió, pero aun sin mirarlo a la cara—. ¿Qué le parece si comenzamos de nuevo, Hinata-san?
Entonces fue que la joven lo miro por fin, encontrándose con la encantadora sonrisa que ya había visto anteriormente.
—Otro chocolate caliente no nos vendría mal, ¿no le parece?
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Tras las gafas de sol, un hombre miró curioso la cantidad de cosas que se encontraban fuera del edificio, pensando que muy probablemente habían desalojado a alguien. Un par de niños paso corriendo a su lado, trayendo consigo cartones de leche para el desayuno de esa mañana. Sintió algo de envidia, porque él no había tenido tiempo de desayunar, pues las exigencias de su jefe lo habían obligado a madrugar e ir con él a ese lugar con el propósito de encontrarse con ciertas personas y llevárselas con él.
El hombre de las gafas se acerco hasta la entrada, encontrándose con una mujer que salía con escoba en mano.
—Disculpe, señora —la mujer lo miro de pies a cabeza. A juzgar por su apariencia, parecía un hombre importante. Y tal vez no se equivocaba, pues unos metros tras de él, podía distinguir un auto bastante lujoso.
— ¿Sí?
—Estoy buscando a Nozomi Hyuga. Sé que ella vive aquí junto a sus hijas. ¿Podría decirme cual su número de departamento? —la arrendadora abrió los ojos desmesuradamente. ¿Qué querría un hombre como ese con esas tres? Lo cierto era que hablar con ellas era algo ya imposible.
—Lo siento, pero me temo que eso no es posible.
Tras que la mujer le contara todo con lujo de detalles, el hombre de las gafas oscuras se mordió el labio inferior, sabiendo que a su jefe no le iba hacer nada de gracia lo que le iba a decir.
—Tenemos, problemas, Señor,,, —comenzó en cuanto se metió al coche y se sentó a su lado.
Y tal como lo había temido, aquel muchacho que fuera su jefe, se sintió furioso y frustrado con la noticia.
—En verdad lo siento —se disculpo el hombre, pero aquel joven decidió conservar la calma, después de todo, él era Neji Hyuga y no se iba a dar por vencido, las encontraría a las tres costara lo que costara… Sobre todo a ella… a Hinata Hyuga.
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Hasta aquí el capitulo nuevo…
No tengo idea de cuál es el nombre de la madre de Hinata, pero bueno, ya le he inventado uno, solo lamento retratarla de esta manera porque como se ve en la única escena donde sale del anime, parece ser tan amable como Hinata u.u
Creo que pueden tener la duda de la edad que tiene Minato, pues bien, les aclaro que tiene 27 años. Sé que tal vez podría parecerles más grande porque metí en la historia a Kakashi y a Obito, además porque lo llaman Sensei, pero ya explicare en el próximo capítulo acerca de esto.
Lo sé, hice sufrir mucho a mi linda Hinata. No saben cómo me dolió esto, pero advertí que habría mucho drama TnT
Respuesta a reviews:
Fadebila: Muchas gracias!
Pues bien, aunque ya me excuse que el drama me lo exige así, debo admitir que me gusta darle ese tipo de esencia y poner en situaciones críticas a los personajes. Soy algo masoquista, pues así como los hago sufrir, yo sufro con ellos XD
Gracias por tu review.
Invader Zam: Jojojo pues bien, aquí Neji ya hizo su flamante aparición y Hiashi también, aunque este solo haya sido en el sueño de Hinata. Más adelante sacare a la luz unas cuantas cositas de esta familia ;)
Muchas gracias por tu review, y si, jejeje no son muchos, pero ya me encontré con unos cuantos.
Aydan Sebby-chan: Lo sé, otra de las cosas que me gusta poner a mis historias es el misterio, pero no te preocupes, poco a poco todo se irá descubriendo.
Pues bien, aquí resuelvo unas cuantas, espero que por el momento sea suficiente XD
Gracias por el halago, trato lo mejor posible de que disfruten de la lectura y sea amena para ustedes.
Aquí nuevo capi y muchas gracias por tu review.
Nali-neechan: Siiii! Comparto tu punto de vista. Él es realmente sexy *o*
Lo sé, y créeme que me duele hacer sufrir a mi pequeña Hyuga, pero para eso va estar Minato, para que curé esas heridas ;)
Ajajajaja esa tabla es leyenda, así que como le tengo respeto (?) he aquí capitulo nuevo, esperando que lo disfrutes. Y no te preocupes por el review, agradezco mucho que me hayas escrito. En verdad no importa si es cortito :')
Elena: Aquí Minato reportándose en este capítulo, así como capitulo nuevo XD
Lo sé, es trágico, pero también tendrá sus momentos lindos ;)
Gracias por tu review :D
KattytoNebel: Si, realmente retrate a una madre muy inconsciente y mala. Todo tiene una explicación, pero aun así, no se justificaría mucho lo que ha hecho sufrir a Hina D:
Por nada, la agradecida soy yo por tu review ;)
Jashin-SamaRules: Y me disculpo por ello. Sé que hago sufrir mucho a Hinata, pero es una cosa realmente esencial porque como ya dije, está historia tendrá mucho drama y si te soy honesta, esa parte también me dolió bastante :'(
Listo! Capitulo nuevo y espero que te haya gustado este encuentro tan extraño en que los puse.
Gracias por tu review.
Buenas madrugadas, queridos lectores. Yo me despido para ir a dormir y esperando que el capitulo les haya gustado.
Bye, bye (n.n)/
