Bueno he decidido dejar de poner los datos previos a cada capítulo, más que nada porque no los veo necesarios por el momento. Muchas gracias a Valckross y chr7 por sus sugerencias para el nombre del protagonista ^^ me he decido después de buscar por internet el significado de cada nombre y ya me he decidido. Bueno aquí os dejo el capítulo segundo de este fic, espero que os divirtáis ^^. No soy dueño de ninguno de los personajes originales de las sagas de Spyro que aparezcan, estos pertenecen a los creadores del juego. Yo solo soy dueño de mis propios personajes.
Hunter se movía por el bosque, buscando algo que cazar para poder llevar a la aldea. El cheetah de pelaje dorado con manchas negras y de ojos verdes tenía una presa a la vista, era un ciervo grande que comía tranquilamente en un claro del bosque, sin darse cuenta de que una flecha estaba siendo apuntada hacia su ser. Por la cornamenta se podía decir que era un macho. Hunter se dispuso a disparar cuando de pronto el sonido de unas alas pesadas le llamó la atención. Luego oyó un golpe y un rugido. Momentos después dos dragones cayeron del cielo. Uno era negro y el otro era verde. El ciervo había huido al oír el rugido de los dragones que ahora estaban peleando. El negro era ligeramente más grande que el verde, quien solo intentaba retroceder. A Hunter lo que más le sorprendió del verde fueron sus completamente negros ojos, no era algo que se veía todos los días. En un momento, el verde intentó alzar el vuelo, pero el negro lo atrapó por la cola con las fauces y lo estampó contra el suelo, poniéndose encima suya para inmovilizarlo.
-¿Dónde están? –preguntó el negro, pero no hubo respuesta.
Como represalia, el negro dio un fuerte zarpazo al verde en el rostro, logrando hacer que este girase la cabeza por la fuerza del golpe. Ese golpe habría causado una fea herida, sin embargo, en el rostro del verde no había ni rastro de sangre o de cortes.
-¡Responde! –ordenó el otro- ¿Dónde se han escondido esos dos cobardes?
-No sacarás respuestas de mí, Dark. –respondió el verde recibiendo otro golpe del nombrado y soltando un rugido de dolor.
Dark estaba sujetando al verde con su cuerpo, inmovilizando una de sus patas delanteras con su peso para así tener él una zarpa libre para golpearle mientras con las otras patas pisaba las patas del verde para impedirle moverlas y con su cola sujetaba la cola del otro.
Hunter buscó un sitio donde esconderse antes de ser visto pero al mismo tiempo buscó que el sitio pudiese servirle para observar lo que estaba pasando. Dark seguía preguntando donde estaban dos sujetos a los que por fin dijo a quien buscaba. No usó sus nombres pero por las descripciones el cheetah pudo saber que estaba buscando a Cynder y a Spyro, pero el verde seguía guardando silencio. Al final, Dark se apartó y lanzó al verde contra un árbol con la cola. Sin darle tiempo al más joven de levantarse le saltó encima y empezó a rajarle con las garras. Los sonidos de la paliza llegaban a oídos del cazador. Momentos después se quedó todo en silencio.
-Da igual. Sabiendo lo bondadoso que puede llegar a ser el dragón púrpura y su preocupación por sus amigos, tarde o temprano vendrá a buscarte. Así que solo debo esperar. –dijo el dragón negro antes de coger al verde del cuello y empezar a arrastrarlo por el suelo del bosque, inconsciente.
Hunter los siguió con todo el sigilo que pudo reunir tras enviar una carta a su villa con su halcón, evitando ser visto por el negro. Después de varios minutos el halcón regresó con una respuesta del Jefe Prowlus. Decía que los dos dragones habían llegado a la villa y en esos momentos estaban descansando mientras esperaban a un amigo. Hunter dedujo que el dragón verde atrapado por Dark debía de ser a quien se referían sus jóvenes amigos. No escribió respuesta, la orden del Jefe era clara. Debía ayudar a ese dragón y llevarlo a la Aldea. El halcón se alzó al cielo a esperar a la próxima llamada de su maestro. Mientras, Hunter seguía persiguiendo a Dark.
Después de lo que parecieron horas, Dark se detuvo, parecía cansado después de tanto camino andado. Se acercó a un árbol de tronco grueso y, utilizando algún tipo de poder oscuro hizo que las raíces del árbol sujetasen al dragón verde de las patas y le mantuviesen las alas cerradas. Luego pareció fijarse en algo, algo en el pecho del joven verde. Después de mirarlo, el negro acercó una pata delante del morro del verde.
-Respiras. Bien. –dijo antes de apartarse a las sombras y tumbarse a esperar a que el verde despertase.
Hubiese sido una oportunidad de oro para Hunter, de no ser porque el dragón negro seguía despierto.
Sin embargo su oportunidad llegó. El estómago de Dark rugió de hambre y el dragón negro se tomó la confianza de ir a cazarse algo. En ese momento, Hunter se acercó al árbol y, como pudo, cortó las raíces que ataban al joven dragón con su daga. Le llevó mucho, después de todo era madera no lianas o cuerdas, pero logró liberarle a tiempo. Sin embargo, el joven no despertaba. Hunter no tenía tiempo, como pudo cogió sobre su espalda el pecho del dragón que de tamaño sería medio cuerpo más grande que el cheetah, sin contar la cola. Para desgracia de la espalda del cazador, tuvo que cargar con el pesado dragón hasta sacarlo del claro y luego bosque a través. Pero mirando el lado positivo, hunter pensaba que el dragón iba a pesar más de lo que pesaba, pero por desgracia estaban dejando un rastro demasiado claro para que Dark los siguiera. El peso extra hacia que las huellas del cazador fuesen más profundas y las patas traseras y la cola del dragón dejaban algunos surcos en el suelo a su paso. A paneas había logrado avanzar mucho camino cuando Hunter oyó tras de sí pesados y acelerados pasos. Se temió lo peor en ese momento y, desesperado, buscó donde esconderse mientras los pasos se acercaban cada vez más.
Mientras tanto, en la Aldea, Spyro estaba sentado fuera de la muralla mirando hacia el bosque sobre el que se alzaban las Lunas Celestiales. Su rostro estaba pensativo y de echo eso era lo que estaba haciendo, estaba pensando. Pensando en el nuevo amigo que habían hecho aquella tarde. "¿Dónde está?" se preguntaba "No podría soportar que muriese por ayudarnos. Debí haberme quedado con él a luchar contra Dark. ¿Y si le ha capturado? O peor." Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando un ala fue puesta sobre su cuerpo. El joven púrpura miró a su derecha para encontrarse mirando directamente a los ojos de Cynder.
-¿Preocupado? –preguntó la dragona violeta.
-Sí. –respondió él pero luego le contó la razón- La verdad es que no lo entiendo. Quiero decir: A penas le conocemos ni él parecía conocernos aun así se pone en peligro para alejar a Dark de nosotros y que pudiésemos llegar al menos hasta la aldea de los cheetahs.
-Tú le oíste, Spyro. –dijo Cynder- Él lo dijo: lo ha perdido todo. Familia. Amigos. En cambio, a nosotros nos esperan los Guardianes en Warfang.
-Aun así no puedo evitar estar preocupado, Cynder. –dijo él.
-¿Es porque es el único dragón joven que hemos conocido desde que... nos conocimos? –preguntó ella.
En parte tenía razón, no había conocido a otros dragones jóvenes en su vida salvo ellos mismos y ahora que habían conocido a otro este se había jugado la vida para conseguir que ellos regresasen a casa.
-En parte. –dijo él.
-Y la otra parte es…
-La otra parte es que, sin saber pelear, ha decidido entretener a Dark para que podamos llegar a Warfang. –dijo él.
-Me gustaría tanto como a ti esperarle aquí hasta que llegue, pero los guardianes necesitan saber que hay un general del Maestro Oscuro vivo dispuesto a vengar a su Maestro, si no a liberarlo de su prisión. –dijo ella.
-De acuerdo, esperaremos hasta mañana por la noche. Si Hunter vuelve sin él o si no vuelve antes del anochecer volveremos a Warfang y hablaremos con los Guardianes. –dijo él y ella asintió.
-Después iremos nosotros mismos a buscarle. –terminó ella dándose la vuelta y volviendo a la aldea, seguida por Spyro unos instantes después.
Al día siguiente, Spyro y Cynder siguieron esperando la llegada de su amigo de escamas verdes. Para matar el tiempo decidieron ayudar a sus anfitriones cheetahs a recuperar comida. Nada más despertarse, se acercaron a un grupo de cheetahs que llevaban una especie de redes.
-¿Podemos ayudaros? –preguntó Spyro haciendo que los cuatro aldeanos se girasen a mirarles.
-¿Sabéis pescar? –preguntó uno de ellos que parecía ser el más experimentado.
Su pelaje era de un tono negro con la mandíbula inferior, el pecho y el vientre blancos y en toda la zona negra tenía rallas blancas decorando su pelaje, incluso en la cola. Tenía una de las orejas a medio caer y la otra estaba erguida sin problemas. Sus ojos eran de color rojo intenso.
-Un poco, pero podemos mejorar. –dijo Cynder.
El pescador se quedó pensando un momento mirando a los dos con un rostro serio.
-De acuerdo. Vosotros os encargaréis del tramo del río en el que no hay redes. Pescad todo lo que podáis. –dijo- Coged unas cestas para que podáis guardar el pescado y os aviso, cuando valla a echaros un vistazo espero que tengáis al menos una cesta llena. –les dijo.
-De acuerdo. –dijeron los dos a la vez.
Se acercaron a las cestas y cada uno cogió una y se marcharon volando hasta la zona que les habían dicho que tenían que pescar.
Cuando llegaron dejaron las cestas a un lado y se acercaron al río. A través de la superficie del agua cristalina pudieron ver muchos peces nadando a favor y contra corriente.
-Deja los pequeños, Spyro. –le dijo Cynder.
-Pues entonces a coger solo los más grandes. –dijo antes de lanzar su zarpa al agua en un intento de atrapar un pez. Logró hacerlo saltar del agua pero según intentaba atraparlo entre las zarpas delanteras se le escapaba hasta que al final Spyro cayó de lleno en el agua con el pez saltando entre sus cuernos antes de caer al agua dándole un coletazo en el morro antes de chapotear al volver al agua dejando a un avergonzado y empapado dragón púrpura sentado en la orilla del río. Por su parte Cynder no pudo evitar echarse a reír rodando por el suelo. Tenía la cara enrojecida por la risa mientras intentaba calmarse pero cada vez que estaba a punto de conseguirlo volvía a estallar en risas.
-Me gustaría ver cómo lo haces tú. –dijo él sin salir del agua.
En cuanto consiguió relajarse, Cynder se metió en el agua del río sin alejarse demasiado de la orilla y esperó con paciencia, quedándose quieta. Cuando un pez se acercó a sus patas creyendo que no había peligro, Cynder aprovechó para, con un rápido movimiento, sacar el pez del agua haciéndolo caer en la orilla y luego saltó sobre él, sujetándolo hasta que el pez dejó de moverse y luego lo llevó a la cesta utilizando la cola. Spyro se quedó completamente paralizado un momento antes de reaccionar mientras Cynder le miraba, pudiendo ver como sus mejillas se volvían tan rojas como las de un dragón de elemento fuego.
-¡E-e-e-e-e-eso ha sido suerte! –dijo él poniéndose a la defensiva.
-Claro, dragón pescador. –le dijo ella intentando picarle- Parece que después de todo estoy sacando más de una cosa buena de mi pasado. –comentó.
Spyro se quedó en shock un momento, olvidándose de la pesca. Podía entender que su forma de pescar lo había adquirido sobreviviendo por sí misma pero no lograba caer en la otra cosa a la que se refería ella. Al verle así, Cynder se acercó a él y acercó su cabeza a la de él.
-La otra cosa eres tú, cortito. –le dijo en un susurro y luego disfrutó de ver como toda la cabeza de Spyro se volvía roja.
Sin decir nada más, los dos se centraron en pescar. Cynder no fallaba ni uno solo de sus intentos, mientras que los éxitos de Spyro se reducían a tres de cada diez. Con el orgullo herido no quería que Cynder le enseñase su "truco" para pescar y mientras ella ya tenía su cesta rebosando, él solo iba por la mitad de la suya.
-Valla, admito que no me esperaba una cesta tan llena. –oyeron de pronto una voz, al girarse vieron al pescador que les había dejado ir con ellos- Por cierto me había olvidado presentarme, soy el Maestro Pescador Timoteo, pero podéis llamarme Tim. –en ese momento se fijó en que Spyro parecía frustrado- ¿Debería preguntar quién ha llenado la cesta primero?
Ante la pregunta Spyro solo se dio la vuelta y siguió intentando pescar, logrando por fin sacar otro pez del agua y sujetarlo entre sus zarpas al saltar a la orilla hasta que el pez se quedó quieto y luego lo lanzó a la cesta medio llena. Tim no dijo nada más respecto al asunto, solo se giró hacia Cynder.
-Bueno Cynder, lleva esta cesta a la aldea y tráete otra, todavía queda mucha pesca. Tenéis que llenar cada uno cuatro cestas y llevarlas a la aldea para dar por terminado el día. –dijo el maestro pescador antes de irse.
-¿Cuatro cestas? –preguntó Spyro viendo que apenas había logrado llenar una sola en todo el tiempo que llevaba allí intentándolo.
-Sí, Spyro. Y te daré un consejo. Si hay alguien que lo hace mejor que tú, aparta tu orgullo y deja que te enseñe. Aprenderás más equivocándote al seguir un patrón que cambiándolo con cada error que cometes. –dicho eso el pescador se marchó.
Cynder se dispuso a marcharse con su cesta.
-Cynder, espera. –dijo Spyro- ¿P-podrías echarme una pata?
-Claro, cuando vuelva te ayudo. –dijo ella marchándose con la cesta.
Spyro se quedó en el río intentando pescar, sus intentos estaban siendo cada vez más fructuosos pero seguía fallando.
Cuando Cynder regresó con tres cestas vacías colgando de sus patas y su cola, antes de acercarse al río miró la cesta de Spyro.
-Valla. Casi la tienes llena. –dijo Cynder con un pequeño tono de burla.
-No te mofes y ayúdame anda. –dijo Spyro mientras intentaba liberarse de una anguila que se le había enrollado entre las patas y le tenía tumbado en el agua.
-¿Eh? ¿Qué pasa? –preguntó Cynder mientras le veía revolcarse en el río como un cachorro chapoteando.
Al ver que al héroe púrpura le estaba dando problemas una anguila enredada entre sus patas, no pudo evitar soltar una risilla.
-Pero ¿es que hay algo que no te pase? Spyro. –dijo ella acercándose para ayudarle a liberarse de la anguila pero al final el serpentino animal consiguió enredar a los dos por las patas.
-¿Decías? –soltó Spyro mirando a Cynder intentando mantener la cabeza fuera del agua mientras los dos estaban tumbados de lado el uno frente al otro, lo cual hacía la situación algo más incómoda.
-Ni una palabra, Spyro. –dijo ella sonrojada por lo embarazoso del asunto.
Durante un rato estuvieron peleándose con el pez serpentino para liberarse de su enredo y parecía que la anguila se lo estaba pasando pipa frustrando los intentos de los jóvenes dragones por liberarse.
-¿Problemas con las anguilas? –oyeron de pronto la voz de Tim desde la orilla.
Los dos le miraron mientras él se acercaba a ellos y se agachaba para ayudarles.
-Lo primero tenéis que relajaros. –dijo y los dos respiraron profundamente para intentar relajar la tensión de sus músculos- Ahora os pegáis hasta, en vuestro caso, poner las patas sobre el otro. –dijo mientras pegaba a los dos dragones.
Incluso el cheetah tenía que admitirlo, la situación era muy incómoda pero al menos al acercarse los dos la anguila empezó a moverse hasta desenredarse por sí sola.
-Y ahí va. –dijo levantándose y dando espacio a los dos dragones.
Spyro no tardó en dar un salto y tomar distancia de Cynder dándose la vuelta para esconder su sonrojo, Cynder por su parte también miró hacia otro lado, pero no se movió. Durante un momento estuvieron en silencio.
-Em. Spyro. Cynder. No sé qué pasa entre vosotros pero os pido que lo dejéis de lado y empecéis a pescar. –dijo el cheetah- Os ayudaré durante un momento así me llevaré una de las cestas y adelantaréis trabajo.
Los dos jóvenes asintieron con tranquilidad y Cynder decidió aprovechar para enseñar a Spyro sus trucos de pesca.
-Bueno Spyro, si queremos acabar hoy tendrás que hacerme caso. –dijo ella- Quédate quieto y relájate. La pesca se centra en la paciencia. –dijo ella situándose frente a él y quedándose quieta mientras miraba el agua.
Él se centró en imitarla y estuvo igual, quieto y relajado. Las patas dejaron de temblarle en cuanto se relajó y luego vio un pez nadando entre sus patas. Cynder fue más rápida en golpear el pez para sacarlo del agua y repetir la rutina hasta que dejaba de moverse y luego meterlo en la cesta.
-Así es como se hace, inténtalo. –dijo ella sentándose un momento a mirar.
El púrpura asintió y se quedó quieto un rato. Pasado un momento un pez de mayor tamaño de todos los que habían pescado pasó entre sus patas y, de golpe, Spyro lo golpeó sacándolo del agua. La dragona violeta lo sujetó hasta que dejó de moverse y luego lo metió en la cesta de Spyro.
-Muy bien, ahora sigamos así. –dijo ella metiéndose en el agua para luego mirar al Maestro Pescador, que estaba sentado en la hierba de la orilla, sin hacer nada y con una ramita de algo amarillo sujeto con la boca.
No quiso decir nada así que simplemente se puso a pescar.
Pasado un rato, la primera cesta de Spyro estaba llena y el cheetah se levantó, acercándose al gua y haciendo algo en la orilla. Al momento, Tim empezó a tirar de una red que estaba llena de peces y se la echó al hombro.
-Bueno, chicos, yo me marcho. –dijo echándose la red al hombro mientras se empezaba a marchar, llevándose una de las cestas de Cynder que ya estaba llena mientras ella seguía pescando.
-Yo también me voy, voy a por mis otras cestas. –dijo Spyro.
Dicho eso el púrpura se marchó volando con su cesta entre las zarpas delanteras. Regresó pasados unos minutos con dos cestas más y Cynder se marchó con una de las suyas. Cuando ella regresó Spyro estaba esperando para poder irse con su cesta llena y la otra por la mitad para así dejarla a ella vigilando las cestas. Cuando regresó, Cynder había terminado de llenar las dos cestas y los dos las llevaron de vuelta a la aldea.
-Bien, ya tenemos pescado suficiente y todavía no es medio día. –dijo Tim- Tal vez deberíais ir a ayudar en los huertos, creo que podrían necesitar una buena ayuda. –sugirió.
-¿Los huertos? –preguntó Spyro.
-Será mejor que os lleve allí. –dijo Tim sonriendo y les indicó que le siguieran.
Tras una caminata a lo largo del valle y un poco de bosque llegaron a un lugar donde varios cheetahs estaban trabajando haciendo surcos en la tierra.
-¡Lara! –llamó Tim a gritos.
Pasado un momento una cheetah de pelaje totalmente blanco se acercó a ellos. Lo único que esta cheetah no tenía blanco era el borde del mentón inferior y las puntas de las orejas, que eran de un tono negro. Vestía con prendas de tela verdosas y encima de estas llevaba otras prendas marrones y en la cabeza tenía un sombrero que le hacía sombra sobre la cabeza.
-¿Qué pasa? Tim. –preguntó la cheetah que sujetaba sobre uno de sus hombros una especie de herramienta que consistía en un palo de madera alargado y en el extremo contrario al que Lara lo tenía sujeto tenía una especie de metal que salía recto y luego se giraba haciéndose más ancho y luego formando una punta.
-Te he traído a dos que quieren ayudar con el huerto. –dijo el pescador.
Ella miró a Spyro y a Cynder un momento.
-Mmf. –soltó mientras los miraba bien- De acuerdo, si los héroes quieren ayudar que cojan un sombrero y empiecen a arar la tierra. –dijo señalándoles a ambos hacia una estructura de madera en la que había colgados más sombreros como los que tenía ella.
-Gracias. –dijo Cynder.
-A vosotros por querer ayudar. –respondió ella acompañándoles y ayudándoles luego a colocarse bien los sombreros, acomodando los cuernos- Ya estáis listos. Ahora poner esas garras y colas a trabajar. –dijo señalándoles un terreno algo alejado que no había sido empezado a trabajar- Aseguraos de arrancar las malas hierbas antes de arar y hacer los surcos en línea recta. –dijo ganándose una mirada confundida de los dos a lo cual ella respondió frotándose el interior de los ojos con dos dedos y luego señaló un terreno en el que otro cheetah estaba trabajando con una herramienta que estaba en el suelo con un extremo de metal y unos agarres de madera la cual estaba empujando el cheetah- Eso es arar la tierra y es lo que quiero que hagáis en aquel campo. Venga a trabajar. –dijo ella volviendo a su trabajo.
Spyro y Cynder se pusieron a trabajar de inmediato en cuanto supieron lo que tenían que hacer y se acercaron al terreno que les habían indicado. Buscaron entre los dos por todo el campo, arrancando hierbajos y limpiando el área y luego empezar a hacer los surcos que les habían dicho utilizando sus colas, sin embargo no les quedaban tan bien.
-Spyro. Cynder. –les llamó una voz desde otro campo.
Cuando miraron vieron a un cheetah de pelaje azul y manchas negras les observaba y les hacía señas para que se acercasen.
-Esto os ayudará a arar la tierra mejor. –dijo enseñándoles una herramienta de arado que era igual a la que estaba usando el cheetah que habían visto antes- El problema está en que uno de los dos tendrá que empujarla y el otro tirar de ella. –dijo luego enseñándoles unas correas de cuero.
-Pero, hemos visto a uno de vosotros hacerlo sin nadie que tirase de esa cosa. –dijo Cynder.
-¿Te refieres a Erni? –preguntó mirando hacia el nombrado, quien ahora estaba tirado en el suelo con el sombrero cubriéndole la cara- Ese es un musculitos que no consigue manejarse pescando ni cazando así que se dedica solo al trabajo de los huertos. –dijo sonriendo- Bueno. ¿Quién va a ponerse el arnés y quién va a empujar? –preguntó.
Tanto Spyro como Cynder ofrecieron al otro para tirar a lo cual el cheetah solo soltó un suspiro.
-De acuerdo entonces tiráis los dos y yo empujo. –dijo entrando en el campo poniéndose un arnés al que le faltaba un enganche por sujetar pero no lo llevó a ninguna parte- A trabajar. –dijo acercándose con los arneses a ellos, haciéndoles retroceder un poco.
-¡Dejad de holgazanear y a trabajar! –gritó de pronto Lara- Si no os decidís os toca tirar a los dos, jóvenes héroes. –dijo mientras levantaba una enorme verdura sobre su cabeza y se la llevaba con ayuda de otros dos.
Ante las palabras de quien parecía ser la que mandaba en los huertos Cynder y Spyro se dejaron colocar los arneses y el cheetah, que se presentó como Larry los enganchó a la herramienta y luego se enganchó él con el enganche de su arnés que estaba sin agarrar, pero él se agarró a la parte de atrás.
-Atentos. Tenéis que tirar a la vez y con la misma fuerza si uno de los dos pone más fuerza que el otro la herramienta girará y nos saldrá un surco torcido. Lo que querrá decir que tendremos que hacerlo de nuevo. –explicó y los dos asintieron.
A la cuenta de tres del cheetah los tres empezaron a tirar y a empujar.
-Menos fuerza Cynder. Tira un poco más Spyro. –empezó a dar instrucciones Larry.
Pasadas unas horas y después de repetir unas cuantas veces el primer surco, los tres se sincronizaron y empezaron a hacerlo bien. Cuando por fin terminaron el campo, Lara les hizo arar los demás ya que entre tres lo harían más rápido. Cuando por fin acabaron Spyro y Cynder estaban agotados y no es que el olor fuese muy agradable, mucho menos al calor de la soleada mañana.
-Bien, ahora todos volver a la aldea y tomaros un descanso antes de que llegue la hora de ir a cazar. –dijo Lara mientras Larry ayudaba a Spyro y Cynder a deshacerse de los arneses que los ataban al arado.
Definitivamente el descanso se lo habían ganado, así que en cuanto llegaron a la aldea les ofrecieron a cada uno un poco de pescado que ellos habían ayudado a pescar y unas cuantas frutas de los huertos en los que habían estado trabajando.
-¿A que la comida sabe mejor cuando has puesto tu propio esfuerzo para conseguirla? –preguntó el Jefe Prowlus a los dos dragones.
-Lo cierto es que sí. –concedió Spyro sonriendo disfrutando de su pescado y las frutas.
Cynder prefirió no hablar y centrarse en disfrutar de la comida. Después de comer los que habían estado trabajando en los huertos se retiraron a las cabañas mientras Spyro y Cynder decidieron tumbarse un poco al otro lado de la muralla de madera de la aldea. Antes de darse cuenta o si quiera de preocuparse por algo que no fuese ponerse cómodos, los dos cayeron en un tranquilo sueño.
Bueno ahí lo tenéis espero que os haya gustado y os hayáis divertido con este capítulo. Ya en el próximo volverá el dragón verde y puede que aparezcan nuevos personajes... también puede que no... jejeje y que no os de miedo dejarme comentarios que yo no me como a nadie ^^
PD: por fin en el próximo capítulo será revelado el nombre del dragón verde.
un saludo desde España.
