Bueno, después de varios días aquí os traigo por fin el capítulo 3 de este fan fic, por fin veremos algo más de acción y tal vez algo despierte dentro de nuestro misterioso dragón verde, quien sabe... Bueno espero que os guste el capítulo y que lo disfrutéis tanto como yo he disfrutado haciéndolo. Puede que os quedéis con muchas dudas, pero os aseguro que todas quedarán explicadas... a su debido tiempo. *sonríe de lado* No soy dueño de ninguno de los personajes originales de las sagas de Spyro que aparezcan en este fanfic, esos personajes pertenecen a sus respectivos creadores, yo solo soy dueño de mis propios personajes. ahora ya sin más espera: Disfrutalo y opinad que no me como a nadie ^^
Ni Hunter ni el otro dragón habían aparecido todavía y según iba bajando el sol desde lo alto el tiempo se iba agotando y nada en los bosques daba señales de movimiento, a excepción de algunos ciervos y jabalíes que salían un instante del bosque sin alejarse demasiado para poder volver a algún lugar seguro en caso de peligro. Cynder parecía tranquila pero en su mente estaba ligeramente preocupada. Spyro seguía dormido, tumbado a su lado. Ella llevaba ya un rato despierta, observando desde fuera de la muralla de la aldea cheetah, sumida en sus pensamientos. "¿Por qué lo haría?" se preguntó a sí misma mientras recordaba aquel momento en que abrió los ojos para ver al dragón verde sujetando la zarpa de Dark. "Su fuerza era sorprendente. Fue capaz de detener a Dark con todo el poder que puso en su ataque sobre mí." Sin embargo, algo cruzó su mente después. La imagen de aquella sonrisa confiada en el rostro de aquel dragón verde de ojos inescrutables, negros como una noche sin estrellas. "Con esa fuerza aunque no sepa luchar no puede ser que esté muerto. ¿No?" se preguntó mirando un momento al suelo.
Pasados varios minutos el sonido de pasos de dos patas acercándose llegó a sus oídos. La dragona violeta se giró para ver a un cheetah de pelaje anaranjado y blanco, y orejas de un tono negro muy similar al del Jefe Prowlus, salvo porque su color era ligeramente más oscuro y, a diferencia del jefe, este cheetah vestía con un chaleco de cuerpo adornado por encima con telas verdes y unos pantalones cortos de tela marrón.
-¿Preocupada por algo? Cynder. –preguntó mientras se acercaba.
-Es solo… -empezó ella pero luego se silenció un momento antes de decir:- ¿Crees que alguien que no te conoce de nada en absoluto saltaría delante de un ataque que va dirigido a ti para salvarte? –preguntó ella luego.
-Bueno, vosotros me salvasteis a mí cuando los Grublins me aprisionaron en aquella cueva río arriba, tras la cascada. –le dijo él.
-Es diferente Meadow. Nosotros al menos sabíamos algo de ti y además nos ofrecimos a ayudarte cuando tu jefe no pudo enviar a nadie a buscarte. –dijo ella.
-Lo que quiero decir es que no veo por qué alguien no debería ayudar a otro sin conocerle. Te pondré otro ejemplo: Lo que pasó contigo. –dijo el cheetah sentándose junto a ella, quedando la dragona violeta entre el cheetah y Spyro.
-¿Conmigo? –preguntó ella girando la cabeza para que sus orbes de color esmeralda se encontrasen con el rostro del cheetah que miraba hacia el frente.
-Sí. Contigo. Conozco la historia del enfrentamiento que tuviste con Spyro. –dijo él y ella puso mala cara- No es mi intención traer malos recuerdos a la memoria. Pero recuérdalo: Después de derrotarte, Spyro eligió salvarte a pesar de que lo único que conocía de ti era… bueno ya sabes. Y, si he entendido bien, a partir de ahí siempre te ha defendido. Él tuvo fe en ti y tú no le fallaste, estuviste a su lado hasta el final.
Dicho eso el cheetah guardó silencio mientras Cynder pensaba sobre todo lo que habían pasado Spyro y ella juntos. Al principio ella había ido con el dragón púrpura obligada por la cadena mágica de Malefor, sin embargo, al final, le había acompañado por propia voluntad y él había respondido, ayudándola tanto como ella le ayudaba a él en todo momento, en cada batalla.
Un ruido la sacó de sus pensamientos y luego sintió movimiento a su lado, al girarse vio a Spyro moviéndose ligeramente, despertando de su siesta por fin y luego estirándose al mismo tiempo que soltaba un bostezo para desperezarse. Tras eso, el púrpura solo se sentó y miró a su alrededor mientras sus ojos color amatista se adaptaban a la luz y al parecer su vista se enfocó mientras miraba a Cynder a la cara.
-¿Has descansado bien? –preguntó Meadow levantando una zarpa para llamar la atención del púrpura desde detrás de la dragona violeta.
El púrpura adelantó la cabeza para ver quien hablaba.
-¡Ah! Meadow. Sí, muy bien, gracias. Oye no hemos tenido tiempo de hablar ¿Qué tal todo? –preguntó el púrpura.
-Bueno, desde que la guerra acabó la verdad es que no hay mucho que hacer fuera de la rutina, salvo por algunos ataques de Grublins que todavía campan por ahí y por algunos Apes que atacan de vez en cuando, pero son ataques desorganizados así que podemos hacernos cargo de ellos. –dijo el cheetah con una sonrisa.
-Supongo que Prowlus sigue reacio a dejar a otros dragones vivir en la aldea. –comentó Cynder luego.
-Para seros sinceros, en los únicos dragones que confía es en vosotros. –dijo el bípedo- El otro día vino a vernos el mismísimo Guardián del Hielo en persona. Lo primero que preguntó fue por vosotros y os aseguro que con la respuesta que le dio el Jefe Prowlus sentí envidia de los que habían ido a cazar.
-¿Cyril estuvo aquí? –preguntó Spyro.
-Sí, Hunter le guio hasta la aldea pero para qué. Entre que el dragón de hielo no dejaba de decir que alguien de su gran linaje de dragones de hielo no tendría que aguantar la arrogancia de mi jefe y la desconfianza del segundo hacia los dragones. La tensión era tan intensa que echaba para atrás. Al final Tim se interpuso en la conversación respondiendo a la pregunta del Guardián y, después de descansar un poco a las afueras de la aldea regresó a Warfang.
-Eso seguro que fue todo un espectáculo. –dijo Cynder sonriendo.
-Cyril es muy fácil de pinchar si vas a por su ego. –comentó Spyro tas reír entre dientes mostrando una gran sonrisa.
Los tres rieron después de ese comentario, había mucha razón en esas palabras. Ignitus había logrado callar a Cyril un par de veces respondiéndole sarcásticamente apelando a la grandeza del dragón de hielo durante el tiempo que estuvieron en el Templo del pantano.
Después de eso los tres se quedaron mirando hacia el bosque.
-La hora de la caza será dentro de poco. Si queréis participar seréis bienvenidos. –dijo Meadow pasado un rato de silencio.
-¿Tú te encargas de la caza? –preguntó Spyro.
-Solo cuando Hunter no está. –respondió el cheetah- Ahora si me disculpáis, debo ir a prepararme.
En ese momento Meadow se levantó y se marchó para ir a por sus cosas de caza. Sin embargo, antes de que pudiese moverse para irse, el sonido de un árbol al caer llamó la atención de todos. Al mirar hacia el bosque no vieron nada en un principio y durante un momento no pasó nada, así que cada uno pensó que se lo había imaginado, sin embargo, antes de que pudiesen darse la vuelta se oyó un fuerte rugido y luego algo salió del bosque cayendo y rondando por el prado del valle hasta llegar a detenerse cerca de la orilla del río.
Hunter estaba descansando sentado en el suelo, disfrutando de unas manzanas para comer mientras, a su lado, el dragón verde devoraba su quinta manzana. El cheetah todavía recordaba lo sucedido la noche anterior. Habían escapado por los pelos de Dark, por no decir que habían tenido la grandísima suerte de caer en una cueva cuyo techo estaba debilitado. La caída no había sido larga pero la sí fue lo suficientemente fuerte como para causarle al cazador una noche entera de dolor de cola. El dragón verde había despertado al amanecer pero aun así parecía estar muy débil. Después de mucho pensar, discutir e intentarlo, consiguieron salir de la cueva, lo primero que hicieron fue conseguirse algo para comer. Hunter quedó sorprendido con la velocidad a la que el dragón verde se recuperó de su debilidad en cuanto salió de la cueva. Entre los dos habían conseguido cazar un ciervo adulto y el dragón se había comido la mitad para desayunar mientras el cheetah se había conformado con una pata. Después se pusieron en marcha.
Al llegar el medio día, los dos se detuvieron para comer. El dragón se terminó el ciervo y en ese momento se estaba terminando la última manzana. Hunter por su parte se había decidido por comer solo fruta para pasar el resto de la tarde. Todo estaba tranquilo y aunque estaba claro que el dragón verde confiaba en él, éste no había dicho ni una palabra desde que habían despertado. Tras terminar su comida el dragón se levantó de donde estaba tumbado y enterró los restos de las frutas alrededor del claro, después de eso se sentó en el centro del claro y extendió las alas conforme cerraba los ojos. La luz del sol le daba directamente al ser medio día y ser un claro abierto. Cuando Hunter intentó llamar la atención del dragón tocándole un ala tuvo que apartar la pata de inmediato, el tacto con la articulación del ala había sido como tocar metal caliente por estar al sol. El cheetah se quedó sorprendido.
-Hunter, ¿verdad? –preguntó de pronto el dragón.
-Sí. –respondió el cheetah, no le sorprendió que supiese su nombre, después de todo se había presentado ya previamente- Y ¿tú eres? –preguntó después.
-Ferro… -dijo deteniéndose al hablar como si fuese a decir algo más pero no dijo nada.
-Ferro, entonces. –dijo el cheetah- ¿De dónde eres?
-Yo… no lo sé. Llevo… años en un… una cueva. –respondió el dragón.
-No suenas muy seguro de eso.
Esas palabras causaron que el dragón le mirase directamente y se quedase callado durante un largo rato, en un silencio muy incómodo y con una cara que decía más bien poco sobre lo que estaba pensando. Su rostro tenía un aspecto pausado y tranquilo, no estaba tenso, era de lo más extraño. Hunter juraría que lo que le había dicho había pillado al dragón desprevenido pero ese rostro impasible le ponía nervioso, sobre todo con esos ojos completamente negros fijos en él.
-De acuerdo, no he estado en ninguna cueva, me has pillado. –dijo el dragón de pronto- Pero de verdad solo sé que el lugar que abandoné está muy lejos de aquí.
-¿Abandonaste tu hogar?
-No me quedaba nada. Todo fue destruido. No quedó nada vivo. –dijo el dragón, su voz sonaba rota pero sus ojos se mantenían secos y su rostro con esa misma impasividad.
-No estarás… -empezó el cheetah pero antes de que pudiese terminar, Ferro lanzó su cabeza contra él.
-¡Lo vi con mis propios ojos! –dijo, casi gritándole a la cara, pero con la misma voz rota- Todo lo que amaba. Todo lo que me importaba. Todo por lo que luché durante años. Destruido de un plumazo… Como si no fuese absolutamente nada.
Conforme hablaba, la voz del dragón verde se iba apagando lentamente, hasta que al decir lo último apartó la mirada del cazador para quedarse mirando al suelo.
-Lo siento si te he ofendido.
-No te preocupes, lamento haberte gritado. Te diré algo, Hunter. No intentes leer mi cuerpo o mi rostro. No lograrás averiguar nada por mucho que lo intentes. –le dijo el dragón- Si quieres saber cómo me siento tendrás que aprender a escuchar mi voz.
Con eso dicho, los dos se pusieron en marcha de nuevo en dirección este.
El tiempo pasaba despacio mientras los dos caminaban por el bosque, charlando más animadamente. Hunter intentaba evitar entrar en temas personales sobre el dragón, le había quedado claro que hablar de su pasado le era muy doloroso. Cuando ya estaban cerca del final del bosque, algo pasó: Ferro se quedó parado en el sitio, con las cuatro zarpas pegadas al suelo.
-¿Estás bien? –preguntó el cheetah.
-¡No… puedo moverme! –respondió el dragón.
-Por fin te encuentro. Maldito escurridizo. –se oyó de pronto una voz y, de entre las sombras más oscuras de los árboles, surgiendo del suelo, salió Dark.
El dragón negro tenía un claro rostro de furia y no solo por sus ojos, que emitían un brillo rojo incandescente que impedía ver nada del ojo, ni el iris, ni la pupila. Ni siquiera la retina.
-¡D-Dark! –soltó el verde.
-Espero que no te moleste que haya encadenado tu sombra. –dijo- Debí hacerlo antes pero no. Tenía que ser confiado ya que estabas inconsciente. –añadió con sarcasmo evidente- Ahora tú te vuelves conmigo y respecto a ti, cheetah entrometido…
Sin decir nada, el dragón lanzó su cola contra Hunter, quien se apartó justo a tiempo de modo que solo su capa de cuero sufrió daños.
-Hunter… ¡vete! –dijo el dragón pero el cazador se negó, empuñando su arco y disparando rápidamente una flecha contra Dark.
El dragón negro intentó detener la flecha pero falló y la flecha se le clavó en un hombro, haciéndole soltar un gruñido furioso.
El dolor pareció romper la concentración de Dark, gracias a lo cual Ferro pudo volver a moverse y embestir al dragón negro, pero al ser de menor tamaño, Dark lo tuvo más fácil para detenerle esta vez. Usando una de sus patas para detener a Ferro e intentar aplastarlo contra el suelo. Pero al ver que no lo conseguía le dio un fuerte golpe con la cola, mandándolo contra un árbol. Al chocar, el tronco del árbol se partió y cayó lentamente, emitiendo un ruido crujiente antes de caer por completo. Ferro se levantó de nuevo pero apenas tuvo tiempo de hacer nada antes de sentir una cabeza contra su pecho. El golpe fue fuerte pero al contrario de lo que pensaba Dark, no hizo que le menor soltase el aire que había en sus pulmones. Con un rugido el general oscuro lanzó a Ferro por los aires con toda su fuerza. Mandándolo a volar a través de los árboles hasta caer al suelo, ya fuera del bosque. El verde rodó por el prado hasta llegar a la orilla de un río. Allí dejó de rodar y se levantó de nuevo. No parecía faltarle energía y mucho menos parecía que el dolor le hiciese más débil.
Tras un rápido vistazo hacia el frente, Ferro pudo ver una muralla de madera, que indicaba que estaban cerca de una aldea. Cerca de la muralla pudo ver a alguien, pero no tuvo tiempo de reconocer quién era antes de que un golpe de Dark consiguiese esta vez derribarle contra el suelo para luego ser obligado a meter la cabeza en el agua del río. Ferro inmediatamente dejó de respirar para evitar tragar agua, aguantando la respiración todo lo posible hasta que el negro le sacó la cabeza del agua.
-Créeme. Pienso disfrutar de cada segundo así que no vas a morir tan rápido como creías. –le dijo mientras le sujetaba la cabeza por uno de los cuernos- Y después vengaré a mi maestro. Gracias por traerme hasta ellos, niñato. –dicho eso el dragón negro volvió a hundir la cabeza del verde en el agua y esta vez la sostuvo todo lo posible mientras Ferro se resistía e intentaba sacar la cabeza del agua, pero la fuerza de su cuerpo estaba muy igualada a la de Dark de modo que su resistencia solo lograba anular el empuje del negro. Pasados unos momentos, Ferro dejó de resistirse, quedándose inmóvil. Dark por su parte le mantuvo la cabeza bajo el agua hasta que vio burbujas de aire salir a la superficie y los ojos del dragón verde cerrados a través de las aguas cristalinas. Solo en ese momento sacó la cabeza del verde del agua y de una patada lo derribó al suelo, inerte.
-¡Ahora seguís vosotros dos! –dijo el general oscuro mirando hacia Spyro y Cynder, quienes se habían acercado al ver la pelea y ahora estaban horrorizados al ver lo que acababa de pasar.
Ante ellos estaba su perseguidor. Aquel que les había dicho que les iba a matar para vengar a su maestro. A un lado, tirado en el prado, estaba el cuerpo inerte de quien les había salvado la vida el día anterior, inmóvil. Ni siquiera se le veía respirar. Su cuerpo no presentaba signo alguno de vida. Spyro se quedó paralizado ante la visión de otra muerte más de alguien que había intentado ayudarles, sin embargo, no tuvo tiempo de pensar en nada ya que Dark no perdió tiempo antes de lanzarse a por él y a por Cynder. Los dos tuvieron que dejarlo todo de lado y centrarse en pelear. En un momento, ambos aterrizaron y Dark se lanzó hacia ellos. Utilizando su electricidad, Spyro formó una esfera eléctrica en su boca y luego la lanzó contra el dragón negro, quien la esquivó con solo apartarse a un lado pero no se esperó que la esfera parase a medio vuelo para luego hincharse y explotar a su lado, haciéndole caer al suelo. Antes incluso de que aterrizase, Cynder tenía preparada una esfera venenosa en su boca y la disparó hacia la zona donde iba a caer el general oscuro, quien, sin tiempo para evitarla completamente, recibió el golpe en la cola. El veneno no tardó en hacerle daño debido al ácido que contenía, haciendo que Dark soltase un gruñido de dolor.
Sin embargo, todavía sintiendo dolor, Dark se lanzó contra ellos en una embestida terrestre, los dos, que habían aterrizado para concentrarse en sus ataques un momento, intentaron evitarla echándose a volar pero de inmediato, el dragón negro corrigió la trayectoria para alzarse en el aire y embestirles a los dos. Sin embargo, Cynder consiguió evitarlo, Spyro por su parte recibió el golpe de la embestida y Cynder se llevó un coletazo del hueso-sable de Dark. Por suerte, el dragón negro la golpeó con la parte no afilada de su arma natural. El dragón púrpura aprovechó la cercanía de su enemigo para lanzarle un chorro de llamas a la cabeza. Al estar pegados, Dark no pudo evitar un golpe directo y sintió como el chorro le quemaba así que se apartó de las llamas mientras Spyro las mantenía sobre él, intentando no perder distancia, hasta que Cynder le apartó del camino de un zarpazo del dragón negro que hubiese sido muy malo para el púrpura. Libre del ataque ígneo, Dark miró a los dos.
-Claramente os he subestimado. –dijo con el rostro arrugado en una expresión de cólera.
Spyro y Cynder se quedaron el uno al lado del otro en el aire, en una posición de batalla, listos para continuar. Dark empezó a concentrar energía oscura en su cuerpo. Ambos se dieron cuenta de esto e intentaron impedirle seguir concentrando pero antes de que se lanzasen al ataque, Dark fue derribado, perdiendo toda su concentración.
Cuando los dos jóvenes vieron quién había derribado a Dark se quedaron petrificados. El dragón verde estaba en pie sobre el negro, atacándole con sus zarpas e intentando atravesar su carne con su hueso-sable curvado y dentado por un lado, siendo detenido por el hueso-sable de Dark. Ninguno de los dos podía creerse lo que veían. Ellos mismos habían visto como Dark le había ahogado en el río solo unos minutos antes. Pasado un momento, el dragón verde tuvo que apartarse de Dark para evitar un ataque.
-¿¡Tú!? –exclamó el general oscuro- ¿¡Cómo puedes estar vivo!?
-Tendrás que hacer algo más que intentar ahogarme en un río para matarme, Dark. Además de que puedo aguantar mucho tiempo la respiración. –respondió el verde con una sonrisa triunfal al haber conseguido pillar al dragón negro con la guardia baja.
-¡Ahora es personal! –dijo el dragón negro para luego lanzarse al ataque, utilizando todas sus fuerzas.
Ferro solo pudo detener el primer ataque pero el segundo le dio de lleno en un costado, sin embargo, el verde se levantó tras rodar un poco, aguantando el dolor. Los dos se abalanzaron sobre el otro y acabaron en un enredo de patas y colas atacando y deteniendo ataques del otro, hasta que por fin se separaron. Ninguno de los dos había conseguido herir al otro, sin embargo se veía que Dark estaba empezando a cansarse. Por otra parte, Ferro también parecía moverse más lento, pero al contrario que Dark, el verde no estaba jadeando para recuperar aliento.
-¿Cómo puede seguir tan fresco? –preguntó Spyro en voz alta.
-No es momento para preguntarse las cosas. –dijo Cynder lanzándose al ataque de nuevo y Spyro no tardó en seguirla.
Cuando los dos llegaron al lado de Ferro no perdieron tiempo en usar sus elementos. Spyro lanzó una bola de fuego hacia Dark, la cual a medio camino se dividió en dos antes de chocar contra el suelo al ser esquivadas por el general. Cynder por su parte se acercó volando antes de lanzar un chorro de fuego de las sombras hacia Dark, solo para que el ataque fuese evitado también. Por otra parte, aprovechando la distracción que le habían proporcionado Spyro y Cynder, Ferro se lanzó al ataque de nuevo, golpeando a Dark con una embestida que derribó al dragón negro. Sin embargo, Dark le sujetó con sus patas delanteras antes de que Ferro pudiese alejarse e hizo que la cabeza del verde chocase directamente contra el suelo al girarse en el aire.
Tras ese ataque, Ferro se quedó aturdido. Al levantarse de nuevo retrocedió despacio y tambaleándose. Dark aprovechó para lanzar otro ataque pero una bola de electricidad le estalló cerca de la cara, electrocutándole y causándole dolor. El ataque había provenido de Spyro y había dado tiempo a Cynder para ponerse junto a Ferro.
-¿Estás bien? –preguntó ella sin perder de vista a Dark.
-Puedo seguir peleando. –respondió él con la voz ligeramente cansada.
-De acuerdo. –dijo ella antes de volver a lanzarse al ataque aprovechando que Dark todavía no se había recuperado de la electrocución.
Spyro también se había lanzado al ataque físico y ahora los dos estaban intentando herir a Dark. Sin embargo, el general oscuro utilizó su poder de las sombras para volverse intocable momentáneamente antes de hundirse en la tierra. Los tres miraron a todas partes, buscando cualquier indicio de su enemigo, hasta que este apareció por fin saliendo de la sombra de Ferro y cogiéndole del cuello, derribándole y apretándoselo para cortarle la respiración, sin embargo, le estaba costando mucho más de lo que esperaba y, cuanta más fuerza ponía, lo único que sentía era que le dolían los dientes, como si estuviese intentando morder una piedra pero no por ello dejó de hacerlo, sujetando todo el cuerpo del verde con el suyo. Cuando Spyro y Cynder intentaron ayudar a Ferro, Dark no tardó en derribarlos pero los dos eran persistentes y volvían al ataque mientras Ferro hacía lo posible por liberarse del agarre de Dark, sintiendo los colmillos del negro en su cuello, apretando pero de pronto hubo una pregunta en la mente de todos, excepto en la del verde. Sin embargo, todos seguían luchando como podían. Al final, Dark se hartó de intentar asfixiar a Ferro y lo que hizo fue apartarse y levantarlo del suelo para luego pasarle su hueso-sable por el pecho, algo que puso nervioso al verde y eso pudo notarse en el sonido de su respiración.
Sin esperar más, Dark hundió su hueso-sable a la altura del vientre de Ferro bajo las costillas, en la zona central. Ferro en ese momento soltó un quejido ahogado, sintiendo el dolor de ser empalado por una hoja curva que amenaza con causar severos daños internos y en parte lo logró. Mirando hacia abajo, Ferro pudo ver como un líquido oscuro emanaba de la herida donde todavía estaba enterrada la cola de Dark. Después de un momento, el general oscuro sacó su hueso-sable de Ferro y lo escupió al suelo antes de acercarse a él.
-Espero que sufras una muerte lenta y dolorosa. –dijo antes de girarse hacia Spyro y Cynder.
Los dos héroes se habían quedado bloqueados al ver como Dark conseguía por fin herir a Ferro pero luego reaccionaron y, en cuanto el dragón negro se giró, lanzaron cada uno un chorro de fuego, Spyro utilizando su elemento de fuego y Cynder utilizando su elemento de sombras. Dark tuvo que actuar rápido, aun así recibió un poco de los dos ataques antes de desaparecer una vez más en el suelo, apareciendo detrás de ellos y lanzando un potente grito hacia ellos acompañado de lo que parecían ser hondas de sonido de color rojo. Cynder fue la primera en girarse antes de que las hondas les golpeasen y reconoció el elemento Miedo. Sin embargo no fue lo suficientemente rápida para evitarlo y el ataque golpeó a los dos, derribándoles y haciéndoles acurrucarse en el suelo mientras un aura rojiza los rodeaba, indicando que estaban bajo los efectos de un potente ataque aterrador.
Cada uno tenía sus propias pesadillas. Cynder se veía a sí misma, de nuevo bajo el control de la oscuridad y, para empeorarlo todo, peleando contra Spyro, quien se negaba a combatir contra ella, el dragón púrpura lloraba desconsolado en su pesadilla antes de que Cynder le cogiese del cuello y apretase hasta partírselo, dejándole muerto en el suelo y luego se veía matando una vez más al resto de su raza, empezando por los tres Guardianes restantes. En su mente ella luchaba por negarlo, sabiendo que solo era una pesadilla causada por el elemento y que ella, siendo en parte una dragona del elemento Miedo, debería poder contrarrestarlo y estaba haciendo lo posible por conseguirlo, sin embargo, cuanto más peleaba, la pesadilla solo se volvía peor y peor, al final el terror la dejó inconsciente, causándole más y más pesadillas.
Por otra parte, Spyro se veía a sí mismo, o más bien, a su cuerpo, ya que al mirar hacia abajo pudo ver sus propias patas con un aspecto etéreo.
-¿Te has despertado? –escuchó de pronto y miró al frente para verse a sí mismo con una malévola sonrisa, muy similar a la de Malefor- Muy amable de tu parte entregarme tu cuerpo para albergar mi espíritu y poder completar la Gran Limpieza. –dijo.
La voz era la propia del joven dragón púrpura, pero con esas palabras se dio cuenta de que quien estaba en su cuerpo era el Maestro Osucro.
-No te dejaré hacer eso. –respondió él pero su voz sonaba diferente.
-¿A no? Y dime, ¿Cómo piensas detenerme si has intercambiado espíritu conmigo y estás encerrado en el núcleo del mundo? En otras palabras, ahora tú eres yo y yo soy tú. –dijo.
Spyro ante esas palabras se quedó completamente petrificado por el terror de lo que acaba de oír
-¿No lo recuerdas? Irrumpiste aquí destruyendo una pared, ofreciéndome una salida y además de eso, realizaste un ritual de magia oscura con el cual intercambiaste tu espíritu por el mío y lo mejor de todo… -en ese momento hizo una pausa para acercar su morro a la gran gema púrpura- … lo hiciste todo por propia voluntad. Nada de mi influencia te estaba controlando.
Con esas palabras Malefor soltó una risa malvada y luego alzó el vuelo, dirigiéndose hacia la salida proporcionada por el joven púrpura.
-No… -se dijo Spyro a sí mismo- ¡No! ¿Qué he hecho?
Sin embargo, antes de marcharse, Malefor regresó.
-¿Sabes? Ya que me has liberado y me has dado tu cuerpo, te llevaré conmigo para que veas de primera vista como destruyo todo lo que tanto amas.
Sin más palabras y utilizando su magia oscura, Malefor creó un cristal oscuro y luego absorbió en él el espíritu de Spyro, colgándose luego el collar al cuello.
Al llegar a la superficie, estaban en Warfang. Al lado del agujero estaba el cuerpo de Cynder, respirando así que debía de estar inconsciente.
-Valla. Valla. –dijo el Maestro Oscuro- No solo me das tu cuerpo, sino que también me has ahorrado la molestia de tener que volver a buscar a mi más fiel marioneta.
-¡Déjala en paz! –gritó Spyro con todas sus fuerzas.
-¿Sabes que es lo mejor de todo? Ella cree que sigues siendo tú, pero solo yo puedo oírte. Mmm. Creo que volver a ser joven va a ser más divertido de lo que pensaba. –dijo Malefor pero, antes de hacer nada empezó a concentrarse, lanzando un conjuro oscuro sobre sí mismo y sobre Cynder.
Una nube de oscuridad nubló la visión de Spyro y cuando está se disipó descubrió que su cuerpo era más grande y sus escamas habían adquirido un color negro oscuro, similar al de las escamas de Cynder bajo el control de Malefor, sin embargo, el seguía en el cristal oscuro colgado de su propio cuello. Ante él estaba Cynder, de nuevo en su forma adulta y corrompida y ahora despierta.
-Spyro… -dijo ella.
-Dominemos el mundo juntos, mi amor. –dijo Malefor, comenzando su engaño sobre la dragona negra.
-No le escuches, Cynder. Por favor. –gritó Spyro, pero solo recibió como respuesta una sonrisa malvada de Malefor.
-Sí. Limpiemos este mundo. Y dominemos el siguiente. –respondió ella y, acto seguido, abrazó el cuerpo de él, albergando el espíritu de su peor enemigo y los dos compartieron un apasionado beso.
Destrozado por la pesadilla, fuera de esta Spyro perdió también la consciencia. Todo lo que había luchado había sido para nada y no podía hacer nada para ayudar a Cynder a volver a la normalidad. Sin embargo, la pesadilla seguía. Pasado un momento, Cynder dio un toque al cristal colgado de su cuello, llamando su atención.
-Gracias por devolverme a mi Maestro. –dijo ella- Y gracias por darle tu cuerpo.
Esas palabras no pudieron hacer más daño a Spyro. Sin embargo, de pronto sintió calor a su alrededor, un calor agradable y relajante y unas palabras resonaron en su cabeza. Para Cynder las pesadillas también iban a peor pero la misma sensación de calor y seguridad y las mismas palabras lograron detenerlas en seco y que comenzasen a desaparecer.
Fuera de las pesadillas, Ferro se había levantado, viendo a sus dos amigos en el suelo. Su herida había sanado en poco tiempo y se había lanzado a atacar a Dark que había estado a punto de atravesar a Spyro y a Cynder con su hueso-sable y había derribado al general oscuro. Los dos se enfrentaron de nuevo pero esta vez, Ferro acabó con muchas más heridas que antes en puntos de su cuerpo que Dark antes no había atacado, el dragón negro ahora sabía dónde atacar para hacer sangrar al verde.
-Si no puedo asfixiarte ni ahogarte, te haré morir desangrado. –dijo preparando otro ataque.
Cuando estaba a punto de lanzarse sobre Ferro, unas cuantas de estacas de hielo se clavaron en fila entre ellos, deteniendo el avance del dragón negro. Acto seguido un pilar de tierra se levantó debajo de Dark, golpeándole y haciéndole retroceder y una lluvia de flechas cayó en la dirección en la que estaba el general oscuro, que se apartó para evitar ser acribillado a flechazos. Las flechas habían venido de un grupo de cheetahs que estaban a medio camino entre la zona de combate y la aldea al otro lado, liderados por su jefe y a la orden de este, otra lluvia de flechas fue lanzada hacia él, quien utilizó su poder de las sombras para convertirse a sí mismo en una sombra y que las flechas le atravesasen sin hacerle nada. Pasado un momento recuperó su aspecto normal pero fue embestido por un dragón de escamas color verde vivo y se vio envuelto en una pelea cuerpo a cuerpo de nuevo. Sin embargo, después de horas peleando, Dark ya estaba algo cansado así que el otro dragón podía superar su fuerza por el momento, sin embargo, aunque consiguió herirle, Dark se libró del verde empujándolo al aire.
Cuando lo hizo el dragón se hizo una bola y, utilizando su elemento se rodeó de un cascarón terroso que al caer al suelo creó un pequeño terremoto que hizo tambalear al general oscuro. Momento en el que una estaca de hielo se dirigió hacia él y le rajó un hombro al pasar a su lado. En el aire y manteniendo las distancias había una dragona de hielo de escamas azules y vientre blanco. Dark se vio superado con tantos atacantes a la vez. Normalmente hubiese utilizado su furia oscura para deshacerse de todos pero estaba demasiado cansado después de la pelea tan larga así que decidió utilizar las sombras para hundirse en el suelo y alejarse, apareciendo a una buena distancia de donde estaban todos y marchándose volando.
Ante la retirada del enemigo, Ferro se olvidó de todo y corrió junto a Spyro y Cynder. Ambos estaban inconscientes y estaba claro que estaban teniendo pesadillas. Un instinto despertó en lo más profundo de sí al verles así. Dos más jóvenes que él, que apenas eran unos cachorros que estaban entrando en su etapa de adolescencia. Ferro se tumbó a un lado de ellos, despacio, y los cubrió con un ala de forma protectora, metiendo su cabeza bajo esta luego.
-Calma. Calma. –dijo con suavidad, causando una reacción en ambos, haciendo que el aura rojiza que los rodeaba empezase a desaparecer lentamente- Son solo pesadillas. No pasa nada. No es real. –dijo con el mismo tono calmado y, en vista de que estaba funcionando empezó a entonar una especie de canción de ritmo suave y lento.
Su voz era tan baja que solo Spyro, Cynder y él mismo podrían oír su tarareo, salvo que alguien se acercase más a ellos. En ese punto sus heridas ya habían se habían cerrado pero su piel estaba manchada por su oscura sangre y tendría que limpiarse.
Pasado un momento el aura rojiza del elemento Miedo que cubría a Spyro y a Cynder desapareció y ambos parecieron entrar en un estado de sueño más pacífico. En ese momento, Ferro sacó la cabeza de debajo de su ala y miró frente a él, encontrándose con la mirada de un grupo de cheetahs, entre los cuales estaba Hunter; además de ellos había un dragón verde que era del mismo tamaño que Dark, lo que indicaba que era adulto. Sus escamas verdes brillaban con vida a la luz del sol de la tarde, su vientre y sus alas eran de un tono marrón terroso. En sus hombros se podían ver unas escamas gruesas del mismo color terroso que su vientre y sus alas. Su rostro denotaba una edad muy avanzada. Sus ojos de un color verde intenso, no igualaban el esmeralda de los ojos de Cynder pero era un color bastante vivo. Sus cuernos salían de casi encima de sus ojos, con otros mucho más pequeños rodeando la base de estos y, tras alejarse un poco de la cabeza describían una curva hacia abajo que seguía hasta casi formar una espiral, llegando así al final de los cuernos. En su cola en lugar de un hueso-sable había una bola con púas, asemejando una maza. Sus garras eran blancas y los espolones que sus alas tenían eran de un color a juego con las escamas gruesas de sus hombros. Respecto a su musculatura tenía un aspecto de ser un guerrero muy fuerte, diestro en el cuerpo a cuerpo además de con su elemento como había demostrado minutos antes. El dragón anciano se quedó mirando a Ferro, sin decir nada antes de desviar su mirada hacia Spyro y Cynder. Ferro se dio cuenta de esto y bajó la parte delantera del ala despacio, ocultando a los dos durmientes, pero no emitió sonido alguno. El anciano volvió a mirarle directo a los ojos, intentando leer el estado de ánimo del menor.
Pasado un momento, Ferro se fijó en que otro dragón aterrizaba. Sus facciones eran más esbeltas, por lo que Ferro concluyó que debía tratarse de una dragona.
-¿Algún problema? –preguntó la dragona al anciano verde, a su lado.
La voz lo dejó claro, era una dragona. Su tamaño, mucho menor que el del anciano, dejaba claro era que era joven, no era mucho más alta que Ferro después de todo. Sus escamas azules brillaban con la luz del sol de la misma forma que lo haría el agua en una playa de arena blanca, su vientre blanco, al igual que las membranas de sus alas resaltaban aún más el azul del resto de su cuerpo. Sus garras eran blancas también. Sus cuernos por otra parte poseían un tono marfileño y crecían describiendo un movimiento curvado en zigzag, similar al de una serpiente reptando por el suelo que iba desde la base hasta la punta repitiéndose unas pocas veces, el movimiento iba de arriba a abajo. Sus ojos eran de un tono gris claro y poseían un brillo que hacía parecer que eran plateados pero no, eran grises. Sus facciones faciales eran bastante definidas, su morro no era muy largo ni muy corto, sus mejillas le daban un toque redondeado a su rostro, por lo general era bastante bien proporcionada. Su musculatura no parecía apta para una luchadora cuerpo a cuerpo, aun así daba la sensación de ser fuerte en otro sentido. En un momento, Ferro pudo fijarse en su hueso-sable: tenía la forma de un tridente de tres puntas.
-No, Maypa. Ninguno. –dijo el anciano haciendo sonar su voz vibrante por primera vez en todo el rato, pero el dragón no dejó de mirar hacia Ferro.
La dragona siguió la mirada del anciano y luego se acercó lentamente.
-¡Hey! ¿Estás bien? –preguntó con tono tranquilo, causando que Ferro la mirase directamente a los ojos, ella solo dio un ligero brinco hacia atrás al ver sus ojos fijos en ella.
-Estoy bien, gracias. –respondió él.
-Me alegro. –dijo ella- Oye. No vamos a hacerles daño si eso te preocupa. Es más, llevamos días buscándoles. –dijo ella mostrando una sonrisa para intentar calmar el ambiente.
Su voz era suave y agradable de oír. Ferro miró hacia Spyro y Cynder un momento y luego de vuelta a la dragona, sin decir nada.
-Les han alcanzado con el elemento Miedo. Creo que van a estar inconscientes un rato. No me moveré de su lado hasta que despierten. No voy a arriesgarme a que las pesadillas les ataquen de nuevo. –con eso dicho, Ferro se mantuvo firme en su sitio.
Maypa retrocedió ante la severidad y dureza de esas palabras, claramente no podría convencer al joven dragón verde de que les dejase echarles un vistazo a los grandes héroes de las Tierras del Dragón.
-Sabes quiénes son, ¿verdad? –preguntó ella.
-Sé que las habladurías les mencionan como héroes pero lo que yo veo además de héroes son dos cachorros con años por delante por vivir, no artilugios de guerra.
Tajante respuesta había dado Ferro a la dragona, quien retrocedió más, ligeramente intimidada.
Sin embargo, cuando ella fue a responder, se dio cuenta de algo en el tono de voz del cabezota de escamas verdes, algo que se le había escapado hasta el momento. Sin decir nada ella solo retrocedió.
-Guardián Terrador. No hay modo de hacerle cambia de opinión. –dijo.
-¿Estás totalmente segura? –preguntó el anciano.
-Sí. No se va a separar de ellos hasta que despierten. No puedo leer su expresión pero su voz… Está preocupado, Guardián. –terminó ella.
-Comprendo.
Sin más palabras, el anciano se giró, agradeciendo a los cheetahs su ayuda al espantar al dragón negro de la zona. Tras intercambiar unas palabras con el Jefe Prowlus, los cheetah se retiraron a su aldea mientras los dos dragones y Hunter se quedaron cerca de Ferro.
-¿Cuál es tu nombre? Joven dragón. –preguntó el anciano.
-Ferro, señor. –respondió el aludido por la pregunta.
-¿Has tenido hermanos? Ferro. –preguntó luego.
-Sí. Los tuve. –respondió el menor con un tono más frío.
-Entiendo tu preocupación entonces.
No hubo más palabras entre los tres dragones e incluso Hunter decidió guardar las distancias por el momento. Si tan solo el Guardián de la Tierra supiera que se había quedado corto al comparar así la preocupación de Ferro por Spyro y Cynder.
Bueno espero que hayáis disfrutado de este capítulo, cada vez nos acercamos más a Warfang y parece que por fin se ha logrado espantar a Dark para que deje en paz a nuestros héroes. Sin embargo... ¿qué le ha dado a Ferro para ponerse así? Por poco y ataca a Maypa cuando ella solo intentaba ser amable.
Ferro: Si no te importa. Mis razones son mías y aunque tú las sepas no tienes derecho a divulgarlas públicamente.
Rayrudan: ¿Qué haces tú en la zona de comentarios del autor?
Ferro: Impedir que te vallas de la lengua.
Rayrudan: Buen punto. Bueno si queréis saber qué demonios está pasando aquí... seguid atentos, aun queda mucho camino por recorrer antes de que esto termine.
Ferro: Agradecimientos a todos los que leen, tanto si comentan como si no lo hacen.
Proto: Rayrudan y Ferro se despiden hasta el próximo capítulo. ¿Qué quien soy? ¿Qué más da?
