bueno cuanto ha sido? una semana? no lo sé, de todos modos quiero pedir disculpas por haberme retrasado tanto en subir este capítulo, he tardado un poco ya que me estuve peleando conmigo mismo si debía continuar una parte o dejaros con el suspense, al final me decidí por lo segundo. Bueno con eso claro espero que disfrutéis del capítulo y no me comáis por dejaros con la intriga jejeje. No soy dueño de ninguno de los personajes originales de la saga de "La Leyenda de Spyro" ni nada de este mundo, estos pertenecen a sus propios creadores, yo solo soy dueño de mis propios personajes.


El aire era fresco, el cielo estaba despejado y la luz del ocaso era agradable, tanto por sus cálidas caricias, como por no resultar una luz tan cegadora como durante el resto del día. Los cinco dragones surcaban los cielos de regreso a casa después de lo sucedido. A la cabeza iba Terrador, seguido de cerca por Maypa. Algo más atrás iban Spyro y Cynder y, entre ellos y ligeramente más atrás para darles espacio, estaba Ferro. El vuelo había sido silencioso desde que lo habían emprendido después de que Spyro y Cynder despertasen de su sueño. Los dos se había despertado de un salto cuando recobraron la consciencia y mientras comían un poco de pescado que les había llevado Meadow, cada uno había contado sus pesadillas. Ferro tuvo que admitirlo, ser capaces de contar algo tan aterrador y doloroso era digno de respeto, aunque sus rostros mostraban que de verdad les habían asustado. "Todavía no puedo quitármelo de la cabeza. Por una parte, Spyro teme no solo perder a Cynder, sino también ser el responsable del regreso de ese tal Malefor y que esto último sea culpa suya. Por el otro lado, Cynder tiene miedo de convertirse en ese monstruo que todos conocen como El Terror de los Cielos. Sin embargo… los dos comparten ese pánico por perder al otro." Pensó mientras repasaba cada una de las historias de pesadillas que habían contado los dos jóvenes. Si algo le quedó claro después de repasar cada una de las historias era que el mayor terror que ambos tenían… era perderse mutuamente. "Afortunados." Pensó sonriendo para sus adentros.

Después de varios minutos volando, Ferro empezó a tener la sensación de que la cabeza le pesaba poco. Acto seguido soltó un bostezo sin poder contenerlo, sus ojos se cerraron hasta la mitad y su batir de alas se volvió ligeramente más pesado y repetitivo. Sí, volar era algo agradable y relajante, pero no a tal punto de dormite en el aire así que el joven de escamas verdes tuvo que luchar contra el sueño que amenazaba con apoderarse de su mente.

-¿Estás bien? Ferro. –oyó la voz de Cynder a su derecha.

-Sí... –en ese momento soltó otro bostezo- Solo necesito dormir un poco. –dijo luego sacudiendo la cabeza para despejarse.

-¿Tan de repente? –preguntó Spyro desde el otro lado, parecía reconocer lo que pasaba pero en su voz había preocupación.

-No te preocupes, puedo pelear contra el sueño lo suficiente. –respondió Ferro mostrando una sonrisa dentada en su rostro.

Por su parte el púrpura se quedó mirándole. Esa clase de sueño le era familiar… muy familiar. Pasados unos minutos más, Spyro recordó de qué le sonaba y decidió adelantarse.

-Terrador, deberíamos parar. –le dijo el joven al Guardián.

-¿Por qué? Spyro –preguntó el anciano dragón mirándole sin aflojar la marcha- Casi hemos llegado a Warfang.

Cierto la muralla de la ciudad era visible ya a lo lejos sobre los árboles del bosque que estaban sobrevolando.

-Lo sé y te aseguro que me gustaría llegar cuanto antes pero… -en ese momento miró a Ferro, quien en ese momento realizó una pirueta en un intento de mantenerse despejado, además de ponerse a hablar con Cynder sobre cómo era la ciudad de Warfang, conversación a la que la dragona de hielo que iba con ellos se unió con mucho gusto, logrando contar lo que Cynder no podía- …creo que alguien quiere hablar con Ferro. –terminó el púrpura mirando de nuevo al Guardian de la Tierra, quien solo miró hacia atrás, mirando al nombrado, viendo su estado medio dormido y sus intentos desesperados por mantenerse despierto.

Al darse cuenta alineó sus alas para comenzar un descenso hacia un claro del bosque.

-¡Aterrizamos! –ordenó luego antes de comenzar su descenso, seguido por los demás.

Sin decir nada por el momento todos aterrizaron en el claro. Cynder reunió algunas ramas caídas y secas y las apiló en una hoguera rodeada de rocas y Spyro se encargó de prenderla para luego los dos sentarse el uno junto al otro mientras el cielo comenzaba a llenarse de estrellas.

-Con el debido respeto, Guardián. Casi hemos llegado a la ciudad, ¿por qué paramos ahora? –preguntó Maypa acercándose al mayor.

-Digamos que no estoy interesado en que nadie acabe estrellándose contra la muralla de la ciudad. –dijo para luego señalarle al joven dragón verde con la mirada.

Ella siguió la mirada del anciano, viendo como Ferro parecía estar rascando la tierra en un intento de ablandarla.

Pasado un momento, el joven literalmente se desplomó sobre el suelo, cerrando los ojos de inmediato. Su respiración no era visible en su pecho, ya que este no parecía moverse, sin embargo las briznas de hierba junto a su morro indicaban que sí que estaba respirando.

-Un chico difícil de leer incluso para saber si está respirando. –comentó Maypa mientras le miraba, algo a lo que todos asintieron- Eso es bueno a la hora de fingir estar muerto. –dijo luego recordando lo sucedido con Dark aquella tarde.

-Bueno, creo que podremos pasar aquí la noche si es necesario. –comentó Terrador, haciendo que todos le mirasen- El único peligro posible es ese Dark y según recuerdo se marchó herido y derrotado, tardará un tiempo antes de volver a atacar, eso seguro y Hunter ya ha enviado un mensaje a Cyril y Volteer para avisarles de nuestro regreso y avisarles sobre este nuevo enemigo que tenemos entre patas.

Con esas palabras dichas, todos se pusieron cómodos, siendo el anciano el primero en montar guardia. Sin embargo, aunque las dos dragonas consiguieron conciliar el sueño sin mucha dificultad, para Spyro no fue tan sencillo, claramente algo seguía preocupándole.

-¿Un sueño difícil? –preguntó de pronto Terrador, haciendo que Spyro abriese los ojos.

-Más o menos. –respondió el púrpura.

-¿Quieres hablar?

Durante un momento Spyro no dijo nada, pensativo. Mientras, Terrador esperaba con paciencia la decisión de su joven discípulo.

-Es sobre la pesadilla de antes… Ya sabes… Sobre Él. –dijo el púrpura, claramente preocupado.

-No deberías preocuparte por eso, Spyro. Solo era una pesadilla causada por el ataque de Dark sobre vosotros, no creo que tengas que llegar a tomar esa decisión. Además si se diese el caso, y por el hálito de los Ancestros, recemos que no te veas en esa situación; estoy seguro de que sabrás tomar la decisión correcta. –respondió el anciano con un tono y una mirada cálidos hacia el púrpura, intentando calmarle.

Spyro solo soltó un suspiro al oír eso, sonriendo luego a su anciano maestro.

-Tienes razón. No sé cómo he podido llegar a darle tantas vueltas. Gracias, Terrador. –dijo el joven antes de acomodarse junto a Cynder y esta vez no tardó en dormirse.

-¡Ah! Jóvenes. –comentó el anciano dragón con un suspiro y una sonrisa al ver como Spyro en sueños posaba una la sobre Cynder y como ella se pegaba a él en respuesta, los dos con sonrisas en el rostro.

Por otra parte, el Guardián se fijó en Ferro de nuevo. Por mucho que el joven de escamas verdes y cuyo elemento seguía desconocido pudiese mantener su pecho inmóvil al respirar, es muy raro que pueda seguir haciéndolo mientras duerme, por lo que el mayor decidió acercarse a curiosear un poco. Al llegar a su lado hizo que el joven se girase, quedando tumbado de lado con el pecho descubierto. Acto seguido el guardián posó una pata en el pecho del menor y cerró los ojos, esperando. Un momento después Ferro se movió en sueños y volvió a su posición anterior, acurrucándose describiendo un anillo con su cuerpo. El Guardián retrocedió, oyendo luego un suspiro proveniente del morro del joven. Sin embargo, luego se miró la pata, su expresión denotaba confusión cuanto menos y luego su mirada volvió a posarse en el joven durmiente. Al final, el Guardián volvió a su sitio al otro lado del fuego y se dedicó a montar guardia mientras el resto descansaba.


Respecto a Ferro. El joven dragón se había rendido al sueño antes incluso de haberse tumbado y sus sueños fueron ligeramente extraños. Normalmente sueña con lugares tranquilos o parajes agradables por los que dar un paseo pero esta vez fue diferente. Esta vez en su sueño despertó en una especie de playa. Al frente había un camino por el que no podrían pasar dos dragones de tamaño adulto el uno al lado del otro, tendrían que pasar el uno tras el otro. Normalmente el joven decide quedarse en el lugar donde despierta, salvo que haya alguna posibilidad de alguna vista mejor. En caso de sueños que empezaban en la playa simplemente se quedaba allí, disfrutando del sonido de las olas al romper. Sin embargo, después de un rato tumbado su mirada volvió al camino. Al final la curiosidad pudo con él y decidió seguir el sendero.

El camino estaba rodeado por arbustos y por unos riscos que impedían cualquier clase de desvío. Por el suelo, de vez en cuando se podían ver restos de un camino adoquinado, gastado y medio desaparecido por la antigüedad. Parecía que nadie había pisado ese camino en eones. Lo cual hizo que Ferro se pusiese a pensar, deteniendo su andar. Muchas cosas al mismo tiempo pasaron por su mente en ese momento antes de decidir continuar andando por el camino, saliendo por fin del desfiladero que daba a la playa. Al llegar a una zona abierta, se encontró con una especie de jardín. La hierba no era baja, pero tampoco muy alta y había árboles plantados aquí y allí. Sin embargo sus colores eran extraños. Las hojas eran de tonos púrpura y el tronco era de un tono entre azul y violeta claro. Era algo con su propia belleza, pero seguía siendo raro de ver. Después de fijarse en los árboles miró al frente, encontrándose con un arco de mármol que rodeaba el camino. A partir de ese arco el estado del pavimentado era mucho mejor pero seguía denotando antigüedad. A lo largo del resto del camino había más arcos, la mayoría solo tenían una columna, la mitad de las dos o la mitad de una de ellas. Todos los arcos medio derruidos tenían una cosa en común: los restos estaban por el suelo a su alrededor. En los arcos que se conservaban en pie, en la parte superior del arco se podía ver, cerca del centro del arco, el relieve de dos dragones, uno a cada lado, con una pata sobre un círculo dentro del cual se podía ver el relieve de un reloj de arena.

Tras admirar el camino, la arquitectura de los arcos y los relieves, Ferro volvió a ponerse en camino, pasando por encima de los escombros de los arcos. Después de lo que le parecieron horas caminando, llegó a un precipicio, deteniéndose ante los restos de un puente derrumbado cuyos escombros se esparcían por el fondo del barranco. Ferro extendió sus alas, dispuesto a pasar volando. Sin embargo se quedó en el suelo al sentir una fuerte ráfaga de viento cruzando el acantilado, resultando imposible incluso mantenerse estable, de pie para Ferro, menos de intentar atravesarla sin perder el control. "Al menos ahora entiendo el por qué aquí se necesitaba un puente. El problema es ahora… sin puente… ¿Cómo llegar al otro lado?" Pensó mientras se posicionaba sobre los restos del puente, mirando hacia abajo. Al momento el sonido de rocas moviéndose le alertó y dio un salto hacia atrás, pensando que el puente se vendría abajo. Sin embargo, en cuanto volvió a mirar al frente se fijó en que lo que estaba pasando era que los escombros del fondo del barranco habían ascendido hasta formar un puente de plataformas que llevaban hasta el otro lado. Las plataformas se mantenían en el aire a saber con qué clase de poder. "¿Pero qué…? Vale esto no es normal… nada normal." Se dijo a sí mismo mientras se volvía a acercar a los restos del puente.

Tras dudar durante minutos enteros si sería seguro o no intentarlo, Ferro decidió poner las patas en tierra caliente y retrocedió para luego coger carrerilla y saltar hacia una de las plataformas. Consiguió aterrizar en una de ellas, sus garras resbalaron ligeramente en el mármol del suelo antes de llegar a detenerse. Por otra parte la plataforma se balanceó con su peso y estuvo a punto de volcar de no ser porque Ferro fue rápido al momento de colocarse en el centro, de forma que el peso se repartió por toda la plataforma, manteniéndola estable. Sin embargo, tenía que avanzar, la pregunta era cómo. Pasado un rato, Ferro volvió a coger otro riesgo y, balanceando un poco hizo girar la plataforma hasta un punto en el que casi se vuelca por completo y aprovechó para saltar con fuerza hacia otra plataforma, la cual era de tierra y tenía una columna clavada. Esta vez Ferro no obtuvo el suficiente impulso para aterrizar de lleno en la plataforma así que acabó colgado de ésta, clavando las garras de las patas delanteras para evitar caer mientras tiraba con todas sus fuerzas para intentar subir de nuevo. Al menos esa plataforma era mucho más estable que la anterior y no se movió ni un ápice al poner su peso en ella.

-¡Vamos! ¡Vamos! –se decía en voz alta mientras tiraba con todas sus fuerzas, utilizando también la cola al clavarla en la plataforma para subir- ¡Oh, mierda! –soltó al sentir como la roca a la que estaba clavada su cola se desprendía del resto de la plataforma, dejando su cuchilla sin poder ser clavada de nuevo en ninguna parte al tener la roca atravesada todavía en su cuchilla.

La situación no estaba siendo favorable en ningún aspecto para el joven de escamas verdes.


El sol del alba no tardó en iluminar el día. Maypa estaba haciendo la guardia tras relevar al Guardián de la Tierra hacia la media noche. La dragona observaba todo, no se habían dado peligros durante la noche. Los animales salvajes les habían dejado tranquilos. Poco a poco los demás se fueron despertando, empezando por Terrador y seguido de cerca por Spyro y Cynder. Sin embargo, Ferro parecía lejos de despertar. De nuevo era difícil decir si estaba respirando o no. Al menos hasta que Ferro movió la cola un poco en sueños.

-Alguien tiene el sueño duro. –comentó Maypa con una sonrisa.

-Bueno. Dejémosle un poco más. –comentó Terrador- Después de todo no es que ayer fuese precisamente un día tranquilo.

Todos estuvieron de acuerdo en descansar un poco más. Maypa aprovechó para echar una cabezadita para recuperar fuerzas antes de reemprender el viaje hacia Warfang.

Pasadas un par de horas y con el sol ya iluminando el cielo indicando que era totalmente de día, Terrador decidió que era hora de retomar el camino.

-Bueno, si Ferro no despierta habrá que llevarle. Esto empieza a resultar preocupante. –dijo el Guardián mientras se levantaba- Maypa. Despierta. Hay que seguir. –le dijo a la dragona de hielo moviéndole un poco el hombro con una pata.

La dragona rezongó, girándose en la otra dirección e intentando seguir durmiendo después de media noche en vela montando guardia. Hasta que reconoció la voz del anciano dragón y se levantó con un ligero sonrojo en su rostro. Disculpándose frenéticamente.

-No tienes que disculparte. Comprendo que todavía tienes algo de sueño. ¿Quién no? –dijo el mayor riendo entre dientes mientras decía lo último.

Los cuatro despiertos rieron por el comentario y cuando Terrador dijo que se pondrían en marcha, Maypa se ofreció para llevar a Ferro. Nadie le negó: Spyro y Cynder eran de menor tamaño así que estaban descartados y el Guardián de la Tierra mostró un rostro tranquilo ante la propuesta así que la dragona de hielo subió como pudo al verde sobre ella. Una vez situado. Los cuatro dragones alzaron el vuelo y continuaron hacia la ciudad.

Al pasar sobre los muros alguien desde la puerta de abajo hizo sonar un cuerno, lo cual atrajo la atención de todos los que había en el suelo hacia el cielo. La ciudad estaba rebosante de vida. Como les había contado Terrador minutos atrás, muchos dragones supervivientes de la guerra habían regresado de los refugios alrededor del mundo. La zona de la ciudad que daba de frente hacia el volcán del que salió El Destructor mostraba todavía la herida de guerra de Warfang, una herida que ya tenía andamios, topos y cheetahs trabajando en ella para convertirla en una cicatriz o directamente hacerla desaparecer.

-Los topos os tienen una sorpresa en la plaza de la puerta que protegisteis. –les dijo Maypa con una sonrisa pero no dijo nada más mientras Terrador giraba y comenzaba su descenso hacia una gran casa cerca del centro de la ciudad. El edificio era enorme desde fuera. Por la situación de las ventanas tendría dos niveles y era uno de los más grandes de la ciudad. Estaba rodeado por un jardín bastante grande en el que había un manzano de hojas verdes y un cerezo deshojado. En ambos bordes del jardín, tanto el externo como el que da con las paredes de la casa, los arbustos se levantaban hasta la altura de los hombros de Terrador. Había algunos setos salpicados por el jardín frontal, esculpidos con la forma de dragones mientras un cheetah estaba regando todo el jardín, incluida una esquina donde había plantadas algunas flores. La casa estaba rodeada por un muro de tamaño medio y en la zona del camino principal había una puerta de barras de hierro verticales paralelas unidas con dos en posición horizontal. Terrador aterrizó delante de la casa y en ese momento Spyro se fijó en la placa que había en la columna del muro de la entrada. En ella había seis nombres escritos bajo la palabra "Propietarios". Entre los nombres no le sorprendió ver los cuatro nombres de Terrador, Volteer, Cyril e Ignitus pero leer el nombre del primer dragón que el púrpura había conocido, aquel que le había enseñado a defenderse, que le había enseñado a volar… aquel que había sido como un padre para él, le recordó el sacrificio del Guardián del Fuego. Sin embargo sus pensamientos fueron rotos al ver los dos siguientes nombres, eran el suyo y el de Cynder. Los guardianes les habían acogido junto a ellos igual que en el Templo del Pantano, el cual había tomado Malefor como guarida tras robárselo a los Guardianes.

Al aterrizar, Terrador se acercó a la puerta de barras y la abrió simplemente empujándola, la puerta no estaba cerrada del todo. Una vez abierta les dijo a todos que pasasen y después siguió hasta la puerta principal de la casa. Una puerta de madera de roble con relieves de dragones. El porche de la casa era bastante espacioso. A un lado tenía un lugar donde al menos tres dragones adultos podrían tumbarse a observar el jardín. Teniendo en cuenta que había que subir una escalera para llegar a ese lugar quedaba claro que era alguna especie de observatorio. Al otro lado del porche, colgando del techo con cuatro cadenas, había una plataforma con un lecho preparado para tumbarse y relajarse disfrutando de la brisa, por desgracia en ese lecho solo cabrían como mucho dos dragones adultos. Las columnas de arenisca barnizada que rodeaban la puerta tenían algunas enredaderas escalando por ellas en espiral, siguiendo un camino trazado por unos clavos de madera. Para terminar, a un lado de la puerta había una cuerda con un nudo en el extremo inferior y que entraba dentro del techo del porche. Terrador no perdió tiempo en cuanto se detuvo delante de la puerta en coger la soga con dos garras y bajar la pata. El nudo impidió que la cuerda se deslizase entre las garras de Terrador, lo que hizo que el anciano pudiese bajar la soga y hacer sonar unas campanadas fuertes. Al no haber visto ninguna campana en su primera vista de la casa, Spyro se preguntó dónde estaría para sonar tan fuerte, sin embargo, la voz de Terrador interrumpió sus pensamientos.

-¿Hay alguien casa? –llamó, sabiendo que lo más seguro era que sí, ya que la puerta externa estaba sin cerrar y no solo por el jardinero que seguía trabajando tranquilamente en el jardín, demasiado concentrado como ara darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor.

Unos momentos después de haber hecho sonar la campana, la puerta doble se abrió, dejando ver a un dragón amarillo y azul al otro lado. Al ver su viejo amigo, el dragón amarillo sonrió pero antes de decir nada se dio cuenta de que Spyro y Cynder estaban allí y sus ojos se abrieron como platos. Spyro estaba seguro de que si los abría un poco más se le saldrían de las cuencas. Viendo venir lo que pasaría después, Terrador y Maypa se apartaron a un lado solo para evitar ser golpeados por las alas del Guardián de la Electricidad que saltó sobre Spyro y Cynder abrazando a los dos con sus patas delanteras y sus alas. Los dos jóvenes apenas tuvieron tiempo de reaccionar antes de acabar atrapados en el apretadísimo abrazo del Guardián eléctrico.

-¡Estáis de vuelta! ¡No sabéis cuan feliz me siento! ¡Esto es estupendo, magnífico, …! –el anciano dragón eléctrico no dejó de soltar palabra tras palabra a toda velocidad.

Maypa solo pudo reírse por la situación, no le sorprendería ver a Volteer empezar a besar a los dos jóvenes dragones como un abuelo que ve a sus nietos después de mucho tiempo… o después de que estos hayan ido a terminar una guerra. El problema de esa visión era… bueno… Volter no les había dado tiempo a Spyro y a Cynder de moverse así que los dos estaban en una posición un poco… comprometida. Cogidos por el abrazo del dragón eléctrico de forma que sus cabezas quedaban a ambos lados del vientre del mayor… Mejor no decir dónde acabarían los besos que este pudiese darles si llegaba a tanto. Por otra parte, Si Spyro y Cynder compartían algo más que el sonrojo por la situación actual… era que el mortal abrazo del anciano Guardián no les dejaba respirar.

-Volteer. Sabemos que estas entusiasmado por volver a verles pero ya que han vuelto vivos intenta no matarlos tú con tu entusiasmo y déjales respirar. –dijo Terrador aguantándose la risa casi mordiéndose el labio inferior para conseguirlo.

El eléctrico por su parte se fijó mejor y no perdió tiempo en soltar a los dos jóvenes de su abrazo, quienes empezaron a jadear para recuperar el aliento antes de volver a levantarse.

-Gracias por el recibimiento. Aunque no creo que mis huesos soporten otro abrazo así. –dijo Cynder sacudiéndose un poco.

Spyro por su parte no dijo nada pero estaba de acuerdo con eso, el abrazo había sido simplemente algo apretado de más.

-¡Oh! ¿Dónde he dejado los modales? –preguntó Volteer haciéndose a un lado- Pasad. Pasad. Después de todo esta casa es tan nuestra como vuestra. –dijo antes de fijarse en el invitado que traía Maypa sobre sí y se quedó callado, seguramente buscando en su mente a ver si le reconocía.

-Este es Ferro. –le dijo Terrador al pasar a su lado- Ayudó a Spyro y a Cynder contra el General del Maestro Oscuro del que hablaba en la carta que os envié.

-Tiene pinta de ser alguien fuerte. –comentó Volteer tras dejar pasar a Maypa- Ve a la habitación de invitados y déjale allí, luego baja a por algo para desayunar. –le dijo luego a la joven dragona, que asintió y caminó escaleras arriba hacia el segundo nivel de la casa.

-Puede. Pero su estilo de lucha se basa en pillar por sorpresa a su adversario y aprovechar su distracción para causar el mayor daño posible. Pero luego se vuelve desesperado. No tiene experiencia como guerrero y aun así se ha enfrentado a uno de los Agentes de Malefor y ha salido vivo.

-Ya veo. ¿Sabes cuál es su elemento? –preguntó el eléctrico luego.

-Él nos ha dicho que no posee ninguno. Yo creo que no lo ha descubierto todavía. Solo el tiempo dirá quién tiene razón.

-Esto es muy interesante, fascinante, increíble. –respondió el amarillo cerrando la puerta al volver dentro de la casa.

-Sin embargo, hay algo que me preocupa… -comentó Terrador- Pero te lo contaré cuando estemos con Cyril. Por cierto, ¿dónde está? –preguntó luego al no ver ni la más mínima escama morada del Guardián de hielo.

-Ahora mismo está durmiendo. Pensábamos que volveríais antes de anochecer así que cuando no llegasteis Cyril se quedó toda la noche fuera. Menos mal que es un dragón de hielo y puede soportar las bajas temperaturas, si no habría pillado un catarro o un resfriado o…

-Te he entendido. –le soltó Terrador antes de que el amarillo se lanzase a nombrar todas las enfermedades que puede causar la exposición al frío- Bueno, ahora lo mejor será que comamos un poco. La gente de Warfang ya ha visto regresar a Spyro y a Cynder así que no creo que sea necesario anunciarlo públicamente. Además así podrán disfrutar de un poco de intimidad.

-Al menos hasta que salgan a la calle. Toda la ciudad estaba preocupada. –dijo Volteer mientras los dos entraban en la cocina para poder comer algo.


Desde su despertar en la playa. Poco sabía el joven dragón verde que estaba siendo vigilado por un dragón de escamas de tonos azul cyan, sus alas eran de membranas del mismo cyan que las escamas pero las articulaciones tenían un color azul oscuro. Vestía una túnica de color azul navy bordeada con una tela negra con runas escritas. La túnica se sujetaba en el sitio gracias a un collar dorado con láminas de color negro y con una runa escrita en cada chapa y en la zona delantera del collar tenía un cristal que brillaba con un tono azul colgando de este. A la altura de las caderas en el lado izquierdo tenía colgando un libro sujeto y cerrado por una correa de cuero. Su vientre y pecho eran de un color azul más claro que el resto de su cuerpo. En su cola se formaba una lámina sable con el diseño de unas llamas. A la altura de sus hombros tenía algunos pliegues que salían por fuera de la túnica a modo de hombreras. En su cabeza se podían ver algunas espinas con membranas saliendo por la zona trasera del mentón. Algunas barbas salían de ambos lados de su barbilla, en la zona bajo esta. Tres pares de cuernos salían de la zona trasera de su cabeza. Desde abajo el par más pequeño estaba junto con las espinas con membranas, ligeramente más arriba estaba el par mediano, saliendo de la zona media de su cabeza, y luego los dos cuernos principales, saliendo de la zona superior y trasera de su cabeza. Crecían rectos hacia atrás, luego formaban una esquina y volvían a crecer antes de formar otra en la dirección contraria, tras la cual terminaban en punta. Una serie de púas y pliegues iban desde su cabeza hasta la lámina-sable de su cola. Su musculatura era bastante fuerte y sus ojos eran de color azul como los cristales espirituales azules, cristales muy raros en el mundo. El dragón observaba a través de un pequeño estanque situado en el centro de su biblioteca, curioso, observando a su visitante. "¿Cómo ha llegado aquí?" Se preguntó, ya que si lo hubiese invocado él personalmente lo había invocado directamente ante su presencia. Puede que no hiciese mucho que estaba ejerciendo como lo que ahora era, pero había dominado algunos hechizos y entre ellos el de invocar espíritus durmientes.

Siguió mirando al dragón, preguntándose quién podía ser. Había pasado los tres últimos días leyendo el gran libro de la historia de las Tierras del Dragón. Además de echar un vistazo al resto de libros de las estanterías. Sin embargo, en ninguno de los que había leído había visto nada de este nuevo individuo. Sin embargo, mientras el dragón avanzaba, algo sucedió. Detrás del dragón apareció una luz cegadora. Cuando se giró se vio obligado a cubrirse poniendo una zarpa delante de su rostro para evitar la fuerte luz hasta que esta desapareció. En ese momento, ante él, se encontró un libro flotando en el aire, seguramente con el mismo poder que él utiliza para poder leer los demás. El libro tenía un tono negro y en las esquinas se podían ver como si fuesen refuerzos metálicos. La culata del libro también tenía ese mismo aspecto metálico. El dibujo de la cubierta, que solo podía ser visto de cerca, mostraba piezas de máquinas similares a las que usan los topos para construir sus máquinas, esas piezas que están dentro de la máquina, y en el centro de la carcasa se podía leer el nombre de a quién pertenecía ese libro.

-Mmm. Veamos. ¿Quién eres? –dijo el dragón acercándose al libro.

Sin embargo, antes de poder acercarse al libro oyó un ruido desde el pequeño estanque, el cual captó su atención y volvió a mirar hacia él, viendo como el dragón que estaba siguiendo el camino estaba intentando cruzar el acantilado sin embargo, estaba colgando de las patas delanteras de una de las plataformas con una roca atravesada en su hueso-sable mientras luchaba por subir a la plataforma poniendo toda su fuerza en ello. Tal vez no conociese a este joven dragón pero no era excusa para dejarlo caer al abismo. Sin embargo, decidió esperar a ver si podía apañárselas solo mientras este hablaba entre dientes mientras intentaba subirse a la plataforma. El dragón observando esperaba que fuese capaz de subirse, sin embargo estaba preparado para lo peor.


Rayrudan: De nuevo espero que os haya gustado este capítulo. Las cosas e están poniendo interesantes, ¿no? Ya seguro que todos sabéis quien es el nombrado observador. En fin respecto a Ferro, bueno seguro que no será nada.

Ferro: ¡Como que tú no estas intentando no caerte por un precipicio!

Rayrudan: Como que no voy a responder a eso, amasijo de t-¡!

Proto: Vale. Vale. Vale. Todos calmados. Nos veremos en el próximo capítulo lectores. Ahora. Los dos. A callar.