Capitulo 8: Volverte a ver
Hoy martes. Me preparé para ir a la escuela. Me peiné y me puse la ropa, tomé mi bolso y mis llaves, mi padre decidió que todavía no estaba lista para salir sola en coche, asique me sacó las llaves de las manos y me llevó en su patrulla.
Esta vez le pedí que me dejara una calle antes de la escuela ya que me hacía sentir mal y avergonzada llegar en una patrulla policial.
Al bajar del coche miré y a lo lejos cerca de la salida de la escuela estaba Edward, parecía que estaba esperándome, asique me despedí de mi padre rápidamente y fui directo hacia él casi desesperada.
–Hola –conteste sonrojada.
–Bueno días Isabella –respondió él.
–Dime Bella –dije mirándolo a los ojos.
–¿Bella entonces? –susurro él riendo.
–Sí –respondí –¿Qué haces aquí?
–Vine a cuidar de ti –exclamo.
–¿De mi? ¿Por qué? –pregunte intrigada.
–Es mi deber –dijo muy seguro.
–Eres muy gracioso ¿sabes? –exclame y largué una carcajada riéndome.
–Entonces ¿quieres ir al prado? – dijo cambiando de tema.
–¡Claro! ¿Ahora? –pregunte ansiosa.
–Si tú quieres…
–¡Claro que si quiero! Espera que le avisaré a una amiga que me voy contigo –le dije y me acerqué a donde estaba Ángela para avisarle que me escaparía con Edward. Obvio para que me cubriera.
Caminamos un largo rato dentro del bosque, el cual no había visto nunca, al llegar había un campo verde lleno de gotas de rocío, con flores enormes de color violeta, con copos amarillos y árboles pomposos.
Corrí por el campo tocando las flores como una niña. Él me miró y sonrío.
–¿Quieres sentarte a ver el sol junto a mi? –exclamo aun sonriéndome.
–Sí –asentí con mi cabeza y me lance sobre las flores suaves.
Juntos, uno al lado del otro miramos el sol por un largo rato. Pensé que debía darle una señal, una señal de que deseaba ser besada, volteé mi rostro hacia él y lo miré, su piel era brillante y blanca. Sus ojos eran casi transparentes a la luz del sol, pude notarlo cuando me miró y sonrió con una perfección absoluta.
–¿Te gusta el lugar cierto? –pregunto.
–¡Si me encanta! Gracias por traerme aquí…
–Supuse que te gustaría, este lugar es muy tu –susurro.
–¿Tú crees? –pregunte sonrojada.
–Tú eres especialmente hermosa –me dijo y con su mano acarició mi mejilla.
Toqué su mano y sentí una fuerte conexión, una conexión que me ataba a él por vida… Como si solo él fuera el indicado para mí, como si fuéramos hechos el uno para el otro… Almas gemelas.
