Capitulo 19: Frio Invierno
Hoy tuve un presentimiento de que algo malo pasaría, no podría explicar qué pero sabía que algo no estaba bien.
Salí a correr para despejar mi mente, era un día nublado la nieve tapaba las carreteras y los árboles estaban repletos de copos blancos.
Mientras corría tenía la sensación de que me seguían. Volteé varias veces pero nadie estaba allí, solo esta perseguida.
Llegué a un camino cerrado entonces decidí dar la vuelta para volver por la misma ruta que había pasado anteriormente. Noté que una luz se movía a lo lejos y me exalte.
-¿¡Edward?! –grite emocionada mientras la luz se acercaba a mí.
Luego de unos segundo note que no era Edward, no se parecía en nada, me asusté y entré en pánico. Salté la cinta de seguridad del camino cerrado y corrí por el sendero con rapidez.
Corrí lo más que pude hasta que un dolor punzante en el estomago me detuvo. Tuve que parar, estaba muy agitada y necesitaba respirar.
Esperé unos segundos apoyada en un árbol mirando a mí alrededor algo perseguida, pero estaba sola, la luz no me había seguido.
El silencio y el lugar me asustaban, necesitaba volver, pero no sabía cómo… ¿Y si la luz me estaba esperando? No parecía ser Edward, él nunca me asustaría de esa forma.
Sentí unas fuertes pisadas en la nieve. Me escondí detrás del árbol donde estaba apoyada y comencé a temblar.
Rápido una ráfaga de viento me revoloteo el cabello, ese viento me advertía peligro, podía sentirlo. Alguien quería hacerme daño.
Me asomé y un hombre blanco, de tez pálida se me acercó con suavidad. Me asusté obviamente porque no lo conocía y sentía algo malo en él.
Quise golpearlo en modo de defensa para ver si se alejaba de mí, pero a él parecía no importarle mi agresividad. Me miró a los ojos y pregunto con una voz dominante y oscura:
-Tú eres Isabella ¿verdad?
-Si –respondí con valentía.
El hombre me observó de arriba a abajo, su expresión cambio de malévola a suave y entonces hizo una sonrisa perversa. Trató de acercarse más, pero yo retrocedí y caí sobre la nieve.
En ese instante una luz me encandilo y vi a Edward como se interponía entre los dos.
-¡Déjala! –grito.
-Ella es muy especial para ti ¿cierto? –susurró el hombre.
-Bella quédate detrás de mí, él no te tocará –dijo cubriéndome.
-Esta mujer sabe más de lo que alguna vez alguien podría saber, es un peligro –exclamo el hombre.
-Ella no tiene la culpa… ¡Déjala vivir!
-No puedo llevármela, tenía la orden de llevarme a uno, no a dos.
Edward me miró de arriba abajo y sonrió plácidamente.
El hombre rápidamente se desvaneció como si nunca hubiera estado allí… Obviamente no era un hombre común.
-¿Quien era él o que era?- pregunte asustada.
-Es el ángel de la muerte Isabella, por mi culpa lo habían mandado a callarte. Sabes demasiado –explico Edward.
-¿Callarme? ¿Ángel de la muerte?
-No te harán daño, lo prometo, yo arreglare esto.
Lo golpeé con fuerza furiosa porque me había abandonado y comencé a llorar.
-¿Porque me dejaste? ¿Por qué? –exclame llorando.
-Yo te amo Bella pero no puedo quedarme contigo, no me lo permite mi mundo. Yo soy un ángel y tú una mortal.
-¡Pero yo te amo! –exclame de forma caprichosa secando mis lagrimas.
-Puedo quedarme solo un poco ahora contigo ¡Te parece? –pregunto mirándome -Pero debo volver… sino vendrán por mi y será peor.
-Llévame contigo –susurre.
-No puedo –dijo tomándome de las manos.
-¿Por qué no? –exclame.
-Porque tienes toda una vida por delante, un destino que cumplir Isabella –explico.
Lo bese, volví a llorar de tristeza en sus brazos y mi cuerpo se desvaneció de cansancio.
En minutos desperté en la puerta de mi casa con Edward a mi lado.
-Te estaré cuidando –susurro –Volveré mañana.
