Capítulo 2
El tiempo pasa veloz y no perdona. Un año había transcurrido desde ese fatídico día para el tribuno y no la había vuelto a ver. Candy procuraba ir a su mansión, pero evitaba encontrárselo. Aún no reunía el valor suficiente para verlo.
No podía engañarse, lo amaba más que nunca, más que antes, más que siempre y eso le destrozaba las entrañas. Lo cuidaba sin que él se diera cuenta, procuraba que estuviera bien, que nada le faltara … pero por más que se esforzaba parecía que el tribuno había perdido la ilusión de vivir.
Al menos en eso eran parecidos. Para ella su vida había terminado el día en que decidió contraer matrimonio. Había sido totalmente en contra de su deseo, pero entendía que había sido necesario.
La vida de ambos transcurría apagada, solitaria y llena de remordimientos.
Una tarde, cuando Candy regresaba a su casa, encontró a medio camino a su suegra. corriendo desesperada a su encuentro y hecha un mar de llanto. El corazón de la rubia se le detuvo en el pecho. Su suegra normalmente era la ecuanimidad andado y ahora ...
-¡Candy! – gritó la mujer al verla y aferrándose a sus brazos con fuerza – ¡mi hijo!
-¿Qué sucede? – preguntó con la voz temblorosa y sintiéndo el corazón a punto de salírsele del pecho por el temor.
-¡Mi hijo!
-¿Dónde está? ¿Qué ha pasado? - la mente de Candy era ahora un remolino. Héctor … ¿Qué había pasado con él … dónde estaba?
Los ojos de la mujer estaban rojos e hinchados de tanto llorar. Su mente parecía a punto de perderse en la incoherencia.
-¡Está muerto! - exclamó con un alarido, haciendo que la sangre de Candy se congelara en las venas - … ¡lo asesinaron por tratar de robarle!
Candy se había casado sin amor, era cierto, pero también era cierto que le había tomado un gran cariño su esposo y la convivencia le había hecho apreciarlo. Tenían muchos planes para el futuro, y ahora, a sus 17 años, se quedaba nuevamente sola, sin su compañero, sin su amigo …
-Muerto ... – repitió Candy como un autómata. Las lágrimas subieron a sus ojos, derraáandose a raudales, y como si la noche de repente se apoderara de ella, perdió el sentido en brazos de Iris.
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Los días siguientes no fueron nada sencillos. Candy estaba realmente afectada por lo sucedido a su esposo y por lo que ese cambio implicaría en su vida. Para bien o para mal, ella se había asentado en esa nueva etapa y ahora todo se había vuelto de cabeza. Dentro del carruaje que la llevaba a depositar las cenizas de Héctor a la cuidad de sus antepasados, su mente no tuvo descanso y mucho menos los remordimientos.
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Si la ida había sido pesarosa, el regreso simplemente la destrozó. Ahora sus temores se hacían terriblemente realidad. Estaba sola nuevamente, tendría que empezar de nuevo … empezar de cero y llevar sobre su conciencia lo que pudo haber sido y no fue.
Sentada en la sala de su hogar, pensaba en el futuro, en el que había sido su esposo, en un sin número de cuestiones.
-Candy – escuchó una voz sacándola de su meditación.
Había entrado sin autorización ya que no obtuvo respuesta a su llamado. Recién llegaba a Roma cuando supo lo ocurrido y partió de inmediato a verla.
No necesitaba voltear para saber quién era. Reconocería esa voz en el último lugar del mundo. No sabía por qué, pero el saberlo ahí le había acelerado las lágrimas.
-Albert – murmuró sin voltear a verlo y con sus ojos deshaciéndose en llanto – se fue … Héctor se fue y me dejó sola.
El dolor y la amargura eran palpables en cada una de sus palabras y Albert se sentió morir.
-No sé cómo voy a poder vivir así – murmuró sintiéndose realmente afectada.
Albert seguía escuchándola, pero cada palabra era como una puñalada en el corazón. ¿Cómo le decía que se sobrepondría, si él seguía destrozado por su decisión? ¿Con qué cara le diría que todo estaría bien, cuando después de un año él seguía sumido en la autocompasión?
-Candy – le dijo cuando las palabras por fin se formaron en su boca - Sé lo que esto significa para ti y sé que es muy reciente. Pero ahora por favor comprende que es mi deber velar por tu bienestar. Mi tía jamás hubiera permitido que te dejara sola en este trance y es por eso que te suplico regreses a vivir a la mansión. Para ella eras una hija, para mí serás … una hermana – la voz le tembló y el corazón se le partió tan pronto dijo eso.
Ella lo escuchaba y sintió como algo helado la recorría de pies a cabeza. "Su hermana". Ambos se sentían realmente incomodos ...
-Candy …
-Por favor Albert, quisiera estar sola un tiempo. Te prometo que pensaré en tu ofrecimiento … cuando me sienta más serena.
No dijo una palabra más y Albert comprendió que esa era la despedida. Se acercó a ella y sin esperar nada más, tomó su mano y depositó un discreto beso.
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Fue necesario un mes para que la rubia aceptara la propuesta de Albert y regresara a vivir y compartir su espacio nuevamente con él, en la mansión Andrew. A pesar de que no había sido tan malo, y agradecía la compañía … sentía una opresión difícil de explicar.
-Siento que no estoy haciendo lo correcto. No debería haber venido …
Había algo dentro de su pecho que no le daba paz ni la dejaba vivir libremente.
-Perdóname Héctor por no saber valorarte. Tendré que cargar con eso mientras viva – la frustración y el dolor eran enormes, y realmente no sabía cómo iba a sobrepasarlos.
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Todos en la casa sentían un enorme afecto por Candy. Muchos de ellos la conocían desde que era una niña, y ahora era una invitada de la que el tribuno se ocupaba personalmente. El esmero que ponía en ayudar a la joven viuda no tenía precedentes.
Albert se sentía dichoso por tenerla tan cerca de él. Su compañía era más que suficiente, su presencia era la inspiración para cada mañana y su cuerpo la fantasía de sus noches.
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Un año había pasado desde aquel trágico día. La rubia había recuperado poco a poco su jovialidad, pero una sombra de tristeza se empeñaba en seguir sobre sus ojos.
Una tarde. en uno de tantos paseos que acostumbraban el tribuno y la griega por los jardines, Albert se aventuró a tocar un tema que los había afectado enormemente a ambos. Se había contenido durante muchos meses, pero ahora necesitaba de manera desesperada una respuesta.
Se detuvo de improviso y la encaró.
-Candy, necesito saber por qué lo hiciste …
La muchacha lo miró confundida.
-No te entiendo …
-¿Por qué te casaste?
Todo su ser sufrió una sacudida.
-Albert … yo … - la voz comenzó a temblarle. Albert no podía estar llevándola por ese camino. No después de lo que había pasado.
-¡Si alguna vez te importé en la vida, por favor no me mientas! - exclamó exhaltado - ¡sabías que destrozarías mi vida y no te importó! - Albert apretó los puños con impotencia.
-Lo hice precisamente para no dañarla - confesó resignada y herida - Tú eres un tribuno rico y con renombre en el imperio. Yo no era mas que una esclava. ¿Qué habría sido de tu carrera y de tu futuro si pensabas en mí como mujer?
-No me hubiera importado Candy – exclamó desesperado y sujetándola fuertemente por el brazo - … ¿Por qué no me dejaste decidir contigo? … Lo que hiciste fue mucho peor que truncar mi carrera. El día de mi partida te iba a confesar que te amaba … ¡te iba a pedir que fueras mi esposa y ni siquiera me escuchaste!
-Albert …
-Terminaste con mi vida, por que no había noche en que no estuviera loco de celos de imaginarte en los brazos de él, compartiendo tu cama, tu boca, tu cuerpo. ¡Porque me enfermaba el saberte ajena!… Porque acabaste con mis esperanzas de formar una familia .. ¡no puedo concebir mi vida con alguien que no seas tú!
Candy se soltó bruscamente.
-¡Basta Albert! … por favor no sigas … No puedo …
-¿Por qué no?
-¡Porque a pesar de lo que digas … lo que te hice a ti no fue nada comparado con lo que le hice a Héctor!
-¡De qué hablas por Dios! ¡Explícate Candy!
-Ya te lo he dicho, no soy digna … ¡le fallé a Héctor y no sabes cómo me he despreciado por eso!
Albert no esperaba ni podía imaginar siquiera una respuesta así.
-Desposé a mi marido sin amor – le confesó finalmente - Me aceptó sin preguntas, sin reclamos y era consciente de que no era el hombre por el cual mi corazón ardía. Mi engaño no fue físico ¡fue mucho peor! … le fuí infiel en cada momento de mi vida, porque mis pensamientos siempre te pertenecieron ...
-¡Candy!
El me amaba y nunca pude corresponderle. Fuimos amigos, compañeros, pero jamás pude ser su mujer. Nunca me lo reprochó – le dijo con verdadero dolor - …yo sabía cuál era mi deber y fallé. Ahora está muerto ¡y yo no merezco ser feliz si él no pudo serlo!
-¡Candy, por Dios! - exclamó reaccionando por puro instinto - ¡Claro que mereces ser feliz! … nunca le fuiste infiel a tu esposo porque jamás lo engañaste. El sabía lo que pasaba, conocía tus sentimientos y así te aceptó. No estuvo en tu mano disponer de su vida, no sabías qué era lo que los Dioses tenían planeado para él. ¡Fueron designios completamente ajenos a ti! entiende eso ... y además ... él compartió más de un año de su tiempo contigo. Yo hubiese dado la mitad de mi vida por haber estado en su lugar … por poder oírte, verte y saberte mía aunque fuera sólo de palabra.
-Albert … - las lágrimas corrían a raudales por sus mejillas. No sabía si de alivio o de vergüenza.
-No llores Candy, por favor – le dijo Albert tocando suavemente su rostro - eres mucho más linda cuando ríes que cuando lloras.
Candy le sonrió en medio de las lágrimas. Parecía que finalmente su calvario estaba a punto de terminar.
-Son lágrimas de felicidad Al – le dijo dulcemente - Jamás imagine que me quisieras tanto.
-Te quiero más que a mi propia vida Candy. Por eso me dolió tanto el saberte ajena. Tú lo hiciste para protegerme sin ponerte a pensar en el sufrimiento al que nos condenabas a ambos.
-Lo siento tanto Albert …
-No podemos cambiar el pasado, pero sí podemos decidir el futuro. Quiero iniciarlo contigo Candy y estar juntos siempre.
-Siempre ... - repitió ella, mirándolo a los ojos.
-¿Lo prometes? – preguntó Albert sabiendo que lo mejor de su vida estaba por comenzar.
-Prometido …
Albert se inclinó ante ella con devoción. Tomó su blanca mano y con todo el amor que sentía … la besó.
FIN
Hola! cuando me habian visto tan hacendosa? menos de tres dias y ya termine otro fic! Me faltan tres mas ... asi que a seguirle verdad?
Preciosas mil gracias por sus comentarios, su amistad pero sobre todo por su pacienciaaaa! Ya se que a veces me paso de lanza con las actualizaciones, pero si les sirve de consuelo ... he de terminar todos ... aunque me tarde una eternidad y luzca como ciruela pasa ... los termino porque los termino.
Miles de millones de gracias especiales a: Angdl, Elluz, Guest (no supe quiennnnn), Carito Andrew, otro Guest (Ben Hur es la pelicula favorita de mi papa ... me la se de memoria y me encanta jijijiji), skarllet northman, Chicuelita99, Candyfan72, Usagi13chiba, mfloresmayes, Ale MO y leihej. Gracias por su tiempo, por sus comentarios (que amo y leo todo el tiempo) y espero que el mini final les guste. Les mando un besote y cuidenseme mucho ... yo ya me voy a seguirle a la jardineria :D
Scarleth Andrew ;)
p.d. La idea de este fic vino de uno de mis libros favoritos llamado "Medico de Cuerpo y Almas" sobre la vida de San Lucas. El autor es Taylor Caldwell ... y es genial! ;)
